Lunes 25 de Septiembre 2017

CUESTIO DE COHERENCIA

Por: Santos Urias 26-07-2016

Rejuvenecer una sociedad envejecida

y rechazar los flujos migratorios. Estar a favor de la pena de muerte y condenar el aborto. Desear una familia unida y favorecer un sistema económico que alarga los horarios de trabajo y dificulta la conciliación. Estar contra los transgénicos y apoyar el transgénero. Buscar la extensión de los derechos humanos a los animales lesionando los derechos humanos. Ofender la libertad religiosa de múltiples maneras justificándolo como una forma más de libertad de expresión, y juzgar y condenar opiniones discutibles pero fundadas tachándolas de homófobas y dogmáticas. Promover fundaciones o ayudas de carácter social y explotar a niños o mano de obra barata con contratos basura. Defender los derechos de la mujer y alimentar la instrumentalización sexual. Criticar a los políticos, los banqueros, los sindicatos, la iglesia, y reproducir sus errores a escala en nuestras vidas. Quejarnos del nivel intelectual y de formación viendo algún programa de la llamada telebasura. Hablar de solidaridad y no saludar a un transeúnte. Lanzar soflamas contra el sistema capitalista injusto y su consumismo desmesurado mientras me fumo un porro, hago botellón y manejo mi móvil de última generación. Tratar a las personas como objetos y no querer que me traten como un objeto. No cuidar mi ciudad y quejarme de sus servicios. Comprar tan, tan barato, sin preguntarme porque es tan, tan barato. Proclamarse antifascista y utilizar métodos fascistas. Gritar y armar jaleo de madrugada y molestarme que griten y armen jaleo de madrugada. Fomentar las relaciones virtuales y quejarme de la deshumanización de las relaciones. Sexo bueno, bonito y barato, y no asumir las enfermedades derivadas, los embarazos no deseados, las consecuencias afectivas. Proclamarse anticomunista y utilizar métodos stalinistas. Querer vivir más años y con más calidad de vida, y arrinconar a nuestros mayores porque son una carga y un estorbo. Pedir una sociedad reconciliada y no estar dispuesto a perdonar. Querer que mis hijos tengan un trabajo digno, y mantener mi empresa a costa de becarios, contratos en prácticas, temporalidad sin estabilidad. Evitar la muerte, los tanatorios, los funerales y no querer estar solo ante una perdida. Rechazar los prejuicios y prejuzgar por cuestiones ideológicas, religiosas, sociales… Querer un mundo más justo, más solidario, más pacífico y no mover un dedo cuando se produce una injusticia, una falta de solidaridad, una agresión o forma de violencia (o lo que es peor, justificarla). Sentirme rechazado por estar fuera de mi país y rechazar de alguna forma al que viene de otro país. Acusar de falta de transparencia, de verdad, de rigor y no contrastar las informaciones que me llegan y que difundo.

Intentar quejarme menos del otro y de los otros, y aprender a conjugar dos términos: coherencia y sentido común.

Coherencia: conexión, relación o unión de unas cosas con otras. Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

Sentido Común: capacidad de entender o juzgar algo de forma razonable. 

 

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YO PROJIMO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-07-2016

¿Esta noche es la final de la Eurocopa?

¿Y quién juega? ¡Ah, si! El principito Griezmann que es de mi equipo contra el bicho CR7 que es del contrario… Pero como sólo tengo camiseta de la Roja y en realidad tampoco me importa mucho quién gane, veré mejor el salto de altura o el badmington, que no lo he visto en la vida pero me han dicho que hay unas españolas que siempre ganan…

“¿Quién es el prójimo?”, le pregunta a Jesús el Maestro de la Ley. El Evangelio de hoy es uno de los más bonitos y profundos porque encima el propio Jesús pone al Buen Samaritano como definición de la Vida Eterna…

El Evangelio no tiene desperdicio: la paciencia, la mansedumbre, el cariño de Jesús al contestar al Maestro de la Ley, y la propia contestación en sí, la parábola del Samaritano, el enemigo de los judíos que monta en su caballo al moribundo y lo lleva a una posada para cuidarlo…

Cuando me fui a Calcuta primero y después a Africa, mi padre necesitaba cariño y atenciones. Mi padre falleció unos años después mientras yo me dedicaba al prójimo más lejano en Sudán. Han pasado ya muchos años pero sigo preguntándome si el prójimo no es el “próximo”, hasta qué punto debemos primero amar y cuidar al cercano, a nuestra pareja, a nuestros padres y a nuestros hijos (que a veces son “hijos pródigos”). A veces es más difícil justamente por sentirnos más cerca, más involucrados, pero volviendo a Jesús, también nos enseñó con su ejemplo a abrirnos al mundo y acoger a ese prójimo distante, como hizo la Madre Teresa al embarcar desde su Albania natal rumbo a Calcuta dejando a su familia…

Bueno, habrá que disfrutar el futbol, gane quien gane, aunque no tengamos su camiseta, y disfrutar del amor al prójimo, al próximo y al distante, y en la manera de lo posible repartirnos 50/50, o 80/20, o 20/80, según nuestros talentos y nuestros talantes, pero no rodear al malherido como el sacerdote y el levita, sino dirigirnos a él ya sea para acomodarlo en nuestra propia casa o en la lejana posada… Supongo que una vez más la castidad te evita algún problema a la hora de elegir el prójimo, aunque también vuelan sables a menudo en el convento.

Menos mal que la Misa acaba con el “Padre Nuestro”, rezado por todos como “hermanos”, y después viene la Comunión, para dejar finalmente todas estas dudas en Sus manos, que nosotros tan solo somos simples humanos…

 
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LUCA

Por: Santos Urias 06-07-2016

Luca a venido a Madrid a aprender castellano.

 Por no sé qué carambola cayó en sus manos un ejemplar de mi segundo libro: “El Reloj de Arena”. Quería que nos conociésemos. Sincero, sencillo, pausado. No concibe la vida sin ese Dios que se ha hecho compañero de camino. “No sólo creo, es que lo siento aquí”, me dice mientras se señala el pecho. Toma un sorbo de café y sigue hablando una mezcla de inglés, italiano y español. Me pregunta acerca de la Parroquia, de su carrera de empresariales y derecho, de su mundo afectivo bajo el prisma de la homosexualidad. 

Lleva algún tatuaje y quiere hacerse uno nuevo en la muñeca: un reloj de arena. Le ha impactado la imagen de ver pasar el tiempo con una mirada contemplativa. “Es que es verdad”, me dice con entusiasmo. El tiempo es sagrado; el tiempo nos habla de la vida; el tiempo es maestro y discípulo; es tiempo de Dios. Cae la arena de los días, de las horas, de los minutos, de los segundos. Cae despacio o, a veces, con la sensación de que cae demasiado deprisa. Los ritmos, los silencios son importantes. Luca me lo ha recordado. Todos llevamos tatuado un reloj de arena a la altura del pecho.

Le he regalado mi libro. El me ha regalado un buen rato en una terraza, de esos encuentros que tienen gusto a evangelio. Y le prometí contarlo. Y aunque acumulo multitud de defectos y me acompañan cientos de flaquezas, intento no faltar a mis promesas.

 

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