Martes 21 de Noviembre 2017

Personas "non gratas"

Por: Alfonso Carcasona 28-01-2013

No voy a decir que me sorprendieran

 las declaraciones de una política el pasado fin de semana exigiendo que se declarase persona non grata al ministro de justicia. No me sorprendieron porque mi capacidad de sorpresa está agotada cuando oigo o leo a determinadas personas. Y ésta es una de ellas.

 Imagino que la interfecta no sabía de lo que estaba hablando, no ya en cuanto al contenido o motivo, sino en lo relativo al nombramiento de persona non grata. Imagino que el ministro le será ya no grato a la socialista, así que no hace falta que nadie le nombre non grato más que ella y sus acólitos. ¿O pretende la diputada que el Estado español le declare persona non grata y le invite a abandonar el país?

En definitiva, una vez más nuestros políticos no hacen más que demagogia, gastando titulares absurdos y banales.

Lo que no es banal es el hecho por el cual esta conocida progresista, defensora de los más débiles, ha hecho tan estrambótica solicitud. Viene a cuento de la reforma en la ley del aborto que negocia el señor ministro, para reducir su ámbito de aplicación, es decir, para dificultar la interrupción del embarazo y que algunos de esos débiles que hoy mueren legalmente puedan ver la luz. No voy a pedir yo que nadie declare a la sra. Valenciano persona non grata, más que yo manifiesto que, entre otras muchas otras cosas, esta persona a mi no me resulta grata, sino más bien equivocada y mal encarada. No sra. Valenciano, la mujer en este caso no es el eslabón débil de la relación, sino el feto al que no se le da la oportunidad de continuar viviendo, por una decisión unilateral de la madre.

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CARGANDO LAS PILAS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 25-01-2013

Mi compadre Alvaro es socio-gestor

de una importante Gestora de Patrimonios. Se pasa la vida analizando empresas, países, situaciones y contextos de todo tipo, y con una capacidad asombrosa adivina el futuro cada vez que decide apostar por compañías, productos, mercados, o personas, y su cotización sube dejando importantes plusvalías a sus inversores.

Así dicho no parece un tema muy espiritual, pero los directivos de las grandes multinacionales a las que analiza se quedarán probablemente con una sensación muy diferente cuando a mitad de la comida en el restaurante de moda, o en el despacho con vistas de turno, les hace de repente esa pregunta tan suya. “¿De dónde sacas la gasolina?”

Creo que es muy importante, como tantas veces me ha demostrado, hacer un buen DAFO, analizar los posibles intereses ocultos…, al igual que es también fundamental saber si las fuerzas que mueven a alguien son o no son inagotables. En el segundo caso, la apuesta parece mucho más segura.

¿Y cuál es la gasolina que mueve a los Misioneros? ¿Porqué dejan su familia, su país, sus comodidades, y se dedican al “prójimo”? Y sobre todo, ¿cómo consiguen cargar las pilas?

Está claro que una respuesta inmediata, y a la vez evidente, es que las pilas las sacan, como su Maestro, de la oración. ¡Tantas veces he visto a hermanas entrando en la Capilla absolutamente agotadas, y saliendo renovadas! La paz y fortaleza que te transmiten en esos momentos te atraviesa y te hace repensar muchas de tus prioridades en la vida.

Estaba el otro día con un misionero comboniano, el padre Tomás Herreros, en una zona semidesértica de Kenya, en la zona West Pokot, fronteriza con Uganda. Bajo un sol de justicia me estaba enseñando la Misión de Chelopoy y alguno de los proyectos en los que Africa Directo había colaborado (el sistema de distribución de agua propulsado por paneles solares, o el aula-laboratorio para la escuela de secundaria…), cuando pasamos frente a la pequeña iglesia que parecía tener forzado el cerrojo de la puerta. El padre Tomás se movía impetuosamente dando órdenes aquí y allá, y al ver la puerta semiabierta entró de golpe, encontrándose a un chico que con aire inocente estaba recargando su móvil en el enchufe frente al altar. “Otro modo diferente de cargar las pilas en el templo”, pensé para mis adentros, mientras el padre Tomás le echaba una regañina imponente y llamaba al catequista para que arreglara inmediatamente la cerradura. El chico prometió una y otra vez que él no había forzado la cerradura, aunque volviendo a la teoría de los posibles intereses ocultos, podía haber tenido razones para hacerlo… Mientras arreglaron bien el cerrojo con un par de clavos y poco más, el padre Tomás nos explicó su preocupación principal al respecto, la cual me dejó ciertamente sorprendido. Si la población se dedica a cargar sus móviles en la Iglesia, dejarán de pagar por ello a los comerciantes que actualmente venden ese servicio en el pueblo cargando móviles o baterías mediante pequeños generadores o paneles solares. No le parecía justo que la Iglesia utilizara su posición dominante perjudicando al libre mercado que algún día impulsaría el desarrollo socioeconómico de los pokot. Pensé que solo alguien que ha puesto mucho tiempo en oración su trabajo es capaz de ponerse de ese modo del lado del prójimo, superando los límites de la misión y de sus feligreses…

También yo cargo mis pilas cuando tengo la oportunidad de visitar los proyectos que apoyamos en Africa, y cuando comparto unos días con cada uno de nuestros socios locales, normalmente misioneros. Y este fue uno de tantos días en los que me confirmo en el acierto de trabajar con ellos.

Pocos minutos más tarde pasamos por delante de una escuela primaria a la que el Gobierno local le había dotado un sistema de iluminación solar que había costado 25.000 euros. La mitad de esa cifra había ido a parar al bolsillo del jefecillo de turno, como es fácil de averiguar, y el resto se utilizó para comprar un material que funcionó tan solo unas semanas, hasta que alguien entró en las aulas abiertas y desprotegidas para apropiarse de lo ajeno. En cambio, en el Colegio Secundario que dirigen las Franciscanas de San José y en el que colabora también el Padre Tomás, hay mil cerrojos, mil responsables, y mil momentos al día en los que uno u otro supervisan, reparan, mantienen… Por ello es una garantía adicional trabajar con los misioneros para poder llegar a los más necesitados del modo más eficiente.

Terminada la visita el padre Tomás nos llevó hacia otra Misión (Amakuriat) un poco más alejada, y de camino nos mostró un poblado en el que quería edificar una escuelita para los niños de alrededor. Por el camino se nos cruzó una serpiente de tamaño mediano y a partir de ese mismo momento nos pasaron mil calamidades. Llegamos a la escuela y a la vuelta se dio cuenta el padre Tomás a mitad de camino que se le había caído el móvil, dimos la vuelta para buscarlo y por el camino nos hacían los habitantes de la zona (pokot) señas para subir al coche y dirigirse a una u otra localidad primero en un sentido y después en el contrario cuando ya volvíamos. Tuvimos la suerte de encontrar el móvil (teniendo cuidado para no atropellarlo con las ruedas del coche) y al pasar por segunda vez por un poblado nos encontramos a la gente muy alterada. Parece ser que un chico se subió a la parte de atrás del pick-up del padre Tomás, como tantos otros, y en un momento dado decidió tirarse en marcha. Muchos de los pokot no se han subido a un coche en la vida, o no saben cómo bajarse, o que se yo… La verdad es que la cara de este chico era un verdadero poema. La piel de toda la frente entre el cabello y los ojos se le había bajado como una cortina mostrando el cráneo y muchísima sangre que caía de sus muchas heridas por todo el cuerpo, de la boca, de la frente… Pero lo más escandaloso era verle perfectamente el esqueleto en lo que es la frente, con mucha sangre. Decidimos llevarlo a Amakuriat donde estaba el Hospital más cercano, en la misma misión a la que nos dirigíamos, y por el camino se nos estropeó el coche. El padre Tomás llamó a las hermanas combonianas para que vinieran a recogernos con la ambulancia, mientras me llevé con Manolo al herido a una pequeña capilla de barro que había ahí mismo. El chico que estaba semi-inconsciente se asustó muchísimo al ver a los dos blancos tumbándole en el banco de esa pequeña iglesia. Yo creo que pensó que lo íbamos a enterrar vivo o a sacrificarlo, o que se yo… Pero al final llegó la ambulancia, llevamos al chico al Hospital y una comboniana italiana se encargó de curarle las heridas y coserle la piel. Pobre chico, el dolor de estos días ha tenido que ser inhumano. Yo mismo me hice una brecha en la cabeza durante el viaje, y aunque mi dolor era de tercera división comparado con el suyo, me permitió acordarme mucho de él y en lo posible, pedir por él. Creo que está mejor, según las noticias del padre Tomás.

Al día siguiente, muy temprano de madrugada, estuvimos hablando con el padre Tomás y mientras yo le hablaba de esa serpiente y como la harían responsable de tantas calamidades las supersticiones africanas (o incluso españolas... ¡Que se lo digan a los andaluces!), el padre Tomás mostraba su desacuerdo. “Nada de eso”. Me dijo completamente convencido. “En todo momento hemos tenido con nosotros al ángel de la guarda que nos ha devuelto el móvil para que pudiéramos llamar a la ambulancia cuando se estropeó el coche”. Cuando le pregunté por el accidentado, sin titubear me contestó que por suerte ha aprendido ya a bajarse de los coches con cuidado y ha tenido la oportunidad de curarse sus heridas en el Hospital de Amakuriat. “Podría haber sido muchísimo peor en otras circunstancias”.

Estas experiencias te hacen alegrarte de una religión que te permita ver ángeles donde otros ven demonios. Para ello hay un secreto: saber cargar bien las pilas en todo momento. Eso sí, si se trata de las pilas del móvil, mejor en la tienda más cercana.

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Encarar la muerte

Por: Alfonso Carcasona 22-01-2013

Esta última semana ha fallecido la madre de un íntimo amigo.

 Le diagnosticaron un cáncer hace pocos meses, y éste se la ha llevado en el tiempo, corto, vaticinado por los médicos.

No puedo decir que me haya sorprendido la entereza con la que mi amigo ha afrontado la despedida de su madre, pero sí que me ha hecho reflexionar y valorarla.

La muerte no deja de ser más que un estadio de la vida, y como tal deberíamos de ser capaces de prepararnos. Tanto para la propia como para la de los seres queridos. Una de las conversaciones recurrentes a la salida de un entierro es, “deberíamos empezar a pensar en los detalles de nuestro propio entierro o el de nuestros familiares mayores, dejar cubierta la contingencia, desde el punto de vista económico y logístico (incinerar vs inhumar, en este o en aquel cementerio o panteón, etc). Pero pocos aprovechamos la ocasión para reflexionar sobre lo que significa la muerte, cómo prepararnos ante la propia o la de un ser muy querido.

Los cristianos creemos en una muy gozosa vida eterna, en la que estaremos al lado del Padre, disfrutando. Creemos, pero quizá no de manera suficientemente convencida. De otra manera no se entienden los actos aparentemente egoístas de las despedidas desgarradoras (ojo, cada uno es libre de expresar su dolor de la manera que crea más conveniente. En este punto me fijo solo en determinados excesos). Obviamente sentiremos no poder abrazar, reír o sufrir con el ser querido (sea él/ella o nosotros los que nos vayamos), pero la esperanza de tenerle en el Reino debería contrarrestar esa pena inmensa, con el gozo infinito que debemos poner en la balanza.

Agradezco a mi amigo, y como pude comprobar in situ, al resto de su familia, que no conocía, la lección de normalidad con la que afrontaron la enfermedad y muerte de su madre. Nos enseñaron lo mucho que la querían, la preocupación y ocupación con la que asumieron la enfermedad y el rápido deterioro, y la tranquilidad de saber que su madre descansaba en el Padre. Como dice Juan Mari, una madre nunca nos deja solos, nunca se va. Este fin de semana así lo pude comprobar. 

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"Uno de los nuestros"

Por: J. Lorenzo 21-01-2013

Hay una diócesis en la que,

a través de un blog anónimo gestionado por lo que parece ser uno o varios sacerdotes despechados, se ha pedido a los Reyes Magos “un obispo normal”. El titular de esa sede, según me cuentan unos sacerdotes mayores a los que ninguna ambición les nubla ya el juicio, es, simplemente, una buena persona, sencilla, atenta a los problemas de sus fieles, humilde, respetuosa y poco dada a los agasajos y adulaciones que siempre rondan a los que detectan cualquier tipo de poder. ¡Ah, y alérgica a las estridencias y griteríos que en esa condición a uno le aseguran primeras planas! A primera vista, estos atributos sí parecen síntomas de una cierta normalidad, por lo que asusta pensar en el biotipo episcopal que tienen en la cabeza esos individuos que se parapetan en el anonimato para sembrar cizaña y división. ¿Habrá de ser su pastor ideal mala persona, soberbia, presuntuosa y lo suficientemente moldeable para que satisfaga las ambiciones de quienes formen su corte?¿Era esa la “normalidad” del anterior obispo que les mantuvo mudos durante varios años?

Hoy, más allá de que en el molde del pastor (o sacerdote, o laico, o religioso, o incluso periodista) se dé un pleno al quince de todas las características prefijadas por cada uno como “ideales”, lo que se busca es que sea “uno de los nuestros”-así se dice en poderosas curias-, es decir, de “probada doctrina”, gente fiel, a prueba de tibiezas sentimentaloides, listos para obedecer cualquier indicación que requiera “nuestra” causa, como los muchachos de la peli de Scorsese, salvadas las distancias, claro está…  Por eso, cuando se organiza cualquier tipo de acto, jornada, seminario, conferencia, conmemoración… ¿a quién se llama? La consigna es: “A uno de los nuestros”. ¿A quién se facilita información, rompiendo el imperante y reiterativo guión de La ley del silencio, otra cinta mítica del género? “A uno de los nuestros”. La endogamia no es buena, nos lleva a ver y oír tan solo lo que queremos, con la consiguiente pérdida de facultades, de agilidad, de lozanía. Y puede que la realidad vaya por otro lado.

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Gozamos de buena salud

Por: Juan María Laboa 21-01-2013

París constituye un buen ejemplo de algo que sucede en la Iglesia

 a partir de la Revolución francesa: un país confesionalmente católico, una Ilustración anticristiana y anticlerical de altos vuelos llevada adelante por algunos literatos e intelectuales del momento; un persecución antirreligiosa violenta hasta el punto de declarar prohibido el cristianismo, un imperio laico pero protector de la Iglesia, una apología católica hábil, pero intolerante; un intento de llegar a un modus vivendi entre la tradición católica y el liberalismo anticlerical, una república intolerante y un cristianismo muy activo tanto en el mundo de las misiones como en el de la teología.

Todos estos cambios aparecen relacionados con nombres propios y de instituciones que también influyeron en el mundo político español y en su cristianismo: Montesquieu, Voltaire, Rouseau, la Enciclopedia, la destrucción de iglesias, los numerosos mártires, Napoleón-nuevo Carlomagno-; De Maistre o De Bonald por un lado, y Lamennais y Montalembert por otro; la comuna parisina, Zola y Ferry, el respeto por los capellanes militares de la primera guerra mundial, las grandes congregaciones misioneras nacidas en Francia y su amplia presencia en el mundo colonial francés. Finalmente, el grupo de teólogos que han marcado el catolicismo del siglo XX:  de Lubac, Congar, Danielou, Chenu y tantos otros.

Con estos meros trazos históricos, quiero señalar que en estos últimos siglos a un ataque despiadado ha sucedido siempre un resurgimiento eclesial pausado, imparable de calidad.

El inmenso cuadro de David, situado vistosamente en el Louvre, sobre la unción de Napoleón, constituye un impagable símbolo de cuanto quiero decir: Napoleón, arrogantemente corona a Josefina ante la familia imperial, cardenales y políticos, todos en situación gloriosa y mayestática. La única figura que, aunque situada en el centro, permanece abstraída, tal vez abatida, diría que humilde, es la de Pío VII. Pocos años más tarde, emperadores, reyes, cardenales y diversos personajes, fueron despeñados del poder, menos el papa que permaneció en su puesto, recomponiendo una Iglesia magullada y maltratada y amparando a algunos familiares del tirano depuesto. Sustituía el poder desmadrado con el prestigio espiritual y el testimonio de Cristo.

Siempre ha sido así, pero ahora más que nunca, en el campo de la fe, del humanismo, del amor y de la compasión, de la imitación y de la admiración, solo el testimonio de la coherencia, de la fidelidad, de la entrega generosa, tiene capacidad de atraer, convencer y ser seguido. Sigo siendo optimista, a pesar del aparente desconcierto, porque creo que es en el cristianismo donde podemos encontrar con mayor espontaneidad estas virtudes capaces de recomponer una sociedad golpeada por el desarraigo, la exclusión, la corrupción y el desamor. Sí, a pesar de todo, me parece que gozamos de buena salud, siempre que amemos el pasado como raíz y punto de referencia y el futuro como campo del Espíritu y de la profecía.

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA 15. LALON EL QUE HABLA

Por: Dolores Aleixandre 15-01-2013

¿Es Dios silencioso o hablador?

 ¿Podemos decir de él que es lalon, un hablante, un comunicador…? A esta pregunta, serían hoy seguramente muchos los que se inclinarían por lo primera opción y llamarían a Dios “el Silencioso” con cierto tono de reproche. No lo pensaba así Israel, todo lo contrario. Una convicción de los autores bíblicos es la de que Dios está constantemente dirigiéndose a nosotros y “emitiendo señales”: el arco iris (Gen 9,12),  el sábado (Ez 20,12), la sangre (Ex 12,13), la luna (Eclo 43,8), una piedra (Jos 4,6)...Los “signos, prodigios, gestas, maravillas  y señales portentosas” con que califican las acciones de Dios para con su pueblo, no parecen tener otro fin que el de convertirse en aviso, signo, guiño, contraseña o recordatorio de su presencia activa, de su incansable deseo de comunicarse y entrar en relación. El cielo “narra”, el firmamento “pregona”, el día “transmite”, la noche “ susurra” (Sal 19,2). Juan lo recuerda a su manera en el prólogo de su evangelio: “En el principio existía la Palabra...” (Jn 1,1) Y es como si nos dijera: “Dios es todo comunicación, el rasgo más característico  de su identidad es precisamente ese: su expectativa de conversación y diálogo con nosotros.  Y eso desde que esperaba con impaciencia la brisa de la tarde para bajar a encontrarse con nuestros padres en el jardín”.

Por eso el gran imperativo de Israel es “¡Escucha” y el peor reproche profético es el del embotamiento y la torpeza de ojos, oídos y corazón (Is 6,10). Están convencidos de que Dios nunca está “fuera de cobertura”, sino que quiere  seguir tejiendo una historia relacional entre El y nosotros, para  apasionarnos por una aventura espiritual que sólo es posible si el fondo de nuestro corazón está habitado por el deseo de encuentro que nace del amor.

 Lo sabía bien el orante que decía:

“Aguardo al Señor, lo aguarda mi alma

esperando su palabra;

mi alma a mi dueño

más que el centinela a la aurora,

el centinela a la aurora...” (Sal 130,5-6)

 

Sin al menos una “brizna” de este deseo en el alma, ya podemos olvidarnos de teologías, métodos o escuelas bíblicas. Todo ese esfuerzo se pierde como la semilla en el camino si no se apoya en la conciencia de que entre nosotros y Dios ha ocurrido “algo”, y que a ese “algo”, experimentado como un encuentro dialogal  que ha hecho comenzar una historia de amor (Cf.DV 2), le llamamos  “Sagrada Escritura”, pero su verdadero nombre sería el de  “la gran carta que el Padre envía a sus hijos que peregrinan en el mundo y con quienes se entretiene mediante el Espíritu Santo”  ( DV 21).

 Cuando la mujer samaritana  intenta desviar la conversación y dice a aquel galileo desconocido que la había esperado en el pozo: “Cuando venga el Mesías nos lo explicará todo”, él vuelve su atención al presente: “Soy yo, el que habla (lalon) contigo”. Precioso título este que nos permite sentirnos incluidos en la escena y llamar a Jesús: Tú eres “el-que-habla-conmigo”.

         Casi todo lo que Israel sabía de su Dios era que estaba siempre en camino hacia ellos y de sí mismo había aprendido que estaban convocados por Él a la escucha y a vivir “con el corazón en vela”: “Escucha, Israel, YHWH, nuestro Dios, es Uno. Y tú amarás al Señor, tu  Dios, con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas”  (Dt 6, 4-5). Lo único que su Dios pedía de ellos era esa actitud de elemental receptividad, atención y escucha, porque sólo así podían reconocer la Palabra que Él pronunciaba en la historia y responder a las acciones que quería realizar en ellos: levantarlos,  enderezarlos, ponerlos en pie, sacarlos de Egipto, llevarlos a una tierra que manaba leche y miel.

Una escena del Cantar nos permite oír los pasos decididos y ágiles de alguien que camina en dirección a una casa, se detiene ante su puerta y pronuncia una invitación apremiante a la mujer que  está dentro durmiendo, pero con el corazón en vela  (5,2). Su mano roza la cerradura de la puerta intentando abrirla (Cant 5,4) y al oírlo, ella exclama en medio de la noche: “¡Una voz!  Llega mi amado…” (5,8).  La posición enfática en el verso del término hebreo qol  (voz, sonido, rumor…) expresa el presentimiento, la expectación y la sorpresa ante una presencia largo tiempo deseada.

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Tempus fugit

Por: Juan María Laboa 15-01-2013

Recorriendo la víspera de la Epifanía una librería

 con el fin de escoger algunos libros insinuantes, para leerlos durante las próximas semanas, me he encontrado con unas cuantas pegatinas de metal que me encantaron, de forma que las compré al instante para colocarlas en algunos estantes de mi biblioteca. Me llevarán a reflexionar cada vez que pongo en orden unos libros cada día más abundantes y amontonados o cuando selecciono alguno concreto para el día. Estamos a  principios de año y me parece que vale la pena presentaros y comentar cuatro de ellos.

Tempus fugit, “el tiempo se escapa”, célebre frase de Virgilio que se ha convertido en una repetida expresión de cuantos vamos amontonando años con más rapidez de lo que deseáramos. Nos angustiamos ante el paso irremisible del tiempo, paso que parece acercarnos a la muerte, a la vejez y a la debilidad. Sin embargo, existe otra posibilidad: dar un sentido positivo al dicho si lo relacionamos en nuestro pensamiento con la otra sentencia clásica de “carpe diem-aprovecha el día en el que te encuentras, goza del momento”, interpretada tradicionalmente como una reflexión epicúrea. La mentalidad cristiana resulta, sin embargo, más positiva y esperanzada: queda menos tiempo para sacar provecho de los talentos que nos han sido dados, pero siempre estamos a tiempo. Este tiempo nunca es poco sino suficiente para dejar nuestra huella en el perfeccionamiento del mundo que nos ha tocado vivir. Aprovecha el momento para desarrollar y acrecentar los aspectos positivos de un mundo siempre en movimiento.

El tiempo escapa, pero no inútil no tristemente, porque paralelamente maduramos, somos más sabios, el espíritu se enriquece y somos capaces de sacar jugo de cada momento. ´Nosotros somos el producto de esa huida hacia adelante, somos el ejemplo de que existen muchas maneras de aprovechar o malograr el tiempo y de nosotros depende el resultado.

La frase siguiente es de Jonathan Swift y puede complementar la anterior: “May you LIVE all the days of your life”-“Que seas capaz de VIVIR cada día de tu vida”. No se trata de que el tiempo pase por nosotros sino de que seamos capaces de vivirlo y sentirlo en plenitud. Que cada día de nuestra vida resulte especial y, para que esto sea así, debemos tener amigos. Solo ellos pueden lograr que yo me sienta especial, que yo experimente la singularidad del tiempo que estoy viviendo.  Las agencias de viaje anuncian viajes especiales, que significan exclusivos, y cobran más por ello, pero vivir singular y privativamente hace relación con la personalidad y el espíritu propio, con la capacidad de interpretar el signo de los tiempos y de comprender toda su virtualidad. El día tiene siempre y para todos solo 24 horas, pero una mirada de conjunto nos muestra que cada ser humano consigue un rendimiento distinto de las horas. No todos tienen los mismos años aunque tengan la misma edad. Quienes han VIVIDO todas sus horas han conseguido mucha más vida que quienes han gozado de unos días con pocas horas o minutos. Ahora estoy celebrando los cincuenta años de sacerdocio y me está resultado sorprendente la consideración de cómo he utilizado esos años y del rendimiento conseguido.

 

La tercera consideración corresponde a George Bernard Shaw: “A life spent making mistakes is more useful tan a life spent doing nothing”- “Una vida transcurrida cometiendo errores es más útil que una vida gastada sin hacer nada”. La pereza mental y física resulta puramente negativa para el individuo y para sus paisanos. Conseguir que la propia vida resulte inútil constituye un pecado contra el creador y contra los conciudadanos. La parábola de los talentos constituye una autorizada interpretación de este rechazo del tiempo perdido. Al empleado que escondió el millón bajo tierra le contestó su señor:”¡empleado negligente y cobarde!  ¿sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues entonces debías haber puesto mi dinero en el banco, para que al volver yo pudiera recobrar lo mío con los intereses! (Mt.25, 26-27). La siesta y la tumbona no constituyen los mejores ejemplos de empleo del tiempo, siempre escaso, mientras que los misioneros, los peregrinos, los caminantes, los buscadores, los corredores, resultan signos más expresivos. “Ora el labora” constituye el paradigma de una vida aprovechada, Orar y trabajar ha resultado el manual de los creyentes que querían dar gracias al creador y trabajaban las horas restantes para que sus hermanos gozaran de un mundo mejor y más habitable.

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Celebraciones importantes

Por: Alfonso Carcasona 13-01-2013

Hace años leí uno de esos libros mezcla de

 autoayuda y gestión empresarial. Sí, confieso que tuve también una época de esas, en las que devoraba libros que dicen lo que hoy me parecen muchas obviedades, pero que en aquel momento me parecían grandes verdades. 

 7 hábitos para gente altamente efectiva, creo que se llamaba, y la verdad es que no me acuerdo de más que de uno, que venía a decir, “empieza tu vida por el final”. El capítulo empezaba con la imagen de una iglesia, llena de gente, en la que se celebraba un funeral de cuerpo presente. Después de explicar diferentes posibles situaciones, el autor nos confrontaba con una sugerente y a la vez definitiva petición: Imagina que se trata de tu funeral, y trata de visualizar quién te gustaría que estuviese, con qué actitud,  qué te gustaría que se dijese. Se trata, sin duda, de una invitación a ir construyendo nuestra vida día a día, haciéndonos parte de la vida de los demás, de manera que al final de nuestros días nos podamos sentar dichosos a contemplar la reunión de nuestros seres más queridos celebrando nuestra vida con ellos.

Parece difícil que ninguno de los que lean esta pequeña reflexión pueda aspirar –como su autor- a ser capaces de contar, al menos por escrito, como será la celebración de su vida. Podemos aspirar a realizar alguna fiesta, convidar a alguna cena o ágape, pero no tendremos la oportunidad que tuvo Juan Mari de compartir con sus amigos sus primeros 50 años de sacerdocio (que esperemos que el buen Dios nos deje disfrutar de muchos más), y confirmar el cariño que se le tiene, garabatear él mismo su vida en unos minutos, en una ceremonia hermosa, donde los silencios aplaudían los sentimientos, y las oraciones de cientos de heterogéneas personas, cantadas como una sola voz, nos hacían comulgar con la unidad fraterna de una sola familia. Gracias Juan Mari por ser mi hermano y amigo.

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¿iluminando o embistiendo?

Por: J. Lorenzo 11-01-2013

Ante la parálisis de las instituciones,

 la ciudadanía se moviliza, y no solo por cuestiones derivadas de la crisis económica. Ahora, las demandas a pie de calle tienen que ver también con el respeto y la salvaguarda de derechos básicos con los que algunos juegan a su antojo. La India de las castas se despierta ante un hecho que hasta ahora se resolvía con un apaño lejos de los tribunales: la indignación popular ha electrizado al país ante el caso de una joven salvajemente violada y torturada hasta la muerte por unos bárbaros. Serán juzgados, lo cual no debiera sorprender, pero en este siglo XXI todavía hay muchas cosas que parecen del primer milenio. Incluso en los Estados Unidos, en donde otra movilización social conseguirá igualmente que unos niñatos de un equipo de rugby, el orgullo local, se siente en un banquillo por otra violación de la que después alardearon en las redes sociales.

Estas reacciones sociales no buscan tomarse la justicia por su mano; solo pretenden que la justicia no mire para otro lado. Y esto pasa a menudo. También entre otros. ¿Cómo interpelan estas cuestiones a la Iglesia? Aquí, entre nosotros, escuchamos continuamente críticas a la ideología de género que suponen una descalificación no siempre bien fundamentada a pensamientos feministas, pero en escasas ocasiones oímos algo en contra de esa ideología de género machista que todos los años deja decenas de mujeres asesinadas por alguien de cuya mentalidad no hemos sido capaces aún de desterrar esquemas de dominio y superioridad, en parte inculcados desde los púlpitos. Acaba de decir el Papa que el obispo tiene que ir por delante para iluminar el camino; sin embargo, en ocasiones, parece que se adelanta solo para embestir, sobre todo cuando la sexualidad anda de por medio. No vale el argumento de que la cultura imperante desprecia todo lo que viene de la Iglesia. El que seamos muy criticados no nos asegura la razón. Recuerden el caso del arzobispo Williamson, por citar uno sonado. En esta Epifanía, el Papa les ha pedido a los obispos que no teman mostrar sus opiniones, aunque no gusten, a la "inteligencia dominante". Pero, les ha añadido algo que mucho pasan por alto: lo que hay que buscar es convencer, no provocar.

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Un café "sospeso"

Por: Santos Urias 09-01-2013

Ya ha entrado el invierno

En Madrid hace frío. Una amiga regresa estos días a casa para estar con su familia, hemos quedado en vernos un rato. La espero en la puerta de un conocido Café. Mientras llega me entretengo leyendo los anuncios que aparecen pegados en sus cristales: teatro para toda la familia la mañana de los sábados; títeres para los más pequeños; algún monólogo las tardes de los domingos. De repente un curioso texto me llama de manera particular la atención. Se menciona a un escritor italiano, Luciano de Crescendo, y una novela que escribió hace ya años y que aparece escaneada en algún párrafo, la novela se titula “Así habló Bellavista”. En ella se relata el siguiente suceso: Acudían al Café y cuando por algún motivo estaban alegres, agradecidos, al ir a pagar su consumición dejaban pagada otra, lo que sería un “café sospeso”, es decir, un café en espera, para que el que llegase se lo pudiese tomar, gratis por supuesto. 

Me parecía una idea que expresaba de manera sencilla y simbólica lo que celebramos en este tiempo de la encarnación de Jesús. La alegría, la esperanza, el agradecimiento, que deja para los demás un regalo que permite experimentar la grandeza del don. Un regalo para el que llegue, alguien que ni siquiera conocemos: hombre, mujer; joven, anciano; guapo, feo; de similar pensamiento al nuestro, o con ideología diferente. Una manera de celebrar la vida, de compartir, de significar lo que somos y para lo que hemos sido creados. Como dice el propio autor de la novela: un café para la humanidad. 

Este céntrico local de Madrid ha tomado la idea y te invita a preguntar: ¿hay algún café en espera? O bien a dejar el tuyo. Como la vida misma. Como el mismo Dios que nos mostró una fuente inagotable de regalos, de “cafés en espera” para que podamos disfrutarlos, gustarlos y dejemos alguno pagado para el que venga detrás de nosotros. 

Hoy el pequeño Jesús tiene sabor a café. 

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¡FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO Y FELICES REYES!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 07-01-2013

Llevamos ya un par de semanas

 felicitándonos los unos a los otros la Navidad, el año… Y para ello vamos a supermercados a comprar mucha comida y mucha bebida, y a tiendas y grandes almacenes a comprar regalos. Y junto a nuestro hermano, nuestra madre, nuestro sobrino o cuñado, miramos la pantalla de nuestro móvil de última generación para felicitar por wachap y sms a quien está mucho más lejos, a veces sin celebrar con quien tenemos cerca, sin a menudo entender qué felicitamos, qué celebramos, con quién y por quién….

Pero… ¿no somos un país laico, que no ve el sentido a la oración, a la comunión de los santos, a ese abstracto no demostrable científicamente que sería “felicitarnos los unos a los otros”? ¿Para qué? Y si encima nos fijamos en las dos primeras letras… ¡FE! Huy… ¡si alguien nos oye decir esas palabras en público!

El otro día fui con unos amigos a celebrar la Epifanía en una céntrica parroquia madrileña. “Yo les pedí hace unos años que me trajeran un hijo” decía mi muy querida amiga que ahora tiene seis hijos. “Y ahora les voy a pedir que me traigan… ¡Que me traigan el que deje de gritarles!”. Y riéndome me acordé de los Reyes del pasado año…

A mis hijos les “dejaron” una carta en la que los Reyes Magos nos decían que su regalo era un viaje en familia. La verdad es que lo necesitábamos como el respirar, y nos organizamos un superviaje maravilloso: bajarnos en la furgo, cruzarnos al “moro”, hacer un poco el nómada por el exótico y maravilloso país vecino (Marruecos). Pero el hombre propone… Tuve una infección importante, un quiste en las cuerdas vocales, y la fecha que me dieron para operarme nos dejó sin viaje. Encima tuve que estar muchos días sin hablar, y muchos más meses aún sin gritar.

Recordándolo no pude remediar pensar en el verdadero regalo que me trajeron en 2012. El viaje nos hubiera venido bien, pero un padre/marido sin voz era un regalo mucho más grande aún. Queridos Reyes Magos… ¡muchas gracias! Os lo digo por escrito…

Claro que si hablas de esto con alguien que no tenga fe, te mirarán como un bicho raro y te dirán aquello de “que los cristianos somos unos masocas”, que estamos siempre con “nuestro amigo invisible”… Y volveremos dentro de unos meses a “felicitarnos”, a felicitarnos el día del padre y el de la madre volviendo a los grandes almacenes, y las comuniones, y los santos y cumpleaños…

Pero tal vez la crisis nos acerque a una felicitación con menos papel de regalo y más corazón. Yo desde estas líneas os deseo una feliz Navidad, ya que sigue siendo Navidad hoy y mañana, y cada día de este nuevo año en el que podemos celebrarla y tal vez recibir maravillosos regalos como el que me hicieron a mi. ¡Feliz año!

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Benditos héroes anónimos

Por: J. Lorenzo 07-01-2013

En un mundo "plagado de horrores, de traiciones, de envidias;

desamparos, torturas y genocidios”, el escritor Ernesto Sábato encontraba “modestísimos mensajes” de Dios en el canto de los pájaros, en la gata que se le recostaba sobre las rodillas, en la belleza de las flores, incluso en la que regalan las más pequeñas y humildes… y en los incontables héroes anónimos que se iban sobreponiendo de los zurdazos que les asestaba la vida y con los que el autor de El túnel, de alguna manera, se había ido cruzando a lo largo de su existencia. Con la dignidad intacta, esas personas se levantaban de la lona conscientes –vaya usted a saber después de qué elucubraciones o meras intuiciones– de que la vida tenía plena razón de ser. “Esta clase de seres nos revelan el Absoluto”, decía el novelista argentino.

En estos tiempos de zozobra, donde tantos no saben ya adónde agarrarse, muchos de ellos desencantados con religiones cuya coherencia espiritual se ha ido deshilachando cada vez que han querido hacerse un sitio en este mundo, la Iglesia tiene aún mucho que ofrecer, muchos hombres y mujeres anónimos que han encontrado en el seguimiento de Cristo el pleno sentido a sus vidas. La esperanza se les asoma de continuo a sus miradas, donde otros puedan verla para seguir caminando. “Se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar”, leemos en la Gaudium et spes. Son todos esos “bienaventurados” a los que se dirige en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz Benedicto XVI; los que, sin aspavientos, en silencio, huyendo de protagonismos vacuos, se implican en mejorar las cosas de sus prójimos, aquí y ahora, ya sea donando su tiempo, llenando el de quienes solo tienen tiempo pero nadie a quien amar, manifestándose y alzando la voz por defender los derechos de todos, denunciando el olvido de los inocentes en el Congo o los abusos sexuales de cascos azules en Costa de Marfil, o protegiendo, a costa de poner en peligro su propia vida, a los sin tierra de Brasil o de tantos otros lugares… Ojalá que este 2013 nos dejemos guiar más por sus miradas.

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Loterías

Por: Alfonso Carcasona 07-01-2013

En una sociedad acuciada por las deudas,

muchos españoles lo fían todo a que les toque la lotería. Nos quejamos de la ludopatía y vemos con recelo los casinos. Nos da lástima el que está enganchado en los bares a las máquinas tragaperras. Hemos visto muchas películas en las que la mafia establece los casinos y las salas de juego. Incluso construye ciudades para ello. Algunos se rasgan las vestiduras porque un tal Adelson, judío e inmensamente rico, se proponga construir un Eurovegas al lado de Madrid, centro de perdición según algunos. ¿cómo habrá hecho sus millones?

 Y sin embargo, la bonoloto, el euromillón, el rasca rasca de la once, la primitiva, las quinielas, de fútbol, de caballos, incluso en el canódromo… todas estas especies de juego están plenamente aceptadas socialmente. Incluso si te toca la lotería de Navidad o la del Niño, abres los telediarios y acaparas portadas de todos los periódicos nacionales. Esa es la buena noticia del día, que le toque la lotería a alguien. Cava bebido a morro, lloros, todo en torno a la administración de lotería a la que de verdad le ha tocado la lotería de expender los décimos premiados. Porque esa administración tiene aseguradas más ventas en los siguientes sorteos, como si la diosa fortuna tuviese más memoria que la fría estadística.

Gastamos lo que no tenemos en lotería, con la esperanza remota de que algún día nos toque. Por fortuna para el estado y los loteros, no se repara mucho en las diminutas probabilidades de que toque, igual que los fumadores no se fijan en los carteles de las cajetillas que les informan de los males que les conducirán a una muerte prematura si se fuman su contenido.

Y al igual que en el caso del tabaco, el estado encantado con fomentar nuestras enfermedades. En el caso de las loterías, más aún, ya que no le cuesta dinero a corto plazo. Y además, ahora se queda no ya con lo que recauda con la venta de décimos o cualquier otro tipo de lotería, sino con el 20% de los premios. ¿Y por qué no con el tipo marginal de lo que toque? Si se trata de un impuesto justo, ¿por qué los que ganan el dinero trabajando deben pagar más que a los que les toca sin trabajar? Quizá se jugase menos entonces, y se entendiesen mejor los tramos altos de los impuestos ¿no creen?

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