Domingo 23 de Julio 2017

Ames a quien ames, Madrid te quiere

Por: Jose Maria Marquez Vigil 31-05-2017

Este es el nuevo eslogan que inunda las calles de Madrid.

En mí época, en aquellos años 80, sonaba ese otro: “de Madrid al Cielo”, también muy poético.

Pero ahora que veo los carteles firmados por “la fiesta del orgullo”, me acuerdo de los que fueron de Madrid “al Cielo”sin haber podido sobrevivir aquellos 80. Muchos amigos y conocidos murieron por la heroína, otros en la carretera, pero un buen amigo probablemente enfermó y murió por no haber podido salir del armario.

Poli era mi mejor amigo en el cole, un tío muy listo (competíamos con las mejores notas), muy divertido, y evidentemente muy atractivo. Un tío alto y guapo que enamoraba a todas. Y yo era el patito feo, el amigo tímido y regordete cuyo único objetivo era hacer de camión de la basura… Ir recogiendo, para consolarlas, a aquellas exnovias de Poli que necesitaban un hombro amigo.

Recuerdo con nostalgia aquellos años en los que salíamos en grupo chicos y chicas sin muchas responsabilidades más allá de ir superando los cursos y pasarlo lo mejor posible en el tiempo libre. Como yo vivía en las afueras de Madrid, me quedaban muy a menudo a dormir en su casa de General Yagüe cuando salíamos por la ciudad. Pero cuando pasamos a la universidad, Poli empezó a buscar otros ambientes, y poco a poco desapareció de nuestras vidas.

Con el tiempo supe que Poli era gay pero en aquella época no le sería fácil reconocerlo ante la sociedad de los 80, ante sus amigos o frente a su germánica madre (literalmente, ya que su madre nació en Alemania y tenía un apellido larguísimo que era imposible pronunciar sin salpicar al de enfrente). Mucho tiempo después, cuándo yo volvía de África a Madrid, volví a ver a Poli en una silla de ruedas, afectado por el SIDA. Fue muy especial volver a verle y en alguna ocasión se vino a alguna de nuestras fiestas benéficas para ayudar a la gente de Malawi, muchos de ellos afectados también por el SIDA.

Poli falleció poco después. Como yo vivía en una Misión en Malawi y en aquella época no había redes sociales ni correos electrónicos, no me enteré hasta pasado un tiempo, al volver a ese Madrid que Poli había dejado para subir al Cielo. Y siempre pensé que si Poli hubiera podido salir del armario oficialmente sin entrar en esos submundos, es posible que ahora estuviera aquí con nosotros.

En ese sentido entiendo la fiesta del orgullo, una puerta para poder salir del armario, un refuerzo para las minorías, pero… también me pregunto quiénes son realmente en este año 2017 las minorías. Porque tras unos carnavales en Tenerife con un transexual disfrazado de Cristo, no sé qué esperar ahora de las fiestas del Orgullo en Chueca.

Cambiando de tema momentáneamente, voy a poner ahora una lanza a favor de ese presidente americano que ni es santo, ni nunca será de mi devoción… Pero no le falta razón cuando frente a una treintena de políticos europeos, les exige que cumplan sus compromisos y que se gasten menos en ese edificio de la OTAN que ha costado no sé cuántos millones de euros. El problema es que hoy en día cumplir tus compromisos, pagar tus deudas y reducir el gasto es algo minoritario, como también lo es ser políticamente incorrecto.

A ese presidente americano no le quiere nadie por aquí, pero… ¿Madrid quiere a las demás minorías? Bueno, los artistas de Bollywood parecen una minoría y en Madrid se les recibe con limousines, masajes y spa en los que, según dice la prensa, nuestra alcaldesa se gastó un millón de euros. ¿Pero recibiría así Madrid al Papa Francisco? No creo yo que nuestro Papa sea amigo de esos tratos, pero tampoco me parece de recibo cuestionar constantemente cada año la famosa X del IRPF para la Iglesia. Está Iglesia que, aunque trabaje “X tantos”, se va convirtiendo ya en una minoría por la que habrá que celebrar un día la fiesta del orgullo Cristiano, con todos paseándonos por las calles con nuestros hijos y nuestra medallita para que un día acepten también a esta minoría heterosexual que “ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Pues ya sabes Madrid… Sí amemos a quienes amemos, Madrid nos quiere, acepta también Madrid a esta minoría que ama la Verdad, la Justicia y la Belleza, aunque llame “Dios” al objeto de su amor…

 
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MEZJIMON

Por: Dolores Aleixandre 03-05-2017

No es el nombre de un personaje  de Star Wars ni una especie transgénica de molusco: es la transcripción salvaje de la expresión griega “con vosotros” que, según los evangelios, pronunció Jesús más de una vez dirigiéndose a los suyos. Pocas horas antes de que le entregaran,  hizo este extraño voto ante una copa de vino: “Ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre”. (Mt 26,29). ¿Así que estamos ante una versión en modo ahorro de las famosas “postrimerías” del catecismo y  sin los efectos especiales del Apocalipsis? Porque aquí no hay ángeles, himnos,  incensarios de oro, trompetas ni fulgores: no lo necesitan los amigos sentados en torno a la mesa,  contentos de estar juntos y compartir la vida nueva del Resucitado en torno a un buen vino. Fin del debate sobre  el “todos” o el “muchos” porque ese vosotros  tiene el poder de abrir la mesa, ensanchar el espacio e incluir a los lejanos. 

Sacad más copas, arrimad más asientos, traed más jarras, abrid la puerta, que entren los que están fuera. Felicidades a los que se pasaron la vida con el delantal  puesto sirviendo a otros, sin saber que eran los invitados preferidos del Rey. Enhorabuena a Noé por haber sido el primero en plantar una viña y probar su fruto aunque se pasara un poco,  y a Qohélet  por decir: “¡Anda, bebe tu vino con buen ánimo, que Dios le han agradado tus obras!” (9,7).  Agradecimiento a los evangelistas por arriesgarse a recordar que a Jesús le llamaron “comilón y bebedor” (Mt 11,19),  porque así sabemos que además de Testigo Fiel, Señor del universo y Primogénito de entre los muertos, era  alguien que amaba  esta vida nuestra con  sus paisajes,  sus manjares, sus vinos, sus perfumes y sus fiestas, con una  incorregible adicción  a rodearse de gente, caminar en compañía, aceptar invitaciones, ser amigo de sus amigos. 

Alegría asombrada de sabernos incluidos  en ese “con vosotros”  que nos asegura que un día beberemos con él el vino nuevo en la casa de su Padre. 

No se me ocurre mejor motivo que este para brindar celebrando la Pascua. 

 

 

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