Domingo 23 de Julio 2017

Labrar su campo...

Por: Jose Maria Marquez Vigil 31-05-2016

Leía el otro día

 la tragedia del barranquista que falleció en Ourense, D.E.P. Tras cuatro días tratando de rescatar su cuerpo, habían decidido que la mejor solución para darle cristiana sepultura era secar el río desviando el agua de la cascada.

Me puedo estar metiendo en un jardín de difícil salida, pero cuando leo estos artículos, tras un primer momento en el que me pongo en la desolada piel de los familiares, trato también de ponerme en la piel del fallecido, y me preguntó si es eso lo que él querría.

En mi caso siempre dije, cuando vivía en África, ya fuera en el tranquilo Malawi o en el conflictivo Sudán, que si alguna vez fallecía por esas tierras, allí me debían dejar... Nunca comprendí esa necesidad, ese mal uso de unos fondos públicos o privados, malgastados para que mi cuerpo ya fallecido retornara hasta España con el solo objetivo de meterme en un hoyo o de quemarme en un crematorio “en casita”. ¡Aunque lo cubra el seguro! Me parecería muy poco eficiente energéticamente y a su vez un despilfarro económico. A falta de un buen trasplante (que siempre tendría prioridad), preferiría que me dejaran allí para que mi carne pudiera llenar el estómago de las hienas, que se dieran un buen festín “a mi salud”, ya que creo en la vida eterna pero lo de la resurrección de la carne lo veo un poco más difuso...

Me costó mucho entender, hace ya más de 20 años en Calcuta, cuando la Madre Teresa nos pedía que diéramos la mano al moribundo mientras cruzaba el umbral de la otra estancia… También lo consideraba poco eficiente en aquella época ya lejana, aunque ahora haya entendido de otro modo la necesidad de dar la mano a aquel que nunca nadie se la dio en vida, y al menos hacerle un poco más agradable ese difícil paso…

Pero con tanta gente dispuesta a morir por venir hasta Europa, atravesando esos caminos llenos de dificultades y cruzando este mar Mediterráneo que tantas vidas se engulle... ¿Cómo podría yo exigir que un día trajeran mi cuerpo inerte en un avión cuando hay tantas millones de vidas que salvar y en teoría no hay recursos para ellas? Desconozco si Cervantes o García Lorca hubieran querido que se gastaran tantos recursos para identificar sus huesos, pero dada la vida que hay en sus letras, no creo que hubieran preferido recortar la ayuda sanitaria a los sin papeles para canalizar ese ahorro en excavaciones… Ya lo decía Jesús: “dejad que los muertos entierren a sus muertos...”.

Aparte del punto de vista económico, están también el filosófico y el medio ambiental... Nunca entendí que aplicaran la pena de muerte a los asesinos del Mahatma. Si Gandhi resucitara después de una vida dedicada a la no violencia, y viera que a sus asesinos los colgaron inmediatamente... ¡Se quedaría tan perplejo como el propio Jesús cuando vio a su discípulo Pedro sacando la espada para defender al que poco antes le había enseñado lo de la túnica y la otra mejilla!

No conozco a esta persona que falleció en Ourense, pero una persona que disfrutaba la naturaleza y qué hacía barranquismo por una cascada, es probable que no deseara ahora que se seque el río para que lo saquen de allí y lo metan en una caja… Sin duda alguna él hubiera querido vivir muchos años más, pero si no hay elección y puestos a fallecer en algún paraje, este hubiera sido tal vez un sitio mucho más adecuado que un lúgubre cementerio, y mucho más bonito para que sus familiares le recordaran (ahora que nadie me oye, tengo que reconocer que las cenizas de mi padre las enterramos con nocturnidad y alevosía en la plaza de su pueblo, un recuerdo mucho más bonito y personal que un montón de lápidas rodeadas de cipreses…).


Me gusta mucho ese proverbio africano que dice que “la mejor manera de llorar a un muerto es labrar su campo”. ¡No puedo estar más de acuerdo!
Tal vez el campo de este barranquista era la cascada, como el campo de Gandhi era la no violencia. Y os puedo asegurar que mi campo sería la utilización austera de los recursos escasos, y por tanto, si algún día me desapego de la vida desde África, por favor dejad mi cuerpo allí, y con los fondos que se fueran a dedicar a la repatriación de mi cadáver, que traigan a alguien con vida para que pueda formarse y vivir en este otro hemisferio con más oportunidades para los que aún no han muerto… Y si hay que dar trabajo al marmolista, que alguien ponga una lápida donde quieran, que diga: “Mis huesos no están aquí, ¡pero se vino uno mucho mejor y con mucha más vida!”

 
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Exigencias de la fraternidad

Por: Juan María Laboa 30-05-2016

Quienes seguimos a Jesús, tenemos claro

 que cuantos creemos en él formamos parte de una comunidad de fe y esperanza. En una ocasión Jesús oró al Padre para que sus discípulos fueran uno, un discipulado, una Iglesia, una comunidad. Sin embargo, desde el inicio hubo disensiones y rupturas: los judeocristianos y quienes provenían del paganismo, los de Oriente y los de Occidente, los más filósofos y los más teólogos. Se multiplicaron las herejías y los cismas, pero la gran Iglesia mantuvo su liturgia y su doctrina con tesón y fidelidad.

Desde mi punto de vista, tan importante como la doctrina ha resultado el talante de los pueblos, sobre todo los del Oriente del Imperio y los de Occidente. Los griegos y romanos, los pertenecientes a los patriarcados de Antioquía, Alejandría y Constantinopla  y los agrupados alrededor de Roma. Poco a poco, fundamentalmente por motivos políticos, Oriente dependió de Constantinopla y del llamado Imperio bizantino, y Roma fue asimilando los pueblos bárbaros conquistado por Carlomagno o asentados en los países occidentales romanizados. Con el tiempo, los eslavos, desde Ucrania, Rusia,  Bulgaria seguirán la liturgia bizantina y se mantendrán bajo el paraguas de Constantinopla hasta que Rusia se independice, constituya un nuevo patriarcado y se declare la Tercera Roma. La doctrina era la misma, la obediencia se repartía entre los tres patriarcados, las diferencias aumentaban en función de la lengua litúrgica, de la desconfianza por Roma y de la sumisión congénita de griegos y eslavos por los poderes políticos establecidos. Hasta hoy, con todas las consecuencias.

Tras los siete concilios compartidos, las desconfianzas se han multiplicado, pero la ortodoxia se ha mantenido, a pesar de que los teólogos han intentado ahondar las diferencias. Prácticamente no las hay, pero el reino de las sospechas, desconfianzas y rencores se ha mantenido con perseverancia. Lutero, por su parte, dividió Occidente y su doctrina supuso cambios sustanciales y ruptura de tradiciones, dividiéndose, a su vez en distintas Iglesias.

El concilio Vaticano II ha supuesto un antes y después. Con Oriente, aparentemente, es más fácil y con los protestantes las diferencias doctrinales resultan más complicadas, pero el clima parece haber cambiado sustancialmente, aunque el patriarcado de Moscú, muy condicionado por el régimen marxista y por la devoción a Putin, ha mostrado toda clase de reticencias, a diferencia de Constantinopla que a partir de Atenágoras y sus sucesores ha entablado cordiales relaciones con Roma. Claro que, entre Constantinopla y Moscú existe, también, una sorda lucha y un desencuentro evidente. Constantinopla es el primer patriarcado de la Ortodoxia, pero a Moscú siguen los rusos, es decir la gran mayoría de los creyentes ortodoxos. Las diferencias entre ambos son la causa de que no se haya celebrado un concilio desde hace mil años y, de rebote, la lentitud de la aproximación con Roma.

El papa Francisco  ha demostrado desde el primer momento su intención de esforzarse y facilitar la unión de los cristianos con valentía y esperanza. Anunció que acudiría el 31 de octubre a Lund para asistir al inicio de las conmemoraciones de los quinientos años de la Reforma:”Estoy profundamente convencido que dedicándome a la reconciliación entre luteranos y católicos trabajamos a favor de la justicia, la paz y la reconciliación en un mundo herido por los conflictos y la violencia”. Por otra parte, señaló al patriarca Kirill que estaba dispuesto a reunirse con él en cualquier sitio. Finalmente, Moscú ha aceptado y se han reunido en Cuba.

El sorprendente lugar de encuentro, aeropuerto de la Habana, parece pulverizar los prejuicios y condicionantes de la historia europea al optar por la virginidad histórica del nuevo mundo, aunque, por otra parte, es en este continente donde se encuentra la mayoría de los católicos y donde el papa ha nacido.

De todas maneras, el drama que indudablemente les acerca se manifiesta dolorosamente en la desaparición de los cristianos de dos países íntimamente unidos a la historia cristiana, donde católicos y ortodoxos han sido masacrados y expulsados, Siria e Iraq. Tal vez, una vez más, los mártires cristianos conseguirán unir lo que el orgullo y la obstinación ha mantenido separado durante tantos siglos.

 

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CON LA MÚSICA A OTRA PARTE

Por: Santos Urias 17-05-2016

Lo confieso: soy melómano.

 Enamorado de la música. Consumidor impulsivo de sonidos y melodías. 

Esta semana una amiga me dejó un libro muy curioso, cada capítulo lleva al comienzo una pieza clásica para escuchar durante la lectura. El texto es de una crudeza inusual. El autor es un pianista que arrastra traumas, conflictos, dolores del “alma”. La sinceridad con que está escrito, a veces con desgarro, y la banda sonora de cada parte me han cautivado. El momento de la lectura se ha convertido en una especie de pequeña oración. Sin duda, los sentimientos, lo profundo, conecta con esa matemática de las sinfonías, de las sonatas y de los conciertos. Al fin es un lenguaje que aunque se pueda estudiar y explicar, va más allá de toda lógica. Es la maravilla de la creación, el vomitar poéticamente todos los pensamientos, las pasiones, la desesperación, la fe. He encontrado dolor en las teclas golpeadas de un piano; paz en las cuerdas rasgadas de los violines; súplica en la temblorosa voz de un coro. Es algo que transciende, que nos transciende.

El libro se subtitula: “Memorias de música, medicina y locura”. Música para volar. Medicina para sanar. Locura para creer. 

Siempre nos queda la posibilidad de hacer la maleta de nuestras emociones y viajar con la música a otra parte.  

 

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DEJARSE NACER

Por: Dolores Aleixandre 17-05-2016

La expresión es de Miguel Márquez,

 provincial de los Carmelitas Descalzos en su reciente conferencia en Roma, en la clausura del año de la vida consagrada. Además de ser una “consigna pascual” preciosa me ha recordado un texto muy desconocido de Oseas en el que dedica a Israel este reproche cáustico: “Cuando su madre estaba con dolores, fue una criatura tan torpe, que no supo ponerse a tiempo en la embocadura del parto” (Os 13,13). La ironía del profeta es corrosiva: -“No es solo que seas tonto de remate, es que de puro torpe, casi  ni acertaste a nacer…”. Quizá es porque se empeñaba en controlar él su propio alumbramiento, en vez de confiarse a la misteriosa energía que lo provoca. 

Lo de “dejarse” es difícil: estamos más acostumbrados a vivir en clave de esfuerzo, trabajo, empeño y obtención de resultados y tenemos poca práctica en  abandonarnos, soltar, ceder, cejar,  permitir…“Rendíos y reconoced que soy Dios” (Sal 46,11) decía un salmista y a ese tipo de rendición suena el “Señor mío y Dios mío” de Tomás aquella tarde en que el Resucitado le invitó a  “dejarse nacer” …

 

 

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¿PROFETA EN TU TIERRA?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 06-05-2016

¡Verdaderamente difícil eso de ser profeta en tu tierra! ¡Yo al menos no lo consigo! No me siento con fuerzas para hablar en público de mis relaciones familiares, pero sin existir ningún escándalo, tampoco es oro todo lo que reluce… Es cierto que encuentro muy difícil compaginar una vida profesional dedicada en gran parte a la solidaridad con los más necesitados, a la búsqueda del amor, la justicia y la belleza… Con esas luchas diarias que puede llegar a tener en su casa un “pater familias”. Ayer leía unas páginas de la nueva exhortación del Papa Francisco “Amoris Laetitia”, sobre el Amor en la Familia. El Papa dibuja el amor y la felicidad en la mesa familiar como solo un hombre santo (¡y casto!) puede hacerlo, porque lo cierto es que al menos en mi hogar, la mesa no es siempre un encuentro de amor y felicidad. El adolescente va con su móvil, otro se queja sonoramente: “¡otra vez verdura!”, y otros se pegan por recoger de más o de menos, mientras sus progenitores A y B mostramos nuestro enfado con gritos y amenazas varias para terminar echándonos la culpa el uno al otro... Un hombre santo de fama mundial, un hombre dedicado a proclamar el amor y la no violencia como pocos lo han conseguido, llegó a escribir a su hijo en cierta ocasión aquella frase lapidaria: “Debes saber que tu problema se ha convertido en algo más difícil para mí que incluso la libertad nacional”. El hijo de Gandhi, alcohólico y jugador, llegó a violar a su propia hija de ocho añitos, nieta de aquél… Verdaderamente, no es fácil ser profeta en tu tierra, incluso para los más santos, y así lo llegó a reconocer el mismísimo Jesucristo, del que solo una vez se dice en el Evangelio que “parecía enloquecido”, en el mismo versículo en el que se habla de su madre y sus hermanos… Ayer quedé a comer con mis amigos del alma. Muchas bromas, algún pequeño enfrentamiento entre vikingos y colchoneros, y de repente, al salir el tema de los refugiados, perdí los nervios… Y tengo que reconocerlo en público… Siempre he dicho que entiendo a las religiosas al llevar el hábito y su crucifijo. De algún modo las protege al mostrar sus señas de identidad. La gente que las respeta entiende que debe guardar cierta dosis de sensibilidad a la hora de soltar una blasfemia o similar (bueno… ¡No todos! Seguro que la Rita Maestre encontraría un buen momento para desabrocharse la camisa y mostrarnos lo único de lo que puede presumir…). Yo voy últimamente con mi pelo largo y barba, todo muy ridículo en un abuelo canoso, tal vez tratando de mostrar una parte de mis señas de identidad… Pero vuelvo a la comida… Mi gran amigo, una excelente persona, digno de admiración por el apoyo y cariño que regala constantemente a su familia y amigos, se acercó a la hora de los postres a las tesis LePennistas mostrando su acuerdo con la expulsión de “los que vienen a nuestros países a aprovecharse”. Me hubiera gustado estar tranquilo, me hubiera gustado explicarle que yo me siento ciudadano del mundo, que cuando rezo el “Padre Nuestro” siento sinceramente que todos somos hermanos, que no considero que los Bárcenas o las Ritas (valga tanto la “aforada” Barberá como esa Maestre “destetada” de la que hablaba antes), o los de “los reptiles”, o tantos otros que hayan nacido en un espacio geográfico cercano al que haya nacido yo… Ninguno de ellos es más hermano para mí que la mujer que viene con su hijo a cuestas andando desde los confines del mundo para huir del hambre, la guerra o la injusticia, buscando lo mejor para sus hijos, aventurándose a perder la vida en “nuestros mares”… Tampoco considero que los que tuvieron la mala fortuna de nacer en otro país y que han estado ahora cuidando a nuestros padres, a nuestras madres, a nuestros hijos, o los que han estado construyendo las casas en las que vivimos ladrillo sobre ladrillo, o los que han sostenido por unos años más esa pirámide de Ponzi que es la Seguridad Social que esperamos que pague un día nuestra jubilación y que entre tanto cubra los tratamientos sanitarios de nuestros niños… ¿Tienen menos derechos que nosotros? Sigo sin tener claro si, visto desde otro punto de vista, un día los jóvenes españoles no tendrían también derecho a votar a un partido populista para expropiar la vivienda de los que ahí comíamos, o dejarnos sin esa pensión que supondrá una carga para la base de la pirámide… Si rezara más y si no hubiera dejado el yoga, tal vez podría haberle dicho con cariño todo esto cuando mi gran amigo trataba de explicar mejor sus palabras que tanto habían herido a este nieto de emigrantes que aquí escribe. Pero no soy profeta en mi tierra (ni en ningún sitio), y como Gandhi, parece que es más fácil dar una conferencia sobre el amor y solidaridad con un público desconocido que mostrarte tranquilo frente a gente a la que tanto aprecias y de la que tanto esperas, como tu familia y amigos. Por eso aprovecho para explicarme, pedir perdón a quien pueda ofender, y sobre todo pedir perdón a nuestros hermanos menores, aquellos que la Santa de Calcuta consideraba su razón de ser y de vivir: “Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui extranjero, y me recibieron”.
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