Martes 21 de Noviembre 2017

En el umbral de un año nuevo

Por: Juan María Laboa 30-12-2015

Hay un Dios en el cielo

 y un día tendremos que darle cuenta. Nuestro tiempo solo tiene dos puntos de referencia: el momento en el que uno es creado y cuando el Señor viene a buscarnos. Mientras tanto, a menudo, nos olvidamos nuestro origen y nuestra finalidad, actuamos  como si todo dependiera de nosotros, desconsideramos la creación y nos creemos que vamos a vivir eternamente.

Estamos tan acostumbrados a recrear la realidad y a disfrazarnos para los demás que, al final, nos disfrazamos para nosotros mismos. Sin embargo, aunque la división en meses y años constituye una convención, el fin de año constituye un recordatorio de que el tiempo es escaso, pasa rápido y nos vamos acercando al momento de la verdad. 

La vida siempre ofrece nuevas oportunidades de regeneración, de búsqueda de la verdad, de encontrar la amistad y el amor, de colaborar  en el permanente esfuerzo por una sociedad mejor. El examen de conciencia nos ayuda a conocernos más, a descubrir nuestros engaños, a potenciar nuestras buenas cualidades, a ser más generosos y, sobre todo, a amar más y mejor.

Nos encontramos rodeados de masas de personas, pero solo reconocemos a aquellos a quienes amamos. Si nuestra capacidad de amar es escasa o egoísta reconoceremos a pocos y nos encontraremos solos, pero si somos capaces de amar y entregarnos con generosidad, el mundo será nuestra familia. El Evangelio de Jesús lo anuncia  con estruendo: se hizo humanidad y murió por nosotros.

Reflexionemos con el poeta: el tiempo es demasiado lento para los que esperan, demasiado rápido para quienes tienen miedo, demasiado largo para los afligidos, demasiado corto para los alegres, pero para quienes aman, el tiempo es la eternidad.

 

Que seamos capaces de contribuir en un año mejor.

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La fuerza de la palabra

Por: Juan María Laboa 23-12-2015

Dios creó el mundo por su palabra,

 hombre de palabra, dio su palabra, apalabrar, bajo su palabra, de una sola palabra. Todas expresiones que señalan la importancia definitiva de la palabra. Siendo niño acompañé a mi padre con un encuentro en el que concertaron un negocio importante. Terminaron el encuentro con un apretón de manos.  Pregunté a mi padre si no tenían que firmar nada. “Somos hombres de palabra”, me contestó.

Hoy se utilizan y vuelan demasiadas palabras. Antes nos contentábamos con las charlas familiares o con algunos intercambios verbales en la calle o en la plaza, pero ahora quedamos inundados por el torrente de palabras de la televisión, la radio, los móviles, los mítines…Son palabras, a menudo, violentas, mentirosas, calumniadoras, fútiles, escandalosas, desquiciantes. Tanta imagen y tanta palabra  nos impiden concentrarnos, seleccionar, meditar, comprobar su utilidad. Quedamos desquiciados por tanta palabrería y, con frecuencia, somos incapaces de quedarnos con las verdaderas, las que edifican y enseñan.

La palabra tiene también una fuerza destructiva. En una sociedad de la media palabra, de la interpretación sesgada y torticera, con unos medios de comunicación en los que, a menudo, los titulares no corresponden al artículo o a la noticia en su integridad, en los que el periodismo de investigación propone sus intuiciones o sus subjetivas interpretaciones como la verdad, cuando las rectificaciones se producen cuando el mal está completado, estamos sujetos a lo que nos cuentan sin que solo tarde o nunca conozcamos la verdad completa de lo dicho, o de lo sucedido.

En lo regímenes totalitarios, la verdad está sometida a la decisión de quienes mandan, pero en democracia sucede, también, algo parecido. ¿Cómo es posible que los cargos de las diversas instituciones estatales, incluidos los jueces, voten según el dedo de quienes les han elegido? Y esto sucede con las “castas” viejas y las nuevas.

La palabra es la conciencia, el bien común, el pensamiento reflexionado por encima de lo inmediato, la transparencia exigente, la generosidad con lo propio, la búsqueda incansable de la verdad. Me preocupa el buenismo sin ideas ni autoexigencia, la generosidad de lo ajeno y la ausencia de esfuerzo propio.   

 

“La Verdad se ha hecho carne”. Es uno mismo quien responde de sus promesas, de sus decisiones, de su responsabilidad, de sus exigencias. Solo el que ama se entrega, solo quien está dispuesto a dar su vida por su ideal es creíble. Mentir y manipular con la palabra puede resultar habitual, pero constituye probablemente, la acción más nefasta contra la convivencia, la solidaridad y la fraternidad.

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REZAR

Por: Santos Urias 21-12-2015

Me gusta rezar.

Desde el silencio, con la palabra. Rezar iguala. No sé de tu procedencia, de tu estatus social, de tus miserias o de tus fortunas. Tampoco de tus ideologías, esas que tantas veces separan, juzgan o prejuzgan: que sabio fue Cristo que no ideologizo su mensaje, sino que lo encarno en el terreno de lo más humano, en las entrañas de la vida, en el mundo de los afectos, del perdón, de la sanación integral. Rezar nos pone en juego: ya no es hablar de los otros, somos nosotros los que nos descalzamos ante Dios y allí en lo escondido danzamos la danza de la transparencia y de la verdad. Cara a cara. Rozamos lo sagrado, aceptamos la miseria, gustamos la belleza. 

Cuando el templo queda vacío y unas cuantas personas oramos por sus rincones, siento la fuerza del universo. Ese motor que no es el motor de los intereses creados, del ogro de nuestro vecino, del miedo de nuestros miedos. Es la maquinaria de la confianza, que activa la escucha. Sólo se puede oír el rumor de los ríos si permanecemos callados. Disparates, incoherencias, tenebrismos, incertidumbres. Sólo Cristo salva. No esperes otros profetas. Para nosotros la luz ya está: presente, muy presente, tan presente…

Rezar iguala. Corazones en búsqueda. Espíritus inquietos. Manos abiertas orientadas hacia un mismo Dios. 

 

 

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¡Hijo de antiabortista!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 18-12-2015

En mis tiempos los insultos

eran muy diferentes, como también, qué duda cabe, eran diferentes los valores que defendíamos abiertamente. Muchas cosas han mejorado, pero otras…

Estamos en una Sociedad en la que prima la decisión fácil, la que nos mantiene en nuestra área de confort… Y como todo vale, ¿para qué tener un “mal rollo”? Pues como decía aquella Ministra tan jovencita que venía del mundo del Flamenco: “Abortar es como ponerse tetas”. ¡Ni más ni menos! La Aido soltaba también otras perlas como que “Un feto es un ser vivo, pero no podemos hablar de ser humano”. ¿Una planta quizá? Nos habría venido mejor si la susodicha hubiera seguido con el cante, antes que seguir con estas “cantadas”…

Pero vamos a olvidarnos del pasado, y a recordar a nuestros políticos actuales que se enfrentan en las urnas dentro de unos días…

Esta semana asistimos a un debate que muchos califican como el más caliente de nuestra democracia. Hay quien dice que Sánchez perdió las formas al faltar a Rajoy, y en parte es verdad, pero… ¿Qué fue lo que más le molestó a Rajoy? Sánchez le recordó el “sms” de Bárcenas (“Luis, sé fuerte”), haciéndole cómplice por tanto de una gran estafa. También le responsabilizó de la reducción de la hucha de las pensiones, acusándole así de mal gestor, causante de nuestra ruina… Y también le llamó “plasma”… Todo ello le contrarió a Rajoy, pero no tenía argumentos creíbles con los que enfrentarse. Lo que realmente le sacó de sus estribos fue que, de un modo u otro, le llamaran “antiabortista”. “Repítame eso” le dijo una y otra vez. ¡¡¡Eso sí que es inaceptable para un político que aspira a ganar las elecciones!!! Rajoy ya se había encargado de “dimitir” a Gallardón cuando éste cometió la desfachatez de intentar ser “antiabortista”. ¡Qué vergüenza! Con lo fácil que es quitarse de en medio a unos cuantos cientos de miles de fetos, que según la insigne Profesora Aido ni si quiera son seres humanos… ¡Con la de votos que da proteger el aborto, que al fin y al cabo es como ponerse tetas!

Revisando los programas de los principales Partidos Políticos (no hablo ya de 2 ni de 4, ¡sino de los 7 principales!), ninguno se enfrenta a este “derecho” ya adquirido. Adquirido por la Sociedad de Confort, que no por el verdadero dueño de ese derecho, el feto que “no es ni un ser humano”, que no es aún niño, al que se le ha quitado el derecho a la vida…

El 99 o 100% de los escaños elegidos en el Congreso y en esa otra cosa que nadie sabe que es y a la que llaman Senado, apoyarán políticas abortistas. Unos querrán mantener las actuales y los otros querrán ampliarlas. Lo que no me creo es que el 99 o 100% de los ciudadanos queramos lo mismo que los que nos van a representar.

 

Los Políticos no se atreverían a calificarse como antiabortistas (“¿Qué me ha llamado?”, continuaba preguntando Rajoy a Sánchez ante tamaña infamia…). Pero lo que está claro es que todos, absolutamente TODOS, somos “hijos de antiabortistas” (al menos durante unos 9 meses de la vida de nuestras madres…). Ese sí sería un buen referéndum para incluir en el Programa Político de uno de los grandes partidos. Yo votaría al que incluyera ese derecho, el derecho al referéndum, para darnos al menos una oportunidad a los que consideramos que matar al indefenso es mucho peor aún que el engaño o la mala gestión… Pero los políticos siguen cayendo por corruptos, o… ¡Por antiabortistas! Qué pena de Mundo vamos a dejar a nuestros hijos, esos “hijos de antiabortistas”…

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TX9

Por: Dolores Aleixandre 14-12-2015

Os  mamm t tddwm mdd ggg sr acá bu. Esto que acaban de leer es la versión que ha aparecido en la pantalla de mi nuevo móvil en lugar de “Esta tarde hacemos compra” que es lo que yo quería escribir. Motivo: había pulsado sin querer la tecla TX9 que propone un “texto predictivo”.  Acostumbrada como tantos de mi generación a tratar a mamporrros  una Olivetti,  no consigo adaptar mis dedos a estos teclados tan melindrosos y, como reincido en la equivocación una vez y otra,  termino por aborrecer conjuntamente la tecla y su significado: qué agobiante es esto de un texto que decide por su cuenta, pienso enfadada; no hay derecho a que te impongan desde fuera lo que quieres decir o ser; a mí que no me asfixien con predicciones…

En medio de estas divagaciones, aparecen las primeras bolas doradas navideñas, esas que a algunos les provocan depresión pero que en mí tienen un efecto balsámico: llega el Imprevisible, el Impredecible, el Improbable, el Anómalo, el Excéntrico, el Divergente,  el Rarísimo. (Me encanta endosarle esos títulos que nunca aparecerán en los libros de teología). 

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, con la TK9 gravitando también sobre él, dispuesta a sumergirle sin remedio en trayectorias de estancamiento y circularidad. Un mensajero poco aficionado a la innovación le había aplicado el texto predictivo correspondiente:  “Será grande, Hijo del Altísimo, sentado en el trono de David, reinando por los siglos de los siglos…”, pero él se las arregló para escapar de la tecla y desde su nacimiento se sacudió augurios y predicciones: vaya grandeza rara mostrarse tan pequeño; qué poco pedigree davídico ser hijo de inmigrantes galileos;  menudo  trono de risa el de un pesebre y una cuadra; qué  peste a estiércol en vez de a los olores mesiánicos homologados de  mirra y áloe. 

Se había salido del guión establecido, le había cogido el  gusto y las cosas fueron a más: - “Qué, María, ¿no se os casa el chico?”,  preguntaban  las vecinas,  - “Con lo espabilado que es y lo majo, podría apuntarse a un master en Rabinato. Dicen que los que hacen el erasmus en Séforis salen casi todos colocados…” Y ella callada. Y él callado también, silbando la melodía del Siervo mientras aserraba tablones. Ni Salomón, ni David, ni Ezequías: le gustaba aquel personaje oscuro y silencioso,  colgado de Dios, que aguantaba las cargas de otros, entregaba la vida y elegía siempre el último lugar.

A la hora de independizarse, compartió intemperies con una panda de idealistasinfronteras.com. Carente del gen del cálculo, del instinto de auto conservación, del aferramiento a lo propio, tomaba opciones insólitas, arriesgaba rupturas, ensayaba  lenguajes peculiares. A su lado la gente se sentía liberada del fatalismo de destinos que creían inexorables: un paralítico volvía a caminar; un ciego daba un salto desde su cuneta y entraba en la luz; una mujer encorvada se enderezaba; Zaqueo abría su casa a Jesús y  su dinero dejaba de interesarle; el viejo Nicodemo nacía de nuevo. 

Los que pensaban que nunca podrían escapar de sus adicciones  (dinero, poder,  ira, desesperanza…), descubrían la belleza de una vida simple, la anchura de perdonar,  la asombrosa libertad de servir gratuitamente, el ánimo para comenzar de nuevo. 

La muerte no tiene ya dominio sobre él”, decía Pablo.  ¡Ni la TX9 tampoco!, cantaron los ángeles en Belén inundando de resplandor aquella noche,  amenazada como las de hoy por sombríos textos predictivos ( ), parecidísimos  a esos en los que querríamos encerrar sin salida a políticos ineptos o a sinodales cerriles.

 

 Pero “desde las alturas” nos invitan a mantener pulsada otra tecla, la S esa que inunda de alegría nuestra pantalla vital con la impredecible noticia de que Somos mente Queridos.

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Obispos que no quieren dar la nota

Por: J. Lorenzo 14-12-2015

Llevamos varios días

 de campaña electoral pero, en esta ocasión, parece que los obispos se resisten a entrar en ella. No quieren dar la nota. Literalmente. Cuando se redactan estas líneas aún no se ha reunido el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal, donde se podría decidir la elaboración de una nota ante las elecciones del 20-D. Pero no se percibe el ardor guerrero de anteriores citas, para disgusto de quienes echan en falta un liderazgo episcopal más combativo, que encabece manifestaciones, redacte anatemas y se mire a sí mismo desde la autosuficiencia de quien cree que encarna una sociedad perfecta. A estos, Ricardo Blázquez les parece un blando que, por si no fuera poco, cree más en la colegialidad que en el culto al líder. 

Sin embargo, hoy el ambiente en Añastro está más por enterrar esa concepción eclesiológica de la Iglesia como un poder en igualdad de condiciones al de las naciones. Es verdad que hay excepciones, pero ya no chirría el contexto democrático, plural y de respeto a todas las opciones, con las que, como en la Transición, están dispuestos a hablar y a entenderse. Saben que en este tiempo finaliza también aquel en el que la Iglesia era mirada con cierta reverencia. Ahora tiene que ganarse de nuevo la confianza, lo cual no habría de costarle esfuerzo si volviese a ser ella misma, esa Iglesia evangélica que hace 50 años optó por librarse de las rémoras con las que había adornado su poder temporal. 

 

Estas sí son las reflexiones que hoy se hacen la mayoría de los obispos. Y algunos creen que si la Conferencia Episcopal tiene que sacar alguna nota estos días de elecciones, habría de ser una que recordarse el valor de la misericordia en un país que ha logrado vivir en democracia y que quiere seguir aferrado a la paz. Sin más aditivos ni colorantes.

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