Lunes 25 de Septiembre 2017

Un poco de Sur en tu vida

Por: Xabier Azcoitia 27-06-2011

Vivo en el sur de la ciudad de Madrid,

y esta tarde al salir del trabajo y tal que aparcaba el coche, me han invitado a colaborar en las compras semanales de la familia. Lo cierto es que me gusta ir al supermercado. Es un sitio fantástico donde uno aprende muchas cosas a poco despierto que esté. Y como lo único que sé hacer bien es empujar el carro, me da tiempo a mirar, incluso a ver, algunas veces hasta a pensar y hoy a planear este post.

 

Pequeño atasco a la entrada. ¡Paciencia! Al llegar al lugar de los carros uno se encuentra que hay muchos. Demasiados quizá. No todos pueden llenar el carro de la semana ¿no es así? En cambio son muchos, la mayoría, los que empujan un cesto con ruedines, de cuyos bordes amenazan caerse en cualquier momento los productos que han sido apilados cuidadosamente. Quizá tenga que ver con la autoestima eso de poder desbordar lo pequeño cuando sabes que lo grande ni a la mitad podrías llenar.

¡Cómo cambian las cosas! En las cajas hay “cajeros”. ¿Será fruto de la reforma laboral? Quizá sea algo de la imagen corporativa de la empresa. ¡Vete tú a saber! Puede que ya no solo sufran las mujeres los contratos de un día, sí, de aquellos que te permitan tener vacaciones pagadas tres o cinco años después.

En esta Babel que es la ciudad de Madrid a mi lado dos mujeres gitanas hacen la compra, un poco más allá un eslavo musculoso acompañado de su gruesa señora que aun se está recuperando del último retoño traído a este mundo. Unos cuantos latinoamericanos (sudamericanos o americanos del sur) se detienen ante los productos aimarás, quechuas o de Ciudad Real. En la pescadería la cola es pequeña. Hoy también hay langostinos de los de 6 €. Siempre he querido saber de la trazabilidad de quienes los pescan. ¡Porque mira que sabemos cosas de los dichosos langostinos o lo pepinos, pero que poco de quienes los pescan! Ellos también habrán cobrado 6 €/día si han sido pescados en las costas africanas o latinoamericanas. Por cierto, ¿qué habrá pasado con los marroquís y subsaharianos de los pepinos? ¿Les llegará a ellos la indemnización? Estaría bien que en la trazabilidad pusiera algo sobre quien los recoge, de dónde viene, a quien alimenta con el salario, la casa donde vive… ¡Qué cosas, va a tener más papeles la gamba y el pepino que quien los pesca o los recoge! ¡Ya me estoy despistando! En los pasillos varones empujando los carros.

¡Hay tanto de lo mismo con nombre diferente! No estoy hablando de la prensa, ni de los partidos políticos, ni de los sindicatos, ni de la banca. ¡No! Estoy en el pasillo de los refrescos. Los dos veces frescos. - Pues va a ser que sí estaba hablando de ellos-. Y de repente me encuentro con ese anuncio “cervecero” que reivindica el Sur. Y pienso que es cierto que “Todos necesitamos un poco de Sur para no perder el Norte” aunque quizá no del mismo modo ni con los mismos objetivos del anunciante.

Abandono el supermercado y cuando subo la rampa tras el cristal del coche, después de mucho tiempo, se ve un gran cielo azul. Despejado y sin nubes. Y no sé muy bien por qué pero me viene al pensamiento algo que he visto hace un rato y me costó comprender. Viendo este cielo, comprendo porque en este supermercado del Sur venden papel higiénico acolchado. ¡Será que nos va a hacer falta!

A mí me gustan más otros cielos. Grises y metálicos. Con nubes. Anticipadores de lluvia y que consigo traen un viento que refresca esta noche en la que la luna menguante me recuerda algo que me sigue ayudando a vivir en este Sur maldito y que me permite seguir creyendo firmemente en el futuro: “que las pequeñas cosas merecen también ser amadas”.
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Una sociedad sin valores es una sociedad sin futuro. La fidelidad, el compromiso

Por: Alfonso Carcasona 26-06-2011

Parafraseo a la inversa la frase con la que Caritas lanza su campaña institucional 2011

“Una sociedad con valores es una sociedad con futuro”.

 

Hace unas semanas me sorprendió ver Madrid plagado de publicidad en las marquesinas de las calles de una compañía que preguntaba: “¿Casada? ¡Revive la pasión! “. La foto y el resto del texto, en el que se aseguraba el 100% de confidencialidad ya indicaban que se trataba de un anuncio en el que se animaba a ser infiel a tu pareja.

Ya tuve tentación de escribir entonces, pero a los pocos días el ayuntamiento retiró la publicidad (o eso quise creer yo, quizá solo estaba contratada por esos días).

Hoy leo que dichos anuncios han llegado a la televisión, de manera que se institucionaliza el ser infiel. Las series de televisión ya le daban un aspecto gracioso, picantillo. Los programas rosas se basaban en frikies que vendían más cuanto más infieles eran. Modelos para algunos. Que estás cansado de tu pareja… pues nada, no hay nada como tener una aventurilla. Y pelillos a la mar. O no. Pero qué más da. Lo importante es disfrutar uno solo. El resto ¿qué más da?

Por lo visto ha sido la progre Sexta quien, en un horario de máxima audiencia –la Fórmula 1, ni más ni menos, a las 2 (de la tarde, no de la madrugada, siquiera)-, de mayores, jóvenes y niños, indiscriminadamente, ha anunciado los servicios de una página web que te organiza el asunto sin que nadie se entere. En otros países, como Estados Unidos también lo han intentado, pero por ahora, parece que esa sociedad superficial los ha rechazado. En Europa tenemos el honor de ser el segundo país, después de los admirados noruegos, en lanzarnos a la vorágine de patrocinar las infidelidades.

Pues nada, no nos queda más que parafrasear a Caritas, y en mi caso, además de obviamente seguir educando a mis hijos en contra de lo que aparentemente facilita nuestra sociedad, dejaré de ver la Sexta para que el share se les reduzca y no puedan tener acceso a contenidos que les atraigan (y a sus futuras parejas).
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Mirar sin ver

Por: Juan María Laboa 25-06-2011

Miramos mucho, pero vemos poco;

eemos bastante, pero nos queda menos; hablamos mucho, pero reflexionamos poco, asistimos a misa, pero no participamos. ¿Falta de atención, de capacidad, de interés?

Ante nuestros oídos y ojos desfilan demasiadas imágenes, demasiados desnudos, demasiadas noticias, demasiadas críticas. Todo muy rápido. Si tenemos buena memoria, podemos quedarnos con algunos datos. Si tenemos reflejos podemos deducir algo y destacar y repetir, pero el pensamiento es otra cosa.

Nos falta, sin duda, recogimiento, silencio, atención, reflexión. No es posible asimilar sin estas actitudes, ni relacionar, profundizar o deducir sin dedicar tiempo y meditación a cuanto nos importa. Podemos reaccionar al estímulo, pero sin preparación, recogimiento y reflexión no llegamos a la asimilación, al discernimiento, al contraste. Ver es llegar a la hondura de lo que se nos muestra, es sacar conclusiones de tanta palabrería, de tanto escaparate, publicidad y televisión. La historia no consiste en la acumulación de los datos sino en la reflexión de su significado.

Entonces llega la rutina, la falta de autocrítica y la inmensa mediocridad que nos engloba y paraliza. En política, en cuestiones sociales y en temas religiosos repetimos comentarios oídos, frases hechas, juicios raídos, pero nadie se mueve. Resulta difícil escuchar experiencias pensadas y vividas, propuestas maduras y contrastadas. Estamos llegando al hartazgo global, este país no puede soportar tanta basura en los medios y tanta frivolidad social, es necesario proponer alternativas ilusionantes desde distintos campos, porque todos somos responsables. Rechacemos el agua estancada y busquemos la de manantial, la que se aprende de la experiencia, de la oración, de la interiorización, de un pensamiento que se haga vida y testimonio. Una vez más, nos sobran papeles y nos faltan testigos, sobre todo, voluntarios capaces de esforzarse por intentar el bien común.

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA 5 SEGULLAH

Por: Dolores Aleixandre 25-06-2011

Con las cosas del dinero no se juega y con la propiedad privada menos,

y si no que se lo pregunten a cualquier político que haya osado aventurarse por esas arenas movedizas. Además de saber eso de sobra, también reconocemos sin esfuerzo lo aferrados que estamos a aquello que consideramos propio, tanto si es heredado como adquirido, conquistado o recibido en una rifa. En cuando lo sentimos amenazado, nos nacen unos tentáculos poderosísimos para retenerlo con avidez e impedir que nos lo arrebaten; pero, como somos gente peculiar, con frecuencia lo que retenemos con más codicia y determinación no es lo objetivamente más valioso, sino aquello en lo que hemos implicado el corazón. y ha adquirido para nosotros una “plusvalía” afectiva: así somos y ya estamos acostumbrados a ello.

Lo que en cambio puede sorprendernos y hasta escandalizarnos es la posibilidad de que ese rasgo que nos parece puramente humano lo tengamos en común con Dios y que coincidimos con Él más de lo que creemos cuando defendemos afanosamente lo propio ¿No será una prueba evidente de que estamos hechos a su imagen y semejanza?

Esta conclusión se desprende por sí sola al ver la cantidad de veces que aparecen en la Biblia declaraciones de propiedad puestas en boca de Dios. En el AT “lo poseído” es el pueblo de Israel, “pueblo de su propiedad” (Dt 7,6), “su propio pueblo, el pueblo santo del Señor” (Dt 26,18), “ serán mi propiedad” ( Mal 3,19), “el Señor se escogió a Jacob, a Israel en propiedad” (Sal 135,4), “no temas, tú eres mío…”(Is 43,1).

Cuando se quiere insistir en ese apego afectivo a algo, más allá de su valor, se emplea el término segullah que graba lo poseído con el sello de una pertenencia peculiar: “entre todos los pueblos seréis mi segullah porque toda la tierra es mía” (Ex 19, 5). Si toda la tierra es suya ¿qué otra cosa puede significar que Israel sea su segullah sino que sobre ese pueblo, insignificante entre los grandes imperios del Antiguo Oriente, descansa una elección misteriosa e incomprensible?

Los profetas lo vivieron personalmente e intentan narrarlo con un lenguaje extraordinariamente vigoroso: el Señor me arrebató de detrás del rebaño…”; “su mano me agarró…” reconocen Amós o Isaías (Am 7,14; Is 8,11) y resulta significativo que el término "botín" sea uno de los derivados de ese verbo que traducimos como “agarrar, arrebatar, hacer presa”. Quizá es eso lo que quería reflejar el autor del fresco de la basílica de Cora en Constantinopla al presentar al Resucitado en su descenso a los infiernos: para sacar de sus tumbas a Adán y a Eva, los agarra casi violentamente por las muñecas. Si alguien te agarra por ellas, es inútil tratar de soltarte y puedes darte por atrapado.

En el NT Jesús habla del Padre como de un poseedor codicioso y ávido a la hora de guardar lo que le pertenece (una oveja, una moneda…): da la impresión de que no soporta la más mínima pérdida ni disminución en sus haberes y por eso, si pierde algo, lo busca hasta que lo encuentra y deja su alegría a merced de ese hallazgo (Lc 15). Jesús hace suyas las costumbres y reacciones de los pastores con sus ovejas: “nadie puede arrebatármelas... nadie puede arrebatarlas de manos de mi Padre (Jn 10, 29-30). En su despedida final, al resumir cuál ha sido su comportamiento con sus discípulos dice al Padre, como quien da cuenta de una tarea cumplida: “Los he guardado en tu nombre; los he custodiado y no he perdido a ninguno…” y como ha llegado su hora, abandona esa responsabilidad en manos Otro: “Guárdalos en tu nombre…”(Jn 17, 11-12)

¿No tendríamos que hacernos más conscientes de esa pertenencia que nos quitaría tantos temores? Podemos “firmarla” cada vez que hacemos la señal de la cruz y recordar: “Estoy puesto a nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
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Tecnologia que cuesta un rinon

Por: Jose Maria Marquez Vigil 23-06-2011

Tentado por las demandas de órganos para trasplantes,

un joven en china vendió uno de sus riñones, según publica la prensa. Le dieron unos 2.000 €, que usó para comprarse un ipod 2 y no sé que otro “invento del diablo”. Un riñón por un ipod 2… Y unos eurillos que le sobrarían para pagar la factura del consumo mensual durante unos mesecillos, muchos menos que los que le podría haber durado ese riñón haciendo una labor mucho más importante que la del aparatejo ese que espero no tener nunca, aunque “nunca digas de esa agua no beberé…”.

Cuando hace ya algunos años volví de Africa a España, intenté no tener móvil. Me parecía una autentica esclavitud. Por supuesto que sucumbí al cabo de unos meses, bastantes pero no los suficientes, cuando entendí que mi comunicación con mi familia, amigos y la gente con la que trabajaba era casi imposible en nuestra sociedad sin pasar por el dichoso telefonito. La gente no me podía llamar, con lo que me dejaban recados en el contestador de mi teléfono fijo, a los que debía responder al día siguiente llamando a sus móviles desde una cabina. ¡Y como tragaban las cabinas esas cuando había que llamar a un móvil! No podía enviar un sms ni podía recibir llamadas, con lo que me tocaba apoquinar y llamarles desde esas cabinas que iban ya escaseando porque estaban dejando ya de mantenerlas por la falta de uso. Eso sin mencionar que su llamada a las 7 de la tarde exigía tu respuesta en 5 minutos, y no al día siguiente… Así, firmé mi primer contrato con uno de esos servidores (¡no deja de tener guasa que a pesar de la esclavitud que nos producen, se llamen servidores!) y no pude evitar recordar a los agricultores de malawi, que toda la vida habían cultivado el maíz autóctono, que plantaban unas semillas antes de las lluvias y al llegar la cosecha tenían comida en abundancia y guardaban algo del grano recolectado para volver a plantar. Pero cada vez más sucumbían a las semillas hibridas, transformadas genéticamente en los laboratorios para no permitirlas volver a reproducirse tras la cosecha siguiente (obligándoles de ese modo a tener que adquirir nuevas semillas híbridas y, por supuesto, fertilizante en cantidad). “Mis amigos (así llaman en malawi a sus competidores por eso de no hablar mal de nadie para evitar el mal de ojo…) compran esta semillas y se ven obligados a pagar siempre en noviembre, cuando llegan los meses de la hambruna, nuevas semillas (transformadas genéticamente) y dos tipos de fertilizante”. ¡Y eso si que cuesta un riñón! ¡Un ojo de la cara! Pero ya saben que su nueva cosecha estará prácticamente vendida porque tendrá el tamaño adecuado y porque la langosta no la atacará (es uno de los beneficios de esa monstruosa modificación genética), y si todos tus vecinos tienen cosechas a las que no atacan los insectos, es fácil suponer que tu cosecha va a recibir muchos más visitantes, los tuyos y los de las plantaciones vecinas, y en vez del 10% pasarás a perder el 30 o el 40% para ser luego el último al que comprarán en el mercado… ¡A firmar con el “servidor”! En este caso, a comprar estas semillas y este fertilizante, a hipotecarte para entrar en el sistema. Pedirán un crédito para la compra de los insumos agrícolas, y ya puestos, un nuevo azadón, y a hacer cálculos... Pago 100 de semillas, 300 de fertilizante y otros 100 de intereses para vender la cosecha por un poco más, lo justo para pagar deudas y, si las lluvias fueron buenas y si el precio del grano se mantuvo este año en los mercados internacionales, generar un pequeño ahorro. Pero cuando algo falla, cuando no hay lluvias… Pasas directamente a ser un moroso y la salida va a ser francamente difícil. “No es más feliz quien más tiene sino el que menos necesita” rezaba sobre una de las paredes de un centro de las misioneras de la caridad en Calcuta. Y realmente, es posible que el resultado de restar 300-200 sea mucho mejor que 700-500, sobre todo cuando sabes que los números positivos vienen transportados tan a menudo en ese frágil cántaro de la lechera del cuento.

Volvemos a los ipod y demás fauna… Qué os parece cuando “vuestro servidor” os hace llegar un mensaje que “os mira mal” y os viene a decir algo así como “este email te lo mandan desde un dispositivo electrónico de última generación, y hoy a las 10 de la noche del sábado te ha llegado el email pero tú eres un don nadie porque no lo vas a leer hasta que enciendas el ordenador y mires tu correo, probablemente el lunes, y entonces será ya muy tarde”. ¡Otra vez a meternos en la rueda! Porque os aseguro que es un nuevo cambio, una vuelta de tuerca más, y no tendrá vuelta atrás. ¿O no os empiezan a exigir ya respuesta a ese correo enviado el sábado del mismo modo que nos la exigían a las llamadas desde el móvil a nuestro teléfono fijo hace una década? Y por supuesto se te siguen acumulando los emails, y tienes ya varios miles sin leer en la bandeja, y encima te escribe un tipo que no conoces de nada y que se llama “facebook” o algo así, para recordarte insistentemente que tienes 67 amigos esperándote. ¡Pero si no he quedado con nadie! Si pensaba pasar un fin de semana tranquilo con mis niños al aire libre… ¿67 amigos esperándome dice vd.? ¡Dios Santo! ¡Me voy corriendo a vender mi riñón y lo que haga falta para hacerme con una de esas Strawberry® o como se llamen!
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La ignorancia arrogante

Por: Juan María Laboa 18-06-2011

A poco que conozcamos nuestra situación, seremos conscientes

de que nuestros conocimientos son limitados, mientras que nuestra ignorancia es inmensa. La ignorancia consciente y aceptada es noble, pero se transforma en necia cuando ignoramos alegremente nuestra ignorancia y actuamos en consecuencia. Es entonces cuando se convierte en invencible. En ese caso, nos domina una soberbia infundada, que nos lleva a no intentar descubrir la razón de las cosas.

 

Si somos conscientes de nuestras limitaciones, con la humildad de quien busca, vamos examinando cuanto concuerda con nuestra razón, nuestros sentimientos y nuestra capacidad de amar. Es el peregrino que se esfuerza por orientarse en su camino hacia la razón de la vida.

Por desgracia, hoy predomina una variedad nefasta de ignorancia, la mediocridad, la arrogancia de quien no sabiendo juzga, decide y actúa con desenvoltura. El superficial va por la vida con satisfacción y, desgraciadamente, su arrogancia, a menudo, es considerada como señal de conocimiento, aunque, al final, el mediocre es causa de enormes desgracias, personales y comunitarias.

Es el cáncer de nuestros días. Hemos sido gobernados con mediocridad en temas importantes sociales y económicos, con seguridad infundada, y se nos instruye desde los medios, la cultura y la indignación desconcertada con formulaciones vacías, defendiendo postulados y normas discutibles o abiertamente nocivas aunque envueltos en conceptos altisonantes.

El cristiano con “fe de carbonero” puede conjugarla con sentimientos espirituales profundamente sólidos, mientras que el arrogante soberbio rechaza no solo la necesidad de fe sino también de su indagación. Pascal escribió: "Fuera de Jesucristo no sabemos qué es la muerte,, ni qué es la vida, ni qué es Dios, ni qué somos nosotros mismos". Tampoco el mediocre lo conoce, pero ha decidido que no le importa.

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Africa

Por: Santos Urias 18-06-2011

Esta semana ha estado salpicada de referencias a nuestro continente vecino: África.

Mi amigo de la farola estaba particularmente locuaz, no era para menos, salía retratado en las páginas de la revista y ni siquiera se había dado cuenta. Se lo tuvo que decir una compradora habitual de esas que se detienen a charlar, porque el mejor artículo es el que se escribe con el sudor, las lágrimas y las sonrisas de cada ser humano.
Luego quedé con mi amiga Pili y con su nena, que sin ser negrita y sin haber nacido en esa tierra, sin embargo se llama también así: África. Su mama lleva en la mirada la tierra roja de Sierra Leona, los anhelos compartidos, la esperanza de la misión y el alimento de su pecho para tantos que pasan sed y soledad.
Después me invitaron a participar una mañana con un grupo de africanos de diferentes lugares: Camerúm, Nigeria, Guinea, Ruanda, Senegal… Nos presentamos y alguno mostró su carnet de identidad arrancándose con un canto o una oración, no sé bien, tal vez con un canto que nos ayudó a rezar, porque aunque no lo parezca hay gente que no adorna sus celebraciones con cantos, si no que para rezar canta: este es su lenguaje y, sin duda, Dios lo entiende.
Hablamos de cómo nos sentíamos; de cómo hay personas que no se sientan a tu lado en el autobús por ser negro: ¡Qué suerte poder ir más cómodo! ¡Qué pena condenarse a la mirada del reojo y al prejuicio! Autoestima, religión, historias propias de cada cultura, complicidad; todo sin prisas, “amigo sin prisas”.

Y la comida llegó como llega un sacramento: yuca, perca, pollo, arroz, plátano frito, salsa de la picante y de la menos picante… Que gusto poder reír sin temores, rozarse las almas hasta que salgan chispas y prendan. Si eso no es fuego del Espíritu que venga Dios y lo vea. Aunque yo creo que por una rendijilla de la puerta nos espiaba ese día. Y así, por lo bajito, voy a haceros una confidencia: me pareció que era negro

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Viagra para violar

Por: Jose Maria Marquez Vigil 14-06-2011

Creía que ya no me sorprendería de nada ante “las artes de la guerra”,

pero parece ser que, desgraciadamente, cuando hablamos de las atrocidades del género humano, la realidad supera muy a menudo la ficción. Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que hacía la mili (con mi compañero de blog Carcasona, por cierto…), y recurrentemente nos preguntábamos si nos daban “bromuro” con el café… No creo yo que las hormonas, las sojas, los pepinos o los móviles nos obliguen a pasar en una generación del bromuro al viagra, así que bromas aparte, que esto no tiene nada de broma, tendremos que reconocer la perversidad, la alevosía, la falta de escrúpulos del género humano a la hora de violar sistemáticamente los derechos humanos.

 

Desde Africa Directo llevamos trabajando varios años en este tema, en la denuncia de las violaciones que ocurren en los conflictos, en las zonas con intereses estratégicos y comerciales, como actualmente en la RD Congo (mayoritariamente en los campos donde se pretende extraer el coltán, este codiciado mineral tan necesario para producir móviles, donde los guerrilleros expulsan a las familias que allí viven por medio de esta cruel práctica de la violación como arte de guerra). Y ahora, cuando leo que en un país relativamente cercano y relativamente desarrollado, como Libia, están repartiendo viagra entre la tropa para multiplicar las violaciones, pienso que nos queda mucho por hacer aún en nuestro empeño por dejar a nuestros hijos un mundo mejor.

 

Permitidme que aproveche para explicar en esta columna el documental (muy bien documentado y fiel a la cruda realidad) que desde Africa Directo hemos producido, con ayuda de la Junta de Castilla y Leon. Como nos recuerda Hernán Zin, su director, la violación como arma de guerra, como forma de limpieza étnica del enemigo, se practica desde tiempos inmemoriales.“Yo (Dios) reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén. La ciudad será tomada, las casas saqueadas y las mujeres violadas”. Zacarías 14:2. Para griegos y romanos era la norma emplear al cuerpo de las mujeres a modo de campo de batalla. En la segunda guerra mundial tuvo lugar la masacre de Nanking. A lo largo de seis semanas los japoneses violaron a más de 80 mil mujeres en China. En la última mitad del pasado siglo, la violación se ha empleado en casi todos los conflictos armados: Vietnam, Bangladesh, Camboya, Chipre, Perú, Liberia, Somalia, Uganda, Haití, Cachemira, Liberia y Afganistán. Durante el genocidio de Ruanda, más de medio millón de mujeres fueron violadas. En la guerra de Bosnia, unas 50 mil mujeres sufrieron abusos sexuales.

 

El punto de inflexión en la tolerancia hacia esta práctica – que no se juzgó en los Tribunales de Nuremberg ni en el de Tokio - llegó de la mano el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, establecido en La Haya en 1993, donde se reconoció a la violencia sexual como un crimen contra la humanidad.

 

Vivía con mi marido en Bunyakiri, el pueblo en el que nací. Él era comerciante y yo me dedicaba a cultivar la pacerla que teníamos. Una noche llegaron soldados hutus. Me sacaron de mi casa, me arrastraron por la selva y me violaron. No sé por qué, y todos los días me lo pregunto, sacaron sus machetes y me cortaron los brazos”.

 

Así comienza a contar su historia Vumilia Balangaliza, víctima de la violación como arma de guerra en RD Congo, el país en el que se cometen el 85% de los abusos sexuales del mundo. Para la realización del documental “La Guerra contra las Mujeres” se han empleado tres largos años de rodaje, en los que Hernán Zin ha recorrido siete países de África y entrevistado casi a un centenar de mujeres, miembros de ONG y especialistas. Como resalta el propio Hernán Zin, “nuestro objetivo no es otro que servir de amplificador para que el mundo escuche las voces de las víctimas y actúe para que nunca más el cuerpo de una mujer se convierta en el campo de batalla de los hombres”.

 

El documental nos muestra también el trabajo de personas como la hermana Rosemary en Uganda, que rescata a las niñas víctimas de la violencia sexual de la sanguinaria guerrilla llamada Ejército de Resistencia del Señor (LRA); o como el doctor Denis Mukwege, que opera las mujeres violadas y torturadas por los soldados en el Hospital Panzi de Bukavu (RD Congo). Personas que han comprometido su vida a luchar contra la violación como arma de guerra desde el terreno mismo, desde el lugar en el que se encuentran las víctimas.

 

“Estos son dos elementos narrativos fundamentales: la cronología histórica de la violación en la guerra y el trabajo de la gente que quiere erradicar para siempre esta práctica bárbara y brutal. Pero nuestro principal hilo argumental no es otro que la voz de las propias mujeres”, concluye Hernán Zin. Para que el mundo mueva más y más recursos, pero también por el ejemplo de entereza y superación que son para todos nosotros estas mujeres que, “a pesar del horror padecido, deciden seguir adelante, no bajan los brazos y cuidan de sus hijos, trabajan, con dignidad y entereza
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El valor de la mirada

Por: Alfonso Carcasona 12-06-2011

Vivimos en un mundo en el que la comunicación a través de las máquinas está sustituyendo a la presencial.

Las telecomunicaciones, las comunicaciones a distancia son las verdaderas protagonistas de nuestros diálogos. Preferimos hablar por teléfono a vernos, e incluso preferimos escribirnos a hablarnos. Si además lo hacemos a través de medios como la mensajería instantánea o chats, pues mucho mejor. Mis hijos tienen una tarifa de móvil que les permite hablar gratis el fin de semana. Pues ni por esas; prefieren comunicarse a través de mensajes cortos, estresando el lenguaje hasta convertirlo en uno nuevo.

 

La otra tarde acompañé a María, enferma de ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Es una terrible enfermedad degenerativa que ataca al sistema nervioso, provocando una parálisis muscular que va afectando progresivamente al cuerpo. María tiene ya muy desarrollada la enfermedad, de manera que ya solo puede hablar, y con mucha dificultad. El resto del cuerpo está completamente paralizado.

A pesar de las dificultades, conseguimos mantener una animada conversación. María nos comprendía perfectamente, y en nuestra torpeza le hacíamos repetir varias veces sus frases, buscar sinónimos a las palabras que no conseguíamos entender. Pero sus ojos no nos equivocaban. María nos hablaba a través de sus ojos. La angustia que vivía, la tristeza en ocasiones. El cansancio cuando repetía la frase. Pero sobre todo, las ganas de vivir, de aferrarse a la vida que se le escapaba. Una mirada limpia, sencilla y a la vez poderosa dentro de su debilidad. Una mirada agradecida, tranquila.

Probablemente olvidaré el tema de la conversación, pero María me regaló esa mirada, que no creo que me abandone ya más. Aprender a mirar los ojos que te miran es algo que nunca podrá sustituir la tecnología. Espero que la generación que nos sucederá pueda llegar a aprenderlo.

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Un lugar cerca de Santos

Por: J. Lorenzo 09-06-2011

Aun a riesgo de no haber entendido al bueno de Santos Urías

(es lo que pasa con los poetas, como reconocía él hace unas poca semanas, difíciles de seguir por los repliegues del alma) en el post que en esta bitácora titulaba “Un lugar”, creo haber reconocido unas coordenadas cercanas a ese sitio en el que trata de abrirse paso “cuidando de no pisar a nadie”. Cada vez me topo con más gente, amigos unos, conocidos otros, que ya no saben identificar las señales que antes les conducían por la vida. Los hay que se han visto empujados ahí sin pretenderlo, desalojados de su espacio natural porque les han dado el cambiazo en los mapas con los que transitaban. Deambulan, conscientes de la pérdida, del extrañamiento a que se ven sometidos, por el marco de la foto en la que ya no se ven reflejados, como el hijo al que se le hace sentir un huésped inoportuno en la casa de sus propios padres.

 

En ese lugar, que yo veo habitado por tantos santos y santas del día a día, sin peana ni cofrades, muchos querrían encontrarte, Santos, para que les ayudaras a seguir buscando el horizonte, para amortiguar su desconcierto, para abrazar su soledad y no saberse totalmente perdidos.

Hace unos días me comentaban el caso de un joven que se cayó de la foto zarandeado por tanto griterío. No sabía cómo reclamar daños y perjuicios, así que se fue a apostatar. Por lo que se ve, la caída había sido muy dura. Un compañero tuyo le facilitó los papeles pertinentes y, con ellos, le deslizó palabras de consuelo que calmaron un tanto las heridas. Tras un primer momento de desconcierto, el joven firmó, titubeante, los papeles de su desahucio espiritual, pero han quedado para hablar de aquel Dios lleno de ternura. Quizás cerca del lugar donde te encuentras.

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Pentecostés

Por: Juan María Laboa 08-06-2011

Casi ochocientos mil votos en blanco o inutilizados,

varios millones que no han votado pudiéndolo, reflejan una sensación difusa de que algo va mal en nuestras vidas, en la sociedad, en nuestra forma de convivencia.

 

Michael Ende, el autor de la “Historia interminable” escuchó a unos indígenas latinoamericanos:” Hemos corrido tanto durante los últimos años que debemos pararnos si queremos que nuestras almas nos alcancen”. Somos víctimas voluntarias de nuestro ambiente y de nuestra cultura, del cambio ininterrumpido, de la búsqueda desenfrenada del placer, de los medios técnicos que parecen facilitar nuestras vidas, pero que, en realidad, nos atrapan y nos dominan. Tengo que vive apegados a un móvil al que vuelven convulsamente, para recibir, para emitir, para enterarse más.

Resulta casi imposible concentrarnos en nosotros mismos, pensar y reflexionar con la lucidez y la tranquilidad del pastor de ovejas solitario, nutrir nuestra alma con esa paz interior que le permite observar el mundo y las personas con perspectiva.

Pero nuestra situación puede ser más complicada, cuando imbuidos del ansia de tener más, de gozar al máximo, de detentar el poder, de sentirse más y con más cosas, nos lleva a vender el alma para conseguirlo. “No me arrepiento de nada” afirman en la televisión muchos entrevistados. “No siento la necesidad de Dios”, se repite con frecuencia. “No existe la verdad, todo es relativo, con mi cuerpo hago lo que quiero, quiero ser libre, todo tiene un precio y todo está en venta”. Somos capaces de vender la intimidad, la fidelidad, la honradez y la coherencia. Somos incapaces de arrepentirnos y de pedir perdón. Por un minuto de televisión, de gloria, de placer, por un puñado de oro, somos capaces de vender el alma. Hay quien vende su cuerpo, pero otros los superamos malvendiendo nuestra alma.

Durante muchos años, en los colegios mayores y en la universidad, me he encontrado con padres que se quejaban amargamente por sus hijos, pero pocas veces llegaban a examinar su modo de vida, sus valores y creencias, su testimonio personal. Nuestros espíritus han sido marcados de tal manera por la banalidad de nuestros intercambios sociales, por la mediocridad de nuestros medios de comunicación, por la pobreza de nuestros ideales y aspiraciones, que ya no son incapaces de gritar y de renovarse.

Pentecostés constituye un aldabonazo en nuestras vidas, la llamada a purificar y renovar nuestra alma, nuestra manera de ser y actuar gracias a la presencia de Dios en lo más íntimo de nosotros. Ya el profeta Ezequiel nos recuerda la actuación de Dios en un espacio de huesos resecos y sin vida:” Yo os voy a infundir espíritu para que reviváis. Os injertaré tendones, os haré criar carne, tensaré sobre vosotros la piel y os infundiré espíritu para que reviváis. Así sabréis que yo soy el Señor”. Pentecostés significa que Dios actúa en nuestras vidas, renueva nuestro espíritu, nos ayuda en nuestra debilidad y limitaciones. Nos llama de nuevo para que seamos capaces de dar un contenido a nuestra vida.

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Alarma Social

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-06-2011

Leo una más de tantas noticias: ”Tras el escándalo DSK,

las camareras irán provistas de un dispositivo de alarma”. Pues no voy a decir públicamente que no esté bien, y menos en este ambiente actual de misandria… ¡A ver quién se atreve! Pero si podemos meditar sobre otros aspectos de la noticia, la otra alarma, la alarma social que conlleva constantemente la fragilidad del ser humano y nuestro atroz miedo a la muerte y al dolor. Y a la invasión de nuestra privacidad (nuestro cuerpo, nuestra propiedad, nuestro espacio…).

 


 

Aún no la he experimentado, pero si la he visto, sentido y oído de cerca, principalmente en Calcuta y en Africa. Y tal vez por eso tengo muy claro que existe, que no la podemos negar, que no nos podemos esconder de ella. De la muerte, del dolor… Y que un día me tocará también a mí y a los míos. Ley de vida. Pero si no puedes con tu enemigo… Cuánto mejor nos iría si la aceptáramos, si nos hiciéramos sus amigos, si fuéramos capaces de entender que el sufrimiento de la Cruz nos lleva a la Gloria de la Resurrección.


 

 

Entonces tal vez dejaríamos de estar constantemente dominados por esta alarma social que nos lleva a cerrar decenas de centrales nucleares, a tirar toneladas de pepinos, a querer en todo momento controlar todo, constantemente, para negar el accidente o el infortunio, o visto de otro modo, el destino o la providencia.

Me voy a intentar explicar un poco mejor. Por supuesto que no estoy abanderando el fatalismo africano, por supuesto que hay que avanzar y es perfectamente legítimo analizar, estudiar y responder a las causas de los accidentes para salvar vidas. Pero como economista, no puedo olvidar que millones de euros tirados al cerrar alegremente centrales nucleares o vedar la entrada de productos agrícolas españoles podrían a su vez salvar miles de vidas en países en vías de desarrollo. Y por supuesto (este es ya un tema diferente para otro artículo), podemos todos intuir los intereses que pueden llevar a destruir centrales y pepinos.

 

 

La ONG que dirijo, Africa Directo, ha producido un documental: “La Guerra contra las Mujeres”, para denunciar la violación de las mujeres en los conflictos como arma de guerra. Violaciones de mujeres, la base de la familia en Africa, para que la familia se desmorone, para que se alejen de las minas de coltán y otros lugares de interés geoestratégico. Pero estas mujeres no llevan alarma, ni sus violadores  se sientan en un banquillo como se ha sentado DSK.  En estos casos, los millones de dólares no pueden provenir de la fianza del acusado, sino del botín de guerra. Y esto decanta la balanza de la justicia en otro sentido…
 

 

Aun recuerdo aquella vez que viajé a Africa, y aproveché el periódico del avión (cuando aún daban periódicos) para dárselo al llegar a un misionero español (un muy querido y admirado Padre Blanco llamado Jesús). Y recuerdo como lo ojeó y al cabo de un minuto me señaló como aparecía la foto de la pobre Anabel Segura en la portada porque llevaba 100 días desaparecida. Pero en el interior, en una página de dos dígitos, aparecía una noticia de no más de cinco cm. de extensión sobre una matanza entre hutus y tutsis que arrojaba la cifra de ¡30.000 muertos!

Creo que este artículo está dando base para muchos más, así que no me alargo y de momento lo cierro con un “consejo publicitario”, como dicen en la tele… Un spot de Africa Directo muy recomendable que me gustaría mucho que vierais y difundierais. Habla de “los nadies”, que valen menos, como dice el poema de Eduardo Galeano, “que la bala que los mata”: 

http://www.africadirecto.org/index.php?m=Emergencias&eid=72
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Un lugar

Por: Santos Urias 01-06-2011

Busco un lugar. Detrás de la mesa o en el descansillo de la entreplanta.

Un lugar donde mirarme al espejo y reconocerme. Parece que el tiempo de locos se llena de dardos y de bilis que poco o nada tiene que ver conmigo. Unos y otros se parapetan detrás de sus miedos y de sus seguridades y se olvidan de la poesía de vivir.

 

El verbo hecho carne nos mira de reojo ante la verborrea descarnada que se expande en los mercados, en los mítines y en los púlpitos. La buena gente camina cada mañana, desayuna o ayuna, sale a pasear con los rayos del sol y, como la marea, viene y va al albor de los flujos de la luna.

Yo sigo olfateando un sitio. Me he quedado fuera de la foto, medio dentro medio al margen, abriéndome paso como puedo, cuidando de no pisar a nadie, jugando con los codos. He rastreado entre los amigos, compañeros de camino: muchos cansados han escapado del frio y de la soledad; otros complacidos se han dejado seducir por el “qué le vamos a hacer”… Y el “buscador” a tientas no quiere renunciar a la ternura ni a volar más alto.

¿Se ha perdido el lugar? ¿Tal vez lo han escondido? ¿O es que nunca ha existido? ¿Es un punto en el horizonte? ¿Un ciego espejismo?

Algo o alguien en el corazón me dice que no anda lejos. Tal vez se haga de rogar por aquello de la

utopía,

pero el viento del norte sacará la música y llenará de pájaros mis pupilas. Y si no me encontraréis roto al borde de un charco apurando las gotas de lluvia que el cielo con sus labios nos regala

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