Viernes 23 de Junio 2017

Un centenario que nos interpela

Por: Juan María Laboa 05-06-2017

El 14 de mayo de 1907 nació Vicente Enrique Tarancón, de personalidad atrayente, de formación tradicional conservadora, marcado para siempre por las cuatro sesiones conciliares. El explicó que el impacto provocado en su vida episcopal por la“Lumen Gentium y la“Gaudium et spes”resultó definitivo Como presidente de una Conferencia episcopal que fue cambiando lentamente su talante gracias al apoyo de Pablo VI, se propuso aplicar las orientaciones del Vaticano II en lo referente a la independencia de la Iglesia de todo poder político y económico, a no estar nunca en la lucha por el poder, a no apoyar a ningún partido político, a defender la dignidad de la persona y los derechos de todos los ciudadanos Por carácter y por la enseñanza conciliar, don Vicente rechazó cualquier veleidad de restaurar los viejos aires de cruzada, y se esforzó por conseguir que la comunidad cristiana se convirtiese en instrumento eficaz de reconciliación entre los españoles enfrentados secularmente Es decir, se afanó para que la Iglesia perdiese influencia política y ganase credibilidad religiosa. Fue el cardenal del diálogo y de la reconciliación, muy consciente de que para lograrlo debía conseguir en primer lugar la reconciliación de los obispos y los creyentes entre sí, enfrentados no por motivos doctrinales sino políticos y de talante. Ellos estaban dispuestos a ser la conciencia crítica de la sociedad asumiendo una actitud profética, pero este profetismo no les llevaba siempre a ser críticos y exigentes consigo mismos. Resultó evidente que Pablo VI le había elegido para pilotar la transición eclesial española, pero buena parte de los políticos y algunos obispos le preferían en el paredón, actuaron contra él y contra buena parte de la Iglesia conciliar. Taráncón mantuvo una imperturbable fidelidad a Pablo VI y a Juan Pablo II, incluso cuando este le apartó sin misericordia. Dos temas más centraron su esfuerzo y dedicación, los sacerdotes y la Acción Católica. Fue el relator del Sínodo romano sobre el sacerdocio, dio el empujón sereno y bien preparado para que se celebrase la famosa encuesta del clero español en 1969, respaldó la asamblea conjunta y se enfrentó al grave problema de la secularización de miles de sacerdotes españoles. Fue comprensivo, acogedor y dialogante. La situación resultó dolorosa, pero supo llevarla con espíritu evangélico, consiguiendo que este complicado problema fuera resuelto sin excesivos traumas personales y sociales. El prestigio conseguido por la Iglesia de esos años estuvo detrás de la transición política, de la elaboración de la constitución y del clima de paz y esperanza que los acompañó. Tal vez por esta bonanza, no tuvo en cuenta el que la oposición estaba dispuesta a utilizar todos los medios para frustrar la renovación eclesial. El nuevo papa Juan Pablo II, muy apegado al español Martínez Somalo, a quien nombró Sustituto de la Secretaría de Estado, asumió las acusaciones y los prejuicios de la minoría episcopal y se decidió a favorecer un borrón y cuenta nueva en nuestra Iglesia cambiando su jerarquía. Probablemente, con el nuevo cambio de obispos no se consiguió una Iglesia más evangélica ni más evangelizadora, pero no cabe duda de que resultó más dividida y, tal vez, más separada y menos estimada por su pueblo. En cualquier caso, a pesar de la acogida entusiasta del papa en su viaje a España a finales de 1982, en los decenios siguientes hemos asistido a una Iglesia debilitada y sin programa propositivo y a una sociedad cada más agnóstica y secularizada. Hoy, ¿qué significado conserva la memoria de Tarancón en esta comunidad nuestra tan necesitada de testigos y tan cruel con sus hijos más lúcidos y perspicaces? En la diócesis de Madrid y en la Conferencia episcopal su centenario pasó desapercibido y, sorprendentemente, dos por uno, se trató de olvidar el concilio, identificando, tal vez, inconscientemente uno y otro. Tarancon y la Asamblea conjunta confiaron con coraje en los sacerdotes diocesanos y en la Acción Católica, pero el rechazo de ambos terminó depositando la nueva confianza pastoral en las manos de los movimientos y de la Prelatura. Estos obispos pusieron todos los huevos en una misma cesta y perdieron al clero y al laicado comprometido de sus parroquias. Desdeñaron a los religiosos y los empobrecieron a ellos y a la Iglesia. Hoy no quedan casi sacerdotes ni religiosos ni movimientos. Y, evidentemente, de esto no se puede culpar al concilio, pero no se les ocurre enfrentarse a un examen de conciencia. Francisco ha vuelto al concilio y a Pablo VI. Buen momento para recordar a Tarancón, pero una parte de la Iglesia española se agarra a Müller y a Sarah y reinterpreta a su gusto los documentos del papa actual. Esta Semana Ricardo Blázquez ha visitado al Papa y ha comentado que Francisco conoce bien la Iglesia española, pero que no les dio ninguna opinión, ninjún juicio. ¿Por qué será? Pablo VI conocía esta Iglesia y actuó. A Juan Pablo II le informaron y actuó en consecuencia. Francisco la conoce y no actúa. ¡por qué será?

Ver más

MEZJIMON

Por: Dolores Aleixandre 03-05-2017

Ver más

Ames a quien ames, Madrid te quiere

Por: Jose Maria Marquez Vigil 31-05-2017

Ver más

¿Volar o Valor?

Por: Jose Maria Marquez Vigil 12-06-2017

Ver más

SECRETOS

Por: Santos Urias 25-04-2017

Ver más

CALOR

Por: Santos Urias 21-06-2017

Ver más

El camino

Por: Alfonso Carcasona 15-01-2017

Ver más

Meten miedo

Por: J. Lorenzo 29-02-2016

De paso por España, una misionera
Ver más

Feliz Pascua

Por: Xabier Azcoitia 26-04-2015

Pascua quiere decir paso.
Ver más
Login de usuarios