Martes 21 de Noviembre 2017

LA INQUILINA

Por: Dolores Aleixandre 30-12-2016

 

“En el cielo ¿las bicicletas serán de oro?” Me lo preguntó un niño hace años (los niños del siglo pasado preguntaban ese tipo de cosas),  y le contesté que  por supuesto que  sí, que tratándose  del cielo cómo no iban a ser de oro.  Esta asociación de lo áureo con lo celeste es recurrente y por eso llamamos a María  “Casa de oro” en las letanías del rosario. Sin embargo,  al buscar en los evangelios la relación María/casa,  muy frecuente por cierto, lo que se dice sobre ello tiene poco de  áureo:  María aparece más bien como  una mujer con experiencia costosa de mudanzas, traslados y desplazamientos: deja su casa para ir a la de Isabel y luego a la de José;  vive el rechazo de la posada de Belén y conoce, antes que su hijo, lo que significa no tener dónde reclinar la cabeza. Quizá recordó aquella noche las palabras del Salmo 84 que había rezado tantas veces: “¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos…”, preguntándose por qué no se cumplían sus promesas y  la tórtola no encontraba nido donde colocar a su polluelo. Migrante después en Egipto y vecina de nuevo en  Nazaret, experimentando demasiado pronto  el vacío que deja en el hogar el hijo que se va. Realojada finalmente en casa de Juan después de la muerte de Jesús, experta ya en dejar atrás el cobijo de lo conocido para ser recibida bajo otro techo y adaptarse a otras costumbres. Orante junto a los discípulos y discípulas en la habitación de arriba de una casa en Jerusalén, mientras  esperaban el huracán del Espíritu.

María Casa y Puerta del cielo, empujándonos a parecernos a ella en cuidar la casa común y abrirla,   en reclamar derechos para los privados de asilo, en el empeño por  construir una Iglesia más cálida, más parecida a ese “hospital de campaña” que desea Francisco para ofrecer refugio a los desplazados y excluidos por la pobreza, la violencia y la degradación ambiental. 

Inquilina de nuestra tierra,  sabedora de desamparos,  intemperies y desarraigos, sigue caminando con nosotros.

 
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PREFIERO CON

Por: Santos Urias 25-12-2016

Estamos en la era “sin”. 

Cerveza sin alcohol. Café descafeinado. Sexo sin amor. Chocolate sin azúcar. Cumpleaños sin tarta. Omnívoros sin carne. Relaciones sin conocerse. Música sin músicos. Trabajos sin IVA. Solidarios sin compromiso. Cuentos sin moraleja. Economía sin personas. Reproducción sin contacto. Versos sin rima. Gimnasia sin esfuerzo. Meditación sin Dios. Pescado sin espinas. Lluvia sin mojarse. Perdón sin olvido. Transeúntes sin hogar. Diálogo sin concesiones. Jamón sin grasa. Navidades sin misterio. Lavabos sin toalla. Cielos sin estrellas. Convivencia sin normas. Fiestas sin júbilo. Mensajes sin personalizar. Intereses sin créditos. Barcos sin capitán. Letreros sin indicaciones. Huevos sin yema. Refugiados sin hospitalidad. Desplantes sin explicación. Identidad sin género. Vejez sin parecerlo. Acuerdos sin moral. Labios sin besos. Aprendizaje sin constancia. Ajedrez sin figuras. Tratamientos sin dolor. Sociedades sin diversidad. Bosques sin árboles. Trabajos sin sueldo. Arte sin sentido. Veranos sin calor. Personas sin compañía. Negocios sin escrúpulos. Películas sin argumento. Días sin atardeceres. Viajes sin aventura. Oración sin silencio. Ideologías sin alma. Familias sin calor. Actos sin responsabilidad. Amigos sin confianza. Cárceles sin reinserción. Guerras sin escándalo. Problemas sin solución. 

Yo soy de “con”. Lo aprendí desde niño cuando poníamos el Belén. Preguntaba: ¿Quién es ese niño de ahí? Es Dios con nosotros. Está contigo. Cuenta contigo. Está en ti. En todos. Dios con nosotros. 

Por eso, y aunque la vida se haga más complicada o más corta, soy de “con”. 

 
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PASARSE

Por: Dolores Aleixandre 19-12-2016

Según el Diccionario de la RAE: sobrar, superar, rebasar, aventajar, desbordar, abundar, extralimitarse, propasarse, desmadrarse, excederse; entre sus antónimos: contenerse, reprimirse, limitarse y quedarse corto.

El verbo ha entrado recientemente en el lenguaje coloquial (“te has pasao”, “pasarse tres pueblos…”) y  hay que reconocerle el mérito de describir divinamente, y nunca mejor dicho, las costumbres de Dios según las cuenta la Biblia: el éxodo no fue un vadear arremangados el Mar de los Juncos buscando la orillita, sino un paseo triunfal sobre lo seco entre murallas de agua;  llovió tanto maná  que, como dicen los gallegos, “no daban acabado”;  las codornices fueron otro diluvio inesperado;  las murallas de Jericó se vinieron abajo solo con tocar  las trompetas.   En los evangelios siguen desbordándose las cosas: la abundancia de peces casi hunde la barca en el lago; el vino que  sobró en Caná bastaba para emborrachar a los paisanos de media Galilea;  sobraron tantos panes y peces después del banquete en el descampado, que hicieron falta doce canastos para recogerlos;  Nicodemo se presentó en el Calvario con 35 kilos de perfume para ungir el cadáver de Jesús. 

Cuando nosotros, europeos comedidos y formales, queremos hablar de algo desmedido que nos desborda, echamos mano,  todo lo más, a  signos de admiración o a  mayúsculas, pero lo de los orientales es otra cosa y “se pasan” mucho a la hora de contarlo.  Si en vez de en Galilea Jesús hubiera nacido en Escandinavia o en Pomerania Occidental, su discurso hubiera sido probablemente más contenido y circunspecto y no hubiera usado imágenes tan disparatadas como las que de vez en cuando se le ocurrían. Pero era un judío de imaginación calenturienta y se le ocurrió un día aquello de la morera ultraobediente que, ante la orden de alguien con fe, se arrancaba ella sola y se plantaba en medio del mar (Lc 17,10). 

Lo descabellado del ejemplo nos invita a hacernos preguntas: qué fe tan rara es esta de la que habla, qué poco se parece a aquello que decía el catecismo  de “creer lo que no vemos”, qué falta de homologación  con el lenguaje habitual de las encíclicas  anteriores a Francisco. A lo que de verdad recuerda es a ese estado de exaltación y  arrebato que produce el enamoramiento: quien está viviendo esa experiencia de éxtasis, se siente empujado  más allá del umbral de la lógica y no se detiene ante lo que parece imposible: saltar tapias,  andar sobre telas de araña, escuchar en plena noche el canto de los pájaros. Son imágenes que emplea el Romeo de Shakespeare para describir la exaltación de su amor y solo el Evangelio supera su audacia: perdedores que ganan,  caminantes descalzos pisando escorpiones,  granitos de mostaza convertidos en árboles, céntimos que valen una fortuna, hijos encontrados y cubiertos de besos, últimos que resultan primeros,  el paraíso prometido por un crucificado a otro que agoniza a su lado. 

La noche de Belén fue “de eso”: de pasarse, de excederse y derrochar, de saltarse todos los límites, todas las medidas, todo lo convenido, todo lo adecuado:  oscuridad inundada de resplandor, silencio estallando en himnos, pastores corriendo en busca del Pastor, una cuadra convertida en palacio del Rey. En palabras de  Efrén de Nísibe, allá por el s. IV: el Grande se hacía pequeño, el Silencioso se volvía Palabra, el Señor se convertía  en siervo, el Centinela se quedaba dormido sobre un pesebre. 

Cuando decimos  “felices Pascuas” estamos diciendo sencillamente eso:  para alegría de la buena, la de quienes acompañan en su camino a Aquel que se pasó primero. 

 

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DAR LA VIDA

Por: Santos Urias 09-12-2016

 

Vivimos en el tiempo de la comunicación: Medios de comunicación, internet, telefonía móvil, televisión digital, alta velocidad... Pero la comunicación verdadera radica en la comprensión. En que detrás de cada significante se esconda un verdadero significado.

Hoy en día muchas teorías, muchos discursos, muchas palabras, se han vaciado de sentido. Es una de las realidades que tiene que afrontar nuestra fe del siglo veintiuno, y en un país como el nuestro, acomodado, burgués, de misa de Domingo y gente “bien.”

De ahí, que cuando se habla de estar dispuestos a dar la vida, no conviene reducirlo a un concepto, a un sentido figurado, a una forma de hablar.

Es entonces cuando la miro. Cuando veo su fragilidad, su debilidad, el silencio de sus heridas y me digo: Yo daría la vida por esta persona, ya la he dado en muchos momentos.

Y si estamos dispuestos a dar la vida realmente por alguien, por alguien concreto, con su nombre y apellidos, ya no hay utopía. 

Por eso Cristo sigue vivo.

 
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NAVIDADES EN SUR SUDAN: VUELTA A CASA Y REGALITOS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 08-12-2016

A excepción de la vecina Etiopía, donde lo que se celebra es el Bautismo de Jesús, tradicionalmente las celebraciones cristianas se centraban principalmente en la Semana Santa: la pasión, la cruz y la resurrección. Y así siguió celebrándose tan solo la Semana Santa hasta que hace unos 800 años San Francisco de Asís se acordara también de retratar la belleza e importancia del momento de la Natividad del Señor.

En verdad todo comienza con una vuelta a casa, la de José que vuelve con su familia a Belén... Y es de todos conocida la historia del pesebre, y la mula, los pastorcitos, los Magos de Oriente, etc. En nuestro caso no hay necesidad de censarnos ni pasaremos esta fría noche en ningún pesebre, pero la vuelta a casa que proclaman en los anuncios algunas marcas de turrón y café se ha convertido en una marca indispensable de la Navidad.

Los regalitos navideños pueden tener también su origen en aquellas ofrendas de los Reyes Magos, aunque probablemente fuera más fácil en su día venir a camello desde el lejano oriente con sus frascos de incienso y de mirra sin que se te rompieran, que atravesar las calles cerradas al tráfico por nuestra alcaldesa madrileña con cientos de miles de padres y madres enloquecidos buscando el regalo perfecto... (Por cierto que, si les contara yo a los habitantes de Sur Sudán con los que estoy ahora, que no han visto una carretera asfaltada en su vida, que tenemos una calle preciosa iluminada y asfaltada pero que la cerramos al tráfico y que no tiene nada que ver con una estrategia de defensa militar, os aseguro que no entenderían nada).

Aquí en Sur Sudán se respira mucho miedo por el conflicto bélico en el que se encuentra inmerso el país. Por supuesto que las Misioneras esperan con mucha ilusión la Navidad, que piensan celebrar con mucha alegría, pero su empatía con los vecinos refleja cierta tristeza en el semblante...

Para empezar, la vuelta a casa es aquí un gran problema, y no me refiero ya a los millones de desplazados y refugiados que por supuesto no pueden volver a casa... Estamos ya en temporada seca y el final de diciembre suele ser el momento en el que se secan por fin los pantanos provocados por las lluvias y las crecidas del Nilo, dejando vía libre para que los rebeldes puedan quemar los campos y atravesarlos con impunidad para acercarse a las poblaciones. La “vuelta a casa por Navidad” es por tanto algo muy diferente a un anuncio de turrón. Es muerte, violaciones, robos, llamas, destrucción, sufrimiento y desesperación para miles de familias... ¡Hay verdadero pánico con "la vuelta a casa"!

¿Y los regalitos? ¿Qué pueden tener de malo las compras navideñas? En toda guerra hay siempre dos bandos y aquí probablemente no está muy claro quiénes son los buenos y quiénes los malos... Los soldados del Gobierno, del SPLA, llevan varios meses sin cobrar y tendrán que hacer regalitos navideños...  En España contamos con el aguinaldo o con créditos al consumo, pero aquí en Sur Sudán la tarjeta no es black ni de ningún otro color... La llave que abre las puertas es una bota militar con ayuda de un AK-47... Todas las noches oímos disparos desde la Misión y sabemos que han entrado en alguna casa y es probable que alguien haya muerto... Pero la gente sigue teniendo mucho miedo a la Navidad porque saben que este procedimiento se va a multiplicar con los que se hayan quedado rezagados con “compras de última hora”...

Aquí no son los peces del río los que beben y beben y vuelven a beber, ni se presenta muy blanca de Navidad... Al final, aunque sea en diciembre, volvemos a las celebraciones anteriores a San Francisco: la Pasión y la Cruz que viven cada día estas pobres gentes, también en Navidad. A ver si el Año Nuevo les trae Paz y Prosperidad, pero no creo que tengan la posibilidad de comprar uvas de la suerte este año tampoco...

Todo mi cariño y mejores deseos navideños para estas familias, y en especial para las familias a las que el otro día los rebeldes les secuestraron a sus hijos para reclutarlos como niños soldado. Me descompuse al enterarme que los disparos que había escuchado mientras dormía plácidamente en la Misión y de los que estuvimos hablando durante el desayuno habían dejado el saldo de varios heridos, varias familias destrozadas, y tres nuevos niños soldado que acabarán viviendo también en primera persona esta “vuelta a casa” y estos “regalitos navideños”… ¡No soy capaz de imaginarme como se sentirán ellos y sus padres!

 
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MONÓLOGOS Y SOLILOQUIOS

Por: Dolores Aleixandre 08-12-2016

Al evangelista Lucas parecen interesarle los monólogos internos de sus personajes: al administrador sinvergüenza lo presenta como si lo  conociera hasta los tuétanos y sus pensamientos le fueran transparentes:  “El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer…? Para cavar no tengo fuerzas, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer…” (Lc 16, 3). Del rico que había tenido abundante cosecha también nos revela cuáles eran sus cavilaciones: “Empezó a pensar: «¿Qué puedo hacer? Porque no tengo donde almacenar mi cosecha».  Y se dijo: «Ya sé lo que voy a hacer; derribaré mis graneros, construiré otros más grandes, almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes, y me diré…” (Lc 10, 17).

Es una  lástima  que el contenido de las reflexiones de ambos gire en torno a cómo enriquecerse más y tampoco  consuela mucho que el hijo pródigo salga del agujero negro en el que estaba gracias a que “entró en sí” y se dijo  “me levantaré…, iré…le diré…” (Lc 15, 17): la realidad es que tenía un hambre tan feroz que sus pensares le fluían desde el estómago.

Menos mal que aparece María, la madre de Jesús, con una interioridad “decente” y respiramos al saber que ella rumiaba otras cosas y todo lo que tenía que ver con su Hijo “lo guardaba dándole vueltas en su corazón” (Lc 2,19). Santa Teresa hablará después de “un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma…”

Qué suerte contar con maestras que orienten nuestros soliloquios en otra dirección…

 
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El sentido de la muerte

Por: Juan María Laboa 08-12-2016

 

Una reflexión del papa Francisco sobre la incineración ha puesto de actualidad un tema tan antiguo como la humanidad y que me parece oportuno plantear ahora porque estimo que no debe permanecer ausente de la educación juvenil .Sabemos que la inhumación de los muertos ha sido la tradición permanente del cristianismo de acuerdo con su convicción de la resurrección de los cuerpos, aunque en los últimos tiempos, a causa del aumento desmesurado de la población , la Iglesia aceptó la incineración con algunas condiciones. Las reacciones a las palabras del papa, sobre todo en los aledaños de los cristianos practicantes, han sido, a veces desconsideradas o ignorantes . Conviene plantearlo.

Honrar a los muertos y relacionar los ritos de la muerte con el reconocimiento de la trascendencia es tan antiguo como el homo sapiens. Los antropólogos llaman lo” sagrado pedagógico” a los ritos de muertos, en cuanto se refieren implícitamente a la resurrección; es decir, a la relación con Dios a través de la muerte. Las tumbas y los ritos funerarios manifiestan la fe en la inmortalidad, manifiestan la creencia de la vida tras la muerte. Podríamos afirmar, pues, que el conjunto de ritos presentes en todas las civilizaciones a partir del Paleolítico manifiestan una experiencia religiosa de la muerte.

Resulta sugerente denominar nostalgia del futuro, a ese anhelo que acompaña al ser humano de que su breve vida se prolonga indefinidamente más allá de la muerte. “Y si muero, ya nada tiene sentido”, comentó Unamuno, expresando de manera clara lo que la interminable serie de tumbas, monumentos y cementerios a lo largo de la historia humana han manifestado en las cavernas, en el campo y los cementerios de diversa clase.

En el Libro de los Macabeos leemos: “Alegraos de que vuestros muertos estén escritos en el cielo” y el cristianismo siempre ha enterrado con veneración a sus muertos con la convicción de que resucitarían conCristo. Todos los ritos funerarios cristianos están vinculados con las palabras de Jesús de que Dios es Dios de vivos y toda nuestra liturgia se basa en ese dogma de fe que encontramos en el Credo. En el Medioevo los cristianos fundaban cofradías con el fin de que todo muerto gozara de sepultura y de las oraciones de la comunidad. La oración permanente de la Iglesia es tanto por los vivos como por los muertos porque todos están igualmente vivos en El. Durante siglos, los cementerios se levantaban junto a la parroquia para que la comunidad expresara con su cercanía su comunión de fe y de esperanza en la resurrección. El cementerio es también una manifestación palmaria de una comunidad cristiana que se reúne en la eucaristía para manifestar su de acción de gracias al Dios que salva, y entierra a sus muertos en el mismo espacio bendecido porque como creyentes esperan que sus muertos resucitarán.

Todavía hoy, el ser humano necesita de ritos, signos y símbolos para manifestar sus creencias, amores y aspiraciones. Tenemos museos, árboles genealógicos, conocimiento de las raíces, fotografías y recuerdos de nuestros seres queridos, venerando a los testigos del pasado para alimentar y sustentar nuestras ideas y sueños. El hombre sin memoria es hombre sin atributos y permanece en un presente inexplorado y sin mucho sentido.

Sin embargo, en nuestros días, asistimos a una situación inédita : intentamos olvidar o ningunear la muerte por insólito que parezca. No colocarán nuestro cuerpo en la tierra sino que lo incinerarán, no guardarán nuestras cenizas en lugar sagrado sino que las esparcirán. Celebrarán poco el día de los difuntos y algunos lo sustituirán por el halloween. Por primera vez en la historia de la humanidad las familias no tendrán un punto de referencia en el que encontrar los restos y el monumento al que acudir para rezar, reconducir la memoria, entrecruzarse sus descendientes a lo largo de las generaciones.

¿Es por pura comodidad y economía o, por desidia religiosa? Señalo algunas preguntas desde el punto de vista de la comunidad creyente. ¿Tienen en cuenta los familiares el sentido y los efectos que pueden tener ese voleo de cenizas por mar, tierra y aire? ¿Son conscientes de que el difunto se mantiene en vida, sigue amándoles y se ha encontrado ya con el Dios de la vida? ¿Sienten la nostalgia del futuro? ¿Rezarán por sus difuntos y por ellos mismos conscientes de que van a morir? Consideremos que al dar un sentido a la muerte, estamos dando un sentido a la vida.

 
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VERGÜENZA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 27-11-2016

Escribo esta columna junto a la capilla de las Misioneras Salesianas en Gumbo, Sur Sudán. Estas paredes pueden dar testimonio de sus sentidas oraciones, su dedicación, su incansable compromiso en favor de los más necesitados del planeta...

Ayer tuve la oportunidad de visitar el campo de desplazados UN Camp con 50.000 desplazados huidos de la guerra, mayoritariamente Nuer, que carecen en este campo de alimentos suficientes, higiene, educación, cuidado sanitario y tantas otras necesidades tan básicas que ni nos planteamos en nuestro propio peldaño de la pirámide de necesidades a años luz de este otro. Las Misioneras DMI procuran educación, alimentos, Paz y Reconciliación, y sobre todo alegría, cariño y esperanza a cientos de madres y millares de chavales.

Por supuesto que no puedo sentir más que amor y admiración cuando pienso en todas ellas y en su trabajo. Siento cariño, agradecimiento, y una cierta dosis de sana envidia por su paz interior y su santidad. Las Salesianas están entregando en este mismo momento algo más de 100 diplomas a los niños que han terminado preescolar pasando a primaria, un título básico ( enseñanza general básica la llamábamos en mis tiempos) pero que no está al alcance de todos en el país más joven de la Tierra y uno de los menos desarrollados, en el que tan solo saben leer y escribir uno de cada cuatro habitantes. Me imagino los diplomas cumlaude que van a recibir ellas el día que se gradúen definitivamente en su encuentro final con el Padre... Lo dicho: amor, cariño, agradecimiento, y sobre todo, mucha admiración.

Pero hace un par de días, en la Diócesis de Arua, en el Norte de Uganda, la palabra más repetida al hablar de la Iglesia no era precisamente "admiración". "Shame", " Vergüenza", repetían unos y otros...

La misa diaria se celebraba con más de un centenar de fieles rodeados por casi una decena de soldados armados hasta los dientes. Lo más sorprendente de todo es que la policía estaba allí para defender a los cristianos... ¡Para defenderlos de la Curia local!

El antiguo Obispo Frederick Drandua se retiró, enfermo, y aunque lamentablemente se filtraran varios nombres en la prensa local, la jerarquía eclesiástica decidió nombrar otro representante en esta Diócesis, Sabino Odoki, originario de Pakwach, una localidad que se encuentra tan solo a un centenar de kilómetros al sur de Arua.

La Curia local que tantas veces había conminado a sus fieles a darse la paz y que tantas veces les había sermoneado perdonándoles a regañadientes sus muchos pecados... ¿cómo era eso de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio? Incendiaron la estructura de madera en la que los fieles se recogían para asistir a la Santa Misa. Millares de cristianos se quedaron sin su templo, el lugar en el que se celebraba la misa diaria en Arua,  ciudad episcopal. Vamos, ¡como si unos sacerdotes madrileños decidieran incendiar la Almudena tras la elección de un obispo que no fuera castizo! Su presencia, apoyada por sus propios fieles, instigaba a los cristianos a alejarse de la Iglesia como unos violentos piquetes informativos pudieran hacer con los esquiroles. Guerra de clanes en la Curia local mientras sus fieles atónitos repiten una y otra vez esa palabra, "vergüenza", unas veces más enfadados y otras con más benevolencia...

La Conferencia Episcopal, la Nunciatura, diferentes  Obispos individualmente y representantes de diferentes congregaciones han visitado la diócesis. La respuesta de nuestra Iglesia, como siempre, tranquila, tal vez demasiado... Un par de sacerdotes suspendidos y el resto sin consecuencias. Mientras tanto la Policía sigue acudiendo a la misa diaria y si no fuera por la cara de cachondeo con la que llegan, podríamos tener al menos la esperanza de ganar algún adepto entre sus integrantes.

No sé vosotros, pero yo a veces rezo para que no vea esto el que todo lo ve... Aunque el que todo lo sabe también conoce nuestras miserias y las de estos diocesanos africanos... Aquí sigo rodeándome de religiosas que, en África, trabajan mucho mejor!

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EXPLICACIONES

Por: Dolores Aleixandre 18-11-2016

Parece ser que cuando entre en vigor el nuevo Misal Romano, se dirá en la fórmula de la consagración del cáliz:  “mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos, en vez de por todos como antes. Motivo del cambio: “se ha aplicado un principio de correspondencia literal”. Como la expresión suena a excluyente, se recomienda hacer una catequesis para que los fieles nos enteremos de que en arameo “multitud” significa  “totalidad” y, por lo tanto, se está expresando de modo inequívoco la universalidad de la salvación. 

A  ver si lo he entendido bien: cuando escuchábamos “por todos”, resultaba inequívoca esa universalidad pero como  ahora lo de  “por muchos” pude ser equívoco,  necesitamos una explicación, no vaya a ser que entendamos lo que no debemos entender. ¿Alguien puede explicarme esta complicación?

Más misterios: asisto a la consagración de un nuevo templo y la ceremonia, a pesar de durar más de dos horas, no se hace larga: pocas veces se encuentra una comunidad tan  viva, tan festiva y que participe tan intensamente, apiñada en torno a un párroco excepcional. En las moniciones se va explicando cada símbolo, excepto esta secuencia enigmática: entra el obispo en procesión llevando mitra y  báculo pero, después de besar el altar, un diácono le quita la mitra y antes de la primera lectura, se la vuelve a poner.  Al proclamar el Evangelio se la quita de nuevo y le entrega el báculo, pero se lo quita otra vez al terminar el Evangelio. Antes de la homilía, le pone la mitra pero, al terminar, se la quita. Después del Credo se la pone pero, al acercarse al altar para el ofertorio, se la quita de nuevo; después del Santo le quita el solideo y, después de la comunión, se lo pone otra vez y también la mitra. Al final, le da el báculo, y sale del altar con báculo y mitra.

No sé si me salto algo, en todo caso quiero pensar que en algún momento futuro, se simplificará este trasiego de difícil comprensión.  Mientras tanto, yo casi prefiero que no intenten explicármelo.

 
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SANTA RITA, RITA, RITA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 06-11-2016

“… lo que se da no se quita”, dice el refranero. Y parece que se lo tomó muy en serio “la Barberá”, aferrada a su escaño de Senadora.
Hoy, día de Todos los Santos, me pregunto si es eso “Santidad”, o lo que viene a ser lo mismo en idioma coloquial: ¿Es eso “Felicidad”?

Sabemos que hay muchas “Santa Rita” tanto en un partido como en otro, entre los que hacen negocios en India o en Valencia y se aferran a su escaño, los “honorables” que campan a sus anchas por Andorra, o “los reptiles” y otras faunas que hacen también lo mismo con acento andaluz...
Todos ellos son en nuestra sociedad de consumo los triunfadores, y por tanto “los felices”, ¿o llamémosles “los santos” en una fecha como hoy?
Y el más dichoso por supuesto el recientemente investido como Papá Pitufo que ya advirtió en su día a Pedro Sánchez que era “un Ruiz” y que se iba a acordar de llamarle indecente... Ahora Mariano el “indecente” es el nuevo Presidente, y Pedro el “Ruiz”, que hasta el pasado mes era presidenciable, busca trabajo, ya sin acta de diputado.

Es una pena que a la sociedad de hoy en día, y por supuesto a sus gobernantes, no les influya mucho el Evangelio… Porque nuestros “líderes” podrían aprender hoy mucho de las Bienaventuranzas que nos llevan al camino de esa Santidad que hoy celebramos... Supongo que Mariano se sentirá reflejado en aquello de que son bienaventurados los pacientes, porque estuvo casi un año esperando a ser investido... Pero la Bienaventuranza de “los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” me parece que pocos políticos la cumplen... “El Ruiz” al menos ha sabido entregar el acta, no como muchos otros que allí siguen sentados en… ¿Por qué será que me acuerdo ahora de esas imágenes de los infiernos en el Juicio Final de la Capilla Sixtina?

Supongo que, como el “Juez injusto”, lamentablemente “no temen ni a Dios ni a los hombres”, pero me pregunto con quién irán cuando acudan un día al cine con sus hijos o sus dulces nietecitos… ¿Apoyarán al “malo”, o serán tan cínicos que aplaudan y se emocionen con los triunfos del sheriff bueno que lucha por la justicia?

Hablando de Santos: ¡A todo cerdo le llega su San Martín!

 
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RAREZAS Y MISTERIOS

Por: Dolores Aleixandre 06-11-2016

 

Un sabio de Israel reconoce: Hay tres cosas que me rebasan y una cuarta que no comprendo: el camino del águila por el cielo, el camino de la serpiente por la peña, el  camino de la nave por el mar, el camino del varón por la doncella (Pr 30,19). Esta joya literaria  activa inmediatamente en mi cabeza otros caminos que también a mí me rebasan, por ej.: el camino desde Australia para tirarse tomates en Buñol,  el camino a Borja para ver  el Ecce Homo, el camino a comprar  vaqueros de marca con agujeros.  También queda fuera de mi alcance entender el impacto estético que se consigue llevando una mariposa tatuada en el cogote o el refuerzo identitario que seguramente experimenta  quien se perfora la lengua con  un piercing.   Pero esas son bagatelas en comparación con este otro misterio inexplicable: la pasmosa divergencia de opinión en torno a la duración de una homilía, según provenga de los fieles sentados en los bancos o de quienes las pronuncian. 

El sentir del primer grupo es casi unánime: en general nos parecen largas. Y  nos atrevemos a  decirlo en alto, envalentonados (empoderados se dice ahora) al saber que tenemos al Papa de nuestra parte: “La homilía-  dice en la Evangelii Gaudium- es un género peculiar, ya que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente, debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase. (…) Si la homilía se prolongara demasiado, afectaría dos características de la celebración litúrgica: la armonía entre sus partes y el ritmo” (nº138). El subrayado es mío y el total acuerdo también, excepto en el empleo del subjuntivo: no estamos ante una lejana e hipotética posibilidad de que se prolongue una homilía, sino ante un indicativo puro, duro y constatable: salvo excepciones que la “bancada” comenta elogiosamente a la salida, las homilías tienden a ser más largas de lo aconsejado por el Magisterio.

Un ejemplo reciente: los organizadores de un encuentro numeroso de educadores católicos, piden al obispo que va a presidir la Eucaristía  que, por favor,  no se alargue mucho porque los autobuses esperan a una hora determinada a los que tienen que viajar;  el obispo accede amablemente pero, al comenzar, se disculpa por tener que hacer una homilía breve. Y aquí aparece la anómala desviación perceptiva: la brevedad homilética que unos lamentan,  es motivo de agradecido alivio para sus destinatarios.

Se me ocurre como solución salomónica un intercambio de posiciones: un grupo de homiletizados, elegidos por sorteo, haríamos la experiencia de preparar  algunas homilías buenas y breves: seguramente nos serviría para darnos cuenta de lo difícil que resulta.  Por su parte, los miembros del  grupo de homiletizadores, se sentarían a lo largo de varios  domingos junto a nosotros  y escucharían las homilías de sus colegas.  

Y después volveríamos a opinar.

 

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RUIDO

Por: Santos Urias 06-11-2016

 

La contaminación aumenta, el agujero de la capa de ozono crece, los elementos naturales se vuelven contra nosotros gracias al llamado “cambio climático”. Pero hay otra contaminación que no se ve, que afecta a nuestros oídos, a la escucha: Es la llamada contaminación acústica. Cada vez cuesta más percibir el canto de los pájaros, el correr de un manantial, el agitar de los árboles. Nos lo impiden los ritmos de las máquinas, el rugir de los motores. Llegamos a casa y no somos capaces de permanecer en silencio, lo primero encender la televisión, buscar la compañía con unas voces de fondo, aunque no atraigan nuestra atención. Vamos en el bus o en el metro, y continuamos enchufados al mp3 o al mp4, música, radio, a veces a un volumen indecente. Estamos en el teatro, o en el cine, o en misa, y suena nuestro móvil, o, en mejor de los casos, vibra, y ya estamos mirando su pantalla luminosa mientras los que están a nuestro lado tienen que sufrir nuestra  disimulada dispersión. Vamos a un concierto y por encima del volumen de los batios, pugnan por sobresalir nuestros comentarios, como si no hubiera otro lugar u otro momento en el que compartir nuestros chascarrillos. 

Ruido que tapa la escucha. Ruido que adormece y que embota. Ruido que rasga el silencio. Y entre el ruido, como una brisa, sigue sonando la voz de Dios.

 
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DUTY FREE

Por: Dolores Aleixandre 18-10-2016

“-¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra ¿a quiénes cobran los impuestos y contribuciones: a sus hijos o a los extraños?  Pedro contestó:  -A los extraños, Jesús le dijo:-Por tanto, los hijos están libres…” (Mt 17, 25-27). En plena temporada en que sería obligación de los partidos hablar sobre sus políticas de impuestos más que de sus enfrentamientos, aparece en la liturgia este texto sorprendente. Las autoridades judías, con intenciones  capciosas,  han preguntado a Pedro si su Maestro es culpable de evasión fiscal  y él,  convencido de que Jesús va a felicitarle por su postura virtuosa de ciudadano modélico, contesta que por supuesto que no, que a honradez y decencia tributaria no le gana nadie. Pero Jesús reacciona una vez más inesperadamente y se declara duty free,  haciendo temblar de golpe a los sistemas retributivos,  la bolsa,  las fuentes tributarias de financiación y el ministro de finanzas. 

Quizá trató de explicárselo después a Pedro: - ¿Cómo se te ocurre que entre un padre y sus hijos se interponga el IRPF? ¿No te parece absurdo pensar que Dios  reclame un IVA por querer a sus hijos? ¿No te das cuenta de que, cuando aparece el amor,  huye todo lo que suene a obligatorio e impuesto y solo fluyen la gratuidad, el derroche y la esplendidez?

No era fácil de entender, así que lo mandó a pescar al lago: en la boca del primer pez pescado estaba lo justito para cumplir los dos con sus obligaciones de Hacienda. 

Aún le faltaba tiempo para conseguir que entendiéramos hasta donde llegaba su libertad.   

 
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EL CUENTO

Por: Santos Urias 16-10-2016

Un sabio se acercó al necio y le conminó: “cuéntame un cuento.”

El necio se sentó despacito y comenzó a narrarle: Érase una vez un hombre inteligente y listo que,  por su conocimiento, creía dominar el tiempo. Tenía una cajita, pequeña y redonda, llamada reloj, donde guardaba los segundos, los minutos y las horas, pensando que, teniéndolos allí encerrados, era como si le perteneciesen. Así, siempre estaba ocupado, corriendo de un lado para otro, como si la vida se le fuese a escapar. Y, efectivamente, la vida se le escapaba. Dejó de disfrutar de las charlas con sus amigos; dejó de saborear un buen vino y de gustar una sabrosa comida; dejó de pasear por la playa o por la montaña y de respirar el aire a bocanadas; dejó de contemplar un atardecer y de dar gracias a Dios por tanta hermosura; dejó de soñar, de reír, de “perder el tiempo”, ocupado en sus asuntos, preocupado por todo.

Y, lo más importante, dejó de escuchar: escuchar el canto de los pájaros, el correr de un río, la voz de las personas, el corazón de los que sufren, el roce de las hojas de los árboles, la música, el silencio... Dejó de escuchar la voz del Espíritu. Dejó de escuchar los cuentos de los necios.

 

Al terminar su relato el sabio ya no estaba. Probablemente habría tenido que salir corriendo a hacer algo urgente, que sólo él podría hacer, en no se sabe donde por no se sabe quién.  


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Pablo VI, el papa del diálogo

Por: Juan María Laboa 13-10-2016

Pablo VI ha sido uno de los papas más sugestivos e influyentes de la historia contemporánea y, nuestros obispos, con buen criterio, han decidido homenajear a quien aprobó la creación de la Conferencia episcopal española y tanto colaboró en su renovación.

Su talante espiritual se nutrió de confianza en la naturaleza humana y de amor por sus manifestaciones más sobresalientes, como el arte y el pensamiento, y se caracterizo por el equilibrio entre hombre y Dios, entre naturaleza y gracia, con una fuerte inspiración cristocéntrica y una cálida pasión por la iglesia. La pregunta que se hará con constancia: “yo, quién soy?” atraviesa su vida, tal como aparece en su correspondencia.

Como consiliario de la pastoral universitaria, fue consciente de que era responsable de “la formación de conciencias, capaces de un fuerte testimonio cristiano, no individualista sino comunitario y eclesial, alimentado por la Sagrada Escritura y la liturgia, alejado de devociones y emociones superficiales, que mira al mundo sin temor, sin rencor, sin complejos de inferioridad, porque tiene en Cristo su centro vital”.

En Milán mantuvo un estilo episcopal de escucha a todos sin excluir a nadie, con un talante que demostraba su profundo respeto y delicadeza para con toda clase de fieles, sin dejarse arrastrar por el ímpetu personalista, ni por el intervencionismo clerical, sobre todo cuando decidía cambiar el cargo de las personas o las líneas de actuación. Transmitió siempre un sentimiento de paterna solicitud y acogida, sin atisbo de personalismo, capricho o autoritarismo.

Fue un papa no bien aceptado en España ni por los integristas ni por los radicales, al estilo de cuanto sucede hoy con el papa Francisco. Más tarde, el largo pontificado de Juan Pablo II, tan diverso en su estilo, favoreció el olvido de los años montinianos. Ahora, Francisco le cita con frecuencia con afecto y admiración.

Dirigió con mano firme las últimas tres sesiones del concilio y durante los años siguientes puso en práctica sus decisiones: la liturgia, el sínodo, las conferencias episcopales, los viajes a las Iglesias; trazó los confines netos entre lo que es perenne y cuanto puede adaptarse a los cambios culturales, y en sus encíclicas insistió en la profundización de la fe en eclesiología, la doctrina eucarística, el ministerio sacerdotal, la vida religiosa, la evangelización. A su muerte, no obstante las dificultades existentes en la sociedad y en las comunidades creyentes, dejó una Iglesia rejuvenecida, más madura y reflexiva, más consciente de que como pueblo de Dios debía comprometerse activamente en la marcha del mundo y de la iglesia.

Sobresalió su intensa conciencia del significado del cargo que ejercía, al mismo tiempo que reconocía con delicada humildad sus limitaciones personales, de forma que, en los temas importantes, se preparaba, dialogaba, reflexionaba, y cuando llegaba a una determinación la imponía sin dudar, no sin desconcierto, a veces, de muchos fieles. No era hamletiano como le acusaron a menudo sino consciente de que sus decisiones exigían una preparación exhaustiva.

Se le considera el papa del diálogo, a causa de su primera encíclica, “Ecclesiam suam”, en la que trata ampliamente del tema, pero fue su carácter y su formación los que le llevaron a ser

profundamente respetuoso y cercano a los demás. Escuchó, acogió, acompañó con enorme respeto a sus dirigidos tanto en los movimientos universitarios como en los distintos puestos en los que ejerció su ministerio. Presidiendo la Iglesia, manifestó esa misma consideración por todos sus miembros Supo armonizar su responsabilidad en la Iglesia con la concordia y solidaridad de todos los obispos. Para él como para el concilio, tanto el pontificado como la colegialidad, armonizados y corresponsables edificaban la comunidad de los creyentes.

Pablo VI aprobó en 1966 la creación de la conferencia episcopal española, dirigió y acompaño eficazmente la renovación de los obispos, apoyó una Iglesia autónoma del poder político, con unos sacerdotes más preocupados por conseguir respuestas a los cambios sociales y culturales.

Pablo VI tuvo uno de los pontificados más dramáticos de la historia al producirse inesperadamente la sorprendente convulsión eclesial posterior al concilio, aunque, ciertamente no provocada por el concilio: una comunidad profundamente dividida, en continua contestación, el cisma lefevbriano sin gran transcendencia pero siempre doloroso, el espectáculo inédito de la secularización de miles de sacerdotes, el desconcierto de algunas congregaciones religiosas importantes, el rechazo del concilio por parte de agrupaciones integristas, el debilitamiento del sentido religioso.

El modo de conducir la situación demostró su talante y personalidad. El mundo moderno reclamaba una Iglesia moderna, es decir, capaz de defender la autonomía y la dignidad del hombre. La Iglesia ha sido el tema fundamental del magisterio de Pablo VI, quien se dedicó incansablemente a la tarea de purificarla y prepararla para su confrontación con este mundo actual, consiguiendo que fuese mensaje, palabra, coloquio, según las expresiones utilizadas en su primera encíclica, verdadero programa de su acción: diálogo respetuoso y leal con las personas y las instituciones, sin dejar de ser misionera y evangelizadora.

 
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Jaima

Por: Santos Urias 11-10-2016

Como en la imagen bíblica hay momentos que invitan a descalzarse, a dejar atrás el polvo del camino, el trabajo acumulado, las urgencias y los requerimientos. Volver a pisar la fina arena del desierto o la suave tersura de las alfombras. El contacto con la madre tierra; con la inmensidad de la bóveda celeste; con las personas que te miran a los ojos y con las que te entiendes y compartes por encima de las culturas, de los credos y de las lenguas.

Allí no hay televisión; si alguna radio para escuchar las noticias o algo de música y muchas ranas que te hacen coro hasta cuando vas asearte.

“La prisa mata”: un té menta; unos panes con aceite de argán; una guitarra; una luz tenue y sintiéndote así: familia. Capaces de comer juntos, de reír juntos, de cantar juntos, de alabar juntos.

Y cuando el cansancio aprieta y las pocas lámparas se apagan, emergen las luciérnagas que vigilan desde el firmamento. Una suave brisa recorre todo e impregna todo. La respiración se detiene. Tumbado sobre una lona y un colchón crees soñar las estrellas; pero te equivocas, son ellas las que te sueñan a ti, las que dibujan con su trazo y su mano firme este instante. Te vuelven a recordar que todo es un regalo; que hay un Dios y que, como un cántaro de agua viva, se derrama y se esparce. Sólo cabe empaparse y dar las gracias.

 
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HOLA SOY DORY

Por: Dolores Aleixandre 03-10-2016

 

Pocas cosas me ponen tan contenta como encontrar coincidencias entre lo que dice la Biblia y lo que leo en el periódico o veo en el cine. Acaba de pasarme con la protagonista de la película de Disney y Pixar, Buscando a Dory: me ha hecho recordar en el acto una metáfora del profeta Oseas y un adjetivo del evangelio de Marcos (soy de la gramática antigua). Dory es una entrañable pez azul con serios problemas de memoria a la que ya conocíamos en Buscando a Nemo: se le olvida todo al momento y va de un sitio para otro diciendo: “Hola, soy Dory ¿podrían ayudarme…?” 

También a los israelitas del s. VIII a.C. se les olvidaba en seguida lo que el Señor hacía por ellos y  Oseas se lo reprochaba: “Vuestro amor es como una nube mañanera, como rocío que se evapora al alba” (Os 6,4),  y algo parecido les pasaba a los  receptores “pedregosos” de la parábola de la semilla de Mc 4,16 que aparecen caracterizados como  proskairoi (transitorios, momentáneos, ocasionales…). En  ellos podemos vernos reflejados también nosotros,  emparentados con Dory  en sus olvidos persistentes,  parecidísimos a la tierra incapaz de retener  la humedad que la había refrescado al amanecer, afectados por  esa memoria quebradiza y fugitiva que no deja echar raíces a los recuerdos que hacen vivir. 

Hagamos la prueba: ¿qué recordamos de la encíclica Laudato si  a solo unos meses de su aparición? ¿Qué huella nos ha dejado su llamada urgente a “cuidar la casa común”? ¿Qué pasos hemos dado en dirección a esa “cultura de la sobriedad y conversión ecológica”? ¿Estamos dispuestos a reemplazar el “discurso verde” (y que se nos pegue la lengua al paladar…) por la adicción  a las 3R de reducir, reutilizar, reciclar?  ¿Cómo de determinados estamos, por ejemplo,  a abrigarnos más en invierno  y bajar la calefacción? ¿A evitar plásticos,  utilizar transporte público y reducir el consumo de agua? 

“No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo”,  dice Francisco (LS 211).   

No hay que renunciar tampoco a la posibilidad de que Dory recupere la memoria.

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Pablo VI y España

Por: Juan María Laboa 03-10-2016

 

Los obispos españoles han decidido conmemorar solemnemente a Pablo VI, el papa que aprobó la erección de la Conferencia episcopal española, con una serie de conferencias sobre su pontificado. Es un acto de justicia con un papa que ha sido importante en nuestra historia contemporánea , a pesar de que tanto los integristas como los progresistas radicales lo maltrataron. Su importancia tuvo que ver no solo con el desarrollo espiritual y eclesial de muestra comunidad creyente, sino también con el influjo determinante de sus nombramientos episcopales, de sus palabras y de su seguimiento personal en el proceso de democratización de España durante el último decenio del gobierno de Franco y durante los años de la transición.

Montini fue considerado con sospecha y desconfianza por parte de los políticos del régimen desde el primer momento porque se le consideraba cercano a la Democracia Cristiana y por su amistad con Maritain, causas suficientes para que fuera juzgado antifranquista. Por los puestos que ocupó en la Secretaría de Estado, mantuvo frecuente contacto con los obispos y embajadores españoles, conoció su manera de ser y la valía de cada uno; conoció la problemática propia de una dictadura confesional católica y la incapacidad crítica de buena parte de los obispos, quienes valoraban más los continuos apoyos recibidos por parte del Estado que la falta de libertades políticas y personales de los ciudadanos.

Durante estos años, los obispos españoles se encontrarán atrapados entre su inalterable admiración y agradecimiento por Franco y su gobierno, y su indudable veneración por la Sede Romana. En cualquier caso, los obispos afectos al régimen, que fueron disminuyendo en número a partir del inicio del pontificado de Pablo VI, no perdieron nunca esa cercanía a unos políticos a quienes agradecían haberles salvado de la persecución religiosa y haber protegido y respaldado a la Iglesia en todos sus objetivos. En esta actitud se sintieron apoyados por la parte más intransigente de la Curia romana con la que siempre se mantuvieron identificados y con quienes establecieron un estrecho contacto. No olvidemos que, precisamente, algunos de estos personajes curiales tuvieron que ver con el exilio a Milán del sustituto de la secretaría de Estado.

Telegrama de Montini a Franco

Desde su nombramiento como arzobispo de Milán, Montini redujo, obviamente, sus relaciones con España, aunque se mantuvo informado de las grandes líneas de su política gracias a su amistad con algunos obispos y católicos comprometidos del país. Con quien más trató fue con Ángel Herrera, obispo de Santander, a quien creó cardenal más adelante , probablemente, con Ruiz Gimenéz.

El gran choque con las autoridades españolas se produjo con motivo del telegrama del 3 de octubre de 1962 enviado a Franco a petición de los universitarios milaneses ante la noticia de

una condena pronunciada por un tribunal militar contra Jorge Conill , joven condenado a muerte por sus actividades en las juventudes libertarias y por haber colocado una bomba en la fachada del Instituto Nacional de Previsión que no produjo víctimas. El telegrama decía: “ En nombre de estudiantes católicos milaneses y en el mío propio ruego a vuecencia clemencia con estudiantes y obreros condenados a fin de que se ahorren vidas humanas y quede claro el orden público en una nación católica puede ser defendido diferentemente que en los países sin fe ni costumbres cristianas“. Este telegrama constituyó un ataque a la línea de flotación del régimen confesional franquista, puso muy nerviosos a algunos ministros1 y sirvió para montar en España una campaña emocional contra el cardenal de Milán. Los cuatro cardenales españoles le escribieron una dura carta, cuya espontaneidad puede ser discutida. Montini quedó asombrado de que estos cardenales no solo no le hubiesen defendido sino que se hubiesen alineado con el Gobierno2 en contra de una doctrina ya común en la Iglesia.

Creo que no resulta aventurado afirmar que en el cónclave de 1963 los cardenales españoles centraron su atención en Antoniutti, nuncio en España hasta el concilio y muy compenetrados con él, y tal vez, en Siri, mucho más cercanos ambos a su sicología y a sus ideas . Sin embargo, a las pocas horas de su elección, en su primera salida fuera del Vaticano, el nuevo papa Pablo VI visitó en el Colegio Español al cardenal Pla y Deniel, arzobispo de Toledo, seriamente enfermo, en un acto de generosidad y de deseo de captación de la voluntad de los españoles. En cualquier caso, con esta visita se ganó la simpatía de buena parte del pueblo y del clero.

El Concilio Vaticano II

La convocatoria y el desarrollo del Vaticano II cogió al episcopado español desprotegido y poco preparado. Vivían en el mejor de los mundos, felices con su España confesionalmente católica, protegida su fe y su moral por las leyes del Estado. No mostraron durante las sesiones ideas y proyectos comunes, hablaron por libre y pocas veces encontraron propuestas compartidas, aunque un grupo fuerte de ellos se opuso con rotundidad a la mayoría de las propuestas renovadoras. Esta actitud encontró el rechazo de buena parte de su clero, que había aceptado la convocatoria del concilio con alegría y esperanza. En los temas de la colegialidad y la libertad religiosa, buena parte de nuestro episcopado fueron belicosos contra los esquemas a aprobados. En la mayoría de sus intervenciones hablaron a la contra, sobre todo en el tema de la colegialidad y, en el de la libertad religiosa. Los más organizados estaban en contacto con algunos cardenales de la curia y con algunos obispos italianos del sector más intransigente. Se votaban entre ellos, con un espíritu sectario3 y desconfiaban de la mayoría conciliar. En octubre de 1964, Pabló VI intentó tranquilizarles: “No tengan miedo a la libertad religiosa. Sé muy bien que las circunstancias de España son

muy especiales. Estaré siempre con España. Pero los españoles estén con el Papa. No tengan miedo a la libertad religiosa 4 . Mons. Antonio Pildaín, obispo de Las Palmas, permanente admirador de Montini, tuvo una atrevida intervención escrita en el concilio sobre un tema muy sensible para Pablo VI y el gobierno español, el de la elección de los obispos. El papa tenía claro que los obispos debían ser elegidos libremente por el Sumo Pontífice, y sin ninguna intervención del poder civil., y actuó en consecuencia.

 

El hombre de Pablo VI en España fue indudablemente el cardenal Taráncón. Al ser creados cardenales, Tarancón y Tabera (28 marzo 1969) visitaron al Papa en una audiencia que duró una hora. Tras ser informado por ellos sobre la realidad política española, las relaciones Iglesia-política, la Conferencia episcopal y los cambios que se notaban en ella, Pablo VI les confió sus preocupaciones y proyectos. Escribe Tarancón: “Nos habló de los sacerdotes, especialmente de los sacerdotes jóvenes, pidiéndonos que les dedicásemos los obispos una atención especial y que recogiésemos, en lo posible, sus inquietudes. Insistió fuertemente en la espiritualidad sacerdotal y en la necesidad de que procurásemos superar la división que se iniciaba entre el clero. Nos habló también de la postura que había de mantener el episcopado respecto al Régimen: respecto a la autoridad, colaboración sincera en todo lo que fuese para el bien del pueblo, pero independencia real de la política. Insinuó, entonces, que la Santa Sede se había propuesto una línea respecto al nombramiento de obispos para renovar la conferencia, lamentando que el privilegio de presentación que tenía Franco cortase su libertad para estos nombramientos.

Intervenciones del Papa en España

A pocos episcopados dirigió Pablo VI palabras tan concretas, tan ceñidas a la situación que sus Iglesias vivían en cada momento, como a los españoles. Fue consciente del despertar de la nación y de la comunidad cristiana española, y de la necesidad de escucharles y orientarles En una importante alocución a los cardenales de la Curia del 24 de junio de 1969 se dirigió a los obispos españoles – “de quienes nos consta su laudable empeño en el anuncio fiel del evangelio-y les rogamos que realicen también un incansable acción de paz y distensión para llevar adelante, con previsora clarividencia, la consolidación del Reino de Dios en todas sus dimensiones. La presencia activa de los pastores en medio del pueblo- y deseamos ardientemente que esta presencia pueda darse también en las diócesis vacantes- su acción, siempre inconfundible de hombres de Iglesia, lograrán evitar la repetición de episodios dolorosos y conducirán- estamos seguros- por el camino recto las buenas aspiraciones, especialmente del clero y, sobre todo, de los sacerdotes jóvenes”.

Se trató probablemente de la reflexión más seria y más directa sobre España pronunciada por un Pontífice en un acto público. No podemos olvidar que estas palabras se incluían en un contexto de defensa de los derechos humanos. De hecho, se trató de una comprometida

llamada de atención tanto a los poderes públicos como a los eclesiásticos. El papa llamó la atención sobre la grave crisis de la Acción Católica y sobre la falta de sintonía de buena parte del episcopado con el clero más joven. El embajador Garrigues, como conclusión de la audiencia que tuvo poco después con el papa, escribió a Franco: “La no elevación al cardenalato en el último Consistorio del Arzobispo de Madrid ha tenido sin duda que ver con este asunto”. Por otra parte, las tensiones entre algunos obispos y la juventud, tanto clerical como laical, resultaban incontenibles. La llamada a una vigilancia más sensible para con las inquietudes y aspiraciones de los jóvenes alcanzó sin duda la diana.

No cabe duda de que el tema del nombramiento de obispos constituyó uno de los núcleos centrales de la preocupación del Papa por la Iglesia española. En la citada audiencia el Papa insistió al embajador que “todos estos eran problemas urgentes, alarmantes, de verdadera apostasía que no admitían demora. Y que el remedio más inmediato y más importante era el restablecimiento del prestigio y de la autoridad del Episcopado español. Que los obispos fueran obispos, obispos en la mejor armonía con el poder civil, pero sin sombra de politización”. Es decir, Pablo VI deseaba unos obispos libres de toda atadura política, respetados por su pueblo, cercanos a los jóvenes, capaces de liderar la nueva etapa española. Por otra parte, el gobierno español, que durante tanto tiempo mantuvo óptimas relaciones con el episcopado, no reconoció la figura jurídica de la Conferencia episcopal, apoyado tácitamente por la minoría episcopal, que se identificaba más fácilmente con las ideas de los ministros que con las de la nueva mayoría episcopal.

El complicado año de la reconciliación

Cuando Pablo VI declaró 1975 como año de la reconciliación, tuvo en cuenta una Iglesia desgarrada y desorientada y, en el caso de nuestro país, una España dividida con un futuro inmediato incierto. Durante el mes de setiembre de 1975 la ETA y otros grupos terroristas cometieron diversos .atentados con diversos muertos. Tras unos juicios sumarísimos cinco terroristas fueron condenados a muerte. Pablo VI intervino directamente ante el Gobierno español y ante Franco con la finalidad de que se conmutasen las sentencias de muerte, pero la ejecución programada se llevó a cabo. El 27 de setiembre, Pablo VI habló claramente de su disgusto y malestar por no haber sido atendida su petición de clemencia.

La reacción de los políticos del Régimen y de no pocos españoles, incluidos sacerdotes y un grupo de obispos, fue muy fuerte. El Papa era consciente de estas consecuencias, pero explicó posteriormente que lo hizo “por respeto al valor sagrado de la vida, por imperioso deber de su universal ministerio pastoral y por su entrañable amor a la noble y amadísima España”. Asumió con plena conciencia el riesgo de una impopularidad en España, como asumió riesgos parecidos con otras decisiones a nivel universal. Buscó fomentar los sentimientos de pacífico entendimiento y de fraternal comprensión del pueblo español entre sí. Buscó su reconciliación. Al final de su pontificado, casi todos los obispos y gran parte del pueblo español fueron conscientes de su generosa y profética aportación a la reconciliación de las llamadas dos Españas, a la purificación de la Iglesia y a su diálogo con el mundo moderno.

 
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EL DESALOJO DEL ADIOS

Por: Dolores Aleixandre 15-09-2016

 

De un tiempo a esta parte  despedirse diciendo adiós empieza a resultar raro y está siendo desalojado por otras fórmulas: “Hasta luego” (aunque el luego no esté en el horizonte), “Suerte”, “Cuídate”  o  “Que tengas un buen día”. Lo del buen día te lo desean por  igual  los que te asaltan a la salida del metro con sus carpetas de causas benéficas, o la  gitana del ramito de romero, y además te lo repiten aunque no firmes nada ni cojas el ramito,  dejándote un poco abochornada ante su amabilidad. Quizá sea una consigna municipal y diocesana: hasta los curas que parecían más adustos han sucumbido a la frase y nos lo desean al final de la misa, esbozando un amago de sonrisa. 

Si pienso en lo que considero “tener un buen día” (que las cosas salgan según mis planes, no tener contratiempos…), veo que mi coincidencia con el Evangelio es nula porque  Jesús pone como modelo de “buen día” el de aquel samaritano al que se  le fastidió su itinerario por atender al herido. En todo caso me suena bien la posibilidad de que le dijera  al joven rico aunque le dejaba plantado y se alejaba a toda prisa para consultar el IBEX 35: “¡Que tengas un buen díaaaaa!”.

 
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TAN LEJOS, TAN CERCA

Por: Santos Urias 07-09-2016

Me llamó mi amigo Alejandro desde México.

 Era un día de esos que los medios no funcionaban demasiado bien. La voz entrecortada, los continuos: “oye, oye”. Al final me envió un audio. Su voz serena, y sus palabras sencillas pero agradecidas. Me decía lo que para él había supuesto que siempre hubiera estado ahí: sin juzgar, acompañando, dialogando, escuchando… Momentos difíciles, sombras. Celebraciones, disfrute, fiesta. Sus palabras conmovieron estas entrañas que se debaten entre el barro y lo sublime. Nadando en las pobrezas propias y ajenas. Lo que mi hermano Alejandro me estaba recordando, casi sin darse cuenta, es que lo más parecido a como Dios nos trata es como el sentía que yo le había acompañado: sin juzgar, escuchando, confrontando y, siempre, siempre, queriendo. Su voz en ese audio descubrió en mi corazón esas flores que crecen en las basuras, ese milagro de poder rezar sabiendo que es el Señor el que nos hace portadores de su capacidad de comprender, de compadecer, a veces sin ser conscientes del todo.

Tú seguirás cantando a la belleza, a los ojos que te miran, a los que vienen con el sol, al Dios que te conforta. Yo pondré el altar de una ofrenda sincera, agradable, con cuerpo y sangre en tiempo real. 

Tan lejos y, sin embargo, tan cerca. Como la distancia; como el propio Dios; como el tiempo; como lo que nos enseña cada día la vida.

 

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