Domingo 23 de Julio 2017

POR LA UNIDAD

Por: Santos Urias 31-01-2014

Hemos terminado una semana de oración por la unidad de los cristianos.

Preguntaba en la misa sobre la intención de nuestra oración durante estos días; algunos me miraban con sorpresa, otros bajaban la vista, algún murmullo respondía: por la unidad, por la unidad… 

 

Uffff, y a mí se me lía mucho la cabeza con esto de la unidad y la diversidad. Y creo que además de con “doctrinas y principios” tiene bastante que ver con conocerse, respetarse, quererse. No sé un poco a lo Jesús: Eso se salir a la calle y frecuentar a los enfermos, a los desvalidos, a las prostitutas, a los publicanos de nuestro tiempo. Eso que sin duda va a dar que hablar y va a provocar. Eso de amar al enemigo, si al enemigo, porque si amas al que te ama ¿qué merito tienes? eso también lo hace el resto de la gente. Ofrecer tu capa, tus sandalias, tu casa, tus bienes, no sólo los que te sobran, porque esa viuda ha dado de lo que necesitaba para vivir, y así se hace camino juntos, con media capa, medias sandalias, medios bienes que saben más a bienes que a males. Mirar más a los ojos y menos a la cartera, abrir los oídos, callar y no juzgar, porque con la medida que midas te van a medir, y puede que no haya vara de ese tamaño. Y soñar, soñar, soñar, bienaventurados, dichosos, felices, no lo olvidemos, ese es nuestro destino, para eso vino Jesucristo. 

Siempre se puede sacar punta, marcar territorio, instalarse en la queja, confrontar, herir, insultar… incluso crucificar. Hasta con esos: perdónales Señor porque no saben lo que hacen… 

 

¿Cabe más ejemplo de comunión? 

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Los "cristos derrotados" de la vicepresidenta

Por: J. Lorenzo 27-01-2014

No soy de los que se escandalizaron cuando,

 hace dos años, la mismísima vicepresidenta del Gobierno fue invitada a pregonar la Semana Santa desde la catedral de su Valladolid natal. El Código de Derecho Canónico –es un decir, claro– puso el grito en el cielo porque el Ayuntamiento (sí, el Ayuntamiento, pero esa es otra historia, y larga) había invitado a Soraya Saenz de Santamaría, casada ante los hombres pero no ante Dios, a dirigir a sus paisanos, desde tan solemne lugar, unas reflexiones sobre un acontecimiento de gran trascendencia para la vida de los cristianos.

No escuché de sus labios las barrabasadas que presagiaban escribas de toda condición, algo que no puedo decir de curas que relacionan estos días, desde lugares también acogidos a sagrado, cánceres y otros males con la homosexualidad…

Más me han chirriado sus declaraciones sobre la revuelta ciudadana en el barrio burgalés de Gamonal, que logró paralizar unas obras que los vecinos consideraban innecesarias ahora ante problemas sociales más acuciantes que no tienen respuesta: “Todos los indicadores ven una recuperación económica que no sé si casa mucho con las protestas sociales”, dijo.

Parece que la vice ya ha olvidado que España está viviendo una fractura social de la que no se sale con dos trimestres consecutivos de índices raquíticos (algunos dicen que ni en dos décadas de bonanza post reforma laboral), que un 20% de sus compatriotas vive sumido en la pobreza, que hay miles de familias que no tienen a ningún miembro trabajando, que muchos de esos parados jamás encontrarán un empleo en su vida porque ya forman parte de los márgenes o que el hambre ha vuelto a asomar la patita en las pesadillas infantiles.

Aunque desde sus altas responsabilidades la vicepresidenta no los reconozca ahora, todos ellos son esos “cristos derrotados y vírgenes atribuladas” que ella veía, aterida de frío, en aquellas semanas santas en su Valladolid de “niebla y capuchones”. Y se merecen, como aquellas tallas con “el dolor cincelado en madera” que transportaban en los pasos que conmovían su mirada infantil, cuando menos, un silencio respetuoso, si no una disculpa.

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PADRE SI HAY MAS QUE UNO (II)

Por: Jose Maria Marquez Vigil 26-01-2014

A los malos fisionomistas se nos nota en seguida.

 Por eso tenemos que mirar a la gente con sonrisa de bobalicón a todas horas, como si les conociéramos perfectamente…

Madalitso me sonreía y por supuesto yo a él también. Pero no tenía ni pajolera idea de quién se encontraba frente a mí en medio de ese vergel malawiano. Fue entonces cuando me llamo “padre”...  Gracias a Dios, como “he sido siempre muy santo”, no tuve que preocuparme en ningún momento por el apodo. No había duda sobre mi ausencia de autoría en la paternidad biológica de Madalitso, así que debería encontrar su explicación en el titular de esta columna…

El programa de los huérfanos fue avanzando, y con él, algunos chicos como Madalitso tuvieron una segunda oportunidad. Cuando me explico con más detalle recordé como una vez estuve en su pueblo para celebrar que un chico de su aldea iba a ir a la Universidad (se trataba de “Mada”, y era el primer caso). Había venido TVE a rodar un documental sobre mi vida en Malawi (si alguien está muy aburrido puede verlo aquí: http://www.africadirecto.org/index.php?m=Video&op=ver&vid=5 ). Y casualmente ese gran día de Madalitso salió también en el telediario.

Han pasado ya 10 años desde entonces y el programa siguió extendiéndose gracias a los numerosos sablazos que di a varios amigos y familiares, incluyendo a Don Felix y Don Jose Maria, quiénes dieron el empujón definitivo al programa desde el cepillo de la misa dominical en la iglesia de la Anunciación de Ntra. Sra. Y estos muchos amigos, mis familiares, los feligreses de mi Parroquia, ¿son todos también padres de Madalitso?

Mada me enseñaba orgulloso uno de los huertos que coordina dentro del programa de apoyo a los huérfanos de Mtendere. Tras sus estudios en la Universidad de Bunda empezó a trabajar para las actividades comunitarias del Hospital de Mtendere, el cual recibe ayudas de la Fundación EBRO FOODS por medio de Africa Directo, al igual que Alinafe (de donde salió Madalitso). Uniendo sus conocimientos de Nutrición y Agricultura, y añadiendo a todo ello su energía y su gran corazón, Madalitso se ha convertido también en “padre” de muchos otros huérfanos y de jornaleros que le conocen como “60/40”, ya que ha instaurado un sistema para que las Comunidades nos cedan campos gratuitamente. El Programa de Apoyo a los huérfanos de Mtendere, con la ayuda de Africa Directo, realiza numerosas inversiones en dicho campo (acceso al agua de un río o similar, acequias, etc.) de tal forma que, con la incorporación del trabajo de unos 8 a 10 jornaleros (que se benefician también del programa) producen maíz y diferentes productos hortofrutícolas hasta tres veces al año entre la temporada de lluvias y las cosechas adicionales obtenidas por medio de la irrigación de los campos. La cosecha se divide de tal forma que el 60% se lo reparten los jornaleros que trabajaron la tierra, y el 40% restante se reparte entre los huérfanos y otros grupos vulnerables de la Comunidad. El programa es un auténtico éxito, tanto por que estimula la producción y con ella reduce las necesidades de sus beneficiarios, como por la disminución de los costes de intervención para colaborar con tanta gente necesitada que ahora se ayudan unos a los otros. Y el sistema se está replicando en diferentes zonas con la aparición de nuevos agentes de desarrollo dispuestos a copiarlo (los últimos han sido una importante institución oficial de desarrollo europea, que han ofrecido sus fondos públicos para ampliar el programa).

Siempre he tenido que escuchar numerosas críticas al programa de apoyo a los huérfanos. “¡Es puramente asistencialista!”. “¡No es sostenible!”. Me decían a menudo. Pero los que nos hemos educado con miras a la Providencia en la que depositaba su confianza la Santa de Calcuta, sabíamos que la primera ayuda de los primeros amigos sería seguida luego por otros, o por un nuevo evento benéfico, y entre tanto los huérfanos a los que habíamos apoyado inicialmente se transformarían también en agentes de ayuda para sus “hermanos”. Y así, “Padre” si hay más que uno. ¡Hay muchos! O dicho de otro modo, “PADRE” de verdad y con mayúsculas sólo hay uno, pero somos muchos sus mediadores en la tierra.

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Los jóvenes, para hacer bulto, no lío

Por: J. Lorenzo 20-01-2014

Hace ya tres años,

casi la mitad de los jóvenes españoles veía con pesimismo su futuro, según un informe de la Fundación SM. Hoy, según otro estudio, esta vez del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, también casi la mitad de la juventud (ojalá sea la misma porque, si no, puede arder Troya) se muestra dispuesta a aceptar cualquier empleo en cualquier lugar y con cualquier salario. Salvo para quien quiera montar un negocio en este tiempo de pícaros, es una noticia muy mala.

Decía el papa Francisco en Río de Janeiro que la juventud es la ventana por la que entra el futuro en el mundo. Y, sin embargo, se la estamos cerrando en las narices. A los jóvenes y al futuro, claro.

Todavía en la edad de la inocencia, de las ensoñaciones y de los castillos en el aire, resulta que la angustia remueve todas esas vaporosidades a nuestros chicos y chicas y los encadena a una triste realidad sin que, aparentemente, le importe demasiado a nadie. Tampoco a la Iglesia.

Y eso que esta dramática situación que hace que los jóvenes emigren a la desesperada, dejando atrás todo lo que más quieren, es una bomba lapa contra las familias, a las que, sin embargo, se siguen anclando porque es el único lugar –dice el estudio– que les genera seguridad y confianza.

En España, la Iglesia se ha acercado a los jóvenes para reclutarlos, darles unas camisetas de colores y pedirles que hagan bulto. Cuando algunos de ellos han querido “hacer lío”, en el sentido del papa Francisco, les han quitado las camisetas y, lo que es peor, una ilusión que a esas edades marca y acompaña a uno de por vida. Les han montado unos congresos en cuyos lemas aparecían consignas juveniles, pero donde los oradores rebasaban con creces la edad en la que solo la ONU le etiqueta a uno como joven y se acercaba más a la que se tiene cuando se disfruta de la consideración de “vaca sagrada”.

Decía también uno de aquellos informes de la Fundación SM que solo el 3% de los jóvenes cree que la Iglesia dice cosas importantes en cuanto a las interpretaciones del mundo. Y es posible que sobre esta crisis que les está afectando de manera brutal no oigan nada, ni importante ni frívolo. Solo un silencio atronador.

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Hacia un gran hermano real

Por: Alfonso Carcasona 18-01-2014

Me pregunto cuánto tiempo transcurrirá

 –si es que no hemos llegado todavía- hasta que las películas que hace pocos años catalogábamos de ficción, no se queden cortas en lo que parecían exageraciones imposibles.

Y no me refiero a los programas de espionaje que han salpicado y escandalizado a nuestra maltrecha opinión pública los últimos días. Espías han existido siempre, lo que ocurre es que en las películas sólo se espiaba entre países o grandes corporaciones, pero se dejaba en paz a la sociedad civil.

Hoy los estados no hacen más que espiar a las personas, a la sociedad civil, imponiendo cada día mas normas que asfixian nuestra existencia. Y lo hacen desde la total impunidad, derivada de nuestra aparente cesión de derechos fruto de nuestro contrato social. 

La penúltima, la de evaluar a los músicos callejeros para, en función de los criterios de quién sabe quién, decidir si tienen calidad suficiente para deleitar nuestras orejas. De ahí a regular cómo hemos de ir vestidos, un paso. Y eso lo hace el gobierno “liberal”, al que en teoría no le gusta regular nuestras vidas…

Además, tenemos la certeza de que todas nuestras conversaciones telefónicas se graban y escuchan. Incluso nuestras fotografías o videos, como las que publica el Mundo del sr. Blesa en cacerías, imagino que privadas (ya no). Esas conversaciones, como esas fotos, serán sacadas de contexto, caso de ser necesario, bien sea por cuestiones políticas o económicas. Dentro de poco hablaremos como los futbolistas en un partido televisado, con la mano delante de la boca. Los drones nos espiarán desde el espacio, programas informáticos escucharan nuestras conversaciones desde los bolígrafos, o encendiendo nuestro móvil sin que nos demos cuenta. ¿Ciencia ficción? Desafortunadamente no. Hoy es una realidad. Y además es tolerado por la sociedad y los medios.

En fin, una gran desazón me invade estos días. Ya nada es privado, sino la religión, como los socialistas parecen querer imponer ¡Pero qué sociedad más incoherente estamos construyendo!

 

 

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CON EL CALOR DE UN ABRAZO

Por: Santos Urias 16-01-2014

Nos reunimos con un grupo de familias.

 Es un día frío, en una sala fría, con una pequeña estufa en el centro. Hablamos de sentimientos, no muchos, no dispersos. Dos sentimientos: el que me quema por dentro, el que me cuesta verbalizar; y otro que me arranca una sonrisa, que me devuelve la paz. Compartimos en pequeños grupos, el ambiente se empieza a caldear aunque seguimos con los abrigos. Palabras sinceras, sencillas, precisas. Miradas cómplices, silencios sonoros. Una mujer no aguanta más. En sus ojos afloran unas lágrimas que dicen más que las palabras. No puede casi hablar, no hace falta. Los lenguajes son múltiples y esas gotas saladas describen algo que no siempre se puede contar, o que tiene que ir saliendo en pequeñas dosis, con la naturalidad que nace de la propia vida. 

Dejamos que un gesto sea el broche apropiado para ese momento: un cálido abrazo, un signo de acogida. Yo te recibo, recibo tu dolor, comprendo tu alegría. No hace falta decir nada. Las emociones expresan ese lenguaje tan humano, tan transcendente. 

El frío remite; sigue pegado a nuestra piel, pero admirablemente ha escapado de nuestros corazones. 

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RECORTES ANGELICOS

Por: Dolores Aleixandre 14-01-2014

Lo peculiar de estos recortes

consiste en que no son coyunturales sino permanentes. Año tras año, en las lecturas de los Evangelios de la infancia según Lucas, leemos al final de la escena de la Anunciación: “Y el ángel, dejándola, se fue”(Lc 1,38); y en la del anuncio a los pastores: “Cuando los ángeles se marcharon al cielo…” (Lc 2,15). Eso quiere decir que, tanto a María como a los pastores, les fue retirada la subvención angélica en un determinado momento y tuvieron que arreglarse con la Palabra recibida y  quedarse con la realidad tal cual,  aPalabrada, eso sí, pero sin rastro ya del apoyo de mensajeros celestes, resplandores, anuncios o cánticos.

 

Enero es un buen mes para ejercitarnos, pasada  la Navidad, en esto de acoger el modo de presencia del Señor en nuestras vidas que es la propia del “tiempo ordinario”. Más oscura, más silenciosa, más sobria pero tan radiante como la otra para quien tiene fe. Aunque se haya acabado ya el año que le habíamos dedicado.

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Fernando Sebastián

Por: Juan María Laboa 13-01-2014

Creándole cardenal ha restablecido la justicia

Describo con palabras de este domingo referidas al Mesías el cardenalato de Fernando Sebastián, una de las mentes más preclaras de la Iglesia española contemporánea, un obispo religioso, espiritual, intelectual, con gran sentido común, cuya trayectoria marca el sinuoso desarrollo de la Iglesia española durante los últimos decenios: “La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará”.

Rector brillante de la Universidad de Salamanca, consejero escuchado del cardenal Tarancón, cooperador decisivo de su famoso discurso de los Jerónimos, secretario de la Conferencia episcopal durante sus años más creativos y autor de espléndidos documentos de la misma durante su período más conciliar, más eficiente y más dialogante dentro de la Iglesia y con la sociedad.

Su actuación tanto en la Conferencia episcopal como en su entrega pastoral en León, Málaga y Pamplona, en tiempos dominados por el conflicto y la radicalidad, fueron marcados por su cercanía, su capacidad dialogante y su espíritu religioso. Siempre fue claro y nada político, de forma que consiguió prestigio en la sociedad civil y dentro de la Iglesia. Tal vez por esta razón, en un momento en el que la mediocridad ha dominado el mundo clerical, cuando la confrontación parecía sustituir el diálogo que marcó la transición, cuando el espíritu conciliar empezó a ser poco considerado, no solo no  han sido aprovechadas sus cualidades sino que ha sido marginado de manera inmisericorde, incluso en los años en los que los obispos le nombraron vicepresidente de la Conferencia.

 

Ahora, el nuevo papa le recupera de su retiro y, creándole cardenal, hace honor a un modo de estar y actuar en la Iglesia.

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De abortos y abrazos

Por: J. Lorenzo 13-01-2014

Hay demasiado ruido ambiental en las discusiones sobre el aborto,

demasiada contaminación ideológica que embota los sentidos y favorece que solo despunte el cacareo.

Abordar una cuestión como esta, tras la reciente reforma de la Ley Aído, debería hacerse siempre pensando que es un tema muy delicado que, en cualquier circunstancia, acarrea un dolor que, antes que a nadie, le estalla a la mujer, aunque no termine solo en ella.

El debate deberíamos dejárselo a los sabios, que –pueden estar seguros– aún quedan, aunque el fundamentalismo ideológico, por un lado, y el religioso, por otro, les tengan en sus respectivos ámbitos acogotados, temerosos de aportar palabras de sentido a una cuestión que, además, por increíble que parezca, empieza antes de la fecundación y no afecta, por tanto, al derecho a la vida. De ahí que hoy triunfe el discurso tuitero –“quitad los rosarios de mis ovarios”– y prolifere la especie de que la Ley Gallardón se debe a las presiones de la Iglesia.

Se lamentaba estos días el nuevo secretario general de la CEE de este “sambenito”, pero en esta etapa deconstructivista en la que él, por ahora, es la punta de lanza, le toca lidiar con esas acusaciones, no siempre infundadas. El maridaje de las últimas décadas entre política y religión (mejor dicho, entre el PP y una parte considerable de la CEE) es algo muy difícil de negar, y ha sido asimilado con toda naturalidad (lo que no quiere decir que sin estupor) por una ciudadanía harta de décadas de nacionalcatolicismo.

Hablaba estos días el Papa de la tarea fundamental de los docentes al “transmitir los valores, a través de los que se transmite también la fe”. Y pedía especial atención para no inocular en las nuevas generaciones “una vacuna contra la fe”.

Algo de esto ha pasado en España durante demasiado tiempo: la forma de decir y transmitir el Evangelio, más con “bastonazos inquisitoriales” (Francisco dixit) que “con dulzura, fraternidad y amor”, ha generado anticuerpos que desencadenan un rechazo visceral. Pero estamos estrenando, además de año, un tiempo nuevo donde se necesita más el abrazo que el reproche. Sobre todo en un tema como el del aborto.

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Ser cristiano

Por: Alfonso Carcasona 13-01-2014

Me perdonarán esta íntima confesión,

 que no pretende ser, para nada, teológica.  Según el francés Jean Delameau “…es una persona, ciertamente pecadora, y consciente de serlo, que antepone a cualquier preocupación la necesidad de su salvación y la de sus hermanos, y que está convencida que la salvación pasa por la asimilación del mensaje de amor y entrega de Cristo crucificado y resucitado.”

Vivimos en un mundo en el que es necesario encasillarnos. Somos de derechas o de izquierdas, el fútbol es la nueva religión, como titulan los medios de desinformación, por lo que apoyamos a muerte al Madrid, al Atleti o al Barcelona. Manifestamos nuestro patriotismo con  la selección nacional, la roja. Somos de Icade, de Deusto, del Iese, o de la Complu. Hasta en las actividades aparentemente más nimias, nos gusta pertenecer a algo, a algún club (de lectura, de cine, de atletismo, de natación, triatlón o esgrima).

Probablemente, somos capaces de definirnos como miembros de todos esos clubes. Soy de derechas o liberal, si creo que debe intervenir menos el estado, o de izquierdas, si creo en un mayor intervencionismo. Soy del Barsa si me gusta el buen fútbol (perdón por el guiño), o anti barsa si creo que son unos separatistas, entre otros muchos motivos que no nos costaría elaborar. Y podría seguir enunciando razones por la que quiero pertenecer a cada uno de estos grupos.

Sin embargo, si me pregunto por qué soy cristiano… no me sale tan de corrido.

Veamos, soy cristiano porque, me han bautizado, me confirmé, he hecho la primera comunión… Además, soy practicante porque procuro ir a misa los domingos, me confieso al menos una vez al año,… porque rezo por las noches, mecánicamente las más veces, …porque de vez en cuando doy limosna… porque dedico una parte de mi tiempo (poco, que tengo muchas otras cosas importantes que hacer) a los demás… porque me entristezco con el dolor ajeno…porque defiendo el derecho a la vida en el caso del aborto (aunque no lo tengo tan claro con la pena de muerte, o en las guerras, o en casos de defensa propia). Además escucho la COPE, voy a las manifestaciones que convoca la Conferencia Episcopal, y defiendo arduamente la posición que he leído en algún periódico o he oído en la radio, de la Iglesia.

Pero no, ser cristiano no es todo eso. Es más, muchas de las cosas por las que nos definimos como tales imagino que hacen gracia, o quizá causan tristeza, a Dios. Me encaja bastante bien la definición de Delameau del primer párrafo. Puede simplificarse, de manera lógica: ser crsitiano es seguir a Cristo, lo más fiel posible a su enseñanza y ejemplo. Tan sencillo y tan exigente. Un buen propósito para este año y el resto de nuestra vida, ¿no?

 

 

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¿Una Navidad desvaída?

Por: Juan María Laboa 09-01-2014

Iniciamos el año nuevo,


 se retiran las luces y los árboles coloreados de las calles, los niños vuelven al colegio y comienza, una vez más, la vida normal. Me quedo con un pensamiento que espero constituya ocasión de reflexión a lo largo de los próximos meses. ¿Estamos abandonando alegremente algunos de nuestros signos de identidad con la pretensión de ser políticamente correctos? ¿En qué consiste esta noción y que principios debemos sacrificar para conseguirlo?

Para muchos, incluso practicantes, la Navidad se reduce prácticamente a un cambio de regalos con influjos obviamente consumistas y a una ingesta descontrolada de comida y bebida. En las escuelas resulta problemática la presencia de pesebres  y signos navideños por miedo a incomodar a quienes pertenecen a otras tradiciones religiosas a no poseen ninguna. En las tarjetas de felicitación, a veces no se da ningún signo o palabra de qué es lo que se celebra si es que se celebra algo. Parece que la ocasión de la felicitación resulta simplemente indecible o enigmática. ¿Tenemos miedo, confusión, desconcierto, paranoia?

Tengo la impresión de que este planteamiento olvida y abandona la idea de laicidad como encuentro de culturas y religiones en el espacio público, dentro del respeto a las normas democráticas de convivencia, convirtiendo así la vida democrática en tierra de nadie, espacio vacío, privado de cualquier referencia a sentimientos entrañables de las personas.

De esta manera, se margina y olvida algunos de los sentimientos más profundos y arraigados de nuestra vida colectiva. ¿Podemos aceptar que la convivencia pacífica y feliz en nuestra sociedad solo puede darse olvidando y ocultando la historia, los valores y los sentimientos de nuestra historia y de buena parte de nuestros ciudadanos actuales, con el fin de contentarnos con solo aquellos rasgos culturales y sociales comunes a todos? A no ser que se exija esta limitación solo en el campo de los sentimientos religiosos.

 

Entre otras, esta constituye una tarea importante entre nosotros: mantener y enriquecer los rasgos de nuestra propia identidad en una sociedad plural, respetuosa y dialogante con las diversas culturas, opciones políticas y, desde luego, religiones, existentes en ella.

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Carmen, la poeta

Por: Alfonso Carcasona 05-01-2014

Siempre sonriente, atendiendo a su tía

 de nombre Carmen también. No recuerdo que haya faltado a ninguno de nuestros encuentros semanales de los miércoles. No ha tendido una vida fácil, pero ha salido adelante. Trabaja ayudando a una señora, que le paga su salario. Y cuando acaba de trabajar va al encuentro de su tía, a ayudarle en casa, a llevar su silla de ruedas.

En todos los cumpleaños escribe unas letras. Incluso a mi me ha dedicado algunas. Aprovechando cualquier papel, sea un ticket de la compra, o cualquier cuartilla, de la que apura todos los espacios, por delante y por detrás. 

Este año inició su biografía, a modo de novela. Nos leía orgullosa un capítulo cada semana. Vida dura, injusta, tremenda. Ante nuestra cara de espanto, tranquila, siempre decía… “¡y no ha llegado lo peor!”. Murió su hija. No ha terminado su historia, pero seguro que lo hará.

Ahora ha encontrado la felicidad con su novio, que en breve volverá a estar con ella. La vida los ha separado unos años, pero su fortaleza ha mantenido la relación. No es una situación fácil, pero a Carmen no le importa. Acostumbrada a lidiar con situaciones complicadas, nos enseña a no dejarse doblegar por las muchas insignificancias que nos agobian en el día a día.  Nunca la he oído quejarse, y por lo que sé, motivos tiene para ello. Pero, de qué serviría. De nada. Solo sirve seguir adelante, y buscar el lado amable de la vida, que siempre existe. Y ella es una experta en encontrarlo.

Carmen también escribe poemas, especialmente en Navidad. Le salen del alma, y ella misma los declama ante cientos de personas en la comida de Navidad. Tratan de la soledad, de la amargura, de dificultades… pero siempre acaban bien, con una sonrisa amable, demostrando que aunque la vida no sea justa muchas veces con ella, hay esperanza mientras haya amor.

 

 

 

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Dia Internacional de los Voluntarios

Por: Xabier Azcoitia 05-01-2014

El pasado 5 de diciembre de 2013,

 Naciones Unidas nos invitó a tener presente y a celebrar el Día Internacional de los Voluntarios, siendo el tema de este año: “Jóvenes del mundo. Activos”.

Con esta Jornada se pretende, según Naciones Unidas, “además de celebrar y reconocer el voluntariado en todas sus vertientes, rendir especial tributo a la contribución que realizan los voluntarios jóvenes a la paz mundial y al desarrollo humano sostenible”.

No son pocos los profetas de calamidades que refiriéndose a los jóvenes de hoy lo hacen desde la perspectiva en la que se considera que cualquier tiempo pasado mejor, pero según revelan los datos del Informe de Juventud en España 2012 realizado por el Instituto de la Juventud de España (INJUVE) lo más importante en la esfera pública para los jóvenes es, en primer lugar “ser leal a los amigos y a la gente próxima” y “la igualdad de oportunidades entre las personas”. Les siguen “ayudar a otros y preocuparse por el bienestar de los demás” y “cuidar el medioambiente”.

Esa motivación de ayudar a otros y preocuparse por el bienestar de los demás está en la base de muchos jóvenes que se acercan al mundo del sufrimiento ofreciendo su tiempo, esperanza y en alguna medida, búsqueda vocacional.

En este año 2014 también se celebra el 4º Centenario de la muerte de uno de los grandes reformadores del mundo de la Salud, Camilo de Lelis. Siguiendo el sendero por él iniciado hace ya cuatro siglos, quizá podríamos traducir el oro, el incienso y la mirra de estos días en otras ofrendas también necesarias para el servicio y la convivencia. Algunas de estas ofrendas pueden ser entrenarse en el ejercicio de la ciudadanía, aprender de la simetría moral, hacerse competente en el ámbito de la comunicación y de las relaciones, incorporar la autenticidad, la aceptación incondicional o la empatía al currículo de actitudes en la vida, abrirse desde la hospitalidad y la compasión a una visión más trascendente de la realidad, aprender a actuar en equipo, ayuda a construirse como una persona que está presente en el mundo, no pasiva sino activa, fundamentalmente compasiva, es decir, “con el corazón puesto en las manos”.

 

Feliz Año

 

 

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