Martes 21 de Noviembre 2017

EMMANUEL

Por: Santos Urias 26-12-2013

El mundo da vueltas.

Y gira y gira. Busca el centro, un centro. Millones de astros a su alrededor, sonríen y se guiñan los ojos: parpadean, susurran, arden de emociones. Uno pasa por el cielo como si una tiza cruzase una pizarra de punta a punta. En su recorrido ha salpicado a la tierra. Se han oído llantos de niño en algún rincón de los suburbios. Es un llanto igual pero distinto. Los ojos se asoman por los bordes de las ventanas. Quieren ver lo sucedido, pero el miedo les impide salir a la calle. Un canto envuelve el aire de la noche. Es una melodía sencilla, que se cuela por los oídos pero llega hasta las tripas. Las bocas tararean, los ojos se atreven. Por unos segundos el mundo se detiene. La humanidad se tambalea, tropieza, se revuelve. Los niños siguen jugando, ellos saben de confianza y les sobran los prejuicios. Huele a guiso y a ternura. El crepitar de las llamas nos recuerda el fuego. El fuego del amor, el fuego del Espíritu. Va a arder el universo, ya está prendiendo. No es la fuerza, no es el dinero, no es el poder, no son los revolucionarios de espada o los que se creen como dioses los que transfiguran el mundo. Es una lágrima de piel que brota de la mirada de Dios. 

El verbo se ha hecho carne; demasiado grande, demasiado pequeño; como casi todos los misterios del amor. 

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Lo que odian no es la Navidad

Por: J. Lorenzo 23-12-2013

El hecho es real.

Lo padeció una colega que acaba de confesar desde su periódico que estas fechas le vuelven a hacer tilín, aunque el proceso ha sido lento y laborioso. Seguramente, lo de la misa del gallo le parecerá todavía un innecesario sacrificio ritualista en su actual estado postraumático, pero nunca se sabe lo que traerá mañana la marea…

Como en las veces anteriores, el colofón a aquellas navidades era lo mejor para ella: los regalos de los Reyes Magos. Imagino que en su cabeza, la espera siempre merecía la pena y no asomaría atisbo de decepción pues, de nuevo, se había desgañitado con los villancicos y, mirando el Nacimiento, seguro que habría sentido también, al menos por un instante, el frío de aquella noche en Belén, por más que la cueva de corcho que tenía ahora ante sus ojos estuviese forrada de espumillón y dentro contase con la calefacción añadida de luces multicolores. ¿Eran o no eran esos sentimientos signos más que evidentes de ser una muy buena persona?

Pero a los once años, un diccionario, a palo seco, se le atraganta a cualquiera. Y más si los Magos de Oriente lo han dejado en casa de tu abuela preferida a tu nombre, sin ningún otro bulto que desempaquetar. Porque sí. Porque ya no se está en edad de cuentos, sino de empezar a entenderlos. Y claro, un tocho así es como una bomba de racimo en un universo en el que la realidad se entiende mejor si aún viene de la mano de la ficción.

Pero la ficción saltó hecha añicos por un agravio que no lograba comprender. Y, con ella, la ilusión de la Navidad y el cosquilleo de la espera, con los pastorcitos y el río de papel de plata incluidos… ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Muchas personas han odiado y odian la Navidad. La mayoría no puede con ese estado de dicha redicha que parece obligatorio exhibir incluso con quien te ha estado haciendo la puñeta a conciencia todo el año, ni con las zambombas, los sorteos, las comidas de empresa, ni, sobre todo, la sobredosis de felicidad impostada que lanzan las televisiones. En este “odio navideño” ha habido también en los últimos años mucho postureo de pretendido cuño contracultural. Quizás como el de la colega periodista.

Pero nada de eso es la Navidad. En las noches frías y oscuras, ¿quién no querría sentir ese abrazo que nos resguarde de la intemperie?


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TÍS TÍ ARE

Por: Dolores Aleixandre 16-12-2013

Mantengan el suspense sobre el título

que lo voy a explicar después. Antes quiero decir algo sobre las dos últimas tonterías que he visto en las vallas publicitarias: una anuncia moda: “Llega tu otoño”;  otra es sobre un coche: “De Mii a Mío por 2 euros al día”. Las dos coinciden en considerar a sus destinatarios, o sea nosotros,  tan irremediablemente estúpidos que sólo nos fijaremos en lo que lleve delante su correspondiente posesivo: mi otoño, mi coche…,misma táctica que en mis documentos, mis descargas, mis imágenes, mi iphone, mi ipad…Y la nueva ola de “yo cuantificado” que se nos viene encima: mis calorías, mis latidos, mi tensión, mis sensores…  Y lo malo es que la cosa no es reciente y se remonta a mi infancia:  ya entonces el devocionario que usábamos niños y niñas era el “Mi Jesús”. No tenemos remedio.

Lo constata Rilke en uno de sus poemas:

 “No debes tener miedo, Dios. Ellos dicen mío

a todas esas cosas, tan pacientes.

Son como el viento

que roza las ramas y dicen: árbol mío.

 Dicen mío y llaman su posesión

a lo que se cierra cuando se acercan,

al modo que  un insulso charlatán

llama acaso suyo al sol y al relámpago…

Y en medio de este pringue pegajoso del yo, mi, me, conmigo y para mí,  emerge la “pasarela Belén” por la que vuelven a desfilar, como cada año, unos personajes peculiares con aire de vivir ajenos al tema de los  posesivos e incapacitados para decir: mi posada, mi establo, mi pesebre, mi paja, mis pañales, mis ángeles,  mis pastores… Y ahora es cuando viene lo del tís tí are del título en griego: “quién cogía qué” sería la traducción en bruto de lo que dice Marcos al contar que los soldados echaron a suertes las vestiduras de Jesús.   “Que cada cual coja lo que quiera o pille lo que pueda…”, diríamos hoy.

Como si fueran dos páginas distantes del Evangelio pero que al doblarlas coinciden, la escena del comienzo de la vida de Jesús está ya “anticipando tendencia” de cómo van a ser su trayectoria y su final.  Ya desde el principio lo encontramos acampado  en un espacio público, abierto y a la intemperie, sin puertas, defensas, cerrojos o alambradas. Qué acierto el  del posadero al reservarse el derecho de admisión y no dejar entrar a aquella pareja de indocumentados sin blanca. Que esto no es Lampedusa, oiga, y yo no hago más que seguir directrices europeas y estoy muy satisfecho de haberme adelantado a la “Jornada Mundial contra las Migraciones Indeseables”,  que debería celebrarse todos los 24-D.

Así que el niño se quedó fuera en plan “indignadito”, precursor de los que vendrán después y que sabrán poco de propiedad privada, ese inviolable derecho que permite a algunos “obtener, poseer, controlar, emplear, disponer de, y dejar en herencia tierra, capital, cosas y otras formas de propiedad”, según la definición de Wikipedia.

Perteneció al colectivo de los que carecen de estrategias para proteger lo suyo y no consiguen entender las bondades de “lo privado”: desde que salió de Nazaret, no supo ya lo que era disponer de casa propia ni de un lugar donde reclinar la cabeza. Pescaba,  dormía y cruzaba el lago en una barca de amigos; comía y bebía donde le invitaban y, cuando fue él quien dio de comer a la gente, solo pudo ofrecerles como asiento la hierba de un descampado. Pidió prestados el borrico sobre el que entró en Jerusalén y la sala en la que se despidió  con una cena de los que llamaba  suyos, porque  él sólo usaba los posesivos para decir “mi Padre” y “mis hermanos”.

Al morir, echaron a suertes su túnica y volvió a estar tan desnudo como en el pesebre.

Se nos anuncia una gran alegría: nos ha caído en suerte un Niño.  Que cada uno coja de él lo que quiera. Y que siga haciendo lo mismo que él hizo en memoria suya.

 

 

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La Iglesia tampoco esta ni se la espera

Por: J. Lorenzo 16-12-2013

Ambiente de fin de ciclo en el aniversario de la Constitución.

 De repente, la carta magna parece la causa de los males del país y, como un juguete roto, buscan cambiarlo por otro nuevo y personalizado. Los ciudadanos, asqueados del tinglado en que ven convertida la política, dan la espalda y a las jornadas de puertas abiertas en el Congreso no van ni las de Femen. En provincias, algún que otro obispo acude a la conmemoración oficial, invitado por las autoridades, para hacer bulto y, como mucho, que no le toquen el IBI. Y punto. La Iglesia tampoco está, ni se la espera, en esta nueva encrucijada histórica que despunta. Así no extraña que luego se la acuse en un celebrado libro de pro-golpista en aquel vergonzoso 23 de febrero y nadie se inmute. Y no, no se trata de que ningún prelado reproche –que seguro que alguno habría– que qué cabe esperar de una Constitución que no nombra a Dios en su articulado y que bien merecido está por haber promulgado un texto agnóstico para regir la vida de un país de bautizados… No, no es esto. Es, más bien, aquello de que la Iglesia es “experta en humanidad” y no puede mirar para otro lado en un momento de crisis institucional como el que se vive. Tiene que sacar lo mejor de su magisterio de madre y ayudar a iluminar en la búsqueda del bien común de todos sus hijos, que no es el particular de ningún partido, como ha estado pasando, pisoteando aquella máxima episcopal de la Transición de “ni partidismo ni neutralismo”. Por eso, resulta impagable el favor que el PP le está haciendo ahora a la Iglesia en España. A pesar de su cacareado humanismo cristiano, cada vez más arrinconado, de palabra, obra y omisión, no pocas de sus políticas no resistirían un rápido cruce con el Compendio de Doctrina Social. Ahora solo falta que desde la Iglesia se suelten amarras para dejar definitivamente atrás la etapa restauracionista en la que se ha empeñado en las últimas décadas y no busque más puerto que el del Evangelio. La “impostergable renovación eclesial” a la que llama Francisco pasa por aquí. Tampoco ha de temer las bravatas de patio escolar del PSOE. Tan solo ha de moverla “el temor a encerrarnos en estructuras que nos dan una falsa contención (…) mientras afuera hay una multitud de hambrientos”, como se dice en Evangelii gaudium.


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Gaudete

Por: Xabier Azcoitia 13-12-2013

Llegamos al tercer domingo de Adviento,

conocido como Gaudete.  Alegría. La alegría nace de la confianza, que se revela como el gran catalizador de la felicidad del ser humano. Los estudios de Bowlby demuestran que las personas que han cultivado la confianza "se muestran más felices y pueden desplegar su talento de modo más provechoso".

Lain Entralgo decía que "el confiado es el hombre que, sin mengua de las previsiones y las cautelas a que su "buen sentido" le conduzca, acepta creyentemente en el contexto de su vida la pretensión de seguir siendo quien late en el fondo mismo de su ser". No es una confianza expectante y pasiva, sino activa y osada. Quien así vive, entiende que "el que entra en la esfera de la fe penetra en el santuario de la vida" (P. Tillich)
Nuestro Gaudete nace de Jesús, de su Buena Noticia, es por ello que tiene sentido preguntarse "¿Por qué han de ser los hijos y las hijas de Dios tan remisos para orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia?" (Elena de White).
Buena semana
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PONTE LAS PILAS

Por: Santos Urias 09-12-2013

La alegría gira en torno a María.

Una anciana de noventa y dos años pequeñita y graciosa. Cuando llamo a su puerta, si es que me oye, sale con su paso entrecortado a abrir y entre suspiros, diciendo: que bien D. Santos, que bien. 

Conversamos de todo y de nada, mientras me toma de la mano y notos sus arrugas en mis dedos. El tiempo es un peso que libera de esclavitudes y que te confronta con más de una verdad. Pero también se convierte en una carga, la que los años van poniendo en tus facciones, la que curva tu espalda y tu corazón, la que te hace sentir que las cosas se acaban. Porque llega un momento en que la pregunta suena: ¿por qué sigo aquí? Y se van desplegando unas alas. Todos las tenemos, pero a veces se quedan enganchadas en nuestros miedos o en nuestra autosuficiencia y no nos dejan volar. Pero si no, es como la larva que va engendrando esa fantástica mariposa. María esta alumbrando algo en sus entrañas, aunque ya no es fértil. Fértil para dar hijos, porque su sabiduría es como un bosque de historias y de experiencias. Sólo hay que tener tiempo para disfrutarlo. Ese que nos falta y que a ella le sobra. 

Se ha ido desprendiendo de todo: de su marido, de sus dos hijos, de su juventud, de su belleza, de su trabajo. Por no tener no tiene ni televisión, ni tan siquiera una radio. El otro día fui a comprarle una, un pequeño entretenimiento que le ayude a llevar las largas tardes de invierno. La dependienta me enseño algunas, y yo le insistí en que me diese la más sencilla, y le hablé un poquito de María. Me miró y me dijo: las pilas las pongo yo. Para mí fue otro signo de la grandeza que encierra la vida de los otros. Pilas para María, pilas para un mundo que se embellece cuando miramos a los otros con ternura y con admiración. 

 

Adelante, pongámonos las pilas. 

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ESPIONAJE MASIVO

Por: Dolores Aleixandre 02-12-2013

Ya sé a lo que me voy a dedicar cuando sea más mayor (aún):

 al espionaje masivo. Seguro que algún malpensado creerá que lo hago para enterarme de las señas de la modista de Doña Merkel o del nombre del ansiolítico que toma el ministro Wert, caso de que no sea así de natural. Pues no,  mi intención es puramente espiritual y apoyada en  un sólido fundamento bíblico: recuerden la parábola del administrador sinvergüenza que cuando vio que se le venía encima un ERE,  pactó con los acreedores de su jefe y consiguió  asegurarse el futuro. Si Jesús lo puso de modelo por su astucia ¿por qué no van a parecerle también ejemplares las actividades de gente vigilante y atenta que se aplica a escuchar palabras de otros, rastrear sus comunicaciones, recolectar sus datos y descifrar sus mensajes? Ya quisiera yo para mí algunas actitudes de esos “hijos de la tinieblas” y buena falta nos hacen a los “hijos de la luz”: vivir más pendientes de la Palabra,  escucharla con más intensidad y atención, tener el oído puesto en la gente, la de cerca y la de lejos: qué les pasa, qué viven, qué buscan, qué necesitan. 

 

Ya me veo contratada por el CNI: “Aquí la agente especial KZ37. Interceptado mensaje de emisor identificado como Adviento. Lo filtro, desencripto y  descifro: anuncia llegada de INMENSA ALEGRÍA. Activo código de emergencias. Me mantengo en estado de máxima alerta a la espera de instrucciones. Corto y cambio. De vida, claro”.

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PADRE SI QUE HAY MAS QUE UNO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 30-11-2013

Recuerdo como mi padre nos hacia llamarle "presunto".

”Madre no hay mas que una, pero los hombres llevamos siempre colgando la etiqueta de presuncion”, nos decia con mucha guasa. Y tambien un poco a guasa se tomo mi decision de irme a Africa. ”Hijo mio, tienes todos los sintomas de haber desarrollado un delirio Mesianico”, diagnosticaba mientras me miraba con su cara pensativa de Psiquiatra, esta vez fuera de su consulta...

Todos tenemos recuerdos de nuestros padres, supongo, al menos los que tuvimos la suerte de llegarlos a conocer. Madalitso conocio al suyo durante sus primeros años de vida, los suficientes para recordar alguna anecdota mientras compartiamos el otro dia un refresco frente al Lago Malawi.

”Durante su ultimo año de vida, mi padre me prometio invitarme a tomar  y comer pollo si acababa el curso escolar como numero 1”, me contaba Madalitso. En aquella época el tenia 10 añitos, y deseaba tanto probar un dia ese té que su padre vendia en un puesto ambulante! Degustar la carne de pollo parecia ya un sueño inalcanzable! Ese año Madalitso alcanzo el ansiado numero 1, y pudo saborear ambos manjares ”regados de una buena dosis de orgullo paterno”, que por supuesto le parecio lo mas valioso.

Poco despues, su padre tuvo muchas diarreas y fallecio. Supongo que esa enfermedad no diagnosticada se trataba del Sida que tantos estragos hacia en esa epoca. Madalitso se convertia en un Huerfano mas en Malawi, otro niño mas que lloraba en un principio la falta de su padre, pasando a llorar a continuacion, junto a sus muchos hermanos, la desaparicion de su sustento en un pais en el que no existen pensiones de viudedad o similar… Tuvo que dejar pronto los estudios de enseñanza Secundaria, ya que su madre no se podia hacer cargo. Y buscarse la vida…

A pocos km. de la aldea en la que vivia Madalitso, se encontraba el del ” Delirio Masianico” construyendo, hace ya 15 años, un Centro de Nutricion llamado Alinafe (”Dios esta con nosotros”). El Centro fue creciendo poco a poco para convertirse progresivamente en Centro de Salud, Hospital y Maternidad. A diario nos encontrabamos con pacientes que, aunque en su gran mayoria iban sorteando sus enfermedades como podian, desafortunadamente no todos lo hacian, dejando a menudo una extensa familia tras de si. Y asi, poco a poco, empezamos a diseñar el Programa de apoyo a los huerfanos en sus comunidades por medio del suministro de leche artificial, proyectos agricolas comunitarios que les procuraran alimentos, atencion medica gratuita y becas educativas. Supongo que ya podreis anticipar como acaba esta historia, pero dejadme que me extienda un poquito mas…

El Programa necesitaba financiacion, y un dia me llego un aviso para que me pusiera inmediatamente en contacto con el Ministerio de Agricultura, sin perder un minuto. Y en las oficinas de la Asociacion Malawiana del Tabaco (el generador de recursos por excelencia en este pais) me explicaron que estaban a punto de llegar el presidente y el vicepresidente de la Asociacion Mundial de Tabaco, que iban a hablar con el Ministro de Agricultura y el mismo Presidente del Gobierno sobre la inmediata celebracion de la Conferencia Mundial en Malawi, y que eso era un enorme logro para el pais. Pero acababan de enterarse que ambos eran latinoamericanos y no hablaban ni papa de ingles, asi que necesitaban un traductor. Y este que aqui escribe era el unico laico hispano en el pais que pudiera hacer ese trabajo, con lo que me pedian que por favor les ayudara. ”De acuerdo! Lo hare si me pagais 1.000 dolares con los que comenzare el programa de apoyo a los huerfanos de Alinafe”, les dije. Ese era el pago que pedia por tres dias de traductor. Y tuvieron que aceptarlo porque no tenian otra salida. Mientras dormían en sus hoteles de lujo yo me llevaba mi tiendita para acampar junto al hotel, y aunque dudo enormemente que esas excentricidades consiguieran su ojetivo de predicar con el ejemplo y cambiar su actitud de indiferencia hacia este problema, al menos les incomodo en parte, sobre todo cuando me dieron un cheque a mi nombre y les pedi que lo cambiaran por otro a nombre de Alinafe.

El programa comenzo y poco a poco empezamos a recibir ayudas de familiares y amigos desde España para extenderlo a nuevos beneficiaries. Pero esa ya es otra historia que continuare la proxima semana para explicar major las vueltas que da el destino, o digamos la Providencia, hasta el punto de encontrarme muchos años despues con Madalitso coordinando a su vez otro bonito programa de ayuda, en otra punta de Malawi, para muchos otros huerfanos que, como el, van a tener una nueva oportunidad…

(Continuara…)

 

Jose Maria Marquez

 

(ruego disculpeis la falta de acentos y otras faltas cometidas al escribir este texto desde un ordenador africano sin caracteres castellanos)

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TIEMPO DE CONVERSIONES

Por: J. Lorenzo 30-11-2013

Aprender del pasado es algo

 que solo se permiten aquellos espíritus sosegados que antes se han mirado al espejo. Los demás, puestos los ojos en el futuro, bracean con el presente para encontrar o no perder el sitio. Hace apenas un año, en el Sínodo para la Nueva Evangelización, empezó a hablarse de “conversión pastoral”, expresión que desembarcaba en Roma directamente desde América Latina, cargada de ilusión que compartir y que a no pocos obispos europeos les pareció, cuando menos, exótica. Hoy pareciera que, al lado del agua bendita, han puesto en cada parroquia máquinas expendedoras de ese concepto, por lo que echar la vista un año atrás es como asomarse al Pleistoceno, con la diferencia de que los fósiles de ahora todavía corren que se las pelan.

En estos días de cambios en la CEE, ejemplificado ya por el nuevo secretario general, proliferan los análisis que invitan a no caer en los ajustes de cuentas. Algo que parece elemental entre gente de buena fe, salvo que, de nuevo, recurramos a la historia, a la general, y a la particular de quienes reivindican la tabla rasa, pero que se han pasado las últimas dos décadas expidiendo credenciales de cristianos viejos. Bienvenidos, en todo caso, a la fraternidad universal. Si antes se les perdonaba porque, en el fondo, no sabían lo que hacían, hoy que todos sabemos lo que hacen y por qué, vemos en ellos la plasmación práctica de esa conversión –o conmoción– pastoral, de un subidón de misericordina, algo de lo que andábamos muy necesitados, ciertamente. Con todo, aun es fácil reconocerles por el lenguaje, pues de vez en cuando, el ardor guerrero se les escapa, silabeante, entre los dientes.

Y hablando de lenguaje, bienvenido sea también el que trae a sus “apariciones” públicas el nuevo secretario, José María Gil Tamayo, por más delineado que esté, como corresponde al comunicador que es. Más que agradecerlo los periodistas, que suelen estar obligados a tener más intereses que memoria, habrán de festejarlo los fieles de a pie. Y eso ya es un gran cambio. Con el tiempo, todo saldrá de manera más natural. La conversión pastoral está en marcha. Esperemos que definitivamente.

 
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Exámenes de conciencia en Añastro

Por: J. Lorenzo 25-11-2013

Inauguración de la Asamblea Plenaria

 de los obispos españoles, la última con Martínez Camino como secretario general del episcopado. Hay expectación por ver quién le sustituirá. Los obispos traen a su candidato en la punta de la lengua y, en tres metros cuadrados, uno se puede encontrar con otras tantas teorías sobre lo que va a pasar o gustaría que pasase. Pero, además de palparse la expectación en la sala, también se la oye, porque las lenguas están más desatadas, son más vociferantes que en anteriores aperturas de asamblea, como quien buscar espantar viejos temores llamándolos por su nombre de pila. Y hablan de nepotismo, de maltrato a la comunión, de comportamientos autoritarios… El remedio sale también espontáneo: necesitan recomponer unas relaciones que se han deteriorado, un examen de conciencia colectivo. Curiosamente, en unos minutos, el cardenal Rouco, en su discurso, hablará de “examen de conciencia, al concluir el Año de la fe”. Aunque parte desde otra perspectiva, es cierto que esta plenaria, y sobre todo la de marzo de 2014, es “una buena ocasión para hacer un cierto balance de nuestra labor como maestros y testigos”.

Quien ya ha hecho su examen de conciencia en forma de comunicado ha sido el arzobispo de Granada tras la polémica –“ridícula e hipócrita”– sobre el libro Cásate y sé sumisa, editado por una institución diocesana. Por más que el título se base en la Epístola a los Efesios, es desafortunado, y más cuando el papa Francisco reclama repensar un lugar para la mujer en la Iglesia acorde con su dignidad e importancia, vapuleada en estos dos mil años de cristianismo. No solo a la prensa le causa sorpresa; incluso el obispo de Bilbao, a quien seguro que sí le suena el pasaje evangélico y su autor, reconoce que ese título es “provocador”, “induce al error” y “no refleja lo que piensa la Iglesia” en torno al matrimonio. Porque, efectivamente, meteduras de pata como esta siguen alimentando el imaginario de una Iglesia retrógrada y machista, que da un respingo indignado cuando le pisan un callo pero que es incapaz de reconocer con humildad sus errores mientras levanta el dedo acusador del “y tú más”.

Sí, vamos necesitando con urgencia esos exámenes de conciencia. Tal vez tras las visitas ad limina del próximo febrero…

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COMO NO PODIA SER DE OTRA MANERA

Por: Santos Urias 24-11-2013

Se ha convertido en una coletilla recurrente.

Políticos de todo signo y pelaje, juristas, locutores de televisión, periodistas varios, teólogos y filósofos, deportistas y cantantes, gentes de lo público y de lo privado, añaden la coletilla y sentencian: “como no podía ser de otra manera”. Siempre me sonó rara esta expresión, sobre todo porque no conozco casi nada que no pueda ser de otra manera. Pareciera que un pensamiento único no sé si razonable o irracional tiende a instalarse en nuestros discursos y lo que es más difícil de digerir, un determinismo ético que no siempre es crítico y que se expande con tintes de modernidad y progreso. 

Coincide que acabo de terminar de leer un clásico de Viktor Frankl, El Hombre en Busca de Sentido. Al final de sus páginas habla de un pandeterminismo que no se corresponde con el espíritu que el descubrió en sus investigaciones y experiencias: 

“Todo ser humano posee la libertad para cambiar a cada instante. Podemos predecir el futuro de un hombre dentro del amplio marco de un estudio estadístico, pero su personalidad individual siempre resultará impredecible… Es preciso recordar que uno de los rasgos de la existencia humana es precisamente su capacidad para elevarse por encima de esas condiciones y transcenderlas.” 

Siempre podemos decidir: a favor o en contra; equivocándonos o acertando; con tintes de maldad o con buenas intenciones; implicándonos o dejando que otros hagan por nosotros. Capacidad de transcender, de mirar más allá, de valorar opciones. 

Pero la libertad es más comprometida, implica responsabilidad. Como dice el autor antes citado: “Yo aconsejo que la estatua de la Libertad en la costa este de los Estados Unidos se complemente con la estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.” 

 

Libertad, responsabilidad, transcendencia. La vida es elegir y cada elección es una expresión profunda de nuestra humanidad. Lo que hacemos, lo que dejamos de hacer, es un fotograma en la película que estamos interpretando, que estamos construyendo. Y todo bajo la atenta mirada del Director por excelencia, como no podía ser de otra manera. Ay perdón… 

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Las cartas perdidas de Pérgamo

Por: Alfonso Carcasona 24-11-2013

Si tuviera que seleccionar una lectura este año,

 probablemente destacaría esta novela-ficción que, como dice el autor, bien pudo ocurrir en realidad. Lucas, autor del Evangelio que lleva su nombre y de los Hechos de los Apóstoles, mantiene una relación epistolar con Antipas, noble romano que vive un a temporada en Pérgamo, en casa de un amigo.

La correspondencia transcurre durante el periodo de un año, y es sumamente interesante para conocer cómo pudieron escribirse los primeros documentos cristianos a finales del siglo I d.C, así como el funcionamiento de la sociedad en esos años.

Dejaré al futuro lector del libro que descubra los diferentes ángulos a través de los cuales comprender mejor la personalidad de sus actores y el momento histórico, para centrarme en uno de ellos,  que sigue siendo de rabiosa actualidad XX siglos después.

Lucas recomienda a Antipas que para entender el cristianismo conozca las comunidades cristianas que existían en Pérgamo. En concreto existían dos, la de Antonio, que le es recomendada por Lucas, y la de Calandio, que le menciona su anfitrión. Esta última es frecuentada por algunos nobles de la ciudad (clase a la que pertenece Antipas y su amigo). No es la religión oficial así que son pocos los nobles que acuden a las reuniones, a las que solo se puede asistir por invitación. Les atrae el mensaje quiromántico y milagrero de Jesús. Disfrutan de los relatos de las sanaciones, de las multiplicaciones de panes y peces. Estos nobles discuten apasionadamente sobre aspectos puramente intelectuales de la nueva religión. Y muestran su desagrado cuando el mensaje es exigente con las costumbres, pasando página rápidamente.

La comunidad de Antonio (noble también) por el contrario es para Antipas mucho más peculiar e ininteligible. En ella se acoge a cualquier hermano cristiano, con independencia de su condición social. Peculiar entonces, como lo es ahora. Es una comunidad en la que sus miembros se apoyan sin restricciones. No se discute sobre la beneficencia, como muchas veces se hacía/ce. Se interioriza y se vive.

Ambas comunidades están insertadas en la sociedad de Pérgamo, como lo están en las nuestras hoy.

Pero llega el momento en que la religión cristiana deja de ser tolerada por el Imperio, y se ha de decidir por ser aceptados por la sociedad o mantenerse fieles al mensaje. No romperé el misterio de la novela si adelante el obvio proceder de ambas comunidades. Calandio y sus seguidores organizan su comunidad de manera que sea compatible con las demás religiones, adoptando ese peligroso sincretismo al que todos estamos expuestos. Hacen de Jesús un dios más, y de esa manera siguen considerándose cristianos, como podemos serlo muchos de nosotros.

La comunidad de Antonio continuará el mensaje de Jesús, aún a riesgo de ser proscritos y sufrir las consecuencias de la pobreza o incluso el martirio, cada cual según su carisma. No con la violencia de las palabras, sino con el ejemplo y el compromiso. 200 años más tarde seguimos debatiéndonos en la tibieza.

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El buen pastor

Por: Juan María Laboa 22-11-2013

Todos los días del año la Santa Sede

anuncia el nombramiento de nuevos obispos, una de sus actuaciones más relevantes.  Para los cristianos los obispos en general son importantes, pero puede resultar decisivo el obispo de su diócesis particular. Y en esas estamos en estos meses en Madrid, con un obispo caducado y sin ninguna idea de su sucesor.

Los periódicos escriben del tema según sus criterios, los cristianos madrileños comentan y se preguntan, pero, en realidad, nadie sabe nada.  Hay algún nombre presente en todas las quinielas y otros aparecen y desaparecen. Obviamente, no nos parece nueva la situación, pero cada día resulta más sorprendente e inaceptable.

De hecho, buena parte de los cristianos consideramos anacrónico y cristianamente insostenible que una comunidad de adultos, bautizados, responsables de su fe y de la marcha de la Iglesia, no tengan ni voz, ni opinión ni voto, es decir, en ningún atisbo de participación, en algo que les atañe tan personalmente.

Da la impresión, a veces, que lo importante no consiste tanto en elegir al mejor para una comunidad concreta, sino en satisfacer los deseos de un cardenal o a un obispo amigo, en agradecer servicios prestados o fidelidades pasadas, en solucionar  un problema existente en otra diócesis que no tiene nada que ver con la vacante de marras.

Me pregunto en este momento con una cierta inquietud si  Roma busca el perfil adecuado para animar y fortalecer una diócesis desesperanzada o si se contenta con resolver la situación de un obispo ya amortizado. “Todos somos Iglesia” afirmó el papa con fuerza, señalando a los asistentes de la última audiencia pública en la plaza de san Pedro. Pronto  tendremos ocasión de comprender el sentido de la frase.

Mientras tanto, llama la atención el silencio de los sacerdotes y laicos madrileños. ¿Cómo es posible que no nos reunamos en las parroquias para expresar nuestros deseos y esperanzas, para proponer el perfil y, tal vez, el nombre deseado? ¿Será que no nos importa o que el  sistema de elección habitual ha conseguido que no nos sintamos comprometidos?

Ni siquiera nos reunimos para rezar que sea elegido un buen obispo. ¿Hemos perdido toda esperanza? ¿Sospechamos que da lo mismo uno que otro? Sin embargo, vivimos un momento especial en la Iglesia, el papa Francisco ha hablado muy claro sobre el perfil exigido para ser un buen pastor, y debiéramos considerar que nuestras voces, por débiles que resulten, pueden ser escuchadas.

 

 

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Pon un sacerdote en tu vida

Por: Alfonso Carcasona 16-11-2013

En un mundo donde escasean las vocaciones,

los compromisos, la presencia de un/a religioso/a, de un sacerdote, en una comunidad pequeña, a nivel de amigos, o más restringida si cabe, a nivel de familia, solo puede considerarse como un privilegio.

En ese mismo mundo, donde vamos cada vez más deprisa, sin reparar en los detalles, sin formarnos adecuadamente, sin tiempo ni carácter para afrontar los problemas que como cristianos afrontamos cada día,  debemos plantearnos si, lecturas, o la mera asistencia a la misa dominical es suficiente para nuestro entrenamiento espiritual.

El papa Francisco nos recordaba este agosto en un Twitt que no se puede ser cristiano a ratos. Y menos a pocos ratos apostillaría yo. 

Corremos un peligro cierto, al igual que puede ocurrir con nuestra preparación física, o intelectual, que las urgencias de cada día impidan que el poco tiempo libre que nos queda no lo dediquemos en exclusiva a “desconectar”,  lo que parece imprescindible para afrontar el agotador mañana.

Para un creyente, como para el ateo con inquietudes trascendentes, la presencia de un sacerdote, o de un/a religioso/a más allá de la misa dominical, bodas, bautizos, primeras comuniones o funerales,  supone un ancla a la que agarrarse para que la corriente no te estrelle contra los márgenes del río por el que transcurre nuestra vida.

Muchos han sustituido hoy el sacerdote por el psiquiatra, el entrenador personal, cursos on line o libros de autoayuda. No discuto la importancia de estas figuras en la vida de muchos. Pero para aquellos que sienten una inquietud sobre la trascendencia, sobre la presencia de Dios, poder confiar tus más íntimas dudas, compartirlas con un sacerdote, un/a religioso/a, alguien que dedica su vida a los demás, con vocación de escucha y capacidad de responder o plantear esas preguntas que el día a día nos oculta, es algo que se debe buscar, y si se encuentra, cuidar.

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Desde lo más alto

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-11-2013

El evangelio de la semana pasada,

con Zaqueo subido a la Higuera para ver mejor a Jesús, siempre me recuerda al funeral de Kamuzu Banda en Malawi.

El Dr. Banda dirigió este pequeño país africano durante más de 30 años, desde su independencia en los años 60 hasta finales de los años 90. Cuando falleció, el funeral en un parque público de Lilongwe, la capital del país, era un acontecimiento que no me podía perder. Se trataba de un momento histórico en un país en el que llevaba viviendo ya varios años y pensaba seguir viviendo varios más. Así que me dirigí a la ciudad y llegué al parque unas horas antes de que tuviera comienzo, pero estaba ya totalmente lleno con personas que llegaban andando o en transporte público desde los cuatro puntos cardinales. En un país en el que el “maliro” o funeral es un acto sagrado al que no se puede faltar, el pueblo quería ir a despedir a quien durante tantos años había sido el Padre de la Patria. Me hice un hueco como pude, y cuando iba a dar comienzo, como no veía muy bien, me subí a lo alto de una acacia desde cuya rama principal tenía una vista espléndida. Y entonces empezó a mirarme la gente y a señalarme con el dedo. “¡Azungu!”, gritaban entre grandes carcajadas mientras señalaban al “blanco” de todas las miradas que trataba de seguir el evento desde lo más alto, como tantos otros malawianos. Yo trataba de hacerme invisible, pero supongo que no ayudaba ni mi tamaño, ni el hecho de ser uno de los poquísimos blancos presentes, y por supuesto el único europeo que estaba sin corbata, el único que no estaba en el palco, el único descalzo y con barba y melenas al más puro estilo Woodstock 1969.

Enseguida enviaron a “mi árbol” a una patrulla de policía, y antes de terminar de bajar a toda prisa para escabullirme, ya me habían rodeado y se me acercaba su corpulento capitán. Me pidió muy amablemente que le siguiera, y cuando ya le ofrecía mis manos desnudas para que me pusiera unas esposas, o que me las cortara si quería, vi para mi asombro que me dirigían al palco principal y me ofrecían allí mismo un asiento para compartir con ellos en primera fila su dolor, y acompañarles con mis oraciones.

No creo que hubiésemos reaccionado de igual modo con un africano subido a una columna de la Almudena durante el funeral de un Jefe de Estado español. Lo más probable es que en cuestión de segundos le habrían detenido, le habrían pedido los papeles, y no le habrían acompañado al palco de las autoridades sino que le habrían dirigido derecho al CIE.

 

Zaqueo agradeció enormemente que Jesús se fijara en él y se comprometió a repartir la mitad de sus bienes. A ver si consigo algún día llegarle a Zaqueo a la suela de las sandalias, pero de momento tan solo he conseguido mostrar mi agradecimiento a los africanos repartiéndoles la mitad de mi tiempo. Ellos en cambio han compartido conmigo algo mucho más valioso, su hospitalidad, sus valores, su respeto por el prójimo, y el conocimiento de que en África, tener un color diferente de piel solo significa que probablemente tienes algo nuevo que enseñarles. Como ellos a nosotros…

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La moderna familia

Por: Alfonso Carcasona 11-11-2013

Hace unos días fui a ver esta amable comedia en el cine.

Es una película que, con la excusa de un partido de fútbol y una boda, trata de recrear lo que es hoy una familia española, recordando la entrañable película de “La gran familia” con los Pepe Isbert, Alberto Closas y Amparo Soler Leal.

50 años separan ambas películas, tiempo en el que podemos observar cómo ha evolucionado la sociedad española. De la familia numerosa, con padre, madre, abuelo -que vive en casa, con su peso específico- y muchos hijos, pasamos a las familias de padres divorciados, donde los abuelos no dejan de ser un engendro molesto y los hijos son, cuando menos, diversos (y divorciados también). Donde las dos hermanas están enamoradas del novio, y éste no se termina de aclarar, a pesar de que sale con una de ellas desde el parvulario. Donde la madre del novio no aparece en la película a pesar del amor que se tienen, ya que abandonó al padre por ser éste impotente (a pesar de lo cual le dio cinco hijos de padres diferentes). En definitiva, un lío impresionante, teñido del cariño que, a pesar de todo, se tienen los personajes. 

En un momento determinado de la película de 2013, el padre está a punto de morir, y uno de los hijos está rezando el padrenuestro. Entra en la habitación uno de los hermanos, quien se sorprende de que se sepa la oración. No se la sabía, pero la había buscado en un smartphone y la estaba repitiendo. Curioso guiño a las nuevas formas de evangelización. Vivimos en una sociedad ya no solo laica, sino inculta. Lo interesante es ser ateo. Si llegas virgen al matrimonio (como en la película) eres un friki, del que se ríe hasta el apuntador. Si te acuerdas de Dios, has de recurrir a wikipedia para ver cómo se le reza. Da igual la oración, da igual el dios al que se rece. Y solo lo hacemos en caso de extrema necesidad, como si fuese un brujo que pueda hacer milagros a nuestra conveniencia.

La gran familia y la moderna familia son dos descripciones de dos sociedades que distan solo 50 años. ¿Que nos depararán los próximos 50?

 

 

 

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Lista de espera en el hospital de Francisco

Por: J. Lorenzo 10-11-2013

Nunca una encuesta preparatoria de un sínodo

había generado tanta expectación como la que están recibiendo ya las diócesis para abordar, en octubre de 2014 en Roma, “los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de evangelización” (así, a secas, después de que se le haya caído lo de ‘nueva’). De seguir el proceso establecido, habrá que esperar a finales de 2015 o 2016 para conocer medidas pastorales concretas “para la pastoral de la persona humana y la familia”.

Ya es sabido que la encuesta consta de 38 preguntas y que en ellas se abordan cuestiones que, hasta hace medio telediario, parecía impensable que fuesen objeto de desvelo pastoral: personas divorciadas y vueltas a casar, matrimonios gais, adopciones de hijos por estas uniones, métodos anticonceptivos…

Aunque algunos se están haciendo demasiadas expectativas con respecto a las futuras líneas de acción que salgan del sínodo en estos temas, la simple enumeración de estas realidades –y el tono en el que se realiza– en una encuesta llegada desde el Vaticano ya dice mucho del esfuerzo por tratar de entender qué es lo que está pasando en el mundo, en la sociedad y en el seno de las propias familias, sean así consideradas o no por quienes dispensan certificaciones. Y de que han percibido el dolor acumulado desde hace demasiado tiempo por muchas personas a las que su opción vital o mil y una circunstancias existenciales que no habían buscado ni querido, las han dejado en los márgenes, en tierra de nadie, mirados por encima del hombro, relegados a entrar por la puerta de servicio. Esta encuesta parece –solo parece– ser una especie de tarjeta sanitaria con la que ahoraFrancisco busca cómo darles a todos ellos acomodo en el hospital de campaña que está levantando a marchas forzadas.

Pero el escándalo está servido. Vendrán las objeciones veladas y el “¡será posible!” de algunos, probablemente los mismos que creyendo tener siempre la verdad sobre la familia, la rotularon en unas pancartas. No sé si ahora les resultará igual de sencillo responder esta encuesta. Seguro que alguna se atraganta, como esta: “¿Qué atención pastoral es posible desarrollar en relación a las personas que han elegido vivir según este tipo de uniones [del mismo sexo]?”.

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Las manos vacias

Por: Santos Urias 08-11-2013

Con las manos vacías venimos al mundo.

 Desnudos: sin ropa, sin reloj, sin móvil, sin haber contratado un techo (ni una hipoteca), sin coche. Sólo el afecto de aquella que nos alumbra y sus pechos que amamantan y alimentan. Eso tan simple, tan evidente, tan esencial, es una idea recurrente del evangelio de Jesús. No necesitáis dos túnicas, ni nada para el camino. Dios es providente y es precisamente la codicia la que enmaraña nuestras relaciones, llevándolas a la injusticia, al desencuentro, al odio, al hambre. Sabiduría esencial que algunos Santos, como Francisco, captaron en su radicalidad más profunda y lo supieron expresar con signos que han quedado para la historia. 

Esta semana nos salpicaban las noticias con un nombre Franz-Peter. Este hombre hizo un presupuesto para su residencia de unos cinco millones de euros (que ya es una cantidad considerable), pero lo que llama la atención es que al final ese presupuesto se estiro hasta alrededor de los cuarenta millones de euros. Y si añadimos que este nombre se corresponde con el de un obispo, hay algo que manifiestamente no cuadra. En un tiempo en que la Iglesia está llamada a ser testimonio, de manera muy particular, de aquello que predica. Otra cosa que ha sorprendido es que el Papa después de entrevistarse con él le ha apartado del ministerio, algo que normalmente sólo hemos visto en la Iglesia Católica por cuestiones de cintura para abajo. Nunca me alegraré de algo que de entrada no es bueno ni para una persona, ni para la Iglesia, pero estos signos también nos llevan a mirar otra vez a ese mensaje sencillo pero nítido, tantas veces vapuleado, por el que se han justificado múltiples incoherencias y que tanto daño nos ha hecho a los creyentes públicamente y en privado. 

 

No olvidemos que también al final de nuestra vida regresamos desnudos. No nos llevamos ni cuentas corrientes, ni lujosas viviendas, ni las sábanas que envuelven el cuerpo inerte. Sólo lo que hayamos amado y lo que hayamos sido capaces de engendrar con nuestro cariño y nuestra ternura. Y allí nos espera como una madre el regazo de Dios y los pechos que nos sacien del alimento eterno 

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Abonados al guerracivilismo

Por: J. Lorenzo 08-11-2013

No acaba de apagarse el runrún

sobre el papel de la Iglesia en la guerra fratricida del 36 y sobre si tiene que pedir perdón por haberle puesto palio al régimen que salió de aquella desdicha. Dice el arzobispo Montero, citando a un historiador norteamericano, que las guerras civiles duran cien años.

Se supone que este sabía de lo que hablaba, pues han pasado más de doscientos desde la suya. Aquí aún no hemos llegado al siglo, pero por lo que vamos viendo, nos tememos que sí, que tenía razón, y que si nos descuidamos un poco, podremos rebasar con holgura el centenario, viendo cómo están a flor de piel los sentimientos.

Por eso, ¿es descabellada la propuesta del arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, de hacer un estudio histórico sobre el papel de la Iglesia en la República, la Guerra Civil y la dictadura franquista?

Hoy son pocos los que saben realmente cómo sucedieron los acontecimientos, cómo y por qué surgió la inquina, el recelo, la desconfianza, la sospecha, la denuncia, la venganza, el rencor, el dolor que impide el perdón, el odio que busca cómo resarcirse… Además, nada más propio de la Iglesia que pedir perdón, a tiempo, si es posible, y a destiempo, en cualquier caso.

Por lo demás, esta revisión, que no revisionismo, ayudaría a que se cayeran algunos lugares comunes que acompañan a toda mitificación, en un bando y en otro, y a que no pocos fieles que nada tuvieron que ver con aquello, que no lo vivieron, que no se han sentido nunca vencedores pero tampoco cómplices, como les siguen etiquetando, puedan redescubrir –porque se olvida– que si hoy vivimos en una democracia se le debe en buena parte a la Iglesia, la cual, sin esperar mucho tiempo, pronto mostró su incomodidad con el régimen.

Ahí estaban, a finales de los 50 y claramente en los 60, los movimientos apostólicos y sus denuncias de la situación social, alguna pastoral de los metropolitanos, Tarancón, hoy un desconocido…

Cuando, en medio de una sociedad desfondada, leo que en su conferencia política el PSOE aprobará “una batería de medidas para acabar con los privilegios de la Iglesia”, además de la sensación de un rancio eterno retorno, me pregunto por qué ha de ser malo regresar al pasado para curar el presente y asegurar un futuro sin los mismos errores.


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Prohibido el paso, propiedad privada

Por: Alfonso Carcasona 08-11-2013

Cerca de mi oficina hay una delegación de la Agencia Tributaria.

 Andaba yo de vuelta de una reunión a eso de las siete de la tarde cuando me encontré con una cadena que impedía el paso a las escaleras que conducían a la puerta de la delegación. En el cartel que la adornaba rezaba el texto que inicia esta reflexión. ¿Se ha convertido la agencia tributaria en una propiedad privada?

Desde luego por la desafección que tiene la mayoría de los ciudadanos hacia ella, parece evidente que está bien colgado dicho anuncio. Vivimos tiempos convulsos en los que la presión del estado hace que miremos con tristeza los dineros que nos exige en nombre del bien común. Nadie está satisfecho ya no solo del dinero que se le reclama, en los casos de los más favorecidos equivalente a siete u ocho meses de salario. Los menos favorecidos, receptores en principio de esos impuestos destinados a reequilibrar la renta de todos, tampoco ven en ellos el alivio necesario 

Y entre medias el ciudadano de a pie, sea paganini o receptor, tiene la sensación de que ese estado que engulle los impuestos no es capaz de ser justo con ellos, despistando en atropelladas y torpes acciones ese dinero que con tanto esfuerzo se paga.

En la antigüedad era claro quien era el dueño y señor de los impuestos, en nombre de quien se recogían. La tiranía del recaudador era conocida y soportada por el pueblo. Hoy el recaudador ha conseguido convencernos de que el malo es el que paga, porque paga menos de lo que debe. Y el que recibe cada vez lo hace en menor cantidad, sin que la estructura del recaudador se resienta.

¿Es propiedad privada la agencia tributaria? Desde luego que no, pero hace falta que repensemos la forma en la que queremos ser justos en nuestra sociedad.

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