Martes 21 de Noviembre 2017

La Etica del Pelotazo

Por: Jose Maria Marquez Vigil 29-11-2011

Estamos sin duda alguna ante una crisis de valores sin precedente

 Crisis económica, si, pero sobre todo crisis de valores.

La familia en tela de juicio, los valores trascendentales: la fe, el amor, la solidaridad...

En Africa, unos piratas/mercenarios/terroristas secuestran a cooperantes, sin importarles que hayan ido a su país para entregarse a los demás, para ayudar, para colaborar, para amar...

Pero dejadme que os cuente algo de aquí, de nuestra España...

Hace tiempo que dirijo una ONG, una de esas organizaciones cuyo objetivo consiste en ayudar a los más necesitados, una de esas instituciones a las que antes llamábamos para donar parte de nuestros ahorros, o de nuestro tiempo, para introducirnos en una cadena de favores que asista al más necesitado. Lamentablemente ahora, cada vez que suena el teléfono, al otro lado de la línea hay una voz que te ofrece un producto, un servicio, pero por supuesto pagando, y pagando mucho. “¿En qué te puedo ayudar?” se a ido convirtiendo en “¿Qué te puedo vender?”.

Pero mejor que no me queje mucho porque puede ser peor, ¡mucho peor!

Como probablemente ya sabéis, una parte muy importante de la financiación de las ONG era la financiación pública. El famoso “0,7%” consistía en presupuestar una parte de la recaudación impositiva de los organismos públicos para apoyar directamente proyectos de cooperación internacional. En tiempos de vacas flacas esa ayuda se ha visto reducida o incluso desaparecida, pero lo que no me podía imaginar es que ahora estén empezando a solictar la devolución de las cantidades ya asignadas y utilizadas hace años.

Esta es la historia: Un importante Ayuntamiento nos concedió una subvención de unos 50.000 euros para donárselo a unos misioneros que pretendian construir unas aulas en un país empobrecido de Africa. Cuando en nombre de estos misioneros solicitamos la ayuda a este importante Ayuntamiento, expresamos nuestro deseo de hacer más aulas si conseguíamos más ayudas, pero no coseguimos más donaciones, con lo que nos vimos obligados a ejecutar el proyecto acordado inicialmente. Hicimos al donante su informe, le hicimos llegar las facturas, fotografías, etc.

Y ahora, cinco años después, un mes antes de que prescriban las posibles acciones por esta subvención ya realizada y ejecutada correctamente, nos llega una solicitud de devolución. Nos dicen que como no hicimos más aulas tal y como habíamos planteado en un principio, como no conseguimos más donantes que aportaran más fondos (lo cual tampoco es exacto, ya que los misioneros consiguieron finalmente nuevos fondos, sin nuestra ayuda, para realizar la totalidad del proyecto...), nos exigen la devolución de su aportación y de los intereses generados. Una aportación que está perfectamente invertida en la construcción de una Escuela, una aportación que no ha generado más renatabilidad/intereses que la educación de cientos de niños cada año... ¡Ojalá hubieran invertido los poderes públicos sus presupuestos la mitad de austeramente y eficientemente que lo han hecho estos misioneros!

Por supuesto que vamos a luchar en la medida de nuestras posibilidades, en parte gracias a un despacho de abogados que ha visto la injusticia de esta situación y se han ofrecido a llevar nuestro caso gratuitamente. Pero esto empieza a ser “el pan nuestro de cada día”, y como esto siga así, algún Ayuntamiento va a conseguir dar con un Juez que les de la razón, aunque no la tengan, y terminarán llevándose por delante una ONG que ayuda cada año a decenas de miles de familias para repartirse unos euros entre sus concejales. ¡Si Maquiavelo levantara la cabeza iba a poner el grito en el cielo ante la aberración a la que estamos llegando!

Ya sabemos que “Poderoso caballero es Don Dinero...”, pero en un país en el que no hay ni rastro de ética y en el que no coseguiremos mucho si les recordamos alguno de los diez mandamientos, citemos aunque sea otro refrán: ¡Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da...!

 
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Formación integral

Por: Alfonso Carcasona 29-11-2011

Llevamos años preocupándonos por la formación.

Llevamos años preocupándonos por la formación. Primero fue la nuestra, hoy la de nuestros hijos. Y también la nuestra, que caray. Vivimos en un mundo cada vez más competitivo, donde el trabajo es un bien escaso, que disfrutarán quienes estén más formados.

Abundan los cursos de postgrado, los libros de autoayuda, las biografías de empresarios de éxito, o las de casos empresariales a ser replicados. Formación presencial, on line, de todos los gustos y sabores. Y los idiomas, por supuesto, en un mundo globalizado, imprescindibles para tener opciones de trabajo. Antes eran un además, hoy son un “must”.

¿Y qué decir del complemento físico? Mens sana in corpore sano, ¿quién no está apuntado a un gimnasio, o corre alguna vez por semana?, y si no partido de tenis, padel, bici o un poco de natación. En el mundo de los ejecutivos, directivos y hasta en el de los cocineros, se ha puesto de moda el maratón. Entrenar el cuerpo para estar más ágil de mente.

Todo ello nos parece, y estoy convencido de que es, necesario en nuestra vida. Y cuanto más, mejor.

Pero, ¿no nos estamos dejando fuera de nuestra formación algo? ¿Y qué pasa con nuestra formación como cristianos?

Desde el punto de vista práctico, quien más quien menos tiene alguna inquietud de “justicia social”, y hace sus pinitos dedicando parte de tiempo o de dinero (los más ocupados), a los demás. Con ello nos decimos, acallamos nuestra conciencia, y quizá compremos una pequeña parcela en el cielo. Dios dirá cuando nos juzgue. 

Pero donde muy probablemente suspendamos la mayoría es en la formación teórica como cristianos. Vale, todos aprobamos la obligatoria -en nuestros tiempos- asignatura de religión. Pero desde entonces, ¿nos hemos preocupado de continuar con la formación continua? Escasean los entrenadores personales en este campo, los asistentes espirituales. Pero los hay, y aunque parezca mentira, gracias a su generosidad y a lo poco demandados que son, seguro que todos podemos encontrar uno. Que nos acompañe, que nos guíe en lecturas que nos hagan profundizar y comprender nuestra fe. Para que deje de ser tanto de “carbonero”, y pase a ser más vivida y entendida. Reuniones individuales, en grupo de amigos. Y leer, no sólo novela, sino textos que nos ayuden a entender por qué somos cristianos. 

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LA FRAGILIDAD

Por: Santos Urias 28-11-2011

Me llama una madre llorando.

Acaba de hablar con el orientador de su pequeña hija de apenas siete años y le ha dicho que vive un momento difícil, que no ha asumido la ruptura de la pareja, que le cuesta socializar, que como continúe así posiblemente termine siendo una niña “problemática”. La impotencia se dibuja en su temblorosa voz. 

Un hombre se acerca a hablar aprovechando que es domingo. Se tapa la cara y se encoje en su incomodidad. El trabajo no va bien. No sabe cómo hacer frente a las necesidades de su familia, pero ante todo se siente solo, no sabe de qué forma ni con quien poder hablar, con que persona desahogarse sin que esto suponga una carga, un desequilibrio familiar. 

Una mujer entra en el despacho con el rostro desencajado. Se sienta y sin apenas mediar palabra comienza a “vomitar” todo un cúmulo de desesperaciones, de maltratos, de pesadillas, de tormentos que la acompañan desde hace unos meses y que la han acabado llevando al siquiatra y a la iglesia. Con una expresividad casi desesperada me dice que necesita un poco de paz, de serenidad, de equilibrio. 

Esta semana ha sido una semana dura, compartiendo cargas, abrazando impotencias, desnudando fragilidades. Tocando desde lo más profundo la necesidad de un Dios que te conforte, que te resitúe, que te acaricie. Nuestro punto de partida y nuestro punto de llegada: pequeños, necesitados, débiles. Recipientes de arenisca y de barro con la panza llena de semillas de espíritu. 

“Sólo tu luz Señor nos hace ver la luz”. 

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Entrevista publicada en www.fundacionananta.org

Por: Dolores Aleixandre 26-11-2011

“Pretendemos llevar a Cristo sin necesidad de hablar de Él”
Entrevista al hermano José Luis Navarro, 
Monasterio de Notre Dame de l’Atlas (Marruecos)
Por Koldo Aldai



Tras vivir su particular conversión, vistió ya de adulto el hábito de la Trapa. Enamorado de los poetas y místicos sufís, la vida de este monje español está llena de un Dios, que a menudo calza las sandalias de Allah. Entre campanada y campanada hay un sitio para nuestro encuentro. Entre oración y oración, el hermano José Luis, tiene el tiempo suficiente para desgranarnos las razones de su presencia en el remoto Monasterio de Notre Dame de l’Atlas. 
 
Él en realidad pertenece al Monasterio cisterciense de Santa María de la Huerta. En medio del verde de Soria debió sentir la atracción de los desiertos lejanos y su mística, debió sentir una llamada al encuentro con la religión hermana del Islam. Por ello se encuentra desde hace ya varios años en este monasterio legatario del espíritu de Tibhirine (Película “De Dioses y hombres”), situado en un extremo de la ciudad marroquí de Midelt. 
 
El hermano José Luis lleva el espíritu del encuentro religioso en su alma. Para él no representa esfuerzo alguno llegarse hasta el otro que profesa otra religión, que llama a Dios con distinto nombre. En las charlas que hemos mantenido, hemos podido atestiguar su cercanía con la religión del Profeta. Maneja los términos en árabe, conoce al detalle la cultura y el calendario religioso musulmán, pero sobre todo ha hecho suya su mística. 
 
Tras diferentes conversaciones informales, hacemos realidad la “amenaza” de poner grabadora sobre la mesa, pues tal es el disfrute contagiante de este hombre cuando habla de ese Dios, “que los hombres distintos llamamos con distintos nombres”. (Lanza de Vasto)



¿Qué es lo que te llevó a abrazar la vida monástica?
En un momento quise llevar una vida cristiana más radical. Deseo vivir mi cristianismo en comunidad. Creo que es más evangélico compartir la vida. La opción contemplativa me proporciona además una mayor facilidad para progresar en la vida mística. 
 
¿Qué representa para ti una vida cristiana más radical?
Representa una existencia más integral, poder volcar la vida entera a la Realidad superior. Para ello es necesario que el seguimiento del Señor sea maduro. La atracción por la simple liturgia o los cantos gregorianos no es motivación suficiente. Ha de haber algo más hondo. De la misma manera una atracción física nunca puede ser el apoyo único de una relación de pareja. Tras un tiempo eso se pasa. 
 
¿Y de la cultura árabe y musulmana, qué es lo que te ha atraído? 
Estar aquí me ha permitido otra forma de ver el Islam. Es la religión que tiene mi amigo Jalil, o mi amigo tal… Ya no es algo lejano, esa religión tiene rostros concretos y cercanos. 
Para el dialogo interreligioso entiendo que es muy importante el aspecto relacional, el sentimiento de amistad con quienes profesan otra religión. La religión está formada, al fin y al cabo, por seres humanos.
 
¿Qué te ha dado el Islam?
“Dios está más cerca de ti que tu vena yugular” dicen los musulmanes. Veo mucha coherencia entre la vida y la fe en los practicantes del Islam. Lo profano y lo sagrado no representan para ellos compartimentos estancos, todo es un conjunto. Ello es algo que hemos perdido en Occidente, donde contemplamos dos esferas distintas: la vida social y la espiritualidad. En el Islam esas dos esferas están integradas. Me consta que para muchos en Occidente eso representa un atraso. Para mí no lo es, más al contrario representa un coherencia, una vivencia más intensa de la fe. 
 
La palabra musulmán indica “sometido a Dios”. El Islam es muy anterior a la saria que fue una legislación de los reyes omeyas.
 
¿Qué habéis aprendido junto a los musulmanes?
Con ellos hemos aprendido a vivir esa presencia constante de Dios. Con ellos hemos aprendido también un nuevo sentido del ayuno, del perdón, del arrepentimiento puro, de la reparación del daño causado… Son aspectos a los que el Islam les concede una especial importancia. 


 
De cualquier forma, hay muchos aspectos concordantes con nuestra propia religión. Al fin y al cabo es el Espíritu el que inflama todos los credos. El espíritu se manifiesta en las diferentes culturas a través de las religiones. Estamos hechos todos a imagen de Dios. Todos llegaremos a la Verdad y nos disolveremos en ella. 
 
¿Ese Espíritu que inflama, como bien apuntas, todas las religiones, no puede quedar ahogado en medio de una vida monacal monótona y excesivamente repetitiva, en medio de unas oraciones prácticamente iguales cada día? 
Nunca hay dos días iguales. Primero que la liturgia lleva cada día sus salmos y oraciones diferentes. Después que nuestra vida no se basa exclusivamente en la liturgia, en las formas. Las formas son sólo camino. Nuestra vida desborda el momento de la oración y las cuestiones regulares. 
 
¿No hay peligro de anquilosamiento en unas formas que son tan antiguas?
Sí puede haberlo. Existe el peligro de caer en rutina, sin embargo deseo puntualizar que también las fórmulas repetitivas proporcionan paz. Son oraciones de la Iglesia para las que estamos poniendo nuestra boca. Prestamos nuestra voz, nuestro cuerpo para unas plegarias que se rezan a lo largo de toda la geografía mundial. Aceptamos desde la humildad una oración, no particular, sino de Iglesia entera, una oración que en realidad no es nuestra, que simplemente vocalizamos. Somos meros instrumentos y transmisores. Las variaciones son muy pequeñas en una y otra orden en cuanto al recitado de los salmos o las oraciones de las horas. 
 
¿Hasta qué punto os ha marcado lo que ocurrió en Tibhirine en vuestra vida cotidiana?
Totalmente. Consideramos providencial la escritura previa del testamento por parte de Christian. Ese testamento proporciona sentido y visión a todo lo que ocurrió después. El testamento invita a no culpar a los que les mataron y hace de lo ocurrido una entrega de amor al pueblo al que querían. Es muy diferente eso a considerarlo como un crimen de carácter religioso.
 
Hubo una clara opción de los hermanos de Tibhirine a quedarse allí con todas las consecuencias. Ello nos anima a nosotros a proseguir con su labor. 
 
¿Cuál es la razón de ser de un monasterio cristiano en un entorno casi absolutamente musulmán?
Hemos optado por vivir aquí en medio de los musulmanes una vida en gratuidad, es decir, no esperamos nada a cambio, por supuesto no esperamos conversiones, no deseamos que las haya. 
 
Por el hecho de estar aquí no va haber más cristianos o más vocaciones. Estamos conviviendo, es decir “viviendo con”. Pretendemos llevar a Cristo sin necesidad de hablar de Él, tal como invitaba a hacer el padre Christian aludiendo al misterio de la Visitación. No tiene lugar aquí hablar de teología, pretendemos que ellos vean al Cristo en nosotros. 
 
¿Hay alguna sombra de proselitismo?
Nunca entre los católicos, sí ha habido algunos casos de proselitismo entre los protestantes y eso ha motivado expulsiones. El resto de los cristianos estamos por la convivencia. 
 
Vds. contribuyen, por lo que observo, de alguna forma a mermar la distancia entre la cruz y la media luna…
Hay veces que me toca ser “embajador de los musulmanes” en medio de un mundo cristiano; proclamar que el musulmán no es ningún enemigo, que es igual que nosotros, que sigue al mismo Dios con el mismo amor que nosotros, buscando el mismo Reino de Dios que nosotros. 
 
Una Iglesia próxima a los musulmanes, que no tiene ningún interés especial de conseguir nada de ellos, ayuda a que los propios musulmanes adquieran un buen concepto de los cristianos. Hay hermanas que aquí en Midelt o en Tattiwine están volcadas enteramente en los más necesitados y saben que eso no les va a reportar ningún beneficio concreto de vuelta. 


 
¿Cómo vivís el diálogo interreligioso?
Lo vivimos en el día a día, en el tú a tú, en el compartir sus alegrías y sus penas, en el festejar sus celebraciones y que ellos festejen las nuestras… Acudimos a sus duelos, a sus entierros, a sus circuncisiones… Su fiesta principal, denominada Aïd el Kibir, la celebramos nosotros también. Es la fiesta grande, la fiesta del cordero que puede durar hasta tres días. Nos llaman de unos y otros sitios y nosotros vamos. Ellos están orgullosos de nuestra presencia en esas fiestas. 
 
Hacemos también el Ramadán, al igual que cumplimos con la Cuaresma. El Ramadán son treinta días. 
 
¿Correcto, pero a nivel más global cómo concibes ese diálogo?
Si la Primera Realidad para todos es Dios, el camino está abierto. El Punto de fusión ya es percibido. Dios es el Centro de todas las religiones. Una vez establecido ese Centro, el diálogo es sencillo, sobre todo si lo abordamos desde la mística. 
 
¿Y eso a nivel práctico…?
Descubriéndonos uno con Él. El diálogo interreligioso es fruto del amor a Dios. Una vez me dijo un imán. “Solamente hay un Dios y por lo tanto es el mismo para los dos. ¡Lailahailala! (“Sólo hay un Dios”)

El místico Hallaj llegó a decir “Yo soy la verdad” y eso le costó la vida. En realidad quiso expresar que había llegado a un profunda unión con la Divinidad. 
 
¿Podríamos concluir, por lo tanto, que de la mano de la mística es más sencillo el encuentro entre las religiones? 
Por supuesto, aunque desde una visión canónica estricta, este misticismo puede ser considerado un panteísmo. Juan de la Cruz tuvo que explicar esa mística con poemas, pues de lo contrario habría acabado seguramente en la hoguera. Teresa expuso también como pudo esa vivencia similar, esa plena armonía con Dios y con cuanto la rodeaba. Francisco de Asís se expresa de forma parecida cuando se dirige al Hermano Sol y a la Hermana Luna. Son teofanías, manifestaciones de Dios. No hay que admirar las cosas al igual que a Dios, pero sí como manifestaciones de Dios. Esa teofanía no ha terminado, ni puede terminar. 
 
¿La tradición sufí está particularmente abierta a este encuentro?
Cierto, entre los sufís el Objeto y el Fin se hacen Uno mismo. Por ejemplo, en el dirk (oración conjunta en formación circular y en movimiento) de los sufís, al igual que en hesicanismo, la materia, que es el nombre de Dios, y el objeto de la oración que es Dios, representan lo mismo. Todo está en unión plena con Dios, su cuerpo, sus sentidos, sus espíritus… En esos momentos de éxtasis penetran en la armonía del mundo. Algo semejante ocurre con los derviches. Giran en armonía con la propia tierra que a su vez gira, con los planetas que también giran, con las constelaciones igualmente en movimiento… Todos están sumidos en la misma armonía.  
 
¿Y la Iglesia ideal del mañana, cómo la concibe José Luis?
Confío en el Espíritu. Confío en que la Iglesia institución sea en el futuro menos institución. Confío en un Vaticano III, confío en que la Iglesia católica devendrá en verdad católica es decir universal… Confío que en ella entrarán todos, no sólo los “amigos”. Desde nuestra propia parcela hemos de aceptar al otro diferente también en el seno de nuestra Iglesia. 
 
La Iglesia ideal será cuando hayamos construido el Reino de Dios. El Reino será. La evolución tiene que llegar a su punto de plenitud. No puede salir mal si la empezó Dios. Todo llegará. Dios funciona con otros tiempos.

¿Cómo ves el entronque de la Iglesia con la nueva espiritualidad sin nombre que está emergiendo?
Hay mucha gente con el corazón abierto y algo surgirá de todo esto. El espíritu de la nueva espiritualidad se encuentra en realidad en nuestros propios místicos clásicos. Lo podemos encontrar en nuestro santo cisterciense, S. Elredo de Rieval, lo podemos encontrar en el Maestro Eckhart, en Tomas Merton… 
 
¿Función de la religión en nuestros días?
Hablar de Dios es inclusión, sin embargo hablar de religión puede implicar exclusión. Los peldaños de las diferentes religiones nos deberían llevar a Dios. La vidriera hace ver la luz que hay detrás. La vidriera es la religión. 


 

Koldo Aldai 
Entrevista realizada en septiembre de 2011





UN MUNDO, UNA HUMANIDAD
ONE WORLD, ONE HUMANITY 
http://www.fundacionananta.org

 

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¿Como Dios manda?

Por: J. Lorenzo 26-11-2011

Hay que agradecerle a Mariano Rajoy,

elegido por goleada para reconstruir proyectos de vida y haciendas de un país al que ya se le notan las costillas, que no se avergüence de su fe católica. Es cierto que no saliva con agua bendita (lo cual también es de agradecer), pero no tiene reparos en confesar sus creencias, incluso entre los suyos, algunos de los cuales quisieron enterrar por vergonzantes las credenciales democristianas que aparecen en los estatutos del partido. Aunque quizás hubiese sido lo más adecuado en una formación que aplaudió entrar en una guerra contra Irak con un ardor más propio de los cruzados, pese a la negativa explícita y rotunda de Juan Pablo II.

Tampoco es un dogmático (de ahí su apodo de “maricomplejines” con el que le asaeteaban desde la Cope episcopal no hace mucho, herida que aún supura) y, por eso no le ha importado que sus dos principales colaboradoras (Soraya Saénz de Santamaría Y Mª Dolores de Cospedal) no superasen la prueba del algodón que utilizan algunos para dar entradas a las famosas misas de la familia en la madrileña Plaza de Colón. Eso irritó a muchos votantes suyos de comunión diaria hasta el punto que reclaman últimamente un partido católico pata negra.

Pero, y aunque la utilice como sinónimo de sentido común, debiera desterrar el latiguillo “como Dios manda” para explicar las políticas que se va a ver obligado a sacar adelante. Si ya fue utilizado para rechifla general el “yo no miento porque soy católico” con el que José Blanco que trató de defenderse de las acusaciones en el “caso Campeón”, relacionar ahora las medidas de ajuste duro que se avecinan, que tendrán un impacto negativo en las personas, con lo que en realidad Dios quiere, es una asociación  desafortunada que está siendo utilizada de manera denigratoria por algunos medios de comunicación. Además de falsa, porque las políticas que se inspiran en el Evangelio ponen en el centro a las personas, mientras que el próximo tijeretazo social está exclusivamente dirigido para dar satisfacción a un mercado voraz y sin escrúpulos. Dicho esto, que Dios le ayude. 

 

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Adviento

Por: Juan María Laboa 26-11-2011

Iniciamos un año más el tiempo litúrgico de Adviento,

 la preparación cuidadosa y cariñosa de la conmemoración de la venida del Señor por parte de la comunidad cristiana. La oración de la misa del primer domingo dice: “Concédenos, Señor Dios nuestro, permanecer alertas a la venida de tu Hijo, para que, cuando llegue y llame a la puerta, nos encuentre velando en oración y cantando su alabanza”.

Permanecer alerta, no caer en el peligro de la rutina, estar convencidos de que también hoy es necesario y providencial el Salvador, no apagar la llama del entusiasmo y de la esperanza: estas son las actitudes hoy más que nunca necesarias.

No solo no ha perdido vigencia y actualidad la celebración del adviento, sino que, por el contrario, en nuestros días, tan grises y desconcertados, necesitamos con urgencia su revitalización.

¿Por qué? Porque la mayoría de nosotros, aunque continuamos afirmando que seguimos esperando la llegada del Maestro, en realidad, si fuésemos sinceros, tendríamos que confesar que ya no esperamos nada, y, ¿qué podemos cambiar, cómo podemos influir, como podremos animar y construir, si nos encontramos dominados por esta desesperanza? La esperanza de los hombres es como el torrente que baja de la montaña: nada lo detiene, pero la desesperanza y el conformismo resultan paralizantes. ¿Cuál es realmente mi situación, nuestra actitud?

Cuando observamos con atención la actuación débil, indecisa y vergonzosa de buena parte de los cristianos, llegamos a la conclusión de que hemos perdido, de hecho, la capacidad de crecer y de esperar.

El hecho de que un hombre tenga esperanza resulta decisivo para todos: este hombre demuestra a todos los demás que ellos también pueden tenerla. El hecho de que un cristiano crea en Cristo y espere en su promesa de salvación es, también, decisivo para todos: es testigo con su vida y su palabra de una buena noticia que puede transformar nuestras vidas.

Os invito a vivir un Adviento que nos libere de la melancolía de la repetición, que nos dé renovada fuerza y entusiasmo, que ilumine y fortalezca nuestra fe y nuestra esperanza.

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Por: Dolores Aleixandre 21-11-2011

El rector de la Universidad ORT Uruguay, Dr. Jorge Grünberg, ofreció un discurso en la ceremonia de graduación de la casa de estudios que se realizó en el Teatro Solís y contó esta anécdota. "Hace dos semanas estaba en el auto esperando a mi hijo y leyendo en un iPad y se me acercó un niño cuida coches a pedir una moneda. Al acercarse me preguntó qué tipo de aparato era el iPad. Le contesté que es una computadora como la que te dieron en la escuela por el Ceibal. Nos quedamos mirando, ninguno de los dos muy convencidos, pero se quedó pensando, se olvidó de la moneda y se fue. Al rato volvió y me dijo que él no sabía para qué usar la computadora que le habían dado. Le dije que yo mucho tampoco pero le comenté que la uso para leer los diarios, estar en contacto con otras personas y buscar información", contó.

"A la semana siguiente estaba parado yo en el mismo lugar y volvió el mismo chico y me dijo que había empezado a usar su computadora para leer sobre fútbol argentino, mirar videos de los Wachiturros y que de paso encontró información sobre el Bicentenario que había leído por primera vez porque en su casa no hay ni libros ni revistas. Nos quedamos conversando", continuó.

"Aproveché para regalarle una versión de Scratch, que es un lenguaje de programación que estoy aprendiendo con la ayuda de la Dra. Inés Kereki para usar con mi hijo y le mostré para qué servía. De paso le comenté que yo no lograba programar que el arquero saltara como yo quería en la pantalla. A la semana siguiente otra vez encontré al mismo chico porque voy siempre al mismo lugar. Se le iban todos los coches sin dejar monedas porque estaba sentado en el cordón de la vereda con su computadora, distraído. Cuando me vio me dijo que yo era un burro y me explicó cómo se programa el salto del golero. Le agradecí, nos quedamos mirando otra vez", culminó.

"Cuando el niño de escuela le enseña al Rector de la Universidad todo es posible. Ese es el país que me quiero imaginar", concluyó Grünberg.

 

 

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¡Viva la vorágine!

Por: Alfonso Carcasona 20-11-2011

Vivimos en un mundo en el que prima hacer cosas.

Hay que estar todo el tiempo haciendo, pensando. Hay que llenar los huecos con ruidos, la televisión, la radio en el coche. Sentarnos a hacer algo distinto a descansar, imprescindible para coger fuerzas para seguir haciendo cosas. Recuerdo a un amigo que hace años me criticaba a otro con una frase ingeniosa. “Se pasa el día montado en una bicicleta estática, dando pedales, cada vez más fuertes, pero sin darse cuenta de que no va a ninguna parte”. ¡Cuantos de nosotros estamos instalados en la bicicleta estática, y cómodamente justificamos nuestra existencia en dar muchos pedales, sin solución de continuidad! Somos muy eficaces, ya que no paramos ni un instante. Y miramos al de al lado, que está dando tantos pedales como yo, pero parece que ya desfallece algo. Seguro que llego antes que él.

De vez en cuando, al comenzar un nuevo año, un nuevo curso, nos detenemos un instante para preguntarnos qué hacer en el futuro. La respuesta suele ser la misma: seguir dando pedales, que a lo mejor en algún momento a la bicicleta estática le salen ruedas y me lleva a algún lugar. Pero las más de las veces la bicicleta sigue estática, si bien puede que alivie o endurezca las pedaladas.

Jesús nos pide nacer de nuevo, bajarnos de la bicicleta estática y dar pedales, o zancadas en una dirección. En el pasaje de Marta y María hace ver a la primera cómo un exceso de celo en la actividad puede hacerle perder la “parte mejor”. Nos da miedo ser María (No tengáis miedo). Marta es la que apura la vida, la que no pierde el tiempo. Y sin embargo, pierde la parte mejor. Jesús no nos llama a la a la inactividad, sino a disfrutar de la parte mejor. Como siempre, sorprendente el mensaje de Jesús, incluso en lo cotidiano.

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Autos de fe en internet

Por: J. Lorenzo 19-11-2011

Creía que la única actividad de riesgo que practicaba por voluntad propia era el senderismo.

Pero eso fue hasta que entré en algunas webs y foros en Internet y sentí el vértigo de deslizarme por un torrente de aguas salvajes y sulfurosas. ¡Santo Dios!

Es verdad que nada más comenzar la navegación, aparecen señales de turbiedad que impiden calibrar el verdadero calado de donde se va a meter uno. Pero bueno, se sigue adelante porque si aparece la imagen del Papa, algún obispo, una Virgen o un santo de devoción universal y contrastada, se intuye que no puede ser la web de Sálvame (aunque aquí también te quieran salvar) ni la del excatolicísimo Enric Sopena, porque tampoco hay sitio para la pluralidad en este lugar.

Casi sin darse cuenta se ve uno envuelto en un torbellino de apologética que te arrastra sin transición a un cañón de aguas bravas, espumada de comentarios donde el denominador común es el ansia de verdad absoluta y la total falta de caridad. En los estrechos márgenes se perciben chispeantes las piras para los autos de fe correspondientes. Las hay para monjas jóvenes que llevan toca pero que están desnortadas o para viejas que visten de calle pero que, indudablemente, están poseídas porque las han visto reír y bailar; las hay también para curas que no se recatan en hablar hablar más del Evangelio que del Código de Derecho Canónico; para teólogos a los que se pone en el punto de mira (con copia a quien corresponda) por tratar de ensanchar el conocimiento de un Dios que se hizo hombre; para pastores poco sumisos que aún no han pedido a sus feligreses comulgar haciendo el pino puente…

José Luis Martín Descalzo, que también gastaba genio según recuerdan quienes le trataron directamente, ya tenía calada a esta especie, que entonces vertía en cuartillas su santo odio. Pensado en ellos, y en esa “fanática pasión por la verdad”, que también engendra monstruos, decía, citando un proverbio libanés: “Si el camello pudiera ver sus jorobas, caería al suelo de vergüenza”.

 

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SIN GASOLINA, PERO...

Por: Jose Maria Marquez Vigil 19-11-2011

Hace 14 años, me encontraba sin gasolina eb Nkhotakota, que es lo mismo que decir en el quinto pino.

 A 200 km. de la capital de Malawi (Africa Austral) con un cochecito que había comprado de segunda mano a un misionero de Africa (al coche le llamábamos el “troncomóvil”, en recuerdo del de los Picapiedra). Todavía no habíamos empezado a construir lo que un año más tarde sería el Hospital y Centro de Rehabilitación infantil de Alinafe, y cuando iba a Nkhotakota a hablar con las autoridades y poner en marcha los comienzos del proyecto, me quedaba a dormir normalmente en la Parroquia, pero esta vez me quedé tirado en la Gasolinera sin poderme mover.

Como decía, no había gasolina en toda la zona. Tardó tres días en llegar un camión con algo de combustible para rellenar los tanques vacíos de la única gasolinera en 100 km. a la redonda. La hilera de coches parados frente a la Gasolinera era infinita, con troncomóvil entre los primeros, aparcado a la espera. Pero mucho antes de que viniera el camión cisterna, cuando me veía durmiendo en la cabina del pequeño pick-up, apareció Maaike, una fisioterapeuta holandesa, un auténtico pibón, un ángel encargada en la zona del programa de rehabilitación de los discapacitados. Ella si tenía gasolina, me invitó a su vehículo, me llevó a un lodge en el que pude acampar con mi tienda de campaña, y la falta de gasolina fue verdaderamente como si me tocara la lotería. Hoy, 14 años después, estamos casados y tenemos 5 hijos. Probablemente nada de esto habría ocurrido si hubiera tenido combustible para el troncomóvil.

Pero para historias realmente afortunadas la de James Msakambewa, albino malawiano de 17 años al que secuestraron el otro día en Malawi para venderlo y trocearlo (Así, como suena. ¡Trocearlo para vender sus huesos y órganos porque en ciertas comunidades africanas los albinos dan suerte!). La crisis económica y falta de recursos está causando una nueva escasez de gasolina en el país, y según me cuentan Luis y María, voluntarios en la Misión de Mtendere, esto le salvó la vida a James.

Como decía el maestro chino, “Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe?”

Si queréis saber la historia de James, pinchad aquí:

http://www.africadirecto.org/index.php?m=Noticias&op=ver&nid=270

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El factor humano

Por: Juan María Laboa 19-11-2011

Urge la participación activa en todos los frentes eclesiales y en todos los ámbitos sociales

 Tengo la impresión de que en nuestra Iglesia existen demasiados testigos mudos que no ejercen, demasiados cristianos y ciudadanos por libre que creen cumplir con las exigencias propios de su fe en el ámbito de su conciencia, demasiados no confesantes. Se encuentran tan absorbidos por sus dudas y cavilaciones que olvidan que uno de los mandatos de Jesucristo es ser testigos en medio del mundo. Resulta paradójico y bastante kafkiano ver cómo en nuestros días quienes más hablan son los que protestan, los anticlericales que se rebelan contra la Iglesia. Son testigos a la contra. Parecen masoquistas que disfrutan restregando una y otra vez pretendidas insuficiencias, corruptelas y desviaciones. Y todo en medio de un silencio inquietante de la comunidad eclesial. ¿Hemos perdido la capacidad de reacción, no encontramos argumentos, somos insensibles, no nos importa nada?

No pretendo, obviamente, la organización de una cruzada, las protestas descontroladas de los integristas de nuestro campo, ni deseo que desaparezca la diversidad y pluralidad tan necesaria. Pero me parece que nos encontramos ante un cuerpo enfermo, ante una comunidad desorientada, ante una indiferencia desconcertante, cuando no existe una reacción de inquietud y respuesta ante fenómenos que se multiplican en nuestros días. Se trata de examinarnos, de considerar cuál es nuestra identidad esencial y de vivirla. Nada más y nada menos. No somos de hoy: el cristianismo tiene una tradición, unas raíces, unos límites y un terreno de juego. Podemos discutir y diferenciarnos en tantos aspectos, pero no es responsable divagar sobre el fundamento de nuestra fe que es Cristo, sobre la necesidad de la comunidad eclesiástica en la que vivimos esa fe y sobre los sacramentos en los que la manifestamos y nutrimos.

Esta consideración nos lleva a una convicción profunda, una fidelidad personal que se manifiesta exteriormente, una necesidad de compartir. Vivimos inmersos en la cultura de la duda, de la sospecha, de la incertidumbre. Queremos ser tolerantes, pero derivamos os encontramos en hacia el relativismo. Sin darnos cuenta, colocamos en un terreno de nadie en el que todo vale, en el que resulta verdadero esto y lo contrario. Hace unos días afirmaba un buen padre de familia que, a la pregunta de su hijo sobre la esencia del ser cristiano, resondió que consistía en no hacer mal a nadie. Pues no. Todo ser humano que pretenda serlo buscará actuar de esa manera. Ser cristiano supone y significa mucho más que la bondad cósmica, el haz el amor y no la guerra o rl haz a los demás lo que quieres que te hagan. Esta actitud significaría anemia doctrinal y cualunquismo religioso.

Los católicos actuales necesitamos cobrar confianza en nosotros y respetarnos; aprender a pensar y sentir por nosotros mismos, no por delegación de lo que leemos o vemos; recobrar el sentimiento y los ideales propios a cerca de la vida y de su valor y, sobre todo, ser conscientes de que solo Cristo constituye la razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. 

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LA ULTIMA LLAMADA

Por: Santos Urias 17-11-2011

Uno de esos domingos grises por la tarde

aprovecho para preparar algunas cosas delante del ordenador. De repente se ilumina la pantalla del móvil y suena ese desagradable ruido que se produce cuando se acoplan las ondas con los aparatos electrónicos. Es un número largo de esos que utilizan las oficinas y los sitios públicos. 

- ¿Don Santos? – interroga una voz al otro lado del teléfono. 

Me dicen que llaman del hospital del corredor del Henares y que si conozco a una tal Carmen Muñoz Pulgarín. Se presenta el médico que la atiende y me pregunta si sé algo de su pareja o de algún familiar cercano. Intento explicarle que Pulgui lleva mucho tiempo sola, su novio en prisión y su familia nunca he sabido de ella. Servicios sociales si la ha puesto una chica que se encarga de llevarla la comida y arreglarla un poco la casa. Él me explica que ha llamado a todos los teléfonos de su libreta, ninguno estaba activo y que gracias a Dios en este me ha encontrado a mí. Dudaban si pasarla a la UCI, pero que su situación era muy grave. 

Cuando todos se han ido, cuando ya no queda nadie, aunque sea al final de una libreta de teléfonos, nuestra fe se construye con la presencia en el silencio, con la compañía en la soledad. Buscando ser iconos de que al “otro lado” también alguien nos espera con sus brazos abiertos, con la mirada limpia, respondiendo, aunque al límite, a la última llamada. 

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La Verdad

Por: Alfonso Carcasona 14-11-2011

Vivimos estos días el apogeo de las campañas electorales,

 en las que los candidatos se esfuerzan, además de descalificar a sus contrincantes, a desgranar propuestas concretas de sus programas electorales. Dan por supuesto, o no les importa, que la gente conozca cuál es el modelo de sociedad que propugnan. Cuantos más derechos prometan más posibilidades parece que tendrán de salir elegidos por nosotros.

 

Y es que en esta adormilada sociedad del bienestar que nos ha tocado vivir, son los derechos los reyes de nuestra existencia. Y ay de aquel que se atreva a cuestionar los ya existentes, o a no prometer nuevos y a veces extravagantes.

 

Pero como en anteriores campañas, no he oído, ni probablemente oiré, hablar de la verdad. 

 

¿Qué es la Verdad? Le pregunta Pilato a Jesús (Juan 18,38). Pilato, ese denostado político, se preocupa por la verdad (al menos un instante), pero en seguida vuelve al mundo de los mortales, al de la ambición de poder, cuestionado por los judíos que le confrontan inmediatamente “si sueltas a ese no eres amigo del César”. Es mucho mejor ser amigo del César que de Dios…

 

Tomás de Aquino define la verdad como adecuación entre el entendimiento y la realidad, para llegar a concluir que Dios es la primera y suma verdad. Los creyentes nos deberíamos aferrar a esta definición por encima de cualquier otra elucubración. Y los creyentes con influencia en la vida pública más. Si la verdad no cuenta nada no hay justicia posible, y como dice Benedicto XVI “hace que el poder de los fuertes se convierta en el dios de este mundo”.

 

Comprendo que es imposible conseguir un consenso sobre la verdad, pero el no buscar criterios comunes que garanticen la justicia para todos, que no cambien cada cuatro años, debe ser una de las prioridades de nuestros gobernantes. Nos encontramos ante una de las mayores crisis económicas de la historia reciente. De poco valen las medidas coyunturales con las que nos despertamos cada día y que hacen malévolos a esas instituciones etéreas llamadas mercados. Necesitamos gobernantes valientes, líderes en el sentido cristiano de la palabra (de los que buscan servir por encima de servirse), que puedan aprovechar este momento para implementar cambios estructurales, cuestionando todo aquello que hoy es superfluo y pernicioso. Gobernantes, líderes, que busquen la Verdad.

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Palabras de Juan Mari Laboa en la presentación de "Por sus frutos les conoceréis"

Por: Juan María Laboa 12-11-2011

Durante mis cuarenta años de enseñanza de Historia de la Iglesia he sido consciente de que dedicábamos demasiado espacio a los personajes, a los avatares circunstanciales, a las instituciones y poco al alma, a la savia vital que recorre la vida de los cristianos y del cristianismo, es decir, a la vida de la gracia, al amor de Dios por el género humano y al amor de los hombres a Dios, a la caridad viva entre los creyentes. Probablemente, no insistimos en este tema fundamental porque es mucho más difícil de observar y de historiar. En este libro, sin embargo, intento centrarme en ese espíritu vital del cristianismo,  en la savia que alimenta la vida de los cristianos. Por otra parte, en nuestros días, imprescindible insistir en la ternura de Dios, en el amor que une a los cristianos y en su generosa entrega al bien de los demás seres humanos. La historia de la Iglesia, a menudo, no nos entusiasma, pero el amor y la bondad manifestada en la vida de tantos cristianos  confirma nuestra fe y nos reconforta.

La Iglesia debiera ser un espacio de comunión de los cristianos, de las comunidades cristianas. Cuando los cristianos viven y experimentan su fraternidad y son capaces de manifestar y extender su atención a todos los seres humanos, sobre todo, los más débiles, somos capaces de descubrir el auténtico testimonio de la paternidad de Dios y nos sentimos con la alegría de sentirnos sus hijos. La historia de nuestras comunidades a lo largo de veinte siglos nos enseña que el amor a Dios ha sido vivido silenciosa y eficazmente en innumerables cristianos anónimos que han conseguido que sus vecinos sintieran la cercanía de Dios y experimentaran la generosidad de los creyentes. El prestigio y la atracción que ejerce la Iglesia nunca es fruto de su grandeza, de su poder o de su capacidad de convocatoria, sino de su entrega y de su generosidad, nunca es fruto de la elocuencia de sus palabras sino de su capacidad de demostrar con su vida que Dios nos ama.

Aunque, a menudo, nos olvidemos de ello, la realidad es la verdad y no las palabras. El amor se muestra con actitudes y acciones, no con teorías. “Todo lo que os digan cumplidlo pero no imitéis sus obras”, repite Jesús a sus discípulos de hoy. El clero, en general, predica permanentemente sobre la importancia del amor, pero resulta más difícil que nuestro pueblo se sienta amado por ellos. Son expertos en las palabras, pero, a menudo, nuestras comunidades constituyen espacios de intrigas, de indiferencia, de egoísmos varios. A veces nos convertimos en una escuela de verdades, pero no de amor vivido; nos atrincheramos en la ortodoxia, olvidándonos de la caridad y del amor fraterno, aunque, ciertamente, en nuestra historia nunca han faltado los cuarenta justos ni tantos seguidores de Jesús ocultos con él y en él. Nunca podremos olvidar en nuestra visión del cristianismo a Francisco de Asís, el gran discípulo de Cristo, ni a tantos testigos deslumbrantes del amor de Dios que en el mundo han sido. 

Cuando recorremos el pasado y lo comparamos con la actualidad, nos resulta imposible imaginarnos a Cristo como legislador y leguleyo de las minucias. Habló de un Padre que acoge permanentemente a tantos pródigos, acogió a todos, dispensó la lluvia de sus gracias a cuantos le encontraron, corrió tras las ovejas perdidas, sin tener en cuenta a tantos puros institucionales que lo criticaron hasta odiarlo. Jesús no fue nada clerical sino que se convirtió en nuestro hermano universal y por esto sigue siendo el gran protagonista de nuestras vidas. Dios se debate en nuestra historia entre la justicia y la misericordia y nosotros difícilmente somos capaces de armonizar en nuestra conciencia estos dos atributos suyos. De hecho, a la Iglesia le ha salido más espontáneo ejercer la justicia, creyendo favorecer así la gloria de Dios, pero sin embargo, no cabe duda de que el Evangelio no deja de insistir en que Dios es amor, la única definición de dios existente en el Nuevo Testamento.

Como bien sabemos, la dirección, la liturgia, el poder, está, aparentemente, en manos del clero, pero, a lo largo de los dos mil años, la caridad, la entrega silenciosa, el amor materno, el sacrificio filial, lo han ejercido fundamentalmente los laicos. Ellos han sido los auténticos protagonistas de una Iglesia en la que ha abundado el pecado, pero, donde también, ha sobreabundado la gracia. Ha habido en nuestra historia tantos Kolbe que han entregado su vida para salvar las de otros, conscientes de que, de esta manera, se convertían en otros Cristos! 

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Cluny y los difuntos

Por: Juan María Laboa 12-11-2011

Visito lo poco que queda de la abadía de Cluny,

aquel magnífico monasterio benedictino medieval que renovó el cristianismo de los siglos X-XII a través de los 1400 monasterios que de este cenobio dependían. Renovaron la liturgia, purificaron el monacato, influyeron en la cultura europea, ayudaron a repoblar Europa La revolución francesa, con el típico odio destructor revolucionario, acabó con cuanto representaba Cluny, destruyéndolo.

El 2 de noviembre, día dedicado a los difuntos, constituye una de las herencias cluniacenses. El hombre, desde que es homo sapiens, venera a los muertos, pero es el cristianismo el que sabe que los muertos siguen viviendo y que los vivos pueden rezar y colaborar con su salvación a causa de la profunda ligazón existente entre los hijos de Dios. Este día conmemorativo y celebrativo solo tiene mil cien años de existencia, pero el respeto y la oración por los difuntos es tan antiguo como el cristianismo. Las catacumbas romanas son, en realidad, cementerios, de mártires y de cristianos en general. Allí los cristianos celebraban, rodeados por sus muertos, la eucaristía, en la que celebraban un “memento” un recuerdo litúrgico por cuantos habían vuelto a Dios. “Requiescant in pace”, descansen en paz, era su petición, conscientes de que la paz en dios significaba la vida eterna.

Hoy hemos vuelto a la impiedad: alejamos a los muertos de nuestras casas, los depositamos en lugares montados por los negocios mortuorios, los convertimos en cenizas y los dispersamos en jardines, montañas, ríos o el mar. Nada tangible queda de ellos.

Porque se trata, en realidad, de piedad. Piedad por nuestros familiares cercanos, piedad por sus cuerpos, sus almas y sus memorias. Se trata de cuidarlos y tenerlos cerca, de rezar por ellos por si les falta algo para que puedan gozar de Dios. Se trata, en definitiva, de que queden en nuestro recuerdo y en nuestro entorno; que permanezcan siendo puntos de referencia espirituales, pero, también, físicos. La progresiva toma de conciencia de su condición mortal en el mundo le ha conducido a la búsqueda de la inmortalidad, sin corrupción ni fin. Se trata de la supervivencia del ser humano más allá del fenómeno universal de la muerte. La inmortalidad. La historia de las religiones tiene que ver tiene que ver n esta búsqueda y conciencia de inmortalidad. Al intentar olvidarnos de la muerte, al dejar de lado a los muertos, terminamos por no tener en cuenta la inmortalidad. Es el reino de la mediocridad y la desesperanza.

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Juan Mari tiene un plan

Por: J. Lorenzo 11-11-2011

Que no se afanen los técnicos de la Conferencia Episcopal

en buscar contenidos a un plan pastoral que muy pocas diócesis esperan ya. Cuando el 21 de noviembre se inaugure la Asamblea Plenaria, los obispos debieran encontrar en sus mesas un ejemplar del libro del profesor Juan María Laboa sobre la historia de la caridad en la Iglesia (San Pablo). Es un regalo asequible, que prescinde de teologías y códigos, para que todos lo podamos entender, y que rescata la vigencia de la caridad, del amaos los unos a los otros, signo distintivo de los cristianos donde los haya. Un auténtico programa para hoy, visto lo que está cayendo.

Esa caridad que sigue asombrando a propios y extraños, como lo demuestra el reconocimiento social a los misioneros y misioneras, y, entre nosotros, a Cáritas. En esta grave crisis, nadie –salvo algún periodista y tal vez el responsable de pergeñar el documento que no fue– ha echado en falta una palabra colegiada de los prelados. Una indiferencia que hace pensar. Sin embargo, todos han encontrado a Cáritas en el sitio que le ha deparado esta tragedia contemporánea. Es más, quien ha querido, ha sabido que los voluntarios han aumentado en este periodo y que los fieles, en las parroquias, por más humildes que sean, han redoblado esfuerzos en las colectas para sostener las actividades caritativas. Ellos, entre otros, son esos santos anónimos de los que habla el libro, los que hacen carne en los demás el amor que Dios profesa a todos sus hijos, estén en paro, en campaña electoral (si, también ama a los políticos) o entre los escombros de Haití.

Por eso, “Por sus frutos los conocereis”, título de la obra, apunta a la esencia de cualquier plan pastoral, también personal. Por eso es recomendable incluso para los nuevos inquisidores que transitan por la Iglesia lupa en mano.Fanáticos de la ley, descubrirán que es historia de la caridad también aquel concilio que excluía de la comunión eclesial a los que acusaban falsamente a sus hermanos. Porque pecado es “no conocer el amor y no ser capaz de amar”. 

 

 

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Derechos sin deberes

Por: Alfonso Carcasona 09-11-2011

Reflexionábamos el otro día un grupo de amigos

sobre aspectos recogidos en la última encíclica social, Caritas in Veritate. En particular sobre el contenido de su número 43, relativos a la solidaridad universal y a su relación con los derechos y deberes.

Nos quejamos a menudo, y con cierta razón, del complejo lenguaje de las encíclicas, que las hacen difíciles de entender por parte del común de los mortales. Vivimos en un mundo acostumbrado a los titulares, donde es difícil pasar a analizar el texto que los acompaña. Y las encíclicas carecen de ellos. 

En su introducción nos dice que está dirigida, entre otros, a “todos los hombres de buena voluntad”, y con interés en leerla con mucha atención, diría yo. A diferencia de otras épocas, en las que en los sermones se explicaba al pueblo el contenido de la doctrina, hoy no hemos encontrado todavía la manera de hacer llegar a todos los preciosos contenidos de las cartas que nos dirigen los papas, o las demás instituciones de la Iglesia, haciéndolos distantes, escritos como para otros que no soy yo. Pero bueno, quizá este deba ser objeto de otra reflexión, ya que como el titulo de ésta reza, en lo que quiero centrarme es en la idea de los derechos y de los deberes.

Vivimos en una sociedad en la que, al buscar el bienestar, hemos olvidado que los deberes pueden no ser siempre una carga, sino más bien al contrario, son gozosos. Y sin ellos, los derechos se convierten, como dice Benedicto XVI, en arbitrarios. A todo el mundo parece obvio que tenemos el derecho a estudiar, pero no el deber de estudiar. O el derecho a una sanidad para todos, pero no el deber de cuidarla, de utilizarla con cuidado y esmero. El número de ejemplos es prácticamente infinito. Tenemos derecho a todo, pero el deber de nada. Como ejemplo más ridículo utilizaré la polémica de las últimas semanas sobre el fútbol. Parece que debemos tener derecho a  retransmitir los partidos, pero no el deber de pagar por ello.

Enlaza esta idea con el evangelio sobre la mota de polvo en ojo ajeno y la viga en el propio. Todos vemos derechos para nuestra forma de actuar, para nosotros o nuestro grupo, mientras que los deberes siempre están en el de enfrente (que además no cumple). Me vienen a la cabeza algunas actitudes de grupos que dicen estar indignados, y que no paran de ver lo que dicen ser vigas en ojos ajenos, sin pararse a reflexionar si ellos tienen algún deber. Porque reclaman derecho a la educación, por ejemplo, cuando ellos han disfrutado/disfrutan de ellos. Pero no sé si ejercitan su deber de aprovechar esa educación, por ejemplo. En el otro lado, los que les reclaman que dejen de vaguear, y a la vez relegan en su lista de obligaciones el buscar como contribuir a reducir el problema del paro, en su propio ámbito de influencia.

Dice la Encíclica “la exacerbación de derechos conduce al olvido de los deberes”, y que “compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos”. Si solamente tomásemos en consideración estas dos ideas, probablemente saldríamos mucho más rápido de esta crisis, y contribuiríamos de manera efectiva a que la solidaridad universal sea, como dice el texto del papa, un hecho y un beneficio para todos. 

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El "Administrador injusto"

Por: Jose Maria Marquez Vigil 08-11-2011

"Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas fallen, os reciban en las moradas eternas".

O sea, que después de meternos de lleno en la burbuja, algunos directivos de las Cajas de Ahorro (léase por ejemplo Caixa Galicia o la Caja de Ahorros del Mediterráneo), ¡serán recibidos en las “moradas eternas”! Siempre y cuando decidan comprar a sus “amigos” con un par de fajos de billetes recién cobrados como bono o indemnización por su “magnífica gestión”…

 

Parece que nuestro Evangelio del pasado viernes quisiera homenajear a los “maestros del pelotazo y la especulación”. Si así fuera, no deberíamos preocuparnos porque probablemente nunca hemos tenido en España a más personajes dignos de habitar “moradas eternas” a tenor de nuestros administradores de alto nivel. Pero, algo me dice que si hoy viniera Jesús y viera estas Cajas esquilmadas, estos ciudadanos hipotecados hasta las cejas y estos directivos yéndose de rositas, probablemente iba a encolerizarse como en aquel episodio de los mercaderes del templo… O quizá no…

Pocos capítulos pueden llegar a parecer tan ambiguos (“bipolaridad” es el término que se usa hoy en día) como el capítulo 16 del Evangelista San Lucas. Como diría nuestro compañero y querido Juan Mari Laboa, este texto necesita realmente de “acompañamiento”.

Por suerte, un viernes al mes nos reunimos varios amigos, capitaneados por otro amigo sacerdote, nuestro querido Gerardo, y comentamos el texto del día. En este caso, la casualidad, o más bien la “causalidad” nos puso este complicado texto ante los ojos, y como siempre, surgieron muy diferentes comentarios, todos ellos infinitamente interesantes. Desde quien veía a la antigua Iglesia mucho más alejada del poder y las riquezas, más revolucionaria, entusiasta probablemente ante la llegada de un hipotético “Robin Hood” que esquilmara al amo para distribuir su fortuna entre los más necesitados (de hecho, el capítulo enlaza al final con el banquete de Lázaro), o el que veía el texto desde el punto de vista de los últimos, los que firmaban el recibí y participaban también en la injusticia, y en esto veían una vez más la misericordia de Dios con nuestros continuos pecados. O incluso el que se preguntaba por la bondad o no de esas “moradas eternas”.

Otro de nosotros, que trabaja en el mundo financiero, se fijaba en otra parte del texto: “los hijos de este mundo son más astutos en el trato con los suyos que los hijos de la luz”, y compartía con nosotros el hecho de que, en su comportamiento cristiano con “sus hermanos” en el trabajo, probablemente será siempre señalado como “tonto” (a mi me hacía recordar ese anuncio de “yo no soy tonto”, en el que una tienda de electrodomésticos e informática nos empuja a ser más “listillos”).

En plena época electoral, con cientos de traseros nuevos a punto de aterrizar sobre los escaños de nuestras Cámaras parlamentariasecho de menos un líder que realmente se creyera esa otra parte del texto, cuando dice al final aquello de No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Si traducimos en este caso “Dios” por amor a los demás, liderazgo, servicio, compromiso, fidelidad… ¿En qué programa electoral sale esto? Yo, lamentablemente, no lo he visto…

;-)

 

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La duda y la fe

Por: Juan María Laboa 05-11-2011

¿Es posible un diálogo sobre la trascendencia?

¿No nos encontramos entrapados entre la desgana, la pereza, la sensación de su inutilidad en el momento presente, el dominio de la levedad, el pensamiento débil?

Sin embargo, no faltan nombres sonoros de filósofos, científicos y artistas que añoran y claman por la transcendencia, incluso en su apartamiento y desconcierto. Ciorán y Ionesco son figuras bien conocidas de un ateísmo marcado profundamente por las preguntas. Ciorán escribió que, aunque era incapaz de invocar a Dios, no había dejado de girar a su alrededor espiándolo. De hecho, si conocemos su vida y obra, somos conscientes de que siempre esperó una epifanía de lo divino.

Paul Klee expresó en una ocasión que el arte no representa lo visible, sino lo invisible que se oculta en lo visible. Francisco de Asís, en su Cántico a las criaturas, señala de manera poética esa relación profunda entre Dios y su creación. En cuanto al ser humano, Agustín habló por muchos de nosotros:” hiciste mi corazón para ti Señor e inquieto está hasta descansar en ti”.

Jesús es quien hace que Dios resulte más cercano a los hombres. La alianza sinaítica tuvo como fruto la entrega de la Ley, mientras que la nueva alianza tiene como consecuencia el don del Espíritu. Este don constituye el inicio de una relación inédita de Dios con los hombres. Los creyentes en Jesús son santificados en la medida en que responden a su vocación, y un modo fundamental de corresponder a su vocación consiste en ser capaces de testimoniar  a los demás el amor que Dios nos tiene.

En la reunión de Asís del 27 de octubre, Benedicto XVI realizó un elogio de los agnósticos pensantes, de aquellos que “buscan la verdad y con su ejemplo arrebatan a los “ateos combativos” su “falsa certeza”, pero que, al mismo tiempo, “retan a los mismos creyentes a que no consideren a Dios como una propiedad suya”. Si las personas que buscan la verdad “no encuentran a Dios”, puede ser, también, a causa de los creyentes que poseen una imagen reducida o pervertida de Dios”

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ANTORCHAS EN EL CIELO

Por: Santos Urias 05-11-2011

Joao ha muerto a manos de sicarios en la amazonia brasileña.

Una noticia que apenas ocupa unas líneas en una revista de ámbito religioso. Ni que decir tiene que ni siquiera aparece en los diarios de tirada nacional. Posiblemente yo tampoco hubiera reparado en ese texto de no conocer a Andrea, amigo y compañero, que lleva en esa región de Pará trabajando ya unos años, y que cuando estuvo por aquí por España de vacaciones me enseñaba sus fotos, con sus nuevas amistades, con su gente de las diferentes comunidades, con sus catequistas y responsables, y otras que me dijo: “estas no te las puedes descargar”, donde aparecían listas de nombres, primeros planos de algunos rostros y grandes bolsas negras. Me confesaba con profunda emoción: “Son nuestros mártires. En este año hemos enterrado ya a varios compañeros, padres de familia, encargados de comunidades, simplemente por denunciar o por ser los portavoces de nuestras iglesias”. 

Intentan defendernos a todos del atropello al que se ve sometido la selva, el que sufren miles de indígenas que siempre han poblado unas tierras llenas de inocencia y de paraíso, quizás por conservar ese rincón en el que Dios creó y sigue recreando, el que compensa nuestras manzanas podridas de dióxido de carbono y de vertidos tóxicos. 

Me recordaba la vida de Joao y la de esos rostros y esas bolsas negras llenas de cadáveres, a esas imágenes que alguna vez he visto de cientos lámparas lanzadas al cielo de la noche, iluminando la oscuridad de nuestro mundo, sumándose a las estrellas de nuestro cielo, brillando y tocando con sus llamas el propio manto de Dios 

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