Lunes 25 de Septiembre 2017

J. Lorenzo

Me gusta pensar que no es contradictorio ser periodista y hacer información religiosa. Alguna vez lo conseguimos en vidanueva.es. También me gusta pensar en mi familia (estoy casado y tengo dos hijas) y que puedo aprender de los errores. Y cuando no quiero pensar, me tiro al monte. Allí me autoengaño y hago que solo miro y escucho.

Meten miedo

Por: J. Lorenzo 29-02-2016

De paso por España, una misionera

en África cuenta las miserias morales de los políticos de su país. Y su punto final suena con estrépito: “Pero aquí no estáis mucho mejor”. Y le asoma el miedo incluso a la violencia física contra los cristianos. Parece exagerado hoy, aunque los mensajes políticos con respecto a la religión anuncian un fin de ciclo, cuando no una marcha atrás no solo en el respeto, sino en la consideración. Así pues, a nadie le extrañe que desde la Iglesia se mire hacia el PP, por más que huela a podrido… El PSOE, en donde menudea el desprecio, a duras penas mantiene algunos puentes con los católicos. Están rotos los levantados en los años 50 del siglo pasado en lo que hoy es Izquierda Unida, abonada al laicismo de exclusión. Pero es en Podemos y en sus afluentes donde se escucha atronadora la corriente neolaicista que baja amenazando con llevarse consensos que han facilitado la convivencia. Vienen embistiendo con el ariete de una ignorancia travestida de retórica intelectual, todavía enganchada en el discurso alienante de la religión. Ahora que nos ha dejado Umberto Eco, ay, es inevitable el sonrojo cuando algunos se parapetan en su condición de profesores o alumnos aventajados mientras chapotean con encono en los lugares comunes. No es solo lo de asaltar las capillas, que lo curan la edad y el diálogo. Son esos tuits donde miembros del think tank de Podemos lamentan que se quemen iglesias sin nadie dentro; son seudopoemas que ofenden gratis a quien también los paga, como también pagan esos carteles en Barcelona donde, con dudoso gusto, se dice que la única iglesia que ilumina es la que paga los recibos de la luz… Son palabras lanzadas como dardos que evidencian que, lamentablemente, no hay más cera que la que arde. 

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¿Alguien escucha a Francisco?

Por: J. Lorenzo 23-02-2016

Los gurús de la economía miran de reojo a China

 y anuncian otra crisis cuando no se han pasado los efectos devastadores de la Gran Recesión. En Davos, donde cada año se juntan quienes diseñan la economía global, anuncian una cuarta revolución industrial cuando en tantos lugares del mundo están esperando las ondas gravitacionales de la primera. Son las dos velocidades de un mundo que echa más madera a una locomotora a la que no le responden los frenos siquiera de una ética de mínimos, un mundo “en el que la fuerza de algunos ya no puede sobrevivir sin la vulnerabilidad de otros”, como ha dicho el papa Francisco en su nueva incursión en la geografía del descarte, esta vez en los agujeros negros de México.

¿Hay alguien de los que tienen la posibilidad efectiva de cambiar este mundo que escuche a este Papa? Sus discursos son aplaudidos (menos por una parte de los obispos mexicanos) y los jefes de Estado le consideran un líder moral, pero sigue clamando en el desierto, aunque lo haga desde las arenas movedizas de Washington, la ONU o Bruselas. Incluso los de Davos le pidieron un discurso –que leyó el cardenal Turkson– en donde, en las narices de un puñadito de ese 1% que posee más riqueza que el restante 99% de los habitantes del planeta, les rogó “por favor, no se olviden de los pobres”, inmediatamente antes de que el puñadito diera la bienvenida a la robotización de millones de empleos en el mundo…

En Chiapas, Bangui, Lesbos…, quienes se han acostumbrado a sentirse disminuidos, como dijo el Papa de los indígenas, buscan la justicia de las víctimas. Si no queremos dársela, habrá que pensar qué hacer cuando el 99% reclame lo que no son sino sus derechos humanos básicos. Ya ha pasado otras veces en la historia

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Zancadillas en la curia

Por: J. Lorenzo 30-01-2016

No le falta razón al obispo

Gines García Beltrán cuando, en la entrega de los Premios ¡Bravo!, afirmó que “no somos los mejores comunicando, pero sí que comunicamos lo Mejor”. Aunque incluso cuando se tiene a un crack de la comunicación como es el papa Francisco, resulta que lo suyo no acaba de calar, tampoco en la Iglesia, y no porque no hable claro. Sin ir más lejos, recupera la misericordia, le dedica un año en la Iglesia, se entusiasman los fieles, que sí le pillan el significado, y hay obispos que se molestan porque alguien ha nombrado a sus curas para ser misioneros de la Misericordia y nadie se lo había comunicado antes. Les pasa incluso a esos pastores que sintonizan con el estilo de Bergoglio, que estarían más que dispuestos a arrimar el hombro en este Año de la Misericordia, pero que se han sentido desplazados. No lo dicen, pero cargan la culpa al Papa. Se sienten dolidos con unos modos que no identifican con su carácter, aunque quizás sería más adecuado buscar las responsabilidades en la curia, que no furia, que a veces el corrector juega malas pasadas y ofrece esta palabra como variante. Curioso, sí.

Dos furias, perdón, curias, conviven ahora en el Vaticano, una en funciones, y otra sin ellas pero que tiene que dar el soporte que el Papa no encuentra para las reformas que quiere hacer; ambas estorbándose, atascándose, molestándose, zancadilleándose, intrigando con lo que el Papa decide a unos cuantos pasos, atando salidas airosas para pastores mediocres o abiertamente dañinos para sufridos fieles y presbiterios, o concertando visitas que, sin refrendar nada, pueden llegar a sostener la esperanza de los descontentos y provocar el cansancio de algunos buenos. Y todo ello, a pocos metros de Santa Marta. Con estas papeletas, sí, lo Mejor es difícil que acapare titulares.


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Las prisas de D. Alberto

Por: J. Lorenzo 11-01-2016

Bueno, ya está.

Los ojos de nuestro querido don Alberto se apagaron el 3 de enero, apenas encendido el año. Tenía prisa. Lo confesó días antes de Nochebuena, tras una crisis que le mantuvo hospitalizado y de la que, en Vida Nueva, temimos que ya no saldría. Pero salió, con ese buen humor de siempre, aunque preguntándose qué hacía él todavía entre los vivos. “¿No tendrá prisa por morirse, verdad, don Alberto?”. “Bueno, un poco sí”, dijo, sin falsa congoja y con el convencimiento del que espera pronto ir al abrazo definitivo. En realidad, la prisa, que no parecía casar con su carácter reflexivo, la debió de tener casi toda su longeva vida, incluso cuando tonteaba con oficios mucho más terrenales. De cura, sus prisas venían por contagiar aquel amor que le había retirado de oficinista a los seminaristas de Albacete. Y como pastor, tenía prisa por desenvolver el Evangelio del embalaje del nacionalcatolicismo. El Vaticano II actuó en él como un catalizador, e incluso un talante aperturista como el de su admirado cardenal Tarancón hubo de refrenarle cuando “el bueno de Alberto” irritaba con sus homilías los muy peligrosos estertores del franquismo. Tuvo prisa también por hacerse pequeño y desaparecer cuando faltó Tarancón, prisa por anularse adelantando el trabajo que otros harían con más ahínco. Y prisa, finalmente, por preparase a morir, lo que lleva su tiempo, y que no le impidió apresurarse semanalmente a coger un teléfono con el que acompañar desde el amor a la vida la convalecencia de algún enfermo. Sabíamos que no estaba lejos el momento de su marcha. Pero no teníamos ninguna prisa. Lo que ya siempre permanecerá con nosotros es su mirada, esa que paseó con delicadeza y amor sobre Dios, sus criaturas todas y su amada Iglesia. 


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Obispos que no quieren dar la nota

Por: J. Lorenzo 14-12-2015

Llevamos varios días

 de campaña electoral pero, en esta ocasión, parece que los obispos se resisten a entrar en ella. No quieren dar la nota. Literalmente. Cuando se redactan estas líneas aún no se ha reunido el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal, donde se podría decidir la elaboración de una nota ante las elecciones del 20-D. Pero no se percibe el ardor guerrero de anteriores citas, para disgusto de quienes echan en falta un liderazgo episcopal más combativo, que encabece manifestaciones, redacte anatemas y se mire a sí mismo desde la autosuficiencia de quien cree que encarna una sociedad perfecta. A estos, Ricardo Blázquez les parece un blando que, por si no fuera poco, cree más en la colegialidad que en el culto al líder. 

Sin embargo, hoy el ambiente en Añastro está más por enterrar esa concepción eclesiológica de la Iglesia como un poder en igualdad de condiciones al de las naciones. Es verdad que hay excepciones, pero ya no chirría el contexto democrático, plural y de respeto a todas las opciones, con las que, como en la Transición, están dispuestos a hablar y a entenderse. Saben que en este tiempo finaliza también aquel en el que la Iglesia era mirada con cierta reverencia. Ahora tiene que ganarse de nuevo la confianza, lo cual no habría de costarle esfuerzo si volviese a ser ella misma, esa Iglesia evangélica que hace 50 años optó por librarse de las rémoras con las que había adornado su poder temporal. 

 

Estas sí son las reflexiones que hoy se hacen la mayoría de los obispos. Y algunos creen que si la Conferencia Episcopal tiene que sacar alguna nota estos días de elecciones, habría de ser una que recordarse el valor de la misericordia en un país que ha logrado vivir en democracia y que quiere seguir aferrado a la paz. Sin más aditivos ni colorantes.

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El PSOE, la Iglesia y el toro de la Vega

Por: J. Lorenzo 26-10-2015

Juanto con el rechazo del toro de la Vega,

, parece que hoy no hay nada que una más a los partidos políticos que afilan sus programas para el 20-D que un alcanforado tufillo anticlerical. Cierto es que aún menudean declaraciones y modos en nuestra Iglesia que nos devuelven a una eclesiología no solo despreciada con soberana indiferencia por una sociedad que quiere ser moderna, sino que confiábamos ya sepultada por exhortaciones, declaraciones y decretos posconciliares. Pero ahí siguen el desdichado toro, el fuera de mí no hay salvación y el discurso comecuras de Pedro Sánchez. Unos y otros se retroalimentan con sus argumentos para instalarse en un bucle al que solo le faltaba la reaparición en la salas de cine de Raphael para pensar si todo esto estará pasando en el NO-DO.

Pero no. Está pasando ahora y ahí están Twitter y Facebook para demostrarlo. Incluso Google para recordarnos el recurrente acceso laicista del PSOE (de esa mitad que no es cristiana, cabría recordar) que le provoca retortijones de clase en cada convocatoria electoral. El secretario general socialista ha dicho lo del Estado laico y la religión fuera de las escuelas casi entre espumarajos, con la misma mirada patriótica con la que Artur Mas se subió a la desesperada al carro del independentismo cuando sus propios bueyes ya no daban más de sí. En nada aparecerá el consabido mantra para soltar en los mítines, un remedo de aquel “más gimnasia y menos religión” que hacía brillar los ojos de Zapatero hasta que el pragmatismo, que es la única ideología que respeta la acción de gobierno, le llevó a dejar en una cajón la reforma de la ley de libertad religiosa y pensar, tras el trágico 11-M, que era mejor subvencionar manuales de religión que combatirla.

Os pido que seáis más socialistas”, les dijo el obispo Joan Carrera cuando visitó la sede del PSUC en Barcelona, en los años 90, en un acto lleno de inteligencia que pretendía tender puentes. Se refería a que dejasen a un lado la palabrería mitinera y las promesas populistas de cara a la galería e hiciesen cosas por los más necesitados. Alguien dentro del PSOE debería susurrarle a Sánchez estas y otras historias de eclesiásticos y socialistas que ayudaron juntos al bien común. ¿Tienen los obispos a alguien que también sepa susurrar? Esos puentes hace tiempo que están casi intransitables. 

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La "molesta" misericordia de Francisco

Por: J. Lorenzo 26-09-2015

El pueblo fiel

 no ha tenido necesidad de conocer los grandes conceptos que sostienen el armazón teológico para creer el Credo y tratar de ordenar su vida, con la mejor voluntad posible, de acuerdo a lo que rezaba. No hubiese estado de más una mayor profundización en la fe, cierto, pero no todos han podido, y, sin embargo, siempre han tenido claro qué eran la caridad, la fraternidad y la misericordia. Incluso cuando no las hallaban en las acciones de la Iglesia del lugar, sabían que eran conceptos predilectos para Jesús. También parecen del gusto de Francisco. De hecho, ha convocado nada menos que un Año de la Misericordia, que se abrirá el 8 de diciembre. “La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona”. Eso sostiene Bergoglio en la bula con la que convoca ese jubileo extraordinario. Pero a este Papa, a su bula, a este jubileo y en definitiva, a sus gestos y reformas, le han salido glosadores dispuestos a poner concertinas a esa misericordia, pues los rigoristas de siempre creen que se están ensanchando demasiado sus límites y pecar va a salir gratis total.

No es nuevo, pero resulta chocante que se pongan gradaciones a la misericordia que anuncia el Papa en una finta que quiere ser intelectual, pero que recuerda a aquel espíritu eclesial que perdonaba un amplio catálogo de pecados según el bolsillo del penitente. Entonces no había nulidades y disoluciones que no pudiese deshacer un buen argumento contante. Ahora, sin citarlo, pero quienes temen que con tanta misericordia la Iglesia se llene de refugiados que huyen de sus miserias, de sus incongruencias, de sus debilidades, de quienes les han maltratado y engañado, y buscan un acomodo humilde en la casa paterna, advierten contra la compasión merengosa del Pontífice y las falsificaciones de la misericordia. Esta, dicen, ha de estar enraizada en “la verdad del bien”, que debe ser algo que solo conocen ellos, y que, por tanto, solo está a su alcance dispensar. Son cristianos de pastoral esclerotizada por la norma, por el peso de una tradición que ha sepultado la frescura original del Evangelio, y a los que acaba de retratar el Papa con una de esas frases que se rumian con resentimiento: “Donde hay misericordia, está el espíritu de Jesús. Donde hay rigidez, están solamente sus ministros”. 

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Catalanes por la nulidad

Por: J. Lorenzo 18-09-2015

Lo de Cataluña con el resto de España

 (y viceversa) es la crónica de un desamor, una relación que los políticos, de aquí y de allá (y también una parte de la Iglesia, de aquí y de allá), han ido ahogando con la rutina de las medias verdades hasta construir un imaginario donde se estima que la mejor solución (y más fácil) es dar un portazo y salir de la vida del otro. De ahí que las elecciones del 27-S, raras donde las haya (la BBC aún no ha logrado descifrarlas), con sabor a adiós, tienen un tufillo a ‘nulidad exprés’ porque, se aduce, una parte nunca tuvo fe en un proyecto común y, además, hubo maltrato ya en el noviazgo. 

No serán, sin embargo, los obispos del lugar quienes diriman la salida a este drama, que, como siempre que hay hijos de por medio, deja una fractura abierta para toda la vida. Es verdad que los prelados han dejado oír su voz, aunque de tan impecablemente aséptica, resulta descarnada, a pesar de que hablan de un momento crucial e histórico. La nota que emitieron el 7 de septiembre no tiene casi nada nuevo. Repite los fundamentos de Raíces cristianas de Cataluña, de 1985, algunos de cuyos párrafos fueron incorporados en las resoluciones del Concilio Provincial Tarraconense de 1995, bendecidas luego por la Santa Sede. La novedad, subrayada también por clérigos en Cataluña no sospechosos de nacionalismo español, es, sin embargo, la frialdad pastoral, la milimétrica equidistancia que hace endeble la invitación a “continuar” potenciando la convivencia cuando, salga lo que salga, la ruptura social es un hecho.

Hay quien dice que esa frialdad de la nota se debe a que los obispos catalanes tuvieron que apagar sobre ella la versión más incendiaria de un pastor enardecido de juventud (atención a ese líder en ciernes de un nacionalismo wojtyliano), que pretendía pasar factura a los dirigentes de aquella Conferencia Episcopal Española que, hace casi diez años, quisieron dar carpetazo al asunto con una instrucción llena de orientaciones morales. Paradójicamente, se convirtió en un manual para separatistas. Vamos, lo que se llama el “efecto suegra”. Muchos, en Cataluña, y fuera, se sintieron dolidos. Como ahora, también, duele una ruptura que, para quienes hemos nacido a mil kilómetros al oeste de allí, tiene el regusto amargo del abandono, porque sí que se os quiere…

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Los cardenales pierden el pudor

Por: J. Lorenzo 06-09-2015

Cuando falta menos de un mes

 para la trascendente asamblea sinodal sobre la familia, se multiplican las tomas de postura a favor o en contra de una actitud más comprensiva con los divorciados vueltos a casar, tema ciertamente minoritario, sí, pero que va camino de convertirse en otra marca de la casa de este pontificado, empeñado en recuperar la misericordia y la mirada maternal. Francisco mide sus palabras y busca los momentos para extender el abrazo de la Iglesia sobre quienes han padecido ese u otros fracasos, como ahora sobre quienes han abortado. Nada nuevo, aunque algunos crean que el cielo se abrirá de un momento a otro para fulminar al argentino, a quien verían con agrado en una residencia en Buenos Aires.

Bergoglio no bendice, pero no condena ni destierra fuera de la casa a quienes están en esos supuestos. Sin embargo, en esa misma casa se remueven algunos cimientos. Cuando la comunión se ha utilizado como piedra angular o arrojadiza, según tocase, sorprende que una pequeña cohorte de cardenales busque enmendarle la plana a este Papa, cuando hasta ahora no pocos de los miembros de este colegio se entretenían alicatando hasta el techo de divinidad, infalibilidad y santidad la roca de Pedro. ¿Se imaginan levantando siquiera una dubitativa ceja ante Juan Pablo II? No vamos a recordar la anécdota que circula sobre la audiencia que le concedió al bueno de Bueno Monreal, pero da la sensación de que algunos cardenales han empezado a perder el pudor (esperemos que no el respeto, aunque de todo se oye por ahí) y –¡quién lo hubiese dicho!– acabarán deconstruyendo el papado jerárquico y humanizándolo al presentar abiertamente en los foros públicos sus posicionamientos contrarios. 

Ya sabíamos de libros escritos a cinco pares de manos purpúreas para apuntalar la “verdad” de la familia. Ahora aumenta a casi una docena, que lo harán en otra publicación de próxima aparición, y hasta dos de esos cardenales (de un total de tres ponentes) participarán en unas jornadas previas al Sínodo organizadas por el cardenal Cañizares en Valencia. Dicen quienes están en contacto con Francisco que estos gestos no le intimidan. Es más, él pidió un debate sincero. Pero también dicen que actuará con la libertad del Espíritu. Y eso sí será un best seller.


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El lío del P. Angel

Por: J. Lorenzo 05-07-2015

Antes de que el papa Francisco

hubiese creado tendencia con la famosa frase, el P. Ángel ya venía haciendo lío en la Iglesia, aunque pareciera importarle a muy pocos. Un Premio Príncipe de Asturias por aquí, un montón de centros de acogida para niños y ancianos por allá… A la Iglesia jerárquica, las andanzas del sacerdote asturiano no le causaban especial desasosiego. Transigían con una personalidad singular que evidenciaba a través de la Fundación Mensajeros de la Paz tantos mandatos evangélicos de primera hora que solemos dejar para la última. Además, con su talante afable y cercano, el P. Ángel era capaz de sermonear a los ricos con mala conciencia y conseguir de ellos donativos para sus chavales y viejitos sin que saliesen echando pestes de los curas… o de todos los curas.

Pero ahora es distinto. Ahora, el P Ángel, además del favor de la élite económica y política, del cariño de los medios de comunicación, también ha encontrado a un arzobispo que no le escamotea el aprecio. Y, además, le da una señera parroquia en pleno corazón de Madrid, en el barrio de Chueca, algo así como la playa de Omaha en Normandía para que este cura vaya haciendo lío en donde hasta ahora solo procesiona el Orgullo Gay. Y, claro, montó el lío con la famosa oración-homenaje. Y Osoro se vio obligado a tirarle de las orejas porque se le estaban echando encima –y mandando por tierra, mar y aire mensajes de SOS a Roma– quienes se escandalizan por ver una estola con el arco iris pero aplauden la verborrea apocalíptica de curas que achacan el cáncer de Zerolo a un castigo divino por su condición homosexual. También las dos Iglesias… 

Sin embargo, el lío que le han montado al P. Ángel ha sido la excusa perfecta (y previsible) para darle en la cabeza al nuevo arzobispo de Madrid. No sin un dolor de tripa, son capaces de superar algunos un pasado recalcitrante que sigue muy presente. Y un homenaje, diez años después de las bodas gais a uno de sus principales impulsores, es un señor retortijón.

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Verdes en Ecología

Por: J. Lorenzo 23-06-2015

En los días previos

a la publicación de la encíclica de Francisco sobre ecología hemos asistido a una atípica floración de cartas pastorales en España. De repente, nuestros pastores se han puesto verdes (es una forma de hablar) y se han dedicado a cantar las bondades del sol y la luna, del mar y la arena, del cielo y las montañas… Era como volver, con casi medio siglo de retraso, a los años 70, donde una juventud que asustaba un poco con sus melenas al aire cantaba a la naturaleza, al amor y a la paz. No sabían aquellos greñudos de camisas floreadas y estampados imposibles que se estaban metiendo en honduras espirituales tales que, años después, en un discurso ante el Parlamento alemán, Benedicto XVI –el primer “Papa verde”, según el National Geographic–diría que aquel había sido “un grito que no se puede ignorar”. Ahora, sin embargo, la motivación es menos flower power y más pope power, es decir, en la estela de la papolatría al uso. No, no es nuevo. Aunque con Bergoglio algunos han sido más reacios a la cita, es costumbre inveterada mostrar el grado de comunión papal por el número de llamadas a pie de página. Mejor que piensen otros… 

En todo caso, bienvenidos, se les necesita a todos, aunque algunos ya estaban desde hace tiempo (Don Alberto  nunca ha escondido su corazón franciscano). El propio Bergoglio, en su encíclica habla de la necesaria “conversión ecológica”, una tarea que, reconozcámoslo, no ha estado en las prioridades pastorales en España, no así en otras Iglesias del mundo. De hecho, ¿cuantas diócesis cuentan con un departamento dedicado a estas labores? Valencia, once años después, sigue siendo un referente y una isla en un mar de indolencia. Es cierto que los problemas son muchos y contados quienes están para resolverlos. Los curas no dan abasto y tampoco es de recibo que los pastores se suban a las zódiac de Greenpeace, pongamos por caso, y aborden a los balleneros nipones o a los atuneros rusos. Bastaría con condolerse sinceramente del daño que causan a la vida los vertidos tóxicos que desparrama una mina a cielo abierto en espacios protegidos, levantar los puños al cielo ante un mar de chapapote o tener la audacia de denunciar el peligroso atajo que supone el fracking en una costa alicatada hasta el techo. Y eso sí lo entienden los jóvenes.

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Desguaces políticos y eclesiales

Por: J. Lorenzo 27-05-2015

A los treinta y tantos

 todavía cree el líder de Ciudadanos que la juventud es un estado de gracia al que se llega como recompensa por un esfuerzo meritorio. Pero ni los que ya exhibe Albert Rivera le valdrán para mantener esa condición más allá de la primera arruga. De hecho, él ya no podría acogerse a la categoría juvenil que marca la ONU, la más generosa en la datación de ese efervescente estado, quizás porque no se ve obligada a expedir ningún tipo de tarjeta con descuentos adicionales. Así pues, aducir todavía ataques de acné y el haber nacido ya con la democracia felizmente restablecida por aquellos a los que ahora, como generación emergente, se quiere enviar al desván, no es garantía de venir con la regeneración debajo del brazo. Como ha ocurrido en algunas sucesiones apostólicas, por poco que se aporte, la diferencia será ya sustancial, es verdad, pero eso no significa que la calidad democrática se consiga sumando los puntos de carné joven. La cosa no va así. 

Fíjense, si no, en algunos sacerdotes jóvenes. O en los alevines que chupan banquillo en el apostolado seglar. Incluso en algunas nuevas congregaciones. Nacidos todos bajo el signo del Vaticano II, sin embargo su memoria histórica se corta abruptamente en Juan Pablo II. Más allá de la figura del santo polaco aparece algo similar a lo que los antiguos cartografiaban poblado por terribles monstruos marinos, una especie de finis eclesiae donde es mejor no incursionar para que ninguna herejía secularizante o una teología fieramente humana pudiesen llevarle a uno a la deriva. Sí que creen en Dios, claro, aunque luego algunos no sientan la compasión cuando la tienen enfrente o sean incapaces de saltarse un rosario para acompañar, de palabra y obra, a quien necesita una mano a la que aferrarse.

Por eso no es bueno empezar proyectos –ni políticos ni eclesiales– poniendo condiciones excluyentes. Todo suma. Ni toda la generación imperante –que diría Olegario– está para el desguace ni la emergente tiene todas las respuestas de fondo más allá del “yo no soy así”. Es bueno cambiar lo que no funciona, lo que está agotado. Pero no con mera cosmética. Ni en la política –poniendo sin su consentimiento a jubilados en las listas electorales– ni en la Iglesia, como, por ejemplo, cada vez más creen que ha pasado con la curia madrileña.

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Irrelevantes

Por: J. Lorenzo 11-05-2015

Ya lo decía Jorge Manrique

cuando nos advertía del poco valor de las cosas “tras que andamos u corremos”. Porque, ¿qué se fizo del largamente esperado documento episcopal sobre la crisis? Su impacto duró mucho menos de medio telediario. Eso sí, las organizaciones católicas lo han recibido muy bien. Lo consideran más que necesario. Es un apoyo moral a su labor, aunque también hay que subrayar que muchas han sabido suplir estos años de silencio oficial dando un paso adelante, uniendo fuerzas en la denuncia contra la precariedad laboral, el desprecio a los inmigrantes, la indiferencia ante la pobreza… Lo estamos viendo ahora a diario, con continuas ruedas de prensa para salir al paso de tal o cual atropello a la dignidad humana. 

Dice algún obispo que los medios no se han hecho eco de la instrucción Iglesia, servidora de los pobres porque no aporta nada a la crítica que la prensa lleva años haciendo. Un colega periodista apunta, a su vez, que sí hay crítica en el texto episcopal, pero que no le interesa a la prensa dar ahora otra imagen de una Iglesia que arremete contra la corrupción, que ya les va bien con el estereotipo, el de las caras de vinagre perpetuas, que dice Francisco. La hipótesis vale para explicar por qué ha tenido el mismo eco avinagrado el libro de un obispo hablando de los peligros de la masturbación y los desórdenes de la homosexualidad que un texto colegial que aboga por una regeneración “personal y moral”. No consta, sin embargo, salvo en algunas cavernas, que el desinterés coincida con lo que piensa esa manita de obispos que votaron en contra del texto, y que plantearon una moción a la totalidad por considerarlo falto de teología. Se sospecha que son los mismos que gustaban empedrar el presente de añeja resignación cristiana.

Volviendo al poeta castellano, uno se pregunta qué se fizo de aquella Iglesia que, hace cuarenta años, discurrió la homilía de los Jerónimos, que dictó una lección de sensatez, civil y religiosa, y que desde entonces ha ido achicándose hasta la irrelevancia. ¿Y qué se fizo de una prensa que prestó oídos a lo nuevo que entonces –como ahora– estaba naciendo, civil o religioso, y lo acompañó, crítica y respetuosamente? Y, en definitiva, qué se fizo de aquella sociedad en donde no sobraba nadie. ¿Fueron sino devaneos?

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¿Postureo papal?

Por: J. Lorenzo 04-05-2015

No les resulta creíble.

Algunos reputados analistas políticos le buscan las costuras al papa Francisco. Dicen que es un electrodoméstico multiuso en la escena internacional, con una sobreexposición mediática y “afán por meter el dedo en todos los pucheros”. Vamos, algo así como si a Bergoglio lo que realmente le gustase es figurar, el postureo que se dice ahora… Bueno, algo se ha avanzado en el análisis, pues ya no todo se reduce a glosar este o aquel atuendo pontificio ni a medir los centímetros de puntillas del alba para acabar deduciendo que volver al latín es cosa de tres tiempos litúrgicos.
La revista Forbes dice que Francisco es uno de los cuatro hombres más poderosos del mundo. Siendo meritorio, no es un dato para poner en una tarjeta de visita. Nadie le discute el poder en Corea del Norte al joven Kim Jong-un, aunque no todos le respetan. Algo similar pasa si uno ha sido gerente del todopoderoso FMI… Sin embargo, la talla moral del Papa crece muy por encima de cualquier otro líder mundial, claramente sobredimensionado hoy el concepto de estadista. Tal vez sea esta orfandad en tiempos de volatilidad lo que ha llevado a Francisco a pringarse con cuestiones que, a pesar de su enjundia, no despiertan conciencias.
Así, ha metido el dedo en el puchero del medio ambiente para remover el caldo gordo que las grandes potencias están haciendo a costa de la salud del planeta, con gobiernos que ni siquiera se sonrojan cuando compran cuotas para poder seguir contaminando o explotando los recursos de los países pobres. También ha removido en la marmita de la inmigración para meter directamente el cucharón en el ojo de la “envejecida” Europa y pedirle que vuelva a ser “referencia de humanidad”.
Y se ha atrevido a echar agua fría en la olla a presión de Oriente Medio (ahí están las amenazas yihadistas) para reclamar cordura, invitar a las religiones a desactivar fanatismos medievales y denunciar con ardor y dolor la mayor persecución de nuestros días: la de cristianos. Ah, y está la cacerolada que ha despertado la memoria genocida de Turquía, que le costó un “erdoganazo”, algo que entre estadistas solía resolverse con un envío de tropas a la frontera.
Solo cabe aquí este puñado de marrones sobre los que la comunidad internacional pasa de puntillas mientras él insiste en meter el dedo. Ojalá ese dedo marcase un camino para el mundo, pero hoy solo certifica su absoluta soledad.

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Dios, Monedero y el otorrino

Por: J. Lorenzo 26-04-2015

Sabíamos del silencio de Dios

y del abismal desasosiego que genera en tantas personas, a las que les gustaría ver alguna luz, por insignificante que esta fuese, a la que poder seguir para salir de esa oscuridad. Ahora, en una nueva clave epistemológica que pareciera querer reclasificar a Dios ya fuera de la categoría de los sordomudos, se añade la que acaba de ofrecer Juan Carlos Monedero, uno de los ideólogos de Podemos. “El papa Francisco sí ha llevado a Dios al otorrino”. Con esto, parece querer decir que el que no se enteraba de qué iba la historia (de la humanidad, se entiende) era Dios, ni más ni menos.

Modestamente, creo que la cosa no tiene tanto que ver con ningún oído divino cuanto con una sordera selectiva y programable del receptor, un mecanismo posmoderno que activa insondables lugares cerebrales a donde llegan las palabras “Dios”, “Iglesia” “católico” o categorías similares. Así, no se entiende muy bien que justo los mismos que ponen el grito en el Olimpo (evitemos activaciones innecesarias) contra la religión católica en la escuela pública, lamenten que el 90% de los escolares musulmanes no tengan acceso a la religión islámica. O lo que es peor, que utilicen este dato para lanzarlo como una crítica a la Iglesia por los privilegios de que esta goza en virtud de unos Acuerdos que, se dice, tampoco tienen las confesiones minoritarias. Existe, además, una modalidad en la que se puede sostener este argumento con cierta destreza dialéctica en favor del respeto a la pluralidad a la vez que se legisla para enviar a los profesores de religión católica al paro. Y –signo de lo que se ha avanzado– sin perder los papeles…

La Iglesia, con sus altibajos, sigue embarcada en su transición particular, que la lleva a soltar lastres del pasado. Cuesta, pero se intenta. ¿No sería hora de que otros se apuntasen a reciclar discursos? Los líderes emergentes, los jóvenes que se postulan para dirigir el futuro tienen una labor fundamental no solo para romper estereotipos, sino para aprender que, en ese futuro, hay muchos votantes suyos que, además de querer ser ciudadanos en un Estado moderno y democrático, le quieren seguir poniendo oído a Dios.

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El ministro y Cáritas

Por: J. Lorenzo 06-04-2015

El PP es como Cáritas.

Esto, según el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que recurrió a esa comparación para defender un informe de la Agencia Tributaria en el que se comparaba el tratamiento fiscal de las donaciones recibidas por su partido –en el marco de la investigación por la trama Gürtel– con las de las ONG sin ánimo de lucro, como Cáritas, a la que citó. Ambas instituciones, dijo el ministro, sirven “al interés general de la democracia”.

Pero, y aun cuando se ha confesado “católico practicante y estoy muy honrado de formar parte de un Gobierno que ha habilitado en términos de presupuestos este año 20 millones de euros para la primera ONG, que es Cáritas”, mucho me temo que ahí acaban las presuntas similitudes con el PP.
Para empezar, el propio Montoro no comparte la visión de la pobreza en España que tiene la organización católica, como les hizo ver a sus representantes, a los que les dio un tirón de orejas por los periódicos informes en donde han radiografiado la huella que esta gran crisis ha dejado en nuestra sociedad, perspectiva que se desdeña cuando se gobierna. Poner número a las víctimas, visibilizar el impacto de los recortes, constatar el incremento de la desigualdad entre las personas, advertir con datos del peligro de fractura social o detectar el surgimiento de una nueva estructura social caracterizada por el crecimiento de la escasez y la vulnerabilidad, como ha hecho Cáritas en sus ricos y valientes estudios, es difícil de tragar incluso para otros políticos católicos de comunión diaria.
Pero no solo en estas apreciaciones se diferencia Cáritas del Partido Popular. También hay una sensibilidad claramente contrapuesta en la interpretación del trato al prójimo, aunque tampoco gusten ni un pelo a otros católicos del Gobierno sus denuncias sobre las devoluciones en caliente en la frontera sur o esas redadas policiales “con marcado sesgo racial”, incluso a las puerta de los servicios sociales.
Y aún se me ocurre otra diferencia para completar este espacio. Los 20 millones que cita Montoro son los que los españoles le asignan a Cáritas en la casilla del IRPF, al contrario de lo que sucede con el dinero que reciben los partidos. Aunque es justo reconocer que la mayor parte del dinero que recauda procede de lo que, euro a euro, recolecta en las parroquias
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El gota a gota de los abusos

Por: J. Lorenzo 21-03-2015

Inmenso dolor y preocupación

 ante los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. A estos sentimientos, los obispos están uniendo una cada vez mayor determinación para combatirlos, ajustándose a las directrices de la Santa Sede y la CEE. Una muy buena noticia cuando “esto no ha hecho más que empezar, porque el goteo de casos va a continuar”, como confirma en conversación confidencial un canonista con experiencia diocesana en estos procesos. Presuponíamos que España no padecería la plaga criminal que asoló Estados Unidos o Irlanda. Pero tampoco esperábamos un limbo donde la mera luz del sol que atempera el carácter fuese capaz de deshacer las tinieblas que mandan en la voluntad de algunos consagrados. ¿O sí? Granada, Lugo o Mallorca son los últimos casos en donde hay una investigación policial abierta. Y otros, en proceso en sus diócesis, con el obispo tomando directamente cartas en el asunto, nos indican que algo está cambiando: la sensación de culpabilidad de la víctima y el fin de la impunidad para el agresor. Desde 2001 hasta 2010, el Vaticano investigó 14 casos en nuestro país. Un período no especialmente proclive a la transparencia en la Iglesia española, cuando no solo no se atendían las denuncias internas, sino que, si se podía, se eludía llevar los trapos sucios a lavar ante la autoridad competente. Las hemerotecas guardan testimonio de todo ello. También de la factura que estos casos le pasaba a la imagen eclesial, sobre todo por el oscurantismo de siglos y la hipertrofia moralizante que lo impregnó todo. Contraatacar afirmando que los abusos se dan sobre todo en las familias, aun siendo verdad, no deja de ser pueril. Sí, también ellas esconden pecados y delitos bajo las alfombras, pero la sociedad se ha dado sus propias normas para defender a los inocentes de los depredadores domésticos. Por eso, hay que celebrar que la Iglesia esté entrando en esta senda, dando la espalda a equivocados conceptos que mezclan caridad con un mundanal corporativismo. Lo que no está en contradicción con salvaguardar la presunción de inocencia y, como ha sucedido recientemente en Osma-Soria, rehabilitar en sus tareas ministeriales al sacerdote cuando la justicia dirima que no ha habido más que infundios. Entonces tocará acompañar también la nueva víctima. 


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¿Miedo al papa?

Por: J. Lorenzo 09-03-2015

La especie no parece muy creíble,

pero circula por ahí, en los caladeros católicos del PP, quizás porque sospechan que Rajoy, efectivamente, les ha traicionado. Dicen ahora que el papa Francisco no vendrá a homenajear en persona a su admirada Teresa porque el Gobierno no le quería ver ni en pintura en año electoral. Que una cosa es ir allí, ponerse la mantilla si es menester, y visitarlo en el Vaticano, y otra topárselo aquí en todas las televisiones, con su sonrisa y desparpajo, soltándose la lengua tal y como andan las encuestas… Y ponen de ejemplo a Argentina, de donde Bergoglio falta ya desde hace dos años, pero donde tampoco pondrá el pie en vísperas electorales. Pensándolo un poco, tienen motivos en el PP para temer la sinceridad del Papa. Ahora que han desterrado el dolor de tantas personas al rincón de la historia –“triste, pero historia”, dicen–, decretando el bienestar general, imagínense a Francisco repitiendo ante los jóvenes en Ávila lo que ha dicho el 28 de febrero sobre el empleo sumergido o las 11 horas mal pagadas de trabajo en cualquier empresa. ¿Un obús contra la reforma laboral? No, pero sí, quién sabe… Pensándolo un poco mejor, ¿solo el PP tendría motivos para darse por aludido? Sin remontarse lejos, tan solo al primer Domingo de Cuaresma, Francisco invitó a “oponerse a la cultura de la muerte y ser testigos del Evangelio de la vida”. ¿Quiénes de los que están hoy en los muchos arcos parlamentarios del país –y cuántos de los que pugnan con ganas por estar en ellos– entrarían por el ojo de esa aguja? Es cierto que podrían sacar pecho –y lo intentan, ojo– quienes, como Francisco, abogan por poner en el centro a la persona en vez de a la economía, pero se olvidan de que el Papa pone también su ahínco en que las políticas de desarrollo social no solo aborden las necesidades económicas, sino también “la dimensión espiritual y moral de toda persona humana”, como reclamó hace una semana su representante en la ONU. ¿Y quién se toma hoy este aspecto en serio? Y ya si se le ocurriese recordar lo que afirmó en Il Messagero de que “la corrupción es un mal más grande que el pecado”, ¿quién se atreverá a lanzar la primera piedra? Ignoro si el Gobierno presionó o no para que no viniese a España este año, pero –también a tenor de lo que reflejan las encuestas- quien sí se alegraría de su visita es esa inmensa mayoría que está hasta el gorro de precariedad, ombliguismo y corrupción.

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Los polizones de Añastro

Por: J. Lorenzo 22-02-2015

Costará todavía un tiempo

 desatracar la nave encallada en la calle Añastro, en pleno secarral madrileño. Como pasa con todos los grandes buques –y más aquellos que han permanecido demasiado tiempo amarrados–, la maniobra es lenta y necesita de la pericia de un práctico que tenga buena mano, conozca los fondos marinos y fije bien la derrota, también esa que algunos están pensando, buena maestra para mantener los equilibrios necesarios. Y recién ahora están en esa operación en la llamada Casa de la Iglesia, la sede de la Conferencia Episcopal Española. El viento no acabó de amainar hasta el pasado mes de octubre, por lo que ya han empezado a soltar las amarras, aunque todavía quedan, por supuesto, corrientes de fondo que ralentizan la maniobra. Han sido muchos años de inercias, de un remar mar adentro sin salir siquiera de la bocana del puerto, temerosos de la mar rizada, como los pescadores del lago. Muchos temían la tormenta y optaron por ocupar sus tiempos más en calafatear y fregar cubiertas que en salir a pescar. Otros, acostumbrados a pisar un suelo que no se deslizaba bajo sus pies, fijaron posiciones con las que esperaban tomar impulso llegado el momento para saltar a cubierta. Hoy, la tripulación se divide entre la que ya ha vuelto a notar el olor de la salitre hinchiendo sus pulmones y la que mira lastimosamente cómo cambia el rumbo asomada furtivamente a los ojos de buey. Desde la sala de máquinas se va imprimiendo poco a poco más velocidad, con tacto, teniendo cuidado en el desamarre, tratando de evitar una innecesaria brusquedad, dando oportunidad para aconstumbrarse al balanceo, al sonido que, inconfundible, llega desde abajo, de los motores que anuncian el movimiento. Pero, según cuentan, no todos lo perciben con nitidez. ¡Quién lo iba a decir! Resulta que en algunas cubiertas de estribor, donde se pasan a limpio las doctrinas, donde se fraguan los argumentos, donde se fija negro sobre blanco el magisterio, donde más refulgen los autores cristianos, parece que se han instalado en una sorprendente heterodoxia, al menos desde la perspectiva del papa Francisco. Son los polizones de este papado.


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El verdadero milagro de monseñor Romero

Por: J. Lorenzo 18-02-2015

Es sabido que,

tras reconocérsele como “mártir” de la Iglesia, Óscar Romero ya no necesita que se le acredite ningún milagro para subir a los altares. Sin embargo, superado este último obstáculo en el Vaticano, han aparecido debajo de las piedras conversiones de última hora cuya explicación sí es milagrera. Si se vuelve la vista atrás, sin ánimo de pasar lista y ver las altas, asombran algunos reconocimientos que se le hacen a un pastor canonizado hace años por su pueblo. Hay algo sobrenatural en el fenómeno, aunque predomine lo fieramente humano. Ahora se ve en él a una gran figura eclesial cuando antes no era más que un sospechoso filocomunista.

Con esa misma perspectiva, asombra todavía más que su muerte, su testimonio, su ejemplo, su valentía, su coherencia fuese minusvalorada al considerar que estaba contaminada de política. El martirio de otro hombre de Dios como él, el del padre Jerzy Popiesluszko, fue abrazado indudablemente con más fervor porque le asesinaron los servicios secretos de su Polonia comunista. Nada que ver con El Salvador, donde la ultraderecha comulgaba los domingos y fiestas de guardar. Eran tiempos en que se podían tapar las narices siempre y cuando hubiera un crucifijo en algún despacho oficial.

Ahora que “la opción preferencial por los pobres” y otras formulaciones de la teología y la eclesiología latinoamericana de aquella época sientan cátedra en el Vaticano, uno se imagina la “confortadora alegría de evangelizar” de Romero viendo cómo se han diluido por arte de decreto los recelos hacia él y se ponderan sus homilías y escritos al servicio del hombre, de la mujer, de la justicia social, de los derechos humanos, de la vida vivida con elemental dignidad. Su abrazo de pastor acoge en este momento a quienes le habían ensalzado y rezado, como EllacuríaSobrino o Casaldàliga, pero también a aquellos que cerraban puertas en las curias y salones en las parroquias apenas se invocaba su nombre, o el de algunos de los que querían perpetuar su recuerdo, como los antes citados.

Dicen que su proceso embarrancó “por prudencia”. Ahora sabemos que fue porque le habían embadurnado de sospechas. Incluso cuando lo último que hizo su boca y su pensamiento fue invocar a Dios. Que san Romero de América les perdone por dividir a los mártires en categorías.

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