Domingo 23 de Julio 2017

Feliz Pascua

Por: Xabier Azcoitia 26-04-2015

Pascua quiere decir paso.

 Los israelitas pasaron el desierto en la esperanza de una tierra que les acogiera. Otros muchos hombres y mujeres intentan cruzar otros desiertos de arena o de agua buscando una vida tanto para ellos como para los suyos. Huyendo de la muerte, del hambre, de la esclavitud, de la guerra.

Queriendo mantener nuestro bienestar como bien absoluto nos defendemos con todas nuestras fuerzas de todos ellos. Hemos convertido el mar Mediterráneo en una gran fosa común donde quedan enterrados con la pala de la indiferencia los muertos de este genocidio, fruto de una pobreza  que tiene explicaciones objetivas. Recordamos las palabras del Papa Francisco en Lampedusa.  https://www.youtube.com/watch?v=HLGrRYJYcKA

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Dios, Monedero y el otorrino

Por: J. Lorenzo 26-04-2015

Sabíamos del silencio de Dios

y del abismal desasosiego que genera en tantas personas, a las que les gustaría ver alguna luz, por insignificante que esta fuese, a la que poder seguir para salir de esa oscuridad. Ahora, en una nueva clave epistemológica que pareciera querer reclasificar a Dios ya fuera de la categoría de los sordomudos, se añade la que acaba de ofrecer Juan Carlos Monedero, uno de los ideólogos de Podemos. “El papa Francisco sí ha llevado a Dios al otorrino”. Con esto, parece querer decir que el que no se enteraba de qué iba la historia (de la humanidad, se entiende) era Dios, ni más ni menos.

Modestamente, creo que la cosa no tiene tanto que ver con ningún oído divino cuanto con una sordera selectiva y programable del receptor, un mecanismo posmoderno que activa insondables lugares cerebrales a donde llegan las palabras “Dios”, “Iglesia” “católico” o categorías similares. Así, no se entiende muy bien que justo los mismos que ponen el grito en el Olimpo (evitemos activaciones innecesarias) contra la religión católica en la escuela pública, lamenten que el 90% de los escolares musulmanes no tengan acceso a la religión islámica. O lo que es peor, que utilicen este dato para lanzarlo como una crítica a la Iglesia por los privilegios de que esta goza en virtud de unos Acuerdos que, se dice, tampoco tienen las confesiones minoritarias. Existe, además, una modalidad en la que se puede sostener este argumento con cierta destreza dialéctica en favor del respeto a la pluralidad a la vez que se legisla para enviar a los profesores de religión católica al paro. Y –signo de lo que se ha avanzado– sin perder los papeles…

La Iglesia, con sus altibajos, sigue embarcada en su transición particular, que la lleva a soltar lastres del pasado. Cuesta, pero se intenta. ¿No sería hora de que otros se apuntasen a reciclar discursos? Los líderes emergentes, los jóvenes que se postulan para dirigir el futuro tienen una labor fundamental no solo para romper estereotipos, sino para aprender que, en ese futuro, hay muchos votantes suyos que, además de querer ser ciudadanos en un Estado moderno y democrático, le quieren seguir poniendo oído a Dios.

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GRACIAS

Por: Santos Urias 26-04-2015

Gracias por el tiempo.

Gracias por los latidos de tú corazón. Gracias por la lluvia sonora y que limpia. Gracias por las manos que tejen caricias. Gracias por el perdón en forma de silencio. Gracias por las voces que cantan en la calle. Gracias por el olor a hierba recién cortada. Gracias por la mirada furtiva en el metro. Gracias por el sueño reparador. Gracias por la llamada inesperada. Gracias por la vejez que te refleja como un espejo. Gracias por los amigos que vuelven. Gracias por la poesía construida sobre locura y fe. Gracias por el techo de mi casa que me mira cada mañana. Gracias por el olor de la espuma de mi peluquera. Gracias por las mujeres que caminan despacio. Gracias por el empleado del servicio de limpieza que barre y recoge mi calle. Gracias por el café, por su sabor, por su aroma. Gracias por los compañeros que abrazan cada día sus sueños y sus miserias. Gracias por el ciclista que casi me atropella. Gracias por el que hace las cosas como si no hiciera nada. Gracias por un buen vaso de vino compartido. Gracias por las voces que te recuerdan quien eres. Gracias por el sol cuando entra por la ventana, cuando calienta mi cama. Gracias por esos niños que molestan constantemente. Gracias por la bella sonrisa de los Banglas que me venden cerveza. Gracias por la danza que mueve mi cuerpo y me expresa. Gracias por los que han vuelto. Gracias por el profesor amigo del rock and roll. Gracias por el que reza al final del templo. Gracias por el cuadro que me deja mirando. Gracias por volar sin alas. Gracias por el guiri que curiosea con un mapa. Gracias por la monjita incombustible. Gracias por el comunicador que me dice las noticias. Gracias por el cine. Gracias por el centro de salud y los que nos cuidan. Gracias por los juglares del siglo XXI. Por los maestros que te enseñan de la vida. Gracias por caminar descalzo. Gracias por los pájaros en sus ramas. Gracias cuando pasa un ángel. Gracias por ese perfume que no se te olvida. Gracias por el aceite de oliva. Gracias por los profetas urbanos. Gracias por el cuento de luz. Gracias por el atardecer en el Templo de Debod. Gracias por creer. Gracias por las torres que salpican la ciudad. Gracias por los amigos que no preguntan.

Gracias porque puedo dar las gracias. Porque tengo un caudal de gratitud que sólo tú puedes comprender. Y aunque mi corazón se detenga o mis ojos se cierren: gracias.

 

 

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Renovarse o morir lentamente

Por: Juan María Laboa 15-04-2015

La inmensa mayoría de los creyentes

queremos un cambio eclesial, aunque no todos sepamos cómo empezar o encarnarlo. En la Iglesia, el nuevo papa ha resultado en sí mismo un cambio espectacular de talante, de imagen y de planteamientos, pero la Iglesia es una institución tan mastodóntica y tan desigual que implantar esa renovación va a resultar dolorosa.

Una primera salida, aparentemente cómoda es la política lampedusista: cambiar cosas para que no cambie nada. Recuerdo la decisión “revolucionaria” de Pío XII de reducir la cola de las capas purpúreas de los cardenales de diez a seis metros. Obviamente, no fueron suficientes para que dejaran de ser “príncipes de la Iglesia”. En nuestros días, los consejos presbiterales de las diócesis y otras decisiones conciliares importantes siguen sin cumplir su razón de ser y han quedado en cambios cosméticos. Es el grave peligro de una institución con tantos intereses que se contenta con decisiones inoperantes, en un momento en el que las adhesiones son más débiles y más dependientes de influjos clientelares. 

Sin embargo, el papa Francisco ha resultado un milagro en una Iglesia acongojada y desconcertada, tras un abandono del papa reinante que resultó más una fuga que la consecuencia de la idea de que los papas debían atenerse al principio aplicado a todos los obispos. Ha sido una bendición para la Iglesia tanto por su estilo al hablar y actuar, como por la aplicación de cuando decidió y vivió el Vaticano II en eclesiología y teología.

De hecho, gran parte del pueblo de Dios de todos los continentes se han identificado con él y están convencidos de que está favoreciendo una comunidad creyente que recuerda y se identifica más que nunca con la misericordia del Padre, la predicación del Hijo, que no tenía donde reclinar su cabeza, y la libertad del Espíritu.

Pero solo Dios conoce la medida del tiempo futuro. El papa tiene setenta y ocho años y una tarea inmensa. Ha nombrado veinte cardenales y les ha dicho que de ningún modo se sientan príncipes de la Iglesia, porque no lo son, pero en la misma Roma, a un tiro de piedra del Vaticano, residen más de cincuenta cardenales que sí se consideran príncipes y constituyen un lastre inoperante, pero germen de barullos innecesarios.

El papa Francisco ha expresado su deseo de que los miembros del sínodo y de los consistorios hablen con franqueza y eso seguramente es bueno y, en cualquier caso, es novedoso en nuestra Iglesia, pero no podemos olvidar a cardenales, clero, movimientos y otras especies, que se sienten obligados a defender la ortodoxia, su ortodoxia, desconcertando por su descaro a muchos creyentes

Nos encontramos  sometidos a temas que hoy resultan especialmente problemáticos  y que  gran parte del pueblo de Dios considera que deben ser reconsiderados de acuerdo con la esencia del Vaticano II: temas litúrgicos, morales, la presencia de la mujer, la formación del clero diocesano y religioso, la organización eclesial. 

Los deseos se han centrado fundamentalmente en los cambios de la Curia romana, en el tema económico, en los abusos sexuales, y las reuniones de los nueve cardenales, y el último consistorio, abundaron  en estos problemas en un proceso excesivamente lento. Pero el tema central sigue siendo el de una relectura y reflexión de tantas tradiciones, comentarios de escuelas teológicas, magisterios individuales, que han marcado demasiado la doctrina y la vida eclesial en estos últimos siglos. En este trabajo decisivo, ya iniciado por Francisco, entran en juego tres elementos: la referencia constante a la Escritura, el conocimiento de las grandes tradiciones cristianas y la comprensión actual del hombre y del mundo.

 

Nos resulta imprescindible una visión amplia que tenga en cuenta la unidad de la fe sin temer las diferencias y los retos, una perspectiva abierta a un sano pluralismo capaz de evitar rígidos esquemas mentales, evitando caer en un talante cerrado por el miedo y los prejuicios. Hay que elegir entre  dos lógicas de pensamiento: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos, el miedo a perder la tradición y el deseo de distinguir la esencia del mensaje de tantas elucubraciones y disquisiciones, incluso de santos eminentes. La fe no debe caer en un pluralismo desnortado ni en un conformismo cerril. Retrasar esta renovación significa morir lentamente.

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Incoherencia

Por: Alfonso Carcasona 10-04-2015

Si un misionero español

enferma exponiendo su vida en un país extranjero la progresía pone el grito en el cielo porque se utilicen medios públicos para su repatriación y cuidado. Y si es religioso, como lo es en la gran mayoría de los casos, aún más protestas.

Si un espeleólogo amateur español tiene un accidente en el extranjero se está dispuesto a mandar equipos de rescate para salvarle la vida. Y si la salva, se le envía un avión privado para repatriarlo, sin que la misma progresía tenga nada que decir. Y además, te va a recibir el ministro a la escalerilla del avión. 

Y por supuesto, los medios de comunicación continúan haciendo su agosto buscando y alimentando polémicas, en sus tertulias, programas del corazón y lo que es más triste, abriendo noticiarios durante días.

En ambos casos se trata de utilizar medios públicos para salvar una vida, lo cual es muy loable. Pero parece que los ciudadanos de nuestro país tenemos esa especie de seguro cuando tenemos un accidente o una enfermedad fuera de nuestras fronteras.  La diferencia en los casos mencionados anteriormente s que el misionero no pide que le vayan a buscar. Es consciente y coherente con su vida y cómo y por qué la expone. El espeleólogo, montañero, submarinista  o turista en general arriesga mucho o poco su vida, como lo puede hacer en cualquier montaña, lago o ciudad  por lo visto espera que, en caso de que en el país al que va no tenga los medios iguales (o mejores) a los que tenemos aquí, se le manden para rescatarle. Y si por alguna razón no llegan, demanda que te crió. 

¿Se imaginan Uds que un marroquí tiene un accidente en cualquiera de las montañas españolas (que también las hay) y el gobierno alauita nos manda a su guardia real para rescatarle? ¿O si lo tiene un americano, por aquello de no cebarnos en países menos desarrollados, y la administración Obama nos manda a los marines? ¿Y si España se niega a dejarlos entrar?

 

Seamos coherentes. Cuando decidimos realizar una actividad de riesgo, asumamos dónde la realizamos y que puede ir mal. Contratemos los mejores guías con antelación, documentémonos adecuadamente,  si es necesario contratemos un seguro, y si luego tenemos un percance, no exijamos a quien no debemos. Si nos lo resuelve alguien gratuitamente, siempre podemos quedar agradecidos.

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EL FIAT

Por: Jose Maria Marquez Vigil 06-04-2015

"¡Mañana es la virgen del Fiat!"

Con gran emoción me recuerdan cada año mis hijos, un poco antes de Semana Santa, la llegada de este acontecimiento.

Para los nacidos en la España de los 60, el Fiat era la competencia de nuestro 600, de nuestro 124… Comentando a mis contemporáneos que íbamos a hacer la ofrenda floral a la Virgen del Fiat, me solían vacilar preguntando si era una idea de Sor Citroen… Y no les puedo culpar, porque la primera vez que lo oí, pensé que los chicos no se habían enterado bien en el cole, como aquel del chiste que creía que tenía que ir disfrazado de “castor” a la función navideña...

Nuestra querida y admirada Bitacoriana Dolores lo podrá explicar mucho mejor, pero según tengo entendido, “Fiat” viene a significar ese “Hágase”. Qué fortaleza, qué gran Fe hay detrás de esta simple palabra… “Hágase” que me quede embarazada, que dé a luz en un mísero pesebre, que muera mi hijo en la Cruz… Al igual que ese hijo, después de decir aquello de: “Eloi, Eloi, lamá sabactani”, después de clamar al Cielo por tamaña injusticia inquiriendo porqué le ha abandonado el Padre, pasa también a aceptar… “Hágase”.

Aquí está sin duda alguna la fórmula mágica de la felicidad. Desde el mismo momento en que aceptamos que se realice la voluntad del Padre en vez de la nuestra, nuestra vida toma una nueva dimensión que supera nuestra mera existencia. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre un creyente que vive el “Fiat”, y un no creyente o alguien que no lo vive? Pues ni más ni menos, la diferencia está en el minuto 90… Se trata de un partido de futbol en el que jugamos 90 minutos con diferentes compañeros que van saliendo del banquillo, y con un marcador favorable o desfavorable en diferentes momentos del encuentro. Con magníficas asistencias, con golazos, con expulsados y lesionados, con cánticos y con pitos, y con la incertidumbre hasta ese minuto 90 en el que, inexplicablemente, nos cuelan ese gol por la escuadra, de chilena o de vaselina, o incluso de penalti injusto… Nos estrellan contra las redes el balón y el partido acaba definitivamente con nuestra derrota. Esa derrota nos puede hundir del todo, de rodillas en el campo frente a millones de espectadores, porque esta era la última oportunidad, y definitivamente hemos perdido, finalizando aquí mismo nuestra carrera deportiva. O podemos, en ese momento, saltar de alegría, quitarnos la camiseta, llorar de emoción y felicidad, y salir a hombros del campo porque, aun perdiendo el partido, hemos alcanzado la gloria y la victoria final, hemos ganado la Liga, la Champions, la Eurocopa e incluso el Mundial por el “golaveraje”. Eso es el Fiat. Es el equivalente al golaveraje… Es ganar aunque parezca que has perdido. La verdad es que así, ¡no importa “perder”!

Pero qué difícil es decir “Fiat” en todo momento, durante todo el partido… ¡Y los penaltis injustos los llevo de un mal! Menos cuando teóricamente son a nuestro favor…

 

Feliz Semana Santa y ¡Muy Feliz Pascua de Resurrección!

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El ministro y Cáritas

Por: J. Lorenzo 06-04-2015

El PP es como Cáritas.

Esto, según el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que recurrió a esa comparación para defender un informe de la Agencia Tributaria en el que se comparaba el tratamiento fiscal de las donaciones recibidas por su partido –en el marco de la investigación por la trama Gürtel– con las de las ONG sin ánimo de lucro, como Cáritas, a la que citó. Ambas instituciones, dijo el ministro, sirven “al interés general de la democracia”.

Pero, y aun cuando se ha confesado “católico practicante y estoy muy honrado de formar parte de un Gobierno que ha habilitado en términos de presupuestos este año 20 millones de euros para la primera ONG, que es Cáritas”, mucho me temo que ahí acaban las presuntas similitudes con el PP.
Para empezar, el propio Montoro no comparte la visión de la pobreza en España que tiene la organización católica, como les hizo ver a sus representantes, a los que les dio un tirón de orejas por los periódicos informes en donde han radiografiado la huella que esta gran crisis ha dejado en nuestra sociedad, perspectiva que se desdeña cuando se gobierna. Poner número a las víctimas, visibilizar el impacto de los recortes, constatar el incremento de la desigualdad entre las personas, advertir con datos del peligro de fractura social o detectar el surgimiento de una nueva estructura social caracterizada por el crecimiento de la escasez y la vulnerabilidad, como ha hecho Cáritas en sus ricos y valientes estudios, es difícil de tragar incluso para otros políticos católicos de comunión diaria.
Pero no solo en estas apreciaciones se diferencia Cáritas del Partido Popular. También hay una sensibilidad claramente contrapuesta en la interpretación del trato al prójimo, aunque tampoco gusten ni un pelo a otros católicos del Gobierno sus denuncias sobre las devoluciones en caliente en la frontera sur o esas redadas policiales “con marcado sesgo racial”, incluso a las puerta de los servicios sociales.
Y aún se me ocurre otra diferencia para completar este espacio. Los 20 millones que cita Montoro son los que los españoles le asignan a Cáritas en la casilla del IRPF, al contrario de lo que sucede con el dinero que reciben los partidos. Aunque es justo reconocer que la mayor parte del dinero que recauda procede de lo que, euro a euro, recolecta en las parroquias
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Una Iglesia femenina

Por: Alfonso Carcasona 06-04-2015

Leo con estupor

 las declaraciones del cardenal Burke que, gracias a la total indiferencia de nuestros medios de comunicación, no han tenido ningún reflejo en nuestra sociedad, ni siquiera en medios más preocupados por la Iglesia. 

Básicamente, el recientemente cesado cardenal viene a decir que los ayudantes de los sacerdotes en misa (los acólitos) deberían ser varones. Que si hay niñas a los niños no les molará acercarse al altar, ya que “a los niños no les gusta hacer lo que hacen las niñas”. Y que debido a ello hay menos vocaciones hoy. Ole. No creo que los lectores de esta columna precisen una línea de comentario para saber lo que pienso al respecto, así que no la gastaré.

Nos encontramos con movimientos cristianos radicales en el peor sentido de la palabra. Totalitarios no en el cumplimiento del Evangelio, sino en defensa de postulados radicalmente en contra del mismo. Nos quejamos, con razón, del fundamentalismo de otras religiones –hoy por dolorosas razones de los musulmanes, de manera principal-. Pero no miramos la viga en nuestro ojo. Los cristianos debemos entender que Dios es amor, sin glosa. Y cualquier desviación, por pequeña que sea debe ser corregida antes de que, como la cizaña, se confunda entre el abundante trigo que nos rodea.

“Dejad que los niños se acerquen a mi” es uno de los versículos más conocidos de los evangelios sinópticos. Burke deja a las niñas fuera de esta orden de Jesús. Una iglesia solo de hombres… Esa no es la que yo quiero. Lo doloroso del asunto es que en aras a la pluralidad se encumbre a pensadores con este credo. 

Si no existen más vocaciones es precisamente por planteamientos caducos y trasnochados como el objeto de esta reflexión. No me imagino a Jesús diciendo, dejad que los niños se acerquen a mi… ¡he dicho niños, no niñas! 

Para mayor abundamiento, el recordatorio que nos hace constantemente el papa Francisco. Es LA Iglesia, no EL Iglesia.

 

 

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