Lunes 25 de Septiembre 2017

El lío del P. Angel

Por: J. Lorenzo 05-07-2015

Antes de que el papa Francisco

hubiese creado tendencia con la famosa frase, el P. Ángel ya venía haciendo lío en la Iglesia, aunque pareciera importarle a muy pocos. Un Premio Príncipe de Asturias por aquí, un montón de centros de acogida para niños y ancianos por allá… A la Iglesia jerárquica, las andanzas del sacerdote asturiano no le causaban especial desasosiego. Transigían con una personalidad singular que evidenciaba a través de la Fundación Mensajeros de la Paz tantos mandatos evangélicos de primera hora que solemos dejar para la última. Además, con su talante afable y cercano, el P. Ángel era capaz de sermonear a los ricos con mala conciencia y conseguir de ellos donativos para sus chavales y viejitos sin que saliesen echando pestes de los curas… o de todos los curas.

Pero ahora es distinto. Ahora, el P Ángel, además del favor de la élite económica y política, del cariño de los medios de comunicación, también ha encontrado a un arzobispo que no le escamotea el aprecio. Y, además, le da una señera parroquia en pleno corazón de Madrid, en el barrio de Chueca, algo así como la playa de Omaha en Normandía para que este cura vaya haciendo lío en donde hasta ahora solo procesiona el Orgullo Gay. Y, claro, montó el lío con la famosa oración-homenaje. Y Osoro se vio obligado a tirarle de las orejas porque se le estaban echando encima –y mandando por tierra, mar y aire mensajes de SOS a Roma– quienes se escandalizan por ver una estola con el arco iris pero aplauden la verborrea apocalíptica de curas que achacan el cáncer de Zerolo a un castigo divino por su condición homosexual. También las dos Iglesias… 

Sin embargo, el lío que le han montado al P. Ángel ha sido la excusa perfecta (y previsible) para darle en la cabeza al nuevo arzobispo de Madrid. No sin un dolor de tripa, son capaces de superar algunos un pasado recalcitrante que sigue muy presente. Y un homenaje, diez años después de las bodas gais a uno de sus principales impulsores, es un señor retortijón.

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Vino nuevo en odres nuevos

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-07-2015

Siempre me confundió un poco el Evangelio de hoy...

Un género nuevo tira del vestido y la rotura se hace más grande, y el vino nuevo revienta los odres viejos… Todo esto lo decía Jesús cuando le preguntaron porque no ayunaban sus discípulos…

Lo pongo en oración y me suena a apertura de mente, a cambios, a una savia nueva, una sangre nueva, un vino nuevo que necesita nuevos odres, que requiere cambios profundos para adaptar nuestras estructuras, nuestra forma de pensar, nuestras a menudo vetustas costumbres…

¿Qué pensaría Mahoma si viera que en el Siglo XXI matan en su nombre a familias, a gente normal y trabajadora que disfruta del mar y la arena durante sus merecidas vacaciones? ¿O qué pensaría Jesús cuando, también 13 siglos después de su aparición en la tierra, su Iglesia emprendía guerras santas y la Inquisición quemaba a supuestos blasfemos y brujas?

Tendremos entonces que aceptar los cambios, abrir la mente, pero… ¿cuántos cambios? ¿y cuáles? El Papa Francisco es un baluarte de numerosos cambios muy necesarios en nuestra Iglesia, pero nunca llueve a gusto de todos… Los odres viejos se le resisten ante tanto cambio, y el vino nuevo le exige muchos más… Estoy convencido de que veremos, o al menos nuestros hijos verán, grandes cambios en estos viejos odres. El papel de la mujer en la Iglesia será muy diferente, como también veremos probablemente algunos cambios en el celibato del sacerdocio. Son simplemente cambios en las estructuras socioeconómicas de nuestra Iglesia, y antes o después, alguno de ellos mejor antes que después, verán sin duda la luz…

Pero no puede cambiar todo. No creo que el Vaticano se transforme en una especie de “Podemos” que busque el sufragio informático directo de sus feligreses para cambiar constantemente los odres. Como dice también San Mateo un poco antes: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”. Las estructuras cambiarán, pero cuando Jesús explica la frase anterior, nos da la clave que debe mover este vino nuevo al cambio: ¡la Justicia! “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.

 

No sé qué cambios veremos, no sé si tendremos un día una Papisa Francisca o si llegará a ondear la bandera multicolor del orgullo gay en el Vaticano, pero si tengo claro que seguirán siempre vivos los más conocidos mandamientos: “amarás” y “no matarás”. Y la muerte del semejante, del culpable, del infiel deberá siempre ser contraria a nuestros odres, ya sean viejos o nuevos, como por supuesto deberán ser igualmente repudiadas la muerte del inocente, y del no nacido, igual de inocente y semejante que el que ha tenido la oportunidad de nacer.

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HASTA LAS LAGRIMAS

Por: Santos Urias 05-07-2015

No es fácil llorar.

 

¿O sí? Quizás es una necesidad reprimida. Aunque para otros es un recurso contagioso. El llanto no necesita palabras. Su lenguaje tiene sal y es como un los versos que se declaman a la luz de una vela. Explicarse es como justificar un beso. La lágrima respeta los silencios, navega entre ellos, susurra sus cuentos.

Aunque no conozcas su casa, ni su nombre, ni su equipo de futbol, ni su programa favorito, si has mojado tus dedos en sus ojos cansados, sabes la pasta de la que tiene amasada la piel. Es como el adobe que edifica tu alma, un alma que busca, que anhela los ecos que le devuelvan la voz, los oídos que le dibujen el respeto. Quien se siente escuchado, se siente único, precioso, amado. Por eso es un tesoro tan preciado, y tan difícil de encontrar. Si nos preguntan, todos somos grandes amigos, escuchadores atentos. Pero si nos vuelven a preguntar cuando nos hemos sentido escuchados, tenemos que rebuscar en nuestra memoria esos espacios escasos, profundos, con personas concretas, especiales.

Uno no va llorando sus desamores, sus enfermedades, sus vicios y desencantos, sus recompensas, los sueños y las pesadillas. Uno finge la vida mientras se muere por dentro. Teatraliza los instantes, porque somos actores del sobrevivir. Pero atrás, entre bambalinas, en  donde no hay maquillaje ni caretas, la vida sigue. Una vida que navega entre emociones, silencios, ladridos. 

Como decía el músico: “podrás olvidar con quien has reído, pero nunca olvidarás con quien has llorado”. Cuestión de pudor, uno no se desnuda delante de cualquiera y recuerda a aquellos que le han visto en cueros.

Quiero decir muchas más cosas, expresar otras que aun no sé como formular, pero tal vez en esto consiste, en llegar hasta las lagrimas, en escribir textos con tinta salada.

 

 

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