Lunes 25 de Septiembre 2017

El paraíso fiscal de la Iglesia

Por: Alfonso Carcasona 23-04-2012

Zapeando en Internet veo que un programa de televisión

de una de esas cadenas laicistas, dirigido a los jóvenes, anuncia un reportaje con este título.

El trailer no deja lugar a la duda. Bajo una música tétrica, con fotos de cuadros macabros, desgrana los titulares: 7000 millones de euros destinados a la Iglesia, 0 recortes en 2012, 100.000 inmuebles… A continuación extractos de las entrevistas: a una monja que debe superar los 100 años les preguntan sobre la economía de la Iglesia, a varias personas les parece que la Iglesia no hace más que robar. Un diputado del Psoe explica lo que deja de percibir el estado por el IBI que no paga la Iglesia.  Supuestos escándalos en Navarra donde dicen que los sacerdotes pasan más tiempo en el Registro de la Propiedad  que en las sacristías. Para ser justos, diré que no vi el programa (me tengo prohibido ver esa cadena, tal y como comenté en alguna columna anterior), por lo que quizá solo el trailer sea tendencioso. Ojalá, pero no creo… Imagino que en breve se nos aclarará el porque es más beneficioso para la sociedad la exención de ese impuesto (o no, como habitualmente pasa).

Periodismo de actualidad. Me preocupa que cuando hablo con mi hijo de 17 años me diga que este programa es su referente para saber cómo están las cosas (por lo menos no está de acuerdo con este episodio, pero imagino que la neutralidad en el tratamiento de los temas será similar en otros asuntos).

Hoy nuestro arzobispo de Madrid habla de sacrificios, caridad y codicia. Impecable discurso con sonido a hueco que hace que la gente lo escuche lejano.  A mi me gustaría que mi obispo me diese indicaciones de lo que tengo que hacer, no que hablase de cosas tan manidas y aceptadas como que la codicia es mala, o que dirigiese a sus fieles de una manera más llana, entendible. Que nadie pudiese no interpretar que su mensaje está dirigido a los pobres, a su defensa. Que a los ricos (que todavía lo somos la inmensa mayoría de esta sociedad occidental) nos recuerde que somos administradores de bienes no propios y que, con independencia de los legisladores, tenemos que ser responsables de nuestros hermanos más desfavorecidos. Y que lo haga dando ejemplo,  evitando chistes demagógicos.  

Entretanto, la inmensa mayoría de la Iglesia asistimos impotentes al descrédito de la institución, ya sea por acción, u omisión de repuesta adecuada. Pero seguimos dando gracias a Dios por todo ese compromiso silencioso del que aprendemos día a día.

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De cacerías y otras torpezas

Por: J. Lorenzo 22-04-2012

Mala semana para la monarquía y la Iglesia

(en este caso, otra más) en España. Es curioso el descrédito social que sufren en este momento dos de las instituciones que más confianza generaron en la sociedad durante los años de la Transición, tiempos también difíciles, pero donde la conjunción de una serie de personalidades en el ámbito de la vida pública propició que todos aquellos actores levantaran la mirada de su ombligo y la elevaran hacia el bien común, aun a costa de renuncias propias.

En este palpable “desamor” confluyen, salvadas las comparaciones, claro está, fundamentalmente causas endógenas. El desgaste que sufre la Familia Real tiene que ver más con la torpeza de algunos de sus miembros (la mala pata del rey, la mala puntería del nieto y el mal ojo para los negocios del yerno) que con el auge del republicanismo y la verborrea, pirómana y trasnochada, de Joan Tardá, pongamos por caso. Y también con un desprecio por la situación presente que atraviesa el país, donde si los más vulnerables son quienes han de pagar los efectos de la crisis económica, quienes los gobiernan han de demostrar un comportamiento especialmente exquisito.

En cuanto a la Iglesia, nada tiene que ver en esta ocasión el laicismo más agresivo en la rápida corrosión que está sufriendo su imagen en estos días a cuenta de la polémica homilía del obispo de Alcalá. Por más que algunos se queden roncos al denunciar una campaña de persecución contra los obispos o la deriva de nuestro país hacia la “cristofobia” (suspendida en Semana Santa, a tenor de los contenidos esos días de las televisiones, públicas y privadas), la causa es mucho menos retorcida y más preocupante: la falta de sintonía con una cada vez mayor porción de ciudadanos. Y no es porque esta sociedad no quiera oír hablar de Jesús. Es porque lo que le dicen algunos no les recuerda mucho su mensaje y acaba por anular el ejemplo abnegado de una mayoría. Con casos así, alimentados por la falta de transparencia y el victimismo, también padece la fe de los sencillos. La solución más fácil es acusar a quien lo denuncia de falta de comunión. De la caridad aun no se sabe nada.

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ERASE UNA VEZ...

Por: Jose Maria Marquez Vigil 22-04-2012

Erase una vez un reino muy muy pobre, a punto de rescate,

 en el que reinaba un rey bastante mediocre que un dia dijo por televisión que no podía dormir tan preocupado que estaba por su pueblo, por la crisis, por el paro, por las desgracias personales de sus súbditos… Y mientras se comprometía a ser más austero y a recortar los gastos de la corona un 2%, se escapó a hurtadillas sin decir nada a nadie, metió mano en los gastos de la corona sin necesidad de justificar, cogió su arma mortífera, y con alevosía se cargó al pobre Dumbo…

¡Cómo empieza el cuento! Aquí no hay princesas ni hadas madrinas, y si apareciera en este cuento un príncipe apuesto en un caballo blanco, seguramente sería para pasar por la guillotina al reyezuelo “matadumbos”...

Y mientras tanto sube el metro, y la electricidad, y las tasas universitarias, y aparece el copago sanitario, y sigue el desempleo… ¡Y los animos cada vez más caldeados!

Pues tiene razón el monarca cuando dice que se ha equivocado. Y es verdad que todos nos equivocamos. Pero las equivocaciones de Aznar dejaron al PP fuera del Gobierno, y las de González y Zapatero hicieron lo mismo con el PSOE. El juicio popular puede ser más o menos justo, pero debe ser reconocido al menos como un derecho, el derecho a la pataleta tal vez…

Mientras tanto seguimos viendo al cuñadísimo forrándose, a la hija sin tener que declarar, y el patriarca sigue creando un imperio de la nada (a España vino con lo puesto hace 35 años). Un imperio que, según las malas lenguas, proviene de un peaje que pagamos los españoles en la importación del petróleo.

“¡Oh Dios, qué buen vasallo si tuviese buen Señor!” decían en su época del Cid. Y el Cid se fue al destierro, como tantos españoles aconsejados a irse a Laponia a buscar empleo…

Yo no sé si todo lo que se ha escrito es cierto o no, ni quiero juzgar al respecto. Pero sí sé que cuando he visto en África un buen Señor, un buen Obispo por ejemplo, como Mons. Paride Taban en la Diócesis de Torit, en Sudán, su buen ejemplo se multiplicaba entre los religiosos, los catequistas, los laicos… Y en la Diócesis se hacían grandes obras. Pero he conocido otros Obispos, Max Macram por ejemplo, en la Diócesis de El Obeid, también en Sudán… ¡Para darlos de comer aparte! Y con ellos a todos sus seguidores, contagiados por la ambición, la avaricia y la amoralidad.

Y si fuera verdad que el patriarca de la familia mete mano en fondos públicos, si fueran ciertos los amoríos adúlteros que se publican, los engaños a sus súbditos… ¿Qué harán sus descendientes? Sin duda alguna harán lo que han aprendido, lo que han mamado. De momento parte de su descendencia parece estar demostrándolo, pendiente aún de sentencia.

¡Dios salve al Rey!, dicen los monárquicos. Pero con la perpetuación de esta monarquía, a sus súbditos si que no los salva “ni Dios”.

¡Ni a Dumbo!

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Itinerarios Pascuales

Por: Xabier Azcoitia 17-04-2012

Llevo tiempo en silencio y os aseguro que no es una mala praxis,

no solo porque de ese modo se evitan decir necedades sino sobre todo por el bien que hace poner la propia tierra en barbecho.

Cuando uno se detiene, la primera de las experiencias que se percibe no es la de la gran

cantidad de tareas o labores que uno hace o hacía hasta ese momento, sino otra mas

elemental, todo lo que hay que hacer para no hacer.

Alguna de las que yo he hecho tienen que ver con dejar el coche quieto y volver a usar el

transporte publico. Hacer que la radio no atruene ni siquiera en su versión clásica y

escuchar los sonidos de la mañana. Tengo la impresión de viajar rodeado de personas

que escuchan trinos de pájaros enlatados, eso sí, parapetados tras sus blancos y

"amanzanados" audífonos; junto a ellos hay otros compañeros de camino a los que

observo como son aparentemente trasladados a paradisiacos escenarios, eso sí,

atrincherados tras sus analógicos libros forrados de papel de periódico junto a los que son

trasladados de un modo mas "cool", que imagino que será algo parecido a más "in", tras

presionar el botón "on" del e-book que alguien les obsequio en las pasadas navidades o

en el reciente día del padre.

A la vez que miro, veo y observo con íntimo aprecio y respeto a todos estos que son como

yo, sigue creciendo en mí la impresión de que muchos hemos sido arados para

"liberarnos" de rastrojos orgánicos que generen en nosotros un humus que nos vincule a

nada distinto del dueño de la hacienda, colocados bajo techos translucidos de plástico

para dar fruto en cualquier estación del año, bien fumigados para que ninguna "plaga"

afecte a la cosecha, pero sobre todo sembrados con unas duras, resistentes y trasgenicas

semillas que aunque dan fruto y el fruto alimente, es estéril. Si plantas la semilla del fruto,

no da nada. Para volver a dar fruto necesitas ser replantado por las mismas semillas que

habiendo sido manipuladas genéticamente son fruto de una patente que por casualidades

de la vida son propiedad del dueño de la hacienda.

Hoy Domingo II de Pascua, mientras el tren surca por las andaluzas tierras de Jaén y

Córdoba camino a Madrid, bajo un espléndido cielo azul del que se descuelgan enormes

pompas blancas en forma de nubes, detengo incluso este post de hoy porque quizá lo que

ahora toque sea aquello que hicieron quienes llegando al final del camino del desierto, al

trepar a la colina desde la que se divisaba lo que pensaban que era la tierra prometida;

asombrarse y descubrir que todo era la tierra prometida, la que dejaban detrás y la que

estaba por delante. La de los 40 años de cuaresma y la de los 50 días de pascua. Que

toda tierra es prometida. Que toda tierra nos es prometida. Y antes de seguir caminando

se detuvieron y contemplaron. Esta semana contemplaré cada paso que doy.

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Estirar la Pascua

Por: J. Lorenzo 16-04-2012

El Viernes Santo del obispo Reig Plá

se ha comido el Domingo de Resurrección de Benedicto XVI. Incluso el lunes de Pascua de los afortunados que aún tienen trabajo y se han reincorporado sin el gesto mohíno de costumbre al finalizar sus vacaciones. Al fin y al cabo, benditos sean los madrugones y atascos antes que quedarse en la cama sin más horizonte existencial que ir a la oficina de empleo más próxima, otra Pascua al sol de las colas del paro, llenas también de infiernos personales que queman a familias enteras, víctimas de pecados que aotros han cometido por ellos. 

Para algunos, la vivencia de la Semana Santa se ha quedado reducida a los ecos de esa homilía del obispo. Pero es porque quieren, pues la vida de la Iglesia, de sus comunidades esparcidas por todo el mundo, están llenas de gestos pascuales, a tiempo y a destiempo, estirando las señales de la resurrección a lo largo de todo el año, apuntalando la esperanza donde otros abren boquetes en la moral de tantos fieles con condenas y anatemas, cuando no con silencios incomprensibles. Ahí están, sino, la carta pastoral, de ese otro obispo, Algora, tratando de salvaguardar, al menos con la palabra, la dignidad en extinción de los trabajadores. Ahí están los religiosos y religiosas de CONFER, poniendo a disposición de las víctimas de la crisis no solo su voz para denunciar las injusticias que les han llevado a esa situación, sino sus propias personas y los recursos materiales que les sean posibles para paliar tanta necesidad. Allí están, en Homs, cuando ni siquiera quedan periodistas, esa comunidad de jesuitas que no ha querido marcharse de la martirizada ciudad siria, sino que ha querido permanecer junto a los discapacitados a los que atienden y dando cobijo entre las ruinas a una cuarentena de refugiados, la mitad de ellos musulmanes.

Todos ellos, y tantísimos más, cerca o lejos, nos siguen ofreciendo el calor de la Pascua. Sacudámonos, pues, el escalofrío.

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Cumplir con sus objetivos

Por: Juan María Laboa 15-04-2012

En Málaga existe desde hace muchos años la Casa Museo de Picasso,

que incluye el piso donde nació el pintor y que es visitado por un número relevante de personas. Consta de un archivo bastante interesante, de un buen número de grabados y de unas salas de exposición.

Comprendo que, encontrándose situada a un tiro de piedra del museo Picasso, no ha resultado fácil dotarle de una identidad que resulte atractiva para el visitante y que, sobre todo, responda a su razón de ser y a lo que buscan los visitantes. De hecho, desde que se inauguró y hasta hace unos meses ha dado la impresión de un “totum revolutum” bastante desconcertante. Nos encontrábamos en sus salas con cerámicas poco interesantes, cuadros irrelevantes y noticias desvaídas. Si yo fuese un discípulo de Picasso como maestro de vida, tal vez, acudiría peregrinante a su casa aunque estuviera completamente vacía, pero no es el caso. Acudo a ella para conocer más sobre sus orígenes.

La recorrí de nuevo hace unas semanas y observé un inicio de cambio en el buen sentido, es decir comenzó a interesarme. Naturalmente, la Casa Museo tiene que ver y tiene su razón de ser con el nacimiento y los primeros años de vida del artista, transcurridos precisamente dentro de sus muros. Conozco su museo de París, el de Barcelona y el de Málaga, además del pequeño museo de Buitrago,  y considero que llenar su casa natalicia con cerámicas de poca sustancia y con algún grabado insulso constituye un despropósito y una pérdida de tiempo. Por el contrario, salir de ella conociendo  a su familia y sus primeros años de vida satisface nuestro interés y responde a la razón de ser de un museo que puede, de esta manera, pasar de ser un engaño a convertirse en un lugar sugestivo.

Me dio la impresión de que el nuevo director tiene las ideas claras y conoce su oficio, a juzgar por los primeros cambios constatados, y espero volver dentro de un año para confirmarme en la idea. Conozco bastante la pintura y la vida adulta del artista, pero poco sobre sus antecedentes y su adolescencia y por ello insisto en visitar el lugar de sus primeros pasos. Ahora existen medios técnicos capaces de recrear un ambiente, presentar el perfil, intereses y vida de una familia, introducirse en los primeros estudios y en el origen de una vocación. Todo esto, allí donde nació y manifestó sus primeras dotes, tiene su encanto y, de hecho, repetiría el objetivo de multitud de casas natales de genios de todo género.

En el fondo, una vez más, se trata de dar aquello que se anuncia y desea el que lo busca.

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SEMANO SANTO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 15-04-2012

Vivimnos la Semana Santa de modos muy diferentes.

Para unos, los más, es sinónimo de vacaciones escolares e inicio de la temporada playera, un viajecito… Otros tratan de vivir la Pasión ya sea viendo la película de Mel Gibson u otra de época, o porqué no, en la Eucaristía del Jueves y Viernes Santo y la Vigilia que desemboca en la alegría del Domingo de Resurrección. ¡El que tiene más suerte! Porque os aseguro que aunque cada año trato de disfrutar esos días vacaciones con mi mujer y mis hijos en un pueblito asturiano al que siempre vamos, y trato de compaginarlo con una cierta vivencia de la Semana Santa en familia… casi dría que me da un poco de vergüenza llevar a mis hijos a Misa. ¡Menos mal que el aburrimiento haga que se duerman y no presten verdaderamente atención a la lectura de los Evangelios y a la Homilia! Si, ya lo sé… ¡Una verdadera pena pensar así!

¡Magnífica la homilía de Benedicto XVI este Jueves Santo! Su lectura me llevó de lleno a esos días de la Pasión y me hizo recordar mis mejores Semanas Santas en Calcuta, en Malawi, e incluso en Madrid. Para el que no la haya leído, empieza así:  “El Jueves Santo no es sólo el día de la Institución de la Santa Eucaristía, cuyo esplendor ciertamente se irradia sobre todo lo demás y, por así decir, lo atrae dentro de sí. También forma parte del Jueves Santo la noche oscura del Monte de los Olivos, hacia la cual Jesús se dirige con sus discípulos; forma parte también la soledad y el abandono de Jesús que, orando, va al encuentro de la oscuridad de la muerte; forma parte de este Jueves Santo la traición de Judas y el arresto de Jesús, así como también la negación de Pedro, la acusación ante el Sanedrín y la entrega a los paganos, a Pilato. En esta hora, tratemos de comprender con más profundidad estos eventos, porque en ellos se lleva a cabo el misterio de nuestra Redención. (…)” (Se puede descargar entera en este link: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2012/documents/hf_ben-xvi_hom_20120405_coena-domini_sp.html )

Pero Benedicto XVI dice muchas otras cosas, y entre ellas, según los medios, se enfrentó una vez más ese mismo día al sacerdocio femenino. Por más que leo esa Homilia, no veo yo el enfrentamiento, pero tal vez lo hiciera en otro momento…

Como cristiano querría escuchar esta Homilia del Santo Padre y sentir y disfrutar el verdadero significado de la Semana Santa. Pero aunque monte a los niños en el coche y huya de nuestro párroco para acudir una hora más tarde a la misa del pueblo más cercano, ahí está también él, omnipresente. Enfermo el pobre hombre, muy mayor, con diabetes… ¡No puede leer el Evangelio! Hay momentos en los que te recuerda a Les Luthiers cuando leían aquello de “una vieja leyendo ebria” en vez de “una vieja leyenda hebrea”… Y en sus homilías se le va la pinza para hablar de los temas más peregrinos.
En una empresa, el director se acaba jubilando cuando no puede ya ejercer sus funciones, pasando así a disfrutar de su retiro y descanso. También hay renovación en los equipos de fútbol o en la vida en general. Pero la falta de vocaciones lleva a nuestra Iglesia a encomendar a estos párrocos la dirección espiritual de sus fieles, que, como es de esperar, dejan de ser tan fieles y acaban abandonando estas Iglesias.
Una maravilla compartir una vez al mes con un grupo de amigos la Eucaristía dirigida por Juan Mari en la calle Alenza. Pero para los que no tengan la inmensa suerte de contar con Juan Mari, habrá que echar mano de “Juanas Marías” o quien sea para revitalizar esta Iglesia nuestra que verdaderamente, en algunos pueblos de nuestra España profunda, parece que debiera ser rescatada como los países mediterráneos, y no me refiero en este caso a un rescate económico.

Dice también Benedicto XVI en su homilía del Jueves Santo: “Jesús sale en la noche. La noche significa falta de comunicación, una situación en la que uno no ve al otro. Es un símbolo de la incomprensión, del ofuscamiento de la verdad. Es el espacio en el que el mal, que debe esconderse ante la luz, puede prosperar.” Lamentablemente veo así a nuestra Iglesia cuando no es capaz de entender en el sentido más amplio el mandato divino de “Id y proclamad la Buena Nueva”.

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CUÉNTAME UN CUENTO

Por: Santos Urias 15-04-2012

Casi dormido, acurrucado en un rincón de la cama,

 con esa luz tenue que acaricia los párpados. El sueño y el cuento se mezclan como la fantasía y la realidad: “érase una vez que se era…” Y arranca el viento de la voz cálida y envolvente, la que te traslada al centro del espíritu, donde las aguas primordiales se convierten en deseos y los primeros animales reptan por el sol. Sólo sé viajar a través de los sentidos, respirando profundo, tocando la piel, escuchando los ecos de la música celeste, saboreando los silencios, cortejando con mi mirada el vuelo de un pájaro. Y sigo ahí, debajo de mi edredón, con los barcos navegando entre mis piernas, con las hormigas mordiéndome los dedos de los pies. 

¿Quién puede creer en un mundo sin cuentos? 

La palabra del anciano se ha escondido tras las botellas de cristal: no nos reúne la sabiduría, nos congrega la evasión, o los falsos profetas; llenos de voces sin sonidos, articulando en blanco y negro, con subtítulos y fotogramas perdidos. Quiero escuchar al que conoce, al que el tiempo le ha sembrado la vida de margaritas y girasoles. Los palabreros no cantan sólo se escuchan a sí mismos. 

Por eso el cuento me arrulla, me deja soñar y dormir tranquilo. Como la niña que sin miedo se queda acurrucada mientras su madre la observa. No hay miedo, sólo la confianza del que cree. 

Cada noche vuelvo a pensar en la vida y en la muerte, en lo que la jornada me ha regalado, en el tiempo que inexorable va mordiendo mis entrañas. Y así entre callado y cautivo, vuelvo a asomarme a tu pecho y a pedirte como un niño: Por favor, cuéntame un cuento. 

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Entre los años 33/36

Por: Juan María Laboa 15-04-2012

El grupo de discípulos de Jesús

 encuentra la oposición más encarnizada sobre todo en los saduceos, es decir, aquellos que tuvieron responsabilidad directa en la muerte del Señor. Estos trataron de impedirles predicar y anunciar la buena nueva de Jesús. Esteban, uno de los diáconos, judio helenista, es lapidado, pero los discípulos del señor siguen predicando y atrayendo nuevos discípulos..

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Abierto en Domingo

Por: Alfonso Carcasona 14-04-2012

Vivimos, sin duda, una de las mayores crisis que la economía española ha tenido que soportar

 en las últimas décadas.  Gente como yo, que frisa los 50, no nos hemos enfrentado a una situación igual.

Leía esta semana artículos que hablaban de que nos hallábamos en medio de una guerra financiera, en la que no hay sangre, pero si destrucción. Destrucción en forma de pérdida de riqueza, de actividad económica, de puestos de trabajo. Más de cinco millones en nuestro país, con perspectivas de incrementar esta cifra, y de manera considerable, en los próximos meses. Más de la mitad de nuestros jóvenes aún no han encontrado su primer puesto de trabajo, y los que lo pierdan cumplidos ya los 40 tienen serías posibilidades de no volverlo a encontrar. La contracción de la actividad hace que se destruya empleo. La deuda asumida, tanto por particulares como a nivel de estado hace que los que todavía nos prestan dinero lo hagan mucho más caro de lo que parece razonable nuestra economía puede soportar.

Nubarrones negros sobre los que no quiero insistir en esta reflexión, como tampoco de las causas. Más al contrario, me gustaría compartir algunas ideas sobre una medida en concreto que obviamente no va a resolver el problema, pero que puede aportar un granito de arena: la aproximación de un cristiano (yo) ante la apertura dominical de comercios.

Parece que nuestra Iglesia se opone a esta medida, y se ha alineado,  como no suele ocurrir a menudo, la jerarquía con algunos movimientos “progresistas”. Sospecho que por motivos distintos. Los primeros en su celo de santificar el domingo, el día del Señor. Los segundos para evitar la alienación del trabajador y proteger sus derechos.

Ambos se amparan en la Doctrina Social de la Iglesia para defender el que los cristianos nos debemos oponer al trabajo dominical (por cierto, hay mucha gente, fuera del ramo del comercio, que trabaja los domingos y no he oído manifestaciones al respecto…). No me considero un experto, pero algo he leído de la DSI, incluida la Carta Apostólica Dies Domini (DD), en la que aboga por un domingo de “fiesta y alegría”, unido al de descanso. En ella se hace referencia a que es “ciertamente difícil…”santificar” el domingo, no disponiendo de tiempo de descanso suficiente” (número 64).  La lectura literal, de un documento del año 1998, parece dar a entender que los cristianos debemos no trabajar los domingos, y dedicarlos al Señor. 

Mi pregunta sería, honestamente, ¿cuántos cristianos dedicamos el domingo al Señor? ¿De verdad el tiempo que dedicamos a no trabajar, lo dedicamos a Dios? ¿es nuestro día de la solidaridad? (números 69 y ss) los horarios actuales de 8 horas como máximo, ¿hacen incompatible nuestro trabajo con la asistencia a la asamblea del domingo, a la misa de nuestra comunidad por excelencia? ¿qué diría Jesús si le viesen dar trabajo a quienes no lo tienen en domingo?

El número 81 de DD nos puede dar una clave:  habla que es de “importancia capital que cada fiel esté convencido de que no puede vivir su fe…sin tomar parte regularmente en la asamblea eucarística dominical”. Creo que los cristianos nos tenemos que preocupar por recuperar los tiempos de santificación de Dios (además de los domingos), de participar conscientemente en la Eucaristía dominical, encontrar el tiempo para prepararlas en nuestro corazón, ser solidarios no solo el domingo, o en los días de descanso. Y si habilitar nuevos puestos de trabajo –para aquellos que no trabajan ni un solo día-, generar riqueza todos los días de la semana, se puede hacer compatible con nuestra participación en oración en nuestra comunidad pues creo que cristianos y no creyentes nos tenemos que alegrar. Nadie está discutiendo, que no se tenga derecho al descanso, a días de descanso. Pero hoy no necesariamente tienen que ser en domingo.

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La alegría de la fe

Por: Juan María Laboa 10-04-2012

La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe.

 Un Cristo no resucitado hubiera sido una figura histórica interesante y admirada, pero, obviamente, no era Dios. Su resurrección presupone la nuestra, pero su muerte nos hubiera dejado en el limbo histórico. Las palabras del ángel a María Magdalena, María la de Santiago y Salomé tienen este sentido: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado”. Por eso este convencimiento nos llena de alegría como comunidad y como personas individuales.

La fe en Jesús provoca alegría incontenible y permanente. El origen de nuestra vida y su desarrollo tienen sentido si Jesús es Dios. Se convierte en piedra angular de nuestra existencia. Quien cree tiene los motivos para ser feliz, la causa para centrar una existencia, a menudo, difícil y complicada. San Máximo de Turín escribió que “la resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos”.

El tomarse la vida en serio no es contrario a la alegría, a la felicidad, a la capacidad de disfrutar con los hermanos y de los dones de Dios. El ser humano que permanece siempre en tensión y permanentemente adusto no ha comprendido que la resurrección ha cambiado la historia y completado la creación. El sonido glorioso del despertar de un alma es precisamente la alegría, el convencimiento de que Dios está conmigo y da un sentido a mi vida.

“Un santo triste es un triste santo”, comentó san Francisco de Sales, un santo amable y acogedor. A Francisco de Asís le alegraba la naturaleza y la contemplación de la presencia de Dios en sus hermanos. El magnífico ángel sonriente de la fachada de la catedral de Reims así como los ángeles sonrientes del Pórtico de la Gloria de Compostela ofrecen su risueña bienvenida a los fieles que penetran en sus catedrales. “Alégrate hija de Sión, canta hija de Jerusalén” señaló Zacarías, y el pregón pascual de la Vigilia anima todos nuestros sentidos: “Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo”, “goce también la tierra, inundada de tanta claridad”…”Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante”.

Nuestra felicitación pascual es, pues, pura alegría personal: “Aleluya, Cristo ha resucitado” y se extiende a todos los creyentes, a todos los seres humanos, a todas las criaturas del Señor.

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¡ANGELES AL INFIERNO!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 08-04-2012

Al principio de los tiempos, un Angel fue desterrado

(del cielo, ¿se dirá “descielado”?) para adentrarse en los Infiernos por su rebelión y su enfrentamiento a su Dios.

Bueno… Yo eso no lo vi. Pero si os voy a contar lo que vi esta semana.

Como uno ya va entradito en años, ya voy teniendo mis achaques… Un proceso infeccioso y altas fiebres me llevaron a Urgencias, donde me dicen que me tienen que ingresar. ¡Qué pereza! Gracias a Dios, excepto una operación de menisco, no recuerdo haber estado hospitalizado en dos o tres décadas. Cuando hace diez años me quisieron ingresar en España por una malaria les miré asombrado y firmé el alta voluntaria para automedicarme como siempre había hecho en África. Quinina, un wc o campo abierto cerca, mucho líquido y resguardado un poco del sol…

Pero no estamos en las batallitas africanas del abuelo, sino que esta vez, no entiendo porqué, por el dolor, porque llevaba un par de días sin comer y sin dormir, o porque me hago viejo y obedezco, me quedé en esa sala de espera abarrotada, con multitud de gente sentada en frias sillas metálicas y varios como yo buscando las esquinas para mejor colocar la percha del suero que nos proporcionaba la medicación intravenosa (tubos “chupavidas” los llamaban en Malawi porque muchos niños malnutridos ya muy malitos, fallecían al poco de intentar el último recurso de la medicación intravenosa).

Miraba alrededor. Rumanos, subsaharianos, latinoamericanos, magrebíes, polacos, españoles que venían de algún pueblo vestidos aún como en la serie de “cuéntame cómo pasó”… Recordaba la foto de Obama con el niño que perdió a su madre, y esa promesa de que el primer país del mundo llegaría a ser un día tan grande como… Pues como España, con esta Sanidad pública universal de alta calidad. Me sentí muy orgulloso.

Al anochecer, pasadas casi 10 horas, me tenían que dar una cama. Pero no habían habitaciones así que me ingresaron en un “Gallinero” al que llaman “Observación de Urgencias”, una nave de 36 camas con separadores de 6 en 6 y varias enfermeras ocupándose constantemente de todos los pacientes que por ahí quedábamos depositados. Muchos pacientes esperando ser operados, otros ingresados por accidentes o urgencias varias, y algunos probablemente ingresados por dolencias reales o imaginarias mientras dormitaban en la calle… El que pusieron exactamente delante de mis narices podía ser uno de esos, probablemente un “sin techo” que no paró en toda la noche, ni un minuto, de gritar, delirar, llorar, dar sacudidas a la cama… Al principio me sentía indignado. Supongo que siempre nos sale, aunque solo sea al principio, ese diablillo que nos pincha slogans del tipo “tengo mis derechos”, “necesito descansar”… Pero gracias a Dios, el cielo nos regala siempre esa puerta permanentemente abierta hacia el crecimiento, el amor y la felicidad. Hace mucho que creo que no es fácil crecer realmente con langosta y champagne, pero acarrea tu cruz con dignidad, por pequeña o grande que sea, y el premio, la gloria, están garantizados. Y en esas meditaciones apareció por los pasillos “Santa Aida” que se acercaba a este paciente para tranquilizarle con una dulzura, una capacidad de amor y una profesionalidad que llamaban realmente la atención. Su paz y belleza interior se reflejaba perfectamente en la mirada y la sonrisa con las que nos atendía a cada uno de los muchísimos pacientes que tenía adjudicados, como si estuviéramos ahí solos cada uno de nosotros. Pero al rato la veías con otra señora probablemente perturbada también, renovando sus palabras de cariño, de aliento, consiguiendo la empatía necesaria con su paciente que la permitiera ayudarla a ayudarse. Y esas mismas atenciones recibían los otros pacientes, de Aida o de las restantes enfermeras, probablemente igual de profesionales que Aida. Tengo una gran amiga enfermera, la gran Bea, y sé que pertenece a esta legión de ángeles.

“¡Qué orgullosos estarían Obama y el niño de la foto de nuestro sistema y de nuestras enfermeras!”, pensé… Pero un nubarrón ensombreció mi alma cuando recordé que Aida, sus compañeras, o mi amiga Bea, tenían que firmar en solo dos días, una vez más, su finiquito, como cada tres meses. Aida llevaba así ya 6 años, y al comenzar el nuevo trimestre se presentaría de nuevo, como siempre, pensando que la volverían a coger. Pero nunca lo saben a ciencia cierta, y ello les va provocando poco a poco ansiedad y, crucemos los dedos para que así no sea, pero puede llevarlas a entregarse menos a ese trabajo, a esos pacientes a los que actualmente se dedican de corazón. Ya van teniendo compañer@s que no son renovad@s, que no han tenido preaviso, ni indemnización, y las facturas siguen llegando a casa… Y ya se sabe la solución… El ingeniero se va a Alemania y la enfermera a Inglaterra, o… ¡A Laponia! Entre tanto, siguen siendo ángeles pero injustamente, cada día, un poco más cerca del infierno. Y con ellos nuestro magnífico sistema universal de la seguridad social, que sin ellas se iría también “descielado” al infierno.

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Enseñanzas del Camino de Santiago

Por: Alfonso Carcasona 08-04-2012

Por quinto año consecutivo nos pusimos en marcha

 el Viernes de Dolores para completar cinco etapas del camino. Además de los peregrinos con los que nos cruzamos –pocos, a pesar de hacerlo en Semana Santa- nuestro peregrinaje a Santiago tiene como característica el aunar diferentes generaciones. Este año ha sido excepcional,  tanto por el número (llegamos a andar 18 personas), como por la calidad y la edad de los participantes. Y precisamente de las dos benjaminas del grupo quiero hablar en esta columna, de lo que he aprendido de ellas.

Como cualquier peregrinación con sentido, el Camino de Santiago es una metáfora de nuestra vida. De dificultades y alegrias, de soledad y conversaciones, de ampollas y recompensas. El camino puede ser tedioso, forzado, sin objeto. Andar por andar, afrontar cada día como uno más, y no como el más extraordinario de nuestra vida. Afrontar lo desconocido nos puede dar miedo, o nos puede motivar para descubrirlo en toda su magnitud. Lo que para algunos no es más que transitar por la vida, dejar que los días se nos escapen entre las manos como agua vertida, para otros es un reto impresionante ante el cual no dejarán que el dolor, el cansancio, el frío o el calor, o lo anodino del paisaje en algunos casos, les impida coronar cada etapa. Y lo harán con una sonrisa cómplice, con la conciencia de haber superado la dificultad, a la vez que han disfrutado y hecho disfrutar a los que caminaban con ellos. 

Setenta años separaban a las dos benjaminas del grupo. Ambas acababan mucho más cansadas que el resto de los peregrinos, ya sea solo por cuestiones de la edad. La más pequeña, además, con su dolorida pierna, que le hacía cojear los últimos kilómetros de cada etapa. Pero en ambos rostros se podía leer,  el orgullo del propósito conseguido, de la satisfacción profunda de haber vencido a lo desconocido. Pero ni ellas, ni nadie del grupo recuerda ya el cansancio y dolor que acompañaba esa alegría. Nada más acabar ya estaban pensando en la etapa del día siguiente y por la tarde nos divertían con sus chistes y risas.

Y eso me enseñaron Maria Luisa y Ana este viaje. Como casi siempre en la vida tenemos alternativas. Que nuestra cara, que nuestra actitud o gestos recuerden el dolor, el tedio y el cansancio implícito en cualquier vida, o que por el contrario, el ansia de superación, el disfrutar y hacer disfrutar, sea la característica con la que me recuerden. Ellas me han enseñado cómo afrontar las etapas difíciles del Camino.

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