Lunes 25 de Septiembre 2017

PADRE SI QUE HAY MAS QUE UNO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 30-11-2013

Recuerdo como mi padre nos hacia llamarle "presunto".

”Madre no hay mas que una, pero los hombres llevamos siempre colgando la etiqueta de presuncion”, nos decia con mucha guasa. Y tambien un poco a guasa se tomo mi decision de irme a Africa. ”Hijo mio, tienes todos los sintomas de haber desarrollado un delirio Mesianico”, diagnosticaba mientras me miraba con su cara pensativa de Psiquiatra, esta vez fuera de su consulta...

Todos tenemos recuerdos de nuestros padres, supongo, al menos los que tuvimos la suerte de llegarlos a conocer. Madalitso conocio al suyo durante sus primeros años de vida, los suficientes para recordar alguna anecdota mientras compartiamos el otro dia un refresco frente al Lago Malawi.

”Durante su ultimo año de vida, mi padre me prometio invitarme a tomar  y comer pollo si acababa el curso escolar como numero 1”, me contaba Madalitso. En aquella época el tenia 10 añitos, y deseaba tanto probar un dia ese té que su padre vendia en un puesto ambulante! Degustar la carne de pollo parecia ya un sueño inalcanzable! Ese año Madalitso alcanzo el ansiado numero 1, y pudo saborear ambos manjares ”regados de una buena dosis de orgullo paterno”, que por supuesto le parecio lo mas valioso.

Poco despues, su padre tuvo muchas diarreas y fallecio. Supongo que esa enfermedad no diagnosticada se trataba del Sida que tantos estragos hacia en esa epoca. Madalitso se convertia en un Huerfano mas en Malawi, otro niño mas que lloraba en un principio la falta de su padre, pasando a llorar a continuacion, junto a sus muchos hermanos, la desaparicion de su sustento en un pais en el que no existen pensiones de viudedad o similar… Tuvo que dejar pronto los estudios de enseñanza Secundaria, ya que su madre no se podia hacer cargo. Y buscarse la vida…

A pocos km. de la aldea en la que vivia Madalitso, se encontraba el del ” Delirio Masianico” construyendo, hace ya 15 años, un Centro de Nutricion llamado Alinafe (”Dios esta con nosotros”). El Centro fue creciendo poco a poco para convertirse progresivamente en Centro de Salud, Hospital y Maternidad. A diario nos encontrabamos con pacientes que, aunque en su gran mayoria iban sorteando sus enfermedades como podian, desafortunadamente no todos lo hacian, dejando a menudo una extensa familia tras de si. Y asi, poco a poco, empezamos a diseñar el Programa de apoyo a los huerfanos en sus comunidades por medio del suministro de leche artificial, proyectos agricolas comunitarios que les procuraran alimentos, atencion medica gratuita y becas educativas. Supongo que ya podreis anticipar como acaba esta historia, pero dejadme que me extienda un poquito mas…

El Programa necesitaba financiacion, y un dia me llego un aviso para que me pusiera inmediatamente en contacto con el Ministerio de Agricultura, sin perder un minuto. Y en las oficinas de la Asociacion Malawiana del Tabaco (el generador de recursos por excelencia en este pais) me explicaron que estaban a punto de llegar el presidente y el vicepresidente de la Asociacion Mundial de Tabaco, que iban a hablar con el Ministro de Agricultura y el mismo Presidente del Gobierno sobre la inmediata celebracion de la Conferencia Mundial en Malawi, y que eso era un enorme logro para el pais. Pero acababan de enterarse que ambos eran latinoamericanos y no hablaban ni papa de ingles, asi que necesitaban un traductor. Y este que aqui escribe era el unico laico hispano en el pais que pudiera hacer ese trabajo, con lo que me pedian que por favor les ayudara. ”De acuerdo! Lo hare si me pagais 1.000 dolares con los que comenzare el programa de apoyo a los huerfanos de Alinafe”, les dije. Ese era el pago que pedia por tres dias de traductor. Y tuvieron que aceptarlo porque no tenian otra salida. Mientras dormían en sus hoteles de lujo yo me llevaba mi tiendita para acampar junto al hotel, y aunque dudo enormemente que esas excentricidades consiguieran su ojetivo de predicar con el ejemplo y cambiar su actitud de indiferencia hacia este problema, al menos les incomodo en parte, sobre todo cuando me dieron un cheque a mi nombre y les pedi que lo cambiaran por otro a nombre de Alinafe.

El programa comenzo y poco a poco empezamos a recibir ayudas de familiares y amigos desde España para extenderlo a nuevos beneficiaries. Pero esa ya es otra historia que continuare la proxima semana para explicar major las vueltas que da el destino, o digamos la Providencia, hasta el punto de encontrarme muchos años despues con Madalitso coordinando a su vez otro bonito programa de ayuda, en otra punta de Malawi, para muchos otros huerfanos que, como el, van a tener una nueva oportunidad…

(Continuara…)

 

Jose Maria Marquez

 

(ruego disculpeis la falta de acentos y otras faltas cometidas al escribir este texto desde un ordenador africano sin caracteres castellanos)

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TIEMPO DE CONVERSIONES

Por: J. Lorenzo 30-11-2013

Aprender del pasado es algo

 que solo se permiten aquellos espíritus sosegados que antes se han mirado al espejo. Los demás, puestos los ojos en el futuro, bracean con el presente para encontrar o no perder el sitio. Hace apenas un año, en el Sínodo para la Nueva Evangelización, empezó a hablarse de “conversión pastoral”, expresión que desembarcaba en Roma directamente desde América Latina, cargada de ilusión que compartir y que a no pocos obispos europeos les pareció, cuando menos, exótica. Hoy pareciera que, al lado del agua bendita, han puesto en cada parroquia máquinas expendedoras de ese concepto, por lo que echar la vista un año atrás es como asomarse al Pleistoceno, con la diferencia de que los fósiles de ahora todavía corren que se las pelan.

En estos días de cambios en la CEE, ejemplificado ya por el nuevo secretario general, proliferan los análisis que invitan a no caer en los ajustes de cuentas. Algo que parece elemental entre gente de buena fe, salvo que, de nuevo, recurramos a la historia, a la general, y a la particular de quienes reivindican la tabla rasa, pero que se han pasado las últimas dos décadas expidiendo credenciales de cristianos viejos. Bienvenidos, en todo caso, a la fraternidad universal. Si antes se les perdonaba porque, en el fondo, no sabían lo que hacían, hoy que todos sabemos lo que hacen y por qué, vemos en ellos la plasmación práctica de esa conversión –o conmoción– pastoral, de un subidón de misericordina, algo de lo que andábamos muy necesitados, ciertamente. Con todo, aun es fácil reconocerles por el lenguaje, pues de vez en cuando, el ardor guerrero se les escapa, silabeante, entre los dientes.

Y hablando de lenguaje, bienvenido sea también el que trae a sus “apariciones” públicas el nuevo secretario, José María Gil Tamayo, por más delineado que esté, como corresponde al comunicador que es. Más que agradecerlo los periodistas, que suelen estar obligados a tener más intereses que memoria, habrán de festejarlo los fieles de a pie. Y eso ya es un gran cambio. Con el tiempo, todo saldrá de manera más natural. La conversión pastoral está en marcha. Esperemos que definitivamente.

 
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Exámenes de conciencia en Añastro

Por: J. Lorenzo 25-11-2013

Inauguración de la Asamblea Plenaria

 de los obispos españoles, la última con Martínez Camino como secretario general del episcopado. Hay expectación por ver quién le sustituirá. Los obispos traen a su candidato en la punta de la lengua y, en tres metros cuadrados, uno se puede encontrar con otras tantas teorías sobre lo que va a pasar o gustaría que pasase. Pero, además de palparse la expectación en la sala, también se la oye, porque las lenguas están más desatadas, son más vociferantes que en anteriores aperturas de asamblea, como quien buscar espantar viejos temores llamándolos por su nombre de pila. Y hablan de nepotismo, de maltrato a la comunión, de comportamientos autoritarios… El remedio sale también espontáneo: necesitan recomponer unas relaciones que se han deteriorado, un examen de conciencia colectivo. Curiosamente, en unos minutos, el cardenal Rouco, en su discurso, hablará de “examen de conciencia, al concluir el Año de la fe”. Aunque parte desde otra perspectiva, es cierto que esta plenaria, y sobre todo la de marzo de 2014, es “una buena ocasión para hacer un cierto balance de nuestra labor como maestros y testigos”.

Quien ya ha hecho su examen de conciencia en forma de comunicado ha sido el arzobispo de Granada tras la polémica –“ridícula e hipócrita”– sobre el libro Cásate y sé sumisa, editado por una institución diocesana. Por más que el título se base en la Epístola a los Efesios, es desafortunado, y más cuando el papa Francisco reclama repensar un lugar para la mujer en la Iglesia acorde con su dignidad e importancia, vapuleada en estos dos mil años de cristianismo. No solo a la prensa le causa sorpresa; incluso el obispo de Bilbao, a quien seguro que sí le suena el pasaje evangélico y su autor, reconoce que ese título es “provocador”, “induce al error” y “no refleja lo que piensa la Iglesia” en torno al matrimonio. Porque, efectivamente, meteduras de pata como esta siguen alimentando el imaginario de una Iglesia retrógrada y machista, que da un respingo indignado cuando le pisan un callo pero que es incapaz de reconocer con humildad sus errores mientras levanta el dedo acusador del “y tú más”.

Sí, vamos necesitando con urgencia esos exámenes de conciencia. Tal vez tras las visitas ad limina del próximo febrero…

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COMO NO PODIA SER DE OTRA MANERA

Por: Santos Urias 24-11-2013

Se ha convertido en una coletilla recurrente.

Políticos de todo signo y pelaje, juristas, locutores de televisión, periodistas varios, teólogos y filósofos, deportistas y cantantes, gentes de lo público y de lo privado, añaden la coletilla y sentencian: “como no podía ser de otra manera”. Siempre me sonó rara esta expresión, sobre todo porque no conozco casi nada que no pueda ser de otra manera. Pareciera que un pensamiento único no sé si razonable o irracional tiende a instalarse en nuestros discursos y lo que es más difícil de digerir, un determinismo ético que no siempre es crítico y que se expande con tintes de modernidad y progreso. 

Coincide que acabo de terminar de leer un clásico de Viktor Frankl, El Hombre en Busca de Sentido. Al final de sus páginas habla de un pandeterminismo que no se corresponde con el espíritu que el descubrió en sus investigaciones y experiencias: 

“Todo ser humano posee la libertad para cambiar a cada instante. Podemos predecir el futuro de un hombre dentro del amplio marco de un estudio estadístico, pero su personalidad individual siempre resultará impredecible… Es preciso recordar que uno de los rasgos de la existencia humana es precisamente su capacidad para elevarse por encima de esas condiciones y transcenderlas.” 

Siempre podemos decidir: a favor o en contra; equivocándonos o acertando; con tintes de maldad o con buenas intenciones; implicándonos o dejando que otros hagan por nosotros. Capacidad de transcender, de mirar más allá, de valorar opciones. 

Pero la libertad es más comprometida, implica responsabilidad. Como dice el autor antes citado: “Yo aconsejo que la estatua de la Libertad en la costa este de los Estados Unidos se complemente con la estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.” 

 

Libertad, responsabilidad, transcendencia. La vida es elegir y cada elección es una expresión profunda de nuestra humanidad. Lo que hacemos, lo que dejamos de hacer, es un fotograma en la película que estamos interpretando, que estamos construyendo. Y todo bajo la atenta mirada del Director por excelencia, como no podía ser de otra manera. Ay perdón… 

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Las cartas perdidas de Pérgamo

Por: Alfonso Carcasona 24-11-2013

Si tuviera que seleccionar una lectura este año,

 probablemente destacaría esta novela-ficción que, como dice el autor, bien pudo ocurrir en realidad. Lucas, autor del Evangelio que lleva su nombre y de los Hechos de los Apóstoles, mantiene una relación epistolar con Antipas, noble romano que vive un a temporada en Pérgamo, en casa de un amigo.

La correspondencia transcurre durante el periodo de un año, y es sumamente interesante para conocer cómo pudieron escribirse los primeros documentos cristianos a finales del siglo I d.C, así como el funcionamiento de la sociedad en esos años.

Dejaré al futuro lector del libro que descubra los diferentes ángulos a través de los cuales comprender mejor la personalidad de sus actores y el momento histórico, para centrarme en uno de ellos,  que sigue siendo de rabiosa actualidad XX siglos después.

Lucas recomienda a Antipas que para entender el cristianismo conozca las comunidades cristianas que existían en Pérgamo. En concreto existían dos, la de Antonio, que le es recomendada por Lucas, y la de Calandio, que le menciona su anfitrión. Esta última es frecuentada por algunos nobles de la ciudad (clase a la que pertenece Antipas y su amigo). No es la religión oficial así que son pocos los nobles que acuden a las reuniones, a las que solo se puede asistir por invitación. Les atrae el mensaje quiromántico y milagrero de Jesús. Disfrutan de los relatos de las sanaciones, de las multiplicaciones de panes y peces. Estos nobles discuten apasionadamente sobre aspectos puramente intelectuales de la nueva religión. Y muestran su desagrado cuando el mensaje es exigente con las costumbres, pasando página rápidamente.

La comunidad de Antonio (noble también) por el contrario es para Antipas mucho más peculiar e ininteligible. En ella se acoge a cualquier hermano cristiano, con independencia de su condición social. Peculiar entonces, como lo es ahora. Es una comunidad en la que sus miembros se apoyan sin restricciones. No se discute sobre la beneficencia, como muchas veces se hacía/ce. Se interioriza y se vive.

Ambas comunidades están insertadas en la sociedad de Pérgamo, como lo están en las nuestras hoy.

Pero llega el momento en que la religión cristiana deja de ser tolerada por el Imperio, y se ha de decidir por ser aceptados por la sociedad o mantenerse fieles al mensaje. No romperé el misterio de la novela si adelante el obvio proceder de ambas comunidades. Calandio y sus seguidores organizan su comunidad de manera que sea compatible con las demás religiones, adoptando ese peligroso sincretismo al que todos estamos expuestos. Hacen de Jesús un dios más, y de esa manera siguen considerándose cristianos, como podemos serlo muchos de nosotros.

La comunidad de Antonio continuará el mensaje de Jesús, aún a riesgo de ser proscritos y sufrir las consecuencias de la pobreza o incluso el martirio, cada cual según su carisma. No con la violencia de las palabras, sino con el ejemplo y el compromiso. 200 años más tarde seguimos debatiéndonos en la tibieza.

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El buen pastor

Por: Juan María Laboa 22-11-2013

Todos los días del año la Santa Sede

anuncia el nombramiento de nuevos obispos, una de sus actuaciones más relevantes.  Para los cristianos los obispos en general son importantes, pero puede resultar decisivo el obispo de su diócesis particular. Y en esas estamos en estos meses en Madrid, con un obispo caducado y sin ninguna idea de su sucesor.

Los periódicos escriben del tema según sus criterios, los cristianos madrileños comentan y se preguntan, pero, en realidad, nadie sabe nada.  Hay algún nombre presente en todas las quinielas y otros aparecen y desaparecen. Obviamente, no nos parece nueva la situación, pero cada día resulta más sorprendente e inaceptable.

De hecho, buena parte de los cristianos consideramos anacrónico y cristianamente insostenible que una comunidad de adultos, bautizados, responsables de su fe y de la marcha de la Iglesia, no tengan ni voz, ni opinión ni voto, es decir, en ningún atisbo de participación, en algo que les atañe tan personalmente.

Da la impresión, a veces, que lo importante no consiste tanto en elegir al mejor para una comunidad concreta, sino en satisfacer los deseos de un cardenal o a un obispo amigo, en agradecer servicios prestados o fidelidades pasadas, en solucionar  un problema existente en otra diócesis que no tiene nada que ver con la vacante de marras.

Me pregunto en este momento con una cierta inquietud si  Roma busca el perfil adecuado para animar y fortalecer una diócesis desesperanzada o si se contenta con resolver la situación de un obispo ya amortizado. “Todos somos Iglesia” afirmó el papa con fuerza, señalando a los asistentes de la última audiencia pública en la plaza de san Pedro. Pronto  tendremos ocasión de comprender el sentido de la frase.

Mientras tanto, llama la atención el silencio de los sacerdotes y laicos madrileños. ¿Cómo es posible que no nos reunamos en las parroquias para expresar nuestros deseos y esperanzas, para proponer el perfil y, tal vez, el nombre deseado? ¿Será que no nos importa o que el  sistema de elección habitual ha conseguido que no nos sintamos comprometidos?

Ni siquiera nos reunimos para rezar que sea elegido un buen obispo. ¿Hemos perdido toda esperanza? ¿Sospechamos que da lo mismo uno que otro? Sin embargo, vivimos un momento especial en la Iglesia, el papa Francisco ha hablado muy claro sobre el perfil exigido para ser un buen pastor, y debiéramos considerar que nuestras voces, por débiles que resulten, pueden ser escuchadas.

 

 

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Pon un sacerdote en tu vida

Por: Alfonso Carcasona 16-11-2013

En un mundo donde escasean las vocaciones,

los compromisos, la presencia de un/a religioso/a, de un sacerdote, en una comunidad pequeña, a nivel de amigos, o más restringida si cabe, a nivel de familia, solo puede considerarse como un privilegio.

En ese mismo mundo, donde vamos cada vez más deprisa, sin reparar en los detalles, sin formarnos adecuadamente, sin tiempo ni carácter para afrontar los problemas que como cristianos afrontamos cada día,  debemos plantearnos si, lecturas, o la mera asistencia a la misa dominical es suficiente para nuestro entrenamiento espiritual.

El papa Francisco nos recordaba este agosto en un Twitt que no se puede ser cristiano a ratos. Y menos a pocos ratos apostillaría yo. 

Corremos un peligro cierto, al igual que puede ocurrir con nuestra preparación física, o intelectual, que las urgencias de cada día impidan que el poco tiempo libre que nos queda no lo dediquemos en exclusiva a “desconectar”,  lo que parece imprescindible para afrontar el agotador mañana.

Para un creyente, como para el ateo con inquietudes trascendentes, la presencia de un sacerdote, o de un/a religioso/a más allá de la misa dominical, bodas, bautizos, primeras comuniones o funerales,  supone un ancla a la que agarrarse para que la corriente no te estrelle contra los márgenes del río por el que transcurre nuestra vida.

Muchos han sustituido hoy el sacerdote por el psiquiatra, el entrenador personal, cursos on line o libros de autoayuda. No discuto la importancia de estas figuras en la vida de muchos. Pero para aquellos que sienten una inquietud sobre la trascendencia, sobre la presencia de Dios, poder confiar tus más íntimas dudas, compartirlas con un sacerdote, un/a religioso/a, alguien que dedica su vida a los demás, con vocación de escucha y capacidad de responder o plantear esas preguntas que el día a día nos oculta, es algo que se debe buscar, y si se encuentra, cuidar.

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Desde lo más alto

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-11-2013

El evangelio de la semana pasada,

con Zaqueo subido a la Higuera para ver mejor a Jesús, siempre me recuerda al funeral de Kamuzu Banda en Malawi.

El Dr. Banda dirigió este pequeño país africano durante más de 30 años, desde su independencia en los años 60 hasta finales de los años 90. Cuando falleció, el funeral en un parque público de Lilongwe, la capital del país, era un acontecimiento que no me podía perder. Se trataba de un momento histórico en un país en el que llevaba viviendo ya varios años y pensaba seguir viviendo varios más. Así que me dirigí a la ciudad y llegué al parque unas horas antes de que tuviera comienzo, pero estaba ya totalmente lleno con personas que llegaban andando o en transporte público desde los cuatro puntos cardinales. En un país en el que el “maliro” o funeral es un acto sagrado al que no se puede faltar, el pueblo quería ir a despedir a quien durante tantos años había sido el Padre de la Patria. Me hice un hueco como pude, y cuando iba a dar comienzo, como no veía muy bien, me subí a lo alto de una acacia desde cuya rama principal tenía una vista espléndida. Y entonces empezó a mirarme la gente y a señalarme con el dedo. “¡Azungu!”, gritaban entre grandes carcajadas mientras señalaban al “blanco” de todas las miradas que trataba de seguir el evento desde lo más alto, como tantos otros malawianos. Yo trataba de hacerme invisible, pero supongo que no ayudaba ni mi tamaño, ni el hecho de ser uno de los poquísimos blancos presentes, y por supuesto el único europeo que estaba sin corbata, el único que no estaba en el palco, el único descalzo y con barba y melenas al más puro estilo Woodstock 1969.

Enseguida enviaron a “mi árbol” a una patrulla de policía, y antes de terminar de bajar a toda prisa para escabullirme, ya me habían rodeado y se me acercaba su corpulento capitán. Me pidió muy amablemente que le siguiera, y cuando ya le ofrecía mis manos desnudas para que me pusiera unas esposas, o que me las cortara si quería, vi para mi asombro que me dirigían al palco principal y me ofrecían allí mismo un asiento para compartir con ellos en primera fila su dolor, y acompañarles con mis oraciones.

No creo que hubiésemos reaccionado de igual modo con un africano subido a una columna de la Almudena durante el funeral de un Jefe de Estado español. Lo más probable es que en cuestión de segundos le habrían detenido, le habrían pedido los papeles, y no le habrían acompañado al palco de las autoridades sino que le habrían dirigido derecho al CIE.

 

Zaqueo agradeció enormemente que Jesús se fijara en él y se comprometió a repartir la mitad de sus bienes. A ver si consigo algún día llegarle a Zaqueo a la suela de las sandalias, pero de momento tan solo he conseguido mostrar mi agradecimiento a los africanos repartiéndoles la mitad de mi tiempo. Ellos en cambio han compartido conmigo algo mucho más valioso, su hospitalidad, sus valores, su respeto por el prójimo, y el conocimiento de que en África, tener un color diferente de piel solo significa que probablemente tienes algo nuevo que enseñarles. Como ellos a nosotros…

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La moderna familia

Por: Alfonso Carcasona 11-11-2013

Hace unos días fui a ver esta amable comedia en el cine.

Es una película que, con la excusa de un partido de fútbol y una boda, trata de recrear lo que es hoy una familia española, recordando la entrañable película de “La gran familia” con los Pepe Isbert, Alberto Closas y Amparo Soler Leal.

50 años separan ambas películas, tiempo en el que podemos observar cómo ha evolucionado la sociedad española. De la familia numerosa, con padre, madre, abuelo -que vive en casa, con su peso específico- y muchos hijos, pasamos a las familias de padres divorciados, donde los abuelos no dejan de ser un engendro molesto y los hijos son, cuando menos, diversos (y divorciados también). Donde las dos hermanas están enamoradas del novio, y éste no se termina de aclarar, a pesar de que sale con una de ellas desde el parvulario. Donde la madre del novio no aparece en la película a pesar del amor que se tienen, ya que abandonó al padre por ser éste impotente (a pesar de lo cual le dio cinco hijos de padres diferentes). En definitiva, un lío impresionante, teñido del cariño que, a pesar de todo, se tienen los personajes. 

En un momento determinado de la película de 2013, el padre está a punto de morir, y uno de los hijos está rezando el padrenuestro. Entra en la habitación uno de los hermanos, quien se sorprende de que se sepa la oración. No se la sabía, pero la había buscado en un smartphone y la estaba repitiendo. Curioso guiño a las nuevas formas de evangelización. Vivimos en una sociedad ya no solo laica, sino inculta. Lo interesante es ser ateo. Si llegas virgen al matrimonio (como en la película) eres un friki, del que se ríe hasta el apuntador. Si te acuerdas de Dios, has de recurrir a wikipedia para ver cómo se le reza. Da igual la oración, da igual el dios al que se rece. Y solo lo hacemos en caso de extrema necesidad, como si fuese un brujo que pueda hacer milagros a nuestra conveniencia.

La gran familia y la moderna familia son dos descripciones de dos sociedades que distan solo 50 años. ¿Que nos depararán los próximos 50?

 

 

 

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Lista de espera en el hospital de Francisco

Por: J. Lorenzo 10-11-2013

Nunca una encuesta preparatoria de un sínodo

había generado tanta expectación como la que están recibiendo ya las diócesis para abordar, en octubre de 2014 en Roma, “los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de evangelización” (así, a secas, después de que se le haya caído lo de ‘nueva’). De seguir el proceso establecido, habrá que esperar a finales de 2015 o 2016 para conocer medidas pastorales concretas “para la pastoral de la persona humana y la familia”.

Ya es sabido que la encuesta consta de 38 preguntas y que en ellas se abordan cuestiones que, hasta hace medio telediario, parecía impensable que fuesen objeto de desvelo pastoral: personas divorciadas y vueltas a casar, matrimonios gais, adopciones de hijos por estas uniones, métodos anticonceptivos…

Aunque algunos se están haciendo demasiadas expectativas con respecto a las futuras líneas de acción que salgan del sínodo en estos temas, la simple enumeración de estas realidades –y el tono en el que se realiza– en una encuesta llegada desde el Vaticano ya dice mucho del esfuerzo por tratar de entender qué es lo que está pasando en el mundo, en la sociedad y en el seno de las propias familias, sean así consideradas o no por quienes dispensan certificaciones. Y de que han percibido el dolor acumulado desde hace demasiado tiempo por muchas personas a las que su opción vital o mil y una circunstancias existenciales que no habían buscado ni querido, las han dejado en los márgenes, en tierra de nadie, mirados por encima del hombro, relegados a entrar por la puerta de servicio. Esta encuesta parece –solo parece– ser una especie de tarjeta sanitaria con la que ahoraFrancisco busca cómo darles a todos ellos acomodo en el hospital de campaña que está levantando a marchas forzadas.

Pero el escándalo está servido. Vendrán las objeciones veladas y el “¡será posible!” de algunos, probablemente los mismos que creyendo tener siempre la verdad sobre la familia, la rotularon en unas pancartas. No sé si ahora les resultará igual de sencillo responder esta encuesta. Seguro que alguna se atraganta, como esta: “¿Qué atención pastoral es posible desarrollar en relación a las personas que han elegido vivir según este tipo de uniones [del mismo sexo]?”.

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Las manos vacias

Por: Santos Urias 08-11-2013

Con las manos vacías venimos al mundo.

 Desnudos: sin ropa, sin reloj, sin móvil, sin haber contratado un techo (ni una hipoteca), sin coche. Sólo el afecto de aquella que nos alumbra y sus pechos que amamantan y alimentan. Eso tan simple, tan evidente, tan esencial, es una idea recurrente del evangelio de Jesús. No necesitáis dos túnicas, ni nada para el camino. Dios es providente y es precisamente la codicia la que enmaraña nuestras relaciones, llevándolas a la injusticia, al desencuentro, al odio, al hambre. Sabiduría esencial que algunos Santos, como Francisco, captaron en su radicalidad más profunda y lo supieron expresar con signos que han quedado para la historia. 

Esta semana nos salpicaban las noticias con un nombre Franz-Peter. Este hombre hizo un presupuesto para su residencia de unos cinco millones de euros (que ya es una cantidad considerable), pero lo que llama la atención es que al final ese presupuesto se estiro hasta alrededor de los cuarenta millones de euros. Y si añadimos que este nombre se corresponde con el de un obispo, hay algo que manifiestamente no cuadra. En un tiempo en que la Iglesia está llamada a ser testimonio, de manera muy particular, de aquello que predica. Otra cosa que ha sorprendido es que el Papa después de entrevistarse con él le ha apartado del ministerio, algo que normalmente sólo hemos visto en la Iglesia Católica por cuestiones de cintura para abajo. Nunca me alegraré de algo que de entrada no es bueno ni para una persona, ni para la Iglesia, pero estos signos también nos llevan a mirar otra vez a ese mensaje sencillo pero nítido, tantas veces vapuleado, por el que se han justificado múltiples incoherencias y que tanto daño nos ha hecho a los creyentes públicamente y en privado. 

 

No olvidemos que también al final de nuestra vida regresamos desnudos. No nos llevamos ni cuentas corrientes, ni lujosas viviendas, ni las sábanas que envuelven el cuerpo inerte. Sólo lo que hayamos amado y lo que hayamos sido capaces de engendrar con nuestro cariño y nuestra ternura. Y allí nos espera como una madre el regazo de Dios y los pechos que nos sacien del alimento eterno 

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Abonados al guerracivilismo

Por: J. Lorenzo 08-11-2013

No acaba de apagarse el runrún

sobre el papel de la Iglesia en la guerra fratricida del 36 y sobre si tiene que pedir perdón por haberle puesto palio al régimen que salió de aquella desdicha. Dice el arzobispo Montero, citando a un historiador norteamericano, que las guerras civiles duran cien años.

Se supone que este sabía de lo que hablaba, pues han pasado más de doscientos desde la suya. Aquí aún no hemos llegado al siglo, pero por lo que vamos viendo, nos tememos que sí, que tenía razón, y que si nos descuidamos un poco, podremos rebasar con holgura el centenario, viendo cómo están a flor de piel los sentimientos.

Por eso, ¿es descabellada la propuesta del arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, de hacer un estudio histórico sobre el papel de la Iglesia en la República, la Guerra Civil y la dictadura franquista?

Hoy son pocos los que saben realmente cómo sucedieron los acontecimientos, cómo y por qué surgió la inquina, el recelo, la desconfianza, la sospecha, la denuncia, la venganza, el rencor, el dolor que impide el perdón, el odio que busca cómo resarcirse… Además, nada más propio de la Iglesia que pedir perdón, a tiempo, si es posible, y a destiempo, en cualquier caso.

Por lo demás, esta revisión, que no revisionismo, ayudaría a que se cayeran algunos lugares comunes que acompañan a toda mitificación, en un bando y en otro, y a que no pocos fieles que nada tuvieron que ver con aquello, que no lo vivieron, que no se han sentido nunca vencedores pero tampoco cómplices, como les siguen etiquetando, puedan redescubrir –porque se olvida– que si hoy vivimos en una democracia se le debe en buena parte a la Iglesia, la cual, sin esperar mucho tiempo, pronto mostró su incomodidad con el régimen.

Ahí estaban, a finales de los 50 y claramente en los 60, los movimientos apostólicos y sus denuncias de la situación social, alguna pastoral de los metropolitanos, Tarancón, hoy un desconocido…

Cuando, en medio de una sociedad desfondada, leo que en su conferencia política el PSOE aprobará “una batería de medidas para acabar con los privilegios de la Iglesia”, además de la sensación de un rancio eterno retorno, me pregunto por qué ha de ser malo regresar al pasado para curar el presente y asegurar un futuro sin los mismos errores.


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Prohibido el paso, propiedad privada

Por: Alfonso Carcasona 08-11-2013

Cerca de mi oficina hay una delegación de la Agencia Tributaria.

 Andaba yo de vuelta de una reunión a eso de las siete de la tarde cuando me encontré con una cadena que impedía el paso a las escaleras que conducían a la puerta de la delegación. En el cartel que la adornaba rezaba el texto que inicia esta reflexión. ¿Se ha convertido la agencia tributaria en una propiedad privada?

Desde luego por la desafección que tiene la mayoría de los ciudadanos hacia ella, parece evidente que está bien colgado dicho anuncio. Vivimos tiempos convulsos en los que la presión del estado hace que miremos con tristeza los dineros que nos exige en nombre del bien común. Nadie está satisfecho ya no solo del dinero que se le reclama, en los casos de los más favorecidos equivalente a siete u ocho meses de salario. Los menos favorecidos, receptores en principio de esos impuestos destinados a reequilibrar la renta de todos, tampoco ven en ellos el alivio necesario 

Y entre medias el ciudadano de a pie, sea paganini o receptor, tiene la sensación de que ese estado que engulle los impuestos no es capaz de ser justo con ellos, despistando en atropelladas y torpes acciones ese dinero que con tanto esfuerzo se paga.

En la antigüedad era claro quien era el dueño y señor de los impuestos, en nombre de quien se recogían. La tiranía del recaudador era conocida y soportada por el pueblo. Hoy el recaudador ha conseguido convencernos de que el malo es el que paga, porque paga menos de lo que debe. Y el que recibe cada vez lo hace en menor cantidad, sin que la estructura del recaudador se resienta.

¿Es propiedad privada la agencia tributaria? Desde luego que no, pero hace falta que repensemos la forma en la que queremos ser justos en nuestra sociedad.

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Aprobaciones del pueblo soberano

Por: Juan María Laboa 08-11-2013

En una encuesta de Metroscopia preparada hace unas semanas

para El País, me encuentro con las siguientes aprobaciones ciudadanas: Caritas, el 74%; sacerdotes de parroquias, el 51%; Iglesia católica en conjunto, 40%; obispos, el 20%. Aunque desconozco la respetabilidad de Metroscopia, la doy por sentada y propongo algunas reflexiones que estas cifras me han sugerido.  

Siempre me sorprende nuestra capacidad de responder a tantas encuestas sin, a penas, conocer los temas. Gran parte de los españoles conoce escasamente media docena de obispos, los que salen en las noticias, y los no practicantes pueden pasar años sin encontrarse conscientemente con un sacerdote o una religiosa porque estos, generalmente, no utilizan su hábito. Por otra parte, resultaría interesante conocer en qué consiste para muchos la “Iglesia católica en su conjunto” si no participan en los actos de la comunidad ni conocen a sus representantes.  ¿Se trata de una institución sin atributos a la que se pueden colgar las acusaciones o  los desdenes más dispares?  ¿Cuentan solo con los estereotipos presentes en algunas televisiones, películas o en los diferentes medios?

Tengo la impresión de que media docena de obispos oscurecen la presencia y la labor de la mayoría de obispos que dirigen con corrección sus diócesis, pero son muy poco conocidos por la mayoría de los españoles. Yo mismo desconozco incluso el nombre o la imagen de buena parte de ellos. Resulta trágico que los, al menos, setenta representantes episcopales de nuestra Iglesia queden neutralizados por unos cuantos más atrevidos e insensatos que realizan algunas declaraciones escandalosas o políticamente incorrectas. Sorprende, también, que los medios, al hablar de la Iglesia, no tengan en cuenta el conjunto, mucho más plural y comprometido de lo que aparece en los creadores de opinión pública.

Esto indica, de todas maneras, que tenemos muy pocos líderes en nuestra Iglesia, capaces de atraer a los medios y a la gente por sus presencias y sus palabras. Ellos son testigos del Evangelio y deben estar en la vida de sus fieles con su presencia y su acompañamiento. Es verdad que, a menudo, esto no constituye noticia mediática, pero, a la larga, quedan huellas, concitan atención y esperanzas. Evidentemente, no todos pueden ejercer la atracción que Martini en Italia y Taráncón en España ejercieron en su tiempo, pero en una sociedad sin líderes, como es la nuestra, resultaría genial que algunas de las personas que dedican su vida a acompañar, escuchar y ofrecer motivos de paz y alegría, sin ninguna contraprestación ni exigencias, fueran algo más carismáticas y atractivas.

La encuesta ofrece, también, una noticia positiva con algún toque desconcertante. El 73% de los españoles aprueban Caritas. No sorprende, ya que esta institución tiene un largo historial de aprobación y servicio serio y comprometido, y está extremando, durante la crisis que sufrimos, su entrega y su generosidad, es decir, la generosidad de cientos de miles de católicos que ofrecen su tiempo, su creatividad y su dinero a quienes más lo necesitan. Llama la atención, sin embargo, que esa aprobación no incida más en la consideración de “la Iglesia en general”. De hecho, no existen la una sin la otra, ni existen hoy parroquias sin buena parte de su comunidad dedicando su tiempo y sus iniciativas a los emigrantes y a los españoles en situaciones complicadas.  Cáritas es una de las caras más espontáneas de la Iglesia española.

El clero casi ha desaparecido de la vida pública española, pero, sin embargo, lo valoran positivamente un 50% de la población. Sin embargo, llaman la atención las frecuentes críticas de buen número de cristianos practicantes. Una comunidad que no valora a su clero, pero que, al mismo tiempo, lo necesita constituye una contradicción o, al menos, una disfunción. Un cristianismo que va por libre y desconoce o no forma cuerpo con su clero termina desfigurándose y considerando que la parroquia se reduce a un simple distribuidor de sacramentos.

 Por otra parte, la excesiva clericalización de la Iglesia se convierte, a menudo, en un pesado lastre que, por otra parte, constituye también una de las causas de la falta de vocaciones. Un laicado con más atribuciones y más comprometido, probablemente, conseguiría una vida litúrgica, religiosa y social-caritativa más compartida y más provechosa para todos. Y los sacerdotes escucharían y acompañarían con más satisfacción mutua a los fieles, ofreciendo, al mismo tiempo, un perfil más atractivo del sacerdocio.

Podríamos completar y balancear esta encuesta con la gratificante acogida generalizada del papa Francisco. Tal vez, su capacidad de escucha, acogida, comunicación, sencillez, cordialidad y comprensión explique ambas reacciones.

 

 

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Conmemoración de los fieles difuntos

Por: Juan María Laboa 03-11-2013

Debo de ser una de las personas que más ha tratado con y de los difuntos.

 Cuarenta años dedicados a estudiar y enseñar historia me ha familiarizado con el conocimiento y el trato amistoso de innumerables difuntos que se han convertido en personas conocidas, cercanas, familiares gracias a la investigación, la reflexión y el comentario de sus vidas.

Conozco más cosas de muchos de ellos que de la mayoría de cuantos he tratado a lo largo de mi larga vida. A menudo, me resulta su trato absolutamente cercano y mantengo con ellos una intimidad y una complicidad que rompe barreras y supera el tiempo.

Por otra parte, cuando celebro la misa me acompañan en el altar multitud de difuntos que  considero tan vivos como los que me acompañan en la vida diaria. Me refiero tanto a los santos que han marcado la vida del cristianismo y son citados en el rito eucarístico como los difuntos que han sido importantes en mi vida  y recuerdo con familiaridad en las oraciones y en el memento a ellos dedicado.

Cada día que recito en la misa “A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria”, siento con intensidad su presencia, al tiempo que recuerdo tantos momentos de convivencia, tantas páginas compartidas, tantos recuerdos de vivencias que considero enriquecedoras. En la eucaristía encontramos la presencia de Dios y en las entrañas de Dios se encuentran en plenitud de vida nuestros difuntos.

Estas estrechas y habituales relaciones con los muertos me ayudan a pensar con paz  y curiosidad en mi muerte. No he nacido para morir sino para vivir, pero soy consciente de que la muerte constituye un trámite imprescindible. Me ha gustado leer en una entrevista a Pablo Motos, director del programa el Hormiguero, esta confesión:”Procuro vivir cada día sin olvidarme de que esto se acaba”. Buena pauta para vivir más conscientemente.

El día dos de noviembre la Iglesia conmemora litúrgicamente la memoria de todos los fieles difuntos, con sus nombres propios presentes  en la memoria de Dios y en la nuestra. Se trata de una conmemoración llena de sentido y de vida porque, de la misma manera que afirmamos que Dios es Dios de vivos y no de muertes, podemos considerar que para nosotros siguen vivos, no solo en nuestro corazón y en nuestros recuerdos sino en el convencimiento de pronto volveremos a encontrarnos y mientras tanto siguen junto a nosotros.

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