Martes 21 de Noviembre 2017

COLABORADORAS Y COMPLICES

Por: Dolores Aleixandre 31-01-2017

Parece que les está costando entenderse a estos chicos de Podemos y como ciudadana interesada por la gobernanza de este país, preparo un escrito ejemplarizante sobre el liderazgo participativo. Estoy convencida de que se puede aprender mucho de estas seis mujeres bíblicas y adelanto en exclusiva a Vida Nueva  una primicia del texto:

 Noemí y Rut: dos viudas supermarchosas, espabiladas  e imaginativas que,  a pesar de ser suegra y nuera y de sus diferencias de edad, religión y procedencia, traman juntas un plan astuto para enganchar a Booz, un soltero madurito pero con posibles. La cosa acaba en boda y en un niño con un futuro prometedor.

María e Isabel también muy distintas: una joven y otra anciana, una galilea y la otra judía, cada cual con su acento, sus costumbres y su manera diferente de hacer las sopas de ajo. Al encontrarse no se pusieron a rivalizar  en plan competitivo (“Mi niño da saltos y el tuyo no”,  “Pero el mío va a ser el líder y el tuyo solo portavoz…”; “Le estoy tejiendo a mi Juanito un gorro de lana de ovejas de Galaad”, “Allá tú, pero esa lana pica y es mejor el lino de Séforis ¿a ti no te dijo nunca tu madre que lo barato sale caro?”). En vez de decirse ese tipo de impertinencias, se pusieron a ver juntas sus ecografías y se rieron mucho haciendo los ejercicios de respiración que estaban aprendiendo para prepararse al parto. 

Marta y María tenían incompatibilidades casi de libro: “Me pones de los nervios con tu lentitud” decía la una, “Me apabullas con tu actividad”, decía la otra;  “Qué cómodo quedarse sentada y sin dar golpe con el pretexto de atender a los huéspedes…”;  “Sí, pero tú vas tan acelerada que el cordero de ayer estaba crudo…”. Menos mal que después  se intercambiaban tuiters de reconciliación y conseguían que Jesús se sintiera muy a gusto en su casa. 

De esto va mi escrito, solo que más fundamentado. Y no quiero hacerme ilusiones, pero hay rumores de que pueden incluirlo como ponencia en Vistalegre II.  

Quizá esté a punto de  asaltar los cielo

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ÓXIDO

Por: Santos Urias 25-01-2017

 

La piel se oxida, lo escuché el otro día. Sí, como una verja o un portón. Al entrar en contacto con el oxígeno los tejidos se van dañando, surgen las arrugas, las manchas, se pierde el color original, la elasticidad y el brillo. Así envejecemos y nos llenamos de cremas, aceites y otros potingues.

Un maestro espiritual nos advertía: “Cuidado, los sueños también se oxidan”. Son muchas las inclemencias que te invitan al pragmatismo, a ir a lo tuyo, a acomodarte, ya sea en tus ambigüedades, ya sea en tus rezos; a no creer que “es posible”.

El paso del tiempo puede agrietar la piel de nuestra confianza, de mirar con ojos nuevos al diferente, de escuchar las voces que susurran y que gritan.

El paso del tiempo puede romper la elasticidad y el brillo de nuestro trabajo bien hecho, de la sencillez de vida, de la búsqueda constante, de la inquietud, del equilibrio y la paz interior.

El paso del tiempo puede llenarnos de cansancios, de reumatismos vitales, de artrosis del corazón, de cataratas en nuestra percepción social y eclesial.

El sueño de Dios ha visto pasar el tiempo, todo tiempo, con sus herrumbres y arrugas, impregnándose de oros y de lodos…

¿Sucumbirá al óxido?

 
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VIERNES NEGRO

Por: Dolores Aleixandre 17-01-2017

 

Hasta hace poco yo creía que  Black Friday era el título de una  película de terror pero este año me he enterado por fin de lo que es: impresionante  ver en la TV las imágenes de tanta  gente en diversas partes del mundo agolpándose  a la puerta de las tiendas, entrando como una manada de  búfalos y comprando los  productos rebajados  ese día. En un reportaje paralelo, un señor con aire de mandar mucho explica lo que sucede cada vez que hacemos click para comprar algo en su empresa:  el centro de distribución que dirige es un hangar inmenso donde se almacenan los productos y se distribuyen los pedidos. Hay 800 empleados yendo y viniendo afanosos como en un hormiguero,  moviéndose entre estanterías y cintas transportadoras  llenas de paquetes. De vez en cuando se van abriendo compuertas laterales y algunos paquetes son engullidos por rampas donde los esperan otros empleados con lápices lectores que los controlan, marcan, registran, revisan y etiquetan.  “Las pasadas Navidades – se nos informa-, se utilizaron más de 24.000 metros de papel de regalo reciclado, el equivalente a envolver dos veces el paseo de la Castellana”.

Para desconectar de semejante agobio, cojo una revista y encuentro esta noticia: hay algunas poblaciones en Paquistán en las que casi todos sus habitantes  tienen solo un riñón porque el otro se lo han vendido a una organización de tráfico de órganos. 

En este final del Viernes Negro tomo tres decisiones: considerar artrítico el índice de mi mano derecha imposibilitándolo para cualquier click de pedidos; declarar una cuarentena de ayuno y abstinencia en lo que se refiere a compraventas y  anular mi anterior propósito de sustituir un jersey viejo por otro nuevo.

Lo malo es que voy a quebrantar la cuarentena yendo una mercería a comprar unas coderas. 

 

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El camino

Por: Alfonso Carcasona 15-01-2017

Hace 10 años, en una de las comidas dominicales familiares, saltó la idea de iniciar el Camino de Santiago.  Desconocíamos todo acerca de lo que es una peregrinación, de lo que era el propio camino. Sonaba a esfuerzo físico, para un grupo de personas que no habíamos andado distancias largas nunca. 

 

El plan fue tomando cuerpo, con entusiasmo vimos la posibilidad de acometer la aventura. El camino dejó de ser solo una idea peregrina -valga la redundancia- para convertirse en un firme propósito. 

 

El primer camino de Santiago nos llevó 8 años (con uno de parón). Sus 35 etapas fueron una verdadera universidad de conocimiento interno. Por supuesto que el esfuerzo físico estuvo presente en todos y casa uno de los 750 km recorridos. Pero a ese esfuerzo se unieron grandes amigos que conformaron preciosas historias.  7 Carcasonas empezamos en San Juan de pie de Puerto, y una familia de 23 llegó a Santiago. Disfrutamos de momentos de silencio, de grandes conversaciones, de confidencias, de diálogos con Dios, de misas inolvidables, de cenas sorprendentes, de fríos, calores, de subidas y bajadas, de risas, de ampollas, de agujetas... 

 

De los nervios de la noche en Roncesvalles por el temor a lo desconocido a la triunfal y sentida entrada en la plaza del Obradoiro. De la preparación durante siete años del viaje, de las discusiones acerca del tiempo y la vestimenta necesaria. 

 

Este año volvemos a iniciar esta preciosa peregrinación, por su vertiente del camino del norte. 800 km nos esperan. La parte del esfuerzo físico seguirá estando ahí (con 10 años más en nuestras espaldas), pero las enseñanzas del anterior nos permitirán seguir creciendo en lo que es verdaderamente importante.

 

Para mi la peregrinación es, ante todo, un viaje INDIVIDUAL. No importa la meta. Lo importante es el camino.  Cada uno elegimos el cómo y cuánto hacemos cada día. Nadie debe forzar a nadie a andar más o menos de lo que cada uno estime que es conveniente. Habrá etapas exigentes por su distancia y orografía. Otras se verán influidas por el clima (frío, calor, lluvia, viento, nieve, nieblas…). Otras por nuestra salud o el cansancio acumulado, o por las ampollas o por las lesiones. Nada de esto importa si conocemos el verdadero sentido del camino. No es una prueba física, no se trata de andar (eso se puede hacer todos los días por nuestro barrio, y es muy saludable). En mi caso se trata de un periodo de paz, de reflexión, de poder disfrutar en silencio y soledad de la compañía de mis seres más queridos. De observarles, de cuidarles  y sentirme cuidado. De pensar, de rezar. De divertirme y reír.  De compadecerme y recordar. De agradecer. De compartir confidencias durante algunos kilómetros, y de andar solo otros. De disfrutar de paisajes, de la gastronomía, de las gentes y culturas. De degustar la austeridad del camino. De dejarse embrujar por la aventura. De dejar al camino que me cuente sus historias. De correr el riesgo de perderme, para poder encontrarme. De estar fuera de la zona de confort, enfrentándome a situaciones nuevas, distintas a las habituales de todos los días. De llegar dolorido al final de la etapa y ser capaz de levantarme y visitar por la tarde.

¡¡¡Ultreia et suseia!!!!


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Frente al anonimato de la historia

Por: Juan María Laboa 15-01-2017

A finales del 2016 da la impresión de que tanto los cristianos como la Iglesia se han guarecido en el anonimato, en un silencio individual e institucional sorprendente. No porque falten organizaciones o instituciones con nombres o proyectos cristianos sino porque su presencia resulta insípida, incolora e irrelevante. En el ámbito de la escuela, de la enseñanza, del análisis social, debemos preguntarnos sobre los por qué de esta situación. 

 

¿Por qué han desaparecido políticamente los cristianos? ¿Qué ha sucedido con los partidos de orientación cristiana, como las Democracias Cristianas, el PP, o el PNV? ¿Por qué vacila la cultura política cristiana, tan viva en la segunda parte del siglo XX? ¿Por qué parece inexistente el compromiso político cristiano?¿Qué de aquellas escuelas de ciudadanía o de formación política existentes en algunas diócesis? Quiero señalar el avance desconcertante de una crisis profunda de la identidad cristiana en su propia historia, presente, por ejemplo, en el intento revisionista de las cruzadas, de la evangelización americana, del fenómeno esclavista, de la labor de los misioneros en los diversos continentes, de la presencia e influjo, del cristianismo en la época contemporánea…hasta llegar a dudar sobre la dimensión histórica de la civilización cristiana. Las diferentes peticiones de perdón por parte cristiana han sido meritorias como acto de humildad, pero no han resultado equilibradas al no haberse contrapuesto con los muchos méritos existentes. Tantos libros y series de éxito, a menudo, inaceptables desde el rigor histórico, acusan inapelablemente al clero, la Iglesia, la educación católica. A esta situación se contrapone el temor y los complejos de los intelectuales católicos en su propuesta y defensa de la historia y formación católica. En consecuencia, unos y otros se quedan únicamente con las acusaciones y falsificaciones. 

 

Sin embargo, la historia objetiva y honesta sigue siendo el espacio posible y adecuado de la manifestación de los valores y testimonios positivos y reales de la comunidad creyente. Llevamos demasiados años en los que en el parlamento, en el cine y en el teatro, en la televisión, cualquier indocumentado se permite mentir y atacar a nuestra Iglesia, a nuestro clero, a nuestra enseñanza. Aceptamos en paz y tranquilidad la cuota de pecados que nos corresponde, pero ni uno más inventado por el creativo de turno. A pesar de la secularización omnipresente no podemos ni debemos aceptar el papel que los laicistas nos asignan, el de vivir nuestra fe solo en nuestra conciencia, traicionando así el reto de permanecer activos en la gran historia, porque esta presencia no significa amor al poder sino amor al Dios creador y a nuestros hermanos los seres humanos. No debemos apartarnos de la esfera pública abandonándola simplemente a los políticos, quienes no siendo ángeles, pueden terminar gobernando sin ética ni conciencia, o solo movidos por programas puramente ideológicos o destructivos. 

 

No podemos aceptar, porque no es verdad que la defensa de los derechos humanos esté más garantizada en manos de políticos o partidos sin religión que en las de los creyentes. La historia del siglo XX lo demuestra. Tras el concilio decidimos que no hubiera partidos apoyados por la Iglesia, convencidos de que los creyentes presentes en todos los partidos influirían desde dentro. No ha sido así y los cristianos han caído en el anonimato. La búsqueda y presentación del horizonte cristiano, la presentación de los valores y programas cristianos presentes en nuestra sociedad, la actuación del bien y del mal, del pecado y de la gracia, de los grandes creyentes y del pueblo movido por su fe, constituyen también una faceta enriquecedora de nuestra historia. No podemos resignarnos a cobijarnos en el anonimato y, en cuanto formadores e historiadores, seamos capaces de ofrecer una historia equilibrada y veraz. Pasó el tiempo del autobombo, que era mendaz, pero no debemos soportar un minuto más un masoquismo estúpido y autodestructivo, igualmente mendaz. 

 

El El Estado debe ser laico, pero no la sociedad. Los cristianos exigen conocer su historia, su larga y sugestiva historia que, en realidad es la historia de Occidente, nuestra historia y la de nuestros antepasados. Desde ese conocimiento podemos hablar, actuar, reunirnos, defender nuestras ideas y nuestros derechos Una sociedad civil madura y compacta resulta imprescindible en democracia y un laicado bien formado, compacto y activo en la vida social enriquece la vida civil y hace creíble una Iglesia que debe estar presente como tal en un Estado moderno equilibrado.

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