Domingo 23 de Julio 2017

0,07 CON LICENCIA PARA AYUDAR

Por: Jose Maria Marquez Vigil 31-07-2012

La noticia saltó hace varias semanas.

 El Gobierno ruso acusa formalmente con cargos de espionaje a las organizaciones humanitarias o de desarrollo (ONG) que obtengan financiación extranjera.

Y esta semana comienza el juicio contra las rockeras que entraron en ropa interior en una iglesia ortodoxa. Y se recorta, también en Rusia, el acceso a internet. Con tantos detractores que van apareciéndole al Sr. Putin, y conociendo su modo de llevar las cosas, bien parece que está entrando en una espiral paranoica de fortalecimiento del poder en base a la consabida protección de la Patria, Religión e Infancia.

Pues no querría ser yo quien ponga una pica en favor del tirano, pero respecto al único tema que conozco un poquillo, el primero de ellos, si querría comentar algo.

El mundo de las ONG se sobresaltó enormemente con esa decisión, y no sin razón. Pero también hay que reconocer los premios a la “incidencia política” que dan los Gobiernos que ayudan a dichas organizaciones (el famoso 0,7% comprometido antes de que esta crisis nos devolviera a la realidad de pobreza de la que España no debería haber salido, que por su continua disminución durante los últimos años se está acercando más al 0,07% del título que me permite un juego de palabras con el famoso agente secreto de su majestad y con las extrañas “chicas bond” de la foto).

Por otro lado, tampoco a los países democráticos que ensalzamos la libertad de expresión nos han gustado mucho las revelaciones de wikileaks a cuyo fundador se le ha acusado en occidente desde espía a violador.

Todo esto me hace recordar aquella época en la que trabajaba para Cáritas en Sudán, hace ya una década. Me encargaba de potenciar el trabajo de cooperación para el desarrollo de la Iglesia en ambas zonas de la contienda, de la Guerra del Sudán, Norte y Sur. Para poder entrar en ambos países en guerra caliente, tuve que mentir un poco en la embajada y decir que había perdido el pasaporte. Así, con dos pasaportes “en vigor”, pude entrar a visitar tanto los campos de desplazados en el Norte del país, como el trabajo de reconstrucción que se realizaba en un Sur desolado por la Guerra. Cada vez que me adentraba en una zona u otra llevaba un pasaporte diferente, e incluso una agenda diferente, para que no me delataran los sellos de entrada y salida o incluso los nombres y citas que hubiera podido apuntar y que pudieran ojear los servicios de contraespionaje. A mí me parecía todo un poco exagerado, pero la Guerra era real, se cobraba miles de víctimas cada semana, y así fui haciendo mis pequeñas incursiones en este mundo del espionaje… Y así conocí hace 10 años a una ONG americana que operaba cerca de los Montes Nuba, cerca de una zona rica en petróleo, una ONG con unos miembros un tanto peculiares. Cada uno de ellos tenía un cuello cuyo diámetro medía dos veces el mío, unos brazos como los del Swazennager antes de caer en desgracia, y una conversación en la que los khalasnikov, antonov, y diferentes marcas de minas antipersona o lanzagranadas se repetían demasiado mientras que las palabras pobreza, hambre, educación o agua brillaban por su ausencia. En este caso se trataba claramente de un grupo armado infiltrado en el país bajo la piel de cordero de ONG, y así lo reconocíamos todos los que nos habíamos topado con ellos.

Es cierto que en mi análisis de cualquier persona u organización, lo primero que estudio es su interés. Y en ese caso entiendo que una ONG financiada por intereses extranjeros puede tener una agenda oculta. Pero también es verdad que un país como Rusia, o como tantos otros países africanos o asiáticos (bueno, cualquier país en general) subsidiará únicamente aquello que le interese, y la defensa de los derechos humanos quedará en manos de los “buenos jaimes”, o “james bonds”. Que deberán buscar recursos fuera del país para luchar contra el doctor No.

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Dejándonos la señora descompuesta

Por: Ignacio Bañon 31-07-2012

Ved de cuán poco valor

son las cosas tras que andamos

y corremos,

que en este mundo traidor,

aun primero que muramos,

las perdemos.

 

Estos versos de las famosas Coplas de Jorge Manrique tienen tanta vigencia hoy como hace cientos de años. O acaso más. Efectivamente, los hombres tenemos una inclinación asombrosa por afanarnos en cosas que no nos sirven, sino que más bien nos hacen infelices. 

Un poco más abajo las Coplas son visionarias respecto a una realidad actual que era impensable entonces: la capacidad de embellecer nuestra cara. 

Una cantante de ópera italiana (encantadora y con gran atractivo, pese a no encajar en los increíbles cánones de belleza actuales) decía hace poco en una entrevista “hoy todos quieren ser altos, delgados y jóvenes. ¡Es una locura!”. También hace poco leía declaraciones de la otrora bellísima actriz  Emmnanuel Beart en contra de la cirugía estética. Ella se sometió a un “rejuvenecimiento” de cara, y quedó marcada para siempre por unos rasgos extraños que le hurtaron la posibilidad de una madurez y una vejez bellas. Y de conservar los rasgos de su afortunada cara.

Mientras, sin embargo, las “mejoras de cara” avanzan imparables, tristemente empujadas por referentes sociales, por actrices y por princesas. 

Manrique, en sus maravillosas coplas, nos arroja luz cuando explica qué ocurriría si tuviéramos medios para embellecer nuestra cara: nos dedicaríamos, dice, a mejorar la “cautiva” (la cara) y nos olvidaríamos de la “señora” (el alma). Ese alma que sí podemos mejorar y cuya mejoría nos hace verdaderamente felices.

Si fuese en nuestro poder

hacer la cara hermosa

corporal,

como podemos hacer 

el alma tan gloriosa,

angelical,

¡qué diligencia tan viva

tuviéramos a toda hora

y tan presta,

en componer la cautiva

dejándonos la señora

descompuesta!

 

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EN EL CAMINO

Por: Santos Urias 31-07-2012

Esta semana dos amigos han salido para hacer el Camino de Santiago.

La primera, de origen Británico y profesora en Madrid, tiene bastante tiempo durante el verano y quería hacer esta experiencia con un profundo sentido religioso. Salir desde Francia y poder recorrer en soledad o con otros peregrinos la historia de los años y la historia personal; el cansancio y la contemplación; el silencio y las conversaciones a la luz de las estrellas. Bien preparada físicamente y con todos los consejos prácticos que, sin duda, contribuyen a vivir un buen peregrinaje. 

De otro lado mi amigo José. Este no necesita consejos prácticos pues es peregrino por excelencia. Ya ha hecho varias veces el camino de Santiago. Está acostumbrado a dormir a raso, a compartir conversaciones bajo el cielo estrellado, a calentarse con alguna botella de vino, a buscar apóstoles a los que abrazar. Le conocí porque quería bautizarse después de hacer el camino hace tres años. Iba a rezar y se sentía bien, me decía, y le encantaba escuchar los cantos de las monjitas. La otra noche me llamó con la lengua estropajosa y me dijo que quería tomarse un café conmigo antes de marcharse a hacer el camino, que lo había decidido esa semana. Físicamente está un poquito tocado pero su espíritu sigue volando en busca de la bienaventuranza, cerrando las heridas de un padre ausente y de una madre que le precedió en aquello del alcohol. 

Dos amigos en camino, en el mismo camino. Dos experiencias de fe tan distintas y diversas como la vida misma. Sueños parecidos, las mismas estrellas. Tal vez se encuentren durante el recorrido, sin prejuicios, con el alma entre las manos. Ya me contarán, ya os contaré. Mientras yo también peregrino, como ellos, buscando el centro. 

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El poder de las palabras

Por: Juan María Laboa 30-07-2012

Llama la atención el efecto de las palabras de Dragui,

presidente del BCE sobre compradores, especuladores y personas de todo género. Por lo visto en ellas, no  descubre ni promete nada nuevo sino que insiste con claridad y seguridad en los objetivos del banco que preside. Sin embargo, mucha gente se ha fiado de sus palabras y se ha tranquilizado.

Este suceso me ha hecho pensar en una consideración muy antigua, pero, por lo visto, ahora nueva, en el poder olvidado de las palabras y de los compromisos. Palabras y confianza, compromisos y fiabilidad. La palabrería (“palabras, palabras, palabras”) no tienen ninguna incidencia si no van acompañadas de una confianza otorgada. ¿Quién concede en nuestros días confianza a las promesas, programas y aseguraciones de nuestros políticos’. ¿Quién confía en los compromisos sociales, políticos o económicos (“cuando digo siempre estoy diciendo ahora”).

“Heriste mi corazón con tu palabra y yo te amé”, escribió san Agustín, porque sus palabras tenían promesas de vida eterna. En el altar prometían los esposos fidelidad permanente; en mi juventud los compromisos se sellaban con un apretón de manos; las palabras del sacerdote se tomaban al pie de la letra, porque era considerado fiable, digno de confianza.

No es que ahora seamos menos ingenuos sino que nos mentimos, engañamos, prometemos en falso habitualmente. Los políticos se acusan mutuamente de no cumplir el programa y ya en esa acusación están engañando, porque ninguno de ellos lo cumple y lo saben, porque han prometido lo que podía agradar más y no lo posible o lo conveniente.

Dar valor a las palabras constituye el paso fundamental en la renovación de la sociedad. Si la sociedad borrase del horizonte a quien incumple sus compromisos, comenzaría el proceso de regeneración. Si la mentira fuese aborrecida, comenzaría un nuevo amanecer. Si todos buscásemos el bien común, la honradez sería un valor en alza. Si el que roba fuera abandonado al margen de la sociedad hasta que restituyese todo lo sustraído, el aire resultaría más respirable.

Tenemos que aprender y enseñar de nuevo que las palabras tienen un sentido y que un hombre cabal debe utilizarlas en ese sentido y que los compromisos son sagrados, porque de lo contrario, el ser humano deja de ser fiable y compromete el futuro de la sociedad.

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Juramento Hipocrático

Por: Ignacio Bañon 28-07-2012

Hace unos días, en la consulta de un buen médico,

vi colgado en la pared el famoso Juramento Hipocrático, originalmente redactado en el siglo V a.C. Mientras lo miraba con el interés de leer un documento que había oído mencionar tantas veces, el médico se acercó.

“El Juramento Hipocrático es impresionante”, me dijo mientras yo leía el inicio del texto, que me parecía más bien pintoresco, con una referencia a los antiguos dioses griegos muy superados por la historia Juro por Apolo médico, por Esculapio, Hygia y Panacea, juro por todos los dioses y todas las diosas…

Me dijo: “Fíjate que está todo aqu… la eutanasia”. Y señaló la frase que decía Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo….  “El aborto…” y señaló la frase tampoco administraré abortivo a mujer alguna. “La corrupción…”  apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, y principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos…

Me pareció asombroso que el famoso juramento hipocrático, redactado hace 2500 año hiciera referencia tan clara a cuestiones éticas tan discutidas en nuestros días. Y que los médicos hayan venido jurando esta fórmula, que deja lugar a pocas dudas, durante tantas generaciones.

Los dioses están superados, pero las cuestiones éticas no parecen haber cambiado. Ya Hipócrates pensó que los médicos deberían estar alejados de prácticas que atentan contra la vida, seguramente respondiendo a prácticas o demandas que existían entonces, como existen hoy. Como la eutanasia o el aborto.

 ¿Ha cambiado la respuesta ética a estas cuestiones? Creo que tampoco. Si asumimos que la vida está por encima de todos los bienes, la respuesta a las cuestiones planteadas sigue siendo la misma que escribió Hipócrates y que ha permanecido a lo largo de los años. En cualquier caso, no parece que la respuesta a las grandes cuestiones éticas pueda cambiar, ya pasen años, siglos o milenios.  Los problemas que nos planteamos hoy parecen estar resueltos por referentes éticos como este juramento, desde hace milenios.

Nada nuevo bajo el sol. O sí, cuando las sociedades legislan en contra de la ética y los retrocesos se presentan como avances.  

Y los médicos, ¿siguen asumiendo el Juramento Hipocrático?

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La estupidez de las etiquetas

Por: Alfonso Carcasona 26-07-2012

Yo creo que la mayoría estaremos de acuerdo

 en la injusticia que se comete habitualmente cuando se etiqueta a una persona. En particular, en política, se es de derechas o de izquierdas. Esa es tu etiqueta. Desde hace años defiendo que la gente no es de izquierdas o de derechas. Creo que las etiquetas nos embrutecen, en el sentido de no dejarnos pensar libremente. 

Una buena amiga mía ha sido etiquetada en Facebook al albur de un cartel en el que se convocaba a una manifestación a favor del aborto libre. Aunque ella no manifiesta sus ideas políticas (fundamentalmente habla de sus pasiones, correr y la música), no ha podido evitar que alguien la etiquete, en el sentido técnico de la palabra. Sus post, que habitualmente reciben decenas de comentarios, se han visto multiplicados por diez. Es decir, que a sus amigos de Factbook, que la tendríamos etiquetada como una persona amante del running y de la música, nos preocupan mucho más sus aparentes ideas políticas. Interesante y triste. He de reconocer que a mi también me pasa. Cuando tuiteo o publico algo en Facebook relacionado con esta bitácora (que es en el 95% de los casos de mis publicaciones) recibo pocas interacciones. Pero si publico alguna chorrada (por ejemplo, el pasado viernes que me iba de viaje), los comentarios se multiplican exponencialmente. Otro argumento más a favor de la intrascendencia aparente de las etiquetas.

Seamos sensatos en este mundo tan interactivo en el que vivimos. No etiquetemos ni nos dejemos etiquetar por nadie. Si ya era injusto antes, hoy  destrozar la reputación o la idea que tenemos de una persona está a un solo click de nuestros dedos.

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Esto ya es una crisis social

Por: J. Lorenzo 25-07-2012

Ya se había dicho.

Primero, la crisis financiera, luego la económica, después la del desempleo y ahora, la crisis social. En España es ya muy evidente. Se anuncia un otoño muy caliente tras las medidas de ajuste del Gobierno. Y si ahora hemos visto algunas muestras del enfado ciudadano, y no solo por los recortes, sino por la actitud de una clase política que sigue sin estar a la altura, la desesperación de millones de empobrecidos puede resultar ingobernable.

¿Qué hacer? Las palabras –para quien aún se las crea– pueden tener un efecto balsámico incluso en los espíritus más inflamables. La Iglesia gozó de esa confianza porque siempre hubo pastores que supieron salir al paso de las dificultades, con espíritu profético y mentalidad mediadora. Un ejemplo: “En la línea de los grandes principios, creemos que cualquier situación ha de partir de una más equitativa distribución de la renta nacional, y, en definitiva, de que los que tienen mayores beneficios económicos del progreso económico de nuestra nación renuncien a una parte de sus ganancias para compartirlas con los más débiles, que no pueden asegurar por el ahorro los medios económicos para los años de inactividad laboral.                                                                                                                                                                                         En todo caso, el propósito de suprimir injustas desigualdades económicas y sociales debe ir unido al proyecto de promover con eficacia una fundamental transformación de las actuales estructuras jurídicas y económicas. Toda la Iglesia, jerarquía y fieles, ha de sentirse interpelada por los graves problemas que tan directamente afectan a la dignidad de la persona humana. Es un deber tomar conciencia de los pecados colectivos y tratar de buscar solución a los desórdenes que todo pecado lleva consigo. La Iglesia no crea los problemas cuando los denuncia. No actúa movida por fines de política partidista, quiere actuar como continuadora de la misión de Cristo”.

Claro que estas palabras de hoy dos venerables eméritos (Merchán y Yanes) son de hace 41 años. Pero siguen siendo válidas mientras seguimos esperando.

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QUE SE MUERAN LOS FEOS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 24-07-2012

Hace un año cumplieron 6 añitos mis hijas (gemelas).

Tenían muchísima ilusión de tener una mascota, y nos surgió una oportunidad magnífica. Una señora quería deshacerse de su conejita blanca, dócil, preciosa (¡la coneja! No me vayan a malinterpretar…). Nos la regaló con jaula y todo el día antes del cumpleaños, así que había que esconderla un día entero de las gemelas para podérsela dar al día siguiente. Por supuesto que no es nada fácil esconder una coneja ya adulta de dos curiosillas, con lo que guardamos la jaula en el trastero y la conejita en una pequeña caja… Resultado obvio: la coneja se escapó, mi mujer entró en pánico y la pajarería más cercana vendió unos minutos antes de cerrar una cobaya macho. Al cabo de unas horas sonó el timbre y en la puerta apareció la vecina con la coneja, con lo que la jaula pasó a tener dos habitantes a los que las niñas decidieron llamar Romeo y Julieta.

Un año más tarde, las niñas bajaron la cobaya al jardín de la “urba” y un niño vecino un poco cafre decidió jugar con ella hasta que la destrozó la columna dejándola las dos patitas traseras completamente paralizadas. Nuestro hogar fue un mar de lágrimas y la tragedia shakesperiana de Romeo y Julieta se agravó cuando llamamos al tercer centro veterinario de animales exóticos (parece ser que todo lo que no son perros ni gatos se considera animal exótico en un centro veterinario). Como los anteriores, nos dijo que no había solución, que al no poder funcionar sus órganos vitales de cintura para abajo sufriría muchísimo y que había que “eutanasiarla” inmediatamente. Todos los veterinarios coincidían en que lo mejor era una inyección lo antes posible para que dejara de sufrir, y un amigo más pragmático me sugirió que en ese caso es mejor y más barato llenar de agua el bidé y ahogar ahí a la cobaya.

Los niños se oponían a la “eutanasia” de la cobaya, lloraban y repetían que seguro que los veterinarios se equivocaban, que ellos iban a rezar mucho, que Romeo viviría… Christian, mi hijo de 11 años era el que más lloraba y se enfrentaba a la solución propuesta por los veterinarios. Y él mismo, aunque no lo sabe, fue nominado hace 12 años para tener la misma suerte.

Cuando en el año 2.000 volvíamos de Malawi (Africa) a pasar nuestras vacaciones a España, llegamos con malaria mi mujer, mi hijo el mayor (que por entonces contaba un añito) y yo. Pasamos de hospitalizarnos por ello a pesar de la insistencia de los médicos (en Africa la malaria se cura en casa, tan solo tomando la medicación, quinina, vía oral o como mucho unos pinchazos durante una semana, que ya íbamos aprendiendo a poner gracias a mis malarias anteriores). En el centro de enfermedades tropicales se escandalizaron cuando vieron que mi mujer estaba embarazada y tenía malaria, y nos advirtieron, como los veterinarios de Romeo, que se desconocían las consecuencias de una malaria sobre un embarazo, y que estábamos dentro de uno de los supuestos de aborto contemplados por la legislación española. Nos repitieron varias veces que contempláramos esa opción y nuestra ideología permitió a Christian nacer unos meses después, así como el sentido común (entendíamos que en España desconocerían los efectos de una malaria en una embarazada, pero aplicando el menos común de los sentidos pensábamos que un altísimo porcentaje de las mujeres africanas pasan una malaria durante su embarazo y eso no tiene por que afectar al niño).

Christian es un niño sano y feliz (su padre un poco menos feliz cada vez que ve sus notas, pero ese es otro problema). Y Romeo ha pasado de ser roedor a reptil, arrastrando sus patitas traseras por la jaula. Pero ahí sigue al cabo de un par de meses, jugueteando con Julieta, quitándose los parásitos el uno al otro, y demostrando que los profesionales médicos o veterinarios no son infalibles, como tampoco lo son los economistas del FMI o los gobernantes. Demasiados intereses enfrentados al interés personal de una pequeña cobaya. ¡Así me siento tan a menudo!

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Los jóvenes y el Concilio

Por: J. Lorenzo 20-07-2012

El año pasado, por estias fechas,

las diócesis españolas bullían de actividad preparándose para acoger a miles de jóvenes que se instalarían en ellas para una convivencia previa a la peregrinación masiva a la JMJ de Madrid.

Más allá de las intensas emociones vividas en las jornadas centrales madrileñas, aquellos “Días en las Diócesis” fueron fundamentales para experimentar la comunión de la Iglesia universal. Jóvenes que no se conocían de nada enseguida sintonizaron porque compartían la misma frecuencia de onda, el seguimiento de Jesús, y querían, además, experimentar ese sentimiento de pertenencia, ayudar a difundir el mensaje cristiano y mostrar su compromiso con la Iglesia.

Un año después, ¿qué queda de aquellas ilusiones? ¿En qué se han ido materializando aquellos compromisos? ¿Cómo se ha canalizado aquella energía y entusiasmo juvenil? En el recientemente presentado Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal se dan algunas pistas, entre ellas, la necesidad de priorizar la “instrucción doctrinal” de los jóvenes, fundamentalmente a través del Catecismo y de su versión juvenil, el YouCat. Pues vale.

Acaba de pedir Benedicto XVI que releamos los textos del Vaticano II cuando se van a cumplir cincuenta años de su apertura. Y ha recalcado que ese magisterio “contiene una riqueza enorme para la formación de las nuevas generaciones cristianas”. ¿Por qué no incluir, pues, en esa “instrucción doctrinal” aquellos textos que nos hablaban de una Iglesia que quería abrirse a los contextos culturales que surgían desafiantes ante ella y a los que se confrontaba sin miedos, pero también sin arrogancias?

Corremos el riesgo de conmemorar un mero hecho histórico (desconocido para las nuevas generaciones) sin celebrar el cambio de visión que supuso para una Iglesia que abrió ventanas y se asomó al mundo. Justo lo que buscan los jóvenes: salir al encuentro de “las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de estos tiempos”, porque, para los cristianos, “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en sus corazones”, como señala Gaudium et spes. Sobre todo en los juveniles.

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¡Una peregrina liberada!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 19-07-2012

Tenía otra columna pensada para escribir hoy,

 pero el hombre propone y Dios… El Gran Dios ha dispuesto hoy bien, muy bien, y es tal la alegría que tenemos que quiero compartir con vosotros las palabras que hoy me escribió Guadalupe, gran amiga y “socia” en Africa Directo. Dice así:

"Hay días en que uno se levanta con la sensación de que algo bueno va a ocurrir… hoy es uno de esos….  Estamos a 40º y con un levantazo que apenas deja respirar,  pero esta mañana en vez de enrocarme en casa protestando del calor, me he ido a Misa con mi nieta, no sé bien porque pues sinceramente no suelo ir entre semana.

Y luego  la llamada de Maaike….  A partir de ahí.. ¡¡una locura¡¡¡ buscando canales en la tele donde se confirmara la noticia…. facebook, twitter… todo apuntaba a que si, el corazón estrujado por la incertidumbre… y a las 5 …¡¡¡confirmado¡¡¡ gracias Goiko. Otra locura, esta vez de alegría : ¡¡nuestra Ainhoa ha sido liberada y ya vuela a Bamako rumbo a Madrid¡¡¡¡ y además han liberado a los 3.

¿Cabe mayor alegría? No sé si llorar o reír… no me había dado cuenta de lo oprimido que tenía el corazón hasta que ahora he notado que se ha esponjado y un peso enorme se me ha quitado de encima. ¡¡¡Nuestra niña ya está en casa¡¡¡

¡¡que buen regalo de cumple para Lourdes¡¡¡, que emoción para todos los que la conocemos y queremos….. para todos los que hemos rezado para que llegara este día…

Una vez mas constato que el Buen Dios oye nuestras plegarias, solo nos falta entender su calendario,  que no suele coincidir con el nuestro.

A todos…¡¡que lo celebréis y disfrutéis de esta buena noticia¡¡¡

Un beso super fuerte

Guadalupe"

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La radio

Por: Alfonso Carcasona 19-07-2012

La radio es un medio de comunicación de masas extremadamente efectivo,

 ya que acompaña al común de los mortales aún hoy durante varias horas al día. ¿Quién de nosotros no se levanta escuchándola, o lo hace en el coche, durante el día o al acostarse? 
 
Al margen de los contenidos de entretenimiento, los canales temáticos e incluso los informativos, se rellenan en el mejor de los casos con tertulianos, si no les da por democratizar hasta el extremo la información y dar paso a los escuchantes para que pontifiquen con sus opiniones. De esta manera se nos genera opinión sobre complejos asuntos económicos o políticos por parte de personas completamente desinformadas. Lo mismo ocurre, con carácter general, en el caso de los tertulianos.
 
El conductor del programa expone una serie de temas de lo más dispar que serán abordados en la tertulia. Política nacional, internacional, economía, finanzas, juicios civiles y penales, temas laborales… Y entre tres tertulianos se los meriendan sin escrúpulos, pontificando con su opinión sin dejar lugar a la duda. El común de los escuchantes se forma la suya a través de ellos, y no dejará lugar a la duda en su siguiente conversación, ya que su fuente es totalmente fidedigna… “lo he oído en la radio”. 
 
La televisión, siendo incluso más dañina potencialmente, es menos perjudicial, ya que al ver la cara de los tertulianos habituales en seguida nos podemos dar cuenta de su formación. De ahí que las que triunfen sean las tertulias del corazón, y los informativos se dediquen a informar (sesgadamente o no, pero al menos tenemos más oportunidad de formarnos una opinión más cercana a la fuente de la información).
 
Viene al caso esta perorata de una de esas tertulias de las que no pude escapar cuando trataba de escuchar un informativo.  En ella se abordarían temas de lo más variopintos, por parte de unos personajes de los que desconozco su formación, pero que debería ser cuando menos enciclopédica para atreverse a abordarlos todos. Uno de los temas era la liberación de los voluntarios españoles que llevaban nueve meses secuestrados en Mali. Como no podía ser de otra manera la primera reacción fue la de congratularse, pero en seguida una tertuliana puso en duda los métodos, asegurando que los españoles debían saber que el gobierno había pagado por la liberación, y que claro, eso fomentaba futuros secuestros. Insistió varias veces que los españoles tenían derecho a saber eso (y claro, ella era la portavoz). 
 
Pues bien, querida tertuliana, no creo que Ud. tuviese ninguna información distinta a la que tenemos el resto de españoles al respecto, por lo que como mínimo no debería asegurar algo que desconoce. Segundo, se trata de un tema lo suficientemente delicado (vidas humanas, y en este caso las más generosas que tenemos) como para no pontificar e intentar crear opinión. Tercero, los medios de comunicación social, y por ende, las personas que participan en ellos, deben tener una conciencia previa de su papel en los mismos. Y si no, que se vayan a las tertulias del corazón, que son mucho más inofensivas.
 
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GRATIS

Por: Santos Urias 16-07-2012

Un político afirmaba desde la tribuna el otro día:

 “Nadie da nada gratis”. Y parecía que en esto, más allá de ideologías, casi toda la cámara estaba de acuerdo. 

Al leer el evangelio que la liturgia ofrecía esa misma tarde me encuentro con un texto en el que dice: “Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratis”. 

¿Qué ha pasado en el camino desde entonces hasta ahora? ¿Dónde nos hemos perdido confundiendo las pisadas? 

La fe nos hace comprender y contemplar que lo más esencial de la vida nos es dado. Es el regalo y el don el que constituye a la persona como lo que es y el que la proyecta hacia un horizonte de bienaventuranza. 

Gratis somos concebidos y entregados a crecer. Gratis vamos percibiendo los afectos verdaderos: el de una madre o un padre, el de un amigo, el de una pareja, el de un vecino. Gratis se nos regalan los atardeceres que dibuja la mano del creador y sale el sol cada mañana con el canto de los pájaros o el ruido de los motores. Gratis aparecen y desaparecen cosas y personas en nuestra vida que muchos consideran fruto de la casualidad, pero que con toda probabilidad son fruto de la causalidad. Gratis compartes la alegría de un nacimiento, de ser co-creador. Gratis se derrama la lluvia sobre nuestras cabezas y limpia nuestras calles y nuestros corazones. Gratis aparecen la enfermedad y la muerte, inevitables compañeras de compañeras de camino, el faro oscuro que nos impide embarrancar. 

¿De verdad podemos creer que nadie da nada gratis? 

O tengo mucha suerte o vivo en otro mundo, pero aquí hay espacios para esa otra frase bíblica de Isaías: 

“Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: Venid comprad trigo; comed sin pagar vino y leche de balde. 

¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta? ¿Y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.” 

Lo que habéis recibido dadlo… gratis. 

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Con un abrazo fraterno

Por: Alfonso Carcasona 13-07-2012

He de reconocer que por mi trabajo me toca lidiar

más frecuentemente de lo que me gustaría con lo que podríamos denominar “llamadas difíciles”. Muchas veces estas llamadas no lo son aparentemente cuando descuelgas el teléfono, pero tu interlocutor consigue enredarte de manera que acabes discutiendo, sin que ese fuese tu plan original. Si la llamada se tuerce mucho, de manera más o menos educada, termina por darse por zanjada de manera abrupta, sufriendo el auricular las iras del conversador.

Pues hoy he tenido una de esas llamadas. Vaya tema esta sacando Alfonso, que corto debe ir de ideas, pensarán Uds. Les ruego que me acompañen un ratito más, porque a mi al menos, me parece interesante contar la experiencia.

Esta vez no llamaba a ninguno de mis acreedores o clientes que no me pagan (o a los que no he pagado). Tampoco llamaba a un empleado con el que tuviese difíciles relaciones laborales. Ni siquiera llamaba a mi banco, ni a mi abogado, o al abogado contrario en un pleito. Nuestra Junta parroquial, reunida anoche durante dos horas, me había encargado llamar al vicario general diocesano para concertar una reunión en la que le expusiésemos nuestras razones para solicitar el que se repensase o pospusiese una decisión relativa a uno de los sacerdotes que nos acompañan en nuestra comunidad.

Como dirían los ingleses, “piece of cake”, o “llamada fácil”. Mi interlocutor pasa por ser una persona dialogante, y con todas las personas con las que había hablado antes me habían ponderado su simpatía y cercanía, por lo que la entrevista parecía asegurada.

Pues bien, esa llamada teóricamente fácil, probablemente dificultada por mi torpe exposición de los motivos de la misma, ha devenido en una “llamada muy difícil” o “amarga”, como la ha calificado mi interlocutor. De manera razonada y razonable, como él me ha dicho varias veces, se ha negado en redondo a mantener la reunión con representantes de la junta parroquial, por imposibilidad material en su agenda y por ser una decisión irrevocable, lo que convertiría la reunión en una mera pérdida de tiempo.

 

De manera razonada y razonable, según mi criterio, he expuesto los motivos por los que creía positivo tener la reunión, pero se ve que eran menos razonados o razonables, ya que se me ha reprendido por insistir. Eso sí, con un abrazo fraterno final.

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Pepe Gotera en Compostela

Por: J. Lorenzo 13-07-2012

Hace un año, coincidiendo con el robo del Códice Calixtino,

escribí en este mismo rinconcito una pieza titulada “Dan Brown en Compostela”. La releo ahora, justo cuando se acaba de devolver esa joya bibliográfica en un solemne acto al que no ha querido faltar ni el presidente del Gobierno, y observo que aquella reflexión, breve, apresurada y arriesgada (las opiniones sobre la cosa eclesial siempre lo son y, como las minas antipersona, te pueden estallar años después) ha envejecido razonablemente bien. Así pues, me reafirmo en la necesidad no solo de dotar de mayores medidas de seguridad la custodia del ingente patrimonio artístico de la Iglesia (para lo cual es indispensable la cooperación de las administraciones públicas, pues ese patrimonio, además de valor espiritual todavía para la mayoría, es fuente de muchos ingresos y puestos de trabajo en toda España), sino también de una mayor profesionalización de quienes, en la Iglesia, tienen la responsabilidad de cuidarlo, estudiarlo y exhibirlo, tanto con fines pastorales como turísticos. Me consta que la teoría se sabe, y que se están dando pasos importantes en este sentido, pero aún hay muchas inercias y rutinas de andar por casa que conviene ir desechando. Y este caso es paradigmático de todo ello.

Perdonen la inmodestia, pero solo hay una cosa que cambiaría de aquel articulito: haberle atribuido a un fan del autor de El Código da Vinci la trama de la desaparición de una obra de arte que algunos han tasado en 100 millones de euros. Visto lo visto, parece más una tira de cómic del genial Vázquez protagonizada por su Pepe Gotera, aquel chapucilla que lo mismo valía para un roto que para un descosido, y todo lo hacía con el mismo desatino.  A este Pepe Gotera, sin más plan que la codicia, lo único que le faltaba para que este suceso fuese aún más chusco era tener su propio camión de mudanzas en la mismísima Plaza del Obradoiro.

Me alegro infinito de que se haya recuperado el Códice. Pero para esta trama, que deja tan al aire las mismas miserias humanas de la picaresca del Siglo de Oro, hubiera preferido una recaída delictiva de Erik el Belga.

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Polis y Cacos...¡Y polis corruptos!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 12-07-2012

Los niños son como esponjas, se enteran de todo,

 absorben todo, dicen todo lo que ven y lo que oyen… Por eso no me debería haber sorprendido cuando les pregunté qué habían hecho durante el día, y me cuentan que han estado jugando a polis y cacos, pero que cuando los polis tenían ya capturados a los cacos, acto de heroicidad, honor y patriotismo cuando hace 40 años era yo el que jugaba, pues… Que las cosas han cambiado, que se ha introducido una nueva variable en el juego… Que según parece, ahora los polis se pueden corromper por “medio chicle”. ¡Por medio chicle! Quiero pensar que al menos será medio chicle a estrenar, no usado…

¡Cómo ha cambiado el cuento! Verdaderamente era algo impensable en mis días. Había un código de honor, unas reglas… Pero cuando las reglas cambian con esa facilidad, el juego pierde la gracia totalmente. Los polis han cogido a todos menos a uno de los cacos, y cuando lo tienen acorralado, uno de los polis deja escapar a todos los demás. Y se queda tan feliz mascando chicle, medio chicle… ¿Qué futuro nos espera? ¡Una generación de “comechicles” con todos los cacos sueltos! Bueno, leyendo un par de noticias sobre nuestros políticos, sobre la familia real, sobre los bankieros (o banqueros de ciertas cajas…), sobre los jueces… Siendo justos tampoco difiere mucho de la actual…

Entre tanto me llega una noticia de uno de los proyectos que apoyamos en Africa. Al encargado de los programas agrícolas de uno de los centros en Malawi le han pillado tratando de vender unas cabras y unas vacas de la Misión y está entre rejas. ¡Otro “comechicle”!

Y otra noticia muy diferente en los periódicos. Muere a pedradas un militar marroquí a manos de unos inmigrantes que trataban de pasar la frontera. ¡Pobre hombre! En este caso si hubiera sido preferible el medio chicle y que pasaran todos.

Dios le tenga en su Gloria.

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La pérdida de la trascendencia

Por: Juan María Laboa 12-07-2012

Un suceso reciente que me ha conmovido

me ha llevado a ensimismarme en la mediocridad religiosa de nuestra fe y de nuestra experiencia religiosa. La achacamos a tantos chivos expiatorios de nuestra situación, siempre externos, a tantos imponderables de los medios, al medio ambiente, a las nuevas técnicas. Nuestras conciencias casi están tranquilas, porque rezamos, cumplimos, defendemos.

Pero nos falta, a menudo, lo único nuclear, el sentido de la transcendencia, que no es un añadido, un complemento, una floritura, sino la médula de nuestra personalidad y el núcleo de nuestra antropología. El vivir en Dios está tan íntimamente relacionada con mi ser personal que sin esa transcendencia asumida me falta el cordón umbilical con mi origen, mi explicación más íntima, la razón de ser de mi amor, mi integración en el medio divino universal. Es en ese momento cuando podemos repetir con el apóstol: “maestro, tú lo sabes todo” y yo me siento simplemente su hermano, su discípulo, su amigo”.

La transcendencia no es una capa añadida, una tesela en un programa, un capricho que depende de otros imponderables.  Se trata de ese convencimiento de que Dios es mi vida, lo que hace posible el que yo pueda aceptarme, de que pueda amar y ser amado. Es mi única acción fundamental, pero si la hago nada es como antes. Es entonces cuando comprendo que solo El basta.

Hay creyentes por herencia, por conveniencia, por convicción. Existe demasiada mediocridad en los pliegues de nuestra fe, demasiadas escusas y compartimentos estancos en nuestro camino deslavazado, pero quien ha aceptado que Dios es su herencia está convencido de que comparte su existencia y lo descubre en todas las experiencias de su vida. Es entonces cuando ninguna actuación nuestra puede ser considerada al margen de Dios. “A quién acudiré Señor si solo tú tienes palabras de vida eterna”.

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La Roja y el obispo

Por: J. Lorenzo 06-07-2012

Veo a los jóvenes de la selección española de Fútbol

 pasear su exultante alegría por las calles de Madrid tras hacer felices a millones de compatriotas en un tiempo en que la dicha se cotiza tan alta como la prima de riesgo.

Cruzan sus miradas, sus saludos cómplices, su entusiasmo con otros rostros juveniles a quienes la euforia de sentirse copartícipes de una hazaña deportiva como la que simboliza esta Eurocopa les ha barrido durante unos días su cruda situación de precariedad, una realidad que les deja en fuera de juego, a merced de unas leyes fijadas por un árbitro internacional despiadado que les obliga a jugarse su día a día a los penaltis.

Me alegro por ellos, me alegro de este ensueño colectivo. Pero mañana toca de nuevo la rutina y la desazón de no tener que poner el despertador porque no llegas tarde a ningún sitio. Si acaso, a tu propia vida, que se alarga indefinidamente en la casa paterna, eternos suplentes en un partido que no les dejan jugar.

Por eso quiero remarcar lo hecho en Bilbao con el Gesto Diocesano de este año. Centrado en el desempleo juvenil, miles de jóvenes han participado en la elaboración de un amplio catálogo de medidas, propuestas y compromisos para luchar contra una lacra que afecta a la mitad de nuestra juventud.

Y con ese listado bajo el brazo, su obispo, Mario Iceta, ha peregrinado por distintas instancias oficiales, entre ellas, a finales de junio, por la presidencia del Parlamento vasco, para hacer entrega del mismo sin más ánimo que el de ofrecerlo como una contribución desde la Iglesia, y desde esa juventud que aún forma parte de ella, a la edificación de una sociedad más justa y fraterna.

Se trata de un gesto tan altruista (primas aparte) como el de los históricos tricampeones de fútbol al compartir su proeza. Aunque a veces, como en el terreno de juego, haya que apretar los dientes para luchar por lo que se quiere. En el caso de la Iglesia, como ha dicho el propio Iceta, “denunciando, si fuera necesario”, las causas de la precariedad. Que no otra cosa es lo que se pide. Aunque sea en un simple listado.

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DIOS TE HIZO BIEN

Por: Jose Maria Marquez Vigil 03-07-2012

El otro dia fuimos a recoger las notas,

y como es natural en una familia de 5 hijos, las tuvimos de todos los colores y sabores. Pero las notas de los pequeños eran excelentes. Y me hizo mucha gracia la respuesta de una de las gemelas cuando la felicité por tener todo sobresaliente. “Como tú, Papá”, me dijo emocionada, a lo que la contesté que a mi no me había ido mal en los estudios pero que ni de broma me acercaba a estas notas tan magníficas, que yo era mucho más tonto, más bruto y mucho más vago. Normalmente suelo adornar también mis calificativos con otros adjetivos: “feo”, “gordo”, “viejo”…

Maaiki me cogió la cara con sus manos, me miró fijamente, sonriente, como echándome una reprimenda con todo el amor del mundo, con una mirada limpia, clara, intensa, luminosa, y me dijo sencillamente “Dios te hizo bien”.

¡Qué enseñanza una vez más! Es cierto que no debemos caer en la vanidad, que la Roja humilde que gana sin grandes cracks cae mucho más simpática y cala más hondo en cada uno de nosotros, que cuando te abajas, cuando te sientas en la última fila, el anfitrión te llama para sentarte más cerca…

Pero las palabras de mi hija me trasportaron a hace ya más de 15 años, cuando en una misión en Malawi la hermana Angela me pidió algo y la contesté que lo intentaría pero que yo era muy burro. Con la misma cara y actitud que ahora me mostraba mi hija, la hermana Angela me contestó también reprendiéndome que Dios me había hecho a Su imagen y semejanza y que abajarme demasiado implicaba afearle a El.

Hacer algo grande es participar con El, en El, llenos de El, y lo importante es que sepamos que es El quien lo hace. Nosotros somos simples instrumentos que, una vez lo entendamos así, tenemos el deber de agradecer y celebrar cada una de sus obras y de los dones recibidos.

Que si… ¡¡Que nos han subido la luz!! Y además lo del copago, y… Pero la mayoría de nosotros tenemos ojos para ver esa luz, y salud para participar en el copago, y una buena sonrisa con la que decirnos a nosotros mismos eso de “Dios me hizo bien”. Otra cosa es que tengamos también piernas y voz para alzarnos, para revelarnos, para cambiar las cosas mundanas. Pero siempre sonrientes desde lo más profundo, agradecidos y felices porque sabemos que Dios nos hizo bien.

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EL PERDON

Por: Santos Urias 02-07-2012

Siempre hay signos que ayudan a creer en el ser humano.

Realidades que visualizan de una forma muy particular el espíritu del evangelio, de lo que significa recibir “buenas noticias”, aunque esto venga aparejado muchas veces de incomprensión o de falta de receptividad por el conjunto de la sociedad. Por otro lado es algo comprensible, nadie es dueño de las heridas y nadie puede decir cuando y como estas se cierran y cicatrizan. A que me estoy refiriendo: los medios han sacado a la luz alguno de los múltiples encuentros (muchos discretos y no públicos) que se están produciendo entre víctimas del terrorismo y sus agresores. De distintas formas se está expresando la conciencia del daño causado y verbalizando un perdón necesario que añade otra atmosfera al aire que respiramos. 

El más reciente fue ayer mismo: Txelis un ex etarra arrepentido, en el más teológico sentido de la palabra, expuso en un Curso de Verano de la Universidad del País Vasco no sólo argumentos si no sentimientos para la reconciliación. Otros cristianos víctimas del terror, también han abogado por esa tortuosa y difícil senda de la escucha, de la confrontación, del “perdónalos porque no saben lo que hacen” o el “hasta setenta veces siete” que nos dejó el maestro. 

¿Fácil? De ningún modo. 

¿Posible? Con que un puñado de personas lo hagan realidad desde sus creencias más profundas, podremos seguir esperando. 

Cristo no murió en vano. Esa es nuestra fe. 

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Religiosos que no abren telediarios

Por: J. Lorenzo 02-07-2012

Paolo Dall'Oglio es un jesuita de 57 años

 al que el régimen sirio de Bachar Al Assed acaba de poner de patitas en la frontera con Líbano por no mantener “un perfil bajo” en sus críticas a los desmanes que se están cometiendo en aquel país y por pedir cambios a favor de una “democracia consensuada”.  “Yo soy un religioso. Mi verdadero país es el cielo, el Reino de Dios. Mi verdadero país en una pertenencia moral, no es un lugar”, ha dicho a modo de tímida defensa. Y he querido traerlo a este rinconcito por dos razones: primero, porque no me cabría aquí todo el estupor para abordar la música acuática del caso Bargalló y sus ramificaciones con la política entendida como práctica mafiosa; y segundo,  porque los mismos medios que se regocijan con las fotos del obispo argentino no han encontrado espacio para dedicarle a un jesuita que se estaba convirtiendo en un testigo incómodo de una guerra fratricida de la que hace tiempo que han tenido que salir los periodistas, salvo aquellos que han encontrado su tumba en Siria y sobre los que la comunidad internacional tampoco pide cuentas.

Como súbdito de ese reino al que todos estamos invitados sin necesidad de visado alguno, Dall’Oglio ha impulsado aquí en la tierra, en un cachito del desierto sirio, la comunidad monástica de Deir Mar Musa, especializada en el diálogo interreligioso, una cosa no menor en un país donde los cristianos son el 8%, y a la que ha dedicado los últimos treinta años de su vida. También se ha desgañitado pidiendo cambios democráticos y apelando a los derechos humanos en un país que masacra niños. Ahora que se aduce a la mínima que la Iglesia no tiene “soluciones técnicas” con las que decir una palabra sobre la crisis global que sufrimos, es notorio que este jesuita tampoco las tenía para resolver aquella situación de violencia ciega. Sin embargo, ha utilizado las armas más reconocidas del reino al que pertenece este religioso y tantos otros que no abren telediarios: las que denuncian a los tiranos y acarician a los desvalidos. Y el premio por no tener miedo ha sido el esperado. Nada nuevo. Nada en este mundo.

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