Lunes 25 de Septiembre 2017

Benedicto XVI dice no al fundamentalismo

Por: Juan María Laboa 30-09-2012

Hace dos semanas, en el avión que le llevaba a Beirut,

 el papa se encontró con los periodistas que le acompañaban según es costumbre en estos viajes. Quiero recordar alguna de sus afirmaciones porque me parecen significativas en un tema siempre doloroso y en un momento confuso como el que nos toca vivir.

“El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión” afirmó con rotundidad y decisión. Lo mismo afirmó poco después al hablar de la violencia. Se refería a todos los fundamentalismos, no solo al islámico y, de hecho, añadió que es “función de la Iglesia y de las religiones la de purificarse”. En efecto, toda religión acaba por tener la tentación de favorecer el fundamentalismo, y no solo cuando es mayoritaria y alcanza el poder, sino también, cuando son pocos y se encuentran marginados y excluidos. El fundamentalismo parece fortalecer la religión, pero en realidad, la debilita y la desfigura. En cristianismos, además, constituye una actitud antitética a la mantenida por Cristo.

Esta convicción la había repetido Ratzinger antes de llegar al pontificado. En su diálogo con el conocido filósofo Jürgen Habermas afirmó que “se dan patologías en la religión que resultan bastante peligrosas y que hacen necesaria la consideración de la luz divina de la razón como un órgano de control, por la cual la religión debe constantemente dejarse purificar y regular”. Esta defensa de la razón aparece con nitidez en su lección de Ratisbona que, una vez más, fue interesadamente mal comprendida y manipulada. Nosotros podemos afirmar que una religión razonable consiste en defender profundamente lo que se cree sin ser talibán.

En este mismo sentido, en una entrevista concedida a un periodista italiano en 2004, relacionó positivamente el cristianismo con la Ilustración: “Europa debe defender la racionalidad y en este punto nosotros los creyentes debemos agradecer la contribución de la laicidad de la ilustración, que debe permanecer como una espina en nuestra carne. Pero, también los laicistas deben aceptar la espina en su carne, es decir, el significado primordial de la religión cristiana en Europa”.

También dijo que hoy más que nunca hay que esforzarse por conseguir “hacer visible el respeto por las religiones”. No cabe duda de que el rechazo del fundamentalismo y la insistencia en el amor al prójimo como fundamento de las religiones, respalda y confirma ese respeto debido a la razón de ser y a la actividad de las religiones. “Una palabra común entre nosotros y vosotros es el amor al prójimo” comentó el papa, y nosotros podemos afirmar que todo creyente sincero y todo cristiano auténtico fundamenta su fe en el amor, en la fraternidad, en la solidaridad, en la razón y en la comunión con la creación.

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA 17. METOCHOS

Por: Dolores Aleixandre 30-09-2012

Los socios ya no son lo que eran.

En otros tiempos, te echabas un socio y era para toda la vida pero ahora, en cuanto te descuidas y te cita un juez que no ve claras tus cuentas corrientes, aquel socio que te había jurado fidelidad eterna y había grabado en los anillos de desposorios el número de la cuenta común en Suiza, jura por sus muertos que sólo te saludó una vez y apenas te recuerda. Lo he pensado a propósito de la escena evangélica de la pesca milagrosa: dice san Lucas que “capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. Hicieron señas a los socios (metochoi) de la otra barca para que fueran a echarles una mano. Llegaron y llenaron las dos barcas que casi se hundían…” (Lc 5,6). Menos mal que en esta ocasión, los socios/participantes/  compañeros/ camaradas/colegas/cómplices/colaboradores (todo eso puede significar metochos) de la otra barca atendieron a las señales de auxilio y acudieron a tirar juntos de la red. No les dieron instrucciones desde lejos, ni les alentaron a distancia: llegaron, se pusieron junto a ellos y compartieron su tarea: en eso consiste el ser metochos.
Al autor de la Carta a los Hebreos le gustaba muchísimo esta palabra. Debía estar deslumbrado por el camino elegido por Dios para su Hijo: ser Emmanuel, es decir,  estar en medio de nosotros,  mezclado y  asociado con todo lo nuestro.  “Como los hijos comparten carne y sangre, lo mismo las compartió él” (He 2, 14). “… son todos del mismo linaje por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos…” (He 2,11-13). “Como los suyos tienen todos la misma carne y sangre, también él asumió una como la de ellos. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos…”(2, 16);  “Por haber pasado él la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora la están pasando” (2,18). “No tenemos un sumo sacerdote insensible a nuestra debilidad ya que, como nosotros, ha sido probado en todo excepto el pecado”  (4,15). 
Pagó un precio alto por mezclarse tanto y adentrarse en ámbitos considerados de alto riesgo. No tuvo “asesores de imagen” que cuidaran sus compañías: en una sociedad como la de entonces, regida por estrictas normas de separación entre judíos y gentiles, varones y mujeres, puros e impuros, Jesús compartía mesa con todo tipo de personas. Para él no parecía  contar ni una sola de esas distinciones que segregan y distancian: a su mesa podían sentarse mujeres junto a hombres, libres junto a esclavos, los que ocupaban puestos altos en la sociedad junto a los que todos miraban como inferiores, los puros según las prescripciones judías y los impuros, los cobradores de impuestos y los muertos de hambre. Esas divisiones eran inexistentes para él y  su sola presencia deshacía barreras y derretía distancias. Los que se le acercaban comenzaban a experimentar la libertad de no estar atados a jerarquías sociales, religiosas o económicas y cuando se sentaban con él a la mesa  sentían que cualquier  línea divisoria entre las personas saltaba por los aires.
A partir de entonces, nuestra  identidad de cristianos está ya indisolublemente unida a su suerte: “Somos compañeros de Cristo” (metochos) (He 3,14); “partícipes de su santidad”(12,8); “participantes de su Espíritu” (6,4). A nosotros nos toca felicitarnos por tener semejante Socio y tratar de “cumplir” con él. Al fin y al cabo, juntos formamos una Sociedad declarada de interés público.
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Fundamentalismo ateo

Por: J. Lorenzo 29-09-2012

A la larga, pocas armas hay de destrucción tan masiva

 como el honor pisoteado de una madre. La mayoría de los hijos no aceptan pacíficamente que, en un calentamiento, se encasille despectivamente a quien le ha dado a uno la vida en una categoría marcada por cuatro letras que se convierten en una palabra definitiva y definitoria. Algo muy parecido les sucede a quienes sienten un dolor intenso ante lo que consideran una burla o desprecio a su religión y símbolos. Claro que nada de eso justifica que uno coja la quijada para tomarse la venganza por su mano, aunque madre no haya más que una, y dioses, bueno, varios más, pero solo uno verdadero, que es el mío, como suele aducirse. Y esto es lo que ha pasado a cuento de una estúpida y truculenta película sobre Mahoma y la consiguiente y oportunista secuela de viñetas en una revista satírica francesa, atea militante donde las haya. En medio, turbas sedientas de sangre que se cobran la vida, en varios países, de demasiados inocentes. Luego, las discusiones bizantinas sobre qué ha de estar antes en este mundo roto por los desequilibrios, la libertad de expresión o el derecho a profesar la religión que uno quiera, sin calibrar, desde el autosuficiente Occidente, que se puede navegar por Internet sin haber roto los esquemas mentales del siglo XIII. En España, sin ir más lejos, un periódico puede afirmar que “Dios es peligroso” e ilustrarlo con un pantocrátor de cuyo limbo sobresale una mecha encendida, simulando una bomba, que no pasa nada (afortunadamente), porque la Iglesia, aunque a veces no lo entienda y le haya costado siglos, ha aprendido que lo que tiene que hacer es dialogar con el mundo. Sin embargo, en esta cultura horizontal, “incapaz ya de mirar al cielo”, como dice Luis González-Carvajal, al creciente desprecio pseudointelectual por las religiones, consideradas una fantasiosa rémora de la infancia del hombre, se le pretende hacer pasar por un inequívoco signo de la modernidad. De ahí la soberbia de tratar de travestir el fundamentalismo laico y ateo, que haberlo haylo, con los ropajes de la libertad de expresión.

 

A la larga, pocas armas hay de destrucción tan masiva como el honor pisoteado de una madre. La mayoría de los hijos no aceptan pacíficamente que, en un calentamiento, se encasille despectivamente a quien le ha dado a uno la vida en una categoría marcada por cuatro letras que se convierten en una palabra definitiva y definitoria. Algo muy parecido les sucede a quienes sienten un dolor intenso ante lo que consideran una burla o desprecio a su religión y símbolos. Claro que nada de eso justifica que uno coja la quijada para tomarse la venganza por su mano, aunque madre no haya más que una, y dioses, bueno, varios más, pero solo uno verdadero, que es el mío, como suele aducirse. Y esto es lo que ha pasado a cuento de una estúpida y truculenta película sobre Mahoma y la consiguiente y oportunista secuela de viñetas en una revista satírica francesa, atea militante donde las haya. En medio, turbas sedientas de sangre que se cobran la vida, en varios países, de demasiados inocentes. Luego, las discusiones bizantinas sobre qué ha de estar antes en este mundo roto por los desequilibrios, la libertad de expresión o el derecho a profesar la religión que uno quiera, sin calibrar, desde el autosuficiente Occidente, que se puede navegar por Internet sin haber roto los esquemas mentales del siglo XIII. En España, sin ir más lejos, un periódico puede afirmar que “Dios es peligroso” e ilustrarlo con un pantocrátor de cuyo limbo sobresale una mecha encendida, simulando una bomba, que no pasa nada (afortunadamente), porque la Iglesia, aunque a veces no lo entienda y le haya costado siglos, ha aprendido que lo que tiene que hacer es dialogar con el mundo. Sin embargo, en esta cultura horizontal, “incapaz ya de mirar al cielo”, como dice Luis González-Carvajal, al creciente desprecio pseudointelectual por las religiones, consideradas una fantasiosa rémora de la infancia del hombre, se le pretende hacer pasar por un inequívoco signo de la modernidad. De ahí la soberbia de tratar de travestir el fundamentalismo laico y ateo, que haberlo haylo, con los ropajes de la libertad de expresión.

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La vieja despiadada

Por: Jose Maria Marquez Vigil 25-09-2012

Por esas extrañas circunstancias del destino

 que a veces no terminas de comprender, participé la pasada semana en un encuentro con inversores institucionales europeos. La verdad es que me llegue a sentir como “Peter Sellers” en esa gran película, “El Guateque”, aquella fiesta a la que invitan por error al personaje equivocado…

 

En cualquier caso escuché las razones de cada uno para invertir o no, cuándo, cómo, dónde… Y lamentablemente dejaron muy claro que “Spain” quedaba absolutamente fuera de sus agendas. Mayoritariamente opinaban que hace un año se sentían mucho más atraídos por España que por Italia, por poner un ejemplo, pero transcurridos los primeros meses del nuevo gobierno de Rajoy, se sienten mucho más tranquilos con la Italia “post-berlusconi” liderada por Monti. Ninguno de estos inversores institucionales daban un duro (nunca mejor dicho) por la mejora en la productividad de nuestro país, la fortaleza de nuestro gobierno, o la posibilidad de que nuestros conciudadanos aguanten los niveles de austeridad a los que están siendo sometidos. Por supuesto que las exhibiciones independentistas del Sr. Mas les empujaba aún más lejos del “sol español”.

Escuchándoles recordaba a tantos políticos y medios de comunicación que culpan a la “especulación” de nuestros males. ¡Ahí estaban nuestros enemigos! Pero compartiendo un café en el descanso con estos “currantes encorbatados” que representaban fondos de pensiones europeos con un volumen total de inversiones que multiplica varias veces el PIB español, no me pareció que fueran tan malos malísimos. Tienen que dar cuentas sobre la rentabilidad obtenida a cientos de miles de pensionistas, y la verdad es que invertir en una España no respaldada por Alemania no parece su prioridad si quieren tener tranquilos a sus pensionistas. ¿Tal vez debiéramos echar la culpa de nuestros males a ”esas viejas despiadadas” que nos están amargando la vida?

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Evangelizando eurovegas

Por: J. Lorenzo 25-09-2012

Antes siquiera de haberse instalado la primera tragaperras,

Eurovegas se ha convertido en uno de esos nuevos escenarios en los que habrá de batirse el cobre la nueva evangelización en España. Me disgusta este proyecto empresarial, tanto en Madrid (donde será finalmente levantado) como en Barcelona, donde han encontrado un sucedáneo. Para ambos lugares, a la hora de crear empleo y riqueza, hubiera preferido un parque tecnológico, pero se ve que para eso no damos el perfil. Sus múltiples aspectos degradantes han sido denunciados por varios obispos. El último, el cardenal de Madrid, quien, tal vez convencido de la inevitabilidad del proyecto, le duela a quien le duela, ha pedido hacer un “esfuerzo de pedagogía” entre aquellos a quienes va destinado este megacentro del juego, al que, por cierto, ningún político cristiano ha puesto el más mínimo reparo, todo lo contrario.

Realmente, parece más propio de esta nueva evangelización en la que estamos a punto de poner un pie el tratar de hacer pedagogía que creer que se puede convertir a ludópatas a base de cánticos con guitarras en ristre y miradas arreboladas. Deberíamos desterrar definitivamente los métodos de esa otra pedagogía, donde con demasiada frecuencia la melodía de los cánticos se transmuta en gritos de condena si no se atienden razones. El testimonio personal, la escucha sin prejuicios, el acompañamiento sin marcajes y la propuesta sin imposiciones de una alternativa existencial verdaderamente libre y liberadora suelen ser, a la larga, más efectivos.

Aunque no sé si aún estaremos a tiempo para “recuperarlos”, y teniendo en cuenta el período de gracia que se abre en unas semanas con el Año de fe, quizás no estuviese de más tratar de desarrollar esta nueva pedagogía del encuentro a la que parece que se invita con Eurovegas para acercarse a tantos otros a los que hemos desterrado de las preocupaciones pastorales, como los alejados, los “quemados”, los divorciados vueltos a casar o los homosexuales. Al fin y al cabo, más familias destrozan las adicciones que se esconden bajo la manga del tahúr Sheldon Adelson, y hemos recogido su reto evangelizador sin montarle ninguna manifestación.

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EL SEMBRADOR DE ROSAS

Por: Santos Urias 20-09-2012

Vivo en un barrio extraordinario, para lo bueno y para lo malo:

diferentes culturas; historia y tradición por cada esquina; gente que sale a charlar con sus sillas en los portales; huertos ecológicos en medio de la ciudad; traficantes de todo, de sustancias y de sueños; amigos que se adornan como un árbol de navidad y salen a ofrecer gafas, anillos de luces, relojes; y como no, los clásicos vendedores de flores. 

Esa imagen del vendedor de flores se me quedó en la retina, especialmente en estos días, regresando a las actividades. Unas actividades que en mi caso tienen rostro concreto, alma viva, sentido y sentimientos. 

A Paco, hermano y amigo, de entre los pobres pobres, le habían ingresado en la Concepción: medio pulmón fuera. Aun cuando le visitaba en la UCI me decía, creo que es una bacteria… Hablamos en silencio y le abrace entre rosas blancas de hospital. 

Llamé a Sara para preguntarle que tal estos meses. No le salía la voz. Un mensaje días después me respondía: creo que necesito ayuda. Siempre haciendo equilibrios en la cuerda floja, entre risas y llantos: tocaban llantos, de los que te asoman al abismo y te erizan la piel. Una rosa amarilla corría por su mejilla. 

Marta, mama reciente, madre coraje, llegó a la casa y se encontró con medio armario vacío. Jose se había ido. Al día siguiente al llevar el niño a la guardería en la parada del autobús el bebe llamaba a su papa. Me duele el alma, me decía. ¿Sabes lo que es dolerte el alma? Rosas rojas, como los colores del atardecer que queman la ciudad. 

He cargado mis manos de flores, esas flores que Dios llena de aromas y colores, y que puedo repartir entre risas y silencios, entre abrazos y sollozos. 

Sembradores de rosas: y una pequeña confidencia, estas se regalan. 

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Versos sueltos (o no tan sueltos)

Por: Alfonso Carcasona 20-09-2012

Los con desasosiego las manifestaciones del arzobispo de Filadelfia,

Charles Chaput, para más datos OFM capuchino. Me las pasa un amigo, traducidas en un periódico español, y al no dar crédito, me fui a la fuente que las publicó en USA, en formato entrevista. Desafortunadamente confirmó la traducción de las mismas. Ahí van:

 "What about the wing of the church that says a party that supports the Ryan budget also ought to cause concern?
Jesus tells us very clearly that if we don’t help the poor, we’re going to go to hell. Period. There’s just nodoubt about it. That has to be a foundational concern of Catholics and of all Christians. But Jesus didn’t say the government has to take care of them, or that we have to pay taxes to take care of them. Those are prudential judgments. Anybody who would condemn someone because of their position on taxes is making a leap that I can’t make as a Catholic. ... You can’t say that somebody’s not Christian because they want to limit taxation. Again, I’m speaking only for myself, but I think that’s a legitimate position. It may not be the correct one, but it’s certainly a legitimate Catholic position; and to say that it’s somehow intrinsically evil like abortion doesn’t make any sense at all."

Yo no sé qué significa eso de que Jesús dice claramente que si no ayudamos a los pobres iremos al infierno. Porque, la siguiente pregunta que me surge es… ¿qué es ayudar a los pobres?, ¿cómo ayudar a los pobres?, ¿no se trata de amar –con todas sus consecuencias- a los pobres? Para mi el infierno es la no capacidad de amar, no la de no ayudar. Y cuando se ama a alguien no te contentas solo con ayudarle.

En su siguiente afirmación dice que Jesús no dijo que el gobierno se tuviese que ocupar de los pobres, o que tengamos que pagar impuestos para que se ocupase de ellos. Como tantas cosas que no dijo Jesús, sin ir más lejos, que tuviesen que existir arzobispos. 

Según Chaput, se trata de una obligación estrictamente individual, no colectiva. Llevado al extremo el argumento del arzobispo, la caridad es un asunto de mi incumbencia, que no puedo pedir a la sociedad que ejercite. La sociedad de la que formo parte. Ni un euro de mis impuestos debe destinarse al cuidado de los pobres. Imagino que sólo podrá aplicarse a infraestucturas, administración, y defensa (exterior e interior). Y los pobres seguirán siendo pobres, en mi país y fuera.

Para mi el debate está primero en el uso que se debe hacer de los impuestos, las prioridades que, como sociedad nos debemos dar en su aplicación. Haciendo un poco de demagogia (o no) nacional, si mis impuestos deben financiar una televisión, un equipo de fútbol, diecisiete embajadas autonómicas, o una película de cine antes que atender a un necesitado. Como cristiano, (y por sentido común, si lo que busco es una sociedad justa) lo tengo claro: primero al necesitado. Y después, pagar la menor cantidad de impuestos posible para financiar educación básica, sanidad, orden público, etc. Excluir las ineficiencias en la gestión para poder disfrutar de la mayor renta obtenida de mi trabajo. 

Y termina diciendo que puede que no sea una postura correcta, pero que es legítima desde un punto de vista católico. Una posición que no sea correcta en relación al amor al más débil no creo que sea católica ni cristiana. 

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No existe vida civil sin respeto

Por: Juan María Laboa 17-09-2012

Las revueltas violentas,

incluidos los asesinatos en los países musulmanes con motivo de la película que ridiculiza a Mahoma  nos plantean dos reflexiones complementarias a propósito de un fenómenos bien presente en nuestra historia.

La película realizada en California, aparentemente, con medios y dirección de árabes no musulmanes y con engaños y manipulación de los actores, resulta estúpida e intolerable. Atacar burdamente y con argumentos y datos falsos a un personaje histórico constituye una estupidez, aunque en nuestros tiempos no resulta inusual, con el objetivo de desacreditar a un adversario político o cultural. Se trata de una estupidez porque con mentiras no se cambia la historia ni se transforma el carácter y la vida de un individuo. Solo se engaña a quienes no conocen la realidad.

Más grave es la falta de respeto que implican esos ataques a una religión y a un personaje religioso venerado por sus creyentes. Atacar a la conciencia religiosa de los ciudadanos constituye una actitud intolerable que va contra el respeto debido a lo más íntimo de esos ciudadanos, contra las leyes de convivencia, contra la búsqueda del bien común compartido.

Nosotros, cristianos, conocemos demasiado bien ese planteamiento soez e incivil de deformar, vilipendiar y mofarse de nuestros sentimientos religiosos más profundos. Con demasiada frecuencia, personajes sagrados y venerables para nosotros son distorsionados grotescamente en películas, cuadros y esculturas, panfletos y reproducciones gráficas. Ningún concepto de libertad de expresión puede incluir estas agresiones gratuitas a los sentimientos más íntimos y sagrados de la persona humana. No en vano la libertad religiosa constituye uno de los logros mayores del hombre moderno.

Ahora bien, la respuesta nunca puede consistir en la violencia y la muerte. Nos devuelve a una época primitiva en la que tampoco había libertad de conciencia. Matar, asesinar, destruir, acabar con el otro, nunca puede ser un medio utilizado por el ser humano civilizado y menos por el creyente en un Dios Padre de todos. Con la violencia perdemos nuestras razones y deformamos nuestra religión.

En realidad, el déficit de respeto por los demás resulta angustioso. En todos los ámbitos de nuestra sociedad civil, estamos dispuestos a defender nuestras ideas o, incluso, a divertirnos, a costa de la conciencia y de la dignidad de los demás. Y, algunas sociedades, aunque se escandalicen con motivo por algunos ataques recibidos, tienen que plantearse seriamente sobre su déficit de respeto por quienes no piensan ni actúan como ellos.

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Morir por Africa

Por: Jose Maria Marquez Vigil 17-09-2012

Este verano resurgieron nuevamente varios brotes de Ebola.

Primero en Uganda, desde donde nos informaban puntualmente tres voluntarios españoles de Africa Directo y numerosas misioneras. Una epidemia indescriptible, tan contagiosa que no necesita contacto físico para pasar de un paciente a cualquier persona sana que se encuentre relativamente cerca. Y enseguida las hemorragias sanguíneas que matan al paciente en cuestión de días u horas. A continuación cruzó la frontera hacia RD Congo.

Desde Congo nos escribe la hermana Maria del Prado. Como siempre, las misioneras aparecen en los medios como las “menos profesionales”, las que no entienden, las que no saben, las que no actuan… Os copio la carta de la hermana María que tan humildemente describe su entrega ante el horror vivido. Los “profesionales” hacen una gran labor a corto plazo, pero los misioneros, los que “están”, los que “se quedan”, son los que piensan en las consecuencias inmediatas sobre otros pacientes, sobre la educación de los más pequeños, sobre la sostenibilidad del Hospital o de los programas de desarrollo (tal y como he podido presenciar hace ya años en otros proyectos de emergencia ante hambrunas en los que los misioneros buscaban atajar el problema desde sus causas reales, de un modo austero y sostenible a menudo alejado del objetivo de donantes y agencias de intervención ante emergencias y catástrofes).

Una vez mas, las hermanas combonianas en este caso, nos demostráis porque queremos trabajar en Africa con unas “socias” tan comprometidas con los que mas sufren. Nos seguís mostrando el camino dia a dia...

(A continuación copio la carta de la hermana Maria del Prado sobre el EBOLA en ISIRO)

“A perro flaco todo son pulgas”, eso es lo que dice el refrán español y eso es lo que se hace realidad muchas veces en contextos y personas con pocos recursos.

En Isiro, en la provincia Oriental de la República Democrática del Congo vivimos una epidemia de Ébola desde hace ya un mes. Para quien no haya oído hablar de esta enfermedad, esto le dirá poco o nada. A nosotros nos dice mucho porque el Ébola es la peor enfermedad, hoy por hoy, para el ser humano. Es un virus que se transmite a través de los fluidos humanos, no se sabe su origen ni hay medicamentos para curarlo. Solo se para cuando se consigue cortar la cadena de transmisión. 

Desde hace ya un tiempo veníamos constatando que había muchas muertes “rápidas y raras” en la ciudad. De la noche a la mañana la gente moría y nadie sabía el por qué. Luego se oyó que el virus del Ébola estaba actuando en Uganda, un país limítrofe con la R.D. del Congo, y luego tímidamente se empezó a hablar de Ébola en Isiro. Se mandaron a analizar a Kinshasa, la capital, muestras de varios enfermos, y el resultado fue positivo. Había una epidemia de Ébola en Isiro. 

Enseguida vinieron los “Médicos sin fronteras” y especialistas de todo tipo. Había que frenar la epidemia lo antes posible si se quería evitar un desastre. Un comité de expertos elaboró una lista con recomendaciones sobre lo que había que hacer o evitar para impedir el contagio. El comunicado se leyó en todas las iglesias de todas las confesiones, en las emisoras de radio, en todos los encuentros…. Sobre todo se tenía que evitar el contacto directo, de modo particular saludarse estrechándose la mano. Pero mucha gente se ríe literalmente de estas recomendaciones y siguen teniendo los mismos comportamientos de riesgo de siempre. Piensan que la enfermedad viene porque un espíritu malo les ha echado una especie de “mal de ojo” y no pasará hasta que mueran tantas personas como ese espíritu malo ha decidido.

En el hospital central de Isiro los “Médicos sin Fronteras” trabajan sin denuedo para atajar la enfermedad. Aíslan a los pacientes que presentan la enfermedad y siguen a aquellos que aparentemente pueden desarrollarla, los pacientes de riesgo. Un equipo de colaboradores locales les ayuda en las tareas de higiene, con una vestimenta especial que impide el contacto con el enfermo o el ambiente en el que éste está. Cuando detectan un caso seguro todo lo que pertenecía a la persona se quema o se desinfecta.

Hasta ahora son 11 las personas que han muerto por causa de esta enfermedad.  Los casos sospechosos son mucho más numerosos. Dicen los expertos, que este tipo de Ébola que está actuando en Isiro, no es tan letal como el de Uganda y que por eso la contaminación es más débil. 

Ahora cuando parece que todo está bajo control se presenta otro fenómeno y es el de la “ausencia” de enfermos. Aquellas personas que presentan los síntomas de la enfermedad tienen miedo a ir al hospital porque piensan que van a morir. Con lo cual se marchan hacia lugares más recónditos y allí la contaminación puede ser mucho más virulenta. Y los centros de salud están casi vacíos, nadie quiere ir a curarse por miedo a contaminarse. 

El día 3 fue el inicio del curso escolar. A pesar de todo el ministro de educación dijo que no había peligro de contaminación y que las escuelas debían empezar. Pero la realidad es que estas, aquí en Isiro, están casi desiertas. Los padres de los alumnos no han pagado las matrículas debido al alto coste de la escuela y de todo lo que ella conlleva, pero también porque hay miedo a la contaminación, al estar juntos.

Este es el panorama que estamos viviendo en estos meses de Agosto y Septiembre. Y eso nos limita mucho en nuestras actuaciones. Las salidas que podemos efectuar en estos momentos son muy pocas, casi nulas, y ello por el riesgo de contaminación. Hemos vivido momentos de tensión, sobre todo al inicio cuando mucha gente que no era del Congo salió de estampida de la ciudad por miedo a la contaminación.

Nuestra presencia, aunque no trabajemos directamente para combatir esta enfermedad, es una señal de esperanza para la población. Y de un modo conciso y con un francés un poco pobre lo explicó uno de nuestros colaboradores cuando alguien le preguntó y le dijo: “Oye, todos los extranjeros se han ido de la ciudad, ¿por qué los blancos de vuestra parroquia siguen allí? ¿Por qué no se han ido ellos también?”, y él les respondió: “porque estos blancos de nuestra parroquia son hijos de Comboni y él había dicho: “hay que morir por África”. Bueno, tampoco hay que exagerar, pero esa es nuestra mentalidad. Estar al lado del que sufre, acompañando, dando esperanza.

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La Iglesia creíble de Martini

Por: J. Lorenzo 17-09-2012

Ya casi se han apagado los ecos

 del fallecimiento del cardenal Martini. Para alivio de sus irrelevantes detractores, los comentarios tan poco caritativos –y tan antievangélicos viniendo de quienes se perfuman con agua bendita– que han vertido sobre él se han ahogado en su propia nadería. Fraternales fueron las palabras del Papa y las de tantos otros obispos.

Pero la imagen que me queda de aquellos días, fueron las colas de tanta gente anónima, creyentes o no, que serpenteaban en la plaza milanesa para visitar la capilla ardiente instalada en el Duomo. Por primera vez en muchos meses, la Iglesia apareció en primera plana para recibir alabanzas y condolencias, en lugar de denuncias y comentarios mordaces. El alcalde de Milán resumió atinadamente la razón de por qué la figura del jesuita había sido tan apreciada, y ahora llorada: “Fue un pastor de todos, y no solo de unos pocos”.

Su fineza intelectual y su libertad (que algunos confundieron con contestación), nacida de la interiorización de la Palabra y la consiguiente profundización en la fe, cristalizaron en un magisterio episcopal en Milán que se tradujo en una constante preocupación por los problemas de la gente, de los de casa, pero también de los que andaban descarriados o se daban de baja –como los jóvenes– de una Iglesia que les parecía esclerotizada, más preocupada por los ritos que por sus angustias.

A todos ellos, incluso en los que no pudo reavivar la brasa de la fe, les brindó una Iglesia creíble, profundamente espiritual y entrañablemente cercana. Y también audaz, porque solo así se puede sacudir el polvo de dos mil años de extrañas adherencias y tratar de buscar respuestas a los nuevos retos que se le plantean a los hombres y mujeres de hoy, y con ellos, a la Iglesia, ofreciendo algo más que normas y preceptos.

Por ello no dudó tampoco en dialogar con la increencia, sembrando –con Ratzinger– la semilla de lo que sería el Atrio de los Gentiles. Por todo ello, su figura no debiera caer en el olvido ahora que los obispos van a delinear la llamada nueva evangelización.

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Tarifas sanitarias

Por: Alfonso Carcasona 17-09-2012

Leo que Castilla la Mancha

 ya ha anunciado las tarifas a cobrar a quienes no tengan derecho a la sanidad pública. Hay que ver lo que les gusta a nuestros políticos acumular deudas. Me explico.

Como referencia en la noticia se dice que la noche en un hospital costará casi 600 euros, bajando a 500 a partir de la sexta noche. Vamos que ni la suite de un hotelazo. Imagino que el que tenga que estar una o varias noches en un hospital no lo hará por gusto, y que el precio no es disuasorio para disminuir el número de pernoctaciones.

Nuestras administraciones públicas han acumulado una deuda estratosférica durante los últimos años, lo que ha contribuido de manera significativa a la situación en la que nos encontramos. Ahora nuestros gestores públicos han encontrado cómo cuadrar las cuentas: emitamos facturas que sabemos que nunca se pagarán, y el problema lo tendrán los que vengan detrás de nosotros, ya que vamos a dejar un balance cuadradísimo (incluso con superávit si conseguimos muchos clientes de pago). Una pregunta de primero es, ¿quiénes son esos hipotéticos clientes de pago? ¿quiénes son los que no tienen derecho a la sanidad pública? Claramente si no tienes derecho a la sanidad pública es porque no tienes capacidad para pagarte un seguro privado, y por lo tanto mucho menos pagar esas tarifas. O sea, que se acumulará una deuda de imposible pago, a la que tendrán que hacer frente los gestores que sucedan a los que están imponiendo esta medida.

Ante este desbarajuste caben dos medidas: una moralmente inaceptable para nuestros estándares –y más desde el punto de vista cristiano-, que es no atender a quien no pueda pagar esas facturas (en Estados Unidos si no prepagas no te aceptan en ningún hospital), y otra de más difícil aplicación, pero de ahí el mérito del gestor, como es asignar a este tipo de enfermos el presupuesto necesario, recortándolo de partidas que siguen siendo superfluas, aunque intocables para un político. 

Lo noticia me parece inaceptable por dos argumentos: 1.- antes de dejar de atender a un enfermo sin recursos se debería hacer todos los recortes del mundo en gastos superfluos y 2.- no emitan facturas que se sabe positivamente que no se van a cobrar.

 

 

 

 

 

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¿Ser Cristiano o ser cristiano?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-09-2012

Estaba el pasado viernes desayunando

con algunos de los colegas de esta bitácora cuando Carcasona me vino a decir que ya estaba tardando en escribir sobre Cristiano.

¡Qué “jodío”! O soy muy predecible, o me repito mucho, o Alfonso tiene telepatía, porque ya había pensado dedicarle mi próxima columna al futbolista del Madrid. Bueno, a él o a la imagen que se está dando de él: el pobre niño rico, guapo e infeliz…

Y ese mismo día, ya por la noche, mientras paseaba por una zona residencial de Pozuelo, por la zona “lujosa” en la que viven los futbolistas, un cochazo impresionante me pasó para a continuación atravesar la barrera que separa a los simples viandantes de los grandes propietarios de aquellas mansiones. Podría ser perfectamente Cristiano… Y enseguida me acordé de algo que siempre hemos oído todos, pero que yo lo escuché, lo comprendí, cuando ya tenía treinta años, cuando vivía en Calcuta: “No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”. Y pensé en la enorme suerte que tengo porque no tengo ni idea de cómo se escribe o cómo se pronuncia ese cochazo, ni me interesa realmente. Y de verdad que ¡no lo querría ni regalado! Por supuesto, para venderlo y hacer algo con la pasta, pero… ¿Tener ese cochazo? ¿Necesitarlo? Qué fuente de infelicidad cuando te lo rayen, o cuando no puedas pagarlo o tenerlo… Porque la verdadera formula de la infelicidad es el “quiero y no puedo”. El “quiero y puedo” no existe, porque por muy endiosados que estemos, siempre habrá algún “no puedo” antes o después. Con lo que la fórmula de la felicidad pasa seguro por el “no quiero”, ya sea un “puedo y no quiero” o incluso un “no puedo y no quiero”, que te agranda aún más al “abajarte” y permitirte aceptar tus limitaciones.

Ya lo dice el Evangelio. “Y el rico tuvo que alejarse entristecido porque tenía muchos bienes”. ¿Bienes? Somos “Cristianos” (con mayúscula, como Ronaldo) cuando pensamos en esos bienes, pero somos realmente “cristianos” cuando elegimos los otros “vienes”, los “vienes” de “venirnos” siguiendo la llamada del Señor. ¡A ver si un día me entero de una vez!

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Formar parte del grupo

Por: Juan María Laboa 10-09-2012

Cristo insiste en la familia humana como núcleo esencial de su mensaje.

 Su anuncio de que Dios es Padre de todos los seres humanos creados a su imagen y semejanza constituye el inicio y fundamento de su doctrina. Somos hermanos y en cuanto tales participamos de la herencia y misericordia de nuestro Padre y nos comprometemos a amarnos. Nosotros aprendemos todo en el amor de Dios; leemos a través de su mensaje, sentimos a través de su cercanía, amamos a través de su ternura. El nos traduce, naturaleza, sentimiento, sensaciones, ideas.

El salmo 145 recuerda que el Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos, abre los ojos al ciego y sustenta al huérfano y a la viuda. Jesucristo, por su parte, se identifica con el hambriento, sediento, desnudo, encarcelado. Los cristianos, a través de Cáritas, procuran aliviar las carencias de todo género del ser humano. La auténtica aventura humana consiste en descubrir el verdadero rostro del amor y, para conseguirlo, resulta imprescindible descubrir y poner en práctica nuestra capacidad de amar.

Pero Jesús va más allá de la generosidad individual, del deseo de aliviar el hambre, la soledad y la tristeza de los individuos. Insiste en la fraternidad y fomenta la comunidad. La eucaristía crea comunión entre los hermanos, crea y sustenta la comunidad.  Jesús nos enseña en su oración que Dios es Padre “nuestro”. Somos cristianos dentro de una comunidad, vivimos la fe con los hermanos, rezamos con ellos porque allí donde se reúnen Cristo está presente. La Iglesia no es la suma de los individuos sino el “signo e instrumento de la unión íntima de todo el género humano”, tal como afirma el Vaticano II.

Se puede ser generoso con quienes carecen de todo, pero no sentirse hermanos o miembros de una misma comunidad o familia, es decir, podemos ser caritativos y no ser cristianos. Sin embargo, somos hijos de Dios y miembros de una misma familia a través de los demás. Entonces el bienestar nos llega cuando nos sentimos parte del grupo, ayudamos a construir la casa común y tiramos juntos del carro.

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Profunda superficialidad

Por: J. Lorenzo 10-09-2012

Se puede pensar, sin temor a equivocarse mucho,

 que una sociedad donde las maltrechas pensiones de 400.000 abuelos y abuelas son el principal sostén de las familias de sus hijos y, a veces, también de las de sus nietos, tiene un problema suficientemente gordo como para no entretenerse en zarandajas.

Sin embargo, el número de parecidos ejemplos propiciados por la economía del miedo en la que vivimos es suficientemente amplio y abona peligrosamente la espiral del sálvese quien pueda que asoma ya la patita por salas de espera de centros de salud, atestadas oficinas del paro y tertulias que no consiguen –ni quieren– desprenderse del acento matonil y fascistoide.

El mensaje que está calando entre una parte de la gente, corroyendo valores primarios sobre los que se construye la convivencia, son similares a este, construido en base a razonamientos que se topan por las esquinas y dispensados a granel en cualquier barra de bar: “Si me tengo que pagar ya mis propias medicinas, ¿me voy a preocupar de que retiren la tarjeta sanitaria a los inmigrantes ilegales, que, además, han venido a robarnos nuestros trabajos y a ensuciarnos los centros de nuestras ciudades? ¿Y qué si les desahucian? Que se vuelvan a sus países…”.

Este resentimiento, unido a una creciente superficialidad de la que los medios de comunicación son responsables, inmuniza ante el dolor ajeno y anestesia la capacidad de indignación (también la de los gobernantes) ante noticias como la encarcelación de una niña discapacitada paquistaní por presuntas blasfemias contra el Corán, la enésima hambruna que ya se vive en el Sahel o esa otra niña con cáncer que duerme en una furgoneta porque su familia, desahuciada, no tiene quien le reclame, como a otros que montan más jaleo, que la dejen pasar su calvario con los suyos en condiciones de mayor dignidad. Pero todos asistimos embobados al caso del Ecce Homo o a las tristezas del príncipe destronado de nuestro fútbol.

Ante esta falta de criterio y sensibilidad social, consuela un tanto ver que, en estas cuestiones, la Iglesia, sus hombres y mujeres, no se han contagiado de la superficialidad y siguen sin ser de este mundo.

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¿Existen líderes?

Por: Alfonso Carcasona 10-09-2012

Comienzo esta reflexión desde la legitimidad

 que me da ser el padre de, Dios Mediante, un futuro politólogo (o sea, ninguna).

Asisto desganado a la campaña electoral de la por ahora primera potencia mundial. Cada cuatro años un auténtico despilfarro de dinero (uno más) con objeto de reelegir a su presidente, que en este mundo tan globalizado no es como elegir a nuestro emperador, pero parecido. Durante 32 años 2 familias, los Clinton y los Bush, se repartieron el pastel. Después ha venido Obama, y los Clinton ahí siguen…

Pero no quería comentar en este caso la vergonzosa sucesión cuasi monárquica (imagino que en un país de 300 millones de personas deberían ser capaces de encontrar algún presidente de otras familias), ni la dilapidación absurda de dinero.

En esta ocasión me quiero fijar en el espectáculo (bochornoso a mi modesto entender) de los discursos de aceptación del cargo a candidato. Los dos partidos organizan sendas convenciones, a las que atraen a miles de absolutos conversos para darles unos cuantos discursos, la mayoría de ellos sin ningún tipo de novedad con respecto a lo que ya han anunciado durante meses. Es de agradecer que no se centren en destrozar al adversario como hacemos en nuestra piel del toro, y más bien se dediquen a lo suyo.

En esta campaña han tenido un peso absolutamente desproporcionado las consortes de los candidatos , que en el caso de Obama se ha visto adornado con la presencia de sus hijas en el escenario. Los discursos importantes los han leído (que no, claro, preparado) las esposas de los dos. Incluso Obama empezó el suyo declarando sentirse nervioso por tener que hablar solo unos segundos después que la estrella de su familia…

Ya sé que es un circo, pero al menos no debería parecerlo tan descaradamente. ¿A quien votan los americanos? ¿Quien los/nos lidera? ¿Ellos, sus mujeres, sus familias? Dentro de cuatro años ¿asistiremos al discurso de alguno de sus hijos, menores de edad? 

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LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-09-2012

Los hombres mujeres y niños vuelven a mostrar un sufrimiento indescriptible en sus rostros.

 No se veía nada igual desde los años 40. ¡Ha estallado la Tercera Guerra Mundial! Y los medios nada comentan al respecto… ¡Poderoso caballero…!

Las dos primeras guerras mundiales fueron iniciadas por Alemania. En ambas ocasiones con armamento destructivo sumamente sofisticado. Mosquetones, ametralladoras, morteros y los primeros tanques al principio. La Aviación(“Luftwaffe”) y la “Panzer Divisionen” después.

Se especulaba sobre la tercera guerra mundial. No se sabía si se usarían armas atómicas, químicas, bacteriológicas, convencionales. Éste fue el error. La Tercera Guerra Mundial se ha llevado a cabo con un arma mucho más mortífera. La “PR”. Iniciada también por los alemanes.

Cuando viví en África, frecuentaba poblaciones en Guerra en Sudán y el Norte de Uganda. Me sorprendía y horrorizaba ante el reclutamiento de jóvenes (niños soldado y niñas esclavas), ante la quema de campos de maíz para exterminar a familias por la inanición, conociendo numerosos casos de violación de mujeres como arte de guerra, etc.

Ahora, en los pueblos devastados por la Tercera Guerra Mundial, los jóvenes han desaparecido también, las familias pasan necesidades, las mujeres… Cada vez hay más anuncios de mujeres en las páginas de clasificados que necesitan venderse por los efectos de la “PR” mientras sus hijos, ingenieros, médicos o arquitectos, han tenido que huir a buscar trabajo del mismo modo que los niños soldado desaparecían en Africa de sus hogares.

La Prima de Riesgo (“PR”) ha mostrado finalmente sus dientes. Y es lógico, no digo que no lo sea. Pero sus efectos son mortíferos. Lo son. Y es una guerra, una guerra cruel. Lo es.

El Bar de la esquina abre de sol a sol, buzonea para captar clientes, contrata una cocinera mejor que consiga más adeptos de su pincho de tortilla, moderniza su máquina de café, negocia a la baja su hipoteca con el banco o su renta con el arrendatario. No digo que se alegre de que el bar de enfrente pague una renta más alta, pero si eso hace que tenga que subir los precios y eso redunda positivamente en el negocio… Su pincho de tortilla debe ser mejor que el de enfrente, ya sea por su calidad o por su precio. Así es el mercado, la competencia. Nos se desea el mal al otro, pero solo sobreviven unos pocos.

España tiene sol y playa. Y ríos y embalses. Y mano de obra… Su calidad mejora y con una moneda única atrae a la inversión extranjera. La solución para los países de la “competencia” está en la “PR”. Que a los españoles les cueste más, que suban sus precios, que los inversores se echen atrás, que los clientes se echen atrás, que su propia mano de obra cualificada se eche “adelante” y se marche a Laponia o a Alemania…

Bob, Gunter y Paco alquilan un piso entre los tres. Bob es inglés y es muy listo. Ya ha pasado por dos guerras mundiales y pasa de una tercera. Decide que su parte de la renta y sus provisiones las paga en libras y lo almacena todo en una nevera que guarda en su habitación. Gunter (alemán) y Paco (de Soria) comparten en euros el resto de la renta y demás. Pero Paco pasa mucho frío y gasta más calefacción, y le gusta la música y la fiesta y gasta más luz. Y cuando Gunter va al Mercadona y compra yogures y cervezas, y los coloca según su caducidad, ordenados, en una estantería del frigorífico… Y Paco no se puede resistir. ¡Una cervecita de importación! ¡Y esos yogures con frutas!

Está claro. La solución es la “PR”. Querido Paco, a la hora de pagar la renta tienes que pagar una “PR”. Y si no, te piras del piso inmediatamente. Y si por ser de Soria o de donde seas te ves forzado a pagar más renta por las comisiones bancarias de la caja provincial de turno que cometió mil excesos cuando decidieron meterse a promotores… Es tu problema, Paco!

Suena a peli de berlanga, tipo “Bienvenido Mr. Marshall”. Pero esta peli no tiene ninguna gracia. A muchos amigos y conocidos en esta España nuestra, gente muy querida, no se les permitía hasta ahora trabajar ni comer. Ahora tampoco se les permite caer enfermos. Paco lo va a pasar muy mal, pero seguirá teniendo tarjeta sanitaria. ¿Abdul o Sekou? Desde aquí mi agradecimiento, admiración y reconocimiento a los médicos objetores que han decidido seguir adelante con su juramento hipocrático.

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA 16: LANU

Por: Dolores Aleixandre 04-09-2012

A favor nuestro

Dos sencillas sílabas en hebreo y cuántas resistencias a creernos lo que afirman: que Dios está “a favor nuestro”, que está de nuestra parte. En rincones escondidos de nuestro corazón anidan sabandijas y otros bichos dañinos que dan pequeños mordiscos a la confianza dejándonos una marca de dudas y sospechas. ¿Es Dios realmente “de fiar”, nos preguntamos? Sus intenciones hacia nosotros ¿son buenas?

No somos los primeros en hacernos esas preguntas : ya se las habían hecho  los israelitas en el comienzos de la travesía del desierto, cuando empezaban a darse cuenta de que llegar a la tierra prometida iba para largo.  Cayeron en la cuenta de que una cosa era haber atravesado el mar Rojo y otra emprender un camino a través del desierto, sin saber cuánto iba a durar y si iba a poder sobrevivir ante tantas carencias. Cuando les faltó el agua, crecieron sus dudas y su malestar y, aunque se lo expresaban a Moisés, el verdadero destinatario era Dios:  “‑¿Por qué nos has sacado de Egipto, para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?  Moisés clamó al Señor: ‑¿Qué hago con este pueblo? Por poco me apedrean. El Señor respondió a Moisés: ‑Pasa delante del pueblo, acompañado de las autoridades de Israel, empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y camina; yo te espero allí, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca y saldrá agua para que beba el pueblo. Moisés lo hizo ante las autoridades israelitas y llamó al lugar Tentación y Careo, porque los israelitas se habían careado y habían tentado al Señor, preguntando: “¿Está o no está con nosotros el Señor?” (Ex 16, 2-7). En el fondo la pregunta era  la misma que la nuestra: ¿Está Dios o no a nuestro favor?

Un salmista responde a su manera a esta cuestión decisiva para la fe: recorre la historia de su pueblo y se siente en condiciones de afirmar que, si no hubiera sido por la presencia de Dios a su lado, Israel no hubiera sobrevivido: 

“Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte (lanu)

-que lo diga Israel-, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte (lanu), 

cuando nos asaltaban los hombres, nos habría devorado vivos (…)

 Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador: 

 la trampa se rompió y escapamos.

 Nuestro auxilio es el nombre del Señor que hizo el cielo y la tierra”(Sal 124)

 

Lo difícil, pensamos nosotros, es cómo seguir proclamando esa salvación  en medio de un incendio que nos devora, o cuando nos llegan las aguas al cuello, o cuando estamos enredados en una trampa de la que no conseguimos escapar.  ¿Dónde está en esos momentos el Dios del que nos dicen que está “de nuestra parte”?  

Sólo Jesús posee respuesta para esas  preguntas: cuando leemos el relato de su pasión (por ej. Mc 14,43 a 15, 4), encontramos en él dos partes muy difrenciadas: la primera empieza con la detención de Jesús en el huerto y, en ese momento, pasa de estar en medio de su grupo de discípulos que “estaban a su favor”,  a ser prisionero del bando de los que están “en su contra”.  En todas las escenas que siguen le vemos rodeado de hostilidad, insultos, golpes y burlas hasta desembocar en la muerte en cruz. Sólo después de ese momento, después de que José de Arimatea pide a Pilato el cadáver, volvemos a encontrarlo “entre los suyos”: José lo descuelga de la cruz, lo envuelve en un lienzo y lo pone en el sepulcro, mientras María Magdalena y María la de José contemplan la escena: son ya tres personajes “a su favor”.

Podemos preguntarnos cómo vivió Jesús el tiempo en el que estuvo en manos de quienes estaban en su contra y recordar aquella afirmación suya: “Se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que cada uno de vosotros se irá a lo suyo y a mí me dejaréis solo. Aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16,32). 

Él había dejado atrás cualquier previsión y defensa, abandonando su existencia al Padre que lo enviaba y conducía. Sabía que no necesitaba preocuparse aunque estuviera en medio de la contradicción, el dolor, el fracaso o la muerte: el Padre estaba “a favor suyo” y él estaba seguro de que lo recogería al final extremo de la noche. 

Esta confianza suya inaugura la existencia creyente y Jesús ha sido el primero en recorrerla. Detrás de él vamos nosotros, apoyados en la tranquila audacia que hizo decir a Pablo: “Si Dios está a favor nuestro, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él?(…) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? 36 Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas. 38 Y estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, 39 ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Rom 8, 31-39)

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OSCAR

Por: Santos Urias 04-09-2012

Se asoma por la puerta de la sacristía

y me busca con sus ojillos vivos. Una vez que me localiza rezando en el templo, fija su mirada sobre mí y saluda con la mano efusivamente. 

Así es él. Goza de la sencillez y de la espontaneidad que dinamita todo formalismo. Despliega las alas y deja volar el Espíritu como los rayos de luz, inasibles, volátiles. Tiene treinta y dos años pero una apariencia de unos veinte. 

Cada tarde, como un reloj, viene a la iglesia con su mochila. Si estoy ocupado, espera sentado o va preparando las cosas para la misa. Ser “monaguillo jefe” no es cualquier cosa y asume sus tareas con empeño y con ternura. En ocasiones se refugia tras la puerta o tras el mueble improvisando un escondite: porque la vida es juego y los juegos sueños son. Cuando me ve triste o finjo mi tristeza con un llanto acerca su cabeza a mi hombro y se abraza como un niño. 

No sabe de economías, ni de políticas, ni de grandes discusiones o programaciones; bueno si, tiene su agenda donde anota las reuniones del grupo, los horarios de las misas y sus talleres. Pero tiene muy claras las cosas del querer: por la calle todos le saludan y el camina con paso firme, sonrisa aquí sonrisa allá. 

Y sabe que Dios es Dios. Hace simple lo sagrado y lo sagrado simple. 

Cada día aprendo de él. Leo en sus gestos como en un diccionario y estoy convencido que es capaz de ver cosas que los demás no vemos. 

Algo chirría dentro de mí cuando se refieren a él como a un retrasado. Síndrome de Down sí, pero ¿retrasado? Salgan a la calle miren y comparen. Yo me quedo con nuestro Oscar: monaguillo jefe, hermano, amigo, sin ambiciones ni dobleces, alma clarividente y corazón desnudo. 

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Martini

Por: Juan María Laboa 04-09-2012

Carlo María Martini fue un hombre sorprendido y maravillado

Carlo María Martini fue siempre un hombre sorprendido y maravillado ante la creación y la vida. Un hermano del hombre, por diverso en fe y cultura que se mostrase. En los últimos años de vida, en sus contestaciones a tantas cartas recibidas, fue capaz de participar con tantos temores y fatigas confesados por sus corresponsales.

Siempre me admiró la simpatía y el respeto de sus conciudadanos italianos, los trabajos a cuatro manos con importantes intelectuales laicos, la escucha de sus consejos y recomendaciones por parte de políticos de todo el arco parlamentario, su inmensa capacidad de diálogo con personas de toda condición.

Me impresionó su libertad y valentía en temas que los eclesiásticos solo hablan en voz baja y que afrontaba con su profundo sentido de Iglesia y con su enorme capacidad de relacionarse con las necesidades, angustias y esperanzas del mundo moderno. Tal vez esta actitud le acarreó el rechazo de quienes consideran la inmovilidad como un valor y la autosuficiencia como su identidad.

El primer ministro italiano ha reconocido en un escrito que pocas personas han influído tanto como Martini en sus orientaciones y elecciones. Importantes, también, los reconocimientos del alcalde de Milán y de otros personas de prestigio italianas, lejanas a la Iglesia, pero respetuosas y cercanas a muchos pensamientos e ideas del cardenal. Tuvo un mensaje serio, atractivo y sugerente para los no creyentes, un mensaje de fe y de grandes ideales que ilusionó e impresionó, también, a representantes de otras religiones y de otras orientaciones. En una entrevista póstuma reconoció la necesidad de una conversión de la Iglesia en algunas de sus opciones y actuaciones, la necesidad de escuchar y centrarse en la Palabra de Dios: "Solo quien percibe en su corazón esta Palabra puede formar part de quienes pueden ayudar a la renovación de laIglesia y sabrán responder a sus preguntas personales y la necesidad de los sacramentos, ayuda en los momentos del camino y de la debilidad de los creyentes.

Siempre he tenido envidia de la Iglesia de Milán, porque tenía un pastor que escuchaba, que dialogaba, que proponía, y que era respetado y seguido. Era un hombre con prestigio personal. Eso no tiene precio, en una sociedad sin líderes ni grandes testigos.

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Angeles y/o milagros

Por: Alfonso Carcasona 04-09-2012

Discutía ayer por la tarde con mi hijo

acerca de los milagros o de los ángeles. Desde siempre los hemos buscado en las espectaculares puestas en escena. La generación en la que vivía Jesús le pedía signos, y nosotros no dejamos de hacerlo. El  milagro es la constatación de que lo que creemos por nuestra fe existe, es real. Dios, invisible, se hace presente a través de ellos, y nos da la certeza de su existencia.

Este fin de semana he tenido el privilegio de aprender de un cartujo a aproximarme mejor a Dios, y a apreciar los signos que Jesús nos regala todos los días. ¿Qué hacer para acercarse a Dios? Como el rayo de sol que está ahí afuera entra por la ventana cuando la abres para iluminarte y darte calor, simplemente debemos abrir las puertas de nuestro corazón para dejar que se instale en nosotros. Con sencillez y humildad.  El acaricia tu vida, si tú le dejas hacer.

El signo, uno de muchos que podemos ver todos los días, simplemente abriendo los ojos del corazón, ocurrió a mediodía. Estábamos comiendo en un restaurante cuando a mi padre le dio una bajada de tensión que le llevó a tener que tumbarse en el suelo. Azúcar, cocacolas… Todo el ritual para intentar que se encontrase mejor. De repente, de la nada, apareció un señor, del que solo recuerdo que en el brazo de su camiseta llevaba un logo de los Hermanos de San Juan de Dios, que tomó el mando de la situación, con muchísimo cariño. Sin alarmismos hizo lo que tenía que hacer, levantando las piernas de mi padre, haciendo un par de preguntas y en todo momento cogiéndole de la mano, acariciándole en la cabeza, tranquilizándole. Fueron unos pocos minutos, transcurridos los cuales desapareció por donde había venido, sin darnos tiempo, siquiera a darle las gracias. ¿Un ángel? Casualidad para algunos, para mi confirmación de que teniendo abiertas las puertas a Dios todo es posible. Incluso los milagros. 

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