Martes 21 de Agosto 2018

¿20 veces mejor o peor?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 28-11-2017

Llevo ya casi un mes visitando proyectos de África Directo en Zambia, Malawi, Tanzania y Uganda. ¡Qué regalazo! Cada día me levanto en una Misión diferente. Suelo empezar compartiendo la Misa, y cuando no es posible al menos leo el Evangelio del día antes de disfrutar de tantos proyectos de desarrollo que hemos podido poner en marcha con ayuda de multitud de religiosas y voluntarios: proyectos sanitarios, educativos, microcréditos, agua e higiene, agricultura... Hoy he ido a visitar los proyectos de emergencia que estamos implementando en el campo de refugiados más grande del mundo, BidiBidi, con cerca de 300.000 refugiados de Sur Sudán: https://africadirecto.org/paseo-las-estrellas/ 

¿Y qué nos decía el Evangelio de hoy? Una vez más, como casi siempre, nos da una ducha de realidad para que entendamos mejor cuál es el camino aunque con nuestras miserias estemos todavía tan lejos... 

La ayuda que vale de verdad, aunque el importe fuera 20 veces menor, eran las monedillas de la viuda que no daba lo que le sobraba sino aquello que necesitaba. ¡Uffff! Para empezar el día y ponerte en tu sitio antes de que cientos de personas te den las gracias por hacer aquello que no te costó nada, no está nada mal... 

En el campo de refugiados pude visitar a cientos de familias con las que colaboramos gracias a la generosidad de nuestros donantes para qué puedan tener alimentos por medio de un programa agrícola muy ambicioso,  para que tuvieran unas muy básicas pero resistentes letrinas cuándo se iban asentando en el campo, o para que empezaran algún negocio, normalmente una pequeña tienda, para sacar adelante a su familia. 

Pude ver muchas de las casi 500 letrinas que hemos construido, de las cuales cerca de 100 eran para personas con discapacidad. Este proyecto nos ha costado cerca de 25.000 €, y ha sido posible gracias a la colaboración de los refugiados y a la ayuda de dos voluntarios españoles, Pablo y Almu, que llevan aquí más de un año luchando para que este sueño sea una realidad.

Mientras disfruto de todo lo que estamos haciendo y los planes futuros, me entero que una gran ONG por todos conocida va a construir 1.000 letrinas, el doble que nosotros, en otra parte del Campo. Inicialmente me llevo una alegría aunque el bajón viene cuando me entero que su presupuesto es de un millón de euros. ¡20 veces más caras que las nuestras! ¿20 veces mejores o peores? Me acuerdo de las monedillas de la viuda del Evangelio de hoy, me acuerdo de Pablo y Almu que se entregan y que ponen tanto cariño y dedican tanto tiempo y energía al proyecto. Y pienso en los porcentajes que probablemente costearán gastos de "Head Office", Viajes, Sueldos, Oficinas, etc. para que esas monedillas entregadas por los que ponían algo que no les sobraba, se multipliquen por veinte cuando esta otra ONG vaya a construir sus letrinas.

Hace muchos años conocí un expatriado de una gran Agencia de Cooperación. Al principio me miraba con lástima, "otro pobre voluntario", como la viuda de las monedillas... Pero en los meses venideros fue conociendo lo que hacíamos, y un día me reconoció, tras hacer examen de conciencia y compararse con las religiosas y voluntarios, que "hay que ver lo bien que nos dan de comer los malnutridos" (se refería a algunos expatriados en su situación). ¡Pues qué bien "cagaos" están algunos con las letrinas de los refugiados!

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VERANEAR EN LA ACERA

Por: Dolores Aleixandre 19-11-2017

 

En un bajo comercial sin rematar enfrente de mi casa, vive hace mucho una pareja de jubilados,  muy enfadados con la vida en general y con la vecindad en particular.  Motivos tienen porque los vecinos de su bloque han recogido firmas para echarles,  pero  no pueden porque el local es suyo. Desde que vivo en esta casa los veo veranear en la acera: en cuanto llega el calor, sacan  dos silloncitos de plástico y se sientan a leer, uno detrás del otro porque la acera es estrecha, cambiándose de un lado al otro según les dé la sombra. Cuando me marcho de vacaciones,  ahí los dejo y cuando vuelvo ahí siguen, como un recordatorio de que, mientras unos vamos y venimos, otros siguen ahí impertérritos; o pertérritos,  pero sin más opción que aguantarse. Viene bien recordarlo para no generalizar nuestros privilegios, los de veraneo por ejemplo: vivir unos días sin la presión de las obligaciones cotidianas, respirar otro aire y conocer otra gente, disfrutar la primera espuma de una cerveza, mirar otro paisaje.  “Nosotros, los imaginarios...”, decía una señora de un barrio confundiendo la palabra marginados. O quizá no andaba confundida,  porque una de las experiencias más fuertes de los que viven en la cultura de la pobreza es precisamente sentir su invisibilidad, su no-existencia.

No está en mi mano solucionar los problemas de mis vecinos y los intentos de aproximación que hemos hecho desde la comunidad han fracasado. Me queda al menos la seguridad de que cada uno de los que veranean en las aceras de nuestro mundo va a  escuchar un día estas palabras: “Ven a sentarte a mi sombra, hijo: has afrontado animosamente la vida,  entra en el veraneo de tu Señor”.

 
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CON LAS TRIPAS

Por: Santos Urias 06-11-2017

Las tripas. Las entrañas. Lo que ayuda a digerir. Las que nos hacen llevarnos las manos a la barriga. Las que se asocian con las emociones. Las que mueven gran parte de nuestras opciones y de nuestras locuras.

La cabeza. La que racionaliza. La que mide. La que mira con más objetividad. La que también sueña, dispone, propone, decide. La que observa y pondera con equilibrio y serenidad.

Una cuerda imaginaria une estas dos realidades de nuestra vida. Una cuerda que cuando esta afinada suena con armonía y belleza. Pero cuando está desafinada animaliza o provoca neurosis, paranoias y trastornos evidentes.

Vivimos en una sociedad donde las libertades son una carta de presentación asumida. Donde la convivencia en democracia y los derechos se han consolidado a lo largo de los años. Donde la capacidad de expresarse sobrepasa incluso a veces los límites del respeto y nadie sufre persecución más allá de la injuria o la amenaza. Pensar con las tripas es no reconocer esto. Es desafinar la cuerda hasta no ver la realidad y instalarse en un mundo paralelo. Y es verdad que muchas veces estamos en mundos paralelos. Se necesitan afinadores no flautistas de Hamelin o cantos de sirena que luego se escandalizan por chocar contra las rocas. Poner cuerda y cordura. Pinchar las burbujas mentirosas, excluyentes, insolidarias, disfrazadas de princesa pero con corazón de bruja. 

Sufro viendo a tantos y tan buenos amigos invadidos por la bilis. Palabras manoseadas, ultrajadas, manipuladas: paz, participación, libertad, derechos, democracia…

Mi pregunta es siempre más de estar por casa: ¿qué haría Jesús?

Intento seguir afinando y sacar un sonido armónico, limpio, bello, inclusivo y fraternal. En clave de Sol.

 

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VIDA ETERNA

Por: Dolores Aleixandre 02-11-2017

 

Cuenta el Evangelio que en dos ocasiones un maestro de la ley y un joven rico,  preguntaron a Jesús cómo “heredar vida eterna”: al primero lo remitió a las cunetas de los caminos haciéndose cargo de la gente herida;  al otro le propuso algo aún más difícil: “suelta, deja, hazte libre, vente conmigo”. – “Qué fuerte, tú”   piensan algunos, y se ponen a buscar posibilidades de última generación: este verano se ha celebrado en San Diego, California, un Congreso para la vida eterna  con asistencia de 2.000 personas.  No piensen que lo han organizado los mormones o los adventistas del Séptimo día, sino el Millennium  Project liderado por un tal Sr. Cordeiro: en su ponencia ha confirmado la existencia de experimentos con ratones en los que se consigue triplicar su esperanza de vida. Su conclusión es que está próximo el momento en que la ciencia le ganará la batalla a la muerte y podremos elegir entre morir o vivir eternamente: quien quiera morir, morirá, y quien desee seguir viviendo, será inmortal y encima tendrá un aspecto juvenil, sin apariencia de anciano ni nada por el estilo. De momento, una señora en EEUU  se está pagando ya con su dinero y riesgo para su vida, un tratamiento que consiste en inyectarse  telomerasa, una enzima que vuelve a hacer que los telómeros crezcan. Siento no poder ofrecerles, por  falta de espacio, más información sobre los telómeros  pero les remito al Sr. Cordeiro que seguramente lo hará con gusto, y aún más si se deciden a participar en el experimento. 

Me parece más provechoso dejar sitio a estas palabras de ese creyente sabio que fue Jose María Cabodevilla: “En este largo proceso de ruina, mientras van desplomándose las casas, los imperios, los alfabetos, he aquí que persiste, obstinada, terca, conmovedora en su fragilidad, una voz que es casi un susurro, una voz que es casi un secreto de familia, esa certeza que van transmitiéndose las generaciones: Creo en la resurrección de los muertos”

 
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