Martes 21 de Noviembre 2017

Flaco favor a la ERE

Por: J. Lorenzo 27-05-2013

Ignoraba que el problema de la educación en España se debiese a la asignatura de Religión,

a lo que se ve, una “María” de armas tomar, si hacemos caso del ruido que su tratamiento en la LOMCE ha generado. Sin embargo, no se habla de las medidas (si es que la nueva norma adopta alguna, porque, insisto, nadie las menciona) para luchar contra lo que creía que eran las lacras del sistema educativo: el fracaso escolar, el prematuro abandono de los estudios, una deficiente FP…

La escuela católica ha acogido con frialdad la propuesta del ministro Wert. Pero ni eso hace reflexionar a quienes aseguran que la Iglesia ha ganado la reforma educativa, rumboso titular de fácil regurgitación política. Claro que en estos tiempos de inclemencia intelectual, cada cual rebusca en los think tanks que tiene a mano.

Solo quienes creen que esta ley está pensada para “españolizar” a catalanes y vascos no se han mostrado tan indignados con la Religión en este enésimo anteproyecto educativo de nuestra democracia. Siete leyes, siete, y curiosamente, en casi todas, la ERE ha sido polémica.

¿No habrá llegado la hora de pensar por qué? ¿Debe desaparecer de la escuela pública una asignatura que los padres, mayoritariamente, eligen para sus hijos? ¿Tiene que seguir justificando su razón de ser una materia que es opcional?

La ERE –también ahora– ha entrado por la puerta de atrás, la que le abren los Acuerdos Iglesia-Estado, un derecho que pesa cada vez más como una losa. En países vecinos, donde ya no se confunde laicismo con quijada, sus sociedades han entrado en esa fase donde valoran como un logro la libertad religiosa. Caminan hacia esa “laicidad postsecular”, hacia esa “laicidad de inteligencia” de la que han hablado think tanks más fiables como Habermas o Debray.

También de ahí debería aprender la Iglesia. Apelar a un derecho –que lo tiene, aunque no sabemos por cuánto tiempo– cuando otros –trabajo, vivienda, justicia, etc.– están en almoneda, refuerza la idea del privilegio. La Iglesia –que aún cuenta con el apoyo de las familias– no debiera temer debatir en sociedad que la ERE que propone no hace daño a nadie. Pero hoy, solo escudarse en los Acuerdos debilita sus razones de sentido.

 

Ver más

ENFERMOS... ¿TERMINALES?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 26-05-2013

Un repaso a las noticias de esta semana nos pone los pelos de punta.

Y no me refiero solo a las nuevas catástrofes, tornados, actos terroristas, ni tampoco al tortazo de la Bolsa o a la marcha de Mouriño…

Casi diría que mi desazón es aún mayor cuando veo a expresidentes de las ya extintas Cajas de Ahorro ingresando en la cárcel. Por supuesto que ni juzgo ni dejo de juzgar a este señor, pero cuando pienso en la sociedad que habíamos creado, en el esfuerzo y la ilusión que tanta gente puso hace cientos de años para crear unas entidades sin ánimo de lucro que captaran el ahorro de los más humildes, del Pueblo, para dar créditos a este mismo segmento poblacional, cuando pienso en las tiendas, las granjas, las empresas familiares que han salido adelante gracias a este esfuerzo inversor, y los empleos que han generado, la riqueza, el bienestar… ¿No se os ponen los pelos de punta también a vosotros? Seguimos viendo en los periódicos a esos grandes “cajeros” (que no banqueros), a esos yernísimos de la aristocracia, a esos tesoreros de los partidos políticos, a esos oportunistas todos ellos que han olvidado ver la función pública, que se han olvidado de sus responsabilidades, de su compromiso, del “porqué” y el “para qué” de su situación…

“Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”. Lo leíamos esta semana en el Evangelio. ¡Qué gran razón tenía el Maestro! Pero… ¿Porqué no sabemos verlo? Y si lo vemos, que mal estamos llevando a cabo nuestra función apostólica porque no parece que cunda el ejemplo…

Las Cajas han desaparecido de un plumazo por la avaricia y el nepotismo de unos pocos. Y consigo se han llevado puestos de trabajo que creíamos “eternos”, y se han llevado consigo la financiación que ahora ha hecho quebrar a tantas pequeñas empresas, y consigo se llevaron tantos sueños y tanto bienestar que nuestros padres y abuelos habían ido creando como hormiguitas…

Todo esto lo recordaba el otro día en la apertura de unas jornadas del foro nacional de microfinanzas, en la Universidad de Comillas, con un grupo de instituciones que soñamos con poner en marcha un sistema de financiación accesible para los más necesitados como instrumento sostenible de lucha contra la pobreza y el paro. En pocas palabras, volver a lo que ya teníamos tras este devastador tsunami llamado avaricia y pelotazo que empezó a formarse con una sociedad que salía de la dictadura para proclamar el “todo vale”, el “todo lo quiero”, y lo que es aún más dañino, el “todo lo puedo”.

Pero la peor de las noticias estaba por llegar. Hace un par de días murió Alpha Pam, un senegalés que dejó a su familia, que probablemente se aventuró en un cayuco de mala muerte y así llegó a España hace varios años en busca de un sueño que se tornó en pesadilla. ¿Cómo murió? Tenía tuberculosis y la España de los recortes le impidió acceder a un médico que le viera y le tratara. Alpha Pam, descanse en paz, ha sido la primera víctima mortal de un sistema de exbienestar que ahora ya no acoge, ya no es solidario, ya no atiende a los enfermos si no pagan primero una barbaridad. La anteriormente llamada sanidad pública, que como las Cajas desaparece para dar paso a la nueva sanidad “privatizada”. ¿Y quien es el enfermo? Yo creo que Alpha Pam no es el enfermo. La enferma es la sociedad que le condena. Si realmente Jesús se nos apareciera, como nos recuerda Juan Mari, nos echaría a todos de su iglesia como a los mercaderes del templo, preguntándonos qué es lo que no entendimos de la parábola del buen samaritano.

Lo sabemos. No es una crisis económica. Es realmente una crisis de valores a la que hemos llegado porque estamos realmente enfermos. La pregunta del millón es si es una enfermedad curable o una enfermedad terminal... La pregunta del millón de sonrisas y canciones, señores, no del millón de euros, que por una vez vamos a dejar al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.

Ver más

Sacro Speco

Por: Alfonso Carcasona 26-05-2013

Hemos visitado hace unos días el

Sacro Speco la gruta en la que vivió retirado del mundo San Bernardo en el siglo VI. Como todos estos lugares, hoy es un precioso monasterio, construido en memoria del santo, en lo alto de una montaña retirada unos kilómetros del pueblo de Subiaco, a 70 km más o menos de Roma. La gruta es de lo más incómodo que nos podamos imaginar, y eso que ha sido acondicionada para que podamos visitarla con tranquilidad.

La subida a la montaña, al igual que la del monte de la Verna, o cualquier otra donde se retiraban los eremitas, es muy dura, a pesar de que la hagamos con nuestros buenos calzados de última generación, la ropa térmica que nos protege del frío y de la lluvia, las gafas del sol o del viento. Sabemos, por lo demás, que una vez alcancemos la cima, a la que nos acercaremos en coche lo que estimemos pertinente, nos esperará una taza de café caliente, un buen plato de sopa, y una habitación acogedora, con todo tipo de comodidades, desde ducha caliente a cama con almohada. Podemos desplazarnos de monasterio en monasterio, por mucho que se encuentren a miles de kilómetros de nuestra casa, a la que volveremos al cabo de unos días.  Y las más veces guardaremos la experiencia para nosotros, o nuestros amigos y familiares, cuando compartamos con ellos las fotos hechas. Vivimos en un mundo de facilidades, en el que la mínima complicación (una pequeña lluvia, un cambio de planes) nos destrozan la existencia 

Aquellos santos, los conocidos y los anónimos, tuvieron que soportar momentos de verdadera dificultad. Buscaban su encuentro con Dios retirándose enteramente del mundo.  Y eran apreciados por su ejemplo, no por sus palabras. La gente les seguía por lo que hacían (o por lo que dejaban de hacer). No buscaban seguidores, no tenían intención de fundar nada. Solo después, una vez que se apreciaba su ejemplo, se les unían.

Es difícil que hoy encontremos ejemplos como los de antaño en nuestras sociedades desarrolladas. No hay espacio, por más que lo hemos agrandado hasta límites insospechados. ¿O si que lo hay? Quizá no haya que buscar en el ancho mar, sino en la esquina de al lado, como hicieron ellos. Por desgracia, oportunidades no faltan. El joven rico le pregunta a Jesús, Maestro bueno, que he de hacer para alcanzar la salvación. La respuesta la conocemos todos, sólo debemos buscar en nuestro corazón, como seguramente hicieron los santos que no buscaban el café caliente en lo alto de las montañas. Y la respuesta, que todos conocemos, no es tan evidente como podríamos pensar.

 

 

Ver más

DE FIESTA

Por: Santos Urias 22-05-2013

Nada hay nada tan propio de cristianos como vivir en fiesta.

Cuando dices esto a algunas personas, te miran raro, como con escepticismo; tal vez ellos han divorciado estás palabras de su diccionario, no en el de la lengua si no en el del corazón. Muchos asocian la fe, o al menos la religiosidad, con un cierto estado de aburrimiento, de resignación, de compromiso en el peor sentido de la palabra, de formalismos, de falta de verdad. Que contradicción. Si uno toma los evangelios, lee y escucha, contempla un Jesus que evita toda superficialidad, con diálogos llenos de contenido, de autenticidad. Celebrando el perdón, la alegría de soñar, las inquietudes, la búsqueda. Comiendo, bebiendo, multiplicando, lo que hoy llamaríamos un “macro botellón” a orillas del lago de Galilea, y la gente se reunía, no para emborracharse, ¿o sí? Tal vez sí, para emborracharse de vida, demandando aquello que otros no les daban, el vino del Espíritu, el fuego de mirar a los ojos, de intentar superar las diferencias, de comprenderse aunque la caligrafía y los sonidos te sean extraños. Decían de los primeros discípulos que estaban ebrios, tan alegres, festejando, compartiendo. 

El otro día nos reunimos un grupo de amigos, de chavales, de gente sencilla. Oteadores de sentido con ganas de divertirse y de ser. Oramos, nos identificamos con aquello parte del cuerpo que más nos representaba, hicimos silencio, nos reímos, juntamos nuestras manos pero sobre todo nuestros corazones: tan diferentes, tan iguales. También con lenguajes diversos. Y comimos de lo que cada uno trajo: tortillas, pasta de queso, ensaladas, embutido, guacamole, dulces, galletas. Bebimos mientras conversábamos, nos emborrachamos los unos de los otros, para dejarnos tocar, para danzar en libertad, como cuando se recitaban los Salmos al Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. 

Quizás todo es más sencillo. Hemos puesto lupa allí donde los temores nos arrastran o hemos mirado en la dirección equivocada. Por eso más allá del sufrimiento, del dolor e incluso de la muerte seguiremos de fiesta, brindando y alzando nuestras copas: ¡salud! 

Ver más

Empieza a oler a oveja

Por: J. Lorenzo 20-05-2013

Obstinadamente, la jerarquía eclesiástica en España

 ha ido sorteando el desafío pastoral que supone esta Gran Recesión, este más de un lustro de sufrimiento para millones de familias, este quinquenio negro para los derechos sociales, entonando la letanía de “no tenemos recetas contra la crisis”. Ese ha sido un conjuro utilizado cada vez que se preguntaba sobre el papel de la Iglesia en este cambio de época. Nadie pedía fórmulas para detener la escalada de la prima de riesgo ni un informe para contener el déficit público. La Iglesia, como acaba de decir el cardenal Sistach, ya ayudaba materialmente con Cáritas, y también espiritualmente. Tan solo le faltaba la denuncia profética –esto lo digo yo– ante lo que veía, un poner coto a tanto desmán, un sacar los colores ante tanta impunidad política, económica y empresarial; un “basta” ante tanto recorte a los más débiles, a los que cada vez les queda menos de donde arañar… Solo se trataba de eso, de saber que había una instancia de sentido que no tenía que callarse por disciplina de partido, aunque a veces diese la impresión de que ese silencio buscaba sus propios réditos.

¡Cómo estaría el nivel que nos conformamos con que el cardenal de Barcelona afirme que “asustan los recortes en la Ley de Dependencia”…! O que reclame un Pacto de Estado contra el paro sin que tema que le digan lo partidos que meta las narices de nuevo en la sacristía. Hace un año, algunos obispos abroncaban a dirigentes de la HOAC por su espíritu demasiado combativo para su gusto. Hoy, algunos los felicitan y cuelgan sus mensajes en las webs diocesanas… Empieza a oler a oveja. Estamos asistiendo a un suave reajuste de criterios, con obispos que reciben a trabajadores que les muestran su temor ante sus situaciones laborales, a su miedo a la incertidumbre por prácticas empresariales más cercana al filibusterismo que a la creación de bien común. No les piden al obispo que sujete en la calle su pancarta de protesta. Simplemente que les escuche. Lo sorprendente es que los trabajadores aún quieran contarles sus penas a los pastores. Cuestión de fe, recuerdo de otra Iglesia que se conmovía con ellos y de un Papa que ya obra milagros en los episcopados.

Ver más

Pentecostés

Por: Juan María Laboa 19-05-2013

Al narrar el descenso del Espíritu Santo

 en forma de llamaradas que se posaban encima de los apóstoles, los Hechos de los apóstoles explican el estupor de los judíos de todos los pueblos que se encontraban en Jerusalén al darse cuenta de que cada uno de ellos entendía en su idioma lo que los apóstoles proclamaban. En cada uno se manifestaba el Espíritu con todos sus dones con el fin de conseguir nuestro esfuerzo y nuestra dedicación al bien común.  Este suceso que subrayaba la unidad y la comunión de los miembros de la primera comunidad choca con la narración de la torre de Babel en la que soberbia desembó en el desconcierto y el enfrentamiento de sus constructores.

Esta contraposición nos lleva a tener en cuenta la situación en la que nos encontramos en nuestros días. Da la impresión de que la sociedad vive momentos de agresividad y rechazo mutuo, en los que los seres humanos preferimos centrarnos en nuestros intereses antes que buscar entendernos y dialogar. Es decir, estamos experimentando la misma experiencia de Babel a pesar de que hemos multiplicado las posibilidades de comunicarnos, de tener informaciones, de transmitir noticias, de conocernos y amarnos. ¿Ha crecido, en realidad, la capacidad de entendernos o paradójicamente nos entendemos menos cada día? No cabe duda de que han aumentado en nuestras relaciones la desconfianza, la sospecha mutua, el temor recíproco, de forma que acabamos convirtiéndonos en muchas ocasiones en un peligro para los otros.

La respuesta y la propuesta que nos ofrece Pentecostés consiste en un modo nuevo de comunicarnos: la de anunciar y oír cada uno de nosotros las maravillas de Dios en nuestra lengua, según nuestras capacidades y nuestras necesidades. No podemos ser al mismo tiempo egoístas y generosos, sucumbir a la tendencia de aprovecharnos de los demás y probar la alegría de servir a los demás, mentir cuando nos sirve y declararnos transparentes. En todo momento debemos elegir y seguir el impulso que el Espíritu Santo nos ofrece, el impulso del amor, de la unidad, de la verdad y del testimonio que construye la comunidad. El impulso que nos ayuda a reconocer nuestro pecado y nos impulsa a pedir perdón y a dar gracias.

Ver más

Babel (y II)

Por: Alfonso Carcasona 18-05-2013

Hoy me gustaría dejar en esta bitácora una reflexión

desde un ángulo muy distinto al de la semana pasada, pero relacionado con la utilización del lenguaje como arma arrojadiza.

 Si en mi anterior reflexión me centraba en la tontería hispana acerca del uso de la lengua como elemento disgregador y de desunión en un tiempo como el actual en el que parece obvia la necesidad del tamaño para competir en un mundo globalizado, en esta quiero compartir mis ideas acerca de uno de los aspectos introducidos por el concilio Vaticano II en nuestra vida: la utilización de la lengua vernácula en la celebración de la Misa.

Antes de 1965 las misas eran en latín. Y, naturalmente, no todo el mundo, sino una pequeña minoría, lo entendía. Imagino que ir a Misa, más allá de lo fundamental, es decir, celebrar la Eucaristía, debía de exigir un grado de introspección y concentración en la oración mucho más fuerte de la que existe hoy, lo que imagino no sería el caso. El vaticano II abrió la liturgia al mundo, permitió que se relacionase con su época.  Como es obvio, los movimientos ultraconservadores se opusieron, se siguen oponiendo. Es curioso que la lectura de este domingo (Hechos 2,1-11) nos hable como el Espíritu descendió sobre los discípulos y les abrió la posibilidad hablar, rezar y predicar en distintas lenguas «Pero éstos ¿no son todos galileos? ¡Y miren cómo hablan! Cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa”.

¿No alucinarían si apareciesen en nuestras comunidades y nos viesen rezar en lengua extraña?

Pues bien, parece que esos movimientos conservadores quieren hoy volver 50 años atrás, y que en distintas comunidades y seminarios se lo están planteando seriamente. Algunos se basan en las estadísticas. Hace 50 años iba más gente a Misa que hoy. Y hace 500 iba todo el mundo. Seguro que era porque era en latín y no se enteraban de nada.

Ver más

Babel

Por: Alfonso Carcasona 11-05-2013

Esta semana hemos visto nacer una nueva lengua ofical (o más bien dos)

 en nuestro país (estado o nación): el lapao y el lapapyd, acrónimos de “lengua aragonesa propia de Aragón oriental” y de “lengua aragonesa propia de las áreas pirenáica y prepirenaica”. Se trata de evitar el uso de la palabra catalán para referirse a la lengua que se habla a tres kilómetros de Cataluña, en el Aragón oriental. Y ya de paso, reconocemos la singularidad cultural de cada una de las zonas. Se dice además que en Aragón, como en el resto de nuestra peculiar piel de toro, se hablan multitud de lenguas, como en Fraga el fragatí o en Tamarite de Litera el tamaritano.

En el capítulo 11 del Génesis Dios, ante la idea del hombre de construir una torre cuya cúspide llegue al cielo, hizo que cada uno de ellos hablase una lengua de manera que cejasen en su empeño común y se dispersasen por la tierra. Dijo Dios:

He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros”.

Hoy vivimos en una sociedad cada vez más globalizada, donde el aleteo de una mariposa en un bosque de Brasil tiene incidencia en Macao. Donde los estados se confunden cada vez más en otras supraestructuras que compiten entre sí por la supremacía y el poder en el mundo. Poder económico, en el control de los recursos naturales, en la imposición de culturas y religiones varias. En establecer el cómo vivirán las siguientes generaciones.

Los hombres transitamos hacia Babel, intentando que una sola lengua (ya sea el chino, el inglés, el árabe, o en el caso de España, el castellano, gallego, euskera, catalán lapoes, fragati o chulapo) nos una para construir una torre que en este mundo secularizado no nos llevará al cielo sino al sometimiento del prójimo. No es nada nuevo, ya se inventó hace miles de años.

 Pero que el mundo esté tranquilo, porque en nuestro país tenemos a todos los herederos de aquella diáspora, y no estamos dispuestos a crear ningún proyecto en común. Más bien al contrario. Montaremos muchos proyectitos, en la esperanza utópica de que el mundo reconocerá nuestros esfuerzos y no nos aplastará y hará hablar chino, con acento andaluz o inglés con acento catalán. Desafortunadamente no lo hacemos para complacer a Dios, sino a nuestros pobres egos.

 

Ver más

NO TENGO BICICLETA PORQUE TENGO MUCHOS AMIGOS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-05-2013

Lamu es una isal maravillosa en la costa de Kenya,

muy cerca de Somalia. Allí colaboramos con una ONG que abrió hace ya muchos años una Casa de Acogida para huérfanos y otros niños con diferentes necesidades (actualmente acogen a más de 200 niños y niñas). Una gran parte de sus ayudas van destinadas a los refugiados que vienen de Somalia. Desde Africa Directo colaboramos con ellos en un programa de microcréditos que vamos a ampliar en los próximos meses y que de momento ha ayudado a cientos de mujeres a sacar adelante a sus familias (para el que tenga interés en ver fotografías de este proyecto, o un informe de dicho programa de microcréditos y las fotos de las mujeres que han empezado ya sus diferentes negocios, tenemos en nuestra web algo de información:
http://www.africadirecto.org/index.php?m=Paises&pid=13&tid=286&op=proyecto

Al ser una pequeña isla, no hay coches ni autobuses. Tan solo burros, y no lo digo peyorativamente...
Andando de arriba abajo para ver las casas de los refugiados, el Hospital, los Colegios y diversas actividades llevadas a cabo ahí, le pregunté a uno de los encargados del proyecto sobre la posibilidad de supervisar más rápidamente a las familias apoyadas con la ayuda de una bicicleta. Me miró sorprendido y al rato me contestó que no es posible. Me hizo mucha gracia cuando me dijo aquello: "¡Es que tengo muchos amigos!".
La primera vez que escuché algo así fue hace ya muchos años en Malawi. Ahí aprendí que la bicicleta no "te la roban", no "la rompes", no "la descuidas"... La bicicleta muere un día de repente. Tiene vida propia y a nadie le puedes responsabilizar de su mal uso. Si añades a todo esto el "mal de ojo" africano, entiendes que un descendiente de los primeros bantú llegados al Africa Austral cambie lo que nosotros llamaríamos "me la van a romper estos desgraciados", por "tengo muchos amigos".
Siempre pensé que la falta de desarrollo africano está en gran parte condicionada por este modo de ser, esta aceptación, esta fatalidad, y sobre todo por la "envidia", nada sana, que tira para abajo del que sobresale para que los que no lo hacen no se sientan en inferioridad.
Y así escucho esta semana las declaraciones del Sr. Rajoy y de la Sra. Aguirre. El uno que no acaba de concebir una reducción fiscal que la otra pregona a los cuatro vientos como solución imprescindible para los liberales.
Os voy a contar otra historia que conozco relativamente de cerca. Una persona enormemente válida, muy trabajadora y que ha conseguido lo que podríamos llamar el éxito profesional se va a ir en breve a vivir fuera de España. Su sueldo es astronómico como directivo de una empresa, y por lo tanto su IRPF también es astronómico. El problema evidente es que, si compramos un kg. de naranjas en el mercado o en un hipermercado barato para no gastarnos el doble en una tienda más cara, ¿no es normal que miremos también los escaparates de un producto llamado "carga fiscal"? Está claro que es injusto, ya que el señor que limpia cada día la puerta del sol o el que conduce un autobús en Valencia, aparte de cobrar mucho menos, no pueden residir fiscalmente fuera de su Municipio. Pero volviendo al que gana millones de euros, y que paga a su vez también millones de euros, y que se ahorraría también millones residiendo fiscalmente en otro país europeo que a su vez le va a dar mejores contraprestaciones (una mejor educación para sus hijos, etc.). ¿Va a pagar nuestro diferencial por la marca España?, ¿por el sol y playa? ¿O porque ganamos el mundial? Seguirá trabajando en lo mismo, haciendo lo mismo, pero con ayuda de un ordenador, un teléfono y una línea aérea low cost que le traiga a España menos de 183 días al año podrá seguir haciendo su trabajo en la misma empresa española sin pagar tanto por ello.
En este caso las arcas estatales se van a quedar sin muchos millones de la noche a la mañana, y seguro que no es el único. Pero un dirigente político no suele atreverse a tomar medidas demasiado impopulares porque "quieren tener muchos amigos". Así que nos quedaremos sin bicicleta. O sin muchos millones, que es lo mismo...

Ver más

la Iglesia y la des-campaña de la renta

Por: J. Lorenzo 11-05-2013

La Iglesia no recibe a través del Estado ni un solo euro que los españoles no quieren que reciba

Quiere esto decir que, con la campaña anual de la declaración de la renta, la Iglesia recibe lo que quienes marcaron la equis en la casilla correspondiente han querido otorgarle. Ni más ni menos, aunque últimamente menos, porque la crisis aprieta los bolsillos y ya son muchos los que no tienen que hacerla porque sus exiguas rentas les eximen de la obligación. En todo caso, el proceso para que la Iglesia perciba ese dinero es mucho más exigente que el que hay para otras instituciones sociales, que reciben sus fondos públicos por obra de la graciosa voluntad política del momento. Tal y como está el patio, imagino a partidos políticos, sindicatos o a la Casa Real (por citar a instituciones que, lo siento, pero aún me merecen consideración) sometiendo su financiación al plebiscito popular… Me viene a la mente una gráfica imagen de un tal Bárcenas cuyo dedo nos señalaría no el camino, sino la respuesta…

Pero este debate, además de cansino, está viciado de raíz por prejuicios de todos los colores. A estas alturas del año, cuando el personal se sacude la pereza y acomete su declaración, junto con la publicidad pagada que la CEE concede a algunos medios de comunicación para concienciar de la necesidad de marcar “su” equis, se encuentra en algunos de ellos con otra publicidad impagable para los que temen salir del cómodo mundo de los estereotipos. Así, proliferan informaciones sobre el poderío inmobiliario de la Iglesia gracias a las inmatriculaciones (algunos preferirían devolver la mezquita de Córdoba a algún descendiente de Abderramán, dejando sin derechos sucesorios a los visigodos, pongamos por caso), que tal y como está la sensibilidad hipotecaria, es como mandar al ministro Margallo de visita a Venezuela.

Quien no quiere abrir los ojos, nunca podrá ver la labor que está realizando la Iglesia en España, y más en estos tiempos. Dicho esto, la Iglesia también puede esforzarse no solo en ser honrada, sino en parecerlo. Es esa coherencia a la que nos invita el papa Francisco. Por si alguno abre un ojo en ese momento y se le cae un estereotipo.

Ver más

Ratzinger vuelve a Roma

Por: Juan María Laboa 11-05-2013

Los diversos medios de comunicación

 insistieron ayer en la novedad  de la convivencia de dos papas en los estrechos límites del Vaticano. Unos comentaron  las dificultades que podrían surgir de esa situación y otros, con un voluntarismo a prueba de bomba, insistieron en la armonía y felicidad de tal convergencia. Muchos, sin embargo, siguen sin entender  la foto de dos sacerdotes que visten de igual manera, son tratados con los mismos títulos y viven a diez minutos de distancia.

Creo que el equívoco está servido, no en la sustancia sino en la precipitación de un acuerdo versallesco provocado por la novedad y la improvisación. En la Iglesia solo existe un papa, el obispo de Roma, elegido cuando su antecesor renuncia o muere por los cardenales que tienen facultades para ello. Un papa, no dos ni medio ni cuarto y mitad. La figura del papa emérito, desde mi punto de vista, no tiene sentido. La implantación reciente de tal título en la sociedad civil nació de la vanidad de quienes quieren mantener un estatus, como los catedráticos y otras especies de funcionarios, o de su deseo de continuar recibiendo unos emolumentos que habían desaparecido con su cese. Es verdad que a los antiguos presidentes de gobierno se les sigue llamando en España presidentes, pero a ninguno en Holanda se le ocurrirá dirigirse a la princesa  Irene con el tratamiento de Majestad. La Iglesia, una vez más, ha seguido las costumbres del mundo y ha comenzado a llamar eméritos a los obispos dimisionarios, consciente de la importancia de unir el episcopado al nombre de una Iglesia local. En España contamos con numerosos obispos eméritos y el pueblo no se complica la vida ni los confunde con los obispos residenciales. Pero este concepto de emérito no puede aplicarse sin más a cualquier título sin que resulte ridículo o confuso o peligroso. ¿Papa emérito?  ¿No resultaría más clarificador llamarle sin más obispo emérito de Roma?

En la Iglesia se nace con facilidad, pero se muere harto difícilmente. Nacen las congregaciones religiosas como hongos, sin demasiados requisitos, pero nunca desaparecen, aunque su finalidad se haya desvanecido o su situación de languidez resulte dañosa. Se decide suprimir a los cardenales que han cumplido ochenta años su razón de ser, es decir, su facultad de elegir al papa, pero quedan con sus púrpuras y sus sinecuras, dando al mundo la imagen de permanecer agarrados a la vanidad de un servicio ya inexistente. Nos encontramos con que un papa valientemente decide renunciar al pontificado, pero le seguimos vistiendo de blanco, se le trata de santidad y vive en el cogollo del minúsculo Vaticano. Seguimos sin distinguir la persona del oficio y pensamos que debemos proteger con coraza de artificio a un hombre que valientemente ha decido seguir al Señor de un modo absolutamente evangélico.

Estoy absolutamente convencido de que el Padre Ratzinger no dará un mínimo motivo para pensar que complica la vida de su sucesor, pero el tratamiento con que fue recibido antes de ayer en el helipuerto del Vaticano fue estrictamente el exigido por el protocolo para los viajes del papa. No resulta natural ni lógico. La renuncia tiene unas razones y unas consecuencias y los signos deben acompañar y demostrar tal opción.

Esta aclaración por mi parte solo tiene un sentido. La decisión de Benedicto XVI de renunciar al pontificado tendrá importantes consecuencias en la historia futura de la Iglesia y esto es reconocido por todos los especialistas y analistas. Desde mi punto de vista, con su decisión de dedicarse a la soledad y a la oración, el último papa ha ofrecido, también, al mundo y a la comunidad cristiana, un testimonio extraordinario de la importancia decisiva de la oración y del desierto espiritual en la experiencia cristiana. Esa decisión radical debe encuadrarse en un marco de abnegación y de humildad que no conviene banalizarlo. Es verdad que los humanos y, de manera especial los clérigos, mostramos una irresistible tendencia a justificar lo que nos interesa con grandes conceptos  y arabescos, pero no olvidemos que el motivo del atractivo que el papa Francisco está ejerciendo en las personas se debe en gran medida a la sencillez y humildad de sus palabras y de sus gestos. Constituiría una insensatez malgastar el gesto del anterior papa por no ser capaces de extraer todas sus consecuencias.

 

Ver más

LOS QUE ESCUCHAN

Por: Santos Urias 07-05-2013

Caminan por las calles.

Unos con la cara de ciprés, otros con el rostro despertado. Escuchas sus quejas aunque no hablen: susurros, suspiros, desagrado en las manos. Expulsan sus demonios jugando con el móvil; mueven los dedos con rapidez, como un director de orquesta. Ahora se habla con los dedos, ¿lo sabías? El vuelo de sus sueños es como la calima, polvo del desierto en suspensión. Pesado, rojizo, parece la sangre de los animales sacrificados. Un cúmulo de plagas que se extiende sobre la ciudad y se queda metido en una mirada sin lentes: ojos que no ven, corazón que no siente, si la luna miente, pregúntale al sol. Canciones repartidas por las aceras, versos disparados de esquina en esquina y que con suerte te alcanzan y te dejan mal herido por la poesía. Cuando todo se ve gris o mejor dicho cuando nos ha invadido el glaucoma, ¿quién nos puede devolver la luz? 

Hay un ejército de susurros que se extiende como el aceite. Voces de arcoíris que tiñen los edificios; que celebran que se han ido los agoreros; que brindan con la solidaridad y con la grandeza del día a día. Cada mañana, un regalo; cada atardecer, un nuevo milagro: el cielo arde y tú prendes como un pequeño carbón regado con incienso que se eleva hasta lo alto y llena de aroma el microclima de la ciudad. 

Tú decides: o te lleva la corriente de los ayes ensimismados; o te sitúas en el marco de los que escuchan a los otros, al Otro, para seguir leyendo la novela de la historia y recrearla con fe. 

Los que escuchan son de la esperanza. 

Ver más

La periferia llama a la puerta

Por: J. Lorenzo 06-05-2013

Hubo un tiempo no tan lejano en el que,

 en España, solo escribían sin censura previa los obispos. Algunos –pocos- hicieron uso de esa prerrogativa para abordar con libertad aspectos de la actualidad. Así, algunas graves carencias e injusticias fueron abordadas con espíritu evangélico en aquellos tiempos, para disgusto de los elementos más conspicuos del Régimen, que consideraban tal hecho como una traición de la Iglesia, su “socio natural”, diagnóstico en el que coincidían no pocos obispos. Más valía la miseria con gente de bien que que te sellara la cartilla de racionamiento una pandilla de apóstatas.

Hoy tenemos libertad de expresión y aquella posguerra solo la recuerdan los más mayores, los que ahora tiene que estirar su pensión para que sus hijos y nietos no caigan en la exclusión social. Los datos de la EPA dibujan un cuadro terrorífico. A muchos les empieza a faltar lo necesario para vivir. Pero estos ya no tienen quién les escriba. Sí, por ahí aparece alguna pequeña carta o se dice alguna frase medida al milímetro, como quien hace balance de inventario, no vaya a ser que nos quedemos sin religión en la escuela… O se escribe y se repite que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, con lo cual, claro, parece como que una especie de justicia divina hubiese vuelto a poner las cosas en su sitio.

Es preferible seguir mudos a decir estas cosas, porque es una observación obscena. Hace años, cuando aún estábamos instalados en el bienestar, Cáritas ya advertía que una franja significativa de la población era pobre y que no había notado en absoluto la bonanza económica. Así pues, un respeto, pues mucho me temo que los que entonces estaban pasando penuria son ahora directamente excluidos sociales, personas que difícilmente podrán ser reintegradas. Quienes eso piensan o dicen deberían darse una vuelta por las colas del paro, lo más parecido a un purgatorio laico. O acompañar a los curas, a los religiosos y religiosas en su quehacer en medio del “espesor de lo real” -en expresión de Fernando Urbina-, sobre todo en los cinturones industriales. Hoy, la periferia ya está en nuestros portales. 

Ver más

ESCRACHE

Por: Dolores Aleixandre 06-05-2013

Lejos de mi animar al escrache

(ya saben, lo de presionar y acosar a políticos por el tema de los desahucios)  porque algunas de sus formas de intimidación resultan muy violentas. Pero quiero rescatar uno de sus componentes, la insistencia, cuya eficacia está atestiguada por los personajes de algunas parábolas. Ahí está, sin ir más lejos, aquel tipo inoportuno que tocaba el timbre de la casa de su amigo a media noche, que no son horas, para pedirle tres barras  de pan para un tercer amigo que, la verdad, podía haberse esperado un poco. La conclusión de la parábola es sorprendente: el “acosado”  termina por levantarse y dárselas (quizá se las tiró por la ventana…), no por nobles motivos de amistad, sino sencillamente para que le dejara en paz (Cf.Lc 11, 9-10).
¿Y qué me dicen de aquel juez, perseguido por una  viuda insistente y pesadísima y que, para quitársela de encima, decide  atenderla y revisar su caso? (Cf.Lc 18,1-8). Según una lectura peculiar de Thomas Keating, esa viuda es clavadita a Dios: también Él nos persigue para que le hagamos  “justicia” y entablemos con Él una relación que responda a su incomprensible amor.
De entre las imágenes que emplea el Apocalipsis para hablar del Resucitado (cinturón de oro en los lomos, llamas de fuego en sus ojos, estrellas en su mano…),  la que prefiero con diferencia es la que le presenta practicando un mansísimo escrache: quieto ante la puerta de nuestra casa y llamando por si acaso queremos abrirle y compartir con Él nuestra cena.
Ver más

En soledad ha puesto ya su nido

Por: Juan María Laboa 05-05-2013

Salió del Vaticano como papa y vuelve como ermitaño,

 a rezar por la Iglesia como los grandes orantes de la historia, él que conoce como pocos la debilidad y las grandes necesidades de nuestra comunidad creyente. Cumple así lo que  dijo al anunciar su renuncia al ministerio para el que había sido elegido: “aunque me retiro ahora, en la oración estoy siempre cercano a todos vosotros, y estoy seguro de que también todos vosotros estaréis cercanos a mí, aunque permaneceré escondido para el mundo”.

Mientras tanto, durante la Sede vacante, los cardenales han elegido un nuevo Papa, que ha sido recibido por la Iglesia y por el mundo en general con enorme alegría y esperanza. Aunque algunos permanecen desconcertados y no acaban de entender, no convivirán en el Vaticano dos papas ni papa y medio, sino solo el único papa, Francisco, obispo de Roma, el sucesor de Pedro en la sede romana, y el anterior obispo de Roma que ha decidido seguir sirviendo a la Iglesia, ahora desde la oración y el silencio.

Benedicto ha inaugurado una nueva tradición que, si se impone, constituirá una inmensa riqueza para la comunidad creyente. Hay en este momento en la Iglesia millares de obispos y sacerdotes retirados de sus diócesis y parroquias que viven sus últimos años según sus fuerzas y su capacidad espiritual. ¿No constituiría un ejemplo y un testimonio excepcional si se impusiera la virtud moral y sobrenatural de amar a la Iglesia más que a sí mismos, ofreciendo los últimos años de sus vidas a la oración por los seres humanos  en el retiro y la humildad? Ya hace siete siglos, al renunciar Celestino V al pontificado, decidió retirarse al desierto solitario, a la ermita que tanto quería. Probablemente, tanto uno como otro, han pensado que dedicándose a la oración pueden conseguir más y mejor la conversión de los creyentes.

Juan Pablo II decidió levantar en el seno del Vaticano un convento de monjas de clausura con el fin de que se alzara permanentemente hasta el Señor de los cielos un clamor de súplica y de transparencia. No creo equivocarme si pienso que la sustitución de las monjas por el obispo Benedicto pretende mantener y testimoniar ese gran camino de comunicación con Dios y con los hermanos, recomponiendo con su amor desinteresado, en unión con tantos religiosos de clausura presentes en todas las Iglesias, las deficiencias y miserias de los clérigos y de los creyentes en general.

Ver más

Populorum Progressio II

Por: Xabier Azcoitia 01-05-2013

24. El uso de la renta. El bien común exige, algunas veces, la expropiación, si por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la población, del daño considerable producido a los intereses del país, algunas posesiones sirven de obstáculo a la prosperidad colectiva. Afirmándola netamente el Concilio ha recordado también, no menos claramente, que la renta disponible no es cosa que queda abandonada al libre capricho de los hombres; y que las especulaciones egoístas deben ser eliminadas. Desde luego no se podría admitir que ciudadanos, provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las transfiriesen en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal, sin preocuparse del daño evidente que con ello infligirían a la propia patria.

25. La industrialización. Necesaria para el crecimiento económico y para el progreso humano, la industrialización es al mismo tiempo señal y factor de desarrollo. El hombre, mediante la tenaz aplicación de su inteligencia y de su trabajo arranca poco a poco sus secretos a la naturaleza y hace un uso mejor de sus riquezas. Al mismo tiempo que disciplina sus costumbres se desarrolló en él el gusto por la investigación y la invención, la aceptación del riesgo calculado, la audacia en las empresas, la iniciativa generosa y el sentido de responsabilidad.

26. Capitalismo liberal. Pero, por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad, ha sido construido un sistema que considera el provecho como muestra esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la prosperidad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío XI como generador de «el imperialismo internacional del dinero». No hay mejor manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está al servicio del hombre. Pero si es verdadero que un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todavía, sería injusto que se atribuyera a la industrialización misma los males que son debidos al nefasto sistema que la acompaña.

Ver más

Página 1 de 1, mostrando 16 registros de un total de 16, desde el 1, hasta el 16

<< anterior | | siguiente >>
Login de usuarios