Lunes 25 de Septiembre 2017

EMMANUEL

Por: Santos Urias 26-12-2013

El mundo da vueltas.

Y gira y gira. Busca el centro, un centro. Millones de astros a su alrededor, sonríen y se guiñan los ojos: parpadean, susurran, arden de emociones. Uno pasa por el cielo como si una tiza cruzase una pizarra de punta a punta. En su recorrido ha salpicado a la tierra. Se han oído llantos de niño en algún rincón de los suburbios. Es un llanto igual pero distinto. Los ojos se asoman por los bordes de las ventanas. Quieren ver lo sucedido, pero el miedo les impide salir a la calle. Un canto envuelve el aire de la noche. Es una melodía sencilla, que se cuela por los oídos pero llega hasta las tripas. Las bocas tararean, los ojos se atreven. Por unos segundos el mundo se detiene. La humanidad se tambalea, tropieza, se revuelve. Los niños siguen jugando, ellos saben de confianza y les sobran los prejuicios. Huele a guiso y a ternura. El crepitar de las llamas nos recuerda el fuego. El fuego del amor, el fuego del Espíritu. Va a arder el universo, ya está prendiendo. No es la fuerza, no es el dinero, no es el poder, no son los revolucionarios de espada o los que se creen como dioses los que transfiguran el mundo. Es una lágrima de piel que brota de la mirada de Dios. 

El verbo se ha hecho carne; demasiado grande, demasiado pequeño; como casi todos los misterios del amor. 

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Lo que odian no es la Navidad

Por: J. Lorenzo 23-12-2013

El hecho es real.

Lo padeció una colega que acaba de confesar desde su periódico que estas fechas le vuelven a hacer tilín, aunque el proceso ha sido lento y laborioso. Seguramente, lo de la misa del gallo le parecerá todavía un innecesario sacrificio ritualista en su actual estado postraumático, pero nunca se sabe lo que traerá mañana la marea…

Como en las veces anteriores, el colofón a aquellas navidades era lo mejor para ella: los regalos de los Reyes Magos. Imagino que en su cabeza, la espera siempre merecía la pena y no asomaría atisbo de decepción pues, de nuevo, se había desgañitado con los villancicos y, mirando el Nacimiento, seguro que habría sentido también, al menos por un instante, el frío de aquella noche en Belén, por más que la cueva de corcho que tenía ahora ante sus ojos estuviese forrada de espumillón y dentro contase con la calefacción añadida de luces multicolores. ¿Eran o no eran esos sentimientos signos más que evidentes de ser una muy buena persona?

Pero a los once años, un diccionario, a palo seco, se le atraganta a cualquiera. Y más si los Magos de Oriente lo han dejado en casa de tu abuela preferida a tu nombre, sin ningún otro bulto que desempaquetar. Porque sí. Porque ya no se está en edad de cuentos, sino de empezar a entenderlos. Y claro, un tocho así es como una bomba de racimo en un universo en el que la realidad se entiende mejor si aún viene de la mano de la ficción.

Pero la ficción saltó hecha añicos por un agravio que no lograba comprender. Y, con ella, la ilusión de la Navidad y el cosquilleo de la espera, con los pastorcitos y el río de papel de plata incluidos… ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Muchas personas han odiado y odian la Navidad. La mayoría no puede con ese estado de dicha redicha que parece obligatorio exhibir incluso con quien te ha estado haciendo la puñeta a conciencia todo el año, ni con las zambombas, los sorteos, las comidas de empresa, ni, sobre todo, la sobredosis de felicidad impostada que lanzan las televisiones. En este “odio navideño” ha habido también en los últimos años mucho postureo de pretendido cuño contracultural. Quizás como el de la colega periodista.

Pero nada de eso es la Navidad. En las noches frías y oscuras, ¿quién no querría sentir ese abrazo que nos resguarde de la intemperie?


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TÍS TÍ ARE

Por: Dolores Aleixandre 16-12-2013

Mantengan el suspense sobre el título

que lo voy a explicar después. Antes quiero decir algo sobre las dos últimas tonterías que he visto en las vallas publicitarias: una anuncia moda: “Llega tu otoño”;  otra es sobre un coche: “De Mii a Mío por 2 euros al día”. Las dos coinciden en considerar a sus destinatarios, o sea nosotros,  tan irremediablemente estúpidos que sólo nos fijaremos en lo que lleve delante su correspondiente posesivo: mi otoño, mi coche…,misma táctica que en mis documentos, mis descargas, mis imágenes, mi iphone, mi ipad…Y la nueva ola de “yo cuantificado” que se nos viene encima: mis calorías, mis latidos, mi tensión, mis sensores…  Y lo malo es que la cosa no es reciente y se remonta a mi infancia:  ya entonces el devocionario que usábamos niños y niñas era el “Mi Jesús”. No tenemos remedio.

Lo constata Rilke en uno de sus poemas:

 “No debes tener miedo, Dios. Ellos dicen mío

a todas esas cosas, tan pacientes.

Son como el viento

que roza las ramas y dicen: árbol mío.

 Dicen mío y llaman su posesión

a lo que se cierra cuando se acercan,

al modo que  un insulso charlatán

llama acaso suyo al sol y al relámpago…

Y en medio de este pringue pegajoso del yo, mi, me, conmigo y para mí,  emerge la “pasarela Belén” por la que vuelven a desfilar, como cada año, unos personajes peculiares con aire de vivir ajenos al tema de los  posesivos e incapacitados para decir: mi posada, mi establo, mi pesebre, mi paja, mis pañales, mis ángeles,  mis pastores… Y ahora es cuando viene lo del tís tí are del título en griego: “quién cogía qué” sería la traducción en bruto de lo que dice Marcos al contar que los soldados echaron a suertes las vestiduras de Jesús.   “Que cada cual coja lo que quiera o pille lo que pueda…”, diríamos hoy.

Como si fueran dos páginas distantes del Evangelio pero que al doblarlas coinciden, la escena del comienzo de la vida de Jesús está ya “anticipando tendencia” de cómo van a ser su trayectoria y su final.  Ya desde el principio lo encontramos acampado  en un espacio público, abierto y a la intemperie, sin puertas, defensas, cerrojos o alambradas. Qué acierto el  del posadero al reservarse el derecho de admisión y no dejar entrar a aquella pareja de indocumentados sin blanca. Que esto no es Lampedusa, oiga, y yo no hago más que seguir directrices europeas y estoy muy satisfecho de haberme adelantado a la “Jornada Mundial contra las Migraciones Indeseables”,  que debería celebrarse todos los 24-D.

Así que el niño se quedó fuera en plan “indignadito”, precursor de los que vendrán después y que sabrán poco de propiedad privada, ese inviolable derecho que permite a algunos “obtener, poseer, controlar, emplear, disponer de, y dejar en herencia tierra, capital, cosas y otras formas de propiedad”, según la definición de Wikipedia.

Perteneció al colectivo de los que carecen de estrategias para proteger lo suyo y no consiguen entender las bondades de “lo privado”: desde que salió de Nazaret, no supo ya lo que era disponer de casa propia ni de un lugar donde reclinar la cabeza. Pescaba,  dormía y cruzaba el lago en una barca de amigos; comía y bebía donde le invitaban y, cuando fue él quien dio de comer a la gente, solo pudo ofrecerles como asiento la hierba de un descampado. Pidió prestados el borrico sobre el que entró en Jerusalén y la sala en la que se despidió  con una cena de los que llamaba  suyos, porque  él sólo usaba los posesivos para decir “mi Padre” y “mis hermanos”.

Al morir, echaron a suertes su túnica y volvió a estar tan desnudo como en el pesebre.

Se nos anuncia una gran alegría: nos ha caído en suerte un Niño.  Que cada uno coja de él lo que quiera. Y que siga haciendo lo mismo que él hizo en memoria suya.

 

 

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La Iglesia tampoco esta ni se la espera

Por: J. Lorenzo 16-12-2013

Ambiente de fin de ciclo en el aniversario de la Constitución.

 De repente, la carta magna parece la causa de los males del país y, como un juguete roto, buscan cambiarlo por otro nuevo y personalizado. Los ciudadanos, asqueados del tinglado en que ven convertida la política, dan la espalda y a las jornadas de puertas abiertas en el Congreso no van ni las de Femen. En provincias, algún que otro obispo acude a la conmemoración oficial, invitado por las autoridades, para hacer bulto y, como mucho, que no le toquen el IBI. Y punto. La Iglesia tampoco está, ni se la espera, en esta nueva encrucijada histórica que despunta. Así no extraña que luego se la acuse en un celebrado libro de pro-golpista en aquel vergonzoso 23 de febrero y nadie se inmute. Y no, no se trata de que ningún prelado reproche –que seguro que alguno habría– que qué cabe esperar de una Constitución que no nombra a Dios en su articulado y que bien merecido está por haber promulgado un texto agnóstico para regir la vida de un país de bautizados… No, no es esto. Es, más bien, aquello de que la Iglesia es “experta en humanidad” y no puede mirar para otro lado en un momento de crisis institucional como el que se vive. Tiene que sacar lo mejor de su magisterio de madre y ayudar a iluminar en la búsqueda del bien común de todos sus hijos, que no es el particular de ningún partido, como ha estado pasando, pisoteando aquella máxima episcopal de la Transición de “ni partidismo ni neutralismo”. Por eso, resulta impagable el favor que el PP le está haciendo ahora a la Iglesia en España. A pesar de su cacareado humanismo cristiano, cada vez más arrinconado, de palabra, obra y omisión, no pocas de sus políticas no resistirían un rápido cruce con el Compendio de Doctrina Social. Ahora solo falta que desde la Iglesia se suelten amarras para dejar definitivamente atrás la etapa restauracionista en la que se ha empeñado en las últimas décadas y no busque más puerto que el del Evangelio. La “impostergable renovación eclesial” a la que llama Francisco pasa por aquí. Tampoco ha de temer las bravatas de patio escolar del PSOE. Tan solo ha de moverla “el temor a encerrarnos en estructuras que nos dan una falsa contención (…) mientras afuera hay una multitud de hambrientos”, como se dice en Evangelii gaudium.


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Gaudete

Por: Xabier Azcoitia 13-12-2013

Llegamos al tercer domingo de Adviento,

conocido como Gaudete.  Alegría. La alegría nace de la confianza, que se revela como el gran catalizador de la felicidad del ser humano. Los estudios de Bowlby demuestran que las personas que han cultivado la confianza "se muestran más felices y pueden desplegar su talento de modo más provechoso".

Lain Entralgo decía que "el confiado es el hombre que, sin mengua de las previsiones y las cautelas a que su "buen sentido" le conduzca, acepta creyentemente en el contexto de su vida la pretensión de seguir siendo quien late en el fondo mismo de su ser". No es una confianza expectante y pasiva, sino activa y osada. Quien así vive, entiende que "el que entra en la esfera de la fe penetra en el santuario de la vida" (P. Tillich)
Nuestro Gaudete nace de Jesús, de su Buena Noticia, es por ello que tiene sentido preguntarse "¿Por qué han de ser los hijos y las hijas de Dios tan remisos para orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia?" (Elena de White).
Buena semana
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PONTE LAS PILAS

Por: Santos Urias 09-12-2013

La alegría gira en torno a María.

Una anciana de noventa y dos años pequeñita y graciosa. Cuando llamo a su puerta, si es que me oye, sale con su paso entrecortado a abrir y entre suspiros, diciendo: que bien D. Santos, que bien. 

Conversamos de todo y de nada, mientras me toma de la mano y notos sus arrugas en mis dedos. El tiempo es un peso que libera de esclavitudes y que te confronta con más de una verdad. Pero también se convierte en una carga, la que los años van poniendo en tus facciones, la que curva tu espalda y tu corazón, la que te hace sentir que las cosas se acaban. Porque llega un momento en que la pregunta suena: ¿por qué sigo aquí? Y se van desplegando unas alas. Todos las tenemos, pero a veces se quedan enganchadas en nuestros miedos o en nuestra autosuficiencia y no nos dejan volar. Pero si no, es como la larva que va engendrando esa fantástica mariposa. María esta alumbrando algo en sus entrañas, aunque ya no es fértil. Fértil para dar hijos, porque su sabiduría es como un bosque de historias y de experiencias. Sólo hay que tener tiempo para disfrutarlo. Ese que nos falta y que a ella le sobra. 

Se ha ido desprendiendo de todo: de su marido, de sus dos hijos, de su juventud, de su belleza, de su trabajo. Por no tener no tiene ni televisión, ni tan siquiera una radio. El otro día fui a comprarle una, un pequeño entretenimiento que le ayude a llevar las largas tardes de invierno. La dependienta me enseño algunas, y yo le insistí en que me diese la más sencilla, y le hablé un poquito de María. Me miró y me dijo: las pilas las pongo yo. Para mí fue otro signo de la grandeza que encierra la vida de los otros. Pilas para María, pilas para un mundo que se embellece cuando miramos a los otros con ternura y con admiración. 

 

Adelante, pongámonos las pilas. 

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ESPIONAJE MASIVO

Por: Dolores Aleixandre 02-12-2013

Ya sé a lo que me voy a dedicar cuando sea más mayor (aún):

 al espionaje masivo. Seguro que algún malpensado creerá que lo hago para enterarme de las señas de la modista de Doña Merkel o del nombre del ansiolítico que toma el ministro Wert, caso de que no sea así de natural. Pues no,  mi intención es puramente espiritual y apoyada en  un sólido fundamento bíblico: recuerden la parábola del administrador sinvergüenza que cuando vio que se le venía encima un ERE,  pactó con los acreedores de su jefe y consiguió  asegurarse el futuro. Si Jesús lo puso de modelo por su astucia ¿por qué no van a parecerle también ejemplares las actividades de gente vigilante y atenta que se aplica a escuchar palabras de otros, rastrear sus comunicaciones, recolectar sus datos y descifrar sus mensajes? Ya quisiera yo para mí algunas actitudes de esos “hijos de la tinieblas” y buena falta nos hacen a los “hijos de la luz”: vivir más pendientes de la Palabra,  escucharla con más intensidad y atención, tener el oído puesto en la gente, la de cerca y la de lejos: qué les pasa, qué viven, qué buscan, qué necesitan. 

 

Ya me veo contratada por el CNI: “Aquí la agente especial KZ37. Interceptado mensaje de emisor identificado como Adviento. Lo filtro, desencripto y  descifro: anuncia llegada de INMENSA ALEGRÍA. Activo código de emergencias. Me mantengo en estado de máxima alerta a la espera de instrucciones. Corto y cambio. De vida, claro”.

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