Lunes 25 de Septiembre 2017

El gota a gota de los abusos

Por: J. Lorenzo 21-03-2015

Inmenso dolor y preocupación

 ante los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. A estos sentimientos, los obispos están uniendo una cada vez mayor determinación para combatirlos, ajustándose a las directrices de la Santa Sede y la CEE. Una muy buena noticia cuando “esto no ha hecho más que empezar, porque el goteo de casos va a continuar”, como confirma en conversación confidencial un canonista con experiencia diocesana en estos procesos. Presuponíamos que España no padecería la plaga criminal que asoló Estados Unidos o Irlanda. Pero tampoco esperábamos un limbo donde la mera luz del sol que atempera el carácter fuese capaz de deshacer las tinieblas que mandan en la voluntad de algunos consagrados. ¿O sí? Granada, Lugo o Mallorca son los últimos casos en donde hay una investigación policial abierta. Y otros, en proceso en sus diócesis, con el obispo tomando directamente cartas en el asunto, nos indican que algo está cambiando: la sensación de culpabilidad de la víctima y el fin de la impunidad para el agresor. Desde 2001 hasta 2010, el Vaticano investigó 14 casos en nuestro país. Un período no especialmente proclive a la transparencia en la Iglesia española, cuando no solo no se atendían las denuncias internas, sino que, si se podía, se eludía llevar los trapos sucios a lavar ante la autoridad competente. Las hemerotecas guardan testimonio de todo ello. También de la factura que estos casos le pasaba a la imagen eclesial, sobre todo por el oscurantismo de siglos y la hipertrofia moralizante que lo impregnó todo. Contraatacar afirmando que los abusos se dan sobre todo en las familias, aun siendo verdad, no deja de ser pueril. Sí, también ellas esconden pecados y delitos bajo las alfombras, pero la sociedad se ha dado sus propias normas para defender a los inocentes de los depredadores domésticos. Por eso, hay que celebrar que la Iglesia esté entrando en esta senda, dando la espalda a equivocados conceptos que mezclan caridad con un mundanal corporativismo. Lo que no está en contradicción con salvaguardar la presunción de inocencia y, como ha sucedido recientemente en Osma-Soria, rehabilitar en sus tareas ministeriales al sacerdote cuando la justicia dirima que no ha habido más que infundios. Entonces tocará acompañar también la nueva víctima. 


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¿Colonización ideológica?

Por: Juan María Laboa 12-03-2015

No cabe duda de que entre las preocupaciones

del ámbito cristiano resultan centrales las de la familia y de la educación, temas que con diversas variaciones resultan igualmente importantes a personas no necesariamente creyentes, pero que participan de una semejante antropología.

Resulta importante educar en el respeto a las opiniones, pero parece evidente que en algunas posiciones se termina colonizando las mentes de niños y jóvenes con una visión antropológica que, en el fondo, es minoritaria, pero que se impone, a veces, sin contar con los padres, con el poder de los votos y de los medios.

Creo que en esta democracia nuestra y, sobre todo, en temas que resultan fundamentales, se debiera tener más respeto para la objeción de conciencia, incluso en temas y en países en los que los objetores fueran mayoría. Resulta difícil de aceptar que en países en los que se es tan respetuoso con las minorías en algunos aspectos, los padres no puedan objetar si en la escuela se les enseña algo que vaya contra su conciencia. La educación de la juventud resulta tan delicada y preciosa que no puede admitir chantajes o engaños de ningún tipo. Cualquier amenaza para la familia constituye una amenaza para el mismo modelo de sociedad que sigue siendo el nuestro.

Tenemos que preguntarnos con interés y estudio sobre cuál es la finalidad de la colonización que algunos pretenden. ¿Tal vez poner al revés el alfabeto humano y redefinir las bases de la persona y de la sociedad? Se dice familia, pero ¿se piensa a cualquier núcleo efectivo, prescindiendo del matrimonio y de los dos géneros? Se habla de hijos  como si se tratasen de un derecho de los adultos y un objeto de producción en laboratorio, en lugar de un don que se acoge. En algunos países se desea declarar el aborto como un derecho fundamental, de forma que se impida la objeción de conciencia, y se lucha, también, para que sea reconocido el llamado aborto post partum.

El papa Francisco animó a los médicos a tener coraje y a ser capaces de elegir contra corriente, hasta llegar, en algunos casos, a la objeción de conciencia. “El pensamiento dominante propone una falsa compasión: la que considera que se ayuda a la mujer al favorecer el aborto, un acto de dignidad procurar la eutanasia, una conquista científica “producir” un hijo como si fuese un derecho en lugar de acogerlo como un don”.“Permaneced atentos, experimentar con la vida, jugar con ella, constituye un pecado contra el creador. El aborto no es un problema religioso o filosófico. Es un problema científico, no es lícito destruir una vida humana para solucionar un problema”.

Resulta claro que está en cuestión la posición tradicional de la Iglesia sobre el aborto, la eutanasia y la fecundación artificial. Francisco la mantiene y explica que la verdadera compasión es la del “buen samaritano”, que ve, se acerca y ofrece ayuda concreta. Y esta ayuda para el cristiano consiste en favorecer la vida. Por esta misma razón, este papa y tantos creyentes con él defienden con la misma intensidad la justicia social y la solidaridad activa y permanente. Debemos ser capaces de defender con coraje la vida de cuantos se encuentran en situaciones difíciles y poco dignas, de defender las diversas situaciones familiares y de convivencia difíciles, para defender también la de cuantos se encuentran en camino. En realidad, para los creyentes y, de manera especial, para los médicos, se trata de la posibilidad de respetar al mismo tiempo algunas leyes imperantes y el primado de la conciencia. 

Vale la pena ser conscientes de que las conquistas de la ciencia y de la medicina contribuirán de manera especial a la vida en la medida en que se mantienen en la raíz ética de tales disciplinas. 

Por otra parte, quisiera, también, señalar algunas aberraciones del fundamentalismo islámico, dolorosas estos días, también, para gran parte de los musulmanes. Nos hemos adherido a las manifestaciones de París, pero nos sorprende que no se den otras con la misma intensidad en contra del asesinato de cristianos y de la falta de libertad religiosa en el 60% del planeta. Resulta absolutamente intolerable que el persistente genocidio de cristianos y el rechazo del derecho de libertad religiosa no sean igualmente públicamente condenados por cuantos tanto defendieron la libertad de palabra.

 

 

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Las nuevas blasfemias

Por: Alfonso Carcasona 12-03-2015

"Fulano es un borracho,

Fulano es un borracho… es un borracho, Fulano es un borraaaacho” (referido un ejemplar futbolista 2015)

Este cántico, entonado en cualquier estadio de fútbol merece la condena, el rechazo y la sanción por los distintos comités antiviolencia de nuestro país. Insultar a uno de los nuevos dioses, jugadores de fútbol o de cualquier deporte, al árbitro o desear que un equipo pierda la categoría están prohibidos y penados en nuestro ordenamiento. O sea, tenemos una sociedad extremadamente sensible a que toquen a estos dioses, nacidos del pan y circo necesario para mantener a nuestra sociedad adormecida. 

Sin embargo, pintar a Mahoma con cuerpo de perro, al papa en actitud pedófila, a Jesús cocinado en un horno o a Moisés en un chiste verde, debe ser considerado, por muchos, libertad de expresión. Algunos se hacen cruces de que nuestro código penal todavía considere blasfemia como delito (de difícil aplicación, ya que no es popular entre el vulgo que nos gobierna), y piden su inmediata derogación. Ya no se trata solo del más elemental mal gusto. Se trata de molestara millones de creyentes en nombre del libertinaje de expresión.

Este fin de semana hemos vuelto a asistir a la barbarie de un atentado contra un dibujante que publicó viñetas manifiestamente ofensivas contra el Islam. Deleznable reacción que debe ser corregida de inmediato. No hay religión que no ponga la vida como el principal valor a defender. No es simétrica la reacción de ambos ataques. No es defendible de ninguna manera atentar contra una vida humana. Hay que condenar y trabajar para evitar que se vuelva a repetir algo así.

 

Pero también sería interesante que como sociedad nos planteásemos de verdad el concepto de libertad de expresión.  Desde los eventos deportivos, hasta asuntos más importantes: los sagrados.

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EL FINAL DEL INVIERNO

Por: Santos Urias 09-03-2015

Lo nuestro es el abrazo.

 Lo nuestro es el retorno, la restauración, la acogida, la esperanza contra toda esperanza. Sabemos muy bien del barro y de la ceniza. La destrucción propia y ajena forma parte de la agenda. Como decía el apóstol: “tantas veces hago aquello que no quiero”, lo que se clava en mi carne como un aguijón envenenado, lo que me rompe por dentro y, en ocasiones, por fuera. La santidad no es una hoja intachable de servicios, es un lento ejercicio de humildad. El que te devuelve a la centralidad, el que te sitúa bajo la mirada misericordiosa de un Dios Madre y Padre. Amaremos en la medida que nos sintamos agradecidos; en la medida en que seamos capaces de desprendernos de nuestra imagen exitosa, “bondadosa”, de reconocimiento, para tocar todos los rincones de nuestro espíritu: sin temor, puesto que “no hay temor en el amor”. 

El invierno, con toda su crudeza, desnuda los árboles, desborda los ríos, aísla con su manto blanco pueblos y aldeas. Asoman los primeros rayos de sol de la primavera que viene. Toca reconstruir, florecer, desprenderse de los mantos y de las mantas y ponerse frente al sol. Tiempo para la música y la danza, para la contemplación y la escucha, para el perdón y el silencio. 

 

Termina el invierno. Los primeros brotes asoman con curiosidad. Feliz Cuaresma. Feliz deshielo. 

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¿Miedo al papa?

Por: J. Lorenzo 09-03-2015

La especie no parece muy creíble,

pero circula por ahí, en los caladeros católicos del PP, quizás porque sospechan que Rajoy, efectivamente, les ha traicionado. Dicen ahora que el papa Francisco no vendrá a homenajear en persona a su admirada Teresa porque el Gobierno no le quería ver ni en pintura en año electoral. Que una cosa es ir allí, ponerse la mantilla si es menester, y visitarlo en el Vaticano, y otra topárselo aquí en todas las televisiones, con su sonrisa y desparpajo, soltándose la lengua tal y como andan las encuestas… Y ponen de ejemplo a Argentina, de donde Bergoglio falta ya desde hace dos años, pero donde tampoco pondrá el pie en vísperas electorales. Pensándolo un poco, tienen motivos en el PP para temer la sinceridad del Papa. Ahora que han desterrado el dolor de tantas personas al rincón de la historia –“triste, pero historia”, dicen–, decretando el bienestar general, imagínense a Francisco repitiendo ante los jóvenes en Ávila lo que ha dicho el 28 de febrero sobre el empleo sumergido o las 11 horas mal pagadas de trabajo en cualquier empresa. ¿Un obús contra la reforma laboral? No, pero sí, quién sabe… Pensándolo un poco mejor, ¿solo el PP tendría motivos para darse por aludido? Sin remontarse lejos, tan solo al primer Domingo de Cuaresma, Francisco invitó a “oponerse a la cultura de la muerte y ser testigos del Evangelio de la vida”. ¿Quiénes de los que están hoy en los muchos arcos parlamentarios del país –y cuántos de los que pugnan con ganas por estar en ellos– entrarían por el ojo de esa aguja? Es cierto que podrían sacar pecho –y lo intentan, ojo– quienes, como Francisco, abogan por poner en el centro a la persona en vez de a la economía, pero se olvidan de que el Papa pone también su ahínco en que las políticas de desarrollo social no solo aborden las necesidades económicas, sino también “la dimensión espiritual y moral de toda persona humana”, como reclamó hace una semana su representante en la ONU. ¿Y quién se toma hoy este aspecto en serio? Y ya si se le ocurriese recordar lo que afirmó en Il Messagero de que “la corrupción es un mal más grande que el pecado”, ¿quién se atreverá a lanzar la primera piedra? Ignoro si el Gobierno presionó o no para que no viniese a España este año, pero –también a tenor de lo que reflejan las encuestas- quien sí se alegraría de su visita es esa inmensa mayoría que está hasta el gorro de precariedad, ombliguismo y corrupción.

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HOMOLOGADOS

Por: Dolores Aleixandre 09-03-2015

Pierdo la "varita mágica"

 de calentar agua, un invento fantástico que uso en los viajes para tomarme un café temprano cuando la hora del desayuno “oficial” es tardía para mis despertares madrugadores. Entro en una ferretería a comprar otra: la que me enseñan es mucho mayor y además carísima, y la vendedora me explica el por qué del tamaño y el precio con esta sentencia contundente: “Es que está homologada”. Se me ocurren unas cuantas preguntas para saber en qué consiste la homologación pero, como no voy a comprarla, me abstengo de hacerlas. 

Salgo de la tienda dándole vueltas al valor añadido que ha supuesto la homologación y, de pronto, me parece una buena palabra para incorporarla al vocabulario cristiano cuaresmal. ¿En qué consistiría vivir homologados con el Evangelio? ¿Qué condiciones requeriría? ¿En qué se notaría el cambio? ¿Cuándo nos deshomologamos?  

Cuando me impongan este año la ceniza, creo que voy a traducir así la llamada a la conversión: “Homológate con Jesús y cree en el Evangelio”. 

 

 Menuda tarea tengo por delante.

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