Lunes 25 de Septiembre 2017

Sobre tarjetas, dineros y otros asuntillos

Por: Dolores Aleixandre 26-10-2014

Como andamos revueltos con los asuntos

 de las tarjetas mágicas y los dineros que algunos  conseguían tan contentos sólo con meterlas por una ranurita y escribir cifras astronómicas,  he acudido al  “cajero bíblico” para explorar qué saldo y qué cifras arrojan y obtener algún que otro criterio. Hay tanas alusiones a lo económico que he tenido que seleccionar datos y entre ellos  me encuentro, por ejemplo, con el tema de las tasas que es lo más parecido al IVA en aquel tiempo: la cuantía del impuesto que fija el libro de los Números por rescatar a un varón primogénito y que el niño no tuviera que quedarse de plantilla en el templo es de cinco siclos de plata. O sea que, actualizando el dato a nuestra moneda, Jesús fue tasado en unos 185 euros cuando tenía un mes, pero de mayor se revalorizó y Judas lo vendió por 30 monedas que era lo que costaba un esclavo, unos 1050 euros. No consigo calcular qué fianza hubiera tenido que depositar si hubiera pretendido que lo soltaran Caifás o Poncio Pilatos.

Como nunca perteneció al gremio de los premiados con tarjeta,  no pudo permitirse pedir  tener  casa propia y ni siquiera pedir un préstamo para la hipoteca, así que se conformó con no tener donde reclinar  la cabeza y  se apuntó al colectivo  “huéspedes del aire”, compartiendo anticipadamente la suerte de los desahuciados.

 De otros préstamos sí que dispuso, como el borrico en el que se montó para entrar en Jerusalén.  El evangelio de Marcos da muchos detalles de la operación: la condición que pone Jesús a la hora de pedirlo prestado era que no hubiera servido antes como montura, una manera de decir que no pertenecía aún a la esfera de lo útil. Si estaba atado junto a una puerta es porque tenía dueño y Jesús que, va a disponer de él sin ser su propietario,  promete que va a devolverlo pero no ofrece más aval ni garantía que el empeño de su  propia palabra.

 Último recuento de sus posesiones: al final sólo tenía  la túnica que llevaba puesta y acabó convertida en objeto de rifa porque los soldados que le despojaron de ella pensaron que eso les traía mejor cuenta que repartírsela hecha pedazos.

Pablo lo dirá más tarde con su lenguaje contundente: “Ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre  para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor 8,9). Qué cosa tan disconforme, qué afirmación tan peregrina, qué convicción tan extravagante. Sólo los que se han decidido a creérsela se atreven a decir que es verdad.

 
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El Imperio del Ratón

Por: Jose Maria Marquez Vigil 26-10-2014

No es que esté muy a favor de los "Imperios del León",

de la opresión que puede llevar consigo el Poder con mayúscula, pero tampoco me caso con este otro tipo de ratones que ahora nos dominan y esclavizan sin ni siquiera darse a conocer… ¿Quiénes son y porqué les debemos pleitesía?

Otros héroes no casados con el poder como Robin Hood o el Cid cuyos nombres eran jaleados por la muchedumbre, o héroes de la solidaridad con los más desfavorecidos como los ya tristemente fallecidos Misioneros de San Juan de Dios, el Padre Miguel y el Padre Manuel, o tantos otros entre los que siempre tengo que recordar a mis admirados Gandhi y Madre Teresa, tienen nombre y apellido. Pero @1990ciberanonymous87… ¿Quién es y porqué se puede meter en nuestra casa, en nuestra vida, y amenazarnos impunemente pisoteando el derecho a la expresión de nuestros más enraizados valores de solidaridad y justicia?

No entiendo cómo ni porqué les hemos llegado a dar ese poder, pero mucha gente está asustada, por no decir otra palabra que suena más fuerte... A ver quién es el guapo que defiende desde su propio Blog o su Facebook el derecho a vivir del no nacido, o el derecho que ahora tiene a recibir ayuda el extremeño que ha subvencionado durante tantos años la industria textil catalana… Yo mismo puedo tener una opinión contraria en ciertas circunstancias, pero me sigue sorprendiendo enormemente que derechos fundamentales como el derecho a la vida o la solidaridad entre las regiones se puedan llegar a convertir en incómodos y políticamente incorrectos, y que sus defensores tengan que esconderse…

Venga, me voy a atrever a decir la palabra, voy a echarle valor… ¡Excálibur! ¡Ya está! ¡Lo he dicho! Y ahora van y me linchan… De hecho, aunque parezca increíble, ¡hemos recibido amenazas de muerte por mencionarlo, igual que aquellos fanáticos del Islam que querían asesinar al escritor Salman Rushdie o al autor de las caricaturas de Mahoma!

Todo empezó hace un par de semanas, cuando ingresaron a Teresa Romero, y multitud de gente se echó a la calle en defensa de su perro... En tan solo unas horas se reunieron 450.000 firmas para que se tratara al perro y ya sabéis lo que pasó después. 

Personalmente me encantan los animales y más los perros, pero habida cuenta que el tratamiento del Ébola cuesta al sistema sanitario español la friolera de 2 millones de euros por enfermo, y que en estos momentos no se está tratando correctamente a los africanos infectados con Ébola (ni tan siquiera hay fondos asignados para tratar una gripe o un esguince a los sin papeles en nuestro país, y por ese mismo motivo, les echamos a palos de la Valla de Melilla...)… Por todo ello escribí un tuit, tal vez políticamente incorrecto, que venía a decir que la vida de un perro vale más que la de un africano (https://twitter.com/jm_elbarbas/status/519930984738095105). Nadie vio este tuit, pero pocos días después otra voluntaria de Africa Directo subió un post parecido a Facebook y enseguida se hizo viral visitándolo 2 millones de personas (https://www.facebook.com/154243311279767/photos/a.562245580479536.1073741829.154243311279767/725527567484669/?type=1&theater ). Numerosos animalistas se metieron en nuestro Facebook para insultarnos, calumniarnos e incluso amenazarnos de muerte. ¿Y quiénes son estos animalistas? Yo he visto alguna vez en la tele a esas mujeres de torso desnudo y casco vikingo que se pasean vociferando por las plazas de toros, asombrosamente parecidas a las que también semidesnudas se presentaban en la Conferencia Episcopal lanzando a sus miembros ropa interior pintada de rojo… Habrá animalistas de ésas, que supongo son las que escribían los comentarios más sangrientos, pero también habrá muchas otras más normales que sienten compasión por Excálibur, como nosotros, pero que no están dispuestas a comprender que esto es como el “Un, Dos, Tres…” y hay que elegir… ¿La Calabaza o el Apartamento en Torrevieja? Por supuesto que no comparto que hayan sacrificado a Excálibur, pero con la escasez de fondos que tenemos... ¿curamos a Excálibur o a los cientos de miles de sin papeles que están en España fuera del Sistema Sanitario?, ¿o a los miles que quieren entrar por Melilla?, ¿o a los millones que viven y mueren en Africa a los que se les ha cortado ya el grifo de la Cooperación?

Nadie ha hablado del Nigeriano que murió en Barajas el otro día. Se ha decidido sin derecho a réplica que era un traficante, lo cual es posible pero no probado, pero antes de que nadie lo sospechara se le dejó morir por si acaso tenía el Ébola. ¿Le habría salvado llevar a mano un disfraz de Pluto? Cualquiera se atreve a tuitear ahora un mensaje en este tono…

El ratón permite a los anonymous votar donde van las subvenciones, callar a los demócratas, amenazar a los valientes, juzgar a los inocentes… ¡A golpe de click! Sigamos luchando por un mundo en el que un día rija el Imperio de la Hormiguita, ni León ni Ratón, la pequeña y trabajadora hormiguita que granito a granito, humildemente, sin descanso, se enfrenta a inviernos y construye un hormiguero, un país, un mundo, a prueba de “Trolls”.

 
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EL EGOLA

Por: Santos Urias 17-10-2014

No, no está equivocado.

Este es el virus más letal y contagioso. El que nos aísla de la gente, el saca lo más bajo de nuestros ser, el que vive anclado en el miedo. Claro que es comprensible, tanto como que forma parte de nuestra condición y no seré yo quien se convierta en juez de los sentimientos de nadie. Pero también conviene conocer nuestras amenazas, aquello que nos hace débiles como personas y como sociedad.

El espectáculo de estos días hablaba un poco de eso.

Situaciones que nos desbordan y que más allá de las legitimas responsabilidades que se puedan exigir, nos recuerdan que no somos dioses, y que la naturaleza se encarga constantemente de ponerlo ante nuestros ojos aunque sea con realidades tan duras y crueles como la de la enfermedad y la muerte. 

Insensibilidades que son el exponente de nuestra humanidad: El ébola existe si entra en mi casa. Pueden morir cientos de miles en África ante la indiferencia o la pena inerte ante un televisor, pero si una vecina enferma se activan nuestras defensas. ¿Solidaridad? ¿Miedo? Una enfermedad de décadas que sólo se tomán en serio las organizaciones y las farmacéuticas cuando llama a nuestra puerta en forma de epidemia. (¿Dónde está la malaria?)

Recordarnos con rostros concretos que los profesionales tienen mucho de vocación y de servicio. Médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadores, misioneros, religiosas, cooperantes, gente de a pie… Aquí o allá. Los que se dejan rozar con la prudencia del sentido común, pero sin que el miedo a vivir les atenace.

Sigue sorprendiéndome ver gente durmiendo en la calle, niñas embarazadas sin futuro, abuelos en las residencias o en las viviendas solos, con la única compañía de un botón rojo, alarma de una sociedad en destrucción. Y en las redes manifestaciones, mensajes, un movimiento ciudadano que lucha por la vida de un perro. Amo la naturaleza y me encantan los animales. Especialmente verlos en libertad, como a las personas. Y creo en la defensa de sus derechos. Pero no comprendo lo segundo y que ante lo primero miremos hacia otro lado. Quizás es más fácil acariciar a un cachorrillo que visitar a una abuela. 

El egola se contagia con facilidad. Pero existe vacuna: la “sensibilicina”. Despertar nuestra sensibilidad; escuchar, mirar, comprender, aceptar, compartir, darse cuenta que los problemas de los demás son mis problemas. Dosis de ternura para sanar nuestras heridas.

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La cultura del secreto

Por: Juan María Laboa 09-10-2014

Todo poder, tanto político como eclesiástico

 mantiene con constancia y argucia la política del secreto, oculta los desmanes de sus miembros, utiliza cuando ha sido descubierto el argumento del “tú más”, que no justifica nada, pero amplia la presencia de la basura.

La transparencia no forma parte de los usos del poder y cuanto más poder se detenta más posibilidades tiene de ofuscar la claridad, la verdad y la realidad, pero para ser realistas, todos nosotros tenemos una capacidad desconcertante de engañarnos a nosotros mismos, de mentirnos y de mentir, de engañarnos y de engañar.

En la Iglesia, con demasiada frecuencia, se ha tapado la verdad con el argumento de que no había que escandalizar a los débiles. En realidad, los débiles no eran escandalizados, porque eran conscientes de la debilidad humana, pero sí eran penalizados y apaleados. El tema de la pederastia ha sido un pecado gravísimo que ha resultado más penoso por no haber sido señalado y castigado a tiempo, pero creo que podemos afirmar que el pueblo fiel ha soportado y sufrido muy a menudo a sacerdotes pecadores, dogmáticos, irritables e intolerantes, que han permanecido en los pueblos demasiado tiempo sin que la autoridad eclesiástica les liberara de ese castigo.

Jesús definió a su apóstol Natanael como un hombre sin falsedad, un elogio extraordinario de quien se había proclamado como la verdad y la vida.  Un hombre sin tapujos ni dobleces, una persona transparente, capaz de ir por la vida con el sí y el no. Un hombre que no hablará de Dios en vano.

 

En una situación como la nuestra en la que la verdad se diluye, se enmascara, se maltrata, aspirar a la transparencia en nuestro modo de vivir y de relacionarnos con los demás constituye un programa de vida que valdría la pena intentar porque todo resultaría más fácil y mejor. Una sociedad que viva en la verdad compartida debe resultar gozosa y maravillosa.

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¿Te vienes a Sierra Leona?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-10-2014

Suena a broma.

¿Es que alguien va a querer irse ahora a Sierra Leona? Os reconozco que yo estoy tentadísimo, y seguro que vosotros lo estaríais también si entendierais lo que esa pregunta conlleva realmente… En cualquier caso, os voy a pedir que vengáis a “otra Sierra Leona” y… ¡¡¡espero que os traigáis a todos vuestros amigos y conocidos!!!

El otro día me reencontré en Africa Directo con Coco, un voluntario que ha vivido ya un par de años en Sierra Leona. Este año fue muy complicado para él, y sufrió lo indecible para volverse a España en Agosto, cuando las fronteras se habían cerrado por miedo al Ébola. Lo mejor era cerrar bien cerrado todo el país, como la serie esa de “La Cúpula”, y tirar la llave al Mar… ¡¡¡Así no nos contagian!!! Finalmente Coco consiguió venir a España via Senegal con Cristina, su chica, y aquí están ahora aunque… Coco se vuelve en unas semanas. No puede seguir aquí tranquilamente sabiendo lo mucho que puede hacer ahí y lo mucho que se le necesita ahora. Ya estamos otra vez con la parábola de los talentos…

Me acordaba de un episodio de mi niñez. Siendo un renacuajo, mi madre me llevaba en su coche todo repeinado y arreglado. No recuerdo donde me llevaba, pero si recuerdo la sensación de confort y limpieza con la que iba sentado tras ella, con ella… Y de repente ¡CRASH! Una moto con una pareja joven salió de una casa sin mirar y se estrelló al encontrarse frente al coche. Los dos chicos, él y ella, estaban tirados en el asfalto, la moto destrozada como sus ropas, y sangre por todas partes. Gracias a Dios no pasó absolutamente nada (aunque en esa época la gente iba en moto sin casco…). Pero la sangre es muy escandalosa y mi madre salió corriendo a por ellos para meterlos a los dos dentro del coche y llevarlos a un Hospital. ¡Qué asco!”, pensé… Tengo metido dentro de mi recuerdo el repugnante olor a sangre y heridas abiertas, y mi desagrado ante las manchas que esos dos extraños estaban dejando en el coche de mi madre en el que minutos antes iba yo tan limpito y a gustito…

He repetido varias veces las palabras “coche” y “limpieza”, pero realmente es la sensación que tenía. De estar resguardado en el terreno de mi madre (ese coche, que no recuerdo ahora pero probablemente sería un mini…) y del entorno de confort y limpieza que me rodeaba. Y supongo que es así como nos encontramos todos en nuestra casa, nuestro trabajo, nuestra familia… Limpitos, confortables, lejos de ese país “que nos quiere contagiar y fastidiar”.

Supongo que la madurez consiste en crecer desde ese niño que va limpito con su madre, y aprender de esa madre que se olvida de todo y corre a por “el prójimo”. No podemos crecer si no crecemos también en solidaridad hacia ese prójimo que nos expande desde nuestro ombligo hasta la infinitud del mundo… ¡Y esa es la lucha!

Mirando entonces la amenaza del Ébola desde este otro punto de vista más cristiano podremos entonces entender las razones y las palabras de Coco. Como él dice, esta terrible enfermedad ha matado en Sierra Leona a algo más de mil personas. El número de infectados puede ser el doble, pero el de afectados es…. ¡cien veces superior! Para evitar el contagio se han cerrado los colegios, los mercados… La gente tiene miedo de viajar en el autobús pegado a otro, o comprar los tomates al que los cultivó y necesita ahora venderlos… Se han abierto muros entre las personas, y eso en la economía de subsistencia de uno de los países más pobres del mundo significa un muro a la circulación del dinero y al desarrollo socioeconómico. El número de desplazados que han aparecido en las ciudades huyendo de las zonas de mayor contagio se cuenta en decenas de miles, y el número de huérfanos del Ébola también. En África, la familia extendida (tíos y vecinos…) se ocuparía del niño que perdió a su padre en un accidente de autobús o a su madre dando a luz, pero una madre que murió de Ébola puede habérselo contagiado a sus hijos, y ante el miedo es difícil arropar a ese niño desvalido y dejarle un sitio junto a tus propios hijos…

Coco ha estado construyendo varias Escuelas, una de ellas con fondos de Africa Directo (se pueden ver fotos de la escuela pinchando aquí: http://t.co/5smFhGH5i8 y aquí: http://t.co/E2qtALi69Y ). Pero ahora vuelve para ponerse a las órdenes de los Salesianos y colaborar con su programa de atención a los niños de la calle. Las calles se han llenado de huérfanos, desplazados, los más desvalidos y pobres entre los pobres a los que hay que alimentar. En un país en estas condiciones tan solo los religiosos se quedan a ayudar a los más necesitados porque su compromiso es más importante que su recuerdo de “estar limpitos en el coche”, y Coco se va con ellos.

Nosotros podemos irnos con Coco. El Viernes 17 de Octubre Africa Directo va a hacer una Fiesta en la Casa Club, en la calle Pinar 17 (frente al Instituto de Empresa, en Maria de Molina). Va a estar muy bien. Cena tipo cocktail con bebidas por solo 25 euros, en un sitio espectacular y un ambiente único. En un sitio así no nos puede dar ninguna vergüenza ofrecer, invitar e incluso “presionar” a nuestros colegas y amigos para que vengan, disfruten y conozcan a Coco que nos contará lo que va a hacer. Con nuestro donativo se pondrá en marcha el programa de ayuda a los niños de la calle afectados por el Ébola, con lo que tenemos que ser muchos ya que cuantos más seamos más ayudamos. Puedes ver la información sobre el evento en este link:

http://www.africadirecto.org/index.php?m=Eventos&op=ver&eid=262

Vente y traete a muchos, y que ellos se traigan a muchos más!!!! Traeros cada uno a un mínimo de 17 amigos el día 17 a la calle Pinar 17… Y seguro que al menos 17 niños os lo van a agradecer! Yo también os lo agradezco en su nombre.¡GRACIAS!

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AMIGOS

Por: Dolores Aleixandre 04-10-2014

Los sabios de Israel decían cosas cargadas de razón,

 que para eso eran sabios, y al tema de los amigos le dedican sentencias fantásticas: “Al amigo fiel tenlo por amigo; el que lo encuentra, encuentra un tesoro; un amigo fiel no tiene precio ni se puede pagar su valor; un amigo fiel es un talismán…”(Eclo 6,16); “Amigo nuevo es vino nuevo: deja que envejezca y lo beberás” (Eclo 9, 10); “En toda ocasión ama el amigo, el hermano nace para el peligro” (Pr 17,17)…

A la hora de contar historias de amistades, ahí están Rut y Noemí, nuera y suegra, que lo tenían difícil para ser amigas: no coincidían ni en edad, ni en patria, ni en lengua, ni en cultura, ni en religión. Pero eran viudas sin hijos y emigrantes sin un céntimo y se las apañaron para establecer entre ellas un precioso vínculo de complicidad y cooperación. Tejieron entre las dos una sagaz trama en torno a Booz,  un soltero ya madurito y con posibles; él terminó por enamorarse de Rut, la cosa acabó en boda y nació un niño que iba a ser nada menos que abuelo de David.

Otros amigos de renombre fueron David y Jonatán, una amistad que surgió de manera fulminante: “Jonatán se encariñó con David y lo quería como a sí mismo;  se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, y también su ropa, la espada, el arco y el cinto”. (1 Sam 18, 5-7). También David lo quería muchísimo, tanto que, cuando se enteró de su muerte en combate se puso a llorar y gemía: “¡Jonatán, herido en tus alturas! ¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más maravilloso que el amor de mujeres…“(2 Sam 1, 27). Y que nadie piense lo que no era: David tenía concubinas por un tubo,  además de aquel affaire con Betsabé que pueden leer  en 2 Sam 11. 

Pero todo esto es nada en comparación con la amistad entre Jesús y sus discípulos. Es verdad que él tenía inmensa compasión y ternura con la gente machacada que se iba encontrando, y por eso los sanaba y se acercaba a ellos y les decía palabras de ánimo, pero amistad, lo que se dice amistad, con quienes la tuvo fue con los Betania’s brother and sisters y con el grupo de amigos y discípulos que iban con él (mujeres incluidas): pasaron mucho tiempo caminando, descansando y comiendo juntos, compartiendo alegrías y rechazos, hablando de las cosas del Reino. Él buscaba su compañía, excepto cuando se marchaba solo a orar: había en él una atracción poderosa hacia la soledad y a la vez una  necesidad irresistible de contar con los suyos como amigos y confidentes. Al principio ellos creyeron merecerlo: al fin y al cabo lo habían dejado todo para seguirle y se sentían orgullosos de haber dado aquel paso; les parecía natural que el Maestro tomara partido por ellos, como cuando los acusaron de coger espigas en sábado y él los defendió (Mc 2,23-27); o cuando el mar en tempestad casi hundía su barca y él le ordenó enmudecer (Mc 4,35-41); o cuando volvieron exhaustos de recorrer las aldeas y se los llevó a un lugar solitario para que descansaran (Mc 6,30-31). En la escena de la transfiguración, en medio de resplandores, blancuras refulgentes, visitantes ilustres, nube y voz del Padre, Jesús no pierde de vista ni un momento a sus tres amigos, acobardados y encogidos en medio de semejante apoteosis. Se acerca a ellos,  los toca para tranquilizarlos y es casi como si  le dijera al Padre: “Hablamos luego, Abba. Ahora llévate a la nube, que se me están asustando estos chicos…” (Me van a echar de la asociación de biblistas por hacer este tipo de exégesis…)

En los preparativos de la última cena, ni una referencia por parte de Jesús a ritos, ázimos, cordero, oraciones o lecturas: quiere cenar con sus amigos y para eso necesitan encontrar una sala en la que haya espacio para estar juntos esa noche,   sólo con lo necesario para celebrar entre amigos. “Iré delante de vosotros a Galilea”, les dijo,  y será ahí donde se reencuentran gozosamente junto al lago. 

La Pascua ha ensanchado el círculo y ahora esa experiencia de amistad con el Viviente está abierta para todos nosotros.  Un sufí decía:  “Viendo las huellas dejadas por la brisa, mido lo que será el Huracán de la alegría”. 

Esa alegría única que posee el Amigo que nos espera en Galilea.

 

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VAMOS QUE NOS VAMOS

Por: Santos Urias 03-10-2014

Vamos que nos vamos.

 El tiempo está de tormenta: “que llueva, que llueva...” Gente que corre sin saber muy bien hacia donde. Gritos y pataleos. Alguno que se siente profeta y se agarra un cartel y sale a pasear: no importa mucho lo que diga, pero que esté envenenado. Los de corbata con su corbata, creyendo que el traje gris les inmuniza de la verdad y de los besos. En un rincón con sus barbas los vendedores de humo: “baratito que estamos de oferta; como las sirenas de la Iliada, sabremos decir lo que tus oídos quieren escuchar”. Y los cabreados quieren escuchar de todo, pim, pam pum, hartos de la casta Susana, la habrían seducido para denunciarla y manchar su reputación. Y qué fácil es seducir con becerros de oro, con fiestas y oropeles.

Algunos dicen: para este viaje no necesitaba alforjas. Aprovechan la confusión para encerrarse en su casa. Es mi casa, yo soy el dueño, mis cosas, mi perro, mi canario, mi cocina... Y los vecinos desde el patio le miran con perplejidad: “¿pero que le pasa al del tercero? Comenta que él se borra de vecino. Vaya lio, ¿no? ¿Y el pasillo? ¿Y el patio? No importa, que se borra, que es un pálpito”.

Y unos cuantos imaginan y hacen malabares con los versos. La poesía y la música se han convertido en contrabando: traficando con la belleza. Y la gente no se extraña de que alguien quiera morir; “a mí me parece bien, es su derecho”. Anda como el del tercero. “Mi casa, mis cosas, mi perro, mi canario, mi decisión...” Mi, Mi, Mi; no sé a esto le faltan notas; algún Fa, algún Re, pero sobre todo algún Sol. Algo que ilumine un poquito y que nos haga menos egocéntricos tal vez...

Parece que el mundo anda loco, y que conste que la locura me pone. Tengo amigos desequilibrados: los quiero, me quieren; me enseñan a reír, a callar, a rezar... Yo también ando en locuras: me paro con los transeúntes a charlar, disfruto con una conversación, pienso en alto, intento ser autocrítico, hago meditación, no considero casi nada de mi propiedad, y lo que es más grave: tengo amigos de verdad. No de los que te dan la razón, si no de los que razonan contigo.

Que no decaiga la fiesta, que nos embriague la vida, que las antorchas sigan ardiendo. Vamos que nos vamos. Este viaje continúa.

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