Lunes 25 de Septiembre 2017

LOS AMIGOS DE LA CALLE

Por: Santos Urias 28-08-2013

Tenía varias llamadas perdidas,

 pero no eras tú, era tu madre. Una discusión, un nuevo desencuentro, dos guitarras rotas en los escalones de casa, una pequeña mochila y un adiós. Desapareciste. Cinco días sin saber nada de ti. La policía también me llamó: por donde comenzar a buscarte; comprobar si te estabas tomando la medicación; tener alguna noticia. Y las cosas de la causalidad nos hicieron coincidir. Paseando con un amigo y allí estabas: barba larga, ojos picassianos, haciendo algo como malabares en la Plaza de Opera. 

Nuestras miradas se cruzaron, no hubo palabras, sólo un prolongado abrazo y notaba tus lágrimas en mi cuello. “¿Estás bien?” Olías a alcohol. 

Me dijo que andaba deambulando por el centro. Solo; necesitaba estar solo. Solo. 

Dos días después volvía de ver a un grupo de amigos y en uno de los accesos de la Plaza Mayor su silueta apareció con su gorro y su poesía de Ala triste. 

¿Podés hoy tomar algo? 

Y hoy poseía lo más valioso que se puede tener: tiempo. Comimos unos pinchos y charlamos mucho. Cuando ya las princesas se recogen y pierden los zapatos, volvimos a la Plaza Mayor y sentados en el suelo, cantamos, tocamos el yembe, reímos. Él la mañana siguiente tenía pensado volver a casa después de haberse reconciliado con su madre, pero hoy se despedía de las estatuas y los viandantes. La luna se iba hacia la torre de la Casa de la Panadería cuando llegó otro compañero: Alberto. Un amigo Bangla nos vendió tres cervezas y sentados en una terraza con las mesas y las sillas atadas por un alambre, brindamos por una noche de hijos pródigos, de ciegos al borde del camino, de lunas jugando al escondite; una noche larga, esperando el día. 

Los amigos de la calle son los amigos que no ofrecen nada a cambio. O si, el privilegio de saber que pocas cosas permanecen. Y que andamos solos, y que sólo Dios basta 

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ABIERTO POR VACACIONES

Por: Jose Maria Marquez Vigil 28-08-2013

En la época de las vacas gordas

era un gusto ver los locales cerrados en Madrid durante el mes de Agosto. Había letreros de todo tipo. Recuerdo uno escrito por una niña pequeña que decía algo así como “Me llevo a mi Papá a la playa para que deje de trabajar y lo pasemos fenomenal…” Con su dibujito y todo. A la gente le iba bien, vendían, tenían probablemente un buen margen, y se merecían unas buenas vacaciones para disfrutar de su familia, de ese merecido descanso, para gastar lo ahorrado…

¡La situación es ahora tan diferente! La gente sigue cerrando su local en agosto pero ahora está más motivado por el “quiero y no puedo” que por el “puedo y no quiero”, y la diferencia entre lo uno y lo otro trae por supuesto infelicidad y desmotivación. Mantener un local abierto cuando sabes que no vas a generar ni 5 euros de caja supone una gran pérdida de tiempo y dinero, y finalmente colocas el letrero de “cerrado por vacaciones”, que podría más bien leerse como “cerrado por depresión y falta de clientela”, y te vas al pueblo a pasar unas semanas sin gastar mucho, esperando que Septiembre traiga esos famosos brotes verdes de los que todo el mundo habla pero nadie ha visto...

¡¡¡Huuuyyyy!!! Voy a cambiar de tercio, porque me parece a mi que si sigo por este camino acabaré deprimiendo a los lectores, si aún me quedara alguno. Así que vamos a viajar una vez más a Africa donde veo constantemente el letrero de “abierto por vacaciones”.

Por una parte, las tiendas normalmente no cierran ya que no hay un coste real en su apertura. Se trata de una mesita o mostrador de paja, en una aldea, con los típicos artículos de primera necesidad. El tendero sigue abriendo, como siempre, y sus clientes se han quedado en el pueblo, como siempre. En Malawi, por ejemplo, las vacaciones escolares más importantes coinciden con la época de la siembra y preparación de los campos. Los padres no recogen a sus hijos en coche para irse a la playa con ellos. Los niños se vuelven al pueblo y todos se ponen a trabajar azada en mano.

Los proyectos en los que colaboramos tampoco cierran. El Hospital sigue atendiendo a los mismos pacientes, y en la Escuela, aunque es verdad que cierran las aulas, también suele ser la época de preparar los campos para alimentar el próximo curso a sus alumnos internos con lo que se consiga cosechar dentro de unos meses. Por supuesto la mayoría de los voluntarios se quedan ahí, en Malawi, Uganda, Tanzania, Camerún… Hay mucho que hacer y muy pocos carteles de “cerrado por vacaciones” para colgar.

Pero hay otros carteles de “abierto por vacaciones”. Se trata de todos esos españoles que trabajan sin descanso en España, y que aprovechan sus vacaciones para ir a ayudar. Como Pepe, un médico que se pasa 11 meses viendo pacientes en Sevilla, y en sus vacaciones va todos los años un mes (¡y ya van 10 años!) a trabajar a Malawi de donde vuelve con las pilas puestas, dando las gracias por haber podido participar en un proyecto que ya le robó hace muchos años el corazón.

Y hay muchos otros que siguen su camino. Historias de vida, de fe y de ilusión que podéis ver si queréis en la web de africa directo:

http://www.africadirecto.org/index.php?m=Noticias&op=ver&nid=364

 

¡Felices vacaciones!

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Un maletín lleno de Aparecida

Por: J. Lorenzo 28-08-2013

El pasado mes de octubre,

en pleno otoño romano, la Ciudad Eterna acogió el Sínodo de los Obispos para abordar la candente tarea de la nueva evangelización. Pastores de todo el mundo, como signo de la colegialidad, se reunieron para ofrecer sus experiencias y, por qué no decirlo, compartir también angustias en una hora delicada para la Iglesia universal.

Los obispos latinoamericanos llegaron hasta el aula sinodal con las manos llenas de la experiencia vivida en 2007 en la Conferencia de Aparecida, en un trabajo colegial urdido por las pastores entre los murmullos de la fe de las personas que cada día asistían al santuario de la Virgen a rezar, como acaba de recordar Francisco durante su visita a aquel mismo lugar. Sin embargo, en la hierática Roma, algunos obispos latinoamericanos sintieron que no todos acogían de buen grado la experiencia, no la entendían o hacían como que tal, y adornaban con un cierto aire displicente formulaciones como la de la conversión personal y, también, pastoral. La Vieja Europa, incapaz de aportar más soluciones que las de repleglarse a sus castillos de invierno, volvía a mirar por encima del hombro a otras Iglesias más jóvenes, más pujantes, más creativas, más pegadas a la realidad.

Visto y oído lo que el Papa ha dicho estos días de la JMJ de Río, parece que no solo se ha traído una reproducción de la Virgen de Aparecida, sino que dentro de su pequeño, pero abultado maletín negro, ha metido consigo todo el  espíritu de aquella V Conferencia del CELAM. Algo ya intuíamos tras estos pocos meses de pontificado. Pero ahora, el ansia por recuperar las dimensiones discipular y misionera de la Iglesia, de reformar sus estructuras, de una conversión que elimine las adherencias de siglos de burocracias y devaneos mundanos, de fomentar una Iglesia que se hace diálogo con el mundo, de una Iglesia que es madre misericordiosa… parece decidida a instalarse en Roma. Cinco siglos después, es como si el Nuevo Mundo llegase para reevangelizar a una vieja Iglesia encorsetada por las rigideces con las que a lo largo de los siglos se ha ido defendiendo del mundo.

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112

Por: Alfonso Carcasona 28-08-2013

Volvíamos plácidamente de nuestras vacaciones de verano,

 cuando en el km 186 de la N II nos encontramos de frente con la aleta del guardabarros de un coche que se encontraba unos 100 metros más adelante cambiando una rueda en el arcén. La carretera no venía especialmente transitada, lo que facilitaba que se fuese a buena velocidad, pero afortunadamente el despojo se encontraba en una zona de buena visibilidad, lo que permitía, si estabas suficientemente atento, sortearlo sin mayor problema.

Llamamos desde el manos libres del coche al 112 para comunicar la incidencia, ya que algún despistado podría ocasionar un accidente. Nos atendieron en seguida, identificándose como 112 Castilla La Mancha, tomaron nota de la incidencia, y dijeron que iban  a avisar a la Guardia Civil. 

A los 10 minutos nos llamaron del 112 de vuelta, para preguntarnos si sabíamos en qué Comunidad Autónoma estábamos. Por supuesto que no tenía ni idea. Es que el km 186 pertenece a la CCAA de Aragón, y la localidad que me ha dicho que ha pasado es Aragón. Sorprendido le contesté que yo había llamado al 112, y que me había contestado esa señorita. “Bueno, pues no se preocupe”, le transfiero con el 112 de Aragón (¡!).  La música de espera de la transferencia de llamada es el canon de Pachebel, edición ralentizada. ¡Como para que sea una emergencia! Cuantos coches habrán pasado por el km 186 en este tiempo… ¿Se habrá producido ya algún accidente? Al cabo de otros 3 minutos se acaba la música y la señorita que me había llamado había recobrado algo de sentido común y había llamado ella a su colega de Aragón para que ésta a su vez avisase a la Guardia Civil. A todo esto, en medio de la conversación con el 112, paso delante de un coche de la guardia civil con un radar. Es una recta, llevo el navegador a 120 km/h, pero quien sabe si algún avispado ha limitado ahí la velociodad a 100 o a 80…

En este estado de las autonomías en el que vivimos, que algunos quieren radicalizar convirtiéndolo en estados independientes (no quiero ni imaginar el follón operativo, administrativo e incluso lingüístico caso de que la incidencia se produjese entre Aragón y pongamos Cataluña), algunos protocolos son de Mortadelo y Filemón. 

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