Domingo 23 de Julio 2017

Civilización de la pobreza

Por: Xabier Azcoitia 26-02-2011

A pocos días del transcurso del año, en el que las restricciones presupuestarias fruto de la crisis económica se vislumbran incluso en los adornos

y las luces de las calles, somos testigos y protagonistas de múltiples conversaciones en las que incesantemente se repite la crisis económica como tema central de conversación.

En no pocas de estas conversaciones de las que somos participes, escuchamos cómo alguien afirma que esta crisis económica es fruto y resultado de una crisis previa que se formula como crisis de los valores éticos o crisis moral. Cuando uno escucha esta afirmación no le queda más remedio que preguntarse: ¿Si no hubiera habido esa crisis ética, no se hubiera dado o se hubiera podido evitar la crisis económica? Mejor aún, ¿si la economía hubiese seguido funcionando, si el crecimiento hubiese seguido creciendo, eso hubiese sido garantía y prueba de que no había una crisis ética?

 

Antes de seguir avanzando me parece necesario detenernos, aunque sea un instante, en señalar, tal como decía José María Setien “que el éxito del buen funcionamiento de la economía no tiene por qué asegurar necesariamente el bien humano que la economía ha de promover”.

A la vuelta de Honduras (Septiembre de 2010) y de El Salvador (Diciembre 2010) quien escribe estas líneas es testigo de la veracidad de esas palabras. El éxito económico del mundo rico, aquel que ha acuñado becerros de oro en forma de términos como Crecimiento, PIB, Desarrollo… se ha erigido sobre los cimientos del neoliberalismo que como indica Jon Sobrino pone el “sentido de la historia en la acumulación y en el disfrute que dicha acumulación permite”.

Para no pocos, el motor de la historia es acumular. Lo acumulado se gasta vía consumo. El consumo se convierte en cauce para la satisfacción de las necesidades y a todo ello le llegan a llamar bienestar e incluso felicidad. Que el acumular se convierta en el verdadero motor de la historia permite que en estos países que he citado la gran mayoría de los ciudadanos del país viva con menos de 2 € al día. A quien le parezca exagerado le aporto los datos oficiales de los respectivos gobiernos: solo el 13% de la población Salvadoreña tiene posibilidad de acceder a la Seguridad Social vía un trabajo, el salario mínimo que percibe un trabajador es de 150 € al mes. Si la canasta básica (pan francés, tortillas, arroz, carnes, grasas, huevos, leche fluida, frutas, frijoles, verduras, azúcar y una cuota por cocción) de una familia de cuatro miembros, según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censos es de 123 € al mes, ¿cómo vistes, pagas los materiales escolares, productos higiénicos… con 27 €? ¿Y la consulta del médico? Si quien trabaja en una maquila (empresa que confecciona ropa) salvadoreña ingresa una media de 5 € al día, ¿qué ingresara quien ni siquiera tiene un trabajo remunerado?

Es cierto, mientras unos acumulan/mos bienestar, crecimiento, desarrollo, otros acumulan pobreza, miseria, enfermedad, violencia. Es la “civilización del capital” tal como la denominaba Ignacio Ellacuria, la que está detrás de una realidad tan enferma y llena de injusticia. Es la civilización del capital la que hace que el mundo se divida entre opresores y oprimidos. Es la civilización del capital la que permite que veamos entre anestesiados y alelados el BarÇa-Madrid cuyos presupuestos anuales suman 900 millones de euros, el doble del presupuesto anual del ministerio de educación de Honduras. No es difícil de entender, que según datos de la Unesco, la Tasa Bruta de escolarización en Honduras en el año 2007 se encontrara por debajo del 40%, llegando al 70% en secundaria. Eso sí, los niños andarán por la calle con raídas camisetas de estos equipos de futbol que les habrán llegado en los fardos de ropa, que alguna ONG bienhechora habrá hecho llegar mediante un convoy de ayuda humanitaria.

Toda esta injusticia clama. Grita silenciosamente. No son pocos quienes desde el mundo rico denuncian esta situación y reclaman una ética económica “más justa”. Observamos cómo se desarrollan centros de estudio y programas de bussines ethics, se otorgan certificaciones éticas a empresas… pero lo ético no busca la acomodación al sistema sino la justicia y el verdadero bien del hombre.

La ética tiene una función humanizadora y su fin es la humanización del hombre y de los sistemas socio-político y económicos. Ante la civilización del capital cuyo único objetivo es la acumulación es necesario contraponer la “civilización de la pobreza”. Si en la primera la acumulación era el motor y el disfrute el sentido, en la civilización de la pobreza el motor de la historia es solucionar las necesidades básicas de 2/3 partes de la humanidad y el sentido es la solidaridad con espíritu.

En un mundo donde el acumular es buena noticia y el goce de lo acumulado su sacramento principal, la noticia de que para la humanidad es, no solo necesario, sino imprescindible el compartir, tener todos menos y algunos mucho menos para que los que nada tienen puedan siquiera tener algo, llega como una pésima nueva. No es difícil de entender porqué nunca hemos escuchado a nuestros líderes políticos, sociales o económicos proponernos vivir un poco peor para que muchos puedan vivir un poco mejor. No imagino a los presidentes de las empresas del Ibex-35 haciendo tamaña oferta a sus accionistas, ni a los líderes políticos a sus afiliados o electores.

Para la civilización del capital los pobres no son, no existen, no son reales. Nada es posible esperar de una civilización que ha invisibilizado a 2/3 partes de la humanidad. Solo una civilización de la pobreza, que ponga en el centro a los frágiles y sufrientes, haciéndolos visibles, es capaz de comprender y hacer comprender como decían Ellacuría y Segundo Galilea que “la dignidad es lo único que le queda al ser humano más pobre, a la víctima de la mayor injusticia, para rebelarse cuando se lo han quitado todo”.

Quiero dedicar estas líneas a esas personas que he conocido tanto en Honduras como en El Salvador y cuyo sentido es promover esta civilización de la pobreza. Mujeres y varones cuya pasión es humanizar, personas que se dedican a reconocer, nombrar, potenciar y canalizar aquello que nunca nadie puede perder, la dignidad. Lo único que le queda al ser humano más pobre cuando ya le han quitado todo lo demás.

Personas que hacen carne estas palabras leídas hace años a Rahner y a Metz y que me acompañan desde entonces: “Sólo se puede esperar cuando se comienza a hacerlo para los demás, cuando se osa esperar para los otros, para todos, lo que se espera para uno mismo. Solo al esperar para los demás, la propia esperanza supera la pusilanimidad resignada o el optimismo superficial. Solo al esperar para los demás, mi propia esperanza se hace tan ilimitada, tan incondicional, tan intrépida que se vuelve digna de Dios y de sus promesas”.

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Bienvenidos a mi blog

Por: Xabier Azcoitia 23-02-2011

Bienvenidos todos

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Los cristianos en la sociedad

Por: Juan María Laboa 21-02-2011

Desde su inicio, uno de los problemas acuciantes de los cristianos fue el de su ubicación en la sociedad

Ya Jesucristo recordó que sus discípulos no debían actuar como se actuaba en el mundo: “no así vosotros” y desde ese mismo momento nos hemos encontrado con dos actitudes siempre complejas. Si no actuaban como el mundo sus relaciones con el medio ambiente eran precarias, pero si identificaban su actuación su compromiso evangélico resultaba precario. De mil maneras diversas, este problema se ha repetido hasta nuestros días, complicado con la necesidad de discernir en qué consistía actuar como el mundo y en qué consistía “no actuar así vosotros”. Hay momento en los que cada término resulta muy claro y otros en los que los intereses propios, la dificultad de juicio o la sicología personal, complican la situación.
Es verdad que el Espíritu Santo actúa siempre con su libertad absoluta, y que en aquellos casos en los que los creyentes se ven movidos por el amor fraterno y por la generosidad evangélica, todo resulta más acorde con la promesa de que “el reino de los cielos ya está entre vosotros”.
Todo esto condimentado con dos principios que considero fundamentales y que todos los creyentes debiéramos mantener impresos en nuestras mesillas: Somos “vasos de barro” en los que se desarrolla una historia maravillosa movida por el espíritu, que, a veces, nos supera y, otras, nos encamina hacia una meta que da sentido a nuestras vidas. El otro es el “ya pero todavía no”. Nos encontramos en camino, somos peregrinos de nuestra vida, de nuestras ilusiones y aspiraciones, de nuestra fe y de nuestro deseo de colaborar en la construcción de un mundo mejor. Mucho hemos hecho, pero todavía nos queda mucho por completar en nuestra vida personal, familiar, eclesial y social. “Ya pero todavía no” es un programa y una capacidad de juzgar, discernir y decidir. Aquí cabe la historia, el pasado; la acción, el presente y el futuro incierto, pero lleno de esperanza.
Ese es mi programa en estas reflexiones: la consideración de nuestra historia, la reflexión sobre nuestro presente y el anhelo de ese futuro que soñamos. Buscando la compañía de san Francisco.

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Secretas Palabras de Vida

Por: Dolores Aleixandre 16-02-2011

El deseo de escribir lo que sigue nació la víspera de Pentecostés de 1967 (¡que ya son años!), unos meses antes de matricularme en la Universidad

Para prepararnos a la fiesta de Pentecostés vino un marianista a mi comunidad a darnos un retiro y comentó el texto de Gal 5 sobre los frutos del Espíritu. Cuarenta y pico años después aún conservo la impresión que me produjo escuchar por primera vez las palabras griegas que estaban detrás de lo que yo sabía desde niña por el catecismo. Según el del P. Ripalda, los frutos del Espíritu eran doce: caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad. Ojo a los que van en negrita porque lo que descubrí es que no salían las cuentas: Pablo sólo habla de nueve y además no dice “frutos” sino “fruto” en singular invitando a leer así: El fruto del Espíritu es el amor, es decir, alegría, paz, magnanimidad, esplendidez, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí. Observen las añadiduras: alarmado quizá por la ausencia de alusiones al 6º mandamiento en la lista, el P. Ripalda, (Dios le tenga en su gloria), añadió de propina y por su cuenta la modestia, la continencia y la castidad y precisó que el gozo debía serespiritual, que empiezas a ponerte contento y vete a saber dónde acabas...

A partir de ese momento, se me dispararon las preguntas y los deseos: ¿por qué nos han traducido tantas veces mal esos términos que en su origen significaban otra cosa? ¿Pasará lo mismo con otros textos bíblicos? (y algo me decía que sí…). Qué maravilla debe ser leerlos en la lengua en que se escribieron y no tener que depender de traducciones que no siempre aciertan con el sentido de las palabras porque, por ejemplo, ser “benigno” o “longánime” difícilmente puede apetecerle hoy a nadie, pero resulta que la palabra macrothymía sería algo así como tener un corazón generoso y magnánimo, todo lo contrario de quisquilloso, rígido o estrecho. Y la que en el catecismo aparece como “benignidad” era el término chrestótes que calificaba en Atenas a los ciudadanos que colaboraban gratuitamente y sin contrapartida a los gastos de la armada. El último de la lista,dominio de sí (y no “castidad”) resulta de lo más actual en la vida cotidiana a la hora de aguantar estoicamente los contratiempos diarios, sin ponerse como una hiena en los atascos de circulación, con la cuñada insufrible o con la incompetencia del jefe.

 

Estos pensamientos me influyeron a la hora de elegir carrera y cuando vi en la lista “Filología Bíblica Trilingüe” de reciente creación, no lo dudé. Al pedir el impreso de matrícula, intuí oscuramente que algo muy bueno iba a llegar a mi vida a través de aquello y que las tasas que pagaba no eran nada en comparación con el regalo de poder acceder a secretas palabras de vida que iban a iluminar mi camino.

Es la pequeña luz de algunas de esas palabras lo que querría ir ofreciendo por si sirven para iluminar también las vidas de quien las lea y esté dispuesto a detenerse en ellas y a saborearlas. No son las más “graves” ni las más “rotundamente bíblicas” (amor, vida, alianza, verdad, gracia…). Sobre éstas hay ya mucho escrito y el camino que conduce hacia ellas es ya un camino real, luminoso y bien señalizado. Las que iré proponiendo aquí son vereditas más sombreadas y menos transitadas, no dan muchas facilidades para darse a conocer, les gusta pasar inadvertidas y aguantan traducciones banales y planas que no despiertan preguntas ni suelen invitar a más búsquedas.

Mientras, ellas están ahí silenciosas y ocultas, escondidas bajo la capa de yeso que las hace invisibles, esperando quizá que llegue alguien que las acaricie, y les haga preguntas y les pida permiso para tomarlas y albergarlas en el propio corazón. Y pasearlas luego por toda la Biblia, para ver si se encuentran con sus hermanas gemelas que andaban perdidas por otras páginas y disfrutar de verlas encontrarse, reconocerse, abrazarse y contarse cómo y por qué han ido a parar a ese lugar en el que están.

 

Pronto hará su debut la primera. Sean pacientes.

 

Dolores Aleixandre RSCJ

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Hola Navegantes

Por: Alfonso Carcasona 15-02-2011

Inauguramos hoy esta bitácora compartida por cinco amigos. Tenemos en común nuestra continua búsqueda, y la necesidad de reflexión compartida. Nos dirigimos en primer lugar a vosotros, los que nos habéis encontrado en las redes modernas. Pero también nos dirigimos a nosotros, buscando en nuestro corazón noticias, sentimientos, ideas que al aflorar en forma de palabras, nos ayuden a continuar en el camino, y nos acerquen, como se saludan los peregrinos. Ultreia, et suseia

 

 

Espero que este camino que empezamos, del que desconocemos el final, y si me apuráis incluso el contorno, se vaya fijando en nuestra cotidianeidad. Y que vuestros comentarios nos ayuden a enriquecer nuestro pensamiento.

 

No tenemos una línea editorial definida. Escribiremos sobre aquello que nos parezca interesante compartir, sin cortapisas. Ninguna de nuestras opiniones, reflexiones o columnas deberá describe el pensamiento de los demás participantes, si bien, a priori, no debería tampoco sorprenderles.

 

¿Qué esperamos de nuestros lectores? Todo y nada. A vosotros sí que esperamos sorprenderos. Esperamos que alguna de nuestras reflexiones os haga pensar, y que seáis capaces de compartir vuestras ideas con nosotros. Como he dicho antes, que enriquezcáis nuestro camino, que forméis parte de él. Muchos ya lo hacéis en el plano de la amistad, pero os proponemos una nueva forma de que caminar juntos.

 

No os sorprenderá que las reflexiones se hagan desde una óptica cristiana, al fin y al cabo, todos los que escribimos lo somos. Tampoco que a veces no estén en consonancia con las planteadas por la jerarquía, ya sea eclesial o seglar. Disentir, en nuestro caso desde dentro, es sano, siempre que se haga desde el respeto, que es lo único que pedimos a los que, seguro, disentiréis de alguna o de muchas de nuestras ideas.

 

No tenemos reglas en cuanto a la publicación de artículos, si bien procuraremos que la mayoría se renueven con una periodicidad semanal. Tampoco en cuanto a la extensión, ni por supuesto en cuanto al contenido. Tampoco las habrá en cuanto a las respuestas, más allá de lo que las restricciones tecnológicas impongan.

 

Sin más, bienvenidos! Ultreia et suseia!!!

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