Sábado 16 de Diciembre 2017

SENCILLOS COMO PALOMAS ASTUTOS COMO SERPIENTES

Por: Santos Urias 29-08-2017

 

Confusión. Ante la violencia gratuita, ante la sinrazón del odio, ante el horror. Confusión. Palabras de trazo grueso. Búsqueda de culpables. Estigmatizar por prejuicios ideológicos da igual el signo. Confusión. Ante los rostros de unos niños que se han hecho adultos en unos días jugando a ser soldados. Ante las preguntas que tantos se formulan, que tantos nos hacemos: ¿Cómo? ¿Por qué? Confusión. Cuando se propone hacer bandos: los buenos y los malos, porque el odio llama al odio, el sufrimiento llama al sufrimiento, el miedo llama al miedo. Confusión. Las buenas intenciones, la solidaridad, la catarsis colectiva. La ingenuidad, los análisis simplistas de problemas muy complejos. Confusión. Terreno abonado para mirar de reojo, para lanzar exabruptos contra instituciones, personas, grupos sociales, culturales, religiosos. Confusión.

Decía un compañero en parte molesto por toda esta confusión: “Es horroroso asomarse a muchos comentarios de las redes sociales”.

Nadie dijo que vivir el evangelio fuese tarea fácil ni cosa de masas. Más bien al contrario. La muestra ese Jesús sólo y abandonado en la cruz incluso por sus más cercanos. Huyendo del trazo grueso. Con palabras de comprensión y de misericordia hasta el último aliento. Sabiendo muy bien a lo que se enfrentaba: el mal que proviene de la soberbia; de creerse como dioses; de mirar, como la mayoría de los discípulos, hacia otro lado; de no asumir una lógica diferente: la lógica del amor, del perdón. Y ante la soledad de este proceso, de esta forma de ser y de estar, de no entender tantas veces; la pregunta: ¿por qué? Hay tanto dolor, tanta miseria, tanta maldad, tanta destrucción en un mundo roto, pero no lo olvidemos, salvado y amado hasta el extremo. Donde abundo el pecado sobreabundo la gracia.

¿Ingenuidad? Hay que mirar a fondo. Huir de los simplismos, de ese pensamiento débil. Sagaces como serpientes. Saber diferenciar. Preguntarse más. Conocer mejor.

¿Bondad? Pero no sólo la de las “buenas intenciones”. Sino la que viene de la sencillez del corazón, sencillos como palomas, la que mira más allá, la que invierte la lógica del trato hacia el prójimo porque lo siente prójimo, da igual que sea centurión, prostituta, recaudador de impuestos, escriba, de que subasten tus ropas, o se laven las manos. Con la mirada de un niño.

Todo esto me ha coincidido con la lectura de un libro de Juan José Aguirre obispo en Centroáfrica. Y los mensajes de tantos amigos víctimas del dolor, del terror o de la guerra.

Tiempo para echar raíces, para seguir creciendo.

  


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