Lunes 16 de Julio 2018

Dolores Aleixandre

Religiosa del Sagrado Corazón. Biblista y escritora. Jubilada feliz después de 20 años de docencia de Sagrada Escritura en la Universidad de Comillas.

APOTEOSIS

Por: Dolores Aleixandre 17-06-2018

El domingo de  Pascua  me llegó una presentación con el título: Apoteosis de la Resurrección. Me apresuré a mandarlo sin abrir a la papelera,  movida por el convencimiento de que,  si algo está ausente en  las apariciones del Resucitado tal como  las cuentan los evangelios, es precisamente la apoteosis.  El diccionario de la  RAE  la define como “ensalzamiento de una persona con grandes honores y alabanzas”,  con sinónimos como “delirio, júbilo, frenesí, entusiasmo, enardecimiento, culminación, cúspide,  homenaje o glorificación”. Pero,  por más que  busquemos algo de eso en los relatos pascuales (y cuánto nos gustaría, la verdad…), nos es imposible encontrar ni rastro de semejantes exaltaciones, resplandores, centelleos o arrebatos. A la hora de contar cómo conectaba el Resucitado con los suyos, lo que asombra es su discreta manera de hacerse próximo, de sorprenderles en sus trayectos habituales, de saludarles con el Shalom de cada día,  de presentarse bajo las apariencias más comunes: un trabajador de parques y jardines,  un transeúnte desinformado al que hay que poner al día de los últimos sucesos, un desconocido ocioso que pregunta desde la orilla qué tal va la pesca. 

Todo reenvía a la vida ordinaria, a la Galilea de la cotidianidad más corriente y moliente pero iluminada ahora desde el  interior por una secreta alegría. Lo definitivamente portentoso y extraordinario no es que diera de comer a cinco mil en el desierto, sino que  preparara él mismo las brasas para que desayunaran los suyos. O que les preguntara otro día si les había sobrado algo del pez asado que acababan de comer. La maravilla no era haber hecho andar a un paralítico con la fuerza de su palabra, sino que Pedro, Juan y María de Magdala corrieran juntos a buscarle en la mañana de Pascua.  

 

Vaya  manera tan rara de ejercer  la apoteosis.

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SUEÑOS E INSOMNIOS SOBRE LA VIDA RELIGIOSA

Por: Dolores Aleixandre 16-05-2018

“Ahí viene el soñador”, dijeron los hermanos de José al verle venir hacia ellos. No es el único personaje al que la Biblia relaciona con los sueños: soñó Abrán que Dios lo bendecía aunque aún no había recibido su nombre definitivo (Gen 15,12); soñó Jacob y vio una escalera que comunicaba el cielo con la tierra (Gen 28,12); soñó el Faraón y vio vacas gordas y vacas flacas pastando  junto al Nilo (Gen 41,2-3); soñó Nabucodonosor y se agobió tanto, que buscó a Daniel para que le explicara su pesadilla (Dn 2,1); habló Joel (y con lenguaje inclusivo, qué detalle) de un pueblo en el que iban a profetizar jóvenes y muchachas (Jl 3,1). 

            En el NT  sueña José y se despierta decidido a llevarse a María a su casa (Mt 2,12); sueñan los Magos y, al cambiar de camino en su retorno, se libran de los desvaríos de Herodes (Mt 2,12); vuelve a soñar José y descubre que ha llegado el tiempo de volver a Nazaret (Mt 2,19); sueña la mujer de Pilatos y su sueño la alarma porque están condenando al Inocente (Mt 27,19).

Y aquí andamos hoy los que vivimos esta vida un poco rara que calificamos, con más o menos acierto, como  de seguimiento, empeñados unas veces en seguir soñando y sin pegar ojo otras, porque el futuro que entrevemos nos provoca insomnio y el presente en ocasiones también. 

“- Cuenta las estrellas si puedes”, le había dicho el Señor a Abrán, pero nosotros refunfuñamos por lo bajo: - Pues sí que estamos para ponernos a contar, si nos sobran dedos de la mano para contar a la gente en formación.  Y encima, instalados hace años en el punto B del sueño del faraón: solo vacas flacas y con poca pinta de engordar y aumentar, por más planes de pastoral vocacional en los que nos atareamos.

 Afortunadamente, si no son nuestras fantasías sino Otro quien los inspira, los sueños siguen ahí,  tenaces y persistentes, sosteniendo nuestros desánimos y sin darnos tregua hasta que los hagamos realidad. Esto hemos aprendido de los soñadores bíblicos:

a plantar nuestra escalera bien abajo  pero en comunicación con lo de arriba; con las raíces en lo humano, en medio de la gente, respirando sus mismas búsquedas, participando de sus esperanzas y de sus problemas. Porque eso es ya innegociable y no hay retroceso posible hacia un espiritualismo etéreo, ni hacia un secularismo reseco y despalabrado.   

a repetir con la terquedad de Habacuc: “- Aunque los campos no dan cosechas y no quedan vacas en el establo, yo festejaré al Señor gozando con mi Dios salvador” (Ha 3,18).  

a buscar otros caminos diversos de los ya recorridos, aunque supongan cambios, riesgos y desconciertos.  

-a dar libertad a los jóvenes para que profeticen y a ellas  para que tengan visiones, sin chafarles los sueños con lo de que “eso ya lo soñamos los de nuestra generación, y salió fatal”.  

a acoger con una alegría nueva en nuestra casa a esos huéspedes,  Jesús y su Madre, que son sus únicos dueños (y los otros okupas, que salgan zumbando). 

a volver al Nazaret de nuestros orígenes, con el mismo brillo en los ojos de quienes iniciaron la aventura, pidiéndoles que se encarguen de  re-encantar al novicio/a que fuimos, pero con la madurez que nos han dado muchos años de relación y de amor

a entregar la vida en el servicio a los inocentes de hoy, condenados injustamente por el pecado del mundo. 

a reconocer como tiempo de gracia el que ahora  nos toca vivir.

 

Para terminar, una conjetura: quizá Jesús, mientras cruzaba el lago con sus amigos, rezaba el salmo 126:  “Si el Señor no construye la casa ni guarda la ciudad, son inútiles nuestros agobios: sus dones vienen a nosotros durante el sueño…” Y por eso dormía tan tranquilamente en la barca, en medio de la tempestad.

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RECADOS

Por: Dolores Aleixandre 05-05-2018

Tenemos muy leídos y releídos los relatos pascuales pero quizá hemos agudizado menos el oído para captar las modalidades del tejido sonoro que brota de ellos,  la "ebullición comunicativa" que transmiten, el rumor creciente que avanza como por ondas concéntricas y que va alcanzando cada vez a más gente. Si nos centramos ahí,  a lo mejor nos sorprende la frecuencia con que aparece el género recado,  “mensaje que se envía o se recibe de palabra o por escrito y en el que se da una respuesta o se comunica una noticia” según la RAE.  Si nos hubieran encargado a nosotros de componer la banda sonora del kerygma pascual, inclinados como somos a la pompa y al fasto,  seguramente  habríamos insertado  himnos triunfales y corales apoteósicas, mucho más acordes con nuestra idea de lo que  merece  algo tan decisivo y trascendente: ¿Darlo a conocer a  través  del formato modesto  de un recado? ¡Hasta ahí podíamos llegar! 

Pero los textos están ahí,  impertérritos en su elección de ese modesto formato como vehículo preferido del anuncio pascual. Es un ángel quien inaugura el género y encomienda su contenido a las mujeres: “Id corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea: allí lo veréis. Este es mi mensaje” (Mt 28,7) “Id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ellos a Galilea” (Mc 16,7). Más tarde es Jesús mismo quien reincide en el género y elige como depositarias del recado primero al grupo de mujeres y después a María Magdalena: “Id a  avisar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,10). “Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (Jn 20,17).

 

No esperemos  voces de  orfeón, proclamaciones majestuosas ni pregones sublimes: los mensajes del Viviente nos esperan escondidos en los rincones de nuestra vida cotidiana, en  lugares tan corrientes como son, en palabras de Francisco, los  vecinos de la puerta de al lado.

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DE LOS NOMBRES DE CRISTO

Por: Dolores Aleixandre 17-04-2018

Tenemos muy reciente la Semana Santa y  quizá nos hemos sentido sumergidos en el inevitable discurso que emerge cada año amenazando con teñir de color morado a quienes la celebramos. Con suerte y si en la parroquia había sensibilidad musical, puede que ya no hayamos escuchado lo de “No estés eternamente enojaaaaado”,   pero lo más probable es que junto al nombre  de Jesús se hayan pronunciado palabras como víctima, inmolación, expiación, reparación, sacrificio o satisfacción. Es un lenguaje de larga tradición pero no es el único: junto a él  existen otras maneras de nombrar a Jesús sin despegarnos de lo que nos cuentan de él los evangelios y aún estamos a tiempo de recordarlos:

El Despierto  (el Lúcido, el Consciente, el Enterado…). Resulta llamativa la insistencia de los evangelistas en dejar claro que Jesús se daba cuenta de lo que se le venía encima, que no era un inconsciente, que no le pilló de sorpresa.  El gran salto de conciencia le llegó a través de la mujer  que  ungió su cabeza con perfume durante un banquete en Betania (Mc 14,1-11). El gesto evocaba lo que habían hecho los profetas con los reyes de Israel,  pero él lo leyó de otra manera: era un aviso de que su vida estaba a punto de ser derramada como aquel perfume  y le quedaba poco para ser ungido antes de su sepultura. Lo intuye Juan cuando anuncia con solemnidad: “Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre…” (Jn 13,1). Es la versión evangélica del Sutra budista  de la Plena Conciencia: “Cuando respiro, soy plenamente consciente de que respiro…” y él podía decir: “Cuando me levanto de la mesa y me quito el manto para lavar los pies de los míos,  soy plenamente consciente de que los estoy queriendo más allá de lo que creí que podía llegar a quererlos…”

El Descartado. El término, familiar ya gracias a Francisco, evoca un largo proceso de conspiraciones, tramas, maniobras, traiciones y pactos entre sus enemigos. En torno a Jesús se fue tejiendo una red siniestra, hábilmente justificada  con argumentos y razones políticas“Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”,  había sentenciado Caifás.  Hay que descalificarlo hasta convertirle en sospechoso, en encausado y presunto imputado; no sabrá defenderse de las calumnias y será fácil demostrar su culpabilidad, conseguir sentencia firme y un linchamiento popular  hasta quitárnoslo de en medio.  “¿No oyes de cuantas cosas te acusan? – le dijo Pilato- . Pero él permanecía en silencio”  (Mt 27,14). Estaba envuelto en  el silencio como en un manto real, ese manto en el que siguen envueltos hoy los descartados de nuestro mundo.

El Vacío Quizá mejor el Vaciado, el Desfondado, el Quebrantado, el Hundido.  Lo escribe Pablo sobrecogido: “Se vació de sí mismo,  tomó la condición de esclavo” (Fil 2,20). Tumbado entre los olivos del huerto, despojado de fuerzas y de ánimo, siguió empujando su confianza hasta los límites de lo imposible. “No llevéis alforja, ni dos túnicas…” había aconsejado a los suyos: él subió sin alforja al monte y la túnica se la arrancaron antes de crucificarle, para qué la quería ya. Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí”,  había dicho Job (1,20). También a él un Seno materno le recogía, desnudo,  al final de la noche.

 

El Eufórico. La raíz griega va más allá de un estado de ánimo propenso al optimismo: euforos  es alguien que ha llevado bien una carga, que ha conseguido buenos resultados, que es portador de algo bueno (frutos, noticias felices, alegría…). Cuántas razones tenía el Viviente en la mañana del Primer día de la semana para recibir ese nombre. Cuántas razones tenemos también nosotros para vivir junto a él su euforia pascual.

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SOLTAR

Por: Dolores Aleixandre 05-04-2018

"He quitado de mi vida muchas cosas inútiles y Dios se ha acercado a ver lo que pasaba".  Leo estas palabras de Christian Bobin en vísperas de la Pascua y acuden a mi memoria muchas otras de procedencias dispares pero con un punto de coincidencia en ese verbo de ardua conjugación: soltar con su cortejo de sinónimos: dejar, desasir, desprenderse, desatarse, abandonarse… Nosotros solemos preferir sus antónimos: retener, guardar, aferrarnos, reservar, sujetar y lo hacemos con determinación y a veces hasta con ferocidad, sin distinguir tantas veces si aquello a lo que nos agarramos tiene la consistencia de una cuerda o la fragilidad de un hilillo. Y ya avisaba Juan de la Cruz de que ninguna de esas ataduras dejan volar al pájaro.

Rilke hablaba del aprendizaje siempre pendiente  de dejarse caer para pacientemente descansar en la gravedad”.  Thomas Merton lo refleja en su Diario de Asia con esta anécdota pintoresca: “Trungpa Rimpoche, un lama tibetano, tuvo que huir a la India y el monje que lo acompañaba llevaba una caravana de cerca de 25 yaks cargados con todo tipo de provisiones. El lama le dijo: - No vamos a ser capaces de llevar todos esos yaks: tendremos que vadear y atravesar ríos a nado y necesitamos viajar ligeros. El otro repuso: - Tenemos que llevarlos, tenemos que comer.  Emprendieron el viaje y, cuando los comunistas chinos vieron la caravana de yaks por el camino, los requisaron. Pero el lama ya no estaba allí: se había adelantado,  se encontraba nadando en un río y escapó”.

Escapó también aquel muchacho envuelto en una sábana que seguía a Jesús en el huerto y que, cuando intentaron agarrarle, soltó la sábana y escapó desnudo (Mc 14,51-52).

Un personaje misterioso en el que podemos contemplar una metáfora del propio Jesús que, despojado de todo, soltándolo todo,  atraviesa desnudo y libre su Pasión. “El Hijo ha renunciado a toda previsión, dice Von Balthasar, ha dejado toda pro-videncia al Padre que lo envía y lo conduce. Esto le otorga un arrojo infinito, ya no necesita preocuparse por los muros de contradicción, dolor, fracaso y muerte pues el Padre que le guía,  le recoge al final extremo de la noche”. Y en esas manos él había aprendido a dejarse caer.

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SOBRE MONJES E ISLAS

Por: Dolores Aleixandre 16-02-2018

 

Voy a ver  La isla de los monjes animada por la valoración de la crítica y porque, de entrada, las películas dirigidas por mujeres (Anne- Christine Girardot en este caso), tienen  mucho a su favor para gustarme. Leo comentarios sobre el documental:  “Ocho cistercienses de una antigua abadía de Holanda enfrentados al difícil trance de buscar un nuevo hogar donde vivir”, “hombres de oración expuestos a turbaciones internas y externas, a dudas y temores y a todo un mundo fuera de la clausura que desconocen, desde ir al supermercado a comprar un billete de autobús”, “un cuidado documental”, “una hermosa película”. Pues sí, coincido con las opiniones y me ha gustado, aunque me ha quedado a la vez la impresión de que tiene una “esquina rota”, como aquella primavera de la que hablaba Mario Benedetti. Porque por un lado entiendes lo que tiene de desafío  para los monjes lanzarse a la aventura de una nueva fundación, pero es imposible no recordar que, según los datos de ACNUR, hay en el mundo  65 millones de desplazados y refugiados y que a lo largo del año se ha ido  sumando un promedio de 20 personas por minuto obligadas a huir de sus hogares y buscar protección en otro lugar, ya sea dentro de las fronteras de su país o en otros países. 

Por eso me ha faltado en la película alguna alusión a ese contexto, alguna referencia, aunque fuera mínima, a la existencia de esas situaciones por las que están pasando hoy tantos millones de personas. Porque es verdad que “apagar la luz” y cerrar un monasterio es duro,  que esos monjes experimentan sentimientos de desarraigo y pérdida,  pero en una situación  infinitamente menos dramática que la vivida por tantos otros. 

Viniendo al particular de España: aquí se cierra un convento cada mes y muchos miembros de comunidades monásticas o religiosas viven (vivimos) tiempos de disminución y precariedad, pero ¿cómo no tener grabadas en las pupilas las imágenes de  caravanas de gentes que recorren Europa en demanda de asilo, o se embarcan en viajes de solo ida? Lo recordaba Erri de Luca en un poema de Navidad: 

Nacerá en una bodega entre viajeros clandestinos./Lo calentará el vapor de la sala de máquinas./Lo acunará el balanceo del mar a través./Su madre está embarcada en busca de la salvación o la fortuna, /su padre fue el ángel de una hora,/muchas paternidades consisten en eso./En tierra firme lo habrían dejado en un contenedor de basura./Cortarán con los dientes el cordón umbilical./Lo arrojarán al mar, a la misericordia./Sólo podemos darle los meses de vientre, dicen las madres,/podemos esperarlo, pero no abrazarlo(…) Nacer es sólo un aliento de aire podrido. No existe mundo para él./Nada de su vida es una parábola./Ningún martillo de carpintero golpeará las horas de su infancia,/ni los clavos en la carne./Yo no me llamo María, pero a estos hijos míos/ que nunca han llevado un vestido o un nombre/ los marineros los llaman Jesús/ porque nacen en un viaje, sin llegada./ Está con aquellos que viven el tiempo de nacer./Va con aquellos que duran una hora.

 

Un deseo para estos momentos de desplazamientos en masa de personas y de tanta incertidumbre: que se nos pegue la lengua al paladar si nos olvidamos de que estamos  "compartiendo viaje" con tantos ( #sharejourney) porque, en palabras del Papa Francisco: "Cuando hay un "nosotros", comienza una revolución".

 
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TORTOLAS

Por: Dolores Aleixandre 06-02-2018

Una novedad del  2017 ha sido el cambio de estatus de los animales: de “bienes semovientes”, han  pasado a  “seres sintientes” pero, les guste o no a los miembros de la Fundación Affinity que ha promovido la ley, los escritores bíblicos se les habían adelantado: el profeta Isaías avisaba en el s. VIII aC de que Israel,  comparado con el buey y al asno que reconocían  el pesebre de su dueño, era el verdadero  borrico. La liturgia tampoco se ha quedado corta y en Navidad propone esta antífona: “Qué gran misterio y admirable sacramento, que unos animales vieran al Señor nacido, echado en un pesebre…”

Al llegar el 2 de Febrero son dos tórtolas las que hacen una aparición estelar, nada menos que en el templo de Salomón. Ya en el AT habían desempeñado papeles secundarios pero significativos: junto a cigüeñas, golondrinas y grullas (observen: todas hembras), Jeremías ensalza lo listísimas que eran para saber cuándo les tocaba migrar, mientras que los humanos no se enteraban de casi nada (Jer 8,7).  En el Cantar, el novio las utiliza como señuelo para atraer a su amada y la invita a escuchar juntos su arrullo (Cnt 2, 12); un salmista  evoca su condición indefensa para pedir al Señor:  “¡No entregues a los buitres la vida de tu tórtola!” (Sal 74,19). 

Pero es Lucas quien revela su misión trascendental: ser ofrecidas como  rescate para que el Niño no tuviera que quedarse al servicio del templo. Menudo favor le hicieron: en vez de pasarse  la infancia en plan levita junior, trajinando con el incienso y las ofrendas, pudo jugar tan contento con otros niños en las calles de Nazaret. 

Soy consciente de la existencia de un poderoso lobby que promociona a los pichones como protagonistas únicos del rescate, reincidiendo una vez más en posturas  de discriminación.  Como respuesta  y corriendo el  riesgo de ser sospechosa de estar contaminada  por  la ideología de género, me decanto con determinación a favor de las tórtolas. Acepto firmas de apoyo.

 
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INICIOS

Por: Dolores Aleixandre 15-01-2018

 

El título no viene a cuenta solo porque empieza un nuevo año o porque  Enero sea el primero de los meses:  es consecuencia de  una  “resaca”  navideña provocada por  el comienzo de muchos de los textos evangélicos que hemos escuchado en las celebraciones.  Me ha vuelto a sorprender su insistencia machacona en empezar nombrando  los contextos geográficos, históricos  y políticos  en que acontecieron  las cosas del Dios-con-nosotros. 

“En los días del rey Herodes...”:  así comienza Lucas su relato ( “en los días de la expulsión de los rohingya,  de los 300 muertos en el ataque yihadista en el Sinaí, de las hambrunas en el cuerno de Africa, de las muertes de tantas mujeres por violencia machista…”).  

“En aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando...”,  y a causa de ello una pareja de desplazados no encontraron sitio en la posada, como no lo encuentran los que llegan en pateras, ni los que intentan saltar las vallas, ni los del campamento de Calais recientemente desmantelado.  

“Herodes busca al niño para matarlo”, avisa también Mateo y aquella vida frágil corrió tanto peligro como la de millones de niños sometidos a desnutrición, a violencia, a explotación sexual.  

 La banda sonora de los evangelios no registraban sólo rumores de ángeles: estaba resonando también en ella el llanto de los padre y madres de los desaparecidos en el submarino ARA san Juan, o de los que reclaman atención para sus hijos con enfermedades raras.  “Es Raquel que llora por su hijos sin querer consolarse porque ya no existen” .

 Es precisamente aquí, en medio del mundo inhóspito de entonces y de ahora, a donde sigue llegando un  anuncio sorprendente y jubiloso que “no caduca”: “Llenaos de alegría, os traigo una buena noticia: Os ha nacido un niño”

Buen inicio de la cuesta de Enero.

 

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ANUNCIACIONES

Por: Dolores Aleixandre 16-12-2017

 

Como de niña aprendí la geografía con la ayuda de mapas de cartón, lo de Google Maps me parece un invento mágico y le he cogido gusto a lo de irme acercando a los lugares a golpe de click. Se lo  aplico también a la escena de la Anunciación a María y me asombro de lo bien que encaja con la manera de contarlo del evangelio porque el texto va avanzado también por impulsos/ golpes de click. Empieza por un plano general y lejanísimo en el tiempo:   « Al sexto mes…»...  (Vaya manera rara de datar un acontecimiento, piensas,   a quién le importa cuándo salía de cuentas Isabel, por muy Priest's wife que  fuera). Otro click: «fue enviado por Dios el ángel Gabriel…» (Qué error recurrir a intermediarios - sigues pensando-   con lo que lían tantas veces los recados  las personas interpuestas...); «a una virgen...» (“será porque usted quiere, señorita”,  decían antes en plan cortesía   si te presentabas como soltera...); «desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David» (otro error: lo que le va a costar después a Jesús deshacer el malentendido de la realeza…). “Y le dijo el ángel: ¡Alégrate llena de gracia!”  (¿Realmente era eso lo más importante que tenía Dios que decir en el momento  trascendental de la Encarnación?  ¿No se esperaría  algo más enérgico, más tipo 155  en plan “Convertíos”, “Obedecedme”“Cumplid mis constituciones y leyes”?  ¿A santo de qué darle tanta importancia a la autoestima de aquella  chica, si ella ya tenía el master de doble titulación bilingüe  “Fullofgrace  & Buenapersona”  concedido por  el vecindario de Nazaret?).  “No temas, María, has encontrado gracia ante Dios…” Más de lo mismo: ni un imperativo, ni una orden, ni una amenaza tipo secretodefátima…,   en fin, lo que se esperaría de un Dios más homologado con nuestro imaginario. Y en vez de eso:  “concebirás y darás a luz un hijo…” 

Más de veinte siglos de cristianismo y aún extrañados de que el globito rojo y parpadeante del  “Aquí, aquí está Dios”, coincida con la alegría, la gracia, la noticia de que “le caemos bien”, la invitación a que acojamos a su Hijo en el seno de nuestra vida, porque es así como nos ensanchamos y nos desplegamos  y nos volvemos  fecundos.

Más de veinte siglos de predicación y catequesis contando la parábola del tesoro escondido y poniendo el acento en que aquel hombre renunció a todo y lo vendió todo para comprar el campo,  y pasando por alto lo más importante: si vendió todo lo demás, fue  precisamente por la ALEGRÍA que le daba lo que había encontrado. 

Menos mal que ha llegado un Papa que usa Gaudium y Laetitia  en los títulos de sus  primeros documentos. Menos mal que alguien nos invita a recordar que en la otra anunciación, la de los pastores de Belén en aquella bendita noche, el anuncio fue:

¡ALEGRAOS!


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AGARRAR POR LA NARIZ

Por: Dolores Aleixandre 01-12-2017

 

Leo este consejo de Macario el Grande, un Padre copto del s.IV, a un discípulo atormentado por la turbulencia de sus pensamientos: “Ata la cuerda de tu barca al Nombre de nuestro Señor Jesucristo que es la piedra con poder sobre las olas diabólicas que combaten a los santos, (…) y Él agarrará al diablo por la nariz”.  Qué fuerza la de esta imagen pintoresca y qué ajena estaba yo al leerla de lo pronto que iba a necesitar recurrir a ella. Entro esa misma tarde en un cine para distraerme un poco de tantas aflicciones territoriales y elijo la película Verano de 1993, sin haber leído esta vez lo que dice el amigo Celada. Empieza y en cuanto veo que está en catalán con subtítulos, se instalan a mi lado Doña Hartura y Don Reactivo, cada cual con su matraca: “Justo lo que te faltaba – murmuran-, más de lo mismo cuando tú querías  desconectar…”  Gracias a Macario y a su consejo reacciono a tiempo: “Ya os podéis ir marchando”,  les conmino con determinación, “ni hablar de estropearme la película”. Se alejan farfullando y me sumerjo en ella sin prejuicios. 

Entro en el paisaje de una masía de La Garrotxa gerundense y me emociona la historia que cuenta la directora, Carla Simón que revive ese verano de su infancia y su experiencia de perder a su madre muerta por sida. Dejo que me llegue dentro lo que transmiten los ojos de Laia Artigas, una niña  prodigiosa.  Observo el juego de las miradas y trato de escuchar la música del lenguaje y unos diálogos que rezuman frescura y naturalidad.  Asisto al proceso de afectos que se recomponen,  sentimientos que afloran, relaciones que se van reajustando.   

Una película excelente, pienso al salir. Y qué remedio tan potente es éste de agarrar por la nariz prejuicios cerriles, generalizaciones absurdas, prevenciones sin fundamento,  recelos y  suspicacias que impiden que fluyan en nosotros la empatía,  la cordialidad,  la limpieza de corazón, la apertura a lo diferente. 

Qué consejos tan  sabios se daban ya en el siglo IV y qué bien nos vendría hacerles caso hoy.  

 
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VERANEAR EN LA ACERA

Por: Dolores Aleixandre 19-11-2017

 

En un bajo comercial sin rematar enfrente de mi casa, vive hace mucho una pareja de jubilados,  muy enfadados con la vida en general y con la vecindad en particular.  Motivos tienen porque los vecinos de su bloque han recogido firmas para echarles,  pero  no pueden porque el local es suyo. Desde que vivo en esta casa los veo veranear en la acera: en cuanto llega el calor, sacan  dos silloncitos de plástico y se sientan a leer, uno detrás del otro porque la acera es estrecha, cambiándose de un lado al otro según les dé la sombra. Cuando me marcho de vacaciones,  ahí los dejo y cuando vuelvo ahí siguen, como un recordatorio de que, mientras unos vamos y venimos, otros siguen ahí impertérritos; o pertérritos,  pero sin más opción que aguantarse. Viene bien recordarlo para no generalizar nuestros privilegios, los de veraneo por ejemplo: vivir unos días sin la presión de las obligaciones cotidianas, respirar otro aire y conocer otra gente, disfrutar la primera espuma de una cerveza, mirar otro paisaje.  “Nosotros, los imaginarios...”, decía una señora de un barrio confundiendo la palabra marginados. O quizá no andaba confundida,  porque una de las experiencias más fuertes de los que viven en la cultura de la pobreza es precisamente sentir su invisibilidad, su no-existencia.

No está en mi mano solucionar los problemas de mis vecinos y los intentos de aproximación que hemos hecho desde la comunidad han fracasado. Me queda al menos la seguridad de que cada uno de los que veranean en las aceras de nuestro mundo va a  escuchar un día estas palabras: “Ven a sentarte a mi sombra, hijo: has afrontado animosamente la vida,  entra en el veraneo de tu Señor”.

 
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VIDA ETERNA

Por: Dolores Aleixandre 02-11-2017

 

Cuenta el Evangelio que en dos ocasiones un maestro de la ley y un joven rico,  preguntaron a Jesús cómo “heredar vida eterna”: al primero lo remitió a las cunetas de los caminos haciéndose cargo de la gente herida;  al otro le propuso algo aún más difícil: “suelta, deja, hazte libre, vente conmigo”. – “Qué fuerte, tú”   piensan algunos, y se ponen a buscar posibilidades de última generación: este verano se ha celebrado en San Diego, California, un Congreso para la vida eterna  con asistencia de 2.000 personas.  No piensen que lo han organizado los mormones o los adventistas del Séptimo día, sino el Millennium  Project liderado por un tal Sr. Cordeiro: en su ponencia ha confirmado la existencia de experimentos con ratones en los que se consigue triplicar su esperanza de vida. Su conclusión es que está próximo el momento en que la ciencia le ganará la batalla a la muerte y podremos elegir entre morir o vivir eternamente: quien quiera morir, morirá, y quien desee seguir viviendo, será inmortal y encima tendrá un aspecto juvenil, sin apariencia de anciano ni nada por el estilo. De momento, una señora en EEUU  se está pagando ya con su dinero y riesgo para su vida, un tratamiento que consiste en inyectarse  telomerasa, una enzima que vuelve a hacer que los telómeros crezcan. Siento no poder ofrecerles, por  falta de espacio, más información sobre los telómeros  pero les remito al Sr. Cordeiro que seguramente lo hará con gusto, y aún más si se deciden a participar en el experimento. 

Me parece más provechoso dejar sitio a estas palabras de ese creyente sabio que fue Jose María Cabodevilla: “En este largo proceso de ruina, mientras van desplomándose las casas, los imperios, los alfabetos, he aquí que persiste, obstinada, terca, conmovedora en su fragilidad, una voz que es casi un susurro, una voz que es casi un secreto de familia, esa certeza que van transmitiéndose las generaciones: Creo en la resurrección de los muertos”

 
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OKUPEMOS LA RADIO

Por: Dolores Aleixandre 17-10-2017

 

 Los alandadores estamos encantados con el proyecto de la Radio ALANDAR y, aunque sus comienzos sean modestos, hay que irse preparando para su expansión. Me adelanto en aportar ideas para que llegue a convertirse en líder de difusión de la cultura  bíblica. 

 Pronóstico del tiempo: excelente momento para recordar a Noé, pionero en el método ornitometeorológico: a falta de otros instrumentos de medición, soltó un cuervo y después una paloma para informarse, según volvieran o no al arca, de cuál era la humedad relativa del aire y si llegaba por fin el anticiclón después de tanto diluvio. 

Programas musicales: emitir versiones actualizadas de los himnos de David, aprovechando para encomiar la caballerosidad de su descendiente Salomón: interesado en el negocio de la construcción, nunca reclamó sus derechos de autor, evitando así problemas con la SGAE. 

Anuncios: ocasión privilegiada para  dar a conocer a los Profetas: a Amós, que no consentía la propaganda de vinos o perfumes de marca: “- Solo están al alcance de los  tarjetas black de Samaria”, vociferaba. A Isaías y su boicot a la importación de inciensos de Arabia Saudí y a la carne Kobe traída de Oriente, muy apreciada para los sacrificios: “Al Señor le da alergia al humo de las barbacoas litúrgicas en las nunciaturas”, proclamaba.

Novelas y seriales: según la población diana a la que vayan dirigidos, pueden presentarse estos personajes: Jonás: “En las fauces de la orca asesina: relato de un superviviente”. Tamar, Rahab, Rut y Betsabé: “Incesto, prostitución, seducción y adulterio: cuatro sombras de Grey en la genealogía según Mateo”. Relatos de terror: “El perrito diabólico: el trágico parricidio de Jefté”. Para niños: “Balaan y su burra parlanchina”; hijo pródigo: “Los cerditos glotones”; “El chico que comía algarrobas”. 

 Programas informativos: es la cuestión más peliaguda porque, dada la previsible escasez de medios económicos, muchas noticias tendrán que darse en diferido. Para paliar este inconveniente, se puede echar mano de la memoria histórica: cuando cayó Jerusalén (587 a.C.), el profeta Jeremías vivió en directo la catástrofe, mientras que Ezequiel,  cautivo en Babilonia,  tardó más de un mes en enterarse. La noticia y el disgusto le llegaron cuando llegó un fugitivo a contárselo (los aficionados a maratones pueden calcular lo que pudo tardar en recorrer los mil y pico kms. que  separan Jerusalén de Babilonia). 

Moraleja: las malas noticias, si llegan aplazadas, sobresaltan menos. Puedo ofrecer en primera persona un testimonio reciente: al  visitar este verano una exposición sobre Atapuerca, me enteré de que hace 800.000 años aquellos homínidos practicaban el canibalismo. ¿Me detuve petrificada a comentar la atroz noticia? No. Seguí avanzando impertérrita hacia otra sala. ¿Habría reaccionado igual si estuvieran diciendo en la SER que esa misma tarde se había descubierto un caso de canibalismo cerca de Burgos? En absoluto. De donde se pueden extraer estas conclusiones, dignas de aparecer en el suplemento Buena Vida: las noticias en diferido afectan menos al sistema cardiovascular y son mejor asimiladas por las dendritas que reciben esos impulsos neuronales. La escena de Moisés en el Sinaí lo corrobora: mientras él estaba allí, grabando tan tranquilo las tablas de piedra, los israelitas a pie de monte  danzaban como locos alrededor del becerro de oro. ¿Se lo dijo Dios de inmediato? No, tardó 40 días en avisarle, dándole tiempo para prepararse al soponcio que le esperaba al bajar.

Se me ocurren más ideas, pero de momento creo que éstas son suficientes para que los personajes de la Biblia okupen merecidamente nuestra Radio. 

 
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AÑADIDURAS

Por: Dolores Aleixandre 09-10-2017

Las palabras tienen peso y densidad por sí mismas (aquello del sí, sí;  no, no del Evangelio),  pero nuestra tendencia suele ser la de inflarlas como globos a fuerza de añadidos por detrás o por delante: podría parecer que eminente, reverendo  o ilustre son ya de por sí términos lo suficientemente graves y respetables como para no necesitar  más complementos,  pero nos gustan más convertidos en superlativos (eminentísimo, reverendísimo, ilustrísimo…), convencidos de que esos añadidos los revisten de mayor prestigio y predicamento. Y puestos a ello, ya que existen los archipiélagos y los archiduques, por qué no vamos a tener nosotros archidiócesis,  archicofradías, arciprestazgos y archimandritas. 

En este afán de pompa y circunstancia, vamos a contracorriente de algunos políticos que en sus congresos arengan a sus seguidores al despojo de la humildad, con la misma gallardía con que los Guardias Suizos enarbolan sus picas. También las marcas se suman a esta corriente y las que esgrimían  antes la incorporación de vitaminas y minerales a sus productos, propagan ahora los beneficios inefables de todo lo SIN: sin gluten, sin alcohol, sin lactosa, sin colorantes, sin conservantes, sin grasa, sin azúcares añadidos... Posiblemente no lo pretendan, pero están en sorprendente coincidencia con los siiiiin  de las recomendaciones que hacía Jesús a los suyos al enviarlos en misión: tenían que ir sin alforja, sin bastón, sin túnica de repuesto, sin dinero, sin otro par de sandalias. 

“Solo hay una sola cosa necesaria” decía él,  y por eso caminó entre nosotros sin un domicilio fijo donde reclinar la cabeza; sin barca ni cabalgadura propias para desplazarse; sin una parcela de su propiedad donde retirarse a rezar; sin  un local particular para juntarse a cenar con sus amigos; sin la seguridad de una póliza de enterramiento por si le sorprendía la muerte. 

Lo único necesario lo  llevaba dentro y algo parecido, en talla minor,  debía pasarle a Francisco de Asís: ninguno de los dos necesitaba añadiduras.

 
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HOY VA DE POESIA

Por: Dolores Aleixandre 19-09-2017

 “El intruso. Caminaba sobre el agua, llenaba las redes,/los pescadores abandonaban su oficio por seguirlo. /En una boda faltó el vino. Él se hizo cargo:/centenares de litros, /un golpe de maestro viñador, /agua en vasos de piedra convirtiéndose en vino. Es mejor, dijeron los invitados, sí, es mejor/ el vino que surge sin pisar la uva, /el pan hecho sin grano ni horno, el pez que se mete en la barca de un salto. /Desencadenaba el gratis que pertenece a la gracia, /apasionada y violenta.  Venía de un bautismo en aguas del Jordán, /murió poco más allá/sobre un travesaño con forma de T/ y, cuando un hierro le atravesó el costado, /brotó agua, como la incisión de un parto. / Murió convertido en fuente. // He aquí el intruso del mundo, /empapado de la grasa de todas las culpas,  /perdiendo el color, pálido de frío, en un abril/o incluso en un marzo, más allá de ochocientos metros/sobre el nivel del mar jamás tocado. /Un gargarismo de aguas en el fondo de un pozo seco, / un carraspeo en la tubería de las arterias: /así diluvia su resurrección”.

Imagino que quien lea esta maravilla, querrá conocer en el acto  a su autor y, aunque nadie me ha encargado en  Alandar que hable de libros, por esta vez  me tomo la libertad de presentar a Erri de Luca, por si aún queda alguno por conocerle. Napolitano nacido en el 50, participante activo en el movimiento del 68 y miembro del grupo Lotta Continua, ha trabajado como albañil y camionero y durante la guerra de los Balcanes fue conductor de vehículos de apoyo humanitario. Aprendió hebreo de forma autodidacta y no conozco mejores traducciones bíblicas que las suyas. Lleva escritos un montón de libros, unos cuantos ya traducidos al castellano y quiero hablarles hoy del último que estoy leyendo,  Solo ida. Poesía completa (Seix Barral 2016).  Para que se hagan una idea, sus poemas sobre emigrantes son tan candentes como este:  

“ÒSomos los innumerables, el doble en cada centro de expulsión. /Adoquinamos de esqueletos vuestro mar/ para caminar sobre ellos./ No podéis contarnos, si nos contáis aumentamos,/ hijos del horizonte que nos manda de vuelta./ Hemos venido descalzos, sin suelas, sin sentir espinas,/ piedras, colas de escorpiones. /Ningún policía puede despreciarnos/después de todo lo que hemos sido ya ofendidos./Seremos los siervos, los hijos que no tenéis,/ nuestras vidas serán vuestros libros de aventuras./Traemos a Homero y a Dante, el ciego y el peregrino,/ el olor que perdisteis, la igualdad que habéis sometido”.  (p.123)

“Los hombres han dejado sus plegarias en tierra,/ del viaje no tiene culpa el Dios de nadie./ Ninguna invocación, ni súplica de ayuda, /de aquí sólo se manda un saludo al rey del universo. /Cuando estábamos en tierra, en noches como ésta cantábamos/para llevar los rebaños al altiplano./ Con el canto manteníamos alejados a los leones,/ las mujeres cuidaban del fuego dentro de la hoguera de piedra. /Aquí no se posa en la tierra la sombra de nuestros cuerpos,/somos polvo levantado, un olor a vinagre en una garrafa vacía./ Somos un desierto que camina, un pueblo de arena, /hierro en la sangre, cal en los ojos, una funda de cuero./ Muchas vidas destruidas nos han allanado el viaje,/ pasos alzados por otros nos empujan hacia delante”. (p107)

Empecé a leer el libro por la noche, antes de dormir, pero me provocaban insomnio. Ahora los leo por el día.

 
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SOBRE RETRASOS E IMPUNTUALIDADES

Por: Dolores Aleixandre 03-07-2017

Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano...” (v 21), reprochó Marta a Jesús.

La escena nos enfrenta con un “no estar” de Jesús en el lugar adecuado (devolviendo la salud a Lázaro) pero que se convierte en ocasión de fe. Esos tiempos suyos que no coinciden con los nuestros, han generado a lo largo de los siglos protestas, quejas y hasta acusaciones  de “impuntual”.

         

Una “impuntualidad” que nos sigue invitando:  

 

  • - A aceptar sus retrasos y sus des-tiempos y a dejar que sea él quien mida nuestros tiempos, ritmos y compases. 
  • - A recordar que él llega a tiempo pero a su tiempo, no al nuestro, y tendremos que ser pacientes y convertir nuestra prisa en espera y nuestra impaciencia en vigilancia. 
  • - A acostumbrarnos al extraño lenguaje de Jesús porque cuando decimos de alguien: “está muerto”,  él nos dice  “está dormido”. 
  • - A hacer memoria no sólo ante sus retrasos, sino también de sus anticipaciones: porque en el  grano de trigo podrido en tierra, él ya está contemplando la espiga, y cuando una mujer grita de dolor en el parto,   él escucha ya el llanto del niño que nace.
  • - A no temer permanecer a su lado junto a las tumbas de nuestro mundo, uniendo nuestro llanto al suyo allí donde parece que la muerte  ha puesto ya la última firma y gritando nuestra rebeldía ante su dominio. Pero creyendo también en la  fuerza secreta de la compasión y de la insensata esperanza. 
  • - A bendecirle porque, aunque no llegó a tiempo para curar a Lázaro, ordenó retirar la piedra del sepulcro, pronunció su nombre y le ordenó con su poderosa voz: -“Lázaro, ¡ven afuera!”.  Y así sabemos  de una vez para siempre que él tiene  la última palabra porque en él habita el poder de vencer a la muerte. 
  • - A apostar fuerte por la Palabra que nos asegura que en él está la resurrección y la vida de todos los lázaros olvidados en las tumbas de la historia.
  • - A alegrarnos de que sea tan Ex-céntrico e Imprevisible,  y que nos conduzca a un ritmo que con frecuencia nos parece in-conveniente e intempestivo. 
  • - A estar seguras de que lo suyo es cambiar nuestro luto en danza, desatar nuestros sayales, como desató  a Lázaro de sus vendas, y revestirnos de fiesta.

 

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MEZJIMON

Por: Dolores Aleixandre 03-05-2017

No es el nombre de un personaje  de Star Wars ni una especie transgénica de molusco: es la transcripción salvaje de la expresión griega “con vosotros” que, según los evangelios, pronunció Jesús más de una vez dirigiéndose a los suyos. Pocas horas antes de que le entregaran,  hizo este extraño voto ante una copa de vino: “Ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre”. (Mt 26,29). ¿Así que estamos ante una versión en modo ahorro de las famosas “postrimerías” del catecismo y  sin los efectos especiales del Apocalipsis? Porque aquí no hay ángeles, himnos,  incensarios de oro, trompetas ni fulgores: no lo necesitan los amigos sentados en torno a la mesa,  contentos de estar juntos y compartir la vida nueva del Resucitado en torno a un buen vino. Fin del debate sobre  el “todos” o el “muchos” porque ese vosotros  tiene el poder de abrir la mesa, ensanchar el espacio e incluir a los lejanos. 

Sacad más copas, arrimad más asientos, traed más jarras, abrid la puerta, que entren los que están fuera. Felicidades a los que se pasaron la vida con el delantal  puesto sirviendo a otros, sin saber que eran los invitados preferidos del Rey. Enhorabuena a Noé por haber sido el primero en plantar una viña y probar su fruto aunque se pasara un poco,  y a Qohélet  por decir: “¡Anda, bebe tu vino con buen ánimo, que Dios le han agradado tus obras!” (9,7).  Agradecimiento a los evangelistas por arriesgarse a recordar que a Jesús le llamaron “comilón y bebedor” (Mt 11,19),  porque así sabemos que además de Testigo Fiel, Señor del universo y Primogénito de entre los muertos, era  alguien que amaba  esta vida nuestra con  sus paisajes,  sus manjares, sus vinos, sus perfumes y sus fiestas, con una  incorregible adicción  a rodearse de gente, caminar en compañía, aceptar invitaciones, ser amigo de sus amigos. 

Alegría asombrada de sabernos incluidos  en ese “con vosotros”  que nos asegura que un día beberemos con él el vino nuevo en la casa de su Padre. 

No se me ocurre mejor motivo que este para brindar celebrando la Pascua. 

 

 

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ABRIR LA BOCA

Por: Dolores Aleixandre 01-04-2017

 

La expresión me ha sorprendido este año al leer las bienaventuranzas de Mateo: “Subió al monte y, abriendo la boca, dijo: Dichosos los pobres… Parece obvio lo de   “abrir la boca”, habida cuenta de la imposibilidad de hablar con ella cerrada. Luego he recordado con qué frecuencia usamos ese giro: “Fulanito/a, en cuanto abre la boca… , ya se sabe lo que va a decir”. Algunos ejemplos: Sor Genoveva informará, sin mediar pregunta alguna, sobre el estado de su rodilla. La vecina del 3º nos contará en el ascensor la última gracia de su nieta. El Hno. Eutiquio, vuelto de Japón después de 30 años, hablará a tiempo y a destiempo de las costumbres de las gheisas. Anselmo el cura calificará, una vez más, como craso error el último  nombramiento diocesano.  El abuelo Tirso, impasible el ademán, contará de nuevo dónde le pilló la guerra y la tía Conchita añadirá nuevos detalles a la narración de su operación de juanetes.

Somos tan predecibles en nuestros decires que  lo de “abrió la boca” incluye cierta impaciencia ante lo que nos suena a archiconocido y repetido,  y por eso me pregunto si con Jesús pasaba algo parecido: que, en cuanto abría la boca, ya se sabía que iba a hablar de la gente que lo pasaba mal, de los que no tenían donde caerse muertos, de los que no contaban. Me inclino a pensar que sí, que así era, y que quizá a los que estaban cerca de él les impacientaba secretamente que fuera tan insistente, que dedicara tanta atención a los pobretones de siempre, que se pusiera tan pesado recordando situaciones que ellos preferirían olvidar. “-Maestro ¿no te parecen un disparate las obras del túnel de Siloé ?, ¿te has enterado del escándalo de la hija de Herodías...? ¿no te indigna la desfachatez de Pilatos en su tuit de ayer? ¿sabes el último chiste de samaritanos…?  Y él nada, a lo suyo, empeñado en hablar de los desposeídos y los hambrientos, de los que no tenían donde reclinar la cabeza.

Quién se pareciera a él, quién tuviera al menos la suerte de hacerse amigo de algunos de esos de los que él hablaba en cuanto “abría la boca”…

 
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APRENDIZAJES

Por: Dolores Aleixandre 17-03-2017

Historia reciente de un convento: a la hermana sacristana, ya  anciana, ha empezado a  ayudarle  una empleada joven que trabaja en la casa. Como es de esperar,  no tiene ni idea  de los utensilios litúrgicos, se hace un lío con los nombres que les da la monja y no sabe qué le está pidiendo que traiga, prepare, ponga o guarde. Menos mal que es muy espabilada y ha discurrido una solución: hace  una foto con el móvil a cada utensilio o vestimenta de la sacristía  y escribe, junto al nombre “oficial”,  su propia descripción para aclararse. Algunos ejemplos: Alba: bata. Roquete: camisón con puntillas. Casulla: abrigo. Cíngulo: cordón. Estola: corbata. Corporal: mantelito cuadrado. Purificador: pañito alargado. Cáliz: copa. Patena: plato. Credencia: mesita. Portaviático: cajita redonda. Incensario: braserito con cadenas para echar el humo. Acetre: cubo pequeño con asa. Hisopo: varita con bola y agujeros.

Le queda mucho por aprender a esta chica, y eso que ha tenido la suerte de que estén ya en desuso (y bien que les pesa a algunos…),  la dalmática, la capa pluvial, el amito, el manípulo, el conopeo,  el paño humeral…,  a más de otras vestimentas y capisayos con sus diferentes botonaduras, ribetes, tonos y texturas.

Jesús, que iba por la vida sin túnica de repuesto, invitaba a mirar los lirios que no necesitaban revestirse de nada.  Debía  fascinarle esa belleza simple que superaba   en  gloria al esplendor  de la corte de Salomón. 

Cuánto nos queda por aprender también a nosotros.

 
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PRISAS

Por: Dolores Aleixandre 02-03-2017

De un tiempo a esta parte  las prisas se precipitan en caída libre por el abismo del desprestigio. Se las critica sin piedad y todo son encomios para el ritmo slow: la gimnasia sueca  de toda la vida desaparece ante los movimientos lentos del chi-kung;  triunfa  quien resiste más tiempo en atención plena  mientras saborea una pasa  y en el kinhin, paseo meditativo del zen, se emplean quince minutos en recorrer diez metros. El Papa Francisco apoya la tendencia:A la continua aceleración de los cambios de la humanidad y del planeta se une hoy la intensificación de ritmos de vida y de trabajo, en eso que algunos llaman «rapidación». (…) La velocidad que las acciones humanas imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica” (Laudato Si 18). 

Influenciada por estos argumentos, aplico la sospecha a la Biblia y descubro a algunos de sus personajes claramente afectados por la rapidación: Abraham, por ej., queriendo agasajar a sus huéspedes, corrió a ordenar a Sara “¡Deprisa! Amasa tres medidas de flor de harina…!” (Gen 18,6). Es evidente que ese tono desabrido, impropio del patriarca y más parecido al de Donald dirigiéndose a Hilaria, pobrecilla, solo podía nacer de las prisas. También el administrador de la parábola,  gürtélico a tope, azuzaba así a un deudor de su amo: “¡En seguida! Siéntate y escribe 50” (Lc 16,6). 

Hasta aquí bien. El problema surge cuando aparece María caminando a toda prisa a casa de su prima Isabel; o  los pastores en la noche de Belén y  las mujeres en la mañana de Pascua,  corriendo sin aliento en busca  del Niño o del Resucitado. O Jesús mismo pidiéndole a Zaqueo: “¡Baja deprisa!” Para  estos casos sería conveniente crear, a título excepcional, el apartado “Rapidación Mesiánica”: así  sus protagonistas podrían acogerse a esta especie de “quinta enmienda” y seguir con su apasionamiento apresurado exentos de reproches, y hasta resultando modelos ejemplares de diligencia y presteza.

 Quizá algún canonista pueda matizar y mejorar la propuesta.

 
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