Domingo 23 de Julio 2017

¿Escuchar a los laicos?

Por: Juan María Laboa 26-06-2017

El despertar de los laicos es tan lento que nos asombra cualquier anuncio de mínimo cambio, anuncio que soñamos con que se convierta en realidad. Parece que el papa Francisco ha susurrado al consejo de los nueve la conveniencia de que se pregunte a laicos y clero su opinión sobre los candidatos al episcopado. Se podría, se debería, sería de sentido común y, además, no resultaría revolucionario. ¿Qué principio evangélico respalda el convencimiento de que Rouco o Munilla sean más aptos o razonables que los cristianos o los sacerdotes para elegir candidatos al episcopado? De cuanto sabemos podemos deducir que los apóstoles no hubieran instituido a presbíteros que hubiera desautorizado la comunidad. En la comunidad de Jerusalén y en otros muchos casos tenemos constancia de que cristianos laicos participaban normalmente en la elección de la Jerarquía. Hipólito en el siglo III afirmó que “el obispo sea ordenado cuando haya sido elegido por todos”;a Fabián (236) eligieron los sacerdotes y el pueblo al unísono, y en el mismo siglo Cipriano de Cartago señaló: “Manda Dios que las ordenaciones episcopales se han de hacer con el consentimiento del pueblo que asiste para que, estando presente el pueblo, se descubran los crímenes de los malos y se hagan públicos los méritos de los buenos, y la ordenación sea justa con el voto y juicio de todos”. El papa Ormisda y tantísimos otros obispos fueron elegidos por unanimidad y durante un tiempo todavía se mantuvo el principio de que quien a todos manda por todos sea elegido. San Ambrosio, y no fue el único, fue impuesto por el pueblo Sin embargo, desde el siglo IV los laicos comenzaron a ser excluídos poco a poco de la elección de los obispos y se limitó su participación a la aclamación final, acto formal que ya no significaba ratificación. La Iglesia se había convertido en clerical y vertical que no es lo mismo que tradicional. En la nueva sociedad cristiana el obispo se fue convirtiendo en una persona pública, e influyente de forma que los poderes eclesiásticos y políticos constataron la necesidad de controlarlo. Durante los siguientes siglos, papas, metropolítas y reyes impusieron sus candidatos y el pueblo y los sacerdotes fueron perdiendo presencia, posibilidades y protagonismo, permaneciendo silenciosos como sujetos pasivos. De hecho, parecía no preocupar tanto la conveniencia de la comunidad creyente, cuanto la expansión del poder y la progresiva marginación del pueblo cristiano en favor de una Iglesia muy clerical. En realidad, pues, la comunidad cristiana ha utilizado en estos dos mil años diversos modos de elegir a los obispos: los apóstoles, los presbíteros, los cristianos miembros de la comunidad, los canónigos de la diócesis, los obispos de la región. Poco a poco los poderes políticos fueron imponiendo su voluntad y han elegido a sus amigos, a sus políticos, a sus familiares, a quienes quisieran, sin más, de forma que durante siglos las monarquías absolutas, nuestro dictador Franco y otros muchos sátrapas controlaron de diversos modos estas elecciones. Tantos personajes pintorescos como Luis XV, Fernando VII o Isabel II impusieron alegremente sus candidaturas. Por otro lado, en períodos de reforma o de mayor respeto a Roma, los pontífices, lentamente fueron imponiendo su exclusiva autoridad y han ido nombrado a sus candidatos sin contrapisas. No está demostrado que alguno de esos sistemas fuera más apto para crear comunidad o para conseguir candidatos más dignos, pero, en cualquier caso, parece evidente que nuestros cristianos actuales, creyentes adultos, tienen todos los derechos para participar en la elección de su pastor y hermano mayor de la comunidad.

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CALOR

Por: Santos Urias 21-06-2017

Estoy afectado de calentamiento global. Yo, que soy de desierto, tengo mis luchas para conciliar el sueño y me despierto varias veces para ver pasar las horas en el reloj de la mesilla.

Y soñando en esas vigilias pensaba en los campos de refugiados al sur de Sudán. En los centros de Grecia y en los desiertos de Libia donde se agolpan tantos seres humanos. En los túneles de la frontera de México. En los niños de Centro África creciendo bajo el signo de la violencia. En la arena teñida de sangre en Mali. Y sigo dando vueltas buscando la postura que me deje dormir. Pero se me viene a la cabeza el rostro de esas chicas nigerianas secuestradas y violadas. La última bomba de Somalia. La canción de un preso en un chabolo de Honduras. Y nada que no concilio. Voy a tener que fabricarme un abanico de papel para ahuyentar la canica, que así lo llaman ahora, por lo menos tiene un nombre entretenido. O directamente comprar un aire acondicionado que ahuyente mis pesadillas y me permita dormir tranquilo. A ver si me va a dar un golpe de calor o me voy a deshidratar de humanidad.

Mientras tanto abriré la ventana como toda la vida y que corra el aire, si es que corre…

 
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¿Volar o Valor?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 12-06-2017

Dos noticias me han llamado especialmente la atención esta semana, ambas de signo diametralmente opuesto. Ignacio Echeverría, un héroe español, fue asesinado por intentar salvar a una mujer agredida por unos terroristas en Londres, mientras que una mujer china fallece atropellada sin que nadie se altere, la ayude o siquiera la mire.

¿Hacia dónde evoluciona nuestra sociedad? Teniendo en cuenta que hay más chinos qué españoles y que éstos son política y económicamente más poderosos e influyentes, ¿debemos tomar conclusiones sobre el futuro que nos espera?

Está claro que no podemos influir en el sistema de valores en la sociedad China, pero… ¿Qué valores queremos sembrar en nuestras casas? ¿Queremos que nuestros hijos tengan valor y más aún, que tengan valores, o preferimos que ante una situación conflictiva pongan tierra por medio? ¿Valor o Volar?

Cuentan que una vez iba mi padre con un amigo paseando por Madrid y este amigo le preguntó: ¿y a ti porqué te llaman “el Marras”? “Bueno, (contestó mi padre) es que siempre me pasan cosas raras, me meto en líos…”.  El amigo no creía mucho en la posibilidad fortuita de que alguien se meta en líos hasta que en ese mismo momento se cayó un perro desde un balcón encima de una señora, y unos segundos más tarde se dio cuenta que el marras ya no estaba con él sino que había corrido al lugar del accidente gritando “soy médico” y acabo llevándose a la señora a un hospital...

Hace ya muchos años contaba precisamente esta anécdota a un amigo, y cuando volvía a casa con mi vespita me encontré el típico atasco al anochecer en el Parque del Oeste, con un coche de la policía con la sirena encendida queriendo avanzar… así que me acerqué y le ofrecí a uno de los policías subirse a la moto para avanzar más rápido, así que se montó pistola en mano y le llevé a toda velocidad al lugar en el que se estaba cometiendo un delito. Cuando más tarde volví a casa me acordé de “el marras”, y pensaba si meterte en líos está en el ADN o en la educación…

Ante sucesos como el del joven Echeverría que en paz descanse, lo primero que te sale es recordar a tus hijos que si hay un atentado huyan para ponerse a salvo. Volar y escapar del peligro en definitiva parece lo más sensato. Pero Ignacio Echeverría vio como apuñalaban a una chica y probablemente se acordó de esas películas que hemos visto todos en las que Robin Hood, D'Artagnan o Tarzán hacían lo correcto, y a todos nosotros nos emocionaba porque nos llegaba al alma.

¿Qué decir entonces a nuestros hijos? Los queremos vivos y protegidos, a ser posible calentitos en el marsupio o en el nido… Pero también queremos que vivan felices, y personalmente no me puedo imaginar una vida sin valores, ni una felicidad sin fe...

A menudo les cuento las heroicidades de las religiosas a las que visito en Sur Sudán, inmersas en el conflicto armado, o las que hace unos años en Sierra Leona trabajaban con los afectados por el Ebola. ¿Cómo puedo contarles esas cosas y llevarles a misa los domingos para escuchar en el Evangelio el principal mandamiento, y a la vez pedirles que se olviden del buen samaritano, que no hay que amar siempre al prójimo y que escapen de cualquier situación conflictiva en la calle o en su casa?

Verdaderamente es un dilema. No creo que me alegrara que mis hijos decidieran hacerse militares profesionales para ir a la guerra, pero si sé que me alegra enormemente cuando uno de ellos me dice que le gustaría ser misionero… Si la opción es amar al prójimo, hay que intentarlo, aunque desgraciadamente la Providencia a veces nos trae desenlaces que no esperamos. Desde aquí un saludo agradecido a los padres de Ignacio Echevarría, a los que no tengo el placer de conocer, pero les acompaño con mis oraciones pidiendo que reciban la fuerza y la fe que en estos momentos van a necesitar. Le educaron en valores y él no voló, aunque ahora está en el Cielo.

Nota: el video de la mujer china atropellada y la total indiferencia de los viandantes es verdaderamente espantoso, pero se puede ver en internet: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/09/mundo_global/1497030429_369447.html

 

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Un centenario que nos interpela

Por: Juan María Laboa 05-06-2017

El 14 de mayo de 1907 nació Vicente Enrique Tarancón, de personalidad atrayente, de formación tradicional conservadora, marcado para siempre por las cuatro sesiones conciliares. El explicó que el impacto provocado en su vida episcopal por la“Lumen Gentium y la“Gaudium et spes”resultó definitivo Como presidente de una Conferencia episcopal que fue cambiando lentamente su talante gracias al apoyo de Pablo VI, se propuso aplicar las orientaciones del Vaticano II en lo referente a la independencia de la Iglesia de todo poder político y económico, a no estar nunca en la lucha por el poder, a no apoyar a ningún partido político, a defender la dignidad de la persona y los derechos de todos los ciudadanos Por carácter y por la enseñanza conciliar, don Vicente rechazó cualquier veleidad de restaurar los viejos aires de cruzada, y se esforzó por conseguir que la comunidad cristiana se convirtiese en instrumento eficaz de reconciliación entre los españoles enfrentados secularmente Es decir, se afanó para que la Iglesia perdiese influencia política y ganase credibilidad religiosa. Fue el cardenal del diálogo y de la reconciliación, muy consciente de que para lograrlo debía conseguir en primer lugar la reconciliación de los obispos y los creyentes entre sí, enfrentados no por motivos doctrinales sino políticos y de talante. Ellos estaban dispuestos a ser la conciencia crítica de la sociedad asumiendo una actitud profética, pero este profetismo no les llevaba siempre a ser críticos y exigentes consigo mismos. Resultó evidente que Pablo VI le había elegido para pilotar la transición eclesial española, pero buena parte de los políticos y algunos obispos le preferían en el paredón, actuaron contra él y contra buena parte de la Iglesia conciliar. Taráncón mantuvo una imperturbable fidelidad a Pablo VI y a Juan Pablo II, incluso cuando este le apartó sin misericordia. Dos temas más centraron su esfuerzo y dedicación, los sacerdotes y la Acción Católica. Fue el relator del Sínodo romano sobre el sacerdocio, dio el empujón sereno y bien preparado para que se celebrase la famosa encuesta del clero español en 1969, respaldó la asamblea conjunta y se enfrentó al grave problema de la secularización de miles de sacerdotes españoles. Fue comprensivo, acogedor y dialogante. La situación resultó dolorosa, pero supo llevarla con espíritu evangélico, consiguiendo que este complicado problema fuera resuelto sin excesivos traumas personales y sociales. El prestigio conseguido por la Iglesia de esos años estuvo detrás de la transición política, de la elaboración de la constitución y del clima de paz y esperanza que los acompañó. Tal vez por esta bonanza, no tuvo en cuenta el que la oposición estaba dispuesta a utilizar todos los medios para frustrar la renovación eclesial. El nuevo papa Juan Pablo II, muy apegado al español Martínez Somalo, a quien nombró Sustituto de la Secretaría de Estado, asumió las acusaciones y los prejuicios de la minoría episcopal y se decidió a favorecer un borrón y cuenta nueva en nuestra Iglesia cambiando su jerarquía. Probablemente, con el nuevo cambio de obispos no se consiguió una Iglesia más evangélica ni más evangelizadora, pero no cabe duda de que resultó más dividida y, tal vez, más separada y menos estimada por su pueblo. En cualquier caso, a pesar de la acogida entusiasta del papa en su viaje a España a finales de 1982, en los decenios siguientes hemos asistido a una Iglesia debilitada y sin programa propositivo y a una sociedad cada más agnóstica y secularizada. Hoy, ¿qué significado conserva la memoria de Tarancón en esta comunidad nuestra tan necesitada de testigos y tan cruel con sus hijos más lúcidos y perspicaces? En la diócesis de Madrid y en la Conferencia episcopal su centenario pasó desapercibido y, sorprendentemente, dos por uno, se trató de olvidar el concilio, identificando, tal vez, inconscientemente uno y otro. Tarancon y la Asamblea conjunta confiaron con coraje en los sacerdotes diocesanos y en la Acción Católica, pero el rechazo de ambos terminó depositando la nueva confianza pastoral en las manos de los movimientos y de la Prelatura. Estos obispos pusieron todos los huevos en una misma cesta y perdieron al clero y al laicado comprometido de sus parroquias. Desdeñaron a los religiosos y los empobrecieron a ellos y a la Iglesia. Hoy no quedan casi sacerdotes ni religiosos ni movimientos. Y, evidentemente, de esto no se puede culpar al concilio, pero no se les ocurre enfrentarse a un examen de conciencia. Francisco ha vuelto al concilio y a Pablo VI. Buen momento para recordar a Tarancón, pero una parte de la Iglesia española se agarra a Müller y a Sarah y reinterpreta a su gusto los documentos del papa actual. Esta Semana Ricardo Blázquez ha visitado al Papa y ha comentado que Francisco conoce bien la Iglesia española, pero que no les dio ninguna opinión, ninjún juicio. ¿Por qué será? Pablo VI conocía esta Iglesia y actuó. A Juan Pablo II le informaron y actuó en consecuencia. Francisco la conoce y no actúa. ¡por qué será?

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