Martes 21 de Noviembre 2017

VERGÜENZA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 27-11-2016

Escribo esta columna junto a la capilla de las Misioneras Salesianas en Gumbo, Sur Sudán. Estas paredes pueden dar testimonio de sus sentidas oraciones, su dedicación, su incansable compromiso en favor de los más necesitados del planeta...

Ayer tuve la oportunidad de visitar el campo de desplazados UN Camp con 50.000 desplazados huidos de la guerra, mayoritariamente Nuer, que carecen en este campo de alimentos suficientes, higiene, educación, cuidado sanitario y tantas otras necesidades tan básicas que ni nos planteamos en nuestro propio peldaño de la pirámide de necesidades a años luz de este otro. Las Misioneras DMI procuran educación, alimentos, Paz y Reconciliación, y sobre todo alegría, cariño y esperanza a cientos de madres y millares de chavales.

Por supuesto que no puedo sentir más que amor y admiración cuando pienso en todas ellas y en su trabajo. Siento cariño, agradecimiento, y una cierta dosis de sana envidia por su paz interior y su santidad. Las Salesianas están entregando en este mismo momento algo más de 100 diplomas a los niños que han terminado preescolar pasando a primaria, un título básico ( enseñanza general básica la llamábamos en mis tiempos) pero que no está al alcance de todos en el país más joven de la Tierra y uno de los menos desarrollados, en el que tan solo saben leer y escribir uno de cada cuatro habitantes. Me imagino los diplomas cumlaude que van a recibir ellas el día que se gradúen definitivamente en su encuentro final con el Padre... Lo dicho: amor, cariño, agradecimiento, y sobre todo, mucha admiración.

Pero hace un par de días, en la Diócesis de Arua, en el Norte de Uganda, la palabra más repetida al hablar de la Iglesia no era precisamente "admiración". "Shame", " Vergüenza", repetían unos y otros...

La misa diaria se celebraba con más de un centenar de fieles rodeados por casi una decena de soldados armados hasta los dientes. Lo más sorprendente de todo es que la policía estaba allí para defender a los cristianos... ¡Para defenderlos de la Curia local!

El antiguo Obispo Frederick Drandua se retiró, enfermo, y aunque lamentablemente se filtraran varios nombres en la prensa local, la jerarquía eclesiástica decidió nombrar otro representante en esta Diócesis, Sabino Odoki, originario de Pakwach, una localidad que se encuentra tan solo a un centenar de kilómetros al sur de Arua.

La Curia local que tantas veces había conminado a sus fieles a darse la paz y que tantas veces les había sermoneado perdonándoles a regañadientes sus muchos pecados... ¿cómo era eso de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio? Incendiaron la estructura de madera en la que los fieles se recogían para asistir a la Santa Misa. Millares de cristianos se quedaron sin su templo, el lugar en el que se celebraba la misa diaria en Arua,  ciudad episcopal. Vamos, ¡como si unos sacerdotes madrileños decidieran incendiar la Almudena tras la elección de un obispo que no fuera castizo! Su presencia, apoyada por sus propios fieles, instigaba a los cristianos a alejarse de la Iglesia como unos violentos piquetes informativos pudieran hacer con los esquiroles. Guerra de clanes en la Curia local mientras sus fieles atónitos repiten una y otra vez esa palabra, "vergüenza", unas veces más enfadados y otras con más benevolencia...

La Conferencia Episcopal, la Nunciatura, diferentes  Obispos individualmente y representantes de diferentes congregaciones han visitado la diócesis. La respuesta de nuestra Iglesia, como siempre, tranquila, tal vez demasiado... Un par de sacerdotes suspendidos y el resto sin consecuencias. Mientras tanto la Policía sigue acudiendo a la misa diaria y si no fuera por la cara de cachondeo con la que llegan, podríamos tener al menos la esperanza de ganar algún adepto entre sus integrantes.

No sé vosotros, pero yo a veces rezo para que no vea esto el que todo lo ve... Aunque el que todo lo sabe también conoce nuestras miserias y las de estos diocesanos africanos... Aquí sigo rodeándome de religiosas que, en África, trabajan mucho mejor!

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EXPLICACIONES

Por: Dolores Aleixandre 18-11-2016

Parece ser que cuando entre en vigor el nuevo Misal Romano, se dirá en la fórmula de la consagración del cáliz:  “mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos, en vez de por todos como antes. Motivo del cambio: “se ha aplicado un principio de correspondencia literal”. Como la expresión suena a excluyente, se recomienda hacer una catequesis para que los fieles nos enteremos de que en arameo “multitud” significa  “totalidad” y, por lo tanto, se está expresando de modo inequívoco la universalidad de la salvación. 

A  ver si lo he entendido bien: cuando escuchábamos “por todos”, resultaba inequívoca esa universalidad pero como  ahora lo de  “por muchos” pude ser equívoco,  necesitamos una explicación, no vaya a ser que entendamos lo que no debemos entender. ¿Alguien puede explicarme esta complicación?

Más misterios: asisto a la consagración de un nuevo templo y la ceremonia, a pesar de durar más de dos horas, no se hace larga: pocas veces se encuentra una comunidad tan  viva, tan festiva y que participe tan intensamente, apiñada en torno a un párroco excepcional. En las moniciones se va explicando cada símbolo, excepto esta secuencia enigmática: entra el obispo en procesión llevando mitra y  báculo pero, después de besar el altar, un diácono le quita la mitra y antes de la primera lectura, se la vuelve a poner.  Al proclamar el Evangelio se la quita de nuevo y le entrega el báculo, pero se lo quita otra vez al terminar el Evangelio. Antes de la homilía, le pone la mitra pero, al terminar, se la quita. Después del Credo se la pone pero, al acercarse al altar para el ofertorio, se la quita de nuevo; después del Santo le quita el solideo y, después de la comunión, se lo pone otra vez y también la mitra. Al final, le da el báculo, y sale del altar con báculo y mitra.

No sé si me salto algo, en todo caso quiero pensar que en algún momento futuro, se simplificará este trasiego de difícil comprensión.  Mientras tanto, yo casi prefiero que no intenten explicármelo.

 
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SANTA RITA, RITA, RITA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 06-11-2016

“… lo que se da no se quita”, dice el refranero. Y parece que se lo tomó muy en serio “la Barberá”, aferrada a su escaño de Senadora.
Hoy, día de Todos los Santos, me pregunto si es eso “Santidad”, o lo que viene a ser lo mismo en idioma coloquial: ¿Es eso “Felicidad”?

Sabemos que hay muchas “Santa Rita” tanto en un partido como en otro, entre los que hacen negocios en India o en Valencia y se aferran a su escaño, los “honorables” que campan a sus anchas por Andorra, o “los reptiles” y otras faunas que hacen también lo mismo con acento andaluz...
Todos ellos son en nuestra sociedad de consumo los triunfadores, y por tanto “los felices”, ¿o llamémosles “los santos” en una fecha como hoy?
Y el más dichoso por supuesto el recientemente investido como Papá Pitufo que ya advirtió en su día a Pedro Sánchez que era “un Ruiz” y que se iba a acordar de llamarle indecente... Ahora Mariano el “indecente” es el nuevo Presidente, y Pedro el “Ruiz”, que hasta el pasado mes era presidenciable, busca trabajo, ya sin acta de diputado.

Es una pena que a la sociedad de hoy en día, y por supuesto a sus gobernantes, no les influya mucho el Evangelio… Porque nuestros “líderes” podrían aprender hoy mucho de las Bienaventuranzas que nos llevan al camino de esa Santidad que hoy celebramos... Supongo que Mariano se sentirá reflejado en aquello de que son bienaventurados los pacientes, porque estuvo casi un año esperando a ser investido... Pero la Bienaventuranza de “los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” me parece que pocos políticos la cumplen... “El Ruiz” al menos ha sabido entregar el acta, no como muchos otros que allí siguen sentados en… ¿Por qué será que me acuerdo ahora de esas imágenes de los infiernos en el Juicio Final de la Capilla Sixtina?

Supongo que, como el “Juez injusto”, lamentablemente “no temen ni a Dios ni a los hombres”, pero me pregunto con quién irán cuando acudan un día al cine con sus hijos o sus dulces nietecitos… ¿Apoyarán al “malo”, o serán tan cínicos que aplaudan y se emocionen con los triunfos del sheriff bueno que lucha por la justicia?

Hablando de Santos: ¡A todo cerdo le llega su San Martín!

 
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RAREZAS Y MISTERIOS

Por: Dolores Aleixandre 06-11-2016

 

Un sabio de Israel reconoce: Hay tres cosas que me rebasan y una cuarta que no comprendo: el camino del águila por el cielo, el camino de la serpiente por la peña, el  camino de la nave por el mar, el camino del varón por la doncella (Pr 30,19). Esta joya literaria  activa inmediatamente en mi cabeza otros caminos que también a mí me rebasan, por ej.: el camino desde Australia para tirarse tomates en Buñol,  el camino a Borja para ver  el Ecce Homo, el camino a comprar  vaqueros de marca con agujeros.  También queda fuera de mi alcance entender el impacto estético que se consigue llevando una mariposa tatuada en el cogote o el refuerzo identitario que seguramente experimenta  quien se perfora la lengua con  un piercing.   Pero esas son bagatelas en comparación con este otro misterio inexplicable: la pasmosa divergencia de opinión en torno a la duración de una homilía, según provenga de los fieles sentados en los bancos o de quienes las pronuncian. 

El sentir del primer grupo es casi unánime: en general nos parecen largas. Y  nos atrevemos a  decirlo en alto, envalentonados (empoderados se dice ahora) al saber que tenemos al Papa de nuestra parte: “La homilía-  dice en la Evangelii Gaudium- es un género peculiar, ya que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente, debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase. (…) Si la homilía se prolongara demasiado, afectaría dos características de la celebración litúrgica: la armonía entre sus partes y el ritmo” (nº138). El subrayado es mío y el total acuerdo también, excepto en el empleo del subjuntivo: no estamos ante una lejana e hipotética posibilidad de que se prolongue una homilía, sino ante un indicativo puro, duro y constatable: salvo excepciones que la “bancada” comenta elogiosamente a la salida, las homilías tienden a ser más largas de lo aconsejado por el Magisterio.

Un ejemplo reciente: los organizadores de un encuentro numeroso de educadores católicos, piden al obispo que va a presidir la Eucaristía  que, por favor,  no se alargue mucho porque los autobuses esperan a una hora determinada a los que tienen que viajar;  el obispo accede amablemente pero, al comenzar, se disculpa por tener que hacer una homilía breve. Y aquí aparece la anómala desviación perceptiva: la brevedad homilética que unos lamentan,  es motivo de agradecido alivio para sus destinatarios.

Se me ocurre como solución salomónica un intercambio de posiciones: un grupo de homiletizados, elegidos por sorteo, haríamos la experiencia de preparar  algunas homilías buenas y breves: seguramente nos serviría para darnos cuenta de lo difícil que resulta.  Por su parte, los miembros del  grupo de homiletizadores, se sentarían a lo largo de varios  domingos junto a nosotros  y escucharían las homilías de sus colegas.  

Y después volveríamos a opinar.

 

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RUIDO

Por: Santos Urias 06-11-2016

 

La contaminación aumenta, el agujero de la capa de ozono crece, los elementos naturales se vuelven contra nosotros gracias al llamado “cambio climático”. Pero hay otra contaminación que no se ve, que afecta a nuestros oídos, a la escucha: Es la llamada contaminación acústica. Cada vez cuesta más percibir el canto de los pájaros, el correr de un manantial, el agitar de los árboles. Nos lo impiden los ritmos de las máquinas, el rugir de los motores. Llegamos a casa y no somos capaces de permanecer en silencio, lo primero encender la televisión, buscar la compañía con unas voces de fondo, aunque no atraigan nuestra atención. Vamos en el bus o en el metro, y continuamos enchufados al mp3 o al mp4, música, radio, a veces a un volumen indecente. Estamos en el teatro, o en el cine, o en misa, y suena nuestro móvil, o, en mejor de los casos, vibra, y ya estamos mirando su pantalla luminosa mientras los que están a nuestro lado tienen que sufrir nuestra  disimulada dispersión. Vamos a un concierto y por encima del volumen de los batios, pugnan por sobresalir nuestros comentarios, como si no hubiera otro lugar u otro momento en el que compartir nuestros chascarrillos. 

Ruido que tapa la escucha. Ruido que adormece y que embota. Ruido que rasga el silencio. Y entre el ruido, como una brisa, sigue sonando la voz de Dios.

 
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