Lunes 19 de Agosto 2019

En polvo te convertiras

Por: Juan María Laboa 08-03-2019

En polvo te convertirás

En la bella iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla se encuentran dos obras maestras de Valdés Leal que contienen una profunda meditación sobre la muerte. Relacionadas con el tema de la vanidad, estas alegorías, “El fin de las glorias humanas” y “En un abrir y cerrar de ojos”, invitan a reflexionar sobre lo inexorable del Juicio Final y la fugacidad de la vida, del poder, de la riqueza y del placer.

El inicio de la Cuaresma forma parte de los tiempos litúrgicos que a lo largo del año ayudan a conocer mejor la vida de Cristo y, al mismo tiempo, nuestra situación humana y espiritual. Durante la significativa ceremonia de la imposición de la ceniza se repiten dos fórmulas que sintetizan la antropología cristiana:” polvo eres y en polvo te convertirás”, “convertíos y creed en el evangelio”, reconocimiento de la propia debilidad e inconsistencia, arrepentimiento por nuestro egoísmo e infidelidad y aceptación personal de la buena noticia de Cristo. 

Siempre que deseemos conocernos mejor y responder más adecuadamente a la exigencia cristiana y humanista, deberíamos pensar en todos los dones que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y después confrontarlos con los pecados y desaguisados que hemos cometido con constancia.  Se trata de un examen de conciencia personal y social que puede reconstruir una correcta jerarquía de valores y permite una renovación de nuestros planteamientos. Esta conciencia de la propia debilidad y de la capacidad de cambiar constituye un buen instrumento de reflexión histórica personal y social. Dice el papa Francisco que hay que pasar de “devorarlo” todo por “avidez” a saber “sufrir por amor”.

 Observemos dos ejemplos cercanos, la Iglesia y el Estado. Históricamente, cuando la Iglesia ha olvidado su origen y su razón fraterna y de acompañamiento para sus miembros, se ha convertido en una institución de poder y rigor; el Estado, por su parte, si olvida que su función es la de ayudar, coordinar, ponerse al servicio de los ciudadanos, termina en dictadura. Olvidándose de que son polvo y camino, se convierten en prepotencia, jurisdicción y opresión. Una Iglesia humilde es consciente de sus debilidades y de que su fuerza no reside en ella sino únicamente en su señor, y un Estado que se considere al servicio de sus ciudadanos, no permite que triunfe la ley del más fuerte sobre el más débil y se convierte en democracia.

Durante la cuaresma, durante siglos, las iglesias ocultaban sus estatuas, los ángeles y santos que ocupaban sus altares para que solo quedase ante los ojos de sus fieles la cruz de Cristo. Era el momento de las esencias y de la reflexión. La muerte llega y el rico del evangelio no alcanza a levantar sus almacenes, ni Epulón se libra del castigo, y la carne, las obras y el mundo de los hombres se reducen a polvo. Solo Cristo muerto y resucitado salva y señala el último sentido. Por esta razón la Pascua ha sido y sigue siendo la fiesta del cristianismo.

La Cuaresma constituye un período de introspección, de examen de conciencia, de enfrentamiento con la verdad de nuestra vida. La frase del duque de Gandía ante el cuerpo de la emperatriz Isabel de Portugal subraya la reacción del ser humano ante la muerte, “no más servir a señor que pueda morir”. Se trata, una vez más, de encauzar las prioridades que deben encauzar nuestra existencia. Para muchos de nosotros todo tiene interés, pero nada es importante. Para los cristianos hay una escala de valores en cuanto nos ofrece la vida y ese discernimiento orienta nuestro estilo y nuestras decisiones.

Conviértete y cree en el Evangelio son palabras de Jesús en el inicio de evangelio de Marcos. El evangelio, en realidad, trata de y se reduce a la persona de Jesús. Pascal, ese gran pensador y cristiano francés del siglo XVII, escribió que “fuera de Jesucristo no sabemos qué es la muerte, ni qué es la vida, ni qué es Dios, ni qué somos nosotros mismos”, y Pablo nos formuló la gran promesa: “Si confesares con tu boca a Jesús por Señor y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom 10,9-13).Jesús, en realidad no habló de inmortalidad sino de vida nueva. Debe ser lo mismo.

La liturgia del Miércoles de Ceniza consiste en un rito verdaderamente sugestivo que debiera ser revalorizado: enfrenta al ser humano con su realidad personal y con la realidad de un Dios que ama, se encarna y salva.

 

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