Domingo 23 de Julio 2017

MAGDALENA

Por: Santos Urias 20-02-2017

 

Llaman a la puerta. Es muy tarde. Algunos curiosos miran entre sus cortinas. Los que se asoman ven a una chica de amplia melena rubia, con su peto rojo de falda corta, sus largas piernas sustentadas por unos zapatos negros de tacón de aguja. Ven a una mujer que busca.

Yo bajo abrir la puerta y me encuentro con “Magdalena”. Sus ojos vidriosos por las lágrimas y por el alcohol. Sus manos aun tiemblan fruto de otro desengaño y de la desesperación. No sabe donde acudir. Sola, como una niña desvalida. Veo a una mujer que busca.

- Invítame a una copa, he tenido un problema con mi chico y estoy en la calle otra vez.

Dudo. El alcohol no va a solucionar nada, pero, tal vez, nos ofrezca algo de tiempo para intentar buscar una salida. 

Sirvo dos limones manchados con ron. Ella no para de emitir pequeños sollozos y de repetir como en una jaculatoria: me ha traicionado. Descalza, acurrucada en posición fetal. Toco su cabeza con mi mano e intento abrir una rendija de esperanza:

- Necesitas tiempo, al menos para pensar, para ver las cosas con más perspectiva, para tranquilizarte. – Se lo digo, pero siento su desgarro, su síndrome de callejón sin salida.

Me viene a la cabeza ese Jesús bálsamo y consuelo para las lágrimas y la desesperación. Bañando sus pies en un cuenco de cabellos, de blancas manos, de salado llanto. Acogiendo, sin más palabra que el silencio, lo profundo e intimo de cada persona.

¿Sentiría también el Señor este drama de la impotencia, de la limitación humana, del misterio?

“Magdalena” ha terminado su copa en apenas dos tragos. Hoy no va a pensar, no quiere pensar. Saldrá a la calle con su sonrisa de: no pasa nada, todo está bien...

La noche será larga para ella. Los días serán largos para ella.

 

Pero volverá buscando paz, equilibrio, serenidad para su corazón. Volverá donde pueda enjugar las lágrimas, donde pueda regresar a hacerse niña. Donde las miradas vean por encima del rimel, de las faldas cortas, de los zapatos de tacón, de la hipocresía y de los prejuicios farisaicos. Volverá donde pueda sentirse amada, sin más... Cómo volvemos todos, ¿o no es cierto? 

 
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INOCENCIA ORIGINAL

Por: Dolores Aleixandre 20-02-2017

 

He conocido personalmente hace poco a Andrés Aberasturi, el escritor y periodista. Es también miembro fundador del centro de rehabilitación, educación especial y residencia El Despertar,  de  la fundación NIDO para personas con parálisis cerebral (lleva funcionando ya treinta años). Ha sido en vísperas de navidad y todo el edificio era una explosión de animación,  colores, cintas, bolas, guirnaldas y un sinfín de adornos originales y creativos. Los catorce residentes (dentro de poco se ampliará el número…), necesitan la asistencia individualizada de uno o dos adultos las veinticuatro horas del día y en todos los hábitos y conductas de su vida diaria. Cuánta gente girando en torno a esas vidas frágiles, qué exquisitez y profesionalidad en los cuidados, qué derroche de afecto,  de imaginación y de empeño por sacar adelante el proyecto.

Hablo con Aberasturi y le cuento las muchísimas veces que  he citado su forma de despedirse cuando conducía los telediarios de fin de semana de la 2 TV: “Sean moderadamente felices”. Hablamos de la felicidad, y de la fe, y me dice que él es “humildemente agnóstico”: “Me gustaría ser ateo militante o creyente absoluto, pero no puedo y se me escapa ese concepto de un dios personal, creador y padre. Puede que tenga algo de panteísta, puede que la divinidad sea la armonía, la inocencia, la mirada de Cris, puede que dios sea mi hijo”. 

Me regala su libro de poemas Un blanco deslumbramiento (Palabras para Cris)  “Lo comencé una madrugada fría en la que, de vuelta a casa, pasé como siempre por el cuarto de Cris – mi hijo con parálisis cerebral-, que medio se despertó, me miró, me dedicó una sonrisa un poco de cumplido y se dio la vuelta para seguir durmiendo con sus manos entre la almohada y la mejilla”.

Como  el libro me deja enganchada,  después del encuentro  sigo la pista a su autor por internet y leo: “No sabemos cómo enfrentarnos al sufrimiento del otro,  qué palabras usar que no suenen a mentiras piadosas ni hurguen en la herida. Uno llega a una edad en la que cree que tiene todas las respuestas y luego se da cuenta de que ninguna respuesta es válida". Veo en un video escenas de su relación con su hijo: "Vivir es una fiesta con él" y reconoce "la enorme alegría que da a la familia y el convencimiento de que él sabe que somos suyos".

Sigo dando vueltas a lo de “humildemente agnóstico” y recuerdo algo leído en “Penúltimas noticias acerca de Yeshúa/Jesús” de Erri de Luca: «Amarás en todo tu corazón, y en todo tu aliento, y en todas tus fuerzas». (…) El corazón es el centro de mando, la capital de la persona humana. Dentro de ella, «en», se libera la fuerza centrífuga del amor a la divinidad. Tres veces se reclama aquí la totalidad de las energías físicas, su consumo y agotamiento. Falta en el listado, porque resulta inservible, el requisito de recurrir a la inteligencia de la mente, a su búsqueda e indagación. Aquí, en este asunto del amor a la divinidad, no se incluye, ni siquiera al final de la lista, una ciencia, un estudio, una teología. Aquí el amor reclama otras fuerzas totalmente distintas, plantadas en todas las criaturas como la savia en el árbol. Aquí se pide a la linfa que suba”.

 Y pienso qué poco necesitan de razones teológicas o de indagaciones mentales los que se mueven en torno al mundo de la discapacidad. Su contacto con esas vidas en estado de inocencia original pone en movimiento la totalidad de sus energías físicas, libera las fuerzas centrifugas del amor y la linfa sube en ellos palpitando. ¿Y no son esos otros nombres de la fe…?

 
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Ni débil ni evanescente

Por: Juan María Laboa 14-02-2017

El hombre es capaz de todo, del bien y del mal, de la bondad y de la crueldad, de la generosidad y de la mezquindad, de la felicidad desbordante y de la angustia más destructiva. Pascal que admira y desdeña al ser humano llega a definirlo con la rotundidad de la que es capaz:”¡Qué quimera es, pues, el hombre! ¡Qué novedad qué monstruo, qué caos, que sujeto de contradicción, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y excrecencia del universo”. Pero este hombre, que destruye y recompone, es capaz de pensar, y este atributo suyo, el más desbordante y más constitutivo, aunque no necesariamente el más utilizado, cambia todo. Pero ¿qué sucede si no piensa, si se le hace difícil, demasiado cuesta arriba, el pensar? En una ocasión, conduciendo por una carretera de Palencia, ví a lo lejos a un pastor con su rebaño. Paré el coche y fui campo a través hasta donde se encontraba. Mientras charlábamos, le pregunté si no se sentía solo en aquel páramo. ¿”Solo?, si estoy con Dios!”, respondió con serenidad. Su soledad estaba llena de Dios: pensaba, reflexionaba, hablaba y escuchaba a Dios. En su soledad, afrontaba, las últimas preguntas que todo ser humano ha afrontado durante siglos hasta ahora, porque hoy se parte con frecuencia con la convicción de que solo el presente tiene valor. Sin embargo, el pensamiento nos constituye, nos hace, nos centra y nos enfrenta a nuestra manera de ser y de relacionarnos con los demás, con la vida y con nuestros misterios personales. Nosotros enseñamos cosas, datos fórmulas, pero, ¿ayudamos a pensar?. Insistimos en la formación, pero, ¿también en el pensamiento? El pensamiento constituye un arma formidable más allá de la pura acción y repetición, porque el pensamiento lleva a la convicción personal razonada, a las determinaciones propias de quien discierne y elige de acuerdo a principios y valores. El hombre, demasiado a menudo, puede ser manipulado sometido y usado sin comprender, puede ser mancillado, dominado y atormentado, pero siempre es capaz de pensar y, en ese mismo momento, se hace interiormente libre. Las dictaduras de todo género tienden a dominar y anular la mente del ser humano, tienden a conseguir gregarios que se entusiasmen con sus dictados y programas, pero, a menudo, se encuentran con gente que piensa y porque piensa los consideran enemigos, destruibles. En nuestros días, da la impresión de que se intenta algo más sutil y aparentemente menos violento, la desaparición de algo tan fundamental y constitutivo como la consideración y la comprensión de lo que es y significa la muerte, sin caer en la cuenta o, tal vez, dándose plena cuenta, de que la comprensión de la muerte es lo que finalmente permite construir y afrontar humanamente la vida. Existe hoy tanta información y tan poco pensamiento! La forma sincopada de escribir en las redes parece ahorrarnos la reflexión y el tiempo dedicado a una más prolongada consideración de los temas. Hace unos decenios se decidió que Dios había muerto, pero, al no haberlo conseguido se tiende más sutilmente acabar con la muerte, pero si no captamos el sentido y las consecuencias de la muerte termina todo por no tener sentido, tal como afirmaba Unamuno. En la escuela, enseñar a pensar no consiste en ofrecer nuevas teorías, por revolucionarias que parezcan, sino en alentar a los alumnos a escuchar en su interior, animar a explorar en el país interior de nuestra vida, a descubrir la existencia del bien y del mal, a reconocer la presencia del amor universal, a responder a las últimas preguntas que todo ser humano debe plantearse si quiere conocer el significado de la vida y de la muerte. Es hora de rechazar el pensamiento débil y la conciencia perpleja como pauta real y aceptable. San Agustín consideraba que los hombres estamos siempre dispuestos a curiosear sobre vidas ajenas, pero no a conocernos a nosotros mismos y a corregir nuestras vidas. El examen de nuestras conciencias, el conocernos en plena transparencia, nos obliga finalmente a buscar la verdad y la coherencia, nos obliga a pensar y, al mismo tiempo, a olvidar la cultura y el hábito de lo provisional y relativo como forma de vida. Nuestra dignidad, originalidad y capacidad personal se centra en nuestro pensamiento, en nuestra capacidad de conocimiento, en el sufrimiento y la gloria de elegir entre el bien y el mal

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WHENCOME REFUGEES

Por: Jose Maria Marquez Vigil 06-02-2017

La enorme pancarta que domina la plaza de Cibeles realmente dice welcome pero me pregunto si no debería decir “BADcome” o  al menos preguntarnos cuándo (WHEN), cuándo van a poder venir esos refugiados a los que de momento no hemos visto más que en horribles fotografías de los periódicos.

Me sentiría absolutamente indignado si en un restaurante pusieran una enorme pancarta dando la bienvenida a los barbudos y cuando me dispusiera entrar no me permitieran el acceso por ser barbudo precisamente. A parte de la evidente injusticia, ¡me parecería que se estaban cachondeando de mí!

Cuando el otro día hablaba de este tema con un buen amigo compañero de bitácoras, él me decía que conocía bien a una familia de refugiados sirios a los que yo sé que les ha ayudado mucho… De ese modo, sin pancarta alguna, podría vanagloriarse de haber dado la bienvenida a un alto porcentaje de los refugiados sirios que han llegado a esta ciudad nuestra de la enorme pancarta. Pero nuestra religión nos pide que la mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha, que no vayamos con la cara afligida para demostrar el ayuno, y menos aún que publiquemos falsedades en grandes pancartas.

Entretanto siguen llegando a nuestras playas los cadáveres de niños como Samuel, otro tipo de refugiados no ya políticos sino económicos. Samuel vino de RD Congo, pero ni él, ni su madre, ni el resto de sus compatriotas fueron nunca realmente bienvenidos a este hipotético refugio de la bienvenida que es Madrid.

Cuando intentaba pensar en la razón detrás de esa propagandística pancarta, recordaba la sinrazón de una guerra en la que el gobierno establecido dista mucho de estar al servicio de sus ciudadanos (como también distan mucho de estarlo en nuestros gobiernos europeos y americanos…). Pero allí se ha organizado un conflicto apoyado por los antiguos combatientes de la Guerra Fría, apoyando unos a los buenos y otros a los malos, aunque no sabemos aún quiénes son los malos y quienes los buenos. Y supongo que el sentimiento de culpa por la que tienen ahí liada nos hace poner irrealizables pancartas…

Hace un par de meses estuve en el norte de Uganda. Conozco allí varios campos de refugiados habitados por cientos de miles de sursudaneses desde hace al menos dos décadas: Moyo, Adjumani, Rhino Camp... Pero tras el nuevo conflicto desatado el pasado verano entre Nuer y Dinkas, la frontera de Uganda se ha visto abarrotada de gente. Tras llenar los antiguos campos se han abierto otros… En el de Bidi bidi, en el que estamos ahora construyendo centenares de letrinas, hay ya más de 300.000 refugiados. Y por supuesto no hay ni una sola pancarta dándoles la bienvenida.

El tema es complicado. “No tienen derecho a entrar en nuestro país y disfrutar del bienestar que hemos conseguido nosotros”, dirán unos. “Tenemos que abrirnos al mundo para poder ser más competitivos y mejorar todos juntos”, dirán otros. No seré yo muy partidario de la endogamia que crea personajes como los de la realeza después de haberse cruzado tan solo entre ellos y reservarse tantos privilegios… El verdadero crecimiento tan solo puede venir de la apertura y el conocimiento.

Entretanto ya se sabe… parece que “Futuro” rima con “Muro”. Aunque hoy nos levantamos con una buena noticia y es que el “muro” que ha construido sin preaviso Trump en los aeropuertos americanos ha sido declarado ilegal por un juez federal. Se ve que todavía queda algo de democracia, libertad, justicia y sueño americano por esas tierras. De momento…

Pero al menos habrá que reconocer que Trump es honesto consigo mismo y cumple sus promesas porque no ha puesto aún ninguna pancarta en la Casa Blanca cachondeándose de nadie.

Tras escribir esta bitácora, ya en misa celebrando los 75 años de las Misioneras de María Mediadora, escucho el Evangelio en el que nos llaman a ser luz del mundo. Y pienso que los muros nunca permiten entrar o salir la luz...

 
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