Lunes 25 de Septiembre 2017

Estad en vela

Por: Xabier Azcoitia 28-04-2011

Hola Amigos

A lo largo de la Semana Santa se nos ha pedido que pasemos tiempo en vela. Velad, velad… estad atentos. Tened toda vuestra conciencia puesta en aquello que está aconteciendo.
 

Camino a Emaús o en este nuevo Cenáculo de Tomás, se nos Re-vela y Des-vela aquello por lo que teníamos que estar previamente en Vela: Que aquel que está presente en el Huerto, silente en la Cruz, es Compasión y Hospitalidad en su Exaltación.
 

Estad en vela porque no hay ausencia. Estad en vela porque camina a tu lado. Y velando mi vela se consume; pero no se gasta ni se apaga. 
 

Velando me abandono en Aquel que por mí/nosotros siempre está en Vela.
 

Feliz Pascua

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Semana Santa Peregrina

Por: Alfonso Carcasona 27-04-2011

Desde hace algunos años, dedico la primera parte de la Semana Santa,

la que va desde el Viernes de dolores hasta el Miércoles santo, a recorrer en familia, etapas del camino de Santiago. Empezamos en San Juan de pie de puerto, y esperamos llegar dentro de tres años a Compostela.

 

Es un tiempo de pausa, en el que nos dedicamos solo a nosotros. Desconectamos los teléfonos móviles, no atendemos emails. Por unos días, nos transportamos en el tiempo, nos aislamos del frenético mundo en el que vivimos. Son momentos de familia, de confidencias, de conversaciones, de risas, para algunos de canciones. De soledad buscada, de oración si quieres. De esfuerzo por la caminata, con la recompensa del almuerzo en lugar siempre cercano al albergue donde nos hospedamos. De visitas a los monumentos levantados a lo largo de los siglos, principalmente iglesias románicas este año. De celebraciones conjuntas, de descubrimientos, externos e internos.
 

Recorremos entre 100 y 120 km en cinco etapas. Durante el resto del año, más de 2000 corriendo en preparación de mis maratones. Durante ese tiempo también hay conversaciones y risas. Menos confidencias. Hace años un amigo me hizo un símil de la vida de otro conocido. “Da muchos pedales, pero no se da cuenta de que está sentado en una bici estática, no va a ninguna parte, no se mueve.”
 

El camino te enseña que durante 360 días del año la mayor parte del tiempo estás sentado en esa bici estática. En esos cinco días su humilde austeridad te ayuda a avanzar en la vida mucho más que el resto del año. El camino te enseña que lo importante no es la meta, sino el camino. La meta no es más que un final a partir del cual volvemos a empezar. Cada mañana somos hombres/mujeres nuevos, dispuestos a disfrutar de la belleza de la ruta del día, de la dureza o benignidad de las condiciones climatológicas o de la orografía. De las conversaciones y confidencias con otros peregrinos, sean conocidos o no. De los momentos de soledad, nunca de aburrimiento.
 

Sin duda es una magnífica preparación para los días en los que se celebra la pasión de Cristo, en la que celebramos el final de su vida y su resurrección. Es una Cuaresma express, reducida de 40 a 5 días. Gracias a Jesús los cristianos sabemos que la vida es camino y que la muerte no es más que el final de una etapa que da pie al comienzo de una nueva.
 

Xistros Anesti!
 

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Secretas Palabras de Vida 3.- QUEREB

Por: Dolores Aleixandre 26-04-2011

“Hoy día, si no estás en Facebook o en Twenti no eres nadie”.

Escuchamos la sentencia con sobresalto: ¿y si nos hemos quedado excluidos de las redes sociales que garantizan contactos sin fin e infalibles proximidades? ¿Y si es verdad que fuera de ellas no hay salvación y sólo nos aguarda “llanto y rechinar de dientes”? Porque desde tiempo inmemorial veníamos manejando en la conversación referencias espaciales: “tengo un gran peso dentro”, “esta persona me resulta muy cercana”, “estaba fuera de sí…” Pero ahora las cosas han cambiado y parece que internet es condición indispensable para acceder a la proximidad, aunque se esté dando la realidad paradójica de un mundo en el que nunca habíamos estado tan conectados y tan solos al mismo tiempo.

 

Cuando nos da el arrebato de la sinceridad, reconocemos que el acceso a la propia interioridad se nos hace cada vez más difícil y que, centrifugados hacia fuera, flotamos en una cultura líquida y no nos resulta fácil contactar con ese que sabemos es el “dulce Huésped” de nuestra alma, y que no deja que se apague del todo en nosotros esa nostalgia que evoca el antiguo canto “Cerca de ti, Señor, quiero morar…”

La Biblia hebrea conoce bien el tema de lo cercano, lo contiguo y lo vecino y posee un término, qéreb, que evoca el centro de un ser vivo, lo que hay dentro de él: vísceras, entrañas, interioridad e intimidad. Hace referencia al contacto, a la proximidad y a la inmediatez en el espacio o en el tiempo. En el qéreb se aloja el corazón y los salmistas lo expresan así: “ardía mi corazón en mi qéreb…”,”se retorcía en él…” “llevo en mi qéreb un corazón traspasado” (109, 22; 39,4). Por eso un orante suplica: “crea en mí un corazón nuevo y un espíritu firme en mi qéreb (Sal 51,12).

Es el espacio en el que se aloja la vida (“el alma”): el hijo de la viuda que sustentaba a Elías había muerto y el profeta reclama a Dios en su oración que haga retornar la vida al qéreb del niño (1Re 17,21). En ese centro profundo del ser se  experimenta la angustia (Sal 94,19) o los anhelos más profundos: “Mi espíritu en mi qéreb suspira por ti…” (Is 26,9). Expresa el “estar dentro de algo, en su centro”: el Señor está en el qéreb de su pueblo (Dt,11,4; Sal 36,2), en el qéreb de su corazón (Sal 36,2), bendice ahí a sus hijos (Sal 147, 13) y hace una promesa asombrosa: “Llegarán días en que pondré en su qéreb mi espíritu” (Ez 36, 26), “escribiré mi ley en su corazón” (Jer 31,33).

Para presentar en una especie de performance la aventura relacional de Israel con su Dios, el profeta Sofonías propone visualizar la ciudad de Jerusalén como un espacio que se disputan Dios mismo y unos ocupantes indeseables que son “príncipes rugientes como leones, jueces como lobos hambrientos, profetas que fanfarronean, sacerdotes que violan la ley”. ¿Quién logrará apoderarse del qéreb de “la hija de Sión”? El desenlace de esta tensión dramática es que el Señor triunfa dejando en ese centro un pueblo pobre y humilde y expulsará a sus enemigos: “No temas, Sión, el Señor tu Dios es en tu qéreb un soldado victorioso...” (Sof 3, 3-4; 12-17). Otro profeta lo proclama con gozo exultante: “¡Qué grande es en tu qéreb el Santo de Israel…!” 

Cuando Dios se muestra “cercano” (Sal 85,10; 145,18), realiza la acción de “acercar a sí” a su pueblo y esa experiencia merece una proclamación de bienaventuranza: “¡Dichoso el que tú eliges y acercas!” (Sal 65,5). Y es que la verdadera identidad de Israel y también su orgullo consiste en ser “su pueblo cercano”, “el pueblo de sus íntimos” (Sal 148,14) y afirmar que “Dios está en su qéreb y no puede sucumbir” (Sal 46,5).
 

“Soy Dios y no hombre, santo en medio de ti” (Os 11,9): ese Dios santo está siempre más allá de cualquier pretensión de control o dominio y por eso reivindica su soberana libertad: “¿Soy yo Dios sólo de cerca y no Dios de lejos?” (Jer 23,23). Esa distancia pone en marcha en los orantes el deseo y la búsqueda: “Acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos…” (Sal 69,19), aunque esa proximidad no será nunca “barata”, ni compatible con la injusticia: “Les gusta tener cerca a Dios”, ironizaba Isaías denunciando un culto que les tranquilizaba dejando a salvo su avaricia (Is 58,2).
 

Podemos preguntarnos con la imagen de Sofonías si nuestro qéreb está amenazado por “okupas” indeseables y cuánto espacio les dejamos.

Y aprovechar este tiempo de Pascua para abrirnos a la vecindad con el Resucitado que se nos hace cercano en nuestro camino cuando menos lo esperamos.

O saludarle con palabras de Rainer Maria Rilke:

Oh tú, Dios Vecino,

si en la larga noche

te molesto alguna vez con recios golpes,

es porque apenas te siento respirar,

y porque sé que estás tú solo en la sala

y si algo necesitas nadie está ahí

para acercarte el vaso que a tientas buscas.

Yo escucho. Hazme una breve señal.

Yo estoy muy cerca de ti.
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Los sueños rotos

Por: Santos Urias 25-04-2011

Se me han roto los sueños. Se cayeron como un jarrón y se quedaron ahí en el suelo hechos trizas.

Los reyes son los padres. La magia del regalo, del don, se pervierte en egoísmo.
 

La inocencia salió a pasear y se perdió en el bosque del interés y del deseo.
 

Las promesas cumplidas se han escondido en el laberinto de las quimeras y pisan de puntillas sin
hacer ruido.
 

Las voces del corazón estaban grabadas, se han agotado sus sonidos o se repiten como una jaculatoria.
 

En la tierra prometida no mana la leche y la miel, hay supermercados chinos donde no te miran a los ojos sino a la cartera, abiertos a todas horas.
 

Me dijeron que a esperar, que está a punto de llegar, pero este autobús se averió o cambió de ruta y en la parada hace frio.
 

Me dibujaron el cielo con versos de colores y música de niños, pero el cuadro se quemó con el fuego de una pintura del Bosco y sólo quedan las cenizas.
 

Dijeron que este reino era de justicia, de sencillez, de cordura, de libertad y de misericordia; y en la entrada hay unas torres que vigilan, observan y castigan, denuncian y amedrentan, mientras algunos trepan por sus paredes introduciendo los dedos por las rendijas de las piedras para llegar más alto.
 

El trabajo es distinto: se trabaja para vivir, no se vive para trabajar. La existencia es una vocación; realizarse en el hacer; ser feliz haciendo felices a los demás. Pero en tu agenda no hay domingos, ni fines de semana, ni días de asueto, ni momentos de gratuidad o de ocio. Tienes que justificar el descanso como si fuera un “delito”: el viajar, la amistad, el silencio. Siempre hay rabillos de ojo que te juzgan.
 

Se me rompieron los sueños y ya me duele, porque los sueños no se deberían romper, por algo son sueños. Quizás esta noche me duerma. Quién sabe, a lo mejor una mano me arranca la pesadilla y me devuelve las flores y los besos…
 

Pero bueno, ya estoy soñando otra vez.
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Oscar celeste

Por: Juan María Laboa 24-04-2011

La academia de alabanzas angélicas había programado una mención boreal para la página Web

que más comentarios positivos provocase en los corros angélicos. No concedían premios porque estaban convencidos de que en las horas de asueto no se hablaría de otro tema, al menos, durante un día. En un plis plas se recogieron multitud de páginas y comenzó la lectura, la selección y los juicios, siempre caritativos, pero, no por ello, menos rigurosos, de cuanto se estaba escribiendo.

 

Llegó el momento de examinar “Bitacoradeperegrinos”, que se redactaba en Madrid, pero que ya se encontraba presente en todos los ámbitos de encuentro celestiales. El día en el que se acometió la tarea era el de Resurrección o día de la Vida y de la Luz, homenaje universal al Hijo de Dios.

El arcángel Imaginación distribuyó la tarea entre los serafines: indagaban la opinión sobre las diversas columnas, materia y forma, creatividad y ejemplaridad, teniendo, también, en cuenta la opinión que los ángeles de a pie tenían sobre los autores y contenidos.

El estruendo complaciente de la Vírgenes por Dolores Aleixandre señaló una primera orientación, aunque se pensó que convendría examinar si se trataba de una opinión de género. Pronto se descubrió que la admiración abarcaba todos los ámbitos. Hermanitos y Hermanitas de Jesús, cistercienses, benedictinos y otras especies variadas de entusiastas. Incluso gustaba a las religiosas de su orden, incluida “virgo potens”. En las alturas, mostraban su complacencia por su sentido del humor. “Es lo que falta en bastantes libros de la Biblia”, se afirmaba.

El Club de Poetas, organizado por la Dominaciones, se decantaba decididamente por Santos Urías, estudiado con interés por sus especialistas más sensibles. La poesía era una materia obligatoria en las academias celestes, pero escaseaban los expertos en las tendencias más actuales. Urías se había convertido en un punto de referencia decisivo y los últimos textos se encontraban en Bitacora.

Sobre Laboa había llegado un gesto indescifrable de la curia diocesana madrileña y una carta laudatoria, aunque con la sobre impresión “top secret”, del arzobispo emérito de Pamplona. La una parecía compensar el otro, aunque resultaba complicado descifrar los sobreentendidos. De todas maneras, los papas alabados en su historia hablaban bien de él y los que suspendían el examen no se atrevían a comentar el tema.

Carcasona se ha convertido en un clásico en el gabinete angélico de estudios de la sociedad humana. Sus análisis sobre conductas y desfachateces humanas se discuten y desmenuzan en las reuniones de ángeles de la guarda y algunos de sus juicios están en todas las agendas de los ángeles de las naciones.

La dedicación de Xavier enternece a todos los discípulos de Jesús. El dolor de los hombres acongoja a quienes viven con Dios, por eso, sus experiencias y consejos son seguidos muy de cerca. Da la impresión de que en el cielo no hay enfermerías ni cuidados paliativos, pero apasionan nuestros esfuerzos por aliviar nuestras limitaciones.

El día de Pascua de 2011, dia de la Vida, el Poder y la Gloria, se ha repartido en el cielo, a todos los beatos, un ejemplar de Bitácoradeperegrinos, como señal del agradecimiento de los creyentes por la cercanía de Dios, y de la complacencia angélica por nuestros juegos de chiquillos.

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Primavera

Por: Santos Urias 24-04-2011

Corre la primavera, vuelan los pájaros, saltan los cuentos, brotan las flores por las alcantarillas,

llueve en los tejados de cartón. Tan pronto sale el sol como se esconde. Las miradas se hacen mieles y rebuscan en el néctar de otros ojos. Hay bullicio en la ciudad: es el ruido de las voces, de las danzas, de la guitarra y del acordeón. La luna nos mira con los ojos bien abiertos, no es para menos, la muerte y la resurrección se hacen compañeras de camino. Cruzan la calle desde la residencia hasta la capilla; desde el orfanato hasta la cocina; desde el hospital hasta las fuentes del parque. Todo parece reventar de vida como en un estornudo de Dios firme y contagioso.
Quiero salir a la calle descalzo, sentir el cemento o la tierra bajo mis pies. Volar extendiendo mis brazos, con los ojos cerrados. La distancia no existe para el que cree, tú estás a mi lado y escucho el latido de tu corazón junto al mío como un diapasón que se balancea al tempo.
Corre la primavera y quiero barrer con mi escoba los restos de los naufragios que arrastraron las mareas del invierno: guerras egoístas, baños de sangre por el precio de un poder, almas sin aliento anoréxicas y pírricas. De cada rincón sacaré un almendro, un cerezo o una gardenia. Los jazmines llenarán la noche de aromas intuidos. El correr de los arroyos arropara mis últimos bostezos. Me dormiré junto a ti, en un sepulcro vacio, al pie de un sudario recogido, donde ya no está la muerte y sólo queda el estallido del eterno color.
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Resultados

Por: Dolores Aleixandre 21-04-2011

Buscando en You Tube una conferencia reciente de Willigis Jager, veo otra más antigua con este título: “La humildad”

pero, cuando intento dar con ella, lo que aparece en pantalla es: “esta búsqueda no obtiene resultados”. No me extraña demasiado porque “humildad” y resultados” suelen estar de suyo bastante distanciados, salvo para un puñado de chalados por el Evangelio que andan sueltos por ahí. Busco la palabra “resultado” en el diccionario de sinónimos y salen a mi encuentro: logro, éxito, provecho y productividad, todos vestidos de Armani, saludándome encantados y sonriéndome con sus dentaduras blanquísimas. Esto es ya otra cosa, pienso, y en este lenguaje ya nos entendemos todos, desde Botín hasta Mourinho, pasando por la SGA, la JMJ y el chino de la tienda de todo a cien,aunque él plonuncie lesultado.

 

Echándole imaginación, se me ocurre que es como si el Padre, después de arreglarle bien el nudo de la corbata al Hijo y comprobar que no le faltaba nada en el maletín, lo hubiera enviado con esta recomendación: “Hala hijo: a obtener resultados”. No le dio ningún ejemplar del Manual del Triunfador, pero quedaron en que se conectarían cada madrugada para diseñar juntos la estrategia del día.

Empezó por domiciliarse entre nosotros en un pueblo perdido que ni siquiera aparece en la guía Michelin (mal empezamos) y respondía al nombre de Jesús. Estudios, los justitos; el arameo, con acento galileo y el griego, lengua del imperio, flojísimo. Se puso a currar en un taller y algunos pensaron que iba a montar un franquiciado de exportación de maderas. Pero no, fue un chasco para todos: esperó a cumplir los 30, edad evidentemente tardía cuando a esas alturas otros más jóvenes presentan ya resultados exitosos. Y él, sin pisar business school alguna, se puso a buscarlos con métodos rarísimos. Ideas e innovación no le faltaban y parecía emprendedor pero en seguida los entendidos vieron que no paraba de cometer errores: “No está en sus cabales” comentaban los de su entorno (Mc 3,21): qué desperdicio de recursos y de posibilidades, qué mal le asesoran esos socios insolventes de los que se ha rodeado, qué falta le está haciendo un coach que le espabile y le ayude a establecer un plan en acción con mejores expectativas porque, con el marketing que emplea, que se despida de obtener ganancias. No se puede ir por la vida confesando que no tiene dónde reclinar la cabeza, afirmando que el dinero es como un coágulo en la sangre que te detiene el flujo vital, que a los pobres no hay quien los gane en alegría y que no conoce mejor inversión en bolsa que la de ganarse amigos. Declaraciones como esas generan inestabilidad y alarman a los inversores. Vas derecho a la crisis, chaval, cotizas a la baja, prepárate a la suspensión de pagos o incluso a algo peor.

Y lo peor llegó: fracasó su empresa, se hundió su proyecto, se fugaron sus socios, todo se vino abajo, terminó por quebrarse él mismo. Se reían al verle tan hundido: “Mirad cómo ha acabado el que se empeñaba en arreglar el mundo…” Borraron su nombre de la lista de los vivos, los eficaces, los competentes y los VIPS y pusieron una losa encima de su recuerdo.

No lo consiguieron. Sigue vivo entre nosotros y su memoria continúa transmitiéndose de boca en boca y encandilando a muchos que dedican sus vidas a la empresa creada por él, empeñados en seguir sus mismos extraños métodos de gestión.

Con todos ellos esperamos en silencio el bonus que concede el Padre a los resultados de su Hijo y que inundará de luz la noche del Primer Día de la semana

Feliz Pascua a todos y enhorabuena: es tiempo de reparto de dividendos.

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La fuerza de la debilidad

Por: Juan María Laboa 14-04-2011

Comentó en una ocasión Jean Vanier, el fundador del movimiento El Arca, que “nacemos débiles, morimos débiles y pasamos toda la vida intentando

Luchamos con todas nuestras fuerzas para superarnos, para sobresalir, dominar, aplastar, imponer, triunfar. Al final, hayamos conseguido los éxitos que hayamos conseguidos, el declive es imparable y nuestro final se desliza hasta convertimos en polvo.

 

Sin embargo esa prepotencia y anhelo de poder y fortaleza van ineludiblemente acompañadas de muerte, desconsuelo, angustia, traición, desconcierto, infidelidad, egoísmo. Resulta muy difícil compaginar el poder y la gloria humanos con el equilibrio personal, la compasión por quienes sufren sus limitaciones, la solidaridad con los ciudadanos comunes, el equilibrio con una realidad contaminada por la publicidad y los contravalores sociales.

Jesús habló, a menudo, de quienes se agarraban a los inmediato abandonando lo urgente: el joven rico, que desperdició el encuentro de su vida; el negociante exitoso que soñó horas antes de morir con la necesidad de construir más almacenes; los discípulos que se agitaban por estar a la derecha y a la izquierda del Señor solo por motivos egoístas; los orgullosos intérpretes de la ley, dispuestos a apedrear a la pecadora inconscientes de sus muchos pecados; el fariseo tan orgulloso de sí mismo que era inconsciente de su pobreza ante Dios . Todos eran débiles, pero procuraban ocultarlo con sus máscaras y prepotencias. Es decir, si el poder y la gloria nos lleva a deshumanizarnos, conocernos menos, alejarnos de los hombres, despreocuparnos de sus necesidades, terminamos por ser más débiles en el sentido peor del término.

Los cristianos nacemos en Belém y morimos en la cruz. Pues bien, a pesar de que nuestra constitución, hecha de debilidad, y nuestro itinerario personal resulta inequívocamente frágil, llevamos dos mil años compitiendo con los poderes terrenales, buscando ser más grandes que ellos, más poderosos e influyentes. Nuestro historia demuestra, por el contrario que, cuando la iglesia es rica, omnipresente, con obispos con mitras y cruces llenas de piedras preciosas, con cristianos ricos en las primeras filas de los ritos y de las epifanías eclesiales, el evangelio se convierte en un código de conducta edulcorado y en un club privado de buenas maneras y políticamente muy correcto, con menos capacidad de evangelizar y de dar testimonio de lo necesario. Mientras que la fuerza es el opio de los poderosos, la debilidad y la humildad se convierten en la potencia de Dios,

Porque Dios es desde siempre el único Señor, el Creador, el todopoderoso, el alfa y el omega de todo lo creado, y lo seguirá siendo por toda la eternidad. Pero, en su encarnación, elige vivir en debilidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado. Ha elegido la pobreza, la compasión y la ternura como rasgos de su presencia entre nosotros y, de esta forma, nos ha amado, nos ha salvado, se ha hecho hermano y nos ha revelado al Padre.

Cristo en la cuna de paja, en el desierto pedregoso, en Getsemaní, sobre el borrico entre las palmas, ante Pilatos y en la vía Dolorosa, nos enseña que debilidad, conciencia de ser limitados, sencillez, fraternidad, acogidas y vividas con naturalidad, dan un sentido a nuestra manera de ser y nos introducen en la manera de ser de Dios. La debilidad, considerada como rémora, se convierte para el que la vive como fuerza de Dios en camino de comprensión, de autorealización, de acompañamiento y de hermanamiento.

Creo que se trata de una buena manera de comprender la Semana Santa.

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Conmemorar en tiempos revueltos

Por: Juan María Laboa 10-04-2011

Todos tenemos a punto el programa de Semana Santa. Queremos disfrutar a tope de estos días y

nos disponemos a visitar nuestra segunda casa o a viajar a esos lugares que nos encandilan, o esquiar, tomar el sol y conocer ciudades. Son días de vacaciones, de descanso merecido, de interrupción de tareas.

 

Sucede que estos días coinciden con una de las conmemoraciones cristianas más significativas, los días en que recordamos con una liturgia que nos viene de los primeros siglos la muerte y resurrección de Jesucristo. En multitud de pueblos los acompañan de actuaciones que subrayan llamativamente la simbología litúrgica, atrayendo turistas y paisanos emigrantes: tambores, empalamientos, azotes, representaciones teatrales.

Sin embargo, poco a poco, el turismo, el descanso, la pereza, tienen más importancia que la razón de ser última de esta semana, empobreciendo nuestra experiencia cristiana y privando a nuestros jóvenes de puntos de referencia importantes para su identidad cristiana.

No resultaría difícil, sin embargo, compaginar ambos intereses colectivos y personales. Está claro que no volverá a repetirse el ambiente de tristeza y austeridad (y aburrimiento) que acompañaban estos días hace unos decenios, pero tampoco resulta necesario ni, probablemente bueno. Una conmemoración participada de la misa del jueves santo, en la que recordamos la institución de la eucaristía, de los ritos llenos de fuerza y emoción del viernes santo y de la alegría de sentirnos involucrados en la resurrección de Cristo, el domingo de Pascua, puede perfectamente compaginarse con el descanso gozoso de la vacación. El sentirnos creyentes en momentos tan especiales enriquece nuestra vida y fortalece nuestras creencias y sentimientos. Los jóvenes, por su parte, necesitan introducir en su vida estos signos y celebraciones que jalonan los tiempos del año y que forman parte de nuestra fe y de nuestra cultura.

El amor de Dios se nos ha dado. Está ahí, a nuestro alcance. Podemos gozarlo o no, aprovecharlo o no. Depende de nosotros. Una vez más, podemos elegir entre lo que es correcto, lo acorde con un sentimiento religioso que renueva una historia que forma parte de nuestra vida, y lo que es fácil, es decir la pereza de la rutina.

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¿Ficción?

Por: Alfonso Carcasona 07-04-2011

Me sorprende el anuncio de la Sexta para promocionar el partido de fútbol Madrid-Barsa.

Escena: una joven embarazada llega a su casa con dolores. Abre la puerta con dificultad y se encuentra a su compañero/marido/colega, vaya usted a saber. Se miran a los ojos, ella con cara de dolor, él con cara de incredulidad. La siguiente escena es en la puerta de la casa. Llega el taxi, ella se sube en él, y el individuo le dice al taxista, desde fuera del taxi: al hospital central, deprisa… Y se sube a casa a ver el partido.

Uno de los requisitos de la publicidad es que llame la atención. Conmigo desde luego lo ha conseguido. Nos podríamos encontrar ante la eterna pregunta acerca de si el fin justifica los medios, pero me temo que en este caso, ni siquiera nos la planteamos. Probablemente, mucha gente lo verá como algo normal. Es una cuestión de prioridades, y me da la sensación que nuestra progresista sociedad las ha subvertido de tal manera que a muchos el anuncio ni siquiera les haya llamado la atención. Pobres creativos. Cada vez han de ser más salvajes ante nuestra retorcida lista de valores.
 

El anuncio es emitido por supuesto en horario infantil, de manera que tus hijos vean como algo normal anteponer tus intereses egoístas a los de la pareja, o tu ocio al nacimiento de tu hijo. ¿Qué cosas más importantes puede haber en la vida que asistir al nacimiento de tu hijo? Desde ahora, según la Sexta, un partido de fútbol.
 

¿Es esta la sociedad que estamos construyendo? Pan y circo fue inventado hace muchos años, en plena decadencia del Imperio. ¿Signo de nuestros tiempos? Hoy los acontecimientos se precipitan a una velocidad infinitamente superior a la de antaño. Nuestra adormecida sociedad necesita de gestos distintos. Podríamos aprender de otras culturas, podríamos bucear en nuestra historia. ¿Pero quién tiene tiempo en esta hedonista sociedad?
 

Desde esta bitácora me permito reflexionar en voz alta. Me obliga a pensar, a pararme. A compartir mis pensamientos con los que tenéis la paciencia de leerlos. ¡Qué importante es prestar atención a los signos! E intentar actuar en consecuencia.
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Me miras mientras duermo

Por: Santos Urias 06-04-2011

Me miras mientras duermo. Como se mira a la luna; como se observa un punto en el horizonte; como abraza la bahía la luz del atardecer.

Me miras mientras duermo y acunas mis silencios, arrullas soledades, “naneas” esos miedos que se esconden en mis parpados.

Me muevo inquieto entre el desconcierto y la premura, pero tus ojos acallan los pensamientos, inventan un cuento nuevo para cada nuevo despertar.

El flujo de tu aliento me envuelve como una bruma matutina. Pero eres el faro que parpadea inerme, constante, repetido. Tus manos mesan mis cabellos. Yo no sé nada, estoy dormido; entonces tus dedos se quedan enredados en mi pelo, juegan al escondite, cuentan hasta cien. Las sábanas parecen protegerme aunque en realidad estoy desnudo: descanso desnudo; vivo desnudo; muero desnudo.

Es tu música la que me hace sentir seguro. Ese canto de estrellas que danza por el aire. Esa voz cálida que no siempre se escucha pero está.

La tierra sigue girando y yo en mi lecho giro con ella. Vuelta con vuelta; mareando la perdiz. La cabeza es como la tierra: gira y gira; vuelta con vuelta; mareando la perdiz. Y al fin el ocaso. El momento de la inactividad; el instante en el que cesa la prisa; la ocasión de la humildad; el guiño del don. Entonces, vencido por el cansancio y por mis ganas de ser dios, me duermo. Y tú a mi lado me miras con ternura. Te ríes y me piensas. El silencio de la noche salta en diálogo fecundo: Tu mirada, tu pequeño. Podríamos estar así una eternidad, pero basta una vida.

Cuantas veces te busco y no te encuentro. Pero cuando todos se esconden, cuando se apagan las luces, cuando las nubes se mecen con los halos de la luna, al pie de mi cama me miras mientras duermo.

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Secretas Palabras de Vida: MENUJAH

Por: Dolores Aleixandre 02-04-2011

Nos la venden desde todas partes, y nosotros sin saberlo:

tiene que ver con los paisajes solitarios, serenos perfectos para el descanso de los anuncios turísticos. Los bancos nos la prometen como tranquila seguridad para nuestras inversiones y los planes de pensiones nos la garantizan para disfrutar de una vejez sin sobresaltos. Los que frecuentan los spa aseguran haberla conseguido junto con el relax y también los que, después de un chequeo médico satisfactorio, se sienten en completa armonía corporal.

 

La conocía ya la gente que puebla la Biblia y la llamaban menujah: un estado de tranquilidad, reposo, descanso y sosiego que tiene mucho que ver con lo que se vive el Sábado, ese día santo en que el Señor descansó y al que, como si fuera un ser viviente, “bendijo y santificó” (Gn 2,3). Por eso el Sábado no debe parecerse a ninguno de los otros días de la semana: los otros seis, dice la tradición judía, nos han sido entregados para continuar la obra de la creación y el trabajo que realizamos en ellos nos convierte en cooperadores de Dios. Pero el séptimo día ya no estamos vueltos hacia el mundo para transformarlo, sino enteramente dirigidos a Dios para asimilarnos con Él. “El mundo es el dueño de nuestras manos, dice el judío Abraham Heschel, pero nuestro corazón pertenece a Otro. Durante seis días de la semana luchamos contra el mundo, arrancando sus riquezas a la tierra: el Sábado cuidamos la semilla de eternidad plantada en el alma”. Por eso el Sábado es el día de la menujah.
 

Es un término que abarca muchos sentidos: Jer 51,59 habla de un “jefe de la menujah” refiriéndose a la intendencia que hace desaparecer la inquietud del desabastecimiento. La paloma que soltó Noé después del diluvio fue la primera en buscar la menujah de un lugar para posarse: no lo encontró y Noé tuvo que extender su mano, tomarla y meterla otra vez consigo en el arca (Gen 8,9).
 

Se desea para las personas a las que se quiere: Noemí quería que sus dos nueras viudas volvieran a encontrar menujah en la casa de nuevos maridos (Rut 1,9) y, cuando Rut decide quedarse con ella, su suegra le dice: “Hija mía, ¿no tengo que buscar yo menujah para ti para que te vaya bien?” (Rut 3,1).
 

A David se le ocurrió que tenía que construir un templo para menujah del arca (1Cro 28,2), pero el Señor le deja muy claro que eso de “conceder menujah” es cosa suya y no tarea humana. Y eso desde el tiempo en el que cuando caminaban por el desierto, “el arca de la aliaza del Señor iba delante de ellos buscándoles un lugar de menujah (Num 10,33). Por eso será Él mismo quien elegirá Sión como lugar de su menujah (Sal 132,14).
 

A veces Israel es consciente de ese don y lo agradece: “Bendito sea el Señor, que ha dado menujah a su pueblo Israel, conforme a todo lo que prometió (1Re 8,56), decía Salomón; él había recibido como nombre “hombre de menujah” según la promesa de Dios: “Yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor, pues Salomón será su nombre y en sus días daré paz y menujah a Israel” (1 Cro 22,9). Por eso el orante del Salmo 23 es consciente de que si se dirige a “las fuentes de la menujah es porque su pastor lo conduce a ellas. 
 

Cuando el pueblo se aleja de la alianza con el Señor, lo primero que pierde es la menujah y escucha una tremenda amenaza: “Ciertamente no entrarán en mi menujah “(Sal 95,11). Su dura cerviz le acarreará el no hallar menujah ni reposo para la planta de su pie (Dt 28,65) y cuando marche al destierro de Babilonia, los que se lamentan de su destino le compadecerán porque “habita entre las naciones sin hallar menujah” (Lam 1,3) .
 

A lo largo de su historia, Israel va aprendiendo trabajosamente que “entrar en la menujah” de su Dios (Sal 95,11) no es nunca resultado de su esfuerzo ni de la ansiedad con que lo busca, sino que la recibe siempre como un regalo inmerecido
 

La última invitación a disfrutar ese don viene de la promesa de Jesús en el evangelio de Mateo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os daré descanso” (Mt, 11,29). El término empleado, anapausis, es uno de los que con más frecuencia emplea la Biblia griega para traducir la menujah hebrea
 

Nosotros podríamos preguntarnos por el rincón secreto de nuestro corazón en que se esconde esa menujah y también a qué o quiénes hemos dado poder para arrebatárnosla
 

Y también si vamos persiguiéndola y buscándola por cuenta propia o si nos vamos arrimando a Aquel que es su fuente y se la pedimos como un regalo maravilloso que luego podremos compartir con otros.
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Empezar de nuevo

Por: Xabier Azcoitia 01-04-2011

Esta reflexión está dedicada a la gente de mi quinta.

Transitamos por unas edades en las que corremos el riesgo de ser desplazados profesionalmente por la siguiente generación. Este riesgo se ve agravado por la crisis de empleo que azota nuestro país, y que en este ejercicio no tiene pinta sino de agravarse.

Llevamos más de veinte años trabajando, generalmente en los mismos sectores que empezamos. Nuestro mundo profesional ha cambiado de manera terrible desde nuestros inicios. ¿Alguien recuerda cómo trabajábamos sin teléfono móvil, sin correo electrónico, sin acceso a internet? ¿Cómo hacíamos las operaciones en pesetas, recién estrenado nuestro ingreso en la unión europea? Y hemos sido capaces de adaptarnos hasta el uso de las redes sociales, de la incorporación del comercio electrónico a nuestra carrera profesional.

Pero el mundo, como siempre, no se detiene. Seguimos necesitando de esa capacidad de adaptación al medio, cada día más cambiante, y de manera más rápida. Tenemos la experiencia, sí, no solo la acumulada en contenidos, en gestión, sino en adaptación. Tenemos la responsabilidad, asimismo, de asumir más protagonismo en la sociedad civil. Tengo la impresión de que seguimos eclipsados por la generación anterior, y que solo la indolencia de los que nos siguen ha impedido que seamos una “generación perdida”. Quizá estemos demasiado preocupados mirándonos el ombligo, y estemos dejando pasar la oportunidad. Nos quejamos, nos sentimos impotentes. Apuntamos soluciones, pero no nos comprometemos. Y alguien lo hará por nosotros, o nos iremos al carajo.

Mi amigo Cami es uno de mis referentes en este campo. Coherente con sus ideas, tomó una valiente decisión profesional hace meses, que le supuso un recorte en sus ingresos. Desde ese mismo día fue enteramente libre para hacer lo que sospecho le incomodaba en su anterior situación profesional: empezar cada día de nuevo. No se preocupa de si su entorno le entiende, porque sabe que está haciendo lo correcto. Trabajar, buscar oportunidades de mejora, nichos de mercado donde su influencia pueda hacerle un hueco, facilitar las cosas a los consumidores, y con ello mejorar sus ingresos.

Otro amigo, antes de causar un desastre en mi ordenador, me dijo que la vida era de los valientes. En aquel caso, también tuvimos que empezar de nuevo, ya que formateo, sin saber, el disco duro. Aprendimos, y no volvimos a formatearlo, al menos sin quererlo. Busquemos la excusa que nos dé la posibilidad de poder empezar de nuevo cada día, y mejoraremos no solo nuestra vida, sino la de la sociedad que nos rodea. Y que, sin duda, nos necesita.

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