Domingo 23 de Julio 2017

Zancadillas en la curia

Por: J. Lorenzo 30-01-2016

No le falta razón al obispo

Gines García Beltrán cuando, en la entrega de los Premios ¡Bravo!, afirmó que “no somos los mejores comunicando, pero sí que comunicamos lo Mejor”. Aunque incluso cuando se tiene a un crack de la comunicación como es el papa Francisco, resulta que lo suyo no acaba de calar, tampoco en la Iglesia, y no porque no hable claro. Sin ir más lejos, recupera la misericordia, le dedica un año en la Iglesia, se entusiasman los fieles, que sí le pillan el significado, y hay obispos que se molestan porque alguien ha nombrado a sus curas para ser misioneros de la Misericordia y nadie se lo había comunicado antes. Les pasa incluso a esos pastores que sintonizan con el estilo de Bergoglio, que estarían más que dispuestos a arrimar el hombro en este Año de la Misericordia, pero que se han sentido desplazados. No lo dicen, pero cargan la culpa al Papa. Se sienten dolidos con unos modos que no identifican con su carácter, aunque quizás sería más adecuado buscar las responsabilidades en la curia, que no furia, que a veces el corrector juega malas pasadas y ofrece esta palabra como variante. Curioso, sí.

Dos furias, perdón, curias, conviven ahora en el Vaticano, una en funciones, y otra sin ellas pero que tiene que dar el soporte que el Papa no encuentra para las reformas que quiere hacer; ambas estorbándose, atascándose, molestándose, zancadilleándose, intrigando con lo que el Papa decide a unos cuantos pasos, atando salidas airosas para pastores mediocres o abiertamente dañinos para sufridos fieles y presbiterios, o concertando visitas que, sin refrendar nada, pueden llegar a sostener la esperanza de los descontentos y provocar el cansancio de algunos buenos. Y todo ello, a pocos metros de Santa Marta. Con estas papeletas, sí, lo Mejor es difícil que acapare titulares.


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La pedagogía de la memoria

Por: Juan María Laboa 30-01-2016

Desmenuzar el pasado con interés

 y pasión consigue atraer, interesar y formar la mente. La historia es con frecuencia el instrumento más poderoso de información, confrontación y reflexión. Solo los pueblos que conocen el significado de su pasado son capaces de afrontar con ventaja el futuro. A pesar de este convencimiento, somos conscientes del penoso desinterés generalizado por el estudio de nuestro ayer.

Este mes que está a punto de finalizar conmemora el cincuentenario del Vaticano II y los cuarenta años del inicio de la monarquía y la democracia en nuestro país. En nuestra sociedad y en nuestro catolicismo la asimilación del concilio tuvo mucho que ver con algunas virtudes y talantes de lo que denominamos transición española. Aunque los medios de comunicación apenas lo han mencionado, la homilía del cardenal Tarancón ante los nuevos reyes el 27 de noviembre de 1975 se convirtió en un signo relevante del nuevo talante religioso y político manifestado en esos días. Creo que podemos afirmar que sin este concilio y sin su influjo en el catolicismo español nuestra historia reciente no hubiera sido la misma.

La celebración del concilio fue muy bien acogida por buena parte de la población española y la Acción Católica, la HOAC, los intelectuales más abiertos, fueron conscientes del impacto de sus doctrinas en la renovación religiosa, política y social de los españoles. Nuestra Iglesia española tuvo menos poder, pero más prestigio y aumentó su credibilidad. Muchas conciencias se turbaron pero más abundantes fueron las que abandonaron la rutina y asumieron su responsabilidad política y social. Los cristianos comenzaron a hablar de reconciliación y la Iglesia fue convirtiéndose en un sorprendente espacio de solidaridad, con Cáritas, Proyecto Hombre, Manos Unidas y tantas otras experiencias y actividades parroquiales.

Estos cuarenta años han resultado conflictivos entre quienes optaban por mantener el espíritu conciliar de diálogo con el mundo y la cultura moderna con optimismo y humildad, y quienes consideraban que esa actitud desembocaba en la dispersión y debilitamiento de identidad. A veces, la vida interna eclesial no ha resultado fácil y el peligro de volver a las andadas ha estado muy presente, pero, vista con perspectiva, la comunidad creyente ha sido tan viva, apasionada, contradictoria y creadora como la sociedad española en general.

Es verdad que los jóvenes actuales no conocen el concilio ni su significado histórico, aunque vivan un cristianismo marcado por sus documentos y talantes, pero podemos afirmar que en general nos encontramos con una Iglesia distinta de la de hace cuarenta años, más juvenil y esperanzada, más cercana y atenta a los problemas del momento. No es, ciertamente, tan hierática y autocomplaciente, pero su rostro humano resulta más accesible y acogedor; no se presenta tan uniforme porque da cabida a un pluralismo enriquecedor; no es todavía un espacio de comunión en el que confluyan todas las sensibilidades presentes en su seno, pero, al menos, se es consciente del problema; ha abandonado su constante tono magisterial y se muestra dispuesta a escuchar y aprender. Está dispuesta a participar en todos los asuntos en los que se trabaje a favor del bienestar y la justicia humana sin tener en cuenta la rentabilidad confesional. Sigue siendo la Iglesia de la mayoría de los españoles, pero procura, en medio de dificultades y, tal vez, de contradicciones, poner su influjo y sus medios al servicio de todos los ciudadanos. 

 

Todo joven español debiera conocer el significado del concilio y de la transición, cómo fueron posibles y su influjo en la cambio social. La consideración de la historia nos hace humanos, mientras que vivir al día nos hace perder horizonte y profundidad. Conmemorar, mantener relación con las raíces, saber de dónde venimos y a dónde vamos nos ayuda  a comprender y relacionar. Muchas de las frívolas decisiones sobre temas religiosos tienen su origen en la despreocupación acerca de la historia. En las ciudades de Oriente se buscan los colores del presente y las sombras del pasado, pero nosotros nos sentimos adamitas y nos centramos solo en el presente, dando por supuesto que todo nace con nosotros. Desechando los preliminares podemos descarriar el presente.

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SINAPSIS

Por: Dolores Aleixandre 19-01-2016

Me pasa siempre con los textos bíblicos que,

 mientras estoy leyendo uno,  me viene a la memoria otro y se juntan en mi cabeza hasta formar una pareja feliz. No siempre me resulta fácil explicar a otros dónde les veo el parecido y por qué me empeño en unir lo que para ellos no tiene nada que ver. En esos casos esgrimo el argumento de que tampoco resulta fácil entender en qué consiste eso de la sinapsis en la que, según leo,  la terminación de una neurita se junta con la de una dendrita.  Vamos al ejemplo: la escena de aquel paralítico al que descolgaron entre cuatro  por el tejado para que pudiera estar junto a Jesús (Mc 2,3-4), me ha hecho recordar algo que hemos leído en Navidad: “Al mediar la noche su carrera,  tu omnipotente palabra se abalanzó desde los cielos…” (Sab 18, 14).  Me conmueve ese abalanzarse presente con distinta intensidad  tanto en el paralítico descendiendo al encuentro de Jesús, como en la Palabra al descendiendo encuentro de nuestra humanidad. 

 

            Al llegar aquí el lector puede elegir entre dos opciones: considerar esto como una afortunada sinapsis entre una biblioneurita y otra bibliodendrita,  o sentenciarlo como  desvarío de una imaginación calenturienta. Recibo con mansa aceptación  cualquiera de los dos veredictos.

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EL TRABAJITO

Por: Santos Urias 18-01-2016

Buenas, vengo por lo del trabajo.

Y así recibido por el mismísimo San Pedro, Salva presentó su currículum hecho así en un trozo de papel de periódico, con faltas de ortografía y manchas de aceite. Pedro se puso las gafas y examinó con cuidado cada apartado.

-       Parece que no has perdido el tiempo. – Le dijo con una sonrisa en la boca.

Ocupado y preocupado por los suyos, familiares y amigos, con los que no en pocas ocasiones hubo más que palabras. Buscavidas profesional: técnico en venta de clínex y guiños cautivadores. Experiencia probada en sustancias, con capacidad para diferenciar un speed o un trankimacin. Organizador de eventos a precios muy asequibles: botellones en el parque que incluyen tabaco y pipas. Una cabeza dicen que enferma, pero que no tiene que ver con la inteligencia. Hacedor de sudukus y lector incansable. Y un corazón noble y sano; mirada clara y directa; que sabe abrazar y llorar. 

-       Te estábamos esperando. Tienes buenas referencias del frio y del banco de la Plaza de España. Tenemos una oferta muy especial para ti. Necesito alguien que me ayude a hacer las entrevistas de admisión. ¿Estarías dispuesto?

A Salva que aun se le notaba el amoratado de la noche se le iluminó la cara con un rojo de entre vergüenza y orgullo.

-       ¿Yo, ayudarte a ti? ¿Al mismísimo San Pedro?

-       Nadie como tú conoce del ser humano, lo que se esconde tras su apariencia. Sabes del fondo y de los transfondos. Tú no vas a juzgar, vas a ser puerta de misericordia y eso es lo que necesito. ¿Aceptas?

Y Salva, disimulando las lágrimas, se puso la gorra y grito:

-       ¡El siguiente!

 

 

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Las prisas de D. Alberto

Por: J. Lorenzo 11-01-2016

Bueno, ya está.

Los ojos de nuestro querido don Alberto se apagaron el 3 de enero, apenas encendido el año. Tenía prisa. Lo confesó días antes de Nochebuena, tras una crisis que le mantuvo hospitalizado y de la que, en Vida Nueva, temimos que ya no saldría. Pero salió, con ese buen humor de siempre, aunque preguntándose qué hacía él todavía entre los vivos. “¿No tendrá prisa por morirse, verdad, don Alberto?”. “Bueno, un poco sí”, dijo, sin falsa congoja y con el convencimiento del que espera pronto ir al abrazo definitivo. En realidad, la prisa, que no parecía casar con su carácter reflexivo, la debió de tener casi toda su longeva vida, incluso cuando tonteaba con oficios mucho más terrenales. De cura, sus prisas venían por contagiar aquel amor que le había retirado de oficinista a los seminaristas de Albacete. Y como pastor, tenía prisa por desenvolver el Evangelio del embalaje del nacionalcatolicismo. El Vaticano II actuó en él como un catalizador, e incluso un talante aperturista como el de su admirado cardenal Tarancón hubo de refrenarle cuando “el bueno de Alberto” irritaba con sus homilías los muy peligrosos estertores del franquismo. Tuvo prisa también por hacerse pequeño y desaparecer cuando faltó Tarancón, prisa por anularse adelantando el trabajo que otros harían con más ahínco. Y prisa, finalmente, por preparase a morir, lo que lleva su tiempo, y que no le impidió apresurarse semanalmente a coger un teléfono con el que acompañar desde el amor a la vida la convalecencia de algún enfermo. Sabíamos que no estaba lejos el momento de su marcha. Pero no teníamos ninguna prisa. Lo que ya siempre permanecerá con nosotros es su mirada, esa que paseó con delicadeza y amor sobre Dios, sus criaturas todas y su amada Iglesia. 


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Un clérigo conciliar

Por: Juan María Laboa 11-01-2016

Para el que ama su vocación y su gente,

el tiempo se convierte en siembra y cosecha. Su vida resultó, a menudo, complicada y discutida, pero se puede afirmar que todo ha sido gracia porque se afanó por la doctrina de Jesús y por el bien de sus hermanos. 

Vivió el desarrollo del concilio como superior del seminario de Albacete y en toda su actividad posterior demostró haber asimilado su espíritu.  Fue hombre profundamente espiritual, de carácter equilibrado y austero, experto en liturgia, elemento activo de cohesión entre los elementos de las comunidades cristianas con las que trabajó y apoyó. Delegado episcopal para los seminarios Mayor y Menor, fue hombre de confianza del obispo Ireneo González, uno de los primeros obispos posconciliares de España.

Las asambleas diocesanas que prepararon la Asamblea conjunta resultaron un auténtico revulsivo del clero y de la pastoral diocesana. Don Alberto participó activamente en el desarrollo de la asamblea de Albacete, especialmente participativa, y también en la Asamblea conjunta celebrada en Madrid. A lo largo de su vida permaneció fiel a cuanto se aprobó en ella. De hecho, tanto Tarancón como el nuncio Dadaglio se fijaron en él por su actuación tanto en el Secretariado Nacional de Liturgia como en la Asamblea Conjunta.

Como obispo auxiliar de Madrid resalta su presencia y actividad en Vallecas, donde fue sensible a los múltiples y agudos problemas humanos que afectaban a su población y que condicionaban profundamente la situación de la Iglesia en esta zona, el ejercicio de su misión y la misma responsabilidad de los cristianos. En Vallecas y, de manera especial, en la preparación de la Asamblea cristiana, chocaron todos los problemas existentes entonces, tanto políticos como ideológicos y eclesiales. Tarancón tuvo en cuenta no solo el bien de su diócesis y las características de esta vicaría sino también las dudas romanas, el clima político y la armonía de una Iglesia dividida, mientras que Iniesta quedó entrampado entre la complejidad vallecana y la conveniencia de afrontar cristianamente la situación de la vicaría encomendada. Creo que fue Iniesta absolutamente leal a Tarancón y al pueblo encomendado, pero hoy sabemos, tal como lo experimentó Pablo VI, que resultaba casi imposible ensamblar ideologías y doctrinas, secularismos e identidades cristianas, amor y solidaridad, en una Iglesia incapaz de digerir el concilio. Vallecas no fracasó, pero tampoco maduró.

La caída de Tarancón supuso automáticamente la congelación de don Alberto. Suquía y Rouco se mostraron amables, pero no contaron con él. Tampoco Roma. Permaneció como auxiliar y esto sorprendió en una España en la que existe la pésima tradición de que todo auxiliar debe acabar siendo residencial aunque no sea lo más conveniente para una diócesis. En Iniesta no fue esta la causa. Hubiese sido un espléndido obispo para una diócesis, pero estaba marcado, tal vez, porque fue un representante eminente del espíritu de la recepción conciliar en España. 

 

 

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¡FELIIIIZ 2016!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 01-01-2016

El pasado 31 de diciembre de 2014

 despedí el año en Sierra Leona, un bonito país con gente maravillosa que sufría una de las mayores catástrofes humanitarias que he presenciado. En las reuniones entre amigos, en la calle, en los pueblos, en la Iglesia incluso a la hora de darnos la paz o comulgar… “Don´t Touch!” No nos podíamos tocar por miedo a encontrarnos con el enemigo invisible que podía aparecer en el abrazo de una niña inocente o en el apretón de manos de un buen amigo…

Este año ha sido muy duro, aunque también ha habido grandes noticias. En Africa Directo hemos obtenido fondos para apoyar a las familias en Cuarentena por el Ebola, a muchos de los huérfanos, y hemos seguido colaborando también con el desarrollo del país y sus gentes, construyendo nuevas escuelas y una Maternidad. Pero las mejores noticias han llegado al finalizar el año. Hace unas semanas este bonito país se declaró oficialmente libre de Ébola, y esta misma semana ha corrido igual suerte Guinea. Ahora, si no se dieran nuevos casos en Liberia, la epidemia se consideraría oficialmente erradicada el próximo 14 de Enero.

¡Feliz 2016! Llevo un año aguantándome esta celebración que no pude poner en marcha hace 365 días, pero este fin de año pienso celebrarlo y me acordaré de tantos pequeños, tantos mayores, tanta gente Grande que vivió, sobrevivió, y que ahora podrá por fin celebrar la llegada de un nuevo año que trae esperanza y, porque no, probablemente felicidad…

Pero no me enrollo más… Esta vez prefiero dejaros con la carta que acabo de recibir de la hermana Elisa Padilla, Clarisa, que vive en Sierra Leona donde entrega su vida por esta gente maravillosa y, como no, por el Padre que ha escuchado sus plegarias. ¡Feliz 2016! 

“Muy queridos amigos y bienhechores, 

Un año mas que termina… Un año que comenzó con temor, un movernos a tientas en busca de una vida normal.  En Diciembre del año pasado nos preguntábamos si era posible para Sierra Leone oír de nuevo la sonrisa de los niños y llenar las aulas como antes; o aún más el ver de nuevo a adultos y ancianos con un rayo de esperanza en sus rostros buscando un futuro mejor.  

El mes de Abril fue el marcado para dar el paso decisivo, fue el mes en que todos unimos las manos y dimos un salto en el vacío entrando así en un túnel que parecía no tener fin pero que al final nos llevó a la luz!! Si, niños, adolescentes y mujeres llenaban una vez más las escuelas deseosos de aprender… No fue fácil.. Meses de ausencia habían ocasionado que sobre todo los más pequeños olvidaran lo que habían aprendido anteriormente. Necesitamos de tanta paciencia no solo para enseñar sino para tratar de llenar nuevamente el vacío que había dejado en muchos de ellos la muerte de sus seres queridos. Dios estuvo cerca y al final lo hemos logrado!! Si, ustedes, ellos y nosotros… Todos!! 

Las escuelas volvieron a la normalidad y gracias a su ayuda pudimos terminar el curso escolástico este mes de Diciembre. Este año por primera vez durante la misa de Navidad hemos podido estrechar la mano de quien estaba cerca deseándole paz, la paz de Aquel que nos ha salvado!!

Queremos en esta ocasión agradecerles por haber estado cercanos no solo con su ayuda económica sino sobre todo con sus oraciones, su apoyo, su cercanía y afecto. 

Pedimos para que el año 2016 que estamos por comenzar este lleno de bendiciones para ustedes y sus familias.

Con afecto y oraciones,

 

Misioneras Clarisas en Sierra Leone”

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