Martes 21 de Noviembre 2017

ESTOY CANSADO

Por: Santos Urias 28-02-2013

Hace tiempo que dejé de creer en superman.

No porque no me gusten los super héroes, al contrario, me encantan, si no por la vida. Ella se encarga de ir colocando las cosas en su sitio, un accidente, una enfermedad, un imprevisto, los años, te devuelven a la tierra y te dejan tumbado, eso sí boca arriba, con los ojos bien abiertos hacia el cielo. Mi añorado, buen amigo y pequeño maestro Laurentino me lo supo decir, no sólo ni principalmente con palabras, si no con un saber estar con regusto a evangelio. Tantos años de Párroco, en los quehaceres del ministerio, entregado, sin horarios, a veces hasta el exceso. Después pasando a la sombra, a un humilde segundo plano, al que las fuerzas y el sentido común le fueron llevando. Perdiendo vista, ganando claridad; perdiendo movilidad, ganando reflejos; perdiendo corazón, ganando entrañas y sentimiento. Sus palabras siguen teniendo eco en mis oídos: “Descansa Santos. Búscate tus tiempos. Reza. Nunca te tomes tan en serio como para pensar que todo depende de ti”. 

Hoy veo a otro amigo, digo amigo porque pido por él todos los días desde hace tiempo, que junto con S. Pablo ha formulado la valentía de mostrarse débil. Es esa fragilidad la que siempre ha testimoniado la fe más autentica, la que se ha desnudado de formalismos y de formulismos, para llegar a la médula del mensaje de Cristo. La humildad siempre plantea preguntas, escandaliza a los poderosos, descoloca a los sedientos de honores o de no sé qué santidad a la carta. 

Lo mejor es que todo se juega en su terreno: los que siempre han apostado por una autoridad irrefutable, casi idolátrica, con tintes mágicos, no pueden decir nada. Esto reconcome las vísceras y nos hace sencillamente más vulnerables, dolientes, donde lo realmente grande es la mirada preciosa y amorosa de Dios. 

Gracias Jose o Joseph. Yo también a veces me siento sin fuerzas, cansado, agobiado y necesito saber colocarme en mi lugar, o mejor dicho, en el lugar que realmente Dios quiere de mi. Con tu gesto has sido otro pequeño maestro poniéndonos en el espejo de las palabras del magníficat, haciéndonos sentir instrumentos sencillos, pobres y frágiles, eso sí siempre en sus manos. 

Ver más

Horror Vacui

Por: Juan María Laboa 28-02-2013

Aparentemente, durante este periodo de Sede Vacante,

 la Iglesia parece sentirse huérfana y desvalida y tiende a llenar con urgencia el hueco. Sin embargo, la muerte o la dimisión de un papa señala nuestra constitutiva fragilidad, pero, también, nuestra condición de peregrinos necesitados únicamente de alpargatas y bastón, con los que poder caminar y anunciar la buena nueva.

Una Iglesia demasiado instalada tiende a la rutina y a la estabilidad, pero una Iglesia en camino, capaz de aceptar con naturalidad el cambio, la debilidad propia y la muerte, está más dispuesta a escuchar y aprender, a seguir al Maestro y a testimoniar. La urgencia desenfrenada por encontrar otro papa no está justificada.

No deja de sorprendernos la poca atención restada por los Hechos a la muerte de los apóstoles. Benedicto XVI comentó hace unos días a un grupo de seminaristas que el centro eclesial no es la organización sino los orantes. ¿No resultaría una revolución religiosa el que cardenales, obispos y sacerdotes, sin mostrar demasiado apego a su silla, se retiraran a conventos y eremos para consagrar sus últimos días a rezar por las Iglesias?

En una Iglesia de fe, que cree en la vida eterna, nunca hay puntos muertos, vacíos inquietantes ni tiempos de luto o de nostalgia. El Resucitado no es solo su destino sino su vida permanente.

Es decir, vivimos una situación providencial que debe ser afrontada con fe y con sentido común. Podemos considerar con toda verdad que si Dios abandonase a los humanos no sobreviviríamos ni un día, pero no es el caso. Aunque la Iglesia sin papa se encuentre incompleta no se encuentra en estado de emergencia. No debemos sucumbir al “horror del vacío” ni al desconcierto de la aparente soledad. Ni estamos solos ni sin pastor. Cristo permanece con sus hermanos, los obispos siguen cuidando de sus diócesis y la Providencia no abandona a los creyentes.

Por el contrario, estos períodos pueden resultar provechosos y convenientes. Se trata de un momento ideal para repensar nuestras prioridades, examinar el funcionamiento eclesial y caer en la cuenta de que la organización, la estructura, no constituye un fin en sí misma sino un medio para que los creyentes, el pueblo de Dios, sea capaz de encaminarse hacia su Señor. 

Ver más

Desvelos de cardenal

Por: J. Lorenzo 25-02-2013

Los cardenales que participan en un cónclave

han de guardar secreto sobre las deliberaciones que se producen mientras están “bajo llave” en la Capilla Sixtina. Pero no creo que nadie pueda reprochar nada a nuestro cardenal Amigo por haber desvelado cómo temblaba cada vez que depositaba la papeleta con el nombre de su candidato en las sesiones del de 2005. Se entiende la responsabilidad.

El próximo cónclave tiene unas características muy especiales, como especiales se antoja que habrán de ser las deliberaciones sobre quién ha de sustituir a un Papa que vive a tiro de piedra. Un cardenal español reconocía haber estado dos días noqueado por la noticia de la renuncia de Benedicto XVI. La mayoría también reconoce haber saludado la íntima decisión del todavía papa como un gesto de grandeza, libertad evangélica, humildad y preclara inteligencia.

Así pues, parece previsible que los efectos espirituales de la carga de profundidad detonada por Joseph Ratzinger durarán hasta esos días del cónclave. Pero, ¿se mantendrán tras el extra omnes? ¿Se dejarán interpelar los 117 electores por el gesto de un pontífice que se reconoce exhausto y que les ha dicho, además, que la Iglesia es de Cristo, no de Pedro? ¿Cómo se afronta el gobierno de una milenaria institución que aún comunica sus grandes decisiones con humo después de que su máxima autoridad haya dado una inequívoca señal de que han llegado los tiempos para la renovación? ¿Hablarán los que consideran que el Papa ha ido demasiado lejos, como también lo pensaron algunos cuando Juan XXIII convocó, contra todo pronóstico, un concilio igualmente histórico?

Imagino más pesada de lo normal la carga de responsabilidad de los cardenales en este cónclave. Les auguro desvelos y temblores de rodillas. El mundo les observa como pocas veces antes. Una expectación que tampoco es normal, como muestra el eco mediático. Pero es que no se trata de una mera sustitución de un hombre por otro que ha fallecido. Saben que con este cónclave se está jugando gran parte de la credibilidad futura de la Iglesia en un mundo que busca dioses en otras instancias, pero también donde el gesto papal ha encandilado a creyentes y a quienes no tienen fe. Y esperan a un sucesor consecuente. Aunque solo sea para ver que la película tiene un final feliz.

Ver más

Celestino y Benedicto testigos del problema

Por: Juan María Laboa 25-02-2013

A la muerte de Nicolas II

 once cardenales se reunieron en abril de 1292 con el fin de encontrar un candidato aceptable para ser elegido papa. No fueron capaces por que estaban divididos y enfrentados. Tras más de un año de forcejeos, encontrándose en estado de absoluto desconcierto, se enteraron de la predicación apocalíptica de un eremita muy conocido y respetado en el sur de Italia en la que amenazaba a la Iglesia con toda suerte de calamidades si no llegaban a una elección rápida. Los cardenales decidieron elegir por unanimidad precisamente a ese eremita, convencidos de que estaba movido por una cierta inspiración divina. El anciano eremita, aunque fue asaltado por todas las dudas del mundo, imprudentemente o, tal vez, proféticamente, aceptó la designación y tomó el nombre de Celestino V.

Celestino, que nada tenía que ver con la Curia ni con el ambiente romano, representaba la tendencia que más detestaba la riqueza, la mundanidad y la mezcla de la Iglesia con la política, es decir la línea contraria a la de aquellos cardenales que le había elegido y que, ciertamente, no estaban dispuestos a muchos cambios, sobre todo, personales. Por otra parte, el nuevo papa, hombre sencillo y profundamente espiritual, no estaba preparado para afrontar los problemas, manejos e intrigas de los personajes que le rodeaban.

¿Por qué lo eligieron? Confluyeron diversas causas: por el cansancio ante una situación que no eran capaces de dominar y por la convicción de que el santo hombre sería dócil y no les causaría problemas; porque pensaron que, dada su edad elevada, duraría poco y durante ese tiempo cambiaría la situación en el equilibrio numérico de los cardenales; por el sueño típico del siglo XIII de un papa angélico que habría inaugurado la era del espíritu y la ilusión de que un santo conseguiría transformar la Iglesia, sin darse cuenta de que el Espíritu Santo y los santos resultan siempre imprevisibles y difícilmente siguen las normas de los mundanos, incluso si son cardenales con púrpuras y anillos.

Al poco tiempo Celestino V comenzó a madurar la idea de abandonar el cargo y preguntó a los expertos en derecho canónico si era posible que un papa dimitiese. Le respondieron que ninguna ley ni divina ni humana lo impedía.

Aunque Dante juzgó con enorme severidad este abandono en “La Divina Comedia”, fundamentalmente por opciones políticas, parece que resulta más justo considerar su decisión como una muestra de su libertad de espíritu y de la aceptación humilde de que por edad y por su incapacidad de ejercer un cargo en el que debía vérselas con la ambición, los juegos sucios y la deslealtad de quienes le rodeaban, no podía ejercerlo debidamente.  Aparece también en el trasfondo de este caso la permanente dificultad de conjugar convenientemente las exigencias de una Iglesia política con las propias de la Iglesia mística. Demasiadas contradicciones para un espíritu sencillo que había decidido en su juventud seguir a Cristo sin condiciones ni glosa.

Liberado del pontificado, Pietro Morrone pretendió volver a su amada ermita, pero su sucesor, temiendo que sus enemigos lo utilizaran chantajeándole con un cisma, le secuestró y mantuvo prisionero en el castillo de Fumone, donde murió el 19 de mayo de 1296 a los noventa y cuatro años de edad. Inmediatamente corrió la voz de que había sido asesinado, y aunque nada probó la acusación, el pueblo que lo admiraba lo consideró mártir.

Clemente V lo canonizó el 5 de mayo de 1313 en la catedral de Avignon. La visita de Pablo VI a Fumone en septiembre de 1966 alimentó las especulaciones sobre una eventual abdicación del papa. Hace dos años, Benedicto XVI visitó, también, el castillo y dejó su manto sobre la tumba de Celestino. Qué espléndida imagen la de ese encuentro ideal a través del tiempo de dos personajes tan diferentes y tan unidos por su gran rechazo de una situación que no aceptaban!

Siempre resulta peligroso comparar dos situaciones tan separadas en el tiempo y en las condiciones históricas, aunque sigue siendo verdad que la capacidad del ser humano para el bien y para el mal ha cambiado poco a lo largo de la historia.

Los cardenales reunidos en el conclave de 2005, en una Iglesia inmensa, más compleja y desconcertada que nunca, en una sociedad joven, en permanente cambio, que constituía un reto para el cristianismo de proporciones inéditas, incluso comparado con la situación de los primeros siglos, eligieron a un anciano de setenta y ocho años posiblemente por inercia y por incapacidad de ejercer la radicalidad evangélica en su examen de la situación eclesial existente a la muerte de un papa que, en sus últimos larguísimos años, dio ejemplo de sobreponerse heroicamente al sufrimiento, pero, también, de demostración de que esta heroicidad no era compatible con el gobierno necesario e imprescindible de una Iglesia tan piramidal.

El nuevo papa no era simple como Celestino sino que valía más que la mayoría de los cardenales que le eligieron y quiso cambiar-reformar-renovar la situación en la que se encontraba la iglesia, tal como lo intentó Celestino, pero, siendo anciano como él, se encontró con una oposición semejante aunque de diverso carácter y circunstancias.

Benedicto XVI tiene, ciertamente, las condiciones de mando requeridas, pero, seguramente ya no posee el vigor necesario y, sobre todo, no ha estado dispuesto a utilizar el rigor ni los mismos medios de sus oponentes en una curia que nunca le ha interesado demasiado. Hace unas semanas dijo a un grupo de seminaristas que el centro eclesial se encontraba no en su administración sino allí donde se rezaba. Siguiendo esta convicción ambos papas han decidido retirarse a un desierto interior para seguir “sirviendo a la Iglesia con una vida de oración”.

Benedicto ha sido libre como Celestino y deja su puesto, y ha sido a lo largo de su vida eminentemente transparente. La transparencia no soluciona todos los problemas de la Iglesia ni de la sociedad, pero es una actitud que pone a todos, empezando por el mismo que la ejerce, en su sitio. En efecto, esa transparencia es la que ha dejado más descolocada a la gente  empezando por la Curia romana, aunque luego empleen otros argumentos más espirituales o dialécticos. Esa transparencia deja a muchos ante el horror del vacío, del vacío de sus vidas y de sus argumentos. Menos mal que en nuestros días no parece viable encerrar a Ratzinger en una mazmorra.

En una palabra, Celestino V y Benedicto XVI no han sido un problema ni han creado un problema a la Iglesia con su dimisión sino que han sido, desde el mismo día de su elección, los testigos y voceros de unos problemas que existen en nuestra comunidad y que, esperemos, el sucesor elegido en el próximo cónclave estará dispuesto a plantear en toda su intensidad.

Finalmente, como aviso para navegantes, tras estudiar el tema, me pregunto si en la sociedad civil somos capaces de tener esta libertad y transparencia, esta capacidad de apartarse para que venga otro más capaz o más dispuesto, este abandono neto de casa, coche y sueldo para ir al desierto, si eso ayuda a nuestro espíritu y a la sociedad a la que amamos y decimos servir.

Ver más

Cuaresma II

Por: Xabier Azcoitia 22-02-2013

Han pasado 8 días desde el miércoles de ceniza.

 Antes de seguir adelante quiero preguntarte: ¿dónde estás? ¿A dónde has llegado? ¿Hacia dónde te estás encaminando? No solo te pregunto a ti, somos compañeros de camino, también me lo pregunto a mí.

De un modo aun más sencillo, ¿Cuál es la meta de tu vida? Y más en concreto aun, ¿Cuál es la meta de estos 40 días? Y si tienes alguna meta para ellos, qué cosas estás haciendo ¡ya! para ir logrando eso que te has propuesto. Ponlo en un papelito, en el recordatorio del teléfono móvil o en la Tablet. No lo olvides, por favor.

Nuestra sociedad no es la “sociedad del ocio”, todo lo contrario, es la sociedad de la distracción. Nos invita a vivir despistados. Con la mirada distraída, desatenta. Descentrados.

Si quieres lograr algo de lo que te propones, has de poner eso en el Centro y todo lo demás ha de ir a un segundo lugar. Como dice mi amigo Javier Barbero, por mucho que pretendas estirarla “la falda no da pa más”. En la vida espiritual ocurre del mismo modo. Si no tenemos una meta clara estaremos distraídos y gastaremos nuestras fuerzas en lo secundario.

En el Evangelio de este domingo Lucas nos presenta la Transfiguración. Dice el teólogo ortodoxo Jean Corbon que “el objetivo de la Transfiguración, conforme al de toda la Economía revelada en la Biblia, es la salvación del hombre. Como en la Zarza ardiente, el Verbo “deja ver” en su Cuerpo la Luz de su divinidad no para hacer saber, sino para hacer vivir, para salvar: se revela dándose y se da para transformarnos en Él”.

Jesús tuvo claro su objetivo: Vivir y anunciar el Reino a sus hermanos los hombres. El objetivo es la vida del Reino, es decir, la vida eterna, la vida de Dios y con Dios. Y la vida eterna no está para llegar, no es algo del futuro, no es algo que esté por venir. Es ya, comenzó, el reino está presente, Dios está aquí. Dios está donde yo estoy, aquí y ahora.

“Permaneced en mí como yo permanezco en vosotros”. Comprender esto es comprender que Dios está en el Centro de nuestra vida. Dios está activo en el Centro de nuestra vida. Comprender espiritualmente que Dios nos inhabita, nos llena, nos colma, se hace misteriosa y silenciosamente presente es el suelo que permite decir con John Donne (1572-1631): “muerte morirás”. Ya no hay un antes ni un después. Todo está bien y seguirá estándolo, “porque yo he vencido a la muerte”.

Como dice Jean Corbon, “Moisés y Elías pueden abandonar la cueva del Sinaí sin taparse la cara con un velo: ahora contemplan la Fuente de la Luz en el Cuerpo del Verbo”. Nosotros también podemos abandonar la cueva del miedo que nos tiene tan despistados y descentrados, porque en Jesús podemos ver la Compasión de un Dios que vive con nosotros.

 

Termino copiando a Henry Nouwen y haciendo mías sus palabras:

 

"Si me preguntaran a bocajarro: 

Qué significa para tí vivir espiritualmente?,

 tendría que contestar: 

Vivir con Jesucristo en el centro".

 

Feliz camino

Ver más

Desvelos del Papa

Por: J. Lorenzo 15-02-2013

¿Cómo habrá dormido Benedicto XVI la primera noche de su nueva vida?

 O mejor, ¿cómo durmió la víspera de despojarse de ese manto cuasi divino con que se reviste a los pontífices y mostrarnos su fragilidad entrañablemente humana? ¿Le desveló la decisión de una renuncia histórica al ejercicio de un poder por el que otros se desvelan también de día?

Tras la espuma generada por la lógica conmoción mediática, saturado de análisis sobre las mil y unas variables que esta noticia de repercusión mundial ha puesto en danza, me cautiva la imagen de un hombre que pide perdón y reconoce con humildad que ya no le quedan fuerzas, que las últimas las ha gastado en el servicio a la Iglesia. Así de sencillo; así de natural. Siglos de entender el primado y miles de páginas de fundamentaciones teológicas amenazadas de salir volando por la rendija entreabierta por quien fue considerado el paladín de la ortodoxia.

Algunos digieren mal esta debilidad. Creen que es una flaqueza que perjudica a una institución que, ante la increencia, ante la secularización, tiene que sacar pecho. Aunque ahora lo nieguen y aplaudan la libertad de espíritu desde la que este anciano achacoso ha tomado su difícil decisión, son los mismos que hace solo una semana encenderían una pira por sugerir tan solo la posibilidad de poner un tope de edad al ejercicio del ministerio petrino.

Reconocer esta debilidad como ha hecho este hombre que anhelaba su jubilación cuando le eligieron Papa es, por otra parte, una carga de profundidad controlada, el último servicio de Joseph Ratzinger –a quien ya empezamos a echar de menos– contra la burocracia y el carrerismo (por él ya denunciados) con el que algunos han entendido su forma de ser y estar en la Iglesia. Muchos, sobre todos quienes contemplan a la institución desde una dolorosa lejanía o acomodaticia indiferencia, así lo han entendido.

Este gesto les ha hecho ver que detrás de los ropajes suntuosos hay un hombre menguante que no quiere aferrarse a ningún poder más que al de la oración ni estimular una gerontocracia que se aísla del mundo porque no lo entiende. Estos, tras el roto hecho por Benedicto XVI a la ‘papolatría’, se habrán acostado un poco más congraciados con una Iglesia que nació a orillas de un lago infestado de mosquitos. Ahora, los desvelos comienzan para otros.

Ver más

LAS CARICIAS DEL ALMA

Por: Santos Urias 15-02-2013

Ayer quedé con mi buen amigo Alberto.

 Me dijo que en la Iglesia de S. Jerónimo iban a interpretar la Misa de la Coronación de Mozart y que porque no íbamos juntos. Me pareció una muy buena idea. Quedamos con una hora de antelación y fuimos dando un paseo y charlando. Cuando llegamos estaba ya la Iglesia llena, pero pudimos hacernos un hueco junto a una columna. Salió la orquesta, aplausos; el coro, los solistas y el director; más aplausos. Comenzó el concierto. Un silencio místico acompañaba los compases de una obra de tanta belleza. Al final y después de ovacionar un buen rato, ofrecieron un par de bises. Cuando estaba comenzando el primero de ellos, Alberto se acerco a mi oído y me dijo: “La música es como una caricia para el alma”. Sin duda nos habíamos sentido acariciados por esa mano invisible, cálida y bondadosa. Esta música religiosa, que no de Dios, por toda música que nace del corazón es algo divina, pero religiosa porque fue concebida para celebrar y cantar al misterio, nos hizo entrar en una realidad que se superpone a las quejas, al “callo” y “las durezas” de las noticias, a los palos y a las bilis. 

Hay que dejarse acariciar más. Quizás es una realidad más profunda, más clara, más verdadera, que sale gratis y que se ofrece gratis. Sólo hay que tener una disposición del corazón a dejarse rozar, a sentir, a que los problemas puedan verse abrazados y las alegrías acompañadas. Belleza, amistad, solidaridad, milagro cotidiano, caricias del alma que nada ni nadie puede borrar 

Ver más

SECRETAS PALABRAS DE VIDA 16.- TSAJAQ-reir

Por: Dolores Aleixandre 15-02-2013

Sobre Dios decimos y leemos muchas cosas,

 los teólogos reflexionan constantemente acerca de su misterio y la liturgia le invoca con muchos títulos: “Todopoderoso”, “Eterno”, “Señor”, “Santo”….  Pero no es muy frecuente hablar de Él como “el que hace reír” aunque es uno de los primeros nombres con que se le invoca en el libro del Génesis. Conocemos la historia: Sara, la esposa de Abraham, después de muchos años de esterilidad y siendo ya muy vieja, da a luz un hijo al que ponen  el nombre de Isaac (del verbo tsjaq, reír). “Y Sara dijo: -Dios me ha hecho reír, y todos los que lo oigan reirán conmigo (Gen 21, 3-6). Un salmista hace la misma experiencia: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría” (Sal 126, 1-2). De nuevo, una acción de Dios llena de risa la boca de quienes la han recibido y  se convierte en la mejor de las promesas que se le pueden hacer a alguien uno de los amigos de Job le anuncia: “El Señor aún ha de llenar de risa tu boca, y tus labios de gritos de júbilo” (Job 8,21)

La historia de la risa en la relación con Dios viene de lejos: cuando Abraham escuchó la promesa de Dios de que Sara iba a tener un hijo: “cayó rostro en tierra y se puso a reír pensando para sí: ¿Puede un nombre de cien años tener un hijo, y Sara ser madre a los noventa?” (Gen 17,15-17). También Sara se rió al escuchar el mismo anuncio: "Sara se rió por lo bajo, pensando: “Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?”. Pero el Señor dijo a Abrahán: ‑ ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “¿Cómo que voy a tener un hijo, a mis años”?  ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.  Pero Sara, que estaba asustada, lo negó: ‑No me he reído. El replicó: ‑No lo niegues, te has reído” (Gen 18,11-15).

Aunque parezca extraño para nuestra mentalidad de hoy, el narrador habla con total frescura de ese “reírse de Dios” y de sus promesas, como si reaccionar así no desdijera en nada la categoría creyente de dos personajes tan emblemáticos como Abraham y Sara.

 

A nadie le gusta convertirse en blanco de las risas y burlas de otros y los salmistas lo temen frecuentemente en forma de  queja: “Al verme se burlan de mí,  hacen visajes, menean la cabeza…”(Sal 22,8). “Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos (Sal 22, 8). “Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí; cuando me visto de sayal, se ríen de mí; sentados a la puerta cuchichean, mientras beben vino me sacan coplas” (Sal 69 11-12).   Por eso le reprochan a Dios: “Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,  irrisión y burla de los que nos rodean. Nos has hecho el refrán de los paganos,  nos hacen muecas las naciones (Sal 44 14-15).

En el Nuevo Testamento vuelve a aparecer esta situación humillante de ser puesto en ridículo y  Jesús es objeto de burla en distintas ocasiones: cuando afirma la imposibilidad de servir a la vez a Dios y al dinero, los fariseos, que eran amigos del dinero,  se burlaban de él” (Lc 16, 14); y cuando entra en casa de Jairo y dice que la niña no estaba muerta sino dormida, también “se burlaban de Él” (Mc 5,40)

 

Las burlas que recibe durante la pasión son especialmente dramáticas: “Los soldados,  tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha; y arrodillándose delante de Él, le hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!

 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificarle (Mat 27,28-31).  Y este modo de afrenta continúa al pie de la cruz: “Los principales sacerdotes junto con los escribas, burlándose de él entre ellos, decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse…” (Mc 15,31).

             Pablo será también puesto en ridículo en Atenas después de hablar de la resurrección en el areópago: “Cuando oyeron hablar de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, y  otros dijeron: Te escucharemos en otra ocasión acerca de esto.  Entonces Pablo salió de entre ellos” (He 17,32).

Y es que lo propio de un discípulo es compartir la suerte de su Maestro.

 

Ver más

UN STOP EN LA A-6

Por: Jose Maria Marquez Vigil 14-02-2013

Sr. Presidente del Gobierno, Señor Jefe de Estado,

Perdónenme que no les llame honorables ni excelentísimos ni majestades, pero es que llevo unas semanas ya fuera de España, visitando proyectos de cooperación al desarrollo, y se me debe estar olvidando el español. Fíjense hasta que punto estoy perdido, que probablemente confundido, me sale mucho antes llamar honorables a las misioneras que están en Africa entregando su vida al servicio de los más necesitados, o me sale llamar excelentes a los niños huérfanos y discapacitados que van como pueden a la escuela tratando de labrarse un futuro mejor a pesar de sus dificultades, o incluso majestuosas a aquellas mujeres que cada día van a por agua, a por leña, que piden un microcrédito y montan una pequeña tiendita para pagarles a sus hijos los estudios y una comida al día. ¡Qué equivocado estoy! ¿Verdad? ¡Si todos sabemos de sobra que excelentísimo es algo completamente diferente!

Bueno, pues les escribo para darles una idea majestuosa y excelentísima. Hace un par de semanas estuve en Burundi visitando unos proyectos que estamos desarrollando allí con un “noexcelentísimo” padre blanco (Padres Blancos es como se llama coloquialmente a los Misioneros de Africa), que lleva ahí la friolera de 50 años dedicado a los demás. Por supuesto nada tan importante como todo lo que a vds. les mueve… Tan solo visitando la escuela que habíamos construido para 3.400 niños, u otra escuela para cerca de 2.000 niños más, o un dispensario, o un proyecto de traída de agua que distribuye por gravedad 250.000 litros diarios de agua para estas estructuras sociales y para las comunidades más olvidadas…

Pero pasemos ya sin más preámbulos a la honorabilísima idea que les quiero hacer llegar. Cuando cruzaba Bujumbura, la capital, por la calle principal, el Bulevar 28 de Noviembre (una avenida que hace las funciones de la castellana y la M-30 en Madrid, la única con una mediana con árboles y farolas separando ambos sentidos), quedé atónito cuando el misionero que me llevaba paró en seco su coche (al igual que todos los demás) para ceder el paso a una pequeña carretera que se cruzaba con ésta. No había ninguna señal que te lo indicara, pero todo el mundo se paraba, y extrañado le pregunté. Es que la calle que se cruza es donde vive el (honorable-excelentísimo-majestad-suseñoría-supercalifragilísticoespialidoso) Pierre Nkurunziza, presidente de Burundi – me viene a decir el misionero – “y por supuesto hay que cederle el paso por si decide salir con su escolta”.

¿No les parece una gran idea que copiar? De momento están vds. copiando con tanta precisión a los líderes africanos, reduciendo el gasto social, educativo, sanitario, a niveles de sus camaradas subsaharianos, forzando a sus súbditos a migrar tal y como hacen sus compañeros del otro lado del estrecho, perpetuándose también en el poder aprovechándose de antiguas leyes… ¿Y no viven vds. cerca de la A6? Pues pongan un stop sin señal ni nada, y que todo el mundo se tenga que frenar en seco al pasar por la Moncloa o La Zarzuela, y el forastero que no sepa la regla, pues se le pone una multa por asungu o forastero, que nunca viene mal a sus bolsillos…

Otra posibilidad que tenemos los españoles es ser nosotros mismos los que copiemos… Y si el mundo del futbol (en el que como vds saben somos campeones del mundo y de europa y del universo, para mayor gloria suya y poder asi perpetuarse con el “pan y circo”), si en el futbol como digo somos tan buenos porque importamos a gente como el Messi, el Ronaldo o el Falcao. ¿Porqué no importar algún político? A lo mejor así podemos encontrar alguno que no esté demasiado corrupto… No les digo yo a una primera fila como la Merkel, que no creo que se quiera venir. Pero, ¿qué tal esa ministra de su gabinete que acaba de dimitir en Alemania porque hace muchos años había copiado en la facultad? Para los alemanes eso es un drama, pero con lo que tenemos en casa, ¡una copiota puede ser capitán general sin despeinarse! ¿O le pedimos a Florentino que nos traiga un galáctico? El Obama por ejemplo está ahora empeñado en la fórmula de “gastar más para crecer”, proponiendo más ayudas a la educación para la clase media y más inversiones e infraestructuras… ¡Justo lo contrario a lo que están vds. haciendo! A lo mejor conseguimos traérnoslo y nos arregla esto que ni Zapateros, ni Rubalcabas, ni Rajoys, ni Bárcenas, ni Borbones nos lo iban a poder arreglar en mil años más.

Ver más

CUARESMA I

Por: Xabier Azcoitia 14-02-2013

Es el primer domingo de Cuaresma.

Primera estación en un itinerario que dura 40 días, como 40 años dura una

generación. Sí, una generación que caminó por el desierto, como la nuestra que tendrá que caminar por su propio desierto.

El pueblo de Israel fue llevado al desierto antes de poder entrar en la tierra prometida. El desierto que era amenaza, peligro, pérdida, riesgo de muerte y desaparición, se convirtió en un poder transformador. Del mismo modo todo aquello que atravesemos en la vida será una fuente de energía en nuestra vida. Todo en la vida se puede convertir, como en Jesús, lugar para la fidelidad. Fidelidad que nace del amor, fidelidad que nace del vínculo al Padre.

La fidelidad tiene sus senderos, pasa por la escucha a aquel que nos llama y convoca. Exige entrenar un oído fino mediante un silencio atento, un corazón dócil. ¡Feliz Cuaresma!

Ver más

El drama de no ser creíbles

Por: J. Lorenzo 11-02-2013

Amargo despertar el de nuestra sociedad,

tantos años acostándose autosatisfecha, sin aceptar consejos de nadie, para levantarse ahora abatida por su convencimiento de que está inmersa en una crisis de valores, fruto de la cual le cuelga esta ristra de casos de corrupción que está siendo la comidilla mundial. Sí, sí, increíble, pero casi el 70% de los españoles cree que el espectáculo que estamos dando como país (ahora con la corrupción, pero antes con una crisis incubada al sol de la especulación) se debe a una falta de valores “morales y cívicos”. Si hace un par de años alguien hubiese citado en la prensa la expresión “valores morales”, enseguida le hubiesen acusado de ir a misa o algo peor.

Pero al final, la Iglesia tenía razón. Y mira que lo ha repetido veces. Esta crisis –ha dicho desde el Papa hasta el catequista de la parroquia más recóndita– tiene su base en una crisis que no solo afecta al bolsillo, sino que tiene que ver con aquellas otras moneditas del alma que se han ido perdiendo por el camino por no darlas al prójimo. Es una crisis fundamentada en el individualismo, máxima instancia ante la que se sacrifican nociones como las de justicia, equidad, solidaridad…

Sí, la Iglesia lo ha repetido hasta la saciedad, pero casi nadie la ha escuchado. Es este uno de sus grandes dramas: lo que dice suena bien, pero como a los políticos honestos, ya casi nadie la cree. Una contradicción que apunta también a que esa crisis de valores ha afectado a la propia institución, a la que la sociedad, en porcentaje nada desdeñable, ve con desconfianza por sus propias incoherencias. ¿Cómo podemos denunciar la corrupción si algo huele a podrido en las finanzas vaticanas, a pesar de los esfuerzos que, dicen, se hace por la transparencia? ¿Cómo podemos exigir más humanidad en nuestra sociedad cuando se conoce que grandes figuras eclesiásticas no fueron todo lo celosos que debían en el cuidado de los menores en casos de abusos sexuales?

El cercano tiempo de Cuaresma señala a nuestra sociedad el camino para iniciar su siempre necesaria purificación. No será tarea fácil. Para la Iglesia, la meta la ha marcado ya el Papa: “No se trata aquí de encontrar una nueva táctica para relanzar la Iglesia. Se trata más bien de dejar todo lo que es mera táctica y buscar la plena sinceridad”.

Ver más

La sorpresa razonada

Por: Juan María Laboa 11-02-2013

Me llaman del Correo para que ofrezca mi opinión

 sobre la insólita e inesperada dimisión de Benedicto XVI. Naturalmente podría escribir algo a partir de la historia de los papas o reflexionar sobre las consecuencias que puede acarrear al futuro eclesial este abandono voluntario de un puesto considerado de por vida. Tendremos tiempo antes del 28 de febrero o antes del cónclave para analizar este interesante y complejo tema. Ahora me atrevo a ofreceros una primicia de carácter personal.

Dentro de unos días saldrá a las librerías un libro que he escrito con calma a lo largo del último año. Se titula “Jesús en Roma” y trata de la visita de Jesús rodeado de algunos apóstoles y algunos santos a la ciudad eterna. Es como un examen de conciencia del papa y los cardenales, del clero y de los cristianos movidos por su encuentro personal y, cara a cara, con el Señor. Es verdad que todo creyente sabe que se encuentra directamente con Cristo en la eucaristía y en la oración, pero el ser humano se impresiona doblemente cuan oye, siente y ve. Tiene la misma fe, pero sus sentidos ayudan a la inmediatez. ¿Qué piensa el papa y la curia romana, qué piensan los creyentes de lo que piensa y juzga Cristo?

No voy a adelantar el contenido del libro, pero me resulta sugerente decir que en un capítulo hablo de la decisión de Benedicto XVI de dimitir y retirarse a un convento franciscano al que acostumbraba retirarse S. Francisco para rezar y encontrarse con el Señor.

¿Por qué dimitía el papa? Era consciente de que el momento era único, de que la Iglesia necesitaba una conversión y renovación en profundidad volviendo a las enseñanzas de Cristo, cuando insiste en el “No así vosotros”, no como actúa, gobierna, se enriquece, el mundo. “Mandar es servir”, “No utilicéis el nombre de Dios en vano. Ratzinger, que había vivido recoletamente en el Vaticano durante años, se encontró en un ámbito con el que no congeniaba, demasiado sometido a tradiciones y oropeles que ya no correspondían, probablemente demasiado condicionado por su sicología e historia para tomar resoluciones ambiciosas y, en su caso, radicales.

Hace unos años, en pleno cónclave, escribí en “El Correo” que no creía que los cardenales eligieran a Ratzinger. Una Iglesia tan menesterosa de valentía evangélica necesitaba un papa más joven, más libre de ataduras, más abierto a cambios que a los que tenemos cierta edad nos cuesta pensar. Me equivoqué entonces, pero hoy pienso que tal vez tenía razón en mis razones.

Sin embargo, a pesar de cómo se le ha juzgado habitualmente, Papa Benedicto ha demostrado ser más sensible y frágil de lo que imaginábamos. El mundo es inhumano y la Iglesia actual tiene demasiados cuervos, pasotas e inhábiles. Ha hecho lo que ha podido y ha mostrado su valentía al marcharse con elegancia y sin molestar, diciendo con claridad que el único señor de la Iglesia es el Señor y abriendo más caminos con su gesto de lo que podemos ahora imaginar.

Siento que no haya decidido-a no ser que lo haga antes del día 28- lo que el Benedicto de mi libro hace: tomar las decisiones más difíciles sobre cambios y transformaciones de la Iglesia, en un sentido puramente evangélico, con el fin de que su sucesor encuentre resuelto parte de los problemas más complicados. Esperemos que los cardenales comprendan que las decisiones aparentemente más fáciles facilitan la vida de la Iglesia.

Ver más

Renuncia, resignation

Por: Alfonso Carcasona 11-02-2013

Hoy, 11 de febrero de 2013,

 hemos asistido, católicos y no católicos, a un acontecimiento histórico que,  aunque fuera sólo por su infrecuencia, merece la pena ser reflexionado.  Benedicto XVI ha anunciado su voluntad de renunciar a su puesto de papa en unos días. Hecho sin precedentes en los últimos seiscientos años, y con pocos antes de 1415.

 El papa se va porque no se ve con fuerzas de seguir al frente de nuestra querida Iglesia. Ha llegado a la extenuación y cree que es necesario un relevo. Pablo VI y  otros papas modernos, incluido Juan Pablo II, creyeron que la renuncia de un papa es inaceptable, al igual que no se puede renunciar a ser padre. Desde el punto de vista político, además, sentaría un precedente grave para futuros papas, que podrían verse presionados por la curia para abandonar por razones no relacionadas del todo con la salud.

Pero al igual que un padre debe dar paso a sus hijos cuando éstos tienen la fuerza suficiente, creo que el gesto de Benedicto hoy es una verdadera muestra de liderazgo. Y liderazgo es lo que necesita cualquier organización, y nuestra Iglesia no escapa a ello. Cuando Jesús eligió a Pedro fue para que liderara su Iglesia, obviamente mientras tuviese la fuerza para hacerlo. Y no creo que pensase mucho en las consecuencias políticas de su decisión.

En inglés renuncia se traduce por resignation, que a su vez podríamos traducir de vuelta como resignación, o lo que es lo mismo, capacidad para aceptar adversidades. La enfermedad, la falta de fuerzas sin duda lo son a la hora de dirigir. Y la humildad de apartarse, de ponerse a un lado, es un don que escasea no solo en nuestro tiempo, sino como se ve, a lo largo de la historia.

Ver más

¡DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MI!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 07-02-2013

Supongo que el mejor amigo de Messi en el colegio

tenía que pasar por sus momentos de odio visceral al verle meter un gol tras otro en el recreo. Lo mismo le pasaría al compañero de pupitre de Einstein al verle resolver una ecuación como quien se toma un chicle, o a la amiga de Elle Mac Pherson al ver las toneladas de cartas que ésta debía recibir el día de San Valentín.

Viajar por Africa con Manolo es una experiencia única. “La aventura puede ser loca, pero nunca el aventurero”, dice Manolo mientras trata de organizar lo mejor posible el próximo viaje en el que cogeremos varios autobuses, dormiremos en el pueblo que nos recoja, y trataremos de comer lo que encontremos por el camino (si es la época del maíz, Manolo no come otra cosa, pero si es la temporada de los saltamontes, acostúmbrate pronto a meter el tenedor en un plato lleno de insectos, porque no vas a probar nada más. ¡Aunque hay que reconocer que están deliciosos!). “¡Qué lujo de ducha, Barbas! ¡Ya verás!”, me decía el otro día recién salido de un cuartucho con un grifo bajo del que caía a una palangana una cantidad de agua minúscula, por supuesto fría. Por supuesto que esa es una ducha normal en Africa, pero de ahí a llamarla “lujo”, y encima a las 3.30 am porque salíamos de una misión a las 4 am para tomar 4 autobuses y llegar finalmente a la siguiente 12 horas más tarde…

¡Manoladas! Así son, y así es, y como a Messi o a la Mac Pherson, a veces le podrías estrangular cuando sientes que ni en un millón de años es posible ponerse a su altura.

Tras esta introducción, me gustaría compartir una “Manolada” que me hizo reflexionar, y que espero que a vosotros también…

Con la idea de pasar el máximo tiempo posible visitando por el día los proyectos que nos disponíamos a evaluar, cogimos el otro día un autobús nocturno que recorría todo Uganda hasta llegar a la frontera con Sudán, en el Norte del país. “Cogemos el normal, Barbas, que es el del pueblo”, dice Manolo mientras rechaza los billetes “executive”, que por un suplemento inferior a los dos euros tienen el doble de espacio para las piernas, son reclinables, y puedes dormir sin la música a tope toda la noche y sin compartir el asiento. Resignado, subí al autobús tras cruzar la bulliciosa estación de autobuses de Kampala bien entrada la noche, para ver que nos había tocado una fila de tres asientos. “Seguro que el tercer asiento es de una mamá con el niño, y ya verás como nos lo acaba encasquetando todo meao””, me dice Manolo riéndose. Se equivocó por muy poco. Por supuesto que el tercer asiento de la fila era para una mujer, pero viajaba no con uno, sino con dos niños. Manolo tardó exactamente dos segundos en colocar a la niña mayor sobre sus rodillas y mi primer pensamiento fue por supuesto en la dirección que os podéis imaginar: “¡No hay derecho! ¡Qué jeta tienen los del autobús! ¡Y la madre! Manolo se ha pasado mil pueblos con su buenismo. Yo paso de aguantar 10 horas de viaje nocturno con un niño ajeno en mis brazos…” Al cabo de una hora, preocupado por Manolo y tras mucho insistir, conseguí que me pasara a la niña, no porque me hubiera contagiado de buenismo, sino por echar un cable a Manolo que vive esto cada día del año, y me había propuesto que hoy descansara un poco. Por supuesto que Manolo tardó nuevamente dos segundos exactos en coger al niño m9ientras le lanzaba sapos y culebras con la mirada. ¡Tenía verdaderas ganas de estrangularlo! “Manolo, ¡deja al niño con la madre y descansa un poco!”, le vocífere. Manolo me contestó muy tranquilo que la madre venía viajando con los niños desde un pueblecito rwandés, que el marido la abandonó y se fue a Sudán, que ella también merecía descansar un poco…

Siempre me encantó ese momento, en la película de Gandhi, cuando éste dice a sus compañeros en una reunión que van a humillarse para conseguir así que los ingleses se sientan mal y se vayan de su país. En ese momento se hace un corrillo de risas, todos convencidos de que Gandhi era un ingenuo, y éste se pone a servir el té a todos, los cuáles se empiezan a sentir muy incómodos porque el Mahatma les está sirviendo a ellos humillándose él pero incomodándoles a ellos. No es el mismo caso, pero Manolo es un Mahatma, una gran alma, y constantemente te hace sentir, reflexionar y actuar. A partir de ese momento sentí a la niña como mi prójimo, y a su madre y a su hermanito, y me preocupé porque la niña se durmiera, y me quité el cinturón del pantalón para atar a la niña y que no se cayera por el pasillo del autobús durante la noche… Y por supuesto que no pegué ojo, o al menos no demasiado, pero me sentí muy bien abrazando a esa niña desconocida, tan mona, tan parecida a mis hijas, tan diferente por la vida tan distinta que la ha tocado vivir, pero sin duda alguna con todo el derecho a dormir abrazada y sentir al menos por un instante el calor de ese padre que no tuvo…

Dentro de unas semanas cogeré un avión para volver ya a España tras mi viaje africano, y oiré por el altavoz aquello de “en caso de emergencia, póngase vd. primero la máscara de oxígeno, y después al niño…”, y pensaré que ya estoy volviendo a mi mundo, el del “yo”. Sé que es un mal ejemplo, porque tiene todo el sentido que un adulto se cuide primero para poder cuidar al menor, pero seguro que me acordaré de los asientos compartidos, y de aquella experiencia purificadora de pensar primero en el prójimo, y gracias a ello, salir ganando porque al darte a los demás siempre eres tú mismo el que crece y el que recibe.

Pero aún me quedan unas semanitas para volver, con lo que le dejaré a mi queridísima prójima, a mi mujer, la enorme suerte de dormir hasta entonces con nuestros cinco hijos encima mientras yo sigo mis andanzas africanas.

;-)

 

 

“Tratad a los demás como deseáis que os traten a vosotros”

Ver más

Anda, VETE, y no peques más

Por: Alfonso Carcasona 05-02-2013

En los últimos días nos hemos visto sorprendidos

 por el efecto ventilador que ocurre de tanto en tanto en nuestro país, cuando algún político decide buscarle las cosquillas a otro. Utilizar los medios de comunicación es muy peligroso, cuando éstos se erigen en el garante de la justicia y equidad. Más que nunca es de aplicación la frase de Jesús “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…”. Ante el examen de conciencia de cada uno, al no poder tirar canto alguno, la exhortación de Jesús es clara: “¿Nadie te ha condenado? Anda, VETE, y no peques más.

 Hace unos meses, ante la amenaza soberanista catalana, se decidió filtrar a la prensa lo que buena parte de la sociedad daba por supuesto, es decir, las corruptelas en la adjudicación de contratos y obras en aquel territorio con ansias de Estado propio. Se pusieron cifras absolutas al manido 3%, así como nombres que afectaban a las más altas instancias políticas. Naturalmente, en el camino se vieron arrastrados aquellos políticos de segunda y tercera fila que realizaban sus negocios al amparo de, no una legalidad, pero sí una forma de hacer las cosas aceptada por ser la norma de funcionamiento. Escandalizan en el caso de los líderes y familias las cifras, que hacen de nuestro país una república bananera al estilo de las más abyectas en el tercer mundo, amasándose decenas de millones en cuentas opacas para España (y Cataluña, claro está). En el caso de las segundas y terceras filas, las cantidades son más modestas, pero molesta sobremanera la zafiedad de los métodos y lenguaje utilizado. Algún miembro de la casa real parece que ha reunido los dos vicios, en cuanto a las cifras de dinero  y al lenguaje no digno de su título .

La semana pasada ese ventilador ha virado hacia las más altas instancias del partido que nos gobierna, en la forma de sobresueldos, sobres, pagos en metálico… Si se hubiese contado hace años, probablemente hubiese quedado en una reprimenda pública, y en la desaparición de determinadas personas a las que se les hubiese pillado “con el carrito del helado”. Pero hoy, con los esfuerzos que se están demandando a la sociedad, la pobreza en la que nos hayamos incursos, y la falta de perspectiva, el problema se agrava hasta el infinito, y la teoría del tú más ya no funciona. La sensación es que todo está podrido y corrupto. Y hoy nos regimos por sensaciones. Desde un punto de vista macro, nuestra elogiada transición política parece necesitar un nuevo giro de 180 grados, en el que esperemos tengamos políticos y líderes sociales con la necesaria amplitud de miras para sacrificarse en beneficio de una sociedad que lo necesita de manera urgente e imperiosa. Y luego dejemos trabajar a los tribunales, y si alguien ha cometido un delito, que reciba la sanción prevista para el mismo.

Ver más

El eterno retorno

Por: Juan María Laboa 05-02-2013

Al contemplar este último año de la Iglesia española

desde la perspectiva de la conmemoración de los cincuenta años del inicio del concilio Vaticano II, el hecho eclesiástico más importante de los últimos siglos, y en plena crisis social y económica, nos embarga un sentimiento contrapuesto de nostalgia, admiración y disgusto.

La comunidad creyente se está mostrando admirablemente generosa y creativa, las parroquias desarrollan con mil iniciativas su sentido solidario y las comunidades religiosas ofrecen cauces de innovación en su presencia religiosa. En una sociedad tan conflictiva y poco interesada por el hecho religioso muchos creyentes se esfuerzan por hacer más creíble y sugerente el anuncio evangélico, orientando sus vidas, a menudo, complicadas, por su amor a Cristo, y muchos matrimonios que se fuerzan para que sus hijos compaginen su crecimiento con su conocimiento del evangelio.

Por el contrario, buena parte del cuerpo clerical se mantiene en un estancamiento preocupante, con una jerarquía unánime por fuera y dividida por dentro, con demasiados obispos descorazonados por el estancamiento existente en la misma organización. Los actos programados han sido, en general, de pura galería, sin pretensión pastoral real: misiones diocesanas, misiones y congresos de jóvenes, sínodos diocesanos. ¿No será pecado generar artificialmente expectativas que acaban como nacieron, en la nada?

Los sacerdotes, en su mayoría de edad avanzada,  conservan un ánimo estoico admirable. No esperan ya casi nada, pero se mantienen al pie del cañón por pura fe y entrega a los fieles. Estos son menos, asimilan lentamente una cierta descomposición ambiental, pero se mueven de acuerdo con el principio de “mientras pueda amar puedo ayudar”. Buena parte de los sacerdotes jóvenes participan de las características de su generación: visten de Armani con el collarín adosado, no concelebran “porque no les da devoción”, son muy papistas, no tanto episcofílios, saben poca teología, aunque conocen de nombre a los teólogos más renovadores para atacarlos, defienden con ardor la adoración nocturna sin ser conscientes de que el Señor no se ausenta del sagrario tal como ellos se escapan de sus parroquias en cuanto pueden. Se trata de sacerdotes ya descatalogados antes de que salgan del almacén.

Obviamente, no todos son así. Buen número de los sacerdotes diocesanos y religiosos viven su vocación misionera con generosidad y entrega, atentos a los retos de la cultura y la sociedad moderna, pero viven bastante a la intemperie porque las diócesis no saben a acompañarles debidamente y quedan más tranquilas y despreocupadas si los ven sometidos a dobles obediencias.

No se trata de un año perdido porque el amor de Dios y nuestro amor a Dios no conoce huelgas de celo, pero si se ha tratado de un año que interpela nuestra responsabilidad.

Ver más

Gente corriente

Por: J. Lorenzo 04-02-2013

"Todos los cristianos deberían poder, al menos una vez en la vida, peregrinar a Tierra Santa",

 dice conmovido un sacerdote, compañero de viaje en estos días por los lugares que vivió y conoció Jesús. Es cierto. Seguir sus huellas por aquellos caminos, levantando los ojos para posarlos en el Evangelio y, de allí, volver a levantarlos para buscar el rastro entre los hombres, produce en el espíritu un efecto exfoliante muy positivo, sobre todo cuando se está expuesto más de lo recomendable a los vapores radiactivos de una fe asfixiada por el peso del rigor y la burocracia.

Por aquellas rutas me acompañan obras de especialistas de la talla de Florentino Díez o Joaquín González Echegaray. ¡Cuánto bien han hecho a la fe de tantos peregrinos anónimos! Por eso, me alegra descubrir en Galilea, gracias a la prensa regional, es decir, a El Diario Montañés (una auténtica bendición esto del wifi), la noticia del homenaje que Cantabria le acaba de rendir a González Echegaray, su ilustre y sabio paisano, del que tal vez lo que menos conocen, sin embargo, es su aportación a la arqueología bíblica, a la que dedicó fructíferos años excavando en Palestina y Jordania.

Ahora, cumplidos 82 años, sus vecinos quieren decirle a este sacerdote (¿cuántos de ellos sabrían de esa condición?) que le aprecian y respetan. Que ha hecho algo con su vida que les hace sentirse orgullosos de compartir terruño, que sacan pecho cuando oyen las cosas que otros, de otras latitudes, dicen de él, de sus estudios y publicaciones.

Ahora que la prensa nacional nos habla de las condenas en firme para que tal diócesis pague el IBI tras la denuncia de sus vecinos (¿cuántas veces nos tendremos que poner colorados?), o de la enésima petición del PSOE para acabar con los privilegios de la Iglesia (¡Jesús, qué pesadez!), uno solo encuentra estas pequeñas grandes noticias en provincias.

Allí aún se alegran por las cosas buenas que les pasan a la gente corriente, también a la de la Iglesia, y se reúnen para brindar un sencillo homenaje, con una comida o merienda pagada a escote, ante una jubilación o un aniversario sacerdotal. Sí, gente corriente, que no vulgar.

Ver más

Un punto

Por: Santos Urias 01-02-2013

Desde lo pequeño me asomo.

¿Qué soy? Apenas un punto en esta inmensidad de la creación. ¿Un punto y aparte? ¿Un punto y seguido? ¿Un punto suspensivo? Un punto suspendido. Suspendido de sus miedos. Suspendido de un rayo de luz que me sujeta cuando apenas voy a caer. Suspendido, no aprobado. Nunca me fue mucho lo de estudiar horas y horas. La curiosidad sí. Las preguntas también. Sobre todo aquellas que no tienen respuestas. O que si la tienen, hay que buscarla en el diccionario de los dioses. Por eso el arte me fascina. Porque es el lenguaje de los dioses. Es como escupirle al ser humano la belleza a la cara. El arte canta, juega, salta, se tropieza, permanece y se multiplica. El arte no de frío. Helarte de frío es otra cosa. Es quedarte solo; quieto. Sin el roce ni el aliento de una piel. Dormir a la intemperie, bajo el único manto de la bóveda celeste. Un cielo estrellado plagado de pequeños guiños brillantes a miles y miles de años luz. Un cielo estrellado que te hace sentir la inmensidad del universo. 

Y tú, un pequeño e insignificante punto en mitad de la inmensidad. ¿Un punto y aparte? ¿Un punto y seguido? ¿Un punto suspensivo? Un pequeño punto suspendido desde el que asomarse al lenguaje del Creador. Suspendido de un rayo de luz que me sujeta cuando apenas voy a caer. 

Ver más

Página 1 de 1, mostrando 18 registros de un total de 18, desde el 1, hasta el 18

<< anterior | | siguiente >>
Login de usuarios